Mendieta

Yo no canto por vos, le canto a la zamba

Hoy por hoy, se hace difícil separar la paja del trigo. Si estamos condenados a seguir la actualidad política a través de los medios masivos, vivimos un momento en que poder discernir entre qué cosa es información cruda, qué cosa es simple especulación, cuál una operación y cuál no es más que humanísimo deseo de los editorialistas, se torna complicado. Una tarea titánica para los sufridos lectores. Por ende, es bastante probable que lo que reflexionemos tienda a estar equivocado. Pero qué tanto, acá no somos tan serios como ellos y vamos igual con algunos apuntes y especulaciones:

- El momento es de clara zozobra para el oficialismo. Pareciera que se encamina a perder la mayoría en el Senado de la Nación al igual que perdiera la superioridad en diputados (por cierto, resulta que ahora el Congreso no es más “una escribanía” y que pusieron una sucursal de algún parlamento nórdico o británico. Ah, no. Cierto que el británico siempre es oficialista, perdón).

- La oposición seria verdaderamente existente –que no es precisamente la política, sino la corporativa de distinta laya, AEA, Mesa de Enlace, UIA, etc. y es seria precisamente porque tiene poder real- toma nota de que todos los indicadores apuntan a un repunte de la economía durante 2010. Por ende, parecieran dispuestos a desgastar aún más al gobierno ahora que está débil. No sea cosa que estos guachos se recuperen. El objetivo es bastante transparente (y aquí es donde hay coincidencias objetivas con la inmensa mayoría de la oposición política “por derecha”): que sea este gobierno el que haga el trabajo sucio del ajuste antes de 2011. Al menos así es como yo entiendo las trabas puestas desde ese lado a la aprobación del Fondo del Bicentenario: así que quieren esa guita para seguir inyectando fondos a la economía? Je, minga.

- En paralelo, la historia conocida de nuestro país: el reparto de la torta se dirime a través de la inflación. Así que Subsidio Universal de 180 mangos?, así que hay paritarias de vuelta? Je, vení, gastalos en carne mami.

Antes que salten diciendo que no soy “objetivo”: el gobierno parece en una encrucijada donde no queda claro si es su accionar político equívoco el que horada su gestión cotidiana o es al revés. Como sea, discutir o debatir si ese desgaste es por errores propios o por avances de las múltiples oposiciones no es el objeto de este post: hay ríos de tinta que se dedican a hacer la preautopsia del kirchnerismo así que se los dejo a ellos. Pueden consultar a Van der Kooy, Majul, Bonelli, Moralés Solá o Mariano Grondona (por cierto Mariano, “queridísimo amigo”, me llegó una carta tuya al laburo que me muero de ganas de contestar, pero soy un caballero). Aunque si es por mí, me sigo quedando –en especial para ver críticas sensatas al oficialismo- con Verbistsky o Mario W. Sólo voy a decir dos cosas: a) se diluyen sin pena ni gloria –en términos de acumulación de consenso social- ciertos espasmos bien audaces de reacción política del segundo semestre de 2009 al no poder articular un sendero discursivo comprensible para las mayorías populares ni tan siquiera para sus propios simpatizantes, militantes y adherentes. Esto se escucha por ahí: “y qué se yo, no entiendo nada ni para dónde vamos”; b) Cada quien pondrá en los platos de la balanza su propia subjetividad y yo solo diré que en política –como en la vida- nada es nunca por una sola razón.

Por el lado del combo radicalismo-cobismo- coalición cívica la patética imagen del posicionamiento de cortísimo vuelo, con el cruce cotidiano de declaraciones en donde Cobos es mimado por la UCR, pero atacado por Carrió, pero cruzado por Ricardo Alfonsín, pero defendido por Aguad y así sigue la ruleta de la santa gacetilla de cada día, todo como un adelanto de las inmensas dificultades que tendrán a la hora de dotarse de cierta mínima organización que les permita competir dignamente en la próxima elección presidencial. Pero ojo: no estoy diciendo que no puedan lograr un armado conjunto (aquí pongo mis fichas en una obviedad: Cobos candidato por la UCR y los radicales descontentos con el traidor de Cobos esperando lo que mejor saben hacer: empezar a hacerle la interna el día antes de que sea ungido candidato).

Similar hoguera de vanidades se visualiza en el peronismo disidente. Que Duhalde candidato, que Solá apurando a Lole, que De Narvaez (interesante como Clarín empezó a hablar del “diputado peronista”) a presidente, que si  él va yo sí voy también pero más a menos. Lo único que pareciera quedar claro hoy por hoy -claro que hoy por hoy no es gran cosa- es que la candidatura de Reutemann  es la única que sí podría ordenar este conglomerado del PJ disidente con potencia e incluso mover los cimientos del PJ “oficial”: Lole, Solá de vice, De Narvaez gobernador, Macri por la reelección en la ciudad.

Eso sí: en ninguno de los dos polos previamente descritos, nada que se asemeje a algún esbozo de proyecto de país para ofrecerle a la ciudadanía. Sólo la más rancia oposición al oficialismo gobernante y el seguidismo rastrero de la agenda impuesta por los multimedios formadores de opinión. Es más: si el kirchnerismo no existiera tendrían un problema monumental -parezco López Murphy, mo-nu-men-tal-y debieran destinar todos sus esfuerzos en inventarlo.

Por último, un párrafo para la centroizquierda, tanto la más cercana al gobierno como la opositora: así como la figura de Reutemann es aquella de la que podrían depender para su organización en el centroderecha, es la decisión que tome o deje de tomar Néstor Kirchner la que influirá decisivamente la centroziquierda en el camino que deban elegir hacia 2011. Y acá insisto en que es la fuerza política de Sabatella quien mejor sigue expresando el estrechísimo y peligroso sendero de la autonomía y la independencia. Apuesta riesgosa por demás, pero apuesta de mediano plazo que merece ser resaltada por su coherencia en medio de tantos cultores del minuto a minuto de los estudios de TN.

Dicho todo esto, que no es más que un esbozo desordenado sobre el mapa político actual. ¿debiéramos tener alguna preocupación? Bien, esbozaré la mía: no se trata aquí solamente de si el próximo gobierno gira a la derecha, al institucionalismo, al republicanismo, a la reafirmación del proyecto existente o al carajo. Se trata de que, sea el que sea, llegará montado sobre una nueva oleada de escepticismo sobre la capacidad de la política –y de los políticos- de dotar de respuestas a las demandas populares.

Y eso, para los que tenemos la convicción de que sólo la política es instrumento de cambio en democracia, siempre es una mala noticia.

¿Y si Mauricio no fuera un boludo?

En estos días se han tejido más de una hipótesis en busca de una explicación a ciertas decisiones políticas que ha tomado Mauricio Macri. Ya sea con respecto al escándalo de las escuchas ilegales emanadas de la nonata Policía Metropolitana, ya sea del flamante nombramiento de Abel Posse como ministro de Educación de la Ciudad.

En general, todas ellas se pueden circunscribir a diversas variantes de un mismo diagnóstico de base: Mauricio es torpe, se equivoca, no entiende de política, etcétera.

Sin embargo, me parece erróneo homologar los dos hechos. Mientras el tema de Ciro James saltó a la luz pública contra su propia voluntad –o al menos así lo indica lo conocido hasta el momento-, el impulsar a Posse como funcionario y sostenerlo a pesar de la oleada de críticas recibidas es, sin lugar a dudas, una decisión meditada.

Si bien podemos especular con que Macri desconocía los lineamientos ideológicos del ex embajador –reforzando así la teoría del Mauricio nabo-, quisiera ahondar en otra perspectiva.

Como bien hace notar Mario Wainfeld en su columna del domingo, la estrategia de posicionamiento electoral del macrismo fue inaugurar en nuestro país “una derecha cool, que hablaba en lenguaje llano, tuteaba a todo el mundo, usaba el nombre de pila propio para identificarse, tomaba giros de la verba adolescente…”. O lo que es lo mismo: una derecha que niega ser derecha, una derecha orgullosa de su anti-política, una derecha de la blanca primacía de lo técnico sobre la negrura de la rosca y de lo partidocrático, una derecha que viene –muy moderna, aunque un par de lustros tarde- a anunciar el fin de las ideologías. El macrismo original fue –a pesar del mismo Mauricio, que sí es auténticamente de derecha en sus “íntimas convicciones”- una inteligente construcción “centrista” en lo ideológico, “transversal” en lo partidario, políticamente correcta en términos de la identidad cultural que se ofreció a los votantes (recordemos la Gabi MIchetti “progresista” que hizo sus primeros palotes en la Fundación Auyero) y con una marcada apelación a la fuerte desconfianza que nuestra sociedad tiene respecto de los “políticos tradicionales” a la hora de gestionar. “Somos empresarios, por eso sabemos hacer y vamos a hacer” era una red que sabía que pescados iba a recoger.

El único problema de toda esta, repito, inteligente construcción electoral, es que ganó. Y una vez que ganas tenés que gestionar de verdad. Y ahí se van acabando los slogans a la misma velocidad con que la sociedad porteña ve como todo sigue igual o peor. Para colmo, la primer apuesta realmente fuerte y osada de gestión de 2007 a esta parte,  la creación de la Policía Metropolitana, resultó un fiasco y una enorme oportunidad perdida para las instituciones porteñas. Con lo maravilloso que es tener la posibilidad de crear desde cero algo en el Estado (porque administrar el Estado es, en el 90% de las cosas, administrar las continuidades, y para ello basta con ver los presupuestos por jurisdicciones), chocaron el patrullero antes de arrancar, preocupados por las tajadas de las compras y las escuchas telefónicas, mucho más dignas de  un programa de chimentos de la tarde que de un servicio de inteligencia.

Pero volvamos a Posse, a las razones de la designación de Posse, que de eso se trata este post. Cuesta creer que Macri, o al menos alguien de su círculo de confianza, no supiera que se trata de un, otra vez Mario, “homófobo, racista, misógino, autoritario, apologista de dictaduras y represores”. ¿Y entonces por qué?

He aquí la otra hipótesis: hasta hace algunos años, de la derrota de los carapintadas para acá, digamos, todo tipo de reivindicación de la dictadura y del proceso militar era automáticamente censurado por “la opinión pública” sin remilgos. No había margen, en esos años en que Grondona se hizo democrático, para un discurso de ese tipo por fuera de pequeñísimos círculos. E incluso ahí había que decirlo en voz baja, como quien pide perdón por la guarangada que está a punto de decir.

