Se debilita “el aguante” al Gobierno
Eduardo Fidanza,lanacion.com.ar

En febrero de 2016, cuando el período de Cambiemos empezaba, se describió en esta columna un agrupamiento de los votantes en base a una paradójica tendencia de opinión que marcaría el primer año de Macri : una minoría estimaba entonces que la situación del país era buena, mientras una amplia mayoría creía, sin embargo, que dentro de un año las condiciones iban a mejorar. El grueso de la sociedad, con realismo, proyectaba un futuro mejor, en tanto reconocía las dificultades del presente. Confiar en el futuro cuando un gobierno se inicia equivale a otorgarle un crédito temporal para que desarrolle su programa. En la Argentina, como en el mundo, ese crédito es un componente clave de la confianza en los funcionarios, significa que la gente cree que ellos saben cómo resolver los problemas pero necesitan tiempo.

Al cabo de más de un año, buena parte de la sociedad conserva ese optimismo tozudo y realista: aunque sólo el 18% opina que el país está bien, el 48% cree que mejorará en los próximos meses, según el último sondeo de Poliarquía. Sin embargo, el clima favorable al Gobierno se está erosionando. La razón es sencilla y consiste en lo siguiente: la cantidad de optimistas se achica y la de pesimistas se incrementa. Hace 14 meses poseían expectativas favorables el 71% y negativas apenas el 29%. Hoy, los desilusionados suman el 52% y los optimistas el 48%. Esta distribución esclarece el nuevo escenario que los sondeos detectaron a partir de febrero: después de un año de poseer más aprobación que desaprobación, el Gobierno pasó a tener más detractores que partidarios.

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