La última carta de la ortodoxia kirchnerista
Francisco Olivera,lanacion.com.ar

J orge Rodríguez, el empresario que será recordado por la cantidad de rosas amarillas con que conquistó a Susana Giménez, por poco saltaba de mesa en mesa. Era casi la medianoche del martes en el restaurant del Sofitel de Los Cardales, donde se desarrolló la 18a Conferencia Industrial. “El Corcho”, como se lo conoce en el mundo del espectáculo, es también uno de los hombres de mejor relación con la constructora brasileña Odebrecht y en ese momento cumplía un encargo regional: organizar, para el 30 de marzo, un megaencuentro corporativo en Salvador, Bahía -sede de los negocios de esa compañía-, muy similar al de esta semana, con asistencia de ejecutivos y funcionarios de ambos países.

La idea surgió a propósito de un comentario de Marco Aurelio García, uno de los principales asesores de Dilma Rousseff. “Aquí se ha creado un espíritu que hay que mantener”, dijo esa noche. Lo escuchaban José Ignacio de Mendiguren, Marcelo Odebrecht, Luis Betnaza, Federico Nicholson, Miguel Acevedo, Adrián Kaufmann, Juan Carlos Sacco y Guillermo Moretti; Robson Braga de Andrade, líder de la Confederación Nacional de Industria de Brasil, y los ministros Julio De Vido, Débora Giorgi y sus pares brasileños Fernando Pimentel y Antonio Patriota. Al día siguiente, en el cierre de la conferencia, delante de Dilma, Mendiguren se lo comentó a Cristina y obtuvo su aprobación.

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