Udi

¿Está Usted Seguro?

¡Dónde vamos a ir a parar!

¡Dónde vamos a ir a parar!

- Vea, Bromberg, así no se puede seguir, el otro día, sin ir mas
lejos…

- Si, doctor, es realmente terrible, le digo que yo ya no sé que
hacer. Cuando llego a mi casa por la tarde…¿Sabe qué hago? La
llamo a la chica, a la doméstica,¿vió? y me espera con la puerta del
garage entreabierta. Si voy llegando y veo algo sospechoso. Alguna
cara medio rara – Ud. me entiende – sigo y pego otra vuelta…pero
¿Quiere que le diga la verdad? Ya estoy harto de vivir como un preso
en mi casa, no puede ser que nosotros, la gente decente – ¿Me
explico, no ? – digo, tengamos que vivir con miedo, mientras los
ladrones y asesinos andan como dueños de la calle. Y lo peor es que
cuando la policía agarra a alguno vienen enseguida los de los
derechos humanos y arman un despelote. Qué por qué lo meten en la
comisaría con los mayores, qué le pegaron. Mire, si yo conozco
casos – me lo han contado policías de mi zona, o sea, tipos que
luchan contra los delincuentes en – ¿Cómo decirlo ? – la primera
línea de frente, ¿vió?. Bueno, parece que estos negritos se lastiman
ellos solos, se cortan, para acusar a la policía de “malos
tratos”…

- ¡Qué denigrante, Bromberg, qué denigrante! A lo que hemos
llegado…

- …y, claro, viene entonces un médico – pagado por ellos, los de
los “derechos”, ¿Me entiende? y “certifica” cualquier cosa. Ahora,
¿Me quiere decir por qué no certifica que estaban borrachos,
drogados, que son degenerados? Así estamos, vea, parece que nosotros
no tenemos derechos. Uno trabajó toda su vida, mire, si hasta le da
por pensar estupideces…¿De qué sirvió trabajar tanto? Postergar a
la familia, privarse de gustos. Todo para tener algo, ¿vió? Para una
mínima comodidad Porque ¿Qué pedimos, al fin y al cabo? Que nos
protejan de los que nos quieren robar lo que tanto esfuerzo nos
costó…

- Es que ellos lo quieren todo fácil, sin sacrificio, Bromberg.
Ayer, sin ir más lejos…

- …construir, una vida dedicada al trabajo, no como estos
delincuentes que quieren vivir de lo que le da el gobierno, y
encima – si hasta parece el mundo al revés, vea – resulta que le
cortan a uno la calle para protestar. ¿Protestar contra qué, digame
doctor, contra qué? Para que les sigan dando dádivas para no
trabajar. Mire, si yo hasta les ofrecí trabajo una vez – para
probarlos ¿Me entiende? – y ¿Sabe qué me dijeron? Qué cuánto era el
sueldo, fíjese doctor, qué distorsionados que están los valores en
esta sociedad. Resulta que les ofrezco trabajo, yo les doy la
posibilidad de trabajar en mi empresa, que levanté con mi trabajo, y
ellos son los que exigen…

- Claro, Bromberg, claro. uno les mata el hambre y encima…la
semana pasada, sin ir más lejos…

-…y no solo eso, parece que están asesorados por esos abogados de
los “derechos” que les meten en la cabeza que tienen que reclamar
todas esas – perdone, doctor – boludeces de otras épocas nefastas.
Que aguinaldo, que vacaciones, que obra social, que horas extra al
cien por cien. ¿Cuándo? Dígame Ud. doctor ¿Cuándo tenemos nosotros
vacaciones? Si toda la vida la pasamos trabajando. Y si quiero
vacaciones me las pago de mi bolsillo, lo mismo que la medicina. Por
que esta gente cree que los demás tienen que ocuparse de sus
problemas. ¿O acaso yo le pido a alguien que se preocupe de
mi “jubilación”? No, por que tengo un sentido del ahorro, de la
previsión, no me gasto la plata en vino, o en droga. Menos mal que
todavía hay gente como Ud. con la que se puede hablar de estas
cosas, doctor… A propósito: ¿Para la mercadería esa que le mandé la semana pasada? Como siempre ¿No? No le hace falta la factura, si total..

(Publicado en “La venganza de Sauron”, primera época, 8 de septiembre de 2006)

Teto para todos, ya !

Teto para todos

¿Para cuando “Teto para todos”? ¿Eh, eh?

¿O ahora me van a decir que el futbol es más excitante, emocionante y creativo que el teto?
Desde esta columna, humildemente, proponemos “Teto para todos”.
Universal, simultáneo y obligatorio. El Comité Central de la C-O-N-C-H-A, consciente de la importancia del tema se halla abocado – con perdón de la expresión – a la redacción del Reglamento
A ver quién se opone…¿El “Colo”? Ese es más fiestero que el Diez…
¿Lilita? Si se desespera por encontrar alguien que quiera jugar con ella.
Por supuesto siempre aparecerán detractores, que dirán – vaticino – “Pan y Teto”, “El Teto: opio de los pueblos”, etc. Pero lo hacen de amargos, nomás.
Asi que: Teto para todos, televisado en directo y cadena nacional.
Fixture de la primera fecha:
  1. Lilita & Cleto (amistoso local)
  2. Cristina & Néstor (entrenamiento)
  3. Pepe Mujica & Pato Bullrich (amistoso internacional de veteranos contestatarios)
  4. Borat & Messi (mundial de Kuwait, o Qatar, o Adén Arabia)
  5. Bonelli & Silvestre (Liga Interempresaria Zona Norte)
  6. Reutemann & Latorre (Clásico santafesino)
  7. Lucas & Mariano T. (Torneo Interno de AP)
  8. Marcelo Araujo & Mariano Closs (Liga vs. Copa)
  9. Jorge Altamira & Vilma Ripoll (Clásico de barrio, los peores…)
  10. No hay 10… se aceptan sugerencias.

¡El problema no es el faso o la merca, es el capitalismo!

Desde que el hombre es hombre utilizó diversas sustancias, que la madre naturaleza le proveía, para alterar sus estados de conciencia.


Combinando sabores, aromas y colores aprendió, ya desde Neardenthal, a ver, oir y coger distinto bajo la influencia de preparados cuya receta era celosamente custodiada por los ancianos, los sabios, los jefes tribales, chamanes, etc.
Todas las cosmogonías abundan en referencias, casi siempre muy explícitas, al uso de estas sustancias, y – ya en tono más moralista – a las consecuencias nefastas de su abuso.
Las sociedades pre-estatales aprendieron, largo y arduo camino, a regular y dosificar la utilización de estas sustancias, generalmente por el método de controlar su producción, circulación y distribución.
El acceso a las mismas solía estar restringido a ciertos grupos etáreos (lactantes, por ejemplo); sociales (prisioneros de guerra, esclavos); o religiosos (algunas ramas sacerdotales).
El consumo, entonces, se reservaba para ciertas especiales ocasiones, pero, fuera de algunas restricciones como las citadas, era universal.
Estaba férreamente pautado, y aceptado por la fuerza del derecho consuetudinario, que en esas ocasiones era admisible, e incluso recomendable, experimentar la influencia de algún compuesto o brebaje sobre las percepciones comunes y corrientes.
¡Cuánto mito o leyenda no habrá sido pergeñado bajo el influjo de estas ingestas o aspiraciones!
El autor intelectual de los cuatro caballeros de la imagen que engalana el inicio de esta pedorra página, sin ir más lejos, escribió el Apocalipsis de un saque…
La evolución en las formas de organización social, consecuencia de los cambios en los modos de producción de la vida material introdujo al mercado como reemplazo de formas más arcaicas de redistribución de la riqueza como la reciprocidad y el intercambio, y estas sustancias no escaparon al destino común de otros productos fruto del esfuerzo humano: se mercantilizaron.
¿Porqué, entonces, debería asombrarnos que una organización social que convierte todo en mercancía dejase de hacerlo con las ante citadas sustancias, naturales o de diseño?
Desde esta página, consecuente con los postulados de la C-O-N-C-H-A y las actualizaciones doctrinarias que periódicamente emite su Comité Central ante la necesidad de prevenir desviaciones dejamos en claro nuestra posición:
  • Sí al faso, no al capitalismo que todo convierte en mercancía.
  • No todo se compra, no todo se vende.
  • Salud, faso y Resistencia
udi, todo bien, man.

Dialoguitos en la Asamblea I

Este es el primer capítulo de una serie que intentó relatar cierto espíritu de época, y quizás sólo derrapó hacia el costumbrismo.
Bueno, peor es nada, se dice el polígrafo del barrio La República, y ataca de nuevo.

Porque en el fondo, uno ama al mundo a partir de la certeza que este mundo, triste mundo convertido en campo de concentración, contiene otro mundo posible. O sea, que el horror está embarazado de maravilla”.

