El sociólogo Vicente Palermo-en mi opinión un provocador genial- a través del Club de Cultura Socialista José Aricó propuso una respuesta a los firmantes de la «Carta Abierta firmada hace unas semanas por cerca de mil intelectuales, periodistas, artistas, y un largo etcétera.
Transcribo Ãntegra la respuesta de Palermo.
Carta abierta a (todos) los firmantes de la Carta Abierta / 1 del 19 de abril de 2008*
 DeberÃa ser obvio; escribo esta carta porque los respeto. Porque considero valioso y polÃticamente promisorio discutir con ustedes. No me interesa discutir con Mariano Grondona. No me atrae hacer la vivisección de Alfredo De Ãngelis, a quien conozco de naranjo por haber seguido sus pasos no menos desatinados que los que da ahora como protestador rural, cuando era uno de los principales activistas de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, asamblea que el gobierno nacional respaldó sin cortapisas en sus objetivos absurdos, diagnósticos tremendistas y metodologÃas “iliberales†(crÃa cuervos que te sacarán los ojos). Y no los respeto a ustedes solamente por las trayectorias en parte comunes que tengo con muchos de ustedes. También los respeto porque convocan a la discusión, del mismo modo en que lo estamos haciendo unos cuantos otros en estos mismos y amargos dÃas. Quien convoca necesita y se supone que quien convoca (como ustedes lo hacen) a la polÃtica plural y al debate necesita debatir. Quien escribe y dice lo que quiere ha de leer y escuchar quizás lo que no quiere.
Ustedes dicen que desde el 2003 la polÃtica ha vuelto a ocupar un lugar central en la Argentina. Personalmente creo que hay aquà un aspecto importante con el que coincido. Pero quiero precisar. No coincido con las visiones que sostienen que la polÃtica se allanó, en América del Sur en general, y hasta la nueva ola de gobiernos que ustedes mencionan, a la voluntad de los “discursos hegemónicosâ€, el “pensamiento único†y el poder de los mercados. Por ejemplo, en modo alguno se podrÃa ver al gobierno de Menem bajo esta óptica. Tampoco a muchos de los gobiernos de la región en los 90, que ustedes parecen colocar (al menos implÃcitamente) en la misma bolsa oscura del pasado “neoliberalâ€. No creo que esas simplificaciones sirvan para comprender muchas de las experiencias de nuestra región, como, por caso, el gobierno de FHC en Brasil. Creo que, emblemáticamente, la experiencia que se podrÃa leer en la Argentina como la defección trágica de la polÃtica es el gobierno de la Alianza. Puedo darles de barato que asà haya sido, lo que de paso me facilita las cosas para una primera crÃtica a mis propias posiciones pasadas, ya que acompañé al Frepaso y a la Alianza mucho más que la mayorÃa de ustedes. Y en ese sentido a ustedes no les falta razón: en efecto la gestión K (aunque, vaya uno a saber por qué, omiten ustedes a otros protagonistas de este mismo cambio, como Duhalde y el entonces ministro Lavagna) representa una cierta restituci&oacut! e;n del lugar de lo polÃtico. Y no solamente en polÃtica económica, Kirchner tomó la polÃtica en sus propias manos (como, me permito decirles, y si lo encuentran escandaloso serÃa bueno que argumentaran para explicar por qué no fue asÃ, lo hizo también otro peronista de intachables credenciales, Carlos Menem). Observación esta que me permite una segunda (y última, por esta vez) crÃtica a mi mismo (no utilizo el vocablo “autocrÃtica†porque me evoca cosas sumamente desagradables, supongo que las mismas o bastante parecidas que las que les evoca a ustedes, o al menos a algunos): tras la debacle de la convertibilidad y el derrumbe económico, social y polÃtico, yo me encontraba tan abrumado por el fracaso de las experiencia de la Alianza que mi diagnóstico acerca de lo posible no incluÃa algunas de las decisiones más importantes que en materia polÃtico-económica tomaron Duhalde/Lavagna y Kirchner/Lavagna. Hubo en esas decisiones polÃtica, y polÃtica acertada (por más cierto que sea que, luego del colapso, se habÃan ampliado enormemente los grados de libertad para los gobiernos, si comparados con los preexistentes, cuando la bomba de tiempo de la convertibilidad no habÃa estallado aún). Este es un mérito conspicuo y hay que reconocerlo.
