La crisis existencial del peronismo
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Ese ancho, amorfo y fragmentado mundo político al que se suele llamar, por falta de una mejor convención, «peronismo», se encuentra hoy en un momento de gran incertidumbre. Luego de la dura derrota en la segunda vuelta de las presidenciales de 2015 en unos comicios que parecían bastante fáciles de ganar, llegó un nuevo traspié en la elección legislativa de medio término de octubre de 2017. Cualquier fantasía que los peronistas pudieran tener de que el gobierno de Mauricio Macri sufriera un destino similar al de Fernando De La Rúa (la tan mentada huida en helicóptero) no se materializó en estos dos años ni, seguramente, lo hará hasta el fin del mandato en 2019.

En las elecciones de octubre pasado, Cambiemos –un frente electoral integrado por Propuesta Republicana (Pro), la Unión Cívica Radical (UCR) y la Coalición Cívica de Elisa Carrió– logró consolidarse o expandirse desde sus bastiones del centro del país hasta supuestos baluartes peronistas como las provincias de Jujuy, Entre Ríos o Santa Cruz (gobernada por Alicia Kirchner y sumergida en una profunda crisis fiscal). Tal vez lo más preocupante para el peronismo sea que Cambiemos parece estar en el camino de solidificar su control sobre lo que era el territorio inexpugnable, el reducto, el santa sanctórum del peronismo: la provincia de Buenos Aires.

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