La hora de los gobernadores y el ocaso de los tecnócratas
Fernando Gonzalez,clarin.com

Aunque la Argentina ha tenido en su historia reciente crisis para todos los gustos, la que atraviesa el gobierno de Mauricio Macri tiene como característica principal su velocidad. Se desató en apenas quince días. El miércoles 25 de abril comenzó una tormenta política, económica y financiera que obligó al Presidente a jugar una carta extrema. El pedido de un crédito al Fondo Monetario Internacional, la bestia más negra que la dirigencia argentina construyó en las últimas cuatro décadas.

Ese día confluyeron tres hechos que se volverían paradigmáticos. El peronismo logró aprobar en comisión un proyecto para ponerle un tope a la suba de tarifas con lo que se aseguraba la posibilidad de convertirlo en ley. El Banco Central vendió más de 1.500 millones de dólares. Y todo ese dinero no resultó suficiente para frenar al billete que obsesiona a los argentinos. Esa tarde, cerró a $ 20,55 pero mostró los dientes amenazantes. Ya nada fue igual. El virus de la desconfianza se apoderó del sector más influyente de la sociedad. Y Macri quedó en el ojo del huracán.

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