Hasta aquà lo que puedo, hoy, acordar con ustedes. El problema es que la voluntad polÃtica, o la restitución para la polÃtica del lugar que le corresponde, se ha convertido, casi desde un principio de las gestiones K, en el triunfo de la voluntad. Estoy utilizando, con todo propósito, el tÃtulo de un documental importante en la historia del siglo XX, como ninguno de ustedes ignora; aunque, por qué no, la expresión podrÃa evocar asimismo literatura argentina mucho más reciente destinada a consagrar relatos del pasado con los que, ciertamente, discrepo.
El triunfo de la voluntad consiste en una concepción de la polÃtica que no puedo compartir y, debo decirles, me parece asombroso que ustedes hagan silencio sobre ella. En extrema concisión, dirÃa que esa concepción define un talante para encarar la polÃtica, consistente en la más absurda exaltación de la voluntad y la más ciega fe en “nuestra†capacidad de usar de modo virtuoso el poder. Según este talante la voluntad polÃtica es condición necesaria y suficiente para todo cuanto importa. Y la virtud se da por descontada. Tengo que recordarles que la historia es un cementerio de experiencias en las que triunfos iniciales de la voluntad son seguidos por derrotas y desastres catastróficos. Yo creo que éste, y no otro, es el núcleo duro del asà llamado “setentismoâ€. Y es esto lo que permite entender que sea, al menos verosÃmil, que el ex presidente Kirchner haya considerado en estos dÃas, cosas tales como que “lo que siempre criticamos del Perón del 55 es que no fue a fondo frente a la Libertadora, a nosotros no nos va a pasarâ€.
Me pregunto si alguno de ustedes estarÃa dispuesto a suscribir semejante disparate, y eso es lo que me preocupa. Con voluntad polÃtica todo se puede: se puede hacer una polÃtica macroeconómica inconsistente, se puede mantener un comportamiento de compadrito en el contexto internacional, se puede decidir que la Argentina precisa un tren bala, se puede disponer que los agentes económicos se avengan a ser desplumados sin chitar. Claro, para todo esto hace falta dinero, pero no solamente, ni principalmente, dinero. Hace falta, por encima de todo, populismo polÃtico. Y la mayorÃa de ustedes lo sabe tan bien como yo. Y me resulta curioso leer y releer una carta abierta en la que no puedo evitar tener la impresión de que se hacen los distraÃdos. Se precisa tanto populismo como el necesario para cubrir la diferencia entre la voluntad polÃtica triunfal en acción y los resultados de esa acción. Se precisa tanto populismo como rebeldes sean los precios, los intereses, y otros malvados de la vida. Cuanto más rechina y cruje la maquinaria de la voluntad polÃtica en acción más, mucho más populismo es necesario.
Y esto, después de todo, ¿qué tiene de inconveniente? Para los K parecerÃa que nada, ellos me dan la impresión de que no entendieron mal, sino demasiado bien, a Ernesto Laclau. ¿Qué tiene de inconveniente que el choque de la voluntad polÃtica triunfante con los malvados de la vida nos obligue a denunciar a los malvados de la vida por oligarcas, golpistas, antidemocráticos, desestabilizadores, destituyentes? Ese es el tipo de conflicto polÃtico del que el peronismo tarde o temprano no se sabe sustraer: un conflicto moral, entre buenos y malos, pueblo y antipueblo, nación y antinación. Y la voluntad polÃtica triunfal en acción no es menos torva, en su populismo, a la hora de la “conciliaciónâ€. La hora de la conciliación, lo sabemos todos, es aquella en la que – o témpora, o mores! – se denuncian las “falsas o artificiales divisiones en el pueblo†y se recuerda que los enfrentamientos “sólo han servido para dividir al pueblo y para que nuestro paÃs se llenara de fracasos y frustracionesâ€.