Eduardo Galeano

Dialoguitos en la Asamblea I

- Y entonces, ¿Qué buscamos? – Dijo Miño con su voz de flauta. El chaqueño sorbió una vez más el mate, ya lavado, y se dispuso a explicar lo que ni él mismo terminaba de entender.
- Mirá gallego, la gente parece dispuesta a seguir en esto. La flaca Esther, por ejemplo, ¿Vos te la imaginabas repartiendo volantes en la puerta de un supermercado? Si hasta ayer nomás lo único que la movilizaba era la novela de las 5 de la tarde.
El chaqueño lamentó esas palabras apenas las terminaba de decir. Era injusto, lo sabía. La flaca, y millones de argentinos, empiojaba su mente por hastío, por desesperanza, por ver crecer a su única hija y saber todo el tiempo que el inevitable futuro de la piba estaba afuera. Pero también, o quizás principalmente, por que a los cuarenta – bastante bien llevados, che – sentía que los años escapaban inmisericordes, que los pocos pacientes – locos, en la jerga – que llegaban a su consultorio venían cargados de neurosis chiquitas, hasta sencillas. Que no habría ninguna “Dora” recostada en su diván. Que “la plata no alcanza, Doctora”, y de vez en cuando – sólo muy de vez en cuando – la reconfortaba que algún pendejo no se meara más en la cama.
No, era muy hijo de puta culpar a la flaca, pensó nuevamente el chaqueño. O – puestos a generalizar – a los pobres argentinos.
- Bueno, qué sé yo – dijo el chaqueño, mientras ponía más agua a calentar – Supongo que cada uno busca algo distinto, pero también creo que son mayores los parecidos que las diferencias.
- Entonces – preguntaba el gallego. Serio, y decidido a no dejar cabo suelto – ¿Cómo se sostiene la presencia en la calle, si nos siguen dando palos y nuestra única respuesta es pegarle a la cacerola? Y eso ya también está aflojando.
El gallego era metódico en la reflexión. Cada pregunta iba dirigida a extraer la opinión del chaqueño, al que respetaba, y en quién veía la imaginación de la cual su psique tan estructurada carecía.
Empleado bancario de carrera – más de veinticinco años – el gallego pensaba en función de sumas y restas, concretas: dos mas dos sólo podía tener un resultado. La contundencia del argumento, y su universal aceptación, no hacían más que ratificar la rectitud de esa línea de pensamiento.
Claro que algún espacio a la pasión cabía en el gallego – a veces a pesar suyo – y así es como se lo suele ver en las marchas y movilizaciones, por ejemplo, agitando banderas y pancartas, saltando enfervorizado al grito de: “Oh, que se vayan todos…” o, pero esto lo mantenía en semisecreto, pintando los frentes de cajeros automáticos con consignas escatológicas. Sus amigos lo zaherían por esto último, atribuyendo sus acciones a una escondida vocación de destructor de máquinas, cuando no a un odio poco “elaborado” por los artefactos que vendrían a quitarle el trabajo. El ruso Felman opinaba que, si en vez de cajeros automáticos los bancos hubiesen puesto chinos a atender al público en un cubículo de dos por dos, el gallego habría evolucionado hacia la xenofobia muy rápidamente. Pero en esto – como en otras tantas cosas, hay que reconocer – el ruso probablemente exageraba.
De todos modos la participación del gallego en la “Comisión de Servicios Públicos” de la “Asamblea Popular Barrio Don Ernesto” era muy valorada por todos los vecinos: el tipo es una luz con los números, y su capacidad de trabajo era indiscutida. Los vecinos no lo conocían de ahora, por supuesto, el gallego siempre fue un personaje popular en el barrio. No sólo por su asistencia casi perfecta para las partidas de tute en el club, como dicen algunas víboras, que en el barrio – gracias a Dios – no faltan. El gallego siempre colaboró activamente en la cooperadora de la escuela, y nunca ocultó su pasado militante, del que se sentía – legítimamente – orgulloso.
El chaqueño apreciaba la capacidad analítica del gallego, pero lo asombraba su imaginación tan convencional:
- Bueno, bueno. Hay que ver cómo va impactando la crisis en cada uno. ¿Qué te parece esta comparación? Cuando va subiendo la marea, cada ola llega a la playa, y se retira, vuelve. ¿No? Sin embargo, y por infinitesimal que sea, cada ola avanza un poco más sobre la arena, antes seca, y va humedeciendo una superficie más importante que aquella a la cual efectivamente cubrió. ¿Por qué? Supongo que miles de gotas fluyen bajo la superficie, de tal modo que en algún momento – impreciso, por definición – dónde había arena ahora hay agua y espuma. ¡Qué tal, Pascual! ¿Te gusta la imagen? El pueblo – pero hasta el mismo chaqueño se asombró de utilizar nuevamente el concepto, en vez del tan invocado “gente” – lentamente va ocupando los espacios que les fueron arrebatados, robados, saqueados. Estamos en la calle, que no es poco, y aunque seamos menos que en las “Jornadas de Diciembre”, hay un lugar conquistado que estamos sosteniendo.
El chaqueño siempre fue un incurable optimista, de otro modo no persistiría en sus emprendimientos; como aquella vez que trató de exportar dulce de mamón a Italia y cuando ya había mandado las muestras, logrando la aprobación de calidad, le llegó un fax con una orden de compra y el correspondiente cronograma de entregas. Ahí cayó en la cuenta que no había en Rosario suficientes fábricas de dulce que pudieran abastecer las cantidades mensuales que los tanos le pedían. El chaqueño no se amilanó, utilizó los contactos establecidos para gestionar una beca para estudiar las redes asociativas de pequeñas empresas en el Piamonte y el Milanesado. Lo increíble es que la consiguió, y así se pasó seis meses entre Turín y Milán de arriba. Cuando volvió no sabía mucho más de gestión empresaria que antes, pero estaba cada vez más convencido que sin capital suficiente no se podía hacer nada importante, así que se dedicó a reunir un “pool” de inversores locales que financiara la fabricación y exportación de muñecos de peluche aprovechando la cantidad de pequeños talleres en los que familias enteras se dedicaban a la confección por el método de “cama caliente” o coreano. Esta forma de trabajo consistía en que mientras un integrante de la familia trabajaba otro dormía, alternando la posición cada período de tiempo establecido entre ellos. Así al que le tocaba el turno de descanso encontraba el lecho tibio y acogedor, también en verano. Lamentablemente para el chaqueño esto sucedió a principios de la convertibilidad, y mientras organizaba el asunto comenzó a llover un aluvión de muñecos hechos en lugares tan improbables como Singapur, Tailandia y China, a precios que no llegaban ni al costo de la materia prima.
El 19 de diciembre el chaqueño había salido a la calle, a eso de las 11 de la noche, golpeando un grueso cortafierros contra la columna del alumbrado. Mucha gente salía a hacer ruido, y entonces apareció la innata capacidad organizativa del chaqueño: – Cortemos la calle, vamos para el centro.
A las cuatro o cinco cuadras de marcha hacia el monumento ya eran más de cuarenta las personas que seguían las consignas que el chaqueño improvisaba, a razón de una por cuadra, más o menos.
A partir de esos trágicos, y – como decía el chaqueño – mágicos días ya nada fue igual en su vida. Pocas horas le dedicaba al bar que atendía en una esquina bastante concurrida – antaño – del barrio. A fines de enero ya se ocupaba más en repartir convocatorias a la asamblea que en reponer la desfalleciente provisión de cerveza fría. En un principio la asamblea se reunía en la puerta del bar del gallego, quién participaba sin bajar la persiana, para no exponerse a la sublevación de consuetudinarios parroquianos que llenaban las largas horas caniculares frente al televisor, vaso de tinto y soda de por medio. A principios de febrero, cuando comenzó el campeonato, y la copa Libertadores, la contradicción entre los sesenta, setenta asambleístas, y los televidentes se hizo más flagrante, dados los gritos que estos proferían ante cada jugada con posibilidades de gol. El chaqueño resolvió la situación proponiendo una moción para que la asamblea se traslade a la puerta del club social, deportivo y biblioteca popular “Dos de Mayo”, bautizado así en los años cuarenta por un grupito de gallegos republicanos para quienes la fecha recordaba pasadas gestas libertarias. La atención de la clientela fue resuelta por el chaqueño contratando para esas noches al “Enero Ochoa”, conspicuo consumidor del establecimiento, a quién el ingenio popular había bautizado con ese apodo dado que no tenía ni un día fresco. De todos modos la tarea a su cargo no revestía mayor complejidad que mantener llenos los vasos. La cobranza no constituía problema puesto que cada cliente tenía su respectiva botella en la heladera del bar, y la facturación se hacía midiendo – a ojo de buen cubero – cuánto había descendido el nivel del líquido entre una noche y la siguiente, acción que – todos lo reconocían – el chaqueño realizaba con criterio dispendioso.
Ya frente a la puerta del club la asamblea se organizó y – cosa curiosa, decía el gallego – se serenaron mucho los ánimos exaltados de las primeras semanas. Casi imperceptiblemente los temas debatidos fueron aproximándose más a las necesidades barriales y municipales. Fue por este motivo – probablemente – que la participación del gallego, siempre interesado en las materias nacionales, perdió un poco de la relevancia que tenía en los primeros tiempos, cediendo protagonismo al chaqueño. Las propuestas de éste, más vinculadas a las necesidades inmediatas del barrio, fueron ganando tiempo de discusión en la asamblea.
- Hay que reconocer- decía el ruso – que las ideas del chaqueño son originales. Él organizó la “serenata” en la puerta de la casa del intendente.
El ruso todavía se reía de la ocurrencia del chaqueño. Sabiendo que el jefe municipal había contraído nupcias (segundas) hacía poco tiempo, y que fruto de su apasionado romance con una – cómo no – joven empleada municipal, había procreado a la edad en que la mayoría de los hombres empiezan a tener nietos, el chaqueño convocó a tres guitarristas, convenció al Renato que pusiera el camión y casi media asamblea se trasladó hasta el centro para cantarle canciones de amor bajo el balcón de la casa. Cada tanto – entre canción y canción – el chaqueño, con un altavoz prestado por el verdulero, exhortaba al intendente a poner en la defensa de los intereses de los contribuyentes de la ciudad similar pasión a la que – tardíamente, decían algunos prosaicos – lo había asaltado a tan respetable altura de su vida.
El ruso contaba, doblándose de la risa, que los vecinos se sumaban a la serenata improvisando coplas de alto contenido erótico, cuándo no escatológico. Pero en el barrio desconfiaban un tanto de la palabra del ruso, y comentaban que dichas coplas eran de su exclusiva autoría. Sin embargo, Franklin Felman – escribano por necesidad y mentiroso por vocación – era muy apreciado por sus dotes humorísticas e histriónicas. Desde el primer momento bregó por constituir en la asamblea una “Comisión de Cultura”, pero el gallego – metódico y obsesivo – desesperaba en cada reunión los sábados por la tarde. Al poco tiempo de empezada la reunión de la comisión la discusión sobre presupuestos educativos, programas de estudio y actividades culturales para el barrio se desviaba hacia alguna propuesta por parte del ruso para montar una obra de teatro sobre algún texto del Negro Fontanarrosa o Dalmiro Sáenz. La gente comenzaba a discutir los méritos como dramaturgos de ambos y el ruso terminaba representando algún fragmento de “¿Quién, yo?” O – peor – especulando sobre el tono de voz que habría que imprimirle a “Boogie, el aceitoso”. No obstante en la asamblea el ruso aportaba siempre mociones mesuradas. Todos recordaban con qué prudencia y equilibrio obtuvo que los integrantes de “La Murga de Don Ernesto” se abstuvieran de realizar un “Escrache” frente a las dependencias de la comisaría del barrio con el objetivo de incriminar a los trabajadores de seguridad por su vigilancia exagerada frente a la Plaza “General Suvín”, dónde los jóvenes del barrio se reúnen por las noches a cantar, charlar y compartir momentos de sana camaradería, abundantemente regados – nobleza obliga – por litros de vino en cajita. Algunos integrantes de la asamblea no ven con muy buenos ojos estas tertulias, argumentando que nuestros chicos suelen ponerse por demás eufóricos y hasta reclamar a grandes voces la legalización de ciertas sustancias de consumo prohibido por las autoridades, pero cuyos efectos – aducen los jóvenes – son menos nocivos que el cigarrillo común y legal. La habilidad del ruso para negociar con nuestros musicales jóvenes, y mediar ante los integrantes de la asamblea que ven en la juventud un peligro para sus siestas estivales, fue ponderada con notables muestras de gratitud por parte del chaqueño. Ocurre que éste, de natural algo vehemente, estuvo a un tris de provocar una escisión en la asamblea por un tema no tan importante en esta etapa, decía.
- Si no se metía el ruso los mandaba a esos viejos a la mierda – le decía, confidente, al gallego, mientras el ruso aprovechaba el momento de ternura del chaqueño y – confianzudo – se servía otra ginebra a cuenta de la casa.
- No es nada, lo que pasa es que Doña Clara es un poco intolerante con los chicos, pero la vieja es de fierro, viene a todas las asambleas, y fue ella la que propuso lo de las compras comunitarias. Mirá si la íbamos a dejar ir por una pavada así.- El ruso abogaba por la paz y la concordia en el barrio, salvo cuando la presencia de algunos vecinos – nazifascistas – los calificaba, lograba sacarlo de sus casillas.
- Esa gente trabaja para el coronel Yussuf, y mañana van a apoyar cualquier intento de golpe – decía el ruso, mirándolo al gallego para que emita opinión.
El gallego tomó un mate, y considerando todos los elementos disponibles para evaluar la circunstancia decidió que era posible realizar una apreciación bastante objetiva.
- Por ahora no son un peligro, salvo que probablemente sean buchones de la cana, pero evitar eso sabemos que es casi imposible, así que yo creo que hay que tratar de neutralizarlos en la asamblea cuando muestren la hilacha antidemocrática. ¿A quién van a arrastrar? Con el discurso nacionalista pueden hablar un rato de las empresas privatizadas y el capital extranjero, pero cuando empiecen con que acá necesitamos un gobierno “fuerte” y de “mano dura” alguien se va a encargar de recordarle a la asamblea que ya tuvimos dictadura, y que los comisionados para la política económica fueron los mismos que después pusieron los gobiernos “democráticos”, así que no son garantía de ninguna gestión económica “nacionalista”.
Duro y afilado, con las cartas mas o menos a la vista el gallego Miño hacía el cálculo de probabilidades y sacaba conclusiones. Pero su mente analítica siempre lo traía de regreso a dónde quería llegar:
- Está bien – le decía al chaqueño – vos decís que estamos en un proceso de “acumulación”, subterráneo y lento, y que las condiciones externas, o sea la inflación y el desempleo, van a actuar como excitadores de una nueva etapa de movilizaciones masivas.
- Macho: nadie lo dijo tan bien – el chaqueño le pasaba vaselina.
El ruso preguntó, recurrente, por qué no invitar a esa charla previa a la asamblea al Dr. Moyano, abogado con muchos años en el ejercicio de la profesión, fluidos contactos en el foro local y que en otras épocas supo ser candidato a diputado provincial por alguno de esos “Frentes Populares” que armaba el partido comunista. La idea del ruso, a quién no se le conocían simpatías partidarias, era que un ex – comunista podría aportar un nutrido bagaje de experiencia en asuntos de organización.
- Mirá ruso – dijo el chaqueño un tanto fastidiado – primero, que esta no es ninguna “reunión previa”, como vos decís. Acá somos unos vecinos tomando mate. Y segundo, si tanto querés que venga Moyano, entonces invitalo, y que venga de una vez a la Asamblea, que no se le va caer nada.
- Bueno, no te sulfurés – dijo el ruso.
- No, no es para enojarse. – Terciaba el gallego, que odiaba la controversia entre amigos. – Pero es importante que tengamos en claro que no corresponde discutir estos temas por fuera de la asamblea. Cualquier propuesta que alguien tenga debe llevarla al seno de la asamblea.
- Tampoco es para tanto, che – el ruso retrocedía tirando granadas – podemos reunirnos para ir preparando una propuesta que después la asamblea decidirá si la acepta o no.
- Si, pensándolo bien no tiene nada de malo, tampoco es cuestión de hacer un “culto” de la “espontaneidad”. – El chaqueño pensaba y hablaba a la vez:
- Supongo que debemos ir dándonos alguna organización.
- ¡Para eso están las comisiones! – intervino el gallego, estructurado y orgánico.
- Me refiero a que si, por ejemplo, de repente se aparece el dueño del autoservicio, el de acá a la vuelta, con los empleados, sí, ya sé que no son muchos, pero, estoy suponiendo, nada más: organiza a unos cuantos clientes, de los que le deben unos pesos, y se viene a proponer que, qué sé yo, que organicemos patrullas armadas por el barrio. Bueno, entonces: ¿Qué hacemos? – El chaqueño se interrumpió. – La verdad no tengo ni idea.
Un silencio cargado de miradas sobrevino. El ruso miraba fijamente el fondo del vaso de ginebra como si ahí estuviese escrita alguna respuesta. El gallego clavó la mirada en un almanaque viejo que colgaba al costado de la puerta de entrada al café y bar “Resistencia” cuyo titular – el chaqueño – le impuso el nombre en consideración a su querida ciudad natal, y no en atención a valores revolucionarios o “anti – modelo”, así como un desteñido trapo rojinegro no indicaba posibles militancias anarquistas; en todo caso solamente cuestionables preferencias deportivas, fruto de viejos amores cuando cursaba los estudios secundarios en la ciudad de Santa Fe.
- Al fin y al cabo – retomó la palabra el chaqueño -, las posiciones políticas, y las decisiones que tome la asamblea responderán a las condiciones que nos imponga la situación económica y política. Por supuesto que no es cuestión de prevenir el manijeo con tácticas similares, y – con la excusa de adelantarnos a los fachos – practicar sus mismos métodos. Pero, y la distinción es importante, aún diría más: fundamental, tampoco vamos a ir tiernos y blanditos a encontrarnos con que alguien intenta llevar la asamblea hacia donde – con toda seguridad – no queremos que vaya. Así que, muchachos, nosotros vamos de frente, pero no somos boludos. ¿Qué les parece esto? Propongo una moción para la próxima asamblea: introducir un restricción para votar, solamente podrán hacerlo quienes hayan participado por lo menos en dos de las últimas tres asambleas.
- ¡Pero vos estás en pedo! – Saltó el gallego – ¡Eso se parece al voto calificado! ¿Dónde queda el espíritu democrático que nos impulsa? Para eso dejemos a los concejales y diputados que sigan en la suya.
El gallego era intransigente, siempre opinó que con ciertas cosas no se juega, y no iba a cambiar a esta altura del partido.
El chaqueño suspiró hondo, unió las palmas de sus manos con los dedos bien separados, y se dispuso a explicarle al gallego su idea de voto “restringido”:
- ¿Quién compone la asamblea, sino nosotros, los que vamos, creemos en ella como espacio en construcción, la sostenemos con nuestro trabajo, y tratamos de acrecentarla reclutando más integrantes – aunque muy bien no nos vaya en las últimas semanas? ¿No deberíamos entonces preservar el poder de decisión para aquellos que participan, la integran regularmente, y protegernos de los que quieren utilizarla sólo ocasionalmente, sin voluntad democrática?
- Para eso fundemos un club – cortó el gallego un tanto amargamente
- Ché, prendé la tele, dijo el ruso disimulando la mufa.

udi, marzo/abril de 2002

Golpe al ego argento

The New York Times

Recientes descubrimientos arqueológicos confirmaron una sospecha que ya era “vox populi” entre los modernos seguidores de la disciplina fundada por Herodoto.

(Por Eleanor Burgess, corresponsal en Alemania)

Los preparativos para la conferencia de prensa estaban teñidos de ese halo de ansiedad que parece planear sobre los grandes acontecimientos. Hasta los camareros encargados de servir los deliciosos canapés de caviar, hígado de pato y lenguado del Báltico sentían la gravedad del momento. Los periodistas científicos acreditados ante la Universidad de Frickland Übber Freitag palpitaban con una excitación comparable a la oportunidad – casi un siglo largo ha – en que Jung reveló sus categorías arquetípicas al mundo.

Mientras tanto en las puertas del paraninfo una aglomeración de manifestantes argentinos, conducidos por señores de poblados bigotes y matronas oxigenadas de rasgos faciales tirantes, abucheaba a los ingresantes, evidentemente alertados por algún infidente del equipo de trabajo del profesor Von Shaize.

Frickland es una deliciosa localidad enclavada en el difuso límite entre la baja Sajonia y la alta Baviera, al pie de unos riscos desde los cuales descienden cascadas que como cintas de plata sorprenden la vista del viajero desprevenido. Su población estable ronda las seis mil almas, nutridas durante el período escolar por la presencia de mas de dos mil bulliciosos estudiantes que cursan algunas de las ocho carreras que se dictan en su prestigiosa y antigua universidad. Los habitantes de Frickland suelen ser reservados, pero se muestran sumamente expansivos cuando se les incita a recordar los que es el orgullo principal de la villa: en el siglo XII acertó a pasar por aquí el emperador Federico Barbarroja, quién, desesperado por el mal estado de los caminos pernoctó en una casa de la aldea, antes de seguir viaje hacia la II cruzada, en la que – como es sabido – encontraría triste fin pereciendo ahogado – o envenenado – y sin cumplir su meta de liberar Jerusalén.

Sea verdad o leyenda el acontecimiento marcó para siempre el carácter de los habitantes de Frickland, quienes se resisten a creer seriamente que hayan sucedido sobre la faz de la tierra hechos de mayor relevancia en los últimos ocho siglos.

