Rita Segato, el caso Micaela y una mirada desde el feminismo sobre las violaciones
Mariana Carbajal,pagina12.com.ar

“Los políticos tienen que entender que no es necesario cambiar la ley y partir hacia un punitivismo mayor para solucionar el fenómeno. El punitivismo no lleva a ningún lugar. La prueba es Estados Unidos, donde tienen las penas más severas y tasas de violación altísimas”, advierte, en diálogo con PáginaI12, la antropóloga Rita Segato, una de las voces más lúcidas de América latina para pensar sobre la problemática. “La violación no es un delito como todos los otros –apunta–. Es un crimen del poder. Lo que se debe hacer es ofrecer más educación de género en las escuelas, con docentes capacitados, y que el abordaje sea integral, que abarque la violencia machista en sus varias formas”, explica Segato, quien entrevistó a condenados por violación en la Penitenciaria de Brasilia, para entender qué se pone en juego cuando un hombre penetra por la fuerza, con crueldad, a una mujer.

Cuando empezó a trabajar con los presos, Segato pensó que sería una situación excepcional y pronto abandonaría el tema. Luego de plasmar su experiencia y sus análisis en el libro Las estructuras elementales de la violencia, publicado en 2003, fue invitada para aplicar su modelo de “la fatria masculina”, del club de hombres, al caso de los femicidios en Ciudad Juárez. Y pensó también que estaba ante un caso excepcional, raro, que rápidamente ese tema iba a desaparecer de la historia. Pero no sucedió. Ahora siente una tremenda frustración porque no consigue abandonarlo. “Es de una fatiga y de una amargura extraordinaria saber que desde entonces solamente el tema crece”, sostiene Segato. En 2016, fue perita en el histórico juicio de Guatemala, en el que se juzgó y condenó por primera vez a miembros del Ejército por los delito de esclavitud sexual y doméstica contra mujeres mayas de la etnia q’eqchi de una aldea en Senur Zaco, en el conflicto armado ocurridos en los años ‘80. Hubo 14 peritajes; ella hizo el antropológico y de género. Hoy mira con tristeza y amargura la escalada de violencia machista contra los cuerpos de jóvenes en la Argentina. Cuenta que el martes, cuando escuchaba los testimonios de chicas en la Plaza de Mayo, reunidas para “abrazar a la familia” de Micaela, “de repente parecía que hablaban de una sociedad islámica fundamentalista, cuando mencionaban las imposiciones de vestimenta y de horario para ausentarse del espacio público”. Y advierte sobre el riesgo de que se instale “una mentalidad moralista, como la que tienen todas las religiones. Son políticas basadas en el control del cuerpo de la mujer, en su opresión”.

(…)

Seguir leyendo el original