Â
Pero, no se trata de que el conflicto constituido en términos populistas sea artificial, porque ningún conflicto lo es. Se trata en cambio de que la voluntad polÃtica triunfante precisa inevitablemente (pero con la convicción de que precisa de ello para, justamente, acabar por triunfar de una buena vez y para siempre) re-constituir en términos populistas conflictos de intereses que son, como en cualquier paÃs del mundo, hechos malvados de la vida. Y que podrÃan ser procesados polÃticamente de muy diferentes maneras. Es notable la forma con que comienzan ustedes su carta abierta: “asistimos en nuestro paÃs a una dura confrontación entre sectores… históricamente dominantes y un gobierno democrático…â€. No creo abusar del texto si afirmo lo siguiente: la alegrÃa se les escapa entrelÃneas. “Por fin!â€, me parece leer allÃ, “el tipo de conflictos por los que la lucha polÃtica vale la penaâ€. Pero, me pregunto y les pregunto: ¿“se ha instalado un clima destituyenteâ€? Si se ha instalado (no estoy nada seguro), a quién le cabe la principal responsabilidad por ello? ¿Quién hizo todo lo necesario para “dar lugar a alianzas que llegaron a enarbolar la amenaza del hambre… y agitaron cuestionamientos hacia el derecho y el poder polÃtico constitucional…â€? Mi respuesta es: el propio gobierno con el que ustedes se alÃnean. Y ¿por qué lo hizo? ¿Porque el gobierno “intenta determinadas reformas en la distribución de la! renta y estrategias de intervención en la economÃaâ€? Creo que cualquier examen serio de los acontecimientos refuta esta interpretación vuestra palmariamente. Si el gobierno se ve hoy frente a este cuadro, no es en razón de sus buenas intenciones redistributivas e intervencionistas sino, o bien por sus graves errores, o bien por decisiones de productividad polÃtica populista que mal podrÃan considerarse errores sino resultados de sus convicciones polÃticas y normativas.
Â
Lo peor de todo esto es que estamos retrocediendo nuevamente, a pasos agigantados, en el camino que nos lleve, para usar vuestras palabras, “hacia horizontes de más justicia y mayor equidadâ€. O sea que otra vez los platos rotos del desastre no los van a pagar los malvados de la vida ni los buenos del triunfo de la voluntad. Agregan ustedes que “en la actual confrontación… juegan un papel fundamental los medios masivos de comunicación más concentrados…â€. No voy a defender a los medios cualquiera sea su grado de concentración, y ciertamente en muchos casos hubo “distorsiónâ€, “prejuicioâ€, “racismoâ€, etc. Pero parecerÃa que ustedes escriben su carta abierta para lectores que no han vivido en la Argentina en estos tiempos, si nos atenemos a lo que todos hemos atestiguado desde que se desató el conflicto hasta hoy: la explicación de que los medios concentrados han tenido un papel determinante en la configuración de los términos del conflicto (como ustedes lo definen en el primer párrafo) es a mi modesto pero leal entender fantasiosa, conspiracionista, y hasta paranoica. No dudo de que la reacción de los grandes medios ante la actividad de un Observatorio será siempre dura (y el documento del Observatorio universitario tiene a mi entender algunos aciertos muy meritorios); tampoco dudo de que la discusión pública, abierta, plural, y alejada del oficialismo, del papel de los medios, sea necesaria. Es ciertamente indispensable. Pero la historia de un gobierno que movido por un valiente impulso de llevar a cabo reformas distributivas y mejorar los modos de intervención estatal en la esfera pública (va un! a chican a: a qué se refieren? Al Indec? al modo de hacer polÃtica tributaria? de manejar los recursos fiscales? a las formas de mimar sectores económicos también muy concentrados, a las polÃticas de regulación que beneficaron a los grandes medios de comunicación masiva y que ustedes conocen muy bien?), sufre, en virtud de ello, la dura confrontación de los sectores históricamente dominantes, confrontación en la que a su vez juegan un papel fundamental los medios de comunicación más concentrados, es un relato que parece extraÃdo de un vetusto manual de historia del peronismo histórico, y no una explicación verosÃmil de los acontecimientos.
Â
En todo caso, no parecen ustedes haberse esforzado demasiado para diseñar o mejorar los fundamentos de una estrategia polÃtica responsable. Quiero decir, una estrategia que permita avanzar hacia “horizontes de más justicia y equidad†en lugar de arremeter hacia fracasos tras los cuales ni ustedes ni yo estaremos entre los principales perjudicados – i.e., los pobres y los excluÃdos.
En todo caso, ustedes no me parecen esta vez muy coherentes. Dicen que es necesario “discutir y participar en la lenta constitución de un nuevo y complejo sujeto polÃtico popularâ€. Muy bien; pero, ¿adónde están la lentitud, la perplejidad, la prudencia, la mesura, el temple, necesarios? Yo lo que veo en vuestras lÃneas es otra cosa: es un entusiasmo algo rabioso por el re-advenimiento de un tiempo más o menos épico. Es más, se trata, para ustedes, de introducir premura: “uno de los puntos débiles de los gobiernos latinoamericanos, incluÃdo el de Cristina Fernández, es que no asumen la urgente tarea de construir una polÃtica a la altura de los desafÃos de esta época, que tenga como horizonte lo polÃtico emancipatorioâ€; y “creemos indispensable señalar los lÃmites y retrasos del gobierno en aplicar polÃticas redistributivas de clara reforma social†(ah! Bueno. Me parece que se han hecho un embrollo – ahora ven un gobierno retrasado en aquello que, antes nos dijeron, habrÃa sido el disparador de la, según ustedes, más gigantesca coalición reactiva de la que se tenga memoria en Argentina desde las vÃsperas del 24 de marzo de 1976).