No obstante, no dejan de enorgullecerse de la excelencia académica de su universidad, fundada por San Alberto Magno en Colonia en el año 1.250, pero que trasladó algunas de sus disciplinas de estudio al ámbito más silencioso de Frickland en el mucho más reciente 1.989.

Una de las más destacadas voces que se dejan oír en los claustros de Frickland Übber Freitag es la del profesor Edelweiss von Shaize, especialista de renombre mundial en estudios asiriológicos, quién convocó a conferencia de prensa recién llegado de Irak, en dónde dirigía unas excavaciones en las afueras de la aldea de Umm el Fajn, en unos socavones recientemente descubiertos, a raíz del estallido en su proximidad de unas novecientas toneladas de “bombas de racimo”, arrojadas por la fuerza aérea usamericana para castigar la aparición de pintadas en los muros de Bagdad en las cuales se ponía en entredicho la hombría y capacidades intelectuales del presidente Obama.

El profesor (Herr Professor) von Shaize es un hombrecillo efusivo, sanguíneo e hiperkinético, quién no dejó de desplazarse en su silla de ruedas durante todo el tiempo que duró la entrevista. (Ver: “Los argentinos no me atemorizan”, en página 48, columna III).

Al final de la misma se dirige con movimientos rítmicos de sus brazos sobre las ruedas, no exentos de cierta dignidad.

Entramos al recinto en dónde debía llevarse a cabo la conferencia de prensa entre los abucheos, y gritos proferidos en un idioma parecido al español, pero no como se lo enseña en los EEUU, sino una versión cacofónica y degenerada, acompasada por lo que parecen ser marchas militares, de las cuales los argentinos parecen contar con cientos y a las que dejan oír – parece – en los estadios de “fóbal”, deporte típico que parece ser una versión simiesca del football, dado que la pelota es ¡redonda! y se prohíbe tocarla con las manos.

Dejamos atrás a esta canalla, y nos dispusimos a escuchar las palabras del profesor von Shaize.

Extrañamente medido el rubicundo teutón fue izado al estrado por dos gentiles y fornidos estudiantes a los que los ruidosos argentinos tildaron de “patovicas”, sin que haya podido establecerse el significado de dicha expresión.

Un momento de relativa tensión se vivió cuando el profesor dio unos ligeros golpes con sus nudillos sobre el micrófono, advirtiendo que éste no funcionaba. El hecho fue corregido inmediatamente, tras comprobarse que había sido desenchufado por algún inescrupuloso integrante de la “trouppe” argentina. El despreciable sujeto fue inmediatamente retirado del aula magna con el auxilio de unos guardias de seguridad, enfundados en hermosos uniformes negros con botones y pasamanería plateada. Es sabida la pasión del pueblo alemán por los uniformes, lo que habla a las claras – por si hiciese falta – de su elevadísimo nivel cultural.

Subsanado el inconveniente el profesor dio unos golpes con un martillo que estaba previsoramente colocado a su diestra para acallar los murmullos, aunque debió colocar una bellísima pistola “Luger” que extrajo de entre los pliegues de su toga para obtener el silencio de la chusma argentina, bastando para esto un gesto que de ningún modo podría calificarse de “amenazante”, como sugería un abogado checo de raído traje marrón y gastados zapatos que acompañaba, en calidad de asesor letrado, a la plebe sudamericana.

El profesor von Shaize se dirigió entonces a los presentes, nombrando a todos los destacados intelectuales compañeros de claustro por sus nombres y cargos. Este procedimiento puede parecer tedioso para aquellos que ignoran la importancia que da el pueblo alemán a valores tan cardinales como el respeto a las jerarquías, una muestra más de las altísimas cotas culturales alcanzadas por los metódicos y ordenados germanos.

A continuación el profesor tuvo la deferencia de mencionar el alto honor que para sí mismo y la universidad de Frickland suponía la presencia de “destacadísimos representantes de esa verdadera misión que es la divulgación científica”. Un cálido murmullo de aprobación surgió de todos los periodistas allí reunidos, al verse reconocidos por una eminencia de nuestros tiempos como el profesor von Shaize.

Por último, y con cierta entonación de velada advertencia, el erudito saludó a los “legos” que allí se habían dado cita.

- Señoras y señores – comenzó su histórica alocución con las palabras que recorrerían el mundo. – “Los caldeos conocían el dulce de leche”.

¡Conmoción en la Blogosfera Nac&Pop!

Inesperado giro a la izquierda del “Lucarrasquismo“.

No pocas voces se han levantado para deplorar haber sido manipuladas en su prístina inocencia nacional y popular por expresiones políticas que – ahora se demuestra – han practicado el más crudo “entrismo“.
Pasadas las elecciones en las que el
bloque nacional, popular y democrático se enfrentó a todas las facciones del gorilismo vernáculo, se va separando la paja del trigo.
Así, en algunos
sitios pueden leerse análisis en los que – bajo la apariencia de “autocrítica” – campean las más feroces invectivas contra la conducción del proceso que produjo los años más felices para el pueblo argentino en lo que va del siglo.
Estaremos atentos ante esta maniobra, que no por burda es menos dañina, para alertar a toda nuestra masa de lectores, que no por pocos son menos importantes,
como dijo el general.
Desde
esta tribuna de doctrina Nacional y Popular denunciaremos sin vacilar cualquier intento de desviar por los turbios meandros de ideologías reñidas con el ser nacional el ancho y caudaloso curso que nos lleva a nuestro destino de grandeza, al cual – parafraseando a un compañero algo cascoteado ultimamente – “estamos condenados“.
El polígrafo del Barrio La República, consciente de la gravedad del momento, no trepidará en convertirse en fiscal de nuestras mas arraigadas convicciones y denunciar todos los intentos de hacernos pasar gato por liebre.

Apostillas de un evento populista

Apostillas de un evento populista

La jornada apuntaba para lluviosa, y en el frente del viejo Hotel Italia, reciclado por la inolvidable gestión Millet al frente de la UNR, en estado de reparación permanente desde hace años, se agolpaban empedernidos fumadores a quienes la intemperancia de las sucesivas administraciones socialistas de la ciudad van empujando hacia la calle. Muchas caras conocidas, mucho militantes políticos, y el polígrafo del Barrio La República, convocado de urgencia por la C-O-N-C-H-A para dar cuenta de los avatares de una conferencia y un posterior encuentro de “Bloggers“, sea esto último lo que sea.
Este polígrafo, de prosa lenta y estilo algo cargado, se preguntaba como oficiar de cronista, actividad para la cual se precisan dotes que no figuran en su currículum, a saber: estilo ágil e incisivo, velocidad para la pregunta filosa, trabajo de pre-producción para saber de qué se trata, y – lo más importante – entrenamiento para escribir cuarenta líneas en media hora, resignando, si cabe, preciosuras literarias en el altar de la vorágine de la información.
Como la tarea profesional se impone sobre consideraciones de pureza estética, y dado que el comité central de la C-O-N-C-H-A exige llevar a las masas del partido una información en tiempo real, dejaremos la belleza de los introitos (cuya sola mención, por homofonía, evoca otras actividades más placenteras) para la columna semanal que el comité central (de ahora en más: CC) planea publicar en esta hoja a la brevedad. De ser posible antes de las próximas elecciones.
Pasaremos, por lo tanto mis estimados lectores, a una rápida reseña de la conferencia antes mentada.
Poco se dirá, por cuestiones de espacio, de la Mesa de Esclarecimiento que se plantó en el hall del viejo hotel, por parte de un grupo de bloggers rosarinos a favor de la libertad de expresión y en contra de la presunta censura que algún medio masivo (cuya masividad es de por sí sinónimo de trabajo fiel y honesto en pos de acercar información fidedigna a sus lectores y/o radioescuchas, y/o televidentes, y/o lectores de su página web). Estos exaltados jóvenes, cuyo nombre no habla muy bien de su vocación por la originalidad, sostienen – contra toda evidencia – que los medios masivos de comunicación se guían por consideraciones que tienen mas que ver con sus intereses empresariales (como si fuese pecado tratar de obtener un beneficio – moderado – por una actividad comercial lícita) que con un verdadero apostolado al servicio a la comunidad. La desmesura de semejante afirmación exime de todo comentario, y sus invectivas contra este cronista, adjudicándole indignas intenciones de lograr la corresponsalía de un importante medio capitalino pintan a estos personajes de cuerpo entero: harto conocida es mi inclaudicable lucha a favor de la seriedad y responsabilidad con la que se debe tomar la libertad de expresión, que no debe ser confundida con libertinaje, para que cualquier poligriyo diga los que se le canta.
Una vez aclarados ciertos conceptos básicos que deben guiar a nuestra profesión, este polígrafo, cumpliendo con la misión que le encomendara el CC de la C-O-N-C-H-A, se dirigió al salón en el que se desarrollaría la conferencia, ignorando los epítetos con los que estos Bloggers se dirigían a su persona. Ya saben, mis estimados lectores, lo que reza el viejo dicho: “A palabras necias, oidos desenchufados”.
El piso de parquet traido a principios del siglo pasado de Rusia para engalanar el salón comedor del viejo hotel crujía bajo las pisadas inmisericordes de cientos de estudiantes de la carrera de ciencias políticas, muchos militantes identificados con vestimentas que otrora le hubiesen impedido el paso al majestuoso salón, algunos catedráticos de barbas pobladas y sacos de corderoy, y pocos rosarinos de pro, a quienes – es sabido – le disgusta rodearse de multitudes, por módicas que estas sean.
Pocos minutos antes de que se de por iniciada la serie de introducciones a la exposición del conferenciante principal, se perturbó la indispensable tranquilidad que requiere un acto de estas características por la bulliciosa entrada de un grupo de personas, cuya presencia delataba poco apego por la elegancia, y que decían ser la avanzada un colectivo mucho más numeroso que se reconoce bajo la común – e imprecisa, agrega este polígrafo – denominación de “Bloggers”.
Al parecer, mis pacientes lectores, estas personas habían realizado lo que a sus ojos constituía algo así como la travesía del desierto en épocas del General L. V. Mansilla, pero que no fue más que sentarse a bordo de un confortable micro que partió de las inmediaciones del Congreso Nacional (La escribanía) a las 07:00 de la mañana, arribando a la capital de los cereales a las 11:00 AM.
Según declaraciones de uno de estos personajes, que confundió a vuestro improvisado cronista con un adherente a sus posturas radicalizadas, todos los gastos que demandó la movilización de este grupúsculo de activistas corrieron por cuenta de un misterioso ente que este integrante definió como “La Caja“. Dicho esto, el personaje – que no dejaba de tener su costado simpático – sinceró sus motivaciones para haberse levantado tan temprano en un dia destemplado y viajar mas de 300 km: “El chori y la coca, macho, así como te lo digo“.
Una vez obtenida esta declaración exclusiva este polígrafo optó por ubicarse en el extremo opuesto del salón, a fin tanto de escuchar claramente al disertante como de poner distancia entre su persona y el ruidoso grupo, que aún no había descubierto mi no-pertenencia a sus filas.
En fin, mis estimados y enaltecidos lectores, ya sabéis cuán peligrosa puede ser esta profesión para todo aquel – que como este servidor – pretende desarrollarla con nobleza y buenas artes.
Fin de la primera parte de la crónica, la cual, si el CC de la C-O-N-C-H-A así lo dispone (y se acredita el cheque de la semana pasada) concluirá mañana en esta misma hoja.

Soy Republicano

Por quién doblan las campanas

Soy Republicano…

Para aquellos que aún conservan la memoria – pocos – o para los que – como en mi caso – se nutrieron de ella, quiero reivindicar una dimensión poco explorada de aquellos años: la romántica.
Para quién se crió en un ambiente de confesa vocación antifascista, con permanentes referencias a la guerra civil, parientes que lucharon en ella, poesía y canciones a ella referidas y desprecio eterno al dictador sobreviviente tras la caída universal del fascismo clásico (en cuanto a esto último vale aclarar, a la manera de Brecht, “No os alegréis demasiado por la muerte del perro rabioso, la perra que lo parió está ya nuevamente preñada”) la Guerra Civil Española, después de más de 70 años, sigue siendo un momento “fundante” de la conciencia democrática universal y también – ¡pero no menos ! – de sus más bellas páginas, sonidos e imágenes.
Quienes fueron jóvenes en esa época no alentaron ninguna duda en su pecho. La decencia y los valores humanos por los que valía la pena luchar se encarnaban en la resistencia democrática a los nuevos cruzados que venían a tronchar a la España “de la rabia y de la idea“.
En muchos anidaba la conciencia de que en el frente de batalla de España se jugaba el destino de la democracia frente al fascismo, de la revolución frente a la negra reacción, que era, en suma, la primera batalla de una guerra mundial que inexorablemente estaba por librarse.
Eran tiempos de optimismo universal; por negros que fuesen los nubarrones en el horizonte existía en los jóvenes de aquella época el íntimo convencimiento de que el porvenir iba a ser mejor. Y lucharon por eso.
Creo que aún vale la pena luchar por esos valores tan trasnochados como la libertad, la justicia y la solidaridad.
Por eso, soy republicano.
Udi, abril de 2009

Amenazas en Rosario: ¡los asesinos están sueltos!

En la provincia del PS (Partido Sojero) siguen actuando los mismos que fueron protegidos por Reutemann. Los que asesinaron a siete santafesinos en 2001, impunes desde la dictadura.

A ver, Gobernador Binner, Senador Giustiniani: gran oportunidad para demostrar de qué lado del mostrador están.

A ver, Eduardo Buzzi, confirmá tu “progresismo” con una movilización de “pequeños productores de la FAA que la pasaron mal durante la dictadura”.  Seguramente ya están cortando el Boulevard Oroño con sus tractores demostrando, como el 25 de mayo del año pasado, que “abrazan a las madres de la plaza”.

Los esperamos.

 

COMUNICADO DE CTA ROSARIO
ANTE LAS INTIMIDACIONES A LA CRA. LILIANA GOMEZ DE COAD.ROSARIO

 

Con fecha  Miércoles 1º de Abril, el Congreso de Delegados de la Asociación Gremial de Docentes e Investigadores de la UNR – COAD; se pronunció en repudio de las intimidaciones recibidas en la madrugada del día de la fecha, en el teléfono particular de la Secretaria Adjunta, Liliana Gómez, evidentemente relacionadas con su condición de testigo y querellante en las causas contra los responsables del Terrorismo de Estado.
Habiéndose radicado en ese momento la denuncia con nuestros abogados patrocinantes en Fiscalía, y dando parte a la Secretaría de DDHH  de la Provincia, el Congreso de Delegados decidió salir a respaldar fuertemente a la compañera declarando su total solidaridad y denuncia de la situación en el ámbito de toda la UNR, a la espera de su manifestación pública en los medios de comunicación masiva.

Frente a este accionar contra los que han asumido el compromiso público y militante de dar testimonio y querellar a represores y asesinos, y convocando al más amplio respaldo a todos los compañeros exigiendo la aceleración de los juicios, la unificación de las causas, y cárcel común y efectiva para todos los asesinos, convocamos al más amplio apoyo institucional y de la comunidad en general, por verdad, memoria y justicia contra todas las formas de impunidad.
 
Gustavo Brufman
Secretario de DD.HH. de CTA Rosario
Secretario General de COAD
Asociación Gremial de Docentes e Investigadores de la UNR

De las clases sociales…

              Samuel Noah Kramer, en su ya clásico estudio sobre las civilizaciones pre-babilónicas, “La historia empieza en Súmer“, postula que las imágenes con que los sumerios representaron los aconteceres y dramas divinos no son demasiado lejanas a las formas de organización social que dichos habitantes de la Mesopotamia clásica implementaron para procesar los conflictos sociales, ya sea por la coacción o el consenso. Arriesga aún más el docto investigador y propone que esta relación de identidad entre el panteón y la tierra puede extenderse a todos los grupos humanos, o – lo que vendría a ser lo mismo – que los seres humanos asignan a los dioses conductas y pasiones muy humanas.

 

En este sentido puede inferirse, y en efecto algunos respetables pensadores lo han hecho, que la cosmovisión, la ideología ¡vamos! que marca nuestras acciones y guía nuestra manera de interpretar el mundo, e incidir sobre él, suele estar determinada por el lugar que ocupemos dentro de esa estructura, que a falta de mejor nombre, llamaron, y mantendremos eso  aquí: “relaciones sociales de producción“.

Estas “relaciones sociales de producción” se establecen entre los individuos al asociarse de distintos modos con el fin de garantizar la reproducción de las condiciones materiales de su existencia. Claro está qué, según el tipo de asociación que se establezca, algunos actores de estas relaciones saldrán más beneficiados que otros. Es la creencia generalizada en los autores antes aludidos que aquellos individuos que hayan logrado apropiarse (y hacer respetar esta apropiación) de los medios necesarios para acometer la ardua empresa de reproducir las condiciones materiales de la existencia, medios que ¡Admirad lo imaginativo del término! dieron en llamar “medios de producción”, serán, en líneas generales  se entiende, los beneficiados por esta forma de producción. Cabe aquí destacar que estos mismos autores se refieren a la forma de de producción dominante en cierto período histórico como “Modo de producción”.

Siguiendo, pues, esta línea de razonamiento bastante llana y no muy sofisticada, podríamos atrevernos a suponer que el sujeto que por distintas circunstancias se encuentra en el sector más beneficiado de la citada asociación tenderá a considerar como muy inconveniente cualquier acto, o idea que lo sustente, que proponga una modificación en el “estado de las cosas”. Contrario sensu, aquellos sujetos que sientan que este “estado de cosas” no le es ventajoso serán quienes más probablemente crean en la necesidad de introducir cambios, alteraciones, incluso revoluciones para inclinar, aunque más no sea un poco, a su favor las condiciones  que permiten que se establezcan estas “relaciones de producción”, e incluso, en períodos especialmente fervorosos, todas las instituciones, usos y costumbres que estas relaciones posibilitan..

 

Aceptando, siquiera con reservas, esta teoría, qué – dejémoslo en claro una vez más – opera en líneas generales y ha resultado apta para dar cuenta de los comportamientos grupales de los individuos colocados en tal o cual lugar de las “relaciones sociales de producción” podría seguirse que las conductas particulares del individuo “H”, o “B” es probable que respondan a los patrones de pensamiento de la determinada “clase” en la que se inscriban. Categoría ésta, la de “clase“, elaborada para referirse al conjunto de los individuos que se ubican – aproximadamente – en similares lugares dentro de las “relaciones sociales de producción”. Por supuesto esta definición corresponde también a los autores antes mentados.

Partiendo, entonces, de estas premisas, podría aventurarse la hipótesis que los seres humanos se comportan de forma previsible, aún creyendo ser esencialmente originales, dado que, para asegurar la continuidad del “estado de cosas” antes citado, aquellos que se benefician con éste construyen, difunden e imponen un cierto relato, una representación que avale la pertinencia de esta forma de organización social  y el lugar que le está destinado a cada clase en la estructura antedicha.

Esta representación, según el momento histórico, necesitó de la intervención de alguna entidad “supra humana”, cuya validez no pudiese – por esta misma etiología – ser cuestionada. Los dioses de Súmer, caros a este escriba, cumplieron este papel en su momento. Las mitologías griegas; judeo-cristo-islámicas; el budismo, llenaron también el rol. El discurso científico ha resultado en las últimas décadas ser apto para esto, asimismo.

El objetivo, que tan claro nos aparece aquí gracias a la luz que este modesto polígrafo echa sobre él, se cumple acabadamente cuando el conjunto de las clases sociales dá por válidas las premisas principales que sustentan el relato construido por los beneficiarios de este sistema para asegurar la continuidad de las relaciones sociales de producción vigentes. Aún aquellos que se ven objetivamente perjudicados por esta continuidad.
Udi, modesto como siempre y pateando culos mediopelescos.

Escribas a sueldo…

Un amigo (¡Guarda, no yo, un amigo dije!) trabaja, o hace como si, en una empresa mediana del ramo – digamos – plástico, en la periferia de  – pongamosle – Córdoba. Ocupa allí un puesto gerencial, dentro de una estructura bastante reducida de dirección. Su salario, si bien no es comparable al de puestos similares en empresas multinacionales, le alcanza para sostenerse con decoro, y hasta para verse asiduamente con la mujer que ama, que vive – supongamos – unos 300 km. al sur de la docta.

La marea, o tsunami, de la crisis global del capitalismo no perdonó a la empresa en la que trabaja mi amigo - llamémosle Gerardo – que vió disminuidos sus pedidos en un módico 80 y pico %. Después de una reducción de personal drástica (- 50 %), adelanto de vacaciones y dos periodos de suspensión en febrero y marzo, la empresa – sus titulares, bah – decidió solicitar la colaboración de los trabajadores remanentes, los registrados y de mas antigüedad, proponiendo que estos aceptaran una reducción de algo asi como 1/4 de sus haberes, los cuales – recordemoslo – dificilmente les permitan nadar en la abundancia.

La propuesta ¿como calificarla? invocaba como razones valederas la necesidad de mantener la competitividad y sostener un costo de producción no demasiado ruinoso, dada la baja de precios a la que tuvo que recurrir la empresa para mantener un mínimo de presencia en los mercados.

Atendiendo a la inquietud que esta propuesta generaba en los trabajadores respecto a sus futuras posibilidades de cumplir con funciones tales como alimentación, vivienda, salud, y educación de la prole, la empresa comunicó su intención de recuperar, paso a paso, los niveles nominales de remuneración, vinculando los plazos a la obtención de aumentos en sus principales productos. El objetivo, de este modo, se cumpliría en la medida en que se produjese el ingreso al círculo virtuoso de mayor demanda, mayor producción, baja de costos, reanudación de la inversión, mejora de la productividad, crecimiento de la rentabilidad empresaria, y – last, but not least – retorno a los niveles salariales previos.

A los efectos de generar una fórmula que refleje los movimientos que en la economía de la empresa produciría el antes citado círculo virtuoso, convocó el titular a mi amigo Gerardo, quién posee algunos rudimentos de analisis de costos y sistemas productivos. La consigna fue demostrar que los numeros de la empresa demostraban pérdidas. Pero, pero, resultó que no era asi, y para demostrar eso habia que  – ejem – dibujar algunos guarismos y aplicar un poco de creatividad. Mi amigo, de una mentalidad muy convencional y poco dado a los vuelos imaginativos, se dirigió al titular de la empresa y le explicó los resultados a los que habia arribado.

Y aquí, mis estimados, se revela – ya cerca del final – el conflicto, el nudo, que todo relato que se precie, por chapucero que sea, debe tener: la patronal le pidió a mi amigo – reitero: “mi amigo” –  que obviara ese detalle menor, la verdad.

Gerardo, a quién con el paso de los años y la estrecha cercanía  he llegado a apreciar, carece de imaginación, como ya fue consignado, pero no de ética, miren ustedes, y ante la presión empresaria dijo “No, tengo un límite de conciencia que me impide mentirle a los trabajadores”.

Tomá pá vos ! Si bien el riesgo de sufrir algún tipo de represalia por su decisión (léase: ser despedido) no era muy elevado, la actitud – conjeturo – no es de las más ruines que se ven hoy por hoy.

¿Cuánto periodista podrá exhibir conductas similares? Se pregunta este polígrafo, sin dobles intenciones.

“Cortes” y “Caos”

No por conocido deja de indignar ¿No?

Pero, es sabido, cortar la circulación del capital en pos de mejorar la renta, o el beneficio, es legítimo y loable. Hacerlo por el salario genera caos.

Los productores realizaron más de 30 concentraciones y cortes intermitentes

18:30

Tal como habían anticipado, productores rurales de distintos puntos del país se reunieron a los costados de las rutas en apoyo a los dirigentes de la Mesa de Enlace que se reunieron con el Gobierno.

Hubo concentraciones en por lo menos una treintena de puntos de seis provincias: Buenos Aires, Córdoba, Chaco, Entre Ríos, Santa Fe y Tucumán.

La vigilia pasó a la acción por lo menos en el sur de Santa Fe, donde, desde las 11:00, unos 500 productores cortaron totalmente, aunque de manera intermitente, la autopista Buenos Aires-Rosario a la altura del kilómetro 278, en la localidad de Alvear.

La mayoría de los manifestantes eran de la Federación Agraria (FAA) y los autoconvocados.

Se ve que cortar la autopista Buenos Aires – Rosario no molesta a nadie…

Dos marchas convirtieron en caos el tránsito por el centro porteño

16:32

Los docentes, que hoy están de paro, interrumpieron el tránsito en la avenida de Mayo, frente a la Jefatura de Gobierno. En simultáneo, movimientos sociales y organizaciones sindicales protestaron en Trabajo.

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Dos movilizaciones simultáneas convirtieron en misión imposible la idea de transitar por el centro porteño. Docentes y empleados de hospitales públicos se movilizaron a la sede del Gobierno de la Ciudad, mientras que a pocas cuadras -frente al Ministerio de Trabajo- protestaron movimientos sindicales y organizaciones sociales.

La protesta de docentes y trabajadores de hospitales porteños se inició bien temprano, en avenida de Mayo y Chacabuco. Luego marcharon unos 200 metros, hasta Bolivar 1, donde establecieron un campamento. La Policía cortó el tránsito a la altura de la Plaza de Mayo, lo que le agregó más complicaciones a la difícil tarea de atravesar en auto la zona.

La otra marcha recorrió la zona del Bajo durante toda la mañana y parte de la tarde. Participaron militantes de movimientos sociales, organizaciones sindicales obreras y productores autoconvocados, que luego de concentrarse en el Correo Central, realizaron su primera escala en el Ministerio de Trabajo.

La movilización, más tarde, llegó por la tarde al Ministerio de la Producción, en Paseo Colón 50. Y tuvo su cierre frente al Congreso de la Nación. Entre otros reclamos, los manifestantes pidieron un seguro Social Universal, defensa de todos los puestos de trabajo, aumento de salarios al nivel de la canasta general básica y aplicación del 82 % del salario mínimo vital y móvil.

El Israel de las manifestaciones por la paz (P/12)por Herman Schiller

Si bien no comparto el prurito de Schiller en cuanto a “todos” los manifestantes, puesto que a veces hay intereses en común superiores frente a contradicciones de segundo orden, destaco de esta nota su coraje y su apego a la verdad. Y comparto plenamente su frase final: “Paz con Justicia”.

udi

El Israel de las manifestaciones por la paz

por Herman Schiller

Hace pocos días se había anunciado que iba a hablar en la Universidad de Tel Aviv el ministro de Defensa de Israel, Ehud Barak, artífice de la masacre de Gaza. Rápidamente los estudiantes se movilizaron llenando las paredes de esa casa de estudios con pintadas que decían “Barak rotzeaj” (Barak asesino). Y el ministro, “por precaución”, ante la evidencia de que podrían producirse confrontaciones, decidió suspender la conferencia.

Este es uno de los tantos episodios que desde el 27 de diciembre han revelado la resistencia que, en condiciones nada fáciles –y en un clima político, social y comunicativo adverso– se ha extendido en Israel.

Los organismos de derechos humanos israelíes han protestado por el silencio que los medios centrales han guardado al negarse a informar a la población sobre las numerosas manifestaciones que a diario y a lo largo y a lo ancho del país se produjeron contra la escalada bélica. Una de las más numerosas, encabezada por el legendario Uri Avneri (líder de Gush Shalom, Bloque de la Paz, y autor del libro Israel sin sionistas), superó las diez mil personas en Tel Aviv y sólo mereció 27 palabras (dentro de una nota muy larga) del matutino Haaretz, que suele ufanarse de su “pluralismo”.

Esa movilización, que recorrió la zona céntrica de la populosa urbe (desde la plaza donde asesinaron a Yitzhak Rabin hasta la Cinemateca, ocupando todos los carriles de la ancha avenida Ibn Gabirol), fue promovida también por otras 20 organizaciones pacifistas, incluidos la Coalición de Mujeres por la Paz, Anarquistas contra el Muro y el Centro de Información Alternativa. La pancarta gigante de Gush Shalom decía en hebreo, árabe e inglés “¡Stop asesinatos!”, “¡Stop al cerco!”, “¡Stop a la ocupación!”.

Entre las consignas coreadas por la densa columna se encontraban las siguientes: “Uno no construye una campaña electoral sobre cadáveres de niños”, “Judíos y árabes no queremos ser enemigos”, “Olmert, Livni y Barak, la guerra no es un juego”, “Todos los ministros del gobierno son criminales de guerra”, “Basta, basta, hablen con Hamas” y “Barak, Barak, no te preocupes, nos encontraremos en La Haya” (en alusión a la denuncia internacional que los organismos de derechos humanos israelíes formularon contra su gobierno).

También proliferaron los carteles, algunos parafraseando los lemas electorales de Barak: “Barak no es un amigo, sino un asesino” (el lema original de campaña dice “Barak no es un amigo, es un líder”). Y, también: “Los seis escaños de la Knesset, escaños de la guerra”, en referencia a las encuestas que muestran que desde el comienzo de la masacre el laborismo ganó seis escaños.

La ultraderecha hostilizó la movilización durante todo el trayecto y al llegar a la Cinemateca, donde estaban previstos los discursos, la policía se alejó y la patota comenzó sus agresiones con palos y armas de fuego. Hubo corridas, los provocadores se hicieron dueños de la situación y la oratoria debió ser suspendida.

Los militantes de Gush Shalom me enviaron el texto del discurso que debió pronunciar Avneri. “Acuso a Ehud Barak de aprovechar a los soldados del ejército para obtener más escaños –decía, entre otras cosas–; acuso a Tzipi Livni de abogar por la matanza para llegar a ser primera ministra; acuso a Ehud Olmert de intentar tapar la putrefacción y la corrupción de su gobierno con esta desastrosa guerra” (..)

Las críticas que en todo el mundo suscitaron las acciones del ejército israelí en Gaza dieron lugar a réplicas desde el judaísmo oficial: “Ustedes no tienen en cuenta los misiles de Hamas que caen sobre la población civil del sur de Israel”.

Esta argumentación fue respondida por un importante referente del pacifismo israelí en la propia Beer Sheva, una de las ciudades afectadas por los misiles palestinos. Se trata del profesor Nevé Gordon, director del Departamento de Política y Gobierno de la Universidad Ben Gurión, que declaró a la periodista Amy Goodman en un reportaje: “Recién, hace menos de una hora, cayó un cohete a pocos metros de mi casa. Mis dos hijos duermen desde hace una semana en un refugio antibombas. Y aun así, creo que lo que está haciendo Israel es una atrocidad”. Gordon es uno de los tantos profesores e intelectuales israelíes que nadaron contra la corriente y concurrieron a las masivas demostraciones llevadas a cabo en Tel Aviv.

En esa misma ciudad de Beer Sheva, un nutrido grupo de judíos y árabes desafió la prohibición de concentrarse durante la guerra y realizó una protesta silenciosa. No vocearon consignas y se limitaron a portar carteles con las leyendas “Queremos diálogo, no violencia” y “Judíos y árabes se niegan a ser carne de cañón”. El grupo me envió el texto de la convocatoria firmada por los judíos Daniela Yudelevich, doctora Merav Moshé y Bela Alexandrov y los árabes Sultan Abu Abied, Anuar Hajoj y Fadi Masmara. El desafío fue reprimido y se produjeron varias detenciones, entre ellas la de Lea Shakdiel, una judía religiosa ortodoxa perteneciente al grupo Ierujam. El semanario en castellano Aurora, que aparece en Tel Aviv y ha mostrado una absoluta incondicionalidad con la guerra desatada por su gobierno, tituló así una de sus últimas ediciones: “Tolerancia cero contra manifestantes”. Y esa misma publicación informó que en Beit Hanina, seis kilómetros al norte de Jerusalén, la policía detuvo a todos aquellos que intentaron levantar una carpa de la dignidad (al estilo argentino) “en honor de los muertos en Gaza”.

Estos son apenas algunos ejemplos emblemáticos. La lista completa es absolutamente mayor. Le di prioridad a la digna tarea que realizan los organismos israelíes de derechos humanos, pero también ha sido muy gravitante la acción de la izquierda, que realizó centenares de actos y movilizaciones.

En Haifa, la ciudad portuaria donde abundan las parejas mixtas y sigue vigente el chiste (¿chiste?) de que la paz entre judíos y palestinos sólo se logrará en la cama, los actos fueron numerosos. Los dos más importantes tuvieron lugar en el barrio de Wadi Nisnas y en el Monte Carmelo.

De los últimos días, quiero destacar la marcha de Tel Aviv a Jaffa (Iafo) que congregó a unas 10.000 personas. Y en esta última ciudad, pletórica de galerías de arte y teatros independientes alternativos, se espera una concurrencia multitudinaria para el próximo sábado a la noche, jornada tradicional de las grandes concentraciones en Israel. Además los Médicos Israelíes por los Derechos Humanos están culminando su campaña de recolección de medicinas y alimentos para ser enviados a Gaza.

En cuanto a las elecciones, la izquierda en las últimas horas ha volcado buena parte de sus esfuerzos a denunciar la campaña racista y fascista de Ivette Lieberman, un miembro de la mafia rusa que llegó a Israel después de la desintegración de la URSS y que viene obteniendo buenos resultados en los últimos comicios liderando un partido que se llama Israel Beteinu (Israel, nuestra casa).

En el campo de los judíos en el mundo, hay numerosas expresiones dignas de destacar, pero por razones de espacio me limito a citar dos: el comunicado de Apemia (Asociación por el Esclarecimiento de la Masacre Impune de la AMIA), que aquí en Buenos Aires repudió la masacre de Gaza, y sobre todo, el manifiesto emitido por decenas de intelectuales y docentes universitarios judíos de Gran Bretaña, que en sus párrafos esenciales señala: “El verdadero motivo del ataque a Gaza es que Israel sólo desea tratar con los colaboracionistas. El principal crimen de Hamas no es el terrorismo, sino su negativa a convertirse en un pelele en manos del régimen de ocupación (..). Los abajo firmantes somos todos de origen judío. Cuando vemos los muertos y los ensangrentados cuerpos de niños pequeños, los cortes de agua, de electricidad y de comida, recordamos el asedio del ghetto de Varsovia”.

Gerardo Liebner, historiador de origen uruguayo que reside en Tel Aviv, fue entrevistado largamente y vía telefónica por La colectiva, un programa radial que se emite en Montevideo. Sobre el final, Liebner señaló: “Repudiar la política del actual gobierno israelí no es ser antisemita, sino algo legítimo y una forma de apoyar de verdad al futuro democrático de la sociedad israelí”.

Justamente, la banalización y superficialidad con que el judaísmo oficial acusa de antisemita a cualquiera que se atreva a confrontar con la política oficial israelí se entremezcla hoy, sobre todo en Buenos Aires, con algunos impresentables que se han colado en el rechazo a la masacre de Gaza y parecen más cerca de la policía, de la burguesía árabe menemista de Goebbels o del Medioevo, que de la revolución socialista.

Este tema, que ahonda aún más la confusión en la sociedad, y la demonización absoluta y total que realiza algún segmento de izquierda, omitiendo las contradicciones y la profundidad de la lucha de clases en el campo israelí y judío, son por ahora rubros secundarios que no deben opacar la monstruosidad de la masacre de Gaza. Pero son temas que existen y en etapas inmediatas deberían formar parte de la agenda de debates sin preconceptos.

Mi posición es conocida: estoy a favor de la creación del Estado palestino al lado de Israel y no en lugar de Israel. Y estoy por la in-teracción de las fuerzas revolucionarias y socialistas palestinas e israelíes. Tal como se ratificó hace pocos días en una reunión que mantuvieron delegados del Partido del Pueblo (PC palestino), del Partido Comunista Israelí y del Frente Democrático por la Liberación de Palestina que preside un viejo luchador como Hawatmeh.

Esta posición –soy un revolucionario pero no puedo dejar de admitirlo—- suele generarme sólo angustia y sentimiento de soledad. Muchos judíos me han declarado “traidor” y no pocos compañeros de izquierda me recriminan que ésta es una posición “funcional a los intereses sionistas”.

Repudio una y otra vez la masacre de Gaza. Pero no voy a marchar con quienes esgrimen los mismos argumentos (“judaísmo internacional”, “sinarquía”, “ratas”, “apátridas”) que utilizaba Felipe Romero en la revista El Caudillo (órgano de la Triple A) y que muy poco tiempo después usaron los militares de la dictadura cuando torturaban a los muchos judíos que pertenecían a ERP, Montoneros y demás organizaciones combatientes.

Paz y amistad entre Palestina e Israel. Paz con justicia, por supuesto; no la paz de los sepulcros, ni la paz impuesta por los ocupantes, ni la paz que le convenga al imperialismo.

Paz con justicia entre Palestina e Israel. Por el momento sólo parece una consigna voluntarista y utópica. Pero cada día somos más.

Más Verdades Peronistas…algunas apócrifas, pero a quién le importa ?

Verdad # 71: “El peronismo es la ideología del poder”

Antonio “Trucha” Vanrell,ex vicegobernador de la Invencible Provincia de Santa Fe.

Continúen, continúen…

“El patrón se volvió loco”, o “Sensibilidad Disminuida”, por Uri Avnery

¿Sensibilidad disminuida, mitigada…o directamente atrofiada?

Opinen…

169 YEARS before the Gaza War, Heinrich Heine wrote a premonitory poem of 12 lines, under the title “To Edom”. The German-Jewish poet was talking about Germany, or perhaps all the nations of Christian Europe. This is what he wrote (in my rough translation):

“For a thousand years and more / We have had an understanding / You allow me to breathe / I accept your crazy raging // Sometimes, when the days get darker / Strange moods come upon you / Till you decorate your claws / With the lifeblood from my veins // Now our friendship is firmer / Getting stronger by the day / Since the raging started in me / Daily more and more like you.”

Zionism, which arose some 50 years after this was written, is fully realizing this prophesy. We Israelis have become a nation like all nations, and the memory of the Holocaust causes us, from time to time, to behave like the worst of them. Only a few of us know this poem, but Israel as a whole lives it out.

In this war, politicians and generals have repeatedly quoted the words: “The boss has gone mad!” originally shouted by vegetable vendors in the market, in the sense of “The boss has gone crazy and is selling the tomatoes at a loss!” But in the course of time the jest has turned into a deadly doctrine that often appears in Israeli public discourse: in order to deter our enemies, we must behave like madmen, go on the rampage, kill and destroy mercilessly.

In this war, this has become political and military dogma: only if we kill “them” disproportionately, killing a thousand of “them” for ten of “ours”, will they understand that it’s not worth it to mess with us. It will be “seared into their consciousness” (a favorite Israeli phrase these days). After this, they will think twice before launching another Qassam rocket against us, even in response to what we do, whatever that may be.

It is impossible to understand the viciousness of this war without taking into account the historical background: the feeling of victimhood after all that has been done to the Jews throughout the ages, and the conviction that after the Holocaust, we have the right to do anything, absolutely anything, to defend ourselves, without any inhibitions due to law or morality.

WHEN THE killing and destruction in Gaza were at their height, something happened in faraway America that was not connected with the war, but was very much connected with it. The Israeli film “Waltz with Bashir” was awarded a prestigious prize. The media reported it with much joy and pride, but somehow carefully managed not to mention the subject of the film. That by itself was an interesting phenomenon: saluting the success of a film while ignoring its contents.

The subject of this outstanding film is one of the darkest chapters in our history: the Sabra and Shatila massacre. In the course of Lebanon War I, a Christian Lebanese militia carried out, under the auspices of the Israeli army, a heinous massacre of hundreds of helpless Palestinian refugees who were trapped in their camp, men, women, children and old people. The film describes this atrocity with meticulous accuracy, including our part in it.

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Es imposible entender la sevicia de esta guerra sin tomar en cuenta el trasfondo histórico: la sensación de maldad cometida a los judíos con el correr de las generaciones, y la creencia que, después de lo que nos sucedió en el holocausto, nos está permitido hacer de todo, pero verdaderamente todo, sin ningún límite legal o moral para defendernos.

En los momentos en que la muerte y la destrucción llegaron al paroxismo aconteció en EEUU algo que no está relacionado con esta guerra, pero de algún modo sí lo está. Un film israelí “Vals im Bashir” ganó un premio muy prestigioso (<Golden Globe>). La prensa informó sobre esto con alegría y orgullo. Pero asimismo se cuidó mucho de recordar el tema del film. Es un fenómeno curioso: nos congratulamos del film, pero hacemos desaparecer su contenido.

El tema de la película es uno de los capítulos más ominosos de nuestra historia: la matanza de Sabra y Shatila. En el transcurso de la primera guerra del Líbano la milicia cristiana, con la cobertura del ejército israelí, asesinó a cientos de refugiados palestinos, que carecían de cualquier salida, en sus campamentos de refugiados. Mujeres, hombres, ancianos y niños. El film describe el hecho con gran exactitud, y dentro de éste nuestra parte en la crueldad.

Todo esto no fue recordado para nada en las informaciones sobre la obtención del premio. Tampoco el director aprovechó el escenario para censurar, ni siquiera con una palabra, lo que estaba sucediendo a la misma hora en Gaza. Difícil saber cuántas mujeres y niños estaban siendo matados en Gaza en el momento de la ceremonia en que se concedió el premio. Pero es claro que la matanza que se desarrollaba en Gaza era peor, y en mucho, que aquella que sacó a 400.000 israelíes de sus casas a Tel Aviv, en una protesta espontánea, esta vez fueron apenas 10.000.

All this was not even mentioned in the news about the award. At the festive ceremony, the director of the film did not avail himself of the opportunity to protest against the events in Gaza. It is hard to say how many women and children were killed while this ceremony was going on – but it is clear that the massacre in Gaza is much worse than that 1982 event, which moved 400 thousand Israelis to leave their homes and hold a spontaneous mass protest in Tel-Aviv. This time, only 10 thousand stood up to be counted.

The official Israeli Board of Inquiry that investigated the Sabra massacre found that the Israeli government bore “indirect responsibility” for the atrocity. Several senior officials and officers were suspended. One of them was the division commander, Amos Yaron. Not one of the other accused, from the Minister of Defense, Ariel Sharon, to the Chief of Staff, Rafael Eitan, spoke a word of regret, but Yaron did express remorse in a speech to his officers, and admitted: “Our sensitivities have been blunted”.

BLUNTED SENSITIVITIES are very evident in the Gaza War.

Lebanon War I lasted for 18 years and more than 500 of our soldiers died. The planners of Lebanon War II decided to avoid such a long war and such heavy Israeli casualties. They invented the “mad boss” principle: demolishing whole neighborhoods, devastating areas, destroying infrastructures. In 33 days of war, some 1000 Lebanese, almost all of them civilians, were killed – a record already broken in this war by the 17th day. Yet in that war our army suffered casualties on the ground, and public opinion, which in the beginning supported the war with the same enthusiasm as this time, changed rapidly.

The smoke from Lebanon War II is hanging over the Gaza war. Everybody in Israel swore to learn its lessons. And the main lesson was: not to risk the life of even one single soldier. A war without casualties (on our side). The method: to use the overwhelming firepower of our army to pulverize everything standing in its way and to kill everybody moving in the area. To kill not only the fighters on the other side, but every human being who might possibly turn out to harbor hostile intentions, even if they are obviously an ambulance attendant, a driver in a food convoy or a doctor saving lives. To destroy every building from which our troops could conceivably be shot at – even a school full of refugees, the sick and the wounded. To bomb and shell whole neighborhoods, buildings, mosques, schools, UN food convoys, even ruins under which the injured are buried.

The media devoted several hours to the fall of a Qassam missile on a home in Ashkelon, in which three residents suffered from shock, and did not waste many words on the forty women and children killed in a UN school, from which “we were shot at” – an assertion that was quickly exposed as a blatant lie.

The firepower was also used to sow terror – shelling everything from a hospital to a vast UN food depot, from a press vantage point to the mosques. The standard pretext: “we were shot at from there”.

This would have been impossible, had not the whole country been infected with blunted sensitivities. People are no longer shocked by the sight of a mutilated baby, nor by children left for days with the corpse of their mother, because the army did not let them leave their ruined home. It seems that almost nobody cares anymore: not the soldiers, not the pilots, not the media people, not the politicians, not the generals. A moral insanity, whose primary exponent is Ehud Barak. Though even he may be upstaged by Tzipi Livni, who smiled while talking about the ghastly events.

Even Heinrich Heine could not have imagined that.

THE LAST DAYS were dominated by the “Obama effect”.

We are on board an airplane, and suddenly a huge black mountain appears out of the clouds. In the cockpit, panic breaks out: How to avoid a collision?

The planners of the war chose the timing with care: during the holidays, when everybody was on vacation, and while President Bush was still around. But they somehow forgot to take into consideration a fateful date: next Tuesday Barack Obama will enter the White House.

This date is now casting a huge shadow on events. The Israeli Barak understands that if the American Barack gets angry, that would mean disaster. Conclusion: the horrors of Gaza must stop before the inauguration. This week that determined all political and military decisions. Not “the number of rockets”, not “victory”, not “breaking Hamas”.

WHEN THERE is a ceasefire, the first question will be: Who won?

In Israel, all the talk is about the “picture of victory” – not victory itself, but the “picture”. That is essential, in order to convince the Israeli public that the whole business has been worthwhile. At this moment, all the thousands of media people, to the very last one, have been mobilized to paint such a “picture”. The other side, of course, will paint a different one.

