Una ciudadanía basada en la solidaridad con la víctima
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Desde 1983 cambiaron muchas cosas en la Argentina. Sin embargo, si uno mira sólo los cambios bruscos que tuvo nuestra historia política (que fueron varios) se pierde la posibilidad de detectar las continuidades que, como finos hilos de acero, hilvanan la persistencia terca pero esperanzada de la democracia argentina. El alto porcentaje de voto y de involucramiento ciudadano es una de esas continuidades. Pero vale la pena concentrarse en la que es tal vez la más fuerte de estas hebras: la fuerte creencia social en lo que podría llamarse una idea de ciudadanía democrática basada en la solidaridad con la víctima.

Desde 1983 se mantuvo una constante: cuando algún caso de victimización de personas concretas, con nombre y apellido, logró llegar a la conciencia social amplia, la gran mayoría de las veces ésta terminó generando una corriente de solidaridad inmensa, que incluyó (y esto es clave) movilizaciones.

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