La era del hielo
David Cufré,pagina12.com.ar

La suba de la tasa de interés por parte del Banco Central en una economía donde la utilización de la capacidad instalada industrial se encuentra en un mínimo en catorce años, entre otras múltiples señales de la persistencia de una recesión galopante, puede resultar tan perniciosa para el nivel de actividad como lo fue la creación de Precios Transparentes para el consumo. Haber eliminado las cuotas sin interés después de más de un año de caída de la demanda fue una decisión que agravó la contracción de las ventas. El Gobierno imaginó que esa medida provocaría una disminución de la inflación al empujar hacia abajo los precios al contado. El resultado fue el que cualquiera que no viva en el laboratorio donde habitan los funcionarios podía imaginar. Un desastre. Lo mismo puede decirse del tarifazo de la luz, el gas, el agua y el transporte el año pasado luego de producida la devaluación y la quita de retenciones. El fundamentalismo ideológico de los economistas de Cambiemos les impidió advertir que ese violento ajuste en las boletas dispararía todavía más la inflación y agrandaría la pérdida de poder adquisitivo de trabajadores y jubilados. Otro ejemplo es el impacto de la apertura importadora sobre la producción fabril, de por sí castigada por el achicamiento del mercado interno y la ausencia de un canal de alivio por vía de la exportación. El tarifazo y la apertura se sostienen este año y seguirán presentes hasta 2019 como parte de la política oficial, según ratifican a cada paso el Presidente y los ministros. El alza de las tasas, de igual modo, operará en sentido negativo para la inversión productiva. Es obvio. Lo dicen hasta las consultoras de la city que han declarado a la Argentina como campeona del mundo de la bicicleta financiera, donde puede obtenerse una rentabilidad extraordinaria en dólares jugando sobre seguro al rulo de posicionarse primero en instrumentos en pesos, con intereses alocados, y volver después a comprar divisas con la cotización planchada. El mensaje para cualquiera que posea capital es que intente multiplicarlo por canales financieros, que es y seguirá siendo el negocio más fácil, con un nivel de ganancias que otros proyectos en la economía real difícilmente puedan empardar. Por último, entre las decisiones estructurales que han configurado un escenario de crisis, la presión de las autoridades nacionales para imponer un techo a las paritarias que inhiba cualquier recuperación del salario por sobre la inflación atenta contra la reanimación del consumo.

Sin un horizonte claro para la producción industrial, para la demanda interna y para la inversión, las respuestas que da el equipo económico, comandado desde el Banco Central por Federico Sturzenegger, lo vuelven cada día más oscuro, o más claro, como se quiera interpretar. Cada vez es más evidente que el negocio no es producir sino importar, no es comprar una máquina sino Lebacs. El Gobierno avanza con el modelo clásico de la derecha argentina, montado sobre la actividad agropecuaria –los agro negocios en particular– y la valorización financiera, por ahora con atraso cambiario y seguramente más adelante con otra devaluación que haga girar la rueda de ganancias monumentales para un sector acotado de la población y pérdidas para las mayorías.

(…)

Seguir leyendo el original