Venas fuertes de América latina
José Ignacio De Mendiguren, pagina12.com.ar

Uno de los objetivos de la 18ª Conferencia Industrial del mes pasado fue realizar un aporte para que la integración productiva con Brasil pase del terreno de lo deseable a la zona de concreción real. En la arena del nuevo mapa global, el éxito en la disputa por el agregado de valor estará estrechamente ligado con el fortalecimiento y la cooperación que se logren entre los países de los distintos bloques. Como miembros del Mercosur, Argentina y Brasil debemos comprometernos con el objetivo de liderar un proceso acorde con lo que nuestra región necesita.

Para llevar adelante la tarea tenemos que buscar respuestas acordes con la dinámica cambiante que presentan los procesos históricos que estamos presenciando. La actual crisis financiera y económica ha dado por tierra con fórmulas que hasta hace poco parecían infalibles. Eso nos exige adaptarnos a los tiempos que corren, y para ello –por ejemplo– nos urge innovar en sentido amplio nuestros vínculos comerciales y productivos. El desafío al que debemos apuntar junto con Brasil es potenciarnos para no ser meros espectadores de la nueva configuración mundial, sino protagonistas influyentes de los tiempos que vendrán.

Estamos hablando de una integración que amplíe los márgenes de nuestra percepción mutua, dejar de concebirnos exclusivamente como mercados para diseñar un proceso que nos edifique como socios poseedores de aptitudes y fortalezas tendientes a la complementariedad. En este desafío, no deberemos perder de vista cuán importante es abordar la integración sin temor a diluirnos, sabiendo que las identidades nacionales juegan un papel preponderante a la hora de pensarnos conjuntamente. Respetando las particularidades propias que nos hacen complementarios podremos construir un cuerpo de reglas graduales, flexibles y equilibradas que se articulen en función del beneficio mutuo.

Hoy, como nunca antes, las venas de nuestra América del Sur están fuertes. Por ellas corren agua, proteínas, minerales y energía, cuestión que reafirma una presunción cada vez más plausible: Argentina y Brasil pueden ser el sistema nervioso central y los responsables principales de que toda esta fuerza llegue a cada uno de los rincones de nuestro subcontinente, en forma de bienestar y riqueza para nuestra gente. El papel de los consensos tendrá un peso sustancial, necesitamos que el diálogo tripartito sea la forma de interpelarnos para darles curso a las coincidencias y mediar en los legítimos disensos.

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