The Israeli leaders will boast of two “achievements”: the end of the rockets and the sealing of the Gaza-Egypt border (the co-called “Philadelphi route”. Dubious achievements: the launching of the Qassams could have been prevented without a murderous war, if our government had been ready to negotiate with Hamas after they won the Palestinian elections. The tunnels under the Egyptian border would not have been dug in the first place, if our government had not imposed the deadly blockade on the Strip.

But the main achievement of the war planners lies in the very barbarity of their plan: the atrocities will have, in their view, a deterrent effect that will hold for a long time.

Hamas, on the other side, will assert that their survival in the face of the mighty Israeli war machine, a tiny David against a giant Goliath, is by itself a huge victory. According to the classic military definition, the winner in a battle is the army that remains on the battlefield when it’s over. Hamas remains. The Hamas regime in the Gaza Strip still stands, in spite of all the efforts to eliminate it. That is a significant achievement.

Hamas will also point out that the Israeli army was not eager to enter the Palestinian towns, in which their fighters were entrenched. And indeed: the army told the government that the conquest of Gaza city could cost the lives of about 200 soldiers, and no politician was ready for that on the eve of elections.

The very fact that a guerrilla force of a few thousand lightly armed fighters held out for long weeks against one of the world’s mightiest armies with enormous firepower, will look to millions of Palestinians and other Arabs and Muslims, and not only to them, like an unqualified victory.

In the end, an agreement will be concluded that will include the obvious terms. No country can tolerate its inhabitants being exposed to rocket fire from beyond the border, and no population can tolerate a choking blockade. Therefore (1) Hamas will have to give up the launching of missiles, (2) Israel will have to open wide the crossings between the Gaza Strip and the outside world, and (3) the entry of arms into the Strip will be stopped (as far as possible), as demanded by Israel. All this could have happened without war, if our government had not boycotted Hamas.

HOWEVER, THE worst results of this war are still invisible and will make themselves felt only in years to come: Israel has imprinted on world consciousness a terrible image of itself. Billions of people have seen us as a blood-dripping monster. They will never again see Israel as a state that seeks justice, progress and peace. The American Declaration of Independence speaks with approval of “a decent respect to the opinions of mankind”. That is a wise principle.

Even worse is the impact on hundreds of millions of Arabs around us: not only will they see the Hamas fighters as the heroes of the Arab nation, but they will also see their own regimes in their nakedness: cringing, ignominious, corrupt and treacherous.

The Arab defeat in the 1948 war brought in its wake the fall of almost all the existing Arab regimes and the ascent of a new generation of nationalist leaders, exemplified by Gamal Abd-al-Nasser. The 2009 war may bring about the fall of the current crop of Arab regimes and the ascent of a new generation of leaders – Islamic fundamentalists who hate Israel and all the West..

In coming years it will become apparent that this war was sheer madness. The boss has indeed gone mad – in the original sense of the word.

Civilizacion y Barbarie

La muerte de un niño, cansinamente relatada de tanto en tanto en un rincón de la página “Internacionales” de cualquier periódico no suele despertarnos sentimientos muy exaltados. Se sabe: la repetición de la barbarie no la transforma en civilización, pero adormece los sentidos, apachorra la indignación. El veneno diario en pequeñas dosis puede ser, incluso, muy efectivo cuando irrumpe una cantidad pantagruélica en nuestro torrente sanguíneo.
Todos los días mueren niños, la mayoría por causas evitables, acá nomás, a diez cuadras. ¿Por qué rasgarse las vestiduras ante una muerte a más de diez mil kilómetros?
Aquí, como casi siempre, los poetas lo dicen mejor. Paso, entonces, a un grande:
 
TODOS NOSOTROS

Que cosa terrible sentir
que el tipo de al lado no importa,
que no existe, ni pincha ni corta,
que si hace un infarto la mujer aborta.
No nos molesta ni nos importa,
no nos molesta ni nos importa.

Qué cosa terrible y normal
que la gente se muera de guerra,
que reviente, que esté en la miseria,
esta cosa tan simple, esta cosa tan seria,
no nos enoja ni nos aterra,
no nos enoja ni nos aterra.

Lo que no te toca de cerca
finalmente no interesa.
Somos como las viejas
que juegan a la canasta
y combaten la pobreza
con un poco de pereza.

Qué cosa terrible saber
que la gente de arriba es siniestra
que es tan vieja y enferma que apesta
pero nadie la acusa y nadie protesta,
y no nos importa ni nos molesta,
y no nos importa ni nos molesta.

Qué cosa terrible pensar
que mientras yo creo ser centro,
me doy cuenta que nadie por dentro
movería una mano por verme contento,
y no me molesto ni me caliento
y no me molesto ni me caliento.

Lo que no te toca de cerca
se olvida, no importa, se esconde.
Somos como los perros
que tienen un hueso enterrado
y no se acuerdan adónde,
pobres perros casi hombres…

Qué cosa terrible saber
que la vida se achica y se acorta,
y no nos importa y no nos importa
y no nos importa y no nos importa
y no nos importa, hmmm.

Letra y Música de Jorge Schussheim

 
Resulta difícil mejorar esto. Así las cosas, y sin poder hacernos los distraídos, solo resta, tal vez, sacudirnos la apatía, despertar los sentidos, escupir la indignación, no sea cosa que se nos anquilose dentro, y como un alien nos devore, despacito, sin que nos demos cuenta, o – peor, infinitamente – que nada nos importe.
Gritar, entonces, puede ser la consigna, ahora como hace cien años:
 
En la ciudad asesinada

Levántate y ve a la ciudad asesinada
y con tus própios ojos verás, y con tus manos sentirás
en las cercas y sobre los árboles y en los muros
la sangre seca y los cerebros duros de los muertos…

Jaim Najman Bialik

¿Qué nos queda, si no, al ver las imágenes del horror? Gritar, expulsar el veneno de la costumbre, vomitar el asco del tóxico embrutecedor. Inundar el cuerpo con el aire puro del grito, de la santa indignación. Limpiar los pulmones de tanta basura cotidiana, vociferar hasta que sangre la garganta. Llamar, de una vez por todas, a las cosas por su nombre, por ejemplo:

Muy claras son las cosas, y la honestidad impone llamarlas por su nombre: al crimen de guerra, al crimen de lesa humanidad, y al genocidio. La destrucción de toda la infraestructura que posibilita la vida humana en conglomerados urbanos es un crimen contra la humanidad. El bombardeo de áreas civiles desprotegidas es un crimen de guerra, y la demolición de edificios civiles y residencias particulares con seres humanos adentro es genocidio. De poco les servirá tratar de ocultarlo al mundo: lo verán en sus ojos cuando crucen miradas. Lo sentirán cuando sus hijos les pregunten: ¿Y tú que hiciste en la guerra, papá?

udi, diciembre de 2008

Fábula romántico-política

El gobierno, se me ocurre, se parece a esos novios abandonados, que intentan seducir nuevamente a su ex-novia, que ya tiró la chancleta alegremente con su peor enemigo (el del novio…y el de ella misma) que la va a dejar preñada y lamentándose, si es que primero no la hace laburar en la calle para él.

En estas situaciones lo mejor que el novio (el gobierno) puede hacer es abandonar a la veleidosa a su suerte, hacer de tripas corazón, aguantar el dolor de cuernos, y volver al barrio, donde lo espera, callada, su primera noviecita de la infancia-adolescencia. De humilde percal, raído por los sucesivos planes económicos y que en silencio vio como su amor de juventud dilapidaba sus escasos recursos en costosísimos regalos a la casquivana.

- Andá, comprale un regalito, un delantal nuevo, aunque sea. Dejate de fantasear con caros perfumes de shopping para la traidora, que no la vas a recuperar. Ya vendrá solita, cuando tu enemigo (y el de ella) la abandone como lastre cuando las papas queman. Hoy, por más presentes y cartitas de amor que le mandes, los va a recibir y se va a reir de vos. Guardate un poco de dignidad, no recurras a matones para que la aleccionen. ¡Peor!, te va a acusar de golpeador. Así que más te va a servir acordarte de los que no te van a fallar. Haceme caso, pibe.

Un recuerdo del 19 de diciembre de hace 7 años

Estimados: esto fue escrito al calor de aquellas jornadas del 19-20 de diciembre del 2001. Mucha agua corrió bajo el puente e innumerables han sido las interpretaciones posteriores. Esto no tuvo otra pretensión que la crónica, y asi espero que se recuerde.

La revolución en ojotas

La tarde del 19 transcurría entre TN, Crónica y mucho mate. Los llamados telefónicos cruzados daban cuenta de la inquietud que nos embargaba a todos.
- ¿Estás viendo la tele? – Nos preguntábamos, ya no tan incrédulos como tristes. Creo que la mejor síntesis es esa: tristeza. Un poco de amargura, impotencia, bronca. Pero, básicamente, tristeza. ¿Por qué en este bendito país otra vez el dolor de la miseria? Encarnada presencia que tan sólo un día antes olvidábamos, acorralados, esperando unas fiestas que- ya sabíamos – serían las más tristes en años, décadas.
Era imperioso reunirse con alguien para compartir el dolor, sostenerse mutuamente. ¿Y ahora? ¿Qué hacer? Las imágenes nos remitían a 12 años atrás. El calor y las vestimentas a zonas tropicales imprecisas. ¿Por qué será que los pueblos hacen tronar el escarmiento en jornadas tórridas? ¿Es el calor que enerva los cuerpos, excita los sentidos?
Mi sociólogo de cabecera opina que el valor simbólico de la sidra en la mesa navideña es muy fuerte como para soportar su ausencia. Las primeras expresiones de comprensión por parte de los cronistas comienzan a ser matizadas. La sustracción de televisores o lavarropas no tiene nunca buena prensa.
Mi sociólogo me recuerda aquel dicho, tan común hasta no hace tanto tiempo, que deploraba las deficientes decisiones financieras de los pobres que los llevaban a levantar antenas de televisión sobre las chapas de sus precarios hábitats. ¿Cuándo dejarían de ser pobres si persistían en escanciar innumerables botellas de tinto para regar pantagruélicos asados? Aunque hoy en día sería lícito discrepar con la actualidad de semejante afirmación.
Las transmisiones televisivas van desde la urgencia en vivo hasta la revisión de acontecimientos de media o varias horas atrás. La referencia espacial es un dato menor: todas las caras son parecidas. Rostros criollos que la Argentina blanca sólo registra en las esquinas, limpiando parabrisas; en las crónicas policiales del conurbano; o en documentales de domingos invernales, con mirada antropológica, antes del fútbol.
Miradas huidizas ante las cámaras, semisonrrisas de complicidad, la excitación doble del desafío al orden y del anticipado disfrute del desquite ante tanta privación, tanto toqueteo a la glándula del consumo sin obtener satisfacción.
Marcas de época: las encías desvestidas delatan cualquier identidad que alguna ropa con marca trucha pueda confundir. Cunden las camisetas: Boca, River y muchas otras menos reconocibles fuera del barrio o partido; asoman así las identidades profundas, las verdaderamente irrenunciables, las que no se niegan ni bajo tortura: la piel y la pasión por la divisa amada. No hay religión que compita con ese amor, ni sentimiento que movilice más.
Suena el teléfono: es la secretaria de mi analista que me recuerda que el licenciado tomará sus vacaciones en febrero, como siempre, y que si necesito alguna consulta de urgencia la concierte llamándola con 24 horas de anticipación, como siempre. De paso alude a las seis sesiones que debo, y que no, no aceptamos pagos en tarjeta o cheque, como están las cosas hoy en día sólo en efectivo. Fin de la conversación, me pregunto si esta terapia será la más apropiada para los tiempos que corren, como no encuentro la respuesta abandono la cuestión.
Los amigos hacen el aguante: juntos se soportan mejor esas miradas mudas, ese morderse el labio inferior moviendo la cabeza de este a oeste.
- ¡Calentá el agua, ché! Hay que romper el silencio y comenzar a verbalizar el desconcierto. Las primeras aproximaciones rondan las teorías conspirativas: Que los “perucas”, que alguna ultraizquierda trasnochada.
Lentamente una certeza nos invade: sólo pulsiones muy fuertes mueven a las personas a transgredir leyes, códigos, costumbres y mandamientos. El hambre se corporiza, y su visión también nos denigra, sólo un poco, es cierto, comparado con quién lo siente. Un bochorno muy evidente nos asalta ante la vista de alimentos pisoteados, repartos que recuerdan a los viejos jardines zoológicos. Ya ni a los animales se les entrega el alimento así. Todos nos sentimos un poco sucios. ¿Será nuestra también – aunque sea en parte – la culpa? ¿No hicimos lo que sabíamos que era necesario?
La opinión del sociólogo ya no fluye nimbada del aura de respetabilidad académica que le da a las palabras un peso, una redondez, un cierto tono de punto final. Entre mate y mate sus juicios lucen deshilvanados, cae – como todos – en universales interjecciones, tan cargadas de significados, tan conocidas…
- ¡Qué barbaridad, ché!
Muy despacito siento que la acidez estomacal comienza a subir, a bajar. Algo dentro de mí cobra vida, no puede deberse únicamente a la sobredosis de yerba mate. La opresión a la altura del diafragma se parece demasiado al pánico. Y me digo que no, que basta de miedo, que ya no hay nada que perder, sólo – quizás – la pusilanimidad; y que frente a la indignidad hay sólo una respuesta: la indignación, la pura y santa indignación.
Una certeza se va instalando: el día más largo del año se adelantó. La tarde recién comienza y se nota la preñez que carga. Oscuros nubarrones que presagian un fin de época.
Mas llamados telefónicos: – Poné la radio, – ordenan. Ya hay muertos, pobres. Los pobres son muertos. Pobres muertos, muertos pobres. Un muerto es un muerto es un muerto es un muerto. Pobres los pobres.
Un supermercado vacío parece muerto. Un pobre, muerto, ¿Qué parece? Pobres de solemnidad. Certificado de pobreza. Tienen dónde caerse muertos. En zanjas mal trazadas, veredas rotas, calles de tierra y asfaltos calientes. Un pobre Cristo cae muerto del techo de una escuela, pobre. Pobres centuriones matan por pocas monedas.
Avanza la tarde, y los bizcochos se imponen para acompañar al mate. Los comemos con poca hambre y algo de vergüenza.
La tele trae más retratos. Humo y policías. Chicos corriendo, muchos chicos. ¿Por qué será que dónde hay pobres siempre hay muchos chicos?
Un ministro llena la pantalla: el gobierno va a actuar con la ley en la mano. La vida, libertad y patrimonio de los argentinos serán protegidos. No aclara en qué orden de prioridades.
Imágenes del paraíso patronal: empleados armados para defender el capital. Pobres contra pobres. ¿Quién ganará? ¿Cuántos pollos por día puede comer uno? ¿Cuántos días sin pollo puede aguantar uno? Dicen los números que en el país se comen tantos pollos por persona por año. Sin duda alguien está comiendo de más, por que en la tele aparecen personas que no parecen haber comido ninguno en muchísimo tiempo.
Mi amigo el sociólogo propone darse una vuelta por el mercadito del barrio, quizás necesite de nuestra ayuda frente a posibles ataques.
Hay transmisión en directo de la ciudad y del país, entiéndase, de la capital y su conurbano.La ciudad está paralizada. Nadie circula, y ya comienzan a operar – caramba, qué temprano – las usinas de rumores. En tal barrio tal cosa, y en tal otro, tal otra. Vienen de allá para acá, y van de acá para ¿dónde?
La aparición en la caja boba de esquinas conocidas siempre tiene algo fascinante. Un supermercado saca botellas de aceite a la calle.
- Para prevenir el saqueo lo va a regalar a los pobres, – supone mi amigo el sociólogo -, ese tipo comprende que hay que perder algo para sostener el sistema. Es más, – me apostrofa – es un burgués lúcido.
Algo de repente no encaja: los empleados comienzan a derramar el aceite en la vereda.
- Es para evitar el saqueo – aleccionan al periodista que interroga algo morbosamente. Uno imagina el improbable espectáculo de pobres patinando en aceite, pero es muy fuerte.
A lo lejos gente corre, policías gritan. En la puerta de su casa el vecino, de rigurosa camiseta musculosa, opina que no hay que escatimar palos, y que el hambre no ha de ser tanta, ya que acaba de observar, fíjese Usted que oportuno, como un chiquilín rechazaba unas facturas de ayer que le habían sobrado – estaban buenas, no crea – para ir detrás de la góndola de los dulces en el supermercado que saquearon en la otra cuadra. A este paso van a querer comer asado todas las noches, o brindar con pan dulce italiano para las fiestas.
Los amigos se van, quizás un tanto resentidos por mis evasivas ante alusiones a poner algo más sustantivo que bizcochos sobre la mesa.
En directo desde casa de gobierno los cronistas informan que los uniformes blancos que pululan por el salón blanco fueron invitados y no han venido, como algunos alarmistas difundieron, para proclamar algo. La preocupación presidencial por los acontecimientos se refleja en el gesto adusto con que reparte condecoraciones. Ningún hecho anecdótico que se produzca en lugares tan poco relevantes como Moreno o La Tablada podrá interrumpir fastos previstos tiempo antes, y que tanta importancia tienen para consolidar las relaciones entre el ejecutivo y las fuerzas armadas. Fin del comunicado. Las emisoras participantes continúan con la difusión de sus respectivos programas.
Los canales de aire, luego de febriles negociaciones con sus principales patrocinantes – ¿Patrones? – Comienzan programaciones especiales. Por ahora es tiempo de crónicas, recién mas tarde, cuando la gente pensante retorne a sus hogares (o se acueste la que sale a trabajar – o buscar trabajo – a las seis de la mañana), a esas horas, digo, vendrán los sesudos analistas que masticarán, regurgitarán y vomitarán las explicaciones, y recomendaciones, que la situación impone.
Como todos los días espero el horario de tarifa telefónica reducida para abrir mi e-mail. Mensajes de amigos por el mundo: ¿Qué pasa?
Respuesta única para todos: ¿Cómo saberlo? Por las dudas pido socorro, aunque sea condolencias, por lo menos un poquito de solidaridad. Pero ese es un bien escaso, aún electrónicamente.
La tristeza invade la cena, y hace falta más soda que la de costumbre para tragar los bocados. Las informaciones sobre el ansiado mensaje presidencial son contradictorias: que ahora, que después, que el hijo, que la madre. Los rostros ministeriales evaden precisiones.
La incertidumbre planea sobre los argentinos. Sordos ruidos oír se dejan: acero contra acero, pero nada de corceles o jinetes. De rigurosa infantería la gente sale a las calles.
Por lo pronto allí se quedan, como quién sale a la luz después de un largo encierro. Los ojos se acostumbran despacio a la presencia del otro. ¿También él siente lo que siento yo? Ese tipo en bermudas y esa mujer con ruleros: ¿Son mis semejantes?
La televisión muestra gente parada en las esquinas. ¿Qué tienen esas señoras con aspecto de venerables matronas en sus manos? Las noticias confirman la gravedad de los sucesos: se ha suspendido el fútbol. Sólo un cataclismo es comparable a esto. Ahora es oficial. Caras de sorpresa en la mesa familiar. La aparición del escudo nacional en la pantalla debería traer mesura y tranquilidad, pero no, casualmente no.
Mensaje presidencial. ¡Casi nada! Veamos. Vagas palabras plagan la vana parla.
Un sonido se filtra hasta las capas mas profundas de la conciencia. No, no es eso. Digo: no puede ser. Fin del mensaje. Periodistas de saco y corbata, y otros solamente con saco confirman lo oído pero no asumido. Tres palabras que erizan la piel de la nuca, y ahora sí, la santa indignación que vuelve, se instala cómodamente en el cuerpo, se adapta a cada rincón y reproduce curvas, huecos y protuberancias: somos toda santa indignación, y así como la humillación se traga la indignación se expulsa. Hay que sacarlo todo afuera.
- Vamos – digo, y todos en casa saben adónde. Elementos para hacer ruido; si la voz no se escucha será la hora de los instrumentos, pues. Pitos y cacerolas, algunas no muy limpias – mejor – quizás tengan más contundencia. Tres palabras siguen resonando en la conciencia de cada uno de esos que, al paso por las esquinas, se van sumando.- ¡Vamos, doctor, vamos!- ¡Vamos, doña Rosa, vamos!- ¡Dale Pepe, vamos!
Los chicos van en la punta; y está bien que así sea. Para ellos las tres palabras no cargan tanto recuerdo. Son puros, y su alegría contagia: hay que hacerlo con alegría, la indignación camina, pero la alegría marcha. Y marchamos, sin saber bien qué queremos, pero convencidos de lo que no queremos. Tres palabras lo resumen.
Autos con banderas no lo quieren. Hermosas veinteañeras con caras camisetas de la selección no lo quieren. Adolescentes ricoteros de los barrios no lo quieren. Comerciantes pequeños y empequeñecidos no lo quieren. Sociólogos de prolija barba no lo quieren. Psicólogas sin trabajo no lo quieren. Desocupados desesperanzados no lo quieren. Los policías que cobran magros bonos: ¿Lo querrán?
Pura y santa indignación por lo que han hecho de este país que – sí, aun que sea cursi decirlo – amamos. Cada uno como puede, y otros como lo dejen.
Acorralados, eternos deudores, los argentinos saben lo que no quieren: tres palabras lo resumen.
Todo el mundo en pantalón corto, zapatillas y ojotas. ¡Cómo! ¿Este no era hasta hace poco un país de estreñidos?
- Ya ganamos algo – digo, perdimos la pacatería.
De los aerosoles brotan las respuestas: ¡No! A las tres ominosas palabras. Marchamos, y somos muchos. Y somos semejantes. Ese señor de elegantes bermudas y camisa de marca: ¿Será mi prójimo? ¿O será el borrachito que duerme en la galería céntrica? ¿Será ese viejo militante que no puede ocultar el brillo en su mirada?
A todos nos ganan antiguos fulgores. No sabemos qué queremos, pero sí – y muy bien – lo que no queremos: tres palabras ya lo dicen.
¡Al estado de sitio, se lo meten en el culo!

udi, diciembre de 2001

La Haine

PROPUESTA CONCRETA (Modesta contribución a un debate con altura y esclarecedor)

Dijo alguna vez nuestro vate máximo que toda escritura es re-escritura. O algo asi. Como sea, pongo a consideración de los participantes en este espacio denominado (brillantemente) “Artepolítica” una propuesta concreta para acabar con el hambre en nuestro país. Espero sea bien considerada, sobre todo por aquellos que – con sanas intenciones, supongo – deploraban cierta tendencia a la parla vana, o charlatanería, en lenguaje más llano. Si bien esta proposición fue enunciada hace casi trecientos años, no deja de tener su miga, y su encanto, porqué negarlo.

Sugiero, humildemente, prestar atención al párrafo resaltado. Y les deseo que lo disfruten.

Una modesta proposición:
Para prevenir que los niños de los pobres de Irlanda sean una
carga para sus padres o el país, y para hacerlos útiles al público

[Sátira: Texto completo]Jonathan Swift

Dublín, Irlanda, 1729

Es un asunto melancólico para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el campo, ver las calles, los caminos y las puertas de las cabañas atestados de mendigos del sexo femenino, seguidos de tres, cuatro o seis niños, todos en harapos e importunando a cada viajero por una limosna. Esas madres, en vez de hallarse en condiciones de trabajar para ganarse la vida honestamente, se ven obligadas a perder su tiempo en la vagancia, mendigando el sustento de sus desvalidos infantes: quienes, apenas crecen, se hacen ladrones por falta de trabajo, o abandonan su querido país natal para luchar por el Pretendiente en España, o se venden a sí mismos en las Barbados.

Creo que todos los partidos están de acuerdo en que este número prodigioso de niños en los brazos, sobre las espaldas o a los talones de sus madres, y frecuentemente de sus padres, resulta en el deplorable estado actual del Reino un perjuicio adicional muy grande; y por lo tanto, quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros cabales y útiles del estado, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.

Pero mi intención está muy lejos de limitarse a proveer solamente por los niños de los mendigos declarados: es de alcance mucho mayor y tendrá en cuenta el número total de infantes de cierta edad nacidos de padres que de hecho son tan poco capaces de mantenerlos como los que solicitan nuestra caridad en las calles.

Por mi parte, habiendo volcado mis pensamientos durante muchos años sobre este importante asunto, y sopesado maduradamente los diversos planes de otros proyectistas, siempre los he encontrado groseramente equivocados en su cálculo. Es cierto que un niño recién nacido puede ser mantenido durante un año solar por la leche materna y poco alimento más; a lo sumo por un valor no mayor de dos chelines o su equivalente en mendrugos, que la madre puede conseguir ciertamente mediante su legítima ocupación de mendigar. Y es exactamente al año de edad que yo propongo que nos ocupemos de ellos de manera tal que en lugar de constituir una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, contribuirán por el contrario a la alimentación, y en parte a la vestimenta, de muchos miles.

Hay además otra gran ventaja en mi plan, que evitará esos abortos voluntarios y esa práctica horrenda, ¡cielos!, ¡demasiado frecuente entre nosotros!, de mujeres que asesinan a sus hijos bastardos, sacrificando a los pobres bebés inocentes, no sé si más por evitar los gastos que la vergüenza, lo cual arrancaría las lágrimas y la piedad del pecho más salvaje e inhumano.

El número de almas en este reino se estima usualmente en un millón y medio, de éstas calculo que puede haber aproximadamente doscientas mil parejas cuyas mujeres son fecundas; de ese número resto treinta mil parejas capaces de mantener a sus hijos, aunque entiendo que puede no haber tantas bajo las actuales angustias del reino; pero suponiéndolo así, quedarán ciento setenta mil parideras. Resto nuevamente cincuenta mil por las mujeres que abortan, o cuyos hijos mueren por accidente o enfermedad antes de cumplir el año. Quedan sólo ciento veinte mil hijos de padres pobres nacidos anualmente: la cuestión es entonces, cómo se educará y sostendrá a esta cantidad, lo cual, como ya he dicho, es completamente imposible, en el actual estado de cosas, mediante los métodos hasta ahora propuestos. Porque no podemos emplearlos ni en la artesanía ni en la agricultura; ni construimos casas (quiero decir en el campo) ni cultivamos la tierra: raramente pueden ganarse la vida mediante el robo antes de los seis años, excepto cuando están precozmente dotados, aunque confieso que aprenden los rudimentos mucho antes, época durante la cual sólo pueden considerarse aficionados, según me ha informado un caballero del condado de Cavan, quien me aseguró que nunca supo de más de uno o dos casos bajo la edad de seis, ni siquiera en una parte del reino tan renombrada por la más pronta competencia en ese arte.

Me aseguran nuestros comerciantes que un muchacho o muchacha no es mercancía vendible antes de los doce años; e incluso cuando llegan a esta edad no producirán más de tres libras o tres libras y media corona como máximo en la transacción; lo que ni siquiera puede compensar a los padres o al reino el gasto en nutrición y harapos, que habrá sido al menos de cuatro veces ese valor.

Propondré ahora por lo tanto humildemente mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.

Me ha asegurado un americano muy entendido que conozco en Londres, que un tierno niño sano y bien criado constituye al año de edad el alimento más delicioso, nutritivo y saludable, ya sea estofado, asado, al horno o hervido; y no dudo que servirá igualmente en un fricasé o un ragout.

Ofrezco por lo tanto humildemente a la consideración del público que de los ciento veinte mil niños ya calculados, veinte mil se reserven para la reproducción, de los cuales sólo una cuarta parte serán machos; lo que es más de lo que permitimos a las ovejas, las vacas y los puercos; y mi razón es que esos niños raramente son frutos del matrimonio, una circunstancia no muy estimada por nuestros salvajes, en consecuencia un macho será suficiente para servir a cuatro hembras. De manera que los cien mil restantes pueden, al año de edad, ser ofrecidos en venta a las personas de calidad y fortuna del reino; aconsejando siempre a las madres que los amamanten copiosamente durante el último mes, a fin de ponerlos regordetes y mantecosos para una buena mesa. Un niño llenará dos fuentes en una comida para los amigos; y cuando la familia cene sola, el cuarto delantero o trasero constituirá un plato razonable, y sazonado con un poco de pimienta o de sal después de hervirlo resultará muy bueno hasta el cuarto día, especialmente en invierno.

He calculado que como término medio un niño recién nacido pesará doce libras, y en un año solar, si es tolerablemente criado, alcanzará las veintiocho.

Concedo que este manjar resultará algo costoso, y será por lo tanto muy apropiado para terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parecen acreditar los mejores derechos sobre los hijos.

Todo el año habrá carne de infante, pero más abundantemente en marzo, y un poco antes o después: pues nos informa un grave autor, eminente médico francés, que siendo el pescado una dieta prolífica, en los países católicos romanos nacen muchos mas niños aproximadamente nueve meses después de Cuaresma que en cualquier otra estación; en consecuencia, contando un año después de Cuaresma, los mercados estarán más abarrotados que de costumbre, porque el número de niños papistas es por lo menos de tres a uno en este reino: y entonces esto traerá otra ventaja colateral, al disminuir el número de papistas entre nosotros.

Ya he calculado el costo de crianza de un hijo de mendigo (entre los que incluyo a todos los cabañeros, a los jornaleros y a cuatro quintos de los campesinos) en unos dos chelines por año, harapos incluidos; y creo que ningún caballero se quejaría de pagar diez chelines por el cuerpo de un buen niño gordo, del cual, como he dicho, sacará cuatro fuentes de excelente carne nutritiva cuando sólo tenga a algún amigo o a su propia familia a comer con él. De este modo, el hacendado aprenderá a ser un buen terrateniente y se hará popular entre los arrendatarios; y la madre tendrá ocho chelines de ganancia limpia y quedará en condiciones de trabajar hasta que produzca otro niño.

Quienes sean más ahorrativos (como debo confesar que requieren los tiempos) pueden desollar el cuerpo; con la piel, artificiosamente preparada, se podrán hacer admirables guantes para damas y botas de verano para caballeros elegantes.

En nuestra ciudad de Dublín, los mataderos para este propósito pueden establecerse en sus zonas más convenientes, y podemos estar seguros de que carniceros no faltarán; aunque más bien recomiendo comprar los niños vivos y adobarlos mientras aún están tibios del cuchillo, como hacemos para asar los cerdos.