Lamentablemente, estimo que eso está cambiando. Clima de crispación mediante, absurda homologación del gobierno nacional con los Montoneros (absurdos quienes homologan desde la oposición y absurdos quienes homologan desde el oficialismo, claro) y, sobre todo, la concreción de algunas políticas judiciales y públicas que, aún tibiamente, demasiado tibiamente, intentan modificar el modelo de país consolidado desde 1976 hacia acá (Aclaración para lectores con un solo ojo: dije “concreción”, no “intención”. Alfonsín lo intentó al principio. Menem también y rapidito “acentuó”, etc.)
Bien. Yo creo que Macri, obturado el camino por el PJ disidente por los sucesivos desencuentros y temoroso del reverdecer radical con Cobos, está buscando el único nicho que le queda: la derecha. Y ojo: el combo antipolítica más derecha no creo que sea para despreciar en términos de caudal electoral.

Si esta hipótesis fuese aunque sea parcialmente cierta podemos verlo de dos maneras: la mala es que, a pesar de años de una supuesta hegemonía democrática y pluralista, el germen de lo autoritario está aún fuerte entre nosotros. La buena es que la derecha-derecha nunca tuvo en la Argentina expresión electoral. Y por eso hacían golpes de Estado.

Ojalá en 2011 saquen la suficiente cantidad de votos como para que pierdan y la suficiente cantidad de votos para que sigan participando.

Las críticas: ¿Cuánto quieren jugar?

Ya los olfateo.

Van a venir por acá:

- No es verdaderamente “universal” porque no es para todos los chicos, si no para aquellos que por ser hijos de desempleados y empleados en negro no cobran asignación.

Lo cual puede derivar en una discusión filosófica del tipo “el sexo de los ángeles” o la más existencial “el huevo o la gallina”.  En este caso tiene una respuesta un tanto obvia: todo pibe menor de 18 años lo cobrará, ya sea por recibirlo a través de la asignación salarial de sus padres, ya sea por el plan anunciado. Si esto no es universal, llamen a la Paramount.

- El financiamiento con fondos de la ANSES no es sustentable y le sacan la plata a los jubilados.

Oj. Desconozco como para hablar con propiedad. Si es cierto que se pierde una magnífica oportunidad para intentar alguna reforma tributaria de tipo progresiva. Aunque estoy seguro que después de diciembre van a sobrar los brazos de los diputados para gravar la renta financiera, poner impuesto a la herencia, morigerar la reducción de aportes patronales de los 90 y obligar a jueces y obispos que tributen ganancias. Ah, ¿no es seguro eso? Bue, lo del Anses sí. Y los millones de pibes que pasan a cobrar esto y sus papás capaz convencen a algún legislador.

- Desconocen las instituciones y lo sacan por decreto en vez de que salga por el Congreso.

Bue. Digamos que la  institución “decreto presidencial” existe. Y que la oposición decía, con mucha razón, que esto era urgente y que no podía esperar. Y sospecho -sospecho eh- que estuvieron sondeando números en el Congreso, tratando de armar algún proyecto que consiguiera muchos votitos y que cada uno se empecinaba en su propio proyecto, y entonces, bue, sale por decreto. Porque el consenso existía, claro. Lástima que no podía avanzar más allá de los títulos y las buenas intenciones.

- Por qué esperaron hasta ahora, eh? Si ni siquiera lo habían presupuestado para el año que viene. Esto es una clara demostración de que es una medida que no querían y se vieron obligados a tomar.

Ajá. Sí. Pero la tomaron. Cosa que ningún gobierno había hecho antes.

- Esto va  a hacer que esos negros de mierda tengan hijos como conejos para cobrar guita sin laburar.

Cría hijos así Clarín (lo digo por esa nota de “Fábrica de hijos”, recuerdan) y tendrás este tipo de pelotudeces. A ellos, manga de ignorantes racistas, un sonoro y explicativo  “vayansé a la reconcha de sus putas madres” de mi parte.

¿Cuándo nos juntamos a festejar y dónde?

Nosotros y Lo Otro

Hemos aprendido, con los años y la historia y las derrotas, las putas derrotas y los conchudos empates, tristemente hemos aprendido, que no hay revolución posible que cambie de un día para otro todo los que nos jode de nuestro país. Y, como dicen los Calle 13, “digo 50 malas palabras por segundo, porque la verdad es que me gustaría cambiar este puto mundo”.

Y no tengan empacho en correrme por izquierda y acusarme de quebrado, de desilusionado, de derrotado por negar la “posibilidad revolucionaria”. Háganlo. Me chupa un huevo. O los dos, en verdad.

Porque aprendimos que los cambios son lentos, muy lentos, mucho más lentos de los que nos gustaría. Que no todos los cambios siempre son para adelante, que no hay destino prefijado, que no hay “motor de la historia”, que no estamos “condenados al éxito”. Que las cosas cuestan y cuestan mucho. Que cuestan mucho tiempo, mucho esfuerzo, mucha saliva, muchas letras. Y, lo peor de todo, que no tenemos garantías de nada. Aprendimos que a veces avanzamos un paso y retrocedemos dos. Aprendimos que no hay manuales, que no hay vanguardias iluminadas y, sobre todo, que no queremos creer que está bueno formar parte de ellas.

También aprendimos a valorar las cosas chiquitas. Las que se escapan de los libros y las academias. Las que algunos a veces tenemos: un laburo, una semanita de vacaciones, una obra social para cuando a tu pibe le duele la panza, un asado con los amigos, el asfalto, la cloaca, el bondi que te lleve a tiempo, las macetas en flor, la ilusión de un amor. Tanto aprendimos a valorarlas que nos pusimos pretensiosos y queremos mucho y aspiramos a mucho: que todos puedan tenerlas.

Porque si algo nos gusta y es nuestro norte, nuestro sur y todos los puntos cardinales en un mundo que no se sabe para dónde va, si es que alguna vez decidiera ir para alguna parte, es que todos tengamos nuestra quintita de felicidad.

Se supone que esta columna iba a ser sobre el tratamiento de la Ley de Servicios de Comunicacion Audiovisual. que hoy se debate en el Senado. Pero quise escribir esto. Quise escribir que, para muchos de nosotros, los medios -esos medios que tanto nos preocupan y nos ocupan- son medios, ni más ni menos.

Para nosotros lo verdaderamente importante es lo otro. Pero también está bueno que los medios –algunos medios, una parte de los medios, un cacho de los medios- puedan tener estos fines.

Y eso es un lindo principio.

La intelectualidad al palo

El siguiente mini post, chapucero, desprolijo, provisional, surge de un debate on-line entre diversos editores de AP en la mañana del domingo. Cada uno de nosotros nos inspiramos sentados en los cordones, tomando vino en tetra y eructando a las señoras que volvían de misa rumbo a la panadería. Sepan disculpar tanta enorme acumulación de ignorancia.

Escriba: La nota de Sarlo de hoy es insultante desde tantos puntos de vista que no sé bien qué hacer. ¿Cómo hacemos para debatir bien con esta señora? ¿Cómo hacemos? Estoy podrido, impotentemente repodrido, de los que me quieren explicar que en realidad soy un idiota pero no me doy cuenta. Cuánta negación de la política democrática, verdad? Porque la política es lo que nos iguala a todos, hayamos leído a o no a Umberto Eco, aunque nunca hayamos pisado Puán.

Tomás: lamento pincharle el globo. Esta gente no quiere debatir democráticamente. La primera condición para debatir democráticamente es un mutuo pacto de asumir como un igual/distinto a tu adversario. Y ellos consideran que son “más iguales” que nosotros.

Mendieta: ¿Existe el concepto de “elitismo moral”?

Eso, justamente eso, es lo que hablábamos ayer y tanto nos jode por parte de estos fulanos.
Ese punto medio entre únicos poseedores de la moral, la verdad y el saber. Esa impostura de superioridad, tan elitista y, sobre todo, tan llena de “absolutos”. De certezas, de “seguridades”. Para colmo de males, absolutamente funcionales a lo existente.
Que paradoja, verdad? Uno sigue teniendo en mente la figura de un intelectual con apetencia de plantearse interrogantes más que de ofrecer respuestas. Uno sigue teniendo como mito, sacrosanto mito, el intelectual capaz de enfrentar con deseo vital a las incertezas, las dudas, las preguntas, lo inacabado.
Sin embargo, vemos que prima en la esfera pública, por parte de determinados sectores de la intelectualidad argentina, exactamente lo contrario: los absolutos. Es una operación discursiva que no deja de sorprenderme: encarnan, precisamente, todo aquello con lo que vienen a alertarnos. La intolerancia al que piensa diferente (a veces, incluso, disfrazada de una mezcla de sutil desprecio a “aquellos que no son capaces de ver aún”); el discurso único; el autoritarismo.

Quizás, a fuerza de no contradecirme intelectualmente o políticamente, que para mí vienen a ser sinónimos, les asista a ellos “la razón”. Porque efectivamente los que defendemos el “pluralismo ideológico” tenemos de que preocuparnos. De escritos como el que inició este intercambio, por ejemplo.

¿O será, simplemente que sus ideas, sus anhelos, sus pulsiones, sus sentimientos, sus lugares en el mundo, están viejos como las vanguardias y temen no ser protagonistas de lo nuevo?

Discurso de la Dip. Carolina Moisés (linda ella, lindo él)

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- El cuerpo quiere agradecer a las señoras diputadas Damilano Grivarello, Leverberg y Llanos que también dejaron sus lugares en la lista de oradores.

Tiene la palabra la señora diputada por Jujuy.

Sra. Moisés.- Señora presidenta: en primer lugar quiero agradecer a todos y cada uno de los actores sociales de los argentinos y argentinas que participaron en las audiencias públicas en todo el país, y especialmente en el Congreso de la Nación, a quienes hemos escuchado durante toda la semana pasada. Creo que hemos dado un ejemplo más de cómo cuando la política y las instituciones les abrimos la puerta a la gente y a la participación popular, nos beneficiamos absolutamente todos y, en especial, la República.

En todas las argumentaciones se ha hablado mucho de cuatro conceptos: libertad de expresión, libertad de prensa, libertad de empresa y derecho a la información. Estos cuatro derechos están totalmente tutelados en esta ley en profundidad, pero a pesar de lo que han expresado gran parte de la oposición y de los medios de comunicación, en realidad los verdaderos enemigos de estos cuatro derechos no son ni el Estado, ni el gobierno, ni esta ley. Hay muchos otros enemigos que acechan a cada uno de estos derechos; quizás es contra ellos específicamente que nosotros queremos ir con esta ley. Esto no lo dice una diputada del oficialismo: lo dice todo el conjunto de las ciencias sociales en la Argentina, Latinoamérica y el resto del mundo. Mac Luhan, Umberto Eco, Giovanni Sartori, una infinidad de intelectuales han escrito sobre estos enemigos.

Hoy la libertad de expresión no está amenazada por el poder militar, por la censura del autoritarismo. Hoy la libertad de expresión está amenazada por los dueños de los medios de comunicación grandes, pequeños y medianos. (Aplausos en las bancas y en las galerías.) Porque la censura para decidir quién habla y quién no en un medio de comunicación la tienen los dueños; esa es la verdad, sea uno, sean varios o sea un cuerpo de accionistas, y los intereses que esos dueños representan. El enemigo de la libertad de prensa –a la que nosotros queremos tutelar fundamentalmente- es la falta de libertad que tienen los comunicadores sociales que deben ejercer esa libertad de prensa… (Aplausos en las bancas y en las galerías.) …porque tienen intereses y porque dependen de quienes los emplean y desde dónde van a escribir.

Hoy los enemigos de la libertad de empresa son los monopolios. Hemos escuchado a muchos canales del interior y a pequeñas radios FM que han sobrevivido a la dictadura militar, que empezaron con la radiodifusión en este país. Hago honor y nombro personalmente a un sampedreño, Luis Garay, que ha sido uno de los promotores de la radiodifusión en la provincia de Jujuy. Como decían muchos de los que hablamos y compartimos las audiencias públicas, en la época de los militares tenían que estar escondidos poniendo antenas para poder expresarse.

Lo mismo hicieron muchos técnicos y cable operadores del interior del país, algunos de los cuales sobrevivieron al monopolio de medios de comunicación que a través del chantaje del negocio del fútbol vieron a esas pequeñas y medianas empresas cerrar sus puertas. Esos son los enemigos de la libertad de prensa: el monopolio y el oligopolio.

A mi juicio, lo fundamental de este debate es el derecho a la información que tenemos todos los argentinos y las argentinas. Hoy el concepto de información está totalmente modificado por la modernidad y la globalización. No es la información de hace veinte o treinta años.

En la actualidad la superabundancia de información hace que todos estemos poco y muy mal informados. La celeridad de la información motiva que aquellas cosas que son importantes para la comunidad o para los dueños de los medios sean las reiteradas una y mil veces o las escondidas una y mil veces.

Además existe la mercantilización de la información, que hoy no tiene valor en sí misma como un elemento fundante de la conciencia ciudadana. La información es una mercancía y un instrumento para algunos factores de poder.

Esta transformación propia del concepto de información no es de esta diputada sino de las ciencias políticas, y solicito la inserción en el Diario de Sesiones de los nombres de todos los intelectuales que sostienen estas definiciones.

Esto ha generado la transformación del principio de la actualidad de la información y del concepto de verdad. En este punto hago mías las palabras del señor diputado Morgado, quien fue sumamente solvente al señalar cómo se maneja la verdad a través de los medios de comunicación.

Sólo agregaría algo a sus expresiones. Cuando todos los medios de comunicación dicen lo mismo, ¿cómo contrasta la gente si lo que dicen no sólo lo muestran con una imagen, con el saber de quienes tienen la solvencia intelectual… (Aplausos en las bancas y en las galerías.) …sino que cada vez que cambia de canal ve exactamente lo mismo? (Aplausos en las bancas y en las galerías.) ¿Qué poder tiene la gente si cada vez que cambia de canal ve exactamente la misma información con la solvencia de saber, como bien lo dijo el diputado Morgado, y con una imagen que se reitera mil veces y quizá es una pequeña porción de la realidad y no toda la realidad?

Queremos equilibrar estos cuatro derechos y controlar los enemigos que yo enumero. No queremos mordaza sino que suscribimos una afirmación de uno de los juristas más importantes de este país, en el libro titulado La omnipotencia de la prensa: “Esto convierte a la televisión en un eficaz instrumento de control social en garantía de la conservación del orden, a través de la repetición de opiniones, convenientemente simplificadas, que se consideran aptas para mantener el status quo.” En este país ese status quo muchas veces nos quiere convencer de que no podemos cambiar nada, y nada vamos a cambiar mientras esas bancas estén vacías. (Aplausos en las bancas y en las galerías.) No vamos a cambiar muchas cosas mientras algunos estén de rodillas. (Aplausos en las bancas y en las galerías.) No vamos a cambiar nada si no fortalecemos realmente y consolidamos esta democracia, y esto sólo lo lograremos fortaleciendo a la clase política, peronista, radical, socialista o de los partidos pequeños. Solamente fortaleciéndonos como representantes de la voluntad popular podremos fortalecer esta democracia, y no debilitándola y devaluándola como hizo cierta parte de la oposición desde el día en que comenzó este debate. (Aplausos en las bancas y en las galerías.)

En nombre de la República y de las instituciones se ha devaluado a toda la clase política, se han deslegitimado nuestros propios mandatos, se ha subestimado la representación que ejercemos de la gente, se ha menospreciado la inteligencia del pueblo de la Nación argentina y se ha negado la pertenencia de muchos de ellos a la propia clase política con un descaro total. Desde el día en que nos sentamos en estas bancas, seamos lo que seamos, vengamos de dónde vengamos, geográfica o ideológicamente, pasamos a pertenecer a la clase política. Y a esa clase debemos honrar para que ser mejores, para que la gente nos controle más y para acercarnos a la realidad.

Yo vengo de una provincia del norte, de un norte pobre. Por lo tanto, también represento un norte pobre, porque el poder económico tiene mucho que ver con el poder ideológico y con el poder de representación que ejercemos.

Sin embargo, estoy orgullosa de representar a muchos jujeños. No me voy a poner de rodillas delante del poder de nadie, porque me respalda el poder de esos jujeños. Si yo me pongo de rodillas, también se ponen de rodillas todos aquellos que me votaron, y a los que represento. (Aplausos y manifestaciones en las bancas y en las galerías.)

Estoy convencida de que la futura ley es urgente en este país. Estoy también convencida de que muy poco honor le hacen a la democracia, a las instituciones y a la República los que se llenaron la boca hablando de todo esto, y hoy están de rodillas, allá, frente a las cámaras de televisión. (Aplausos y manifestaciones en las bancas y en las galerías. Varios señores diputados rodean y felicitan a la oradora.)…

¿Quién quiere una nueva Ley de Medios?

Así como es fruto de un reduccionismo in extremis afirmar que el proyecto de reforma de la Ley de Radiodifusión es una ley exclusivamente K, también resulta simplificador afirmar lo contrario: no todos los que se oponen a la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual son defensores de los monopolios mediáticos. Es más, algunos que se oponen, en verdad no se oponen. Así como algunos que apoyan, en el fondo no apoyan.

Ay, la realidad. Portadora de esos matices tan grises, tan intrincados, tan difíciles de reducir a volanta, título y bajada.

Veamos:

El eje elegido para oponerse al citado proyecto –en esto Clarín se lleva las palmas- ha sido presentarlo como la “Ley de Medios K”, ignorando olímpicamente que hace al menos veinticinco años una enorme cantidad de académicos, periodistas, entidades sindicales del sector, organizaciones de la sociedad civil, estudiantes y políticos (sí, también políticos) vienen luchando por una nueva legislación en el campo. Por cierto: ha sido funcional a esta operación “de sentido” cierto discurso del propio oficialismo, empezando por la mismísima Presidenta el día en que anunció el envío del proyecto al Congreso al afirmar, equivocadamente, que era la primera vez que un Ejecutivo tomaba tamaña decisión.

Resulta totalmente comprensible, a la par que totalmente falso, plantear la batalla en estos términos. Es sencillo: reconocer este entramado social detrás de la iniciativa impediría polarizar la discusión ante la opinión pública y obtener ventajas posicionales, precisamente, porque en la opinión pública el oficialismo está en un momento de descrédito en su capacidad enunciativa.

Ahora bien: así como el “frente” que apoya esta iniciativa es bastante más amplio que “el kirchnerismo” a secas, el frente opositor es bastante más heterogéneo de lo que se lo pretende mostrar en, ay, que loco, los medios masivos de comunicación. Distintos son los motivos que llevan a esta oposición ya sea se trate de las empresas comunicacionales o sus voceros o bien se trate de dirigentes políticos de los diferentes partidos (?) (Dicho al pasar, otro reduccionismo: los multimedios constituidos en nuestro país son mucho más que empresas “periodísticas”. Basta ver el porcentaje de contenidos tanto en los canales de aire como en los de cable. Una perogrullada, ¿verdad?, aunque pocas veces resaltada en los días que corren). Las empresas mediáticas, en su esperable afán de conservar los negocios que les permite la legislación vigente, han cerrado filas superando incluso viejas disputas. Por caso: los grupos Clarín y Vila. Otra conducta “racional”: si nos atacan desde afuera, pongamos bajo un paraguas nuestras diferencias secundarias, porque incluso para seguir con la batalla por el mercado de las comunicaciones, lo primero en garantizar la supervivencia.

No resulta así de “corporativa”, y bienvenido que así sea, la posición de la “clase política”. Así que detengámonos un instante en cómo viene la oposición a la nueva ley por parte de los “políticos”. Algo los une a todos: aprovechar el momento para ganar mucha pantalla y mucho centimetraje a favor por parte de las empresas mediáticas que se oponen al proyecto. El carnaval de los prenseros: una columnita en contra de la ley y te meto en Opinión de Clarín y te llevo de gira por el cable!

Acá se acaba la unidad. Porque están aquellos cuyo interés por lo público y por lo político pareciera ser una nueva “unidad de negocios” de sus empresas. Sí, De Narváez. Están aquellos que se oponen por “convicción ideológica”: el Estado no debe regular nunca nada. Sí, Macri. Están aquellos que se oponen para diferenciarse del oficialismo (dando por sentada la operación discursiva con la que iniciamos este post): si la Ley es la Ley K, nos oponemos porque nos oponemos a K. Estos la tienen más difícil, ya que si se concretaran las modificaciones que vienen reclamando no tendrán excusas para no votar a favor y pagarán un costo político con aquellos ciudadanos que les tienen simpatía por su oposición al Gobierno. Y también pagarían un costo si no acompañan una vez que “impusieron” sus modificaciones. Sí, Solanas, Lozano.

Están los que han demostrado un accionar legislativo serio y “autónomo”. La ley debe ser tratada y reformada, pero queremos esto y aquello para “mejorarla”. Sí, el SI, la centroizquierda dispersa, atisbos de Stolbizer en este sentido.

Y están los más vivos de todos y los más hipócritas: en su fuero interno están a favor de la ley, porque saben que resulta necesario modificar la actual estructura de propiedad mediática y “desembarazarse” de la cada vez más enorme “espada de Damocles” que se cierne sobre la mismísima actividad política. Estos últimos son los que, a la noche, en los pasillos de Diputados y Senadores, lejos de los micrófonos, piensan: garpen el costo político ustedes muchachos, que están de salida. Mientras tanto nosotros ahora quedamos bien con “lagente” y subimos en las encuestas y mañana, cuando seamos gobierno, bridaremos a vuestra salud.

Sí, pienso en un Cobos.

Exclusivo: Informe de la CIDH sobre Honduras

Una de las ventajas de Internet es que la información está. Hay que buscarla, pero en algún lado está. Incluso a veces pasa que, como la carta robada de Poe, está en el lugar más visible.
Múltiples son los blogs que, en estas semanas que pasaron pusieron su atención sobre el golpe de estado sufrido en Honduras. Y también numerosos los informes al respecto en la prensa tradicional.

Sin embargo, hubo algo que pasó misteriosamente desapercibido este fin de semana. Me refiero al Informe Preliminar que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) elaborara luego de su visita -del 17 al 21 de agosto- a la mismísima Honduras.

Aquí encontrarán un enlace al trabajo completo publicado en la página oficial de la CIDH que fue casi literalmente ignorado –hasta este momento- por la mayoría de los medios de comunicación.
Vale la pena resaltar dos cuestiones en el marco de este post: por un lado, el siguiente párrafo referido, precisamente, a la libertad de expresión y el rol de los medios: “La CIDH ha podido advertir que tras el golpe de Estado, los medios de comunicación de Honduras se han polarizado. Los medios de propiedad pública, por su inadecuado diseño institucional no tienen independencia del Poder Ejecutivo y, como consecuencia de ello, están abiertamente parcializados a favor del gobierno de facto. Los comunicadores y medios de comunicación que son percibidos como afines al gobierno de facto, han sido blanco de fuertes agresiones, presuntamente, por parte de opositores al golpe de Estado. Otros medios de comunicación que son percibidos como promotores del movimiento de resistencia, han visto constantemente afectada su labor periodística tanto por agentes del Estado como por particulares que restringen la labor informativa. Son pocos los medios de comunicación que en el agudo ambiente de polarización, se han comprometido públicamente con organizaciones civiles a presentar información plural sin que su posición editorial afecte la labor informativa. Sin embargo, la tarea de informar libremente no es fácil de sostener, pues el gobierno de facto cuenta con mecanismos poderosos de injerencia e intimidación que pueden ser empleados de manera abierta o encubierta, bajo la excusa de aplicación formal de las leyes preexistentes. De otra parte, las amenazas y violentos ataques de particulares han dificultado seriamente el ejercicio de la profesión”.

Por otra parte, me permito cortar y pegar parte de las conclusiones de la citada comisión:
“La Comisión constató durante esta visita que el golpe de Estado del 28 de junio ha creado una situación de ilegitimidad democrática que tiene un impacto negativo sobre la vigencia de los derechos humanos de todos los habitantes de Honduras.

La Comisión comprobó la existencia de un patrón de uso desproporcionado de la fuerza pública por parte de fuerzas policiales y militares, detenciones arbitrarias, y control de la información dirigido a limitar la participación política de un sector de la ciudadanía, que tuvo como consecuencia la muerte de por lo menos cuatro personas, decenas de heridos, miles de detenciones arbitrarias, cierre temporal de canales de televisión y amenazas y agresiones a periodistas.

La Comisión verificó la existencia de una aguda polarización que ha incidido en los medios de comunicación y que afecta el flujo libre de la información y la posibilidad de que exista un debate vigoroso y desinhibido sobre los asuntos relacionados con la ruptura del orden institucional. Asimismo, pudo comprobar la existencia de serias restricciones del ejercicio a la libertad de expresión provenientes del gobierno de facto, que han generado un ambiente de intimidación que inhibe el libre ejercicio de la libertad de expresión. Finalmente, pudo comprobar la existencia de amenazas de muerte y ataques violentos a periodistas y medios de comunicación en razón de su línea editorial, provenientes de distintos sectores”.

Una brevísima reflexión y un pedido: lamentablemente, en los últimos tiempos hemos observado de qué manera se banalizan –en la política nacional- algunos términos que debieran ser preservados y, por ende, todos cuidarnos de no utilizarlos de manera superficial. No toda matanza es un “genocidio”, ni todo conflicto con la prensa es “censura”, ni un conflicto de intereses o de poder es una manifestación de “hegemonía” ni las imágenes secuestradas son como “personas secuestradas”. Tenemos la obligación, se esté donde se esté, de ser responsables y respetuosos de éstas palabras, tristes tesoros que nuestra historia nos hizo cosechar con mucha sangre derramada, mucho dolor y muchas heridas aún abiertas.

Pero dónde hay un golpe de Estado, hay un golpe de Estado. Y dónde asoma una dictadura, asoma una dictadura. Y acá si que no debiera haber medias tintas.

Por último: invitamos a quienes lo deseen que linqueen el informe de la CIDH y albergamos la esperanza de poder verlo en algún diario o escucharlo en alguna radio un día de estos.

¿Autopsia o diagnóstico?

En el post anterior me preguntaba desde dónde pensar la autocrítica por la derrota del kirchnerismo en provincia de Buenos Aires.

Ahora me pregunto desde dónde escribir esto que voy a escribir. ¿Desde el lugar de analista? ¿Desde el lugar de simpatizante del “proyecto”? ¿Desde el lugar de funcionario de cuarta línea? ¿Desde el rol de bloguero?

Y una pregunta más incómoda aún: ¿se puede escribir, de manera intelectualmente honesta, diferenciando estos roles? ¿O simplemente hay que aceptar y aceptarse que uno es todas esas cosas juntas y que, aunque incluso uno quisiera escindirlas, es fácticamente imposible?

Como sea. Mezclaremos todo: análisis, proyecciones, deseos y temores.

Empecemos por el principio, que en este caso es el final: el resultado.

No es lo mismo realizar un análisis sobre el resultado electoral que sobre las razones y motivos que condujeron a ese resultado. Algunos preferirán dedicar horas a un pormenorizado recuento de los votos por distrito, por secciones, por corte o por ausentismo. Es un trabajo necesario, pero estimo que secundario dadas las circunstancias. Hacer esto es hacer la autopsia del comicio, cuando en realidad considero más rico y útil ir a revisar las probables causas de la enfermedad que nos condujeron al horno.

(Paréntesis aclaratorio, antes de que me empiecen a putear: no doy por hecho que el proceso político que supo encarnar el kirchnerismo esté muerto ni agotado. No saco los pies del plato ni mucho menos. Pero no cuenten conmigo para echar culpas hacia fuera como toda explicación. ¿Está claro? Y otra cosa: todo lo que va a continuación son sospechas, hipótesis e intuiciones, puntas para pensar. Ni ahí me considero dueño de ninguna verdad revelada. Sigo.)

En primer lugar, considero que la oposición tuvo un acierto comunicacional clave a la hora de hacer campañas políticas en los tiempos que corren. Planteó la escena en el campo de lo simbólico, dando cuenta del desgaste de credibilidad del oficialismo en amplias franjas sociales. Las publicidades de De Narváez son más que ilustrativas en este aspecto. Apelaban a los mitos y los miedos que, con inteligencia y persistencia, fueron instalando –fundamentalmente a través de los medios- en el último año y medio. (Paradoja: no pensaban realmente en ganar, y por eso la cantinela del fraude. El objetivo de máxima era hacer una muy buena elección que permitiera seguir deslegitimando al gobierno con las denuncias de “no ganaron, nos afanaron”). Contra este campo de lo simbólico, el oficialismo tuvo como estrategia contraponer el campo de “lo hecho”, la “realidad”, la “verdad”: cloacas, escuelas, asfalto.

Bien. Primer problema: en tiempos de descreimiento en la política como “hacedora” de soluciones, siempre es más potente la apelación a lo simbólico, sobre todo si es montado el discurso en la descalificación del adversario. Esto es tan sencillo como los culebrones de barrio: basta acusar a algún vecino de “algo malo” para que éste tenga que salir, con mucho esfuerzo, a tratar de desmentirlo.

Insisto: los miedos, apelar a los miedos. El miedo es, hoy por hoy, “el” relato por excelencia en las sociedades neo-post-modernas. Miedo a la inseguridad, miedo al extraño, miedo a salir a la calle (lo público), miedo a los otros.

Y ojo: la campaña publicitaria de Kirchner-Scioli era muy buena, pero como primer etapa. Faltó un mayor hincapié en “hicimos esto, y ahora vamos a hacer esto”.

Me aburrí. Hasta acá me da el cuero post atragantamiento.
Pero hasta acá por ahora. Queda en el tintero: de cómo podría llegar a evolucionar el sistema político, la arena. De cómo lograr, o mejor dicho, quién logrará organizar la inmensa masa de pre-militantes hijos del kirchnerismo (y digo pre-militantes porque para ser militante debe existir una organización y eso por ahora brilla por su ausencia) y varias cosillas más.

Elogio y anhelo de tranquilidad

Vamos con una hipótesis de lo más endeble y subjetiva. Como todas las hipótesis, en verdad. A ver si nos sale.

Estoy convencido que todos los candidatos de la oposición que participan en la actual campaña electoral dedican su “cuerpo discursivo” y, por ende, sus posicionamientos estratégicos, estrictamente a la clase media.

¿Y por qué dice eso Mendieta? Porque son prisioneros y tributarios del “cuerpo discursivo” de los mass-media. Es decir: así como sabemos, desde que la prensa es prensa, que la noticia es el avión que se cae y no los que llegan, la centralidad que los medios han ido tomando en la conformación de la opinión pública es tal –precisamente, entre otras razones, por la retirada de “los políticos”-, que los candidatos parecieran dar por sentado que no se puede “decir otra cosa” que lo que los medios dicen y quieren decir.

Y lo que los medios nos dicen, en parte porque es su sentido de existencia y en parte porque se han cebado, es que todo se reduce a un presente perpetuo, amenazador y angustiante. Ay, las “malas noticias”.

Y es así como vemos que todas las campañas, en diversos grados y con diversos artificios, parecen decirnos: “está todo mal, en quince días se acaba el mundo, no se puede seguir así, esto no da para más”. Incluso van más allá: el trasfondo de esas apelaciones ni siquiera nos auguran un mejor destino en el caso de que alguno de ellos ganaran. Las menciones a potenciales fraudes y destrucciones de la República, son un ejemplo palpable y evidente.

En síntesis: no nos ofrecen esperanza alguna de futuro mejor. Y ésta fue, es y será, el basamento de la acción política. Esa es su misión: esperanzar. Mentime un futuro mejor, yo te creo y lo hacemos.

Nosotros, la clase media, con sobredosis de angustias mediatizadas, somos los únicos capaces de ser interpelados por discursos de este tipo. Las clases populares no necesariamente sufren similar alienación: sus necesidades, problemas y sufrimientos son de un orden más concreto y cercano. Les decís República y piensan en cloacas, asfalto y apertura de calles, los guachos.

Ni siquiera el propio oficialismo ha sido capaz de evitar del todo este posicionamiento cuando el propio Kirchner deslizó el “nosotros o el caos”.

Y no. No.

Si se preguntan porque no pueden entrar al segundo cordón con fuerza el PRO o la Coalición, respóndanse: porque no ofrecen esperanza. Porque no dicen que si ellos ganan las cosas serán mejor que ahora, que aumentarán los sueldos, que la escuela estará más linda, la salita con guardia las 24 horas. Porque no prometen trabajo con vacaciones pagas, aguinaldos, derechos.

Prometen tempestades y nosotros, lo que de verdad queremos, es vivir tranquilos.

Kirchnerismo: anti, post y para K

Hay veces en que lo obvio está oculto tras un manto de neblina. La voces discordantes, el ruido, la confusión, la acumulación de noticias y análisis –con esa  particularidad de los tiempos que corren, cada vez más rápido corre el tiempo, en donde lo dicho anteayer es tapado por lo analizado ayer y olvidado hoy- nos ponen frente al riesgo de perder de vista lo importante y lo trascendente.
Lo primero que hay que recordar es que el oficialismo nacional sigue siendo el actor central de la política argentina. Esto no debiera ser novedad: todo oficialismo, en cualquier tiempo y lugar, es el pivot alrededor del cual se ordenan las demás piezas del tablero. Sin embargo, la proliferación de operaciones discursivas tendientes a instalar la noción de que el kirchnerismo se bate en retirada, obliga a volver a dibujar los palotes. Hay que empezar por el principio.

Esas operaciones discursivas y analíticas se leen como un magma difuso, cual si todas fueran parte de la misma operación y tendieran a los mismos objetivos. Y no. Pensar, desear, planificar,  hoy, el post-kirchnerismo no es lo mismo. Lo único que iguala y, de algún modo, achata, esta moda es su transmisión mediática. Quizás por eso Néstor Kirchner haya deslizado que su principal oposición actual son algunos medios de comunicación masiva. Insisto: muchos medios y analistas igualan lo que no es igual,  practicando una especie de socialismo berreta, desconocedor de la condición humana: ni todos somos iguales, ni cualquiera es mejor que esto.

Aquí un breve paréntesis: todas, repito, todas, las operaciones y acciones tendientes a decretar el fin del kirchnerismo son legítimas. Incluso las de tinte “destituyente”, mientras estén confinadas al campo de lo discursivo y de la acción política. Del mismo modo, todas, repito, todas las acciones del kirchnerismo destinadas a mantenerse en el poder lo son mientras se mantengan dentro de la misma esfera. Claro, me dirán: Si Grondona y Biolcatti chancean con un Cobos presidente el 29 de Junio está bien, si alguien sospechado de oficialista deslizara la posibilidad de denunciarlos por apología del delito sería crucificado en el ágora mediático. Y sí, ahí perdemos, qué vamos a hacer.

Volviendo. No es lo mismo pensar la posibilidad y los modos del post-kirchnerismo siendo de la oposición que siendo parte del oficialismo. Es más: no es lo mismo pensarlo siendo de la Coalición Cívica, que del PRO, que desde la centroizquierda no peronista. Tampoco es lo mismo pensarlo siendo del PJ que de la transversalidad.

Dichas todas estas obviedades, quizá haya un aspecto de este tópico que está siendo ignorado en el debate político: quien primero comenzó a pensar el post-kircherismo y a planificarlo es el mismísimo Néstor Kirchner, allá por principios de 2008, al asumir la conducción del Partido Justicialista. Podemos decir, a riesgo de que se enojen unos cuantos amigos, que el kirchnerismo pasó de ser –ante la opinión pública, al menos- el embrión del tercer movimiento histórico a una fracción interna del Partido Justicialista.

Resumiendo a las apuradas, que se hace largo y tedioso:

-La oposición pan-radical no hace post-kirchnerismo. Hace anti-kirchnerismo. Al igual que Reutemann. Y está bien, para algo son oposición.
- El PRO hace una mezcla de post-kircherismo con anti-kirchnerismo. Al igual que Reutemann. Y está bien. Para algo son oposición.
-El PJ hace post-kirchnerismo mezclado con kirchnerismo explícito. Y está bien. ¿O no hay que defender la existencia de los partidos en democracia?
- El kirchnerismo hace todo el kirchnerismo que puede y piensa el post-kirchnerismo que debe. Y está bien. La primera condición para su existencia es seguir existiendo.
- La centroizquierda no kirchnerista hace post-kirchnerismo. Y está mal: debieran estar haciendo para-kirchnerismo. Porque si el kirchnerismo desapareciera, no heredarán las flores, si no las deudas. Y no creo que Carrió, ni Macri, ni De Narvaez, ni Morales, ni Alfonsín, estén dispuestos a salir de garantes para levantar los muertos.

Carta Abierta

Hoy escribí esto.

Pocas palabras, mucha acción

Este va a ser un post diferente en Artepolitica. En general, a diferencia de nuestros blogs personales, acá escribimos largo y con pretensiones de fundamentar lo que se dice.

Bien. No es el caso.Será una brevísima y subjetiva crónica sobre el acto de presentación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual realizado anoche en la ciudad de La Plata.

En los palcos, muchos funcionarios, diputados, ministros, embajadores, gobernas, intendentes y dirigentes sociales. Las Madres y las Abuelas, Hugo de la CGT y Hugo de la CTA (!el Frente Nacional y Popular!). Uy, y me olvidaba de Néstor, sonriendo y sonriendo. Presencias inesperadas: diputados provinciales de Binner (sí, de Binner). Ausencias esperadas: ¿qué pasó Sabatella?, ¿me imagino que ésta la vas a bancar, no?.

En la platea: el seleccionado “comunicacional” que armó Mariotto. Cientos de caras conocidas para quienes trajinamos las facultades de Comunicación: profesores, decanos, ex compañeros de cursadas y de militancia y hoy escribas del proyecto presentado. Uno se sentía como en casa y con un leve temor a volver a reprobar Semiótica II.

En el escenario: el primero en hablar fue Massita, al que se notaba un tanto incómodo y fuera de ambiente. No, Sergio, no era el Coloquio de IDEA y acá la SIP no le mueve el amperímetro a nadie.

El segundo en tomar el micrófono fue Gabriel Mariotto, titular del COMFER. La rompió Gabriel: en siete minutos explicó el por qué, el cómo, el cuando y el para qué de esta ley. Y se la dedicó a Margarita Graziano y yo, que me estoy poniendo viejo, le abrí la puerta a la nostalgia.

El tercero fue Pepe Albistur. Así como los jueces hablan por sus sentencias, Pepe habla por sus videos. O sea: no habló, pero pasaron un video que seguramente será el puntapié inicial de cada foro de debate del proyecto de ley.

Y cerró la Presidenta. Que estuvo realmente muy bien. Hoy trataré de conseguir su discurso entero para colgarlo en la Comunidad [ahí está]. Vale la pena repasarlo con atención, sobre todo para contrapesarlo a la cadena oficial de medios privados que desde esta madrugada se ha desatado.

Dije que iba a ser corto y lo es por una sencilla razón: acá está lo que hay que leer, estudiar, mejorar y, como dicen los pibes de Un Día Peronista, militar.

Que sea.


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Chau Frente para la Victoria, Hola FNP

“..en mi corazón todavía queda

tanto por decir/no me voy…me quedo aquí.

Y si no, no aprendimos la lección”

Me quedo aquí. Gustavo Cerati

Ay. Me voy a meter en camisas de once varas.

Todo análisis sobre una situación política dada tiene, siempre, al menos dos modos de ser encarado. Una manera es -aún asumiendo que no somos neutros, ni objetivos, ni pre-ideológicos, ni pechofríos- intentar un máximo nivel de neutralidad y objetividad ante nuestro objeto de análisis, describirlo y, por último, esbozar algunos probables e hipotéticos escenarios futuros acordes con la situación actual. Digamos que un análisis así planteado puede llegar a ser un buen editorial. Bah, al menos a mí me gusta cuando leo algo de este tenor.

La otra manera es –por sobre todo asumiendo que no somos neutros, ni objetivos, ni pre-ideológicos, ni pechofríos- intentar un máximo nivel de neutralidad y objetividad ante nuestro objeto de análisis, describirlo y, por último, plantear un hipotético escenario futuro ¡que nos gustaría ver realizado!

Podríamos simplificar y decir que el acercamiento a) es propio de los analistas y editorialistas y el b) es el acercamiento característico de los dirigentes políticos.

Ay otra vez, ojalá fuera así. Si no me creen, lean esto, como un ejemplo de un tipo que “es” a) “haciendo” b). Para el ejemplo inverso…, bue, hay como millones de diputados, senadores, ministros y consejeros escolares que repiten discursos a) siendo ellos b).

¿A qué viene todo este introito? Viene a justificar el por qué de lo que van a leer más abajo. Nosotros (o sea Mendieta) no quiere ser un mero comentarista de la política, si no que es más ambicioso (y más masoquista) y pretende no sólo analizar lo existente si no también tratar de modificarlo. O sea: no quiere ser periodista, ni analista (al menos gratis). Quiere, luego de analizar, tirar propuestas, más no sea al viento de la blogosfera. Así que, no digan que no les avisé, ahí va.

Tesis 1: La tan meneada “pejotización” de Kirchner sólo existió como mecanismo defensivo. Esto siempre fue kirchnerismo con sus puntos fuertes y débiles. Sí, Kirchner pasó a presidir el PJ y desde ahí pensaba construir, pero más o menos con la misma lógica de siempre. El tema es que en los hechos no hubo construcción “kirchnerista” exitosa en los distritos.

Tesis 2: Desde la crisis del agro, por H o por B hay dirigentes que se van del kirchnerismo, por “izquierda” o por “derecha”. Las razones son variadas pero van desde “me quedé sin lugar en la lista” a “presiento un fin de época, hay olor a calas, rajemos”.

