La economía, una cabalgata en el desierto
Carlos Melconian, lanacion.com.ar.
Probablemente estemos en una larga “cabalgata en el desierto”. Este estancamiento ha sido menos profundo que la contracción de 2009, pero se lo percibe más persistente. El consumo va zafando porque hay una política monetaria que, con una emisión de pesos al 40% anual, lo “aguanta”. Eso a costa de que los precios sigan subiendo en torno al 25% anual, aun sin que la economía crezca. Eso sí: se derrumba la inversión. Es la antítesis de lo que pregona el modelo oficial respecto a que “si hay buen consumo, ineludiblemente habrá inversión”. Eso no está pasando.
Y aunque parece que diera pelea, el Gobierno “se viene tragando el sapo” del estancamiento de la economía casi sin pelearla. No implementó ninguna política contracíclica en serio. Lanzó algunos “shows” de activismo que pasaron sin pena ni gloria. Se atrincheró detrás del triunfo electoral de octubre y se escudó en la crisis internacional ficticiamente (porque salvo la Argentina y Brasil el resto de los emergentes mantuvo el crecimiento económico). Se atrincheró es una manera de decir. Como veremos en esta nota, ensayó un conjunto de respuestas inadecuadas, que le impuso la realidad, respecto a algunos desvíos del “modelo”.
Así, la política económica siguió por inercia o nuevos malos remedios engrosando los desbalances fiscales, monetarios y cambiarios que vienen de años previos. Esto agravó los desbalances sin moderar la chatura de la actividad. O sea, estamos frente a una política macro “ni chicha ni limonada”. Estamos frente a un híbrido que va al garete entre cebar la bomba y ajustar, y rezarle a la cosecha y a Brasil.
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