Una persona muy respetable, verdadera amante de su patria, cuyas virtudes estimo muchísimo, se entretuvo últimamente en discurrir sobre este asunto con el fin de ofrecer un refinamiento de mi plan. Se le ocurrió que, puesto que muchos caballeros de este reino han terminado por exterminar sus ciervos, la demanda de carne de venado podría ser bien satisfecha por los cuerpos de jóvenes mozos y doncellas, no mayores de catorce años ni menores de doce; ya que son tantos los que están a punto de morir de hambre en todo el país, por falta de trabajo y de ayuda; de éstos dispondrían sus padres, si estuvieran vivos, o de lo contrario, sus parientes más cercanos. Pero con la debida consideración a tan excelente amigo y meritorio patriota, no puedo mostrarme de acuerdo con sus sentimientos; porque en lo que concierne a los machos, mi conocido americano me aseguró, en base a su frecuente experiencia, que la carne era generalmente correosa y magra, como la de nuestros escolares por el continuo ejercicio, y su sabor desagradable; y cebarlos no justificaría el gasto. En cuanto a la mujeres, creo humildemente que constituiría una pérdida para el público, porque muy pronto serían fecundas; y además, no es improbable que alguna gente escrupulosa fuera capaz de censurar semejante práctica (aunque por cierto muy injustamente) como un poco lindante con la crueldad; lo cual, confieso, ha sido siempre para mí la objeción más firme contra cualquier proyecto, por bien intencionado que estuviera.

Pero a fin de justificar a mi amigo, él confesó que este expediente se lo metió en la cabeza el famoso Psalmanazar, un nativo de la isla de Formosa que llegó de allí a Londres hace más de veinte años, y que conversando con él le contó que en su país, cuando una persona joven era condenada a muerte, el verdugo vendía el cadáver a personas de calidad como un bocado de los mejores, y que en su época el cuerpo de una rolliza muchacha de quince años, que fue crucificada por un intento de envenenar al emperador, fue vendido al Primer Ministro del Estado de Su Majestad Imperial y a otros grandes mandarines de la corte, junto al patíbulo, por cuatrocientas coronas. Ni en efecto puedo negar que si el mismo uso se hiciera de varias jóvenes rollizas de esta ciudad, que sin tener cuatro peniques de fortuna no pueden andar si no es en coche, y aparecen en el teatro y las reuniones con exóticos atavíos que nunca pagarán, el reino no estaría peor.

Algunas personas de espíritu agorero están muy preocupadas por la gran cantidad de pobres que están viejos, enfermos o inválidos, y me han pedido que dedique mi talento a encontrar el medio de desembarazar a la nación de un estorbo tan gravoso. Pero este asunto no me aflige en absoluto, porque es muy sabido que esa gente se está muriendo y pudriendo cada día por el frío y el hambre, la inmundicia y los piojos, tan rápidamente como se puede razonablemente esperar. Y en cuanto a los trabajadores jóvenes, están en una situación igualmente prometedora; no pueden conseguir trabajo y desfallecen de hambre, hasta tal punto que si alguna vez son tomados para un trabajo común no tienen fuerza para cumplirlo; y entonces el país y ellos mismos son felizmente librados de los males futuros.

He divagado excesivamente, de manera que volveré al tema. Me parece que las ventajas de la proposición que he enunciado son obvias y muchas, así como de la mayor importancia.

En primer lugar, como ya he observado, disminuiría grandemente el número de papistas que nos invaden anualmente, que son los principales engendradores de la nación y nuestros enemigos más peligrosos; y que se quedan en el país con el propósito de entregar el reino al Pretendiente, esperando sacar ventaja de la ausencia de tantos buenos protestantes, quienes han preferido abandonar el país antes que quedarse en él pagando diezmos contra su conciencia a un cura episcopal.

Segundo, los más pobres arrendatarios poseerán algo de valor que la ley podrá hacer embargable y que les ayudará a pagar su renta al terrateniente, habiendo sido confiscados ya su ganado y cereales, y siendo el dinero algo desconocido para ellos.

Tercero, puesto que la manutención de cien mil niños, de dos años para arriba, no se puede calcular en menos de diez chelines anuales por cada uno, el tesoro nacional se verá incrementado en cincuenta mil libras por año, sin contar el provecho del nuevo plato introducido en las mesas de todos los caballeros de fortuna del reino que tengan algún refinamiento en el gusto. Y el dinero circulará sólo entre nosotros, ya que los bienes serán enteramente producidos y manufacturados por nosotros.

Cuarto, las reproductoras constantes, además de ganar ocho chelines anuales por la venta de sus niños, se quitarán de encima la obligación de mantenerlos después del primer año.

Quinto, este manjar atraerá una gran clientela a las tabernas, donde los venteros serán seguramente tan prudentes como para procurarse las mejores recetas para prepararlo a la perfección, y consecuentemente ver sus casas frecuentadas por todos los distinguidos caballeros, quienes se precian con justicia de su conocimiento del buen comer: y un diestro cocinero, que sepa cómo agradar a sus huéspedes, se las ingeniará para hacerlo tan caro como a ellos les plazca.

Sexto: esto constituirá un gran estímulo para el matrimonio, que todas las naciones sabias han alentado mediante recompensas o impuesto mediante leyes y penalidades. Aumentaría el cuidado y la ternura de las madres hacia sus hijos, al estar seguras de que los pobres niños tendrían una colocación de por vida, provista de algún modo por el público, y que les daría una ganancia anual en vez de gastos. Pronto veríamos una honesta emulación entre las mujeres casadas para mostrar cuál de ellas lleva al mercado al niño más gordo. Los hombres atenderían a sus esposas durante el embarazo tanto como atienden ahora a sus yeguas, sus vacas o sus puercas cuando están por parir; y no las amenazarían con golpearlas o patearlas (práctica tan frecuente) por temor a un aborto.

Muchas otras ventajas podrían enumerarse. Por ejemplo, la adición de algunos miles de reses a nuestra exportación de carne en barricas, la difusión de la carne de puerco y el progreso en el arte de hacer buen tocino, del que tanto carecemos ahora a causa de la gran destrucción de cerdos, demasiado frecuentes en nuestras mesas; que no pueden compararse en gusto o magnificencia con un niño de un año, gordo y bien desarrollado, que hará un papel considerable en el banquete de un Alcalde o en cualquier otro convite público. Pero, siendo adicto a la brevedad, omito esta y muchas otras ventajas.

Suponiendo que mil familias de esta ciudad serían compradoras habituales de carne de niño, además de otras que la comerían en celebraciones, especialmente casamientos y bautismos: calculo que en Dublín se colocarían anualmente cerca de veinte mil cuerpos, y en el resto del reino (donde probablemente se venderán algo más barato) las restantes ochenta mil.

No se me ocurre ningún reparo que pueda oponerse razonablemente contra esta proposición, a menos que se aduzca que la población del Reino se vería muy disminuida. Esto lo reconozco francamente, y fue de hecho mi principal motivo para ofrecerla al mundo. Deseo que el lector observe que he calculado mi remedio para este único y particular Reino de Irlanda, y no para cualquier otro que haya existido, exista o pueda existir sobre la tierra. Por consiguiente, que ningún hombre me hable de otros expedientes: de crear impuestos para nuestros desocupados a cinco chelines por libra; de no usar ropas ni mobiliario que no sean producidos por nosotros; de rechazar completamente los materiales e instrumentos que fomenten el lujo exótico; de curar el derroche de engreimiento, vanidad, holgazanería y juego en nuestras mujeres; de introducir una vena de parsimonia, prudencia y templanza; de aprender a amar a nuestro país, en lo cual nos diferenciamos hasta de los lapones y los habitantes de Tupinambú; de abandonar nuestras animosidades y facciones, de no actuar más como los judíos, que se mataban entre ellos mientras su ciudad era tomada; de cuidarnos un poco de no vender nuestro país y nuestra conciencia por nada; de enseñar a los terratenientes a tener aunque sea un punto de compasión de sus arrendatarios. De imponer, en fin, un espíritu de honestidad, industria y cuidado en nuestros comerciantes, quienes, si hoy tomáramos la decisión de no comprar otras mercancías que las nacionales, inmediatamente se unirían para trampearnos en el precio, la medida y la calidad, y a quienes por mucho que se insistiera no se les podría arrancar una sola oferta de comercio honrado.

Por consiguiente, repito, que ningún hombre me hable de esos y parecidos expedientes, hasta que no tenga por lo menos un atisbo de esperanza de que se hará alguna vez un intento sano y sincero de ponerlos en práctica. Pero en lo que a mí concierne, habiéndome fatigado durante muchos años ofreciendo ideas vanas, ociosas y visionarias, y al final completamente sin esperanza de éxito, di afortunadamente con este proyecto, que por ser totalmente novedoso tiene algo de sólido y real, trae además poco gasto y pocos problemas, está completamente a nuestro alcance, y no nos pone en peligro de desagradar a Inglaterra. Porque esta clase de mercancía no soportará la exportación, ya que la carne es de una consistencia demasiado tierna para admitir una permanencia prolongada en sal, aunque quizá yo podría mencionar un país que se alegraría de devorar toda nuestra nación aún sin ella.

Después de todo, no me siento tan violentamente ligado a mi propia opinión como para rechazar cualquier plan propuesto por hombres sabios que fuera hallado igualmente inocente, barato, cómodo y eficaz. Pero antes de que alguna cosa de ese tipo sea propuesta en contradicción con mi plan, deseo que el autor o los autores consideren seriamente dos puntos. Primero, tal como están las cosas, cómo se las arreglarán para encontrar ropas y alimentos para cien mil bocas y espaldas inútiles. Y segundo, ya que hay en este reino alrededor de un millón de criaturas de forma humana cuyos gastos de subsistencia reunidos las dejaría debiendo dos millones de libras esterlinas, añadiendo los que son mendigos profesionales al grueso de campesinos, cabañeros y peones, con sus esposas e hijos, que son mendigos de hecho: yo deseo que esos políticos que no gusten de mi propuesta y sean tan atrevidos como para intentar una contestación, pregunten primero a lo padres de esos mortales si hoy no creen que habría sido una gran felicidad para ellos haber sido vendidos como alimento al año de edad de la manera que yo recomiendo, y de ese modo haberse evitado un escenario perpetuo de infortunios como el que han atravesado desde entonces por la opresión de los terratenientes, la imposibilidad de pagar la renta sin dinero, la falta de sustento y de casa y vestido para protegerse de las inclemencias del tiempo, y la más inevitable expectativa de legar parecidas o mayores miserias a sus descendientes para siempre.

Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando de los niños, aliviando al pobre y dando algún placer al rico. No tengo hijos por los que pueda proponerme obtener un solo penique; el más joven tiene nueve años, y mi mujer ya no es fecunda.

Redada de la A.S.B.A. (Agencia de Seguridad de la ciudad de Buenos Aires) La Nazion

Otro éxito de la ASBA

(La Nazión) 08-12-08

En una sorpresiva y bien coordinada acción la ASBA logró anoche desbaratar una red de traficantes de “ideas perniciosas para la salud mental”. La novedosa y revolucionaria articulación entre los organismos de inteligencia de la ASBA y la fuerza de tareas de “Monitoreo de Actividades Antisociales”, compuesta por estudiantes avanzados de la carrera de “Ciencias de la Sociedad”  obtuvo otra resonante victoria en la prevención de actividades antisociales.

El decano de la facultad de “Ciencias de la sociedad”, Marcos Aguinis, relató a La Nazión como se consiguió atrapar a los elementos antisociales en plena tarea de organización de su “innoble comercio”.

Las aulas de la ex- facultad de Derecho de la disuelta UBA fueron el marco adecuado para la conferencia de prensa que brindaron Aguinis y el Comisario Coronel L. A. Patti, titular de la ASBA. Allí el decano se explayó acerca del vínculo que une a la Seguridad con el estudio de los comportamientos sociales, y la imprescindible necesidad de monitorear y prevenir el tráfico de ideas antisociales. El comisario coronel ofreció asimismo algunos detalles sobre el modus operandi de la fuerza de tareas conjunta.

“Los estudiantes de Ciencias de la Sociedad llevan a cabo una tarea de “patrullaje” de las comunicaciones electrónicas, leyendo en forma ordenada y metódica los “blogs” y páginas web en los que aparezcan menciones a posibles ilícitos sociales. Para esto se ha desarrollado el poderoso “buscador”, conocido por el nombre de su versión más difundida: el “1.98.4″. Esta herramienta busca en la web cadenas sintácticas que son utilizadas típicamente por los activistas antisociales, del tipo: “Los medios de comunicación masivos nos mienten”. Una vez detectado el sitio en el que se publican estas expresiones ilícitas se pone en marcha el mecanismo de “Acción Preventiva” (en la jerga: “AP”, no confundir con el sitio web recientemente declarado ilegal). La facultas emite un protocolo de “Necesidad de AP”, que se eleva a la autoridad de la ASBA. La Agencia, para proteger a la ciudadanía decente, inicia entonces el procedimiento. Naturalmente se observan los resguardos legales, informando a las 72 horas posteriores al interrogatorio de los elementos antisociales al “Juez de garantías”, que verifica la constitucionalidad del proceso, cuidando que ningún ciudadano que no haya “andado en algo” haya sido molestado durante el accionar de la ASBA.

La redada de anoche fue informada por un “team leader” de la comisión de “Ingeniería Social Rural”, conocido en el ámbito de la ASBA como “El martillo del progresismo negro”, Mariano T. Gracias a su veloz informe la ASBA pudo montar el operativo en Costanera Sur, dónde se habían reunido estos elementos antisociales para coordinar sus prácticas disolventes. Al parecer se movían convencidos de tener una total impunidad para sus crímenes y sin tomar ningún recaudo se dedicaron toda la noche a proferir amenazas al orden instituído, discutiendo – a viva voz – metodologías para operar sobre la conciencia de los ciudadanos decentes y proponiendo ideas antisociales tales como “justa distribución de la riqueza”, cuya peligrosidad huelga comentar. “El ambiente de jolgorio era el común denominador”, contó a La Nazión un participante de la redada.

Según la información transmitida por la “Superintendencia de Delitos Ideológicos”, dependiente del Ministerio de Seguridad” de la Jefatura de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a cargo del infatigable J. Morales Solá, la cabecilla del grupo respondía al nick “Eva Capitana”.

La totalidad de los participantes del cónclave, algunos en avanzado estado de ebriedad, fueron detenidos, de a uno o en parejas, a medida que se retiraban del lugar y “trasladados” a distintas dependencias de la ASBA, a fines de ser interrogados. Se detectó, incluso, la presencia de un reconocido inficionador de ideas antisociales del interior del país, el cual, por una cuestión juridisccional, será puesto a disposición de la Jefatura de Gobierno de la República Mesopotámica (que estará, desde el próximo 10 de este mes en las manos del “Protector de Gualeguaychú”, A. De Angeli). Asimismo se procedió a la deportación de un conocido agitador del sur de Santa Fe, el que se resistió durante escasos dos minutos, demostrando – amén de una cobardía rastrera -  estar bajo el influjo de sustancias alucinógenas que alteraban sus percepciones, lo cual quedó patente en expresiones del tipo: “Ahorcaremos al último milico con las tripas del último rabino”.

En síntesis: otro éxito de la ASBA, que ratifica el correcto camino en el que marcha – sin desviaciones “garantistas” – el Gobierno de la ciudad. Nos congratulamos de ello!