Ergo: El kirchnerismo, como la mayor expresión realmente existente (insisto, realmente existente, porque digamos que yo pondría más huevo que Mercado como 6 de Racing y sería más prolijo en mi estampa, pero dudo que alguna vez llegue a estar entre los 11) tiene que crear un espacio nuevo.

Por un lado, por una cuestión estructural: con la UCR-CC (+Cobos?) tenemos un panradicalismo, con Macri-Solá-De narváez (+Cobos?) un peronismo de centroderecha derecha, con todos los sellos y sellitos que ya sabemos tenemos un centroizquierda autodestructor y… (sí, lo digo) también tenemos un espacio Nacional y Popular donde entran todos-los-que-no-tienen-ganas-ahora-de-criticar-al-gobierno porque nos da mucho miedo para dónde soplan los vientos de cambio.

A ver, agucemos el oído entre las puteadas de todos los colores: allá escucho el silencio, por allá también, por allá también. Bueno, señor Néstor: a todos esos hay que juntar. Bueno, señores “sueltos”: tenemos que dejarnos ser juntados.

¿Qué significa en política crear un espacio nuevo? Desgraciadamente, de los 90 para acá, crear un espacio nuevo significa salir a mostrar gente nueva y/o mostrar gente que puede no ser nueva pero en funciones novedosas.

No se trata de remedar la “transversalidad” -que era más bien la forma que tenían los No-PJ de colgarse de algunos cargos en el momento de auge y la apuesta fallida de Kirchner a que le atrajeran algunos votos o amor de ciertos sectores medios- sino algo realmente nuevo. Más gente que le permita hechos concretos. Si querés: volver a tener Ministros (de Educación, de Desarrollo Social) y Secretarios (de Cultura, de Medios, de lo que quieras).

Tiene que ser un poco como cuando Menem se quedó sin gente para las elecciones de gobernador e “inventó” a Palito Ortega, Scioli y (ay) Reutemann. Claro que a mí me gustaría que Kirchner invente con otro perfil.

Tiene que ser como cuando en enero de 1999 ¿o fue en el 98? Cuando de lo único que se hablaba era de re-reelección sí o no y de la Alianza y el menemismo inventó un tema que era, creo, alguna medida para hacer más difícil el ingreso de inmigrantes de países limítrofes. Claro que, de vuelta, con otro perfil.

La pregunta es ¿existe esa gente?  Yo no sé, pero creo que sí. Primero haría un casting entre los que fueron a las plazas de la 125. Y si no existen, hay que inventarlos. Hay que inventarlos para darle aire a todo esto.

En síntesis, como me explicó Durán Barbas que hay que hacer: Adiós Frente para la Victoria, hola Frente Nacional y Popular.

Hagamos la coalición Nacional y Popular. El cuadrante Nacional y Popular del espacio político. Nacional y Popular. Curto y Sabbatella. Moyano y Yasky. Díaz Bancalari y Basteiro. Si ellos pueden hacer López Murphy y los Socialistas, ¿desde cuándo tenemos tantos pruritos nosotros?

¿O no dicen que somos populistas? Bueno: seámoslo.

Lo que se juega en 2009

Puedo ponerme muy crítico esta noche. Y esta mañana. Y dentro de un rato, a la tarde.

Puedo hacer un recuento de los errores, pifies y pelotas varias que en vez de ir al arco, aterrizan atrás de la popular, del lado de afuera.

Puedo decir, y quiero, lo que para mí es la madre (¿el padre?) de todos los errores: no hubo (no se quiso, no se supo, no se pudo) construcción de un sujeto colectivo que asumiera el imprescindible protagonismo a la hora de hacer política. Con vos sólo no alcanza Néstor. Lo dije hace un año en forma de pregunta: ¿Y si en verdad el kirchnerismo nunca hubiera existido? Lo dijo el Escriba: Kirchner no tiene sucesores.

¿No quiso Kirchner?¿No quiso el peronismo? ¿No quiso ese conglomerado de veleidades individuales y corrección política inútil que es el progresismo K? (Sí. Lo repito: inútil, muchachos. Si no ganamos la elección ni de un centro de estudiantes no podemos cambiar un carajo nada. Si no podemos cambiar un carajo nada no hagamos política. La política es ganar para cambiar o ganar para que todo siga igual o ganar para volver para atrás. La política no es una concejalía, una banca de diputados, una planta transitoria, mi cargo. No)

¿No quisieron, no pudieron, no los dejaron? No importa. Lo que importa son los hechos: el kirchnerismo es hoy, como estructura política, lo que dice Asís: su conducción entra en una combi. Eso es objetivo, pero no dice demasiado.

El tema, el problema, es que, como significante político, el kirchnerismo es mucho más que eso: es la encarnación del peronismo realmente existente hoy para los gorilas, que nunca existieron ni dejaron de existir y se apalancan en esa existencia como paraguas: vivimos en el siglo XXI y ser antiperonista está mal. No da. Pero ser antikirchnerista es lo más, es re in, re da. “Don´t Kirchner, be happy” (te regalo la calco Carrió, de onda, por lo izquierdistas que supimos ser allá hace un par de años)

Y el kirchnerismo, esa bestia inexistente en el poder real pero muy presente en el simbólico, es otra cosa más. Fue, al principio, una expectativa de construcción de un movimiento político nacional, popular, transformador. Fue luego, para cientos y cientos de tipos y minas de nuestro país, una esperanza de “por fin una buena, ahora sí, puedo creer, me meto, hago política”. Miles de chaboncitos que llegaron a la política de la mano del kirchnerismo, de su impronta, de sus “modales”. Pero claro: nunca fraguó y ahora asistimos a lo que verdaderamente da miedo: la decepción de esos miles de tipos, ya no en el kirchnerismo, sino la decepción en la política. Ahí trabajan fuerte los opositores (no todos, claro, hablo de la derecha): en hacer fuerza para que la caída del proyecto kirchnerista sea la caída de la participación política de los sectores populares.

Y como el kirchnerismo nunca logró dar cauce orgánico a esa participación, ahora que llueven los piedrazas y las crisis, el rey vuelve a estar muy desnudo y muchos muy desesperanzados.

Y ojo: con la desesperanza la tengo muy clara. Fui un militante muy activo del Frente Grande y el Frepaso. Tengo mis orgullos y mis culpas. Me hago cargo. Pero sobre todo me hago cargo de que ya éramos una fuerza política melancólica, ay el existencialismo, incluso antes de fracasar.

Hoy volvemos a presenciar lo que nunca dejó de ser: el sistema de poder argentino como una cooperativa de liderazgos provinciales y locales. ¡Es el territorio estúpido!

Y pensar que los analistas se llenaban las manos de tinta y las cuerdas vocales de bilis al grito de “hegemonismo!”. Hegemonismo las pelotas, ojalá fueran hegemónicos, pensábamos algunos hace 12 siglos, que es decir doce meses de Argentina (mención de honor para la señora Carrió, quien fuera pionera a la hora de vestir al rey desnudo con los falsos ropajes del hegemonismo, el exceso de poder y la cooptación. Así lo vistió al kirchnerismo, esa eterna potencia, ese pibe que promete y hasta mete goles, pero nunca termina de explotar).

Volviendo. Está fea la situación para el gobierno nacional. Y está más fea aún para sus simpatizantes. Además de errores, omisiones y desaciertos, está faltando línea discursiva, política y argumental para contrapesar el infinito asedio de los medios de comunicación masiva y el clima imperante en la opinión pública, que vienen a ser las dos puntas del ovillo comunicacional (háganse cargo: hoy, como ayer en el menemismo, son los medios la verdadera oposición. Lo cual no está mal per se, o sí, no sé, salvo para los dirigentes políticos opositores, que debieran tener un poco más de orgullo y enjundia en su labor. Traducido: Mirta Legrand mide más que Macri o que Morales, ¿no?)

Y sin embargo…

Y sin embargo, y a pesar de las buenas intenciones de algunos sectores opositores de centroizquierda (Proyecto Sur, el sabatelismo, el SI), sigo pensando que la caída o la derrota en las elecciones de este año por parte del oficialismo es la peor noticia que pueden recibir todos aquellos que soñamos, trabajamos o aspiramos a la construcción de un proyecto nacional y popular de verdad. ¿Por qué, me dirán? Y yo, también golpeado por este momento, no diré porque el kirchnerismo encarna plenamente eso. Pero si diré que simbólicamente sí lo es, por lo cual su derrota es la derrota incluso de aquellos que lo criticamos “por izquierda”. Sí, lo digo: una hipotética derrota del oficialismo en octubre no es la derrota del PJ, no. Es la derrota de Kirchner y también de Sabatella, de Pino, del SI. Lo que se juega en 2009 es, estrategicamente hablando, mucho más que una elección legislativa. Se juega si asisitimos al nacimiento de un nuevo ciclo de diez años en la política argentina. Un ciclo que, lo lamento, hay que decirlo, será de derecha y reaccionario.

Además uno va y lee a Martín acá. Y además somos de Racing y no nos achicamos en las malas. Va a ser duro 2009. Vamos a militar mucho, todos. Va a estar bueno.

Kirchnerismo: ¿con los cables cruzados?

La hipótesis es la siguiente: el kirchnerismo tiene los cables cuzados.

A ver si puedo explicarme, aunque no va a resultar sencillo, ya que explicar implica establecer ciertos supuestos que den sostén a la hipótesis.

El primer supuesto es que el proyecto político que encabeza Néstor Kichner quiere mantenerse en el poder más allá de 2011. Y para eso necesita triunfar en 2009. Y para eso, ganar, como dijo el propio Kirchner, no duda en establecer acuerdos con aquellos que supone puede sumarle votos. Claro que, en esta sumatoria para ganar, corre el riesgo de desperfilar el propio proyecto político que pretende sustentar. O sea: cierra con Reutemann en Santa Fe, aunque ponga en juego o en discusión la candidatura de un alfil propio y valedero como Agustín Rossi. Refuerza sus acuerdos con los intendentes del conurbano, y eso aleja del armado a sectores que hasta ayer lo apoyaban, como Libres del Sur (Bonasso e Ibarra es otro cantar, más cercano a la real politik progresista de “todo por una banca”).

Ahora bien. ¿Cómo seguir más allá de 2011? O mejor dicho: ¿a través de quién? El propio Kirchner demostró que ser el gran elector no garantiza la continuidad de un proyecto político mucho más allá de los primeros meses (recuerden un tal Duhalde alentando a un tal Néstor). Somos un país presidencialista y, para colmo, sin armados colectivos fuertes. Así que, para seguir, nada mejor que con alguien conocido: o Néstor o Cristina (vamos aclarando: no digo que esto opino yo, digo que esto opinaría si fuera Néstor, pero soy Mendieta).

Entonces: repasemos. El kirchnerismo quiere seguir en el poder. Para eso necesita ganar en 2009. Y para ganar hay que cerrar con los que tienen votos, pero no con cualquiera capitalizando ese hipotético triunfo. El que encabece –política y mediáticamente- es el gran candidato para 2011. No, Massa no. Para seguir tiene que ser alguien muy del palo. O sea: Néstor. O sea: Néstor va a ser candidato en 2009. Ese es el segundo supuesto. Sigamos.

Que Néstor sea candidato y el oficialismo triunfe en 2009, ¿garantiza un triunfo en 2011?. Para nada.  Porque lo que define quién será el candidato del oficialismo en 2011 será el resultado del 2009. Trataré de fundarlo.

Escenario 1: si el oficialismo está cerca del piso de votos que Artemio bien pronostica (un 30%), al otro día nace de verdad el post-kirchnerismo. Todos los que ahora le prestan sus estructuras y sus votos con promesas de lealtad eterna en los distintos municipios y provincias, rehabilitarán sus celulares que apagaron en 2003. He ahí el verdadero fracaso del kirchnerismo: no existe como tal, lo venimos diciendo hace mucho tiempo. Y, si eso pasara, agarrate Catalina que la cosa va a estar movida hasta que surja un nuevo liderazgo. Cosa que no sucederá hasta luego de la elección presidencial de 2011. ¿Y Kirchner? Bien che, fue lindo mientras duró, me tengo que ir. ¿Quieren zozobra política? La tendremos por dos años.

Escenario 2: El oficialismo cosecha entre un 33 y un 36 por ciento a nivel nacional.  Néstor es el primus inter pares a la hora de decidir la continuidad. Pero se viene una gran negociación intra PJ,   con los gobernadores y los intendentes triunfantes con voz y voto… Y veto. Un tal Scioli chocho con esto. Es la hora de la moderación, de mirar para adelante, de tirar todos juntos. De rescatar lo bueno y de mejorar lo malo. Los celulares ya están con las baterías cargadas, pero ocultos en el bolsillo de atrás.

Escenario 3: rotundo triunfo del oficialismo, con más del 37% a nivel nacional, aunque pierda en Capital, Santa Fe, Mendoza y Córdoba. No importa nada. Ganaron lejos. Néstor 2011 Presidente. ¿De qué celulares hablan? Tenemos uno sólo con un solo número: el de Olivos. Hola Néstor, siempre estuvimos con vos, ¿sabías no?

Hasta acá mesa de arena de especulaciones. Eso que nos gusta tanto como excusa para hablar con los amigos.

Pero todo este introito es para llegar al meollo de la cuestión. Recuerden que empezamos hablando de que el oficialismo anda con los cables cruzados.

Porque el gran desafío para que todo lo que venimos diciendo pase, es, ni más ni menos, que juntar los votos. Y es aquí donde Mendieta no  entiende lo que el kirchnerismo está haciendo. Pareciera que las últimas medidas de gestión del gobierno están dirigidas, mayoritariamente, al bolsillo de las clases medias: créditos al consumo para electrodomésticos, eliminación de la tablita, el plan de autos 0 Km., etc. , mientras el “discurso” se dirige a los sectores populares.

Y esto no hace más que seguir ampliando la brecha simbólica con las clases medias, para colmo, ultra arengadas por los medios masivos de comunicación.

Si por mí fuera, haría exactamente lo contrario: las medidas de gestión para los sectores populares (más guita de asignación directa hacia esos sectores) y el “discurso” político para las clases medias. Exactamente al revés.

Pero por algo yo estoy acá, tipeando en la maquinita y ellos están ahí, en Olivos.

Creo que no se entendió del todo. Pero sepan disculpar. Es fin de año. Ah, y banco al Escriba.

2009: Sí positivo.

A fines de 2007 escribía uno de esos posts que, salidos del estómago – verdadera residencia de los sentimientos-, raramente pueda repetir. Terminaba diciendo: “Tan cerca de las fiestas de fin de año, Mendieta el Renegau se pone discriminador y les desea toda la felicidad del mundo sólo a los trabajadores, especialmente a los chicos y a los desempleados, que es el peor trabajo que hay. Y que el año que viene se redistribuya la alegría y la justicia. Y que hagamos algo, alguito, para que eso suceda. Amén.”

Desde aquello ya pasó un año. Pasó el verano pasado, el nacimiento de Artepolitica, la 125 y el voto no positivo, las marchas y contramarchas, un otoño con hojas en blanco y un invierno gris de vasos rotos.

Pasaron las encuestas, las estrellas de ocasión, las noches de neblina, los bares de estación. Las historias de aparecidos y los cuentos de nunca acabar.

Pasó el primer año de Cristina y el quinto del Gobierno. Nuestros intentos de “correr por populismo” al oficialismo –que para correrlos por izquierda ya hay otros- y los enojos de tías y suegras. Pasó que se armó la Comunidad y se llenó de gente y nos pusimos muy contentos. Pasaron, también, todos los editoriales de los diarios, ahora escritos por blogueros a juzgar por la cantidad de adjetivos y la profusión de calificativos. Y sobre todo, a juzgar por la objetividad.

Pasaron los conflictos y los conflictuados por el conflicto. Pasaron los Juegos Olímpicos y las tasas chinas de crecimiento. Pasaron 365 días y mil y una noches. Y me quedo con esa, ese jueves en el peñón de Gibraltar y te regalo esa otra, inspiración de pesadillas. Cuarenta y tres mil ochocientas horas de transmisión televisiva de noticias por cable y pocas cosas que recordar. ¿Dónde estabas vos esa noche que…?

Pasó la primavera y las flores amarillas de los aromos en mi pueblo. Y tantas mareas, que de tanto pasar ya no pasan. ¿Pasó la nueva Ley de Radiodifusión? Pasaron, a mejor olvido, las AFJP. Pasó la ola de inseguridad de los pibes chorros cuando pasó lo de las retenciones.

Pasó que tuvimos goles y goles en contra, alegrías y sufrimientos como siempre pasa y también que estoy un año más joven.

Pasó el tiempo que ya es pasado y este presente social tan continuo. Algunos miles nacieron, algunos miles murieron y a los buenos los extrañamos y a los malos no. Porque los tiempos son relativos y, con todo lo que pasó y pasa, todo sigue más o menos igual en nuestro país.

Y cuando todo eso ha pasado y ya es pasado, vuelvo al primer párrafo y a aquel deseo: “felicidad para los niños y los desempleados, redistribución de la justicia y de la alegría”.

Es, otra vez más, el mismo deseo y el mejor que puedo tener. Lo cual tiene un costado que nos obliga, y esto sí es un balance, a mirarnos al espejo: ¿qué hicimos, qué alguito hicimos, para lograrlo?

Bueno. Que de esa vergüenza por lo poco o de ese orgullo por lo mucho que -individual o colectivamente- hicimos por los humildes y los que sufren, nazca la fuerza para seguir luchando por ellos. Que es, claro que sí, luchar por nuestros hijos, nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros amores.

Ojalá que el año que viene todos, o casi todos, hagamos bien lo que nos toca hacer y un poquito más. O sea, que en 2009 seamos alguito mejores.

Feliz año. Para la mayoría, que hipócritas todavía no somos.

Cerrando el año: no pasa nada

Debo ser yo. Sí, seguro que soy yo que ya decreté hace rato que el 2008 había terminado. Porque si uno mira televisión o lee los diarios o escucha las radios, pareciera que este fin de año político es de lo más entretenido, caliente, “álgido”, tenso, tremendo, motivador, incierto, cambiante y varios adjetivos así de exagerados.

Y sin embargo a mí me parece de lo más embolante y previsible.

Por un lado, la configuración, re-configuración, neo-configuración, post-configuración y ultra-configuración de la escena opositora. En eso me perdí hace rato. Que Carrió con Morales y con Giustiniani, que con Solá sí, pero con De Narváez no. Que de Narváez con Solá sí, pero no. Que la UCR oficial sí, pero con Cobos no. Que Cobos no pero sí, que con Margarita en provincia de Buenos Aires sí, pero no en Santa Fe, que Binner sí en Santa Fe pero no en otros lados. Que Macri con Solá, pero no con De Narváez. Que no con Duhalde, que sí con Cobos.

Por las dudas aclaro que yo también, como Carrió, tengo límites: con Mendieta no me pongo de acuerdo ni a ganchos. Ese es mi límite moral.

Este minué me parece de lo más aburrido, sobre todo cuando es evidente cómo va a terminar siendo la cosa y que todos estos son aprontes. ¿Qué cómo termina la cosa? Como con todo, dependerá más del oficialismo que de la propia oposición. Si el oficialismo sigue con esta tremenda pérdida de apoyo, como escribe mi admirado Lanata; en este clima de fin de época como dice mi amigo Fontevecchia; si no logra revertir la clara pendiente como dice mi gurú Joaquín; si se va al tacho aún más, como dice mi vecino Blank; entonces hay serias chances de que casi todos los opositores logren amontonarse para tratar de dar el zarpazo nacional. Claro que eso lo harán luego de llegar a “profundos acuerdos programáticos”, “sin repetir traumáticas experiencias de acuerdos cupulares” y “sarasasasas” así.
En cambio, si el aún nonato Proyecto Nacional, Popular, Plural y Democrático, o bien “ProNaPoPluDe”, logra, je, detener su sangría en la opinión pública y, sobre todo, medir bien cuando se empiece a medir “intención de voto” y no “imagen”, entonces la oposición tenderá a desperdigar su voto en varias listas. Porque no hay nada tan fuerte en la “real politik” para la unidad como la posibilidad de ganar y nada tan fuerte para no cerrar acuerdos como la posibilidad de no mojar por ir debajo de otro en las listas.

¿Y de qué depende que el gobierno y su fuerza política lleguen bien a mayo, que es cuando de verdad se va a armar el tablero hacia las elecciones? Del bolsillo de la dama y la cartera del caballero. Recuerden, nunca lo olviden, “no hay viscera más sensible que el bolsillo” y “en el cuarto oscuro tu suegra/amigo/novia/vecino cívico-republicano–indignado no te ve votar”.

Y éste es el otro gran tópico del año que se va: la crisis, el alcance de la crisis, la magnitud de la crisis, las medidas contra la crisis, el plan contra la crisis. Y en esto no hay jugador que esté jugando como el oficialismo. Se podrán discutir –y de hecho se discuten- lo acertado o no de las medidas económicas anunciadas, su eficacia y eficiencia (por cierto: seguimos reclamando alguna medida directamente dirigida a los sectores pobres y excluidos. Ya que presentaron el Plan A, el Plan B, y el Plan C, queremos el Plan N, con N de Negrada). Pero lo que no se pude discutir es que el único jugador es el gobierno. ¿El resto? Bien che, comentando como nosotros. ¿Algún plan alternativo serio y consistente? Nahhhh, salvo el de Patricia Bullrich, claro.

Así que ya saben: si quieren saber cómo terminará yendo la oposición en 2009, miremos con atención los movimientos en el oficialismo.

Y con esto no invento nada. Siempre fue igual y no veo por qué debiera dejar de serlo. A pesar de tanto tremendismo y tapa catástrofe.

Por lo menos, así lo veo yo hoy. Aunque, claro, mañana puede cambiar. ¿O no soy un editorialista típico?

Otro mito argento: la corporación política

Hace un tiempo escribíamos este post, acerca del mito argentino de la “alternancia”.

Bien, ahora le vamos a entrar a otro que es incluso más popular: “la corporación política”, que dice así:

“En un maravilloso país del Cono Sur, llamado Argentina, que tiene todos los climas y una gente de lo más maravillosa, honesta y buena, hay unos cuantos tipos que son una verdadera porquería. Los políticos. Estos señores dedican todo su tiempo a elucubrar perversas maniobras para arruinarles la existencia a todos los demás que no son políticos como ellos. No sólo roban todo lo que pueden de los impuestos que con tanto sacrificio pagamos, eludimos o evadimos. Aparte de eso nos mienten. Nos hacen ilusionar con espejitos de colores y, lo que es peor, siempre, pero siempre, se cubren entre ellos. No importa que sean de partidos políticos diferentes, de ideologías diferentes y de equipos de fútbol diferentes. Porque llegado el momento crucial, no olviden esto amiguitos, se defenderán entre ellos pase lo que pase. Son una corporación. Entonces, nosotros, los buenos, los que siempre decimos la verdad porque no estamos en política, tenemos que estar siempre atentos y desconfiados y no creerles nunca nada. Fin”.

¿Cuántas veces escucharon fábulas de este tenor en sobremesas familiares, en los vestuarios del club, en la sala de espera de los dentistas y en los programas de cable? Muchas, seguro.

¿Pero es tan así? Aceptemos, a modo de hipótesis, que efectivamente los políticos conforman una corporación. Entonces comparemos con otras corporaciones a ver que onda.

Para empezar, y por poner un ejemplo, la de los médicos. Hace un par de meses la Revista Noticias sacó una interesante nota titulada “Médicos con precio” denunciando las prácticas corruptas de la profesión. Ay, la que se armó. Que el Colegio, que la Academia de Medicina, que mi médico de cabecera (el mismo que me contó como un laboratorio le regaló un viaje a Miami por recetarme lo que a mí me recetaba), se pusieron como locos. Actuaron en defensa de la honestidad de su profesión como lo que son: la corporación médica. También actúan así a la hora de hacer negocios. ¿Que la mayoría de los médicos son honestos? Es probable, como la mayoría de los que hacen política.

Sigamos con otra corporación. La iglesia. Esta semana, sin ir más lejos, monseñor Bergoglio fue reelecto como titular del Episcopado. ¿Alguien se desgarró la sotana, clamó al cielo por la alternancia, denunció hegemonía, pidió voto directo de los fieles por su reelección? Nones. Calladitos, hicieron sus roscas como en todos lados y amén. ¿Qué en la iglesia (en las iglesias) hay líneas internas, ideologías, roscas, punteos y cosas así? Claro, como entre los políticos. ¿Qué entre los curas de las capillas la mayoría son buenos y preocupados por sus comunidades? Claro, como la mayoría de los militantes políticos de base de todos los partidos.

A ver otra. Los empresarios. Los muchachos dedican todo su tiempo a tratar de ganar más y más guita. Así como los políticos lo hacen a ganar elecciones. Para lograr eso, no trepidan en utilizar cualquier arma que les sea útil. Incluso asociarse con el hasta ayer competidor. Como los políticos. Y si ven amenazada su existencia o siquiera su estrechísimo margen de ganancias, siempre tienen una idea a mano para hacer lobby todos juntitos. Es más: cuando los diversos subsectores del empresariado colisionan en sus intereses coyunturales (por caso la UIA y el campo hace unos meses) se hacen bien los sotas, que no es cosa de pisarse el poncho. Como los políticos, que no se meten en las internas de los otros.

Y ahora la última de este boletín. Sí, la corporación de prensa. Nunca, pero nunca, publicarás en tu medio los despidos de personal en otro medio competidor. Casi nunca, pero casi nunca, criticarás a otro medio. En caso de error, te ampararás en la defensa de la libertad de expresión. En caso de querer establecer un código de ética o -vade retro, Satanás- hablar de colegiación del oficio periodístico, mentarás a coro la Convención de Costa Rica con una gacetilla de la SIP. Todos hablaremos de independencia del gobierno de turno y lo criticaremos con libertad plena, incluso por no ponernos pauta en nuestros programas de cable para que lo critiquemos. Cosa que nuca harás con un anunciador privado, of course.

Mientras tanto, la tan mentada “corporación política” se sacude de lo lindo con denuncias de corrupción, acusaciones de incapacidades varias, manifestaciones de sanidad mental e, incluso (y aquí un punto de lo más preocupante), se hace política despreciando la práctica política. Cosa que no haría un médico, ni un cura, ni un empresario ni, muchísimo menos, un periodista del establishment.

¿De qué corporación política me hablan, me cacho en die?

Una propuesta acerca de la neutralidad, la objetividad y otras sarasas de los medios

En días recientes los miembros de Artepolitica tuvimos un debate interno acerca de algunas cuestiones que nos preocupaban. El intercambio fue de lo más respetuoso, civilizado y republicano. Todo un busca de un consenso, claro, nos sacudimos de lo lindo por mail.

¿El tema en cuestión? Empezó así (a partir de aquí, sepan que el uso de las comillas son textuales de este intercambio epistolar protagonizada por el “Comité Editorial”):

Dijo uno: “Me preocupa el carácter ´partisano´ de algunas intervenciones en nuestros artículos. Es decir, “ciertas alineaciones con una idea, un actor, etc., diluyendo totalmente la distancia entre quien enuncia y lo enunciado”.“Esto se ve claramente en el uso de la primera persona del plural para referirse a cuestiones vinculadas al gobierno, al campo popular y en la especificación de pertenencias al estilo ´y peronista´.

Por supuesto no estoy en contra de la identificación con ciertas ideas o actores, pero tengo serias dudas sobre si el modo en que lo estamos haciendo es el mejor. Me parece que con el tiempo, la estructuración del campo político hizo que fuéramos perdiendo esa especie de neutralidad que era la mejor legitimación que teníamos”.

Contestó otro: “Las bolas. Entiendo tu posición. Pero también es cierto que cada vez los medios tradicionales están más zarpados. Así que yo entiendo algunos de los posts como un vano intento de equilibrar aunque sea un poquito la balanza. Por otra parte, nadie impide que se postee lo que se quiera postear y de hecho hay post en la comunidad muy críticos el gobierno. Digo más. Ahora me embalé. La pluralidad del sitio está dada por la libertad de posteo y por albergar voces diferentes. Y en eso no hay dudas. Ahora: en esta no me corro ni un poquito. Banco al proyecto previsional a full y así voy a seguir posteando. Esta vez no tengo ganas de hacer distancia crítica. Al menos yo”.

Y se metió otro: “Hagamos un post con este intercambio de mails”.

Y otro distinto: “Supongo que en el núcleo de la cuestión estamos todos más o menos de
acuerdo. AP sería más eficaz si no apareciera directamente alineada con un gobierno o un sector, aún cuando nosotros personalmente lo estemos. Lo que no podemos hacer es desdoblarnos y hacer nosotros un día de Recalde y el otro de Lozano. Al tema de publicar la discusión no lo veo”.

Bueno. Como verán, el último perdió parte de la discusión desde que decidí escribir esto.

¿A qué viene este largo introito? A mostrar parte de nuestras preocupaciones como posteadores. A la tensión propia de este tipo de nuevos soportes, mitad “medio/periodismo”, mitad “opinión/propaganda”. Tensión que no necesariamente debe resolverse en un sentido u otro y que, a mi modo de ver, es la riqueza que esconde y le da vigor a los blogs: no cargar con el mito de la “neutralidad” o la “objetividad” tan propia de los medios tradicionales de comunicación masivos.

Este es el “sentido común” que la prensa ha construido casi desde su aparición: “los periodistas somos objetivos y neutrales y en todo caso opinamos a través de editoriales”. Este sentido común es el “contrato” que aún mantienen –aunque en crisis- con sus lectores, oyentes y televidentes. Lástima que es falso de falsedad absoluta desde el momento en que “la prensa” se transformó en “la empresa”. Incluso a pesar de los propios periodistas, que cotidianamente se enfrentan a este dilema profesional. O propio de su oficio, bah.

Pero no la quiero hacer larga. Dicho todo esto, quiero decir un par de cosas más, porque para Mendieta ante cada sentencia hay un pero. En estos días asistimos a una puesta en escena que vale la pena resaltar: la infinita y descarada operación de varios medios jugando muy fuerte –abierta o veladamente- en oposición al proyecto del Gobierno nacional de modificación de la ley jubilatoria. Pongo como ejemplo éste post de Artemio. Y no quiero hacer un juicio de valor aquí sobre eso. Los que leen Artepolitica tienen muy en claro los por qué de esa posición de los grandes medios.

Sólo que la prensa no en todos lados esconde así sus posicionamientos políticos o ideológicos. Aquí encontrarán una página en donde se recopila como cada diario norteamericano se ha expresado abiertamente a favor de Obama o de Mc Cain (los que tienen una (D) son medios tradicionalmente demócratas y los de la (R) republicanos).

Bueno. Ahora la propuesta, que también tenemos propuestas che.

Formalmente propongo aquí, en plena blogosfera, iniciar una campaña para pedirles a nuestros diarios, radios y canales que en la elección del año próximo hagan explícito su apoyo a tal o cual candidato. Eso es transparencia e institucionalidad también, que tanto.

¿Qué tal si la empezamos a agitar?

¿O se pensaban que Mendieta es sólo un populista de tetra y choripán?