No existe un método electoral seguro

Eureka. “El voto electrónico es el sistema ideal”, proclaman unos. Eureka 2: “Nada mejor que la boleta única”, declaman otros. Pero hay más iluminaciones electorales: “Cualquier sistema es mejor que la lista de dos metros en papel”, afirman los otros. “Así como está estamos bien”, sentencian en otra vereda. El tema en cuestión tiene variadas aristas, y cada instrumento de votación suma pros y contras.
Como pocas veces antes en la treintañera democracia argentina, el instrumento de votación está en boca de todos. ¿Recién en 2015 se descubrió que había clientelismo en muchas provincias y que las bolsas de alimentos o los electrodomésticos venían acompañados de una boleta días antes de las elecciones? ¿Fue por primera vez en Tucumán que se quemaron urnas y en algunas mesas votaron más personas que las que había en el padrón?
Es la competencia. Mauricio Macri, en su distrito, logró que se utilizara el sistema de voto con boleta única electrónica, que ya Juan Manuel Urtubey había utilizado en Salta, bajo el argumento de que simplifica y agiliza no sólo el acto eleccionario sino el recuento. Sin embargo, la forma en que se vota a escala nacional no fue un tema para quienes son los que deben ocuparse de debatirlo y mejorarlo: los diputados y senadores. “Los jugadores se acuerdan de estos temas en la elección y luego se olvidan. Las propuestas que hay no se concretan. La Justicia Electoral y las organizaciones de la sociedad civil desde hace años vienen planteándolo”, afirma María Page, coordinadora del Programa de Instituciones Políticas del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).
“¿Por qué ahora descubrimos este tema?”, pregunta Ana María Mustapic, profesora investigadora del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella. “Esto sucede cuando las elecciones se hacen muy competitivas. Antes no había este problema. Cuando el sistema era bipartidista, uno vigilaba al otro: ambos, en todo el país, estaban en condiciones. Con una oposición fragmentada y el PJ predominante, comienza a hacer una diferencia y se devela un sistema que no se adecua a cómo se está dando la competencia electoral. Esto no es un capricho. La diferencia del 10% necesaria para ser presidente sin ballottage también lo hace evidente”, reflexiona Mustapic.
Federalismo. Según la Constitución argentina, éste es un país republicano y federal. En lo electoral esto se refleja en que cada provincia decide cuándo y cómo se realizan las elecciones, por lo que cada distrito puede elegir para los cargos locales cuándo y cómo realizar los comicios, mientras que para la elección presidencial, tanto en las PASO como en las generales, se vota al mismo tiempo en todo el país. La Cámara Nacional Electoral (CNE) no tiene competencia en las elecciones provinciales realizadas en fechas distintas, sin simultaneidad de elección. En la Acordada Extraordinaria Nº 100 con fecha 20 de agosto, la CNE advierte sobre el “convencimiento acerca de la necesidad de que se estudiasen posibles adecuaciones normativas que fortalezcan la calidad y la transparencia de los procesos electorales”. El Tribunal ha señalado en numerosas oportunidades que merece un profundo debate. “Ya en el año 2007 se advertía que había llegado el momento de mencionar y reflexionar sobre otro de los sistemas de votación, el de boleta única suministrada por el tribunal electoral […] que se utiliza en nuestro país para los electores privados de libertad y para los argentinos residentes en el exterior”.
“Hay una máxima a nivel académico: ningún sistema electoral es ingenuo. Los politólogos saben que los sistemas electorales tienen varios componentes, y cuando se cambia uno se altera otro de los componentes”,
explica Gustavo Mason, subdirector general y vocero de la CNE. “La acordada es un llamado de atención al Poder Legislativo, no para este proceso electoral. La Cámara refleja que el sistema de boleta única, que funciona en paralelo para argentinos residentes en el exterior y para quienes están privados de libertad, ha dado buenos resultados”, detalla Mason.
El 16 de septiembre, la CNE publicó la Acordada Nº 101, con el objetivo de reafirmar la legitimidad del proceso electoral del 25 de octubre. Entre otras medidas, se destacan:
u Requerir al Comando General Electoral hacer un seguimiento en tiempo real, a través de GPS, de los vehículos que transportan la documentación y el material electoral.
u Que las agrupaciones políticas entreguen mayor cantidad de boletas de votación.
u Aumentar las inspecciones al cuarto oscuro de las autoridades de mesa, mínimo una vez cada diez votantes.
u Habilitar un cuarto oscuro complementario, cerrado con llave.
u El 25 de octubre, durante toda la jornada electoral, las fiscalías federales tendrán atención telefónica y personal para denunciar actos de clientelismo, retención de documentación electoral, robo de boletas, etc.
u El Correo debe autorizar la acreditación de
fiscales partidarios en los centros de recepción, digitalización y transmisión de los telegramas de escrutinio.
u Los fiscales partidarios deben tener disponibles equipos para poder monitorear, en tiempo real, los procesos de escrutinio provisorio y definitivo, y papel autocopiante para la impresión y confección del acta de escrutinio en reemplazo del telegrama que se usa para el escrutinio provisorio.
Foros. Para 2017, otro debería ser el panorama. “Sería bueno trabajar en foros para que algunas cosas se mantengan homogéneas, lo que daría más condiciones para dar más garantías. La mayoría de las provincias no tienen fecha fija para la elección, tienen entre 60 y 180 días para decidir cuándo, y eso inclina la cancha”, advierte Page.
“El diseño de los telegramas no es igual en todos los distritos, por más que sean por los mismos cargos. El que carga los datos tiene, además de no equivocarse, que entender distintos tipos de telegrama. La confianza es un pilar fundamental de las elecciones, por eso está bien poner la lupa en lo que necesita garantías”, agrega.
Garantías y equidad. “Como el Estado no se hace cargo de proporcionarle instrumentos (las boletas) a los partidos, no hay forma de garantizarle al ciudadano que todas la opciones van a estar en el cuarto oscuro. Hay mucho incentivo para hacer desaparecer las boletas de los contrincantes. Las triquiñuelas se compensan cuando compiten pocos partidos que tienen fuerza similar. Pero si los partidos empiezan a ser distintos en presencia territorial el día de la elección, el sistema falla mucho”, explica Page.
“Hay que hacer una revisión crítica”, dice José Pérez Corti, especialista en Derecho Electoral de la Universidad de Córdoba. “Los instrumentos de votación, los mecanismos de votación, son herramientas que sirven para lograr lo que se quiere”, opina Corti. “Por ejemplo, una sola boleta en soporte papel, con un determinado tamaño o tipografía. O si no queremos más papel, con voto digitalizado con o sin comprobante. Depende de qué se quiere, no de cuál es el mejor”, enumera.
“No hay instrumento ciento por ciento infalible, pero sí hay que decidirse por uno. Nosotros proponemos el de boleta única en papel. El Estado con boleta única debe hacerse cargo de una tarea enorme, en términos logísticos, de la que no se ocupaba, determinar las responsabilidades para dar garantías, las instancias de control y reclamos de los partidos, desarrollar las capacidades técnicas y administrativas en el Estado”, ejemplifica .
Para Mustapic, “la boleta única es el paso necesario a dar hacia futuro”. En la misma línea, Alfredo Rafael Busmail, coautor del libro Democracia y elecciones junto a Juan Andrés Miño, dice que “La boleta única es la opción más viable, porque garantiza mayor transparencia y equidad entre los partidos, genera mayor credibilidad en los resultados electorales y evita tanto el arrastre entre categorías como las prácticas políticas desleales y el robo de boletas”.

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