Â
En todo caso, me tomo las recomendaciones de polÃtica de ustedes en serio, y me imagino en los zapatos de Cristina Fernández, o de Lula, asumiendo esa “urgente tarea†y al menos con esas instrucciones no me veo nada bien equipado. Pero ustedes aclaran (es un decir) de inmediato que no se trata de “proponer un giro de precisión académica a los problemas†sino de “pasaje a la polÃticaâ€. CreÃa que, según ustedes, los K ya habÃan “pasado a la polÃticaâ€. Para mi al menos, sà que pasaron; y luego pasaron de largo.
En todo caso, critican ustedes “las polÃticas definidas sin la conveniente y necesaria participación de los ciudadanosâ€. Curioso; el caso del conflicto que nos ocupa serÃa un buen ejemplo, ¿no les parece? Pero antes habÃan aludido a lo mismo hablando de “derechos y poder polÃtico constitucional para efectivizar sus programas de acción†(constitucional… están completamente seguros? Inconstitucional tal vez no sea, pero me parece un pelÃn alevoso referirse a la definición de una polÃtica tributaria de primer orden nacional, a través de una simple resolución ministerial, posibilitada por el otorgamiento de facultades extraordinariamente extraordinarias al Poder Ejecutivo por el Congreso, en una materia en el que la constitución dice taxativamente que el Ejecutivo no puede legislar ni siquiera bajo aducidos imperativos de necesidad y urgencia).
Â
En todo caso, me pregunto qué tipo de conflicto o conflictos se habrÃan suscitado (porque sin duda se habrÃan suscitado) y qué tipo de actores en conflicto se habrÃan constituÃdo o re-constituÃdo si, en lugar de anunciar el gobierno su resolución ministerial por las retenciones móviles con su perlita del 95% por encima de… (lo que resultó, haciendo más nÃtido aún el carácter polÃtico-simbólico del enfrentamiento, una exacción meramente virtual, ya que los precios no alcanzaron ese nivel), hubiera anunciado (sin remover de inmediato la politica hasta entonces existente, o sea, reteniendo en sus manos las riendas fiscales) su voluntad de enviar al Parlamento un proyecto de ley de renta potencial de la tierra que permitiera reemplazar gradualmente (y no totalmente, estimo) las retenciones, junto a un programa de coparticipación impositiva que estableciera para los sectores productivos medianos y pequeños la esperanza de que una parte importante de los impuestos que pagan contribuya a mejorar la productividad sistémica de sus regiones y de la economÃa argentina en general.
En todo caso, no ha sido por “instalar tales cuestiones redistributivas como núcleo de los debates y de la acción polÃtica†que los sectores concentrados han logrado el respaldo activo de actores sociales que hasta hace poco resultaba impensable que lograra y que el gobierno ve desfondarse su popularidad.
Cierran vuestra carta abierta con un llamado a la creación de un espacio polÃtico plural de debate que reuna y permita actuar colectivamente. Asumo de buena fe que el espacio polÃtico plural en el que están pensando incluye la controversia franca y abierta y no (como ha ocurrido tan frecuentemente) el silencio.
Â
Buenos Aires, 15 de mayo de 2008″
Vicente Palermo Â
Se puede descargar de acá: http://clubsocialista.com.ar/scripts/leer.php?seccion=articulos&archivo=222
Excelente !
Tras una primera leÃda estoy tentado de decir que es un Tenembaum académico, pero intentaré leerlo con más detenimiento.
Saludos.
Rafa:
Pensé especialmente en usted cuando lo publiqué. Es reconocida su simpatÃa por Novaro/Palermo.
Vea, para que no lo confunda con un Tenembaum académico tiene estos dos artÃculos más:
http://clubsocialista.com.ar/scripts/leer.php?seccion=articulos&archivo=218
http://www.clarin.com/diario/2008/02/04/opinion/o-01715.htm
Por otra parte, Horacio González hizo gala de su refinada prosa para contestar acá:
http://docs.google.com/View?docid=dffkzmxt_15d4czjqfw
«Tito» Palermo no es santo de mi devoción, rescato sin embargo, su intención de polemizar y su pensamiento claro y frontal. Ojalá los «liberales» argentinos se parecieran más a el tándem de arