Optimistas y pesimistas, la grieta que asoma dentro del macrismo
Fernando Gonzalez,clarin.com

Mauricio Macri ha derribado varios mitos desde que se convirtió en presidente. Pero el mayor de ellos ha sido su triunfo en las elecciones legislativas del año pasado. Las cifras son contundentes. Entre las PASO de agosto y las generales de octubre la inflación anual todavía superaba el 25%; el déficit fiscal primario se mantenía por encima de los 4 puntos del PBI y el empleo privado seguía sin reaccionar. El salario perdía frente el costo de vida y la pobreza recién comenzaba a ceder aunque alcanzaba casi a un tercio de los argentinos. ¿Hay una tendencia suicida en la sociedad que hizo triunfar al Frente Cambiemos a pesar de todas esas cifras alarmantes? El fenómeno que consolidó al Gobierno fue la apuesta a futuro que direccionó el voto del 42% de los ciudadanos. Es la minoría más importante del país adolescente y votó convencida de que vendrían tiempos mejores para la economía argentina y para la suya personal.

Todavía no han pasado cuatro meses de aquella elección favorable para el oficialismo y las encuestas actuales ya muestran un declive importante de la imagen y la gestión presidencial. A buena parte de los argentinos no les gustó la reforma jubilatoria, ni el modo en que el ministro de Trabajo insultó y contrató en forma irregular a una empleada. Y a eso hay que agregarle el mal humor por la suba de las tarifas en los servicios públicos, algunas anunciadas con antelación para corregir el festival de subsidios del kirchnerismo y otras producto de la impericia del macrismo para administrar ciertos detalles de la economía real. Nadie sabe cuánto capital electoral conservaría Macri si las elecciones fueran hoy pero es seguro que no mantendría a salvo aquellos números que lo hicieron ganar hace 105 días.

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