Marx en el neoliberalismo
Horacio González,pagina12.com.ar

Todos los gobiernos del neoliberalismo mundial se aprestan a festejar el bicentenario del nacimiento de Marx, cuando ya lo creen “perro muerto”, según la expresión que el mismo Marx les dedicara a los que creían que disecándolo se iban a librar tan fácilmente de Hegel. Parafraseando al Manifiesto Comunista –si es por aniversarios, son 170 años desde su redacción–, “todas las potencias de la vieja Europa se han unido en una Santa Alianza para acorralar a ese fantasma: el Papa y el Zar, Metternich y Guizot, los radicales de Francia y los polizontes de Alemania”. ¿Algo ha cambiado? No sabemos qué dirá el Papa, casi la única figura subsistente de esas entidades históricas que menciona el Manifiesto. No puede predecirse nada, pero seguramente Francisco –que no es marxista– tratará su diferencia con Marx sin embalsamarlo ni convertirlo en un gracioso bitcoin académico. Pero la Santa Alianza del Neoliberalismo tiene preparados sus cosméticos, aquellos que el mismo Marx condenara en El 18 Brumario como teatralización de la historia, modo representacional repetitivo equivalente a la infinita duplicación de la “comedia”, vista aquí como enemiga del ser trágico de las cosas.

No obstante, esta “teatralización” de Marx corresponde a un estado muy vívido del estudio de su obra, que tiene sin duda una vertiente museificadora y convencionalmente performática, que pretende desligarlo de sus propias condiciones de producción y de la espesura de la época en que escribió El Capital –la época de Balzac, Flaubert, Baudelaire, Jack el Destripador y las locomotoras a vapor–, y otra vertiente que rescata con finura retórica lo que desde el comienzo ya estaba insinuado en Marx, la crítica de Hegel pero la aceptación de sus Lecciones de Estética, tejido último que explica muchos de los estilos de su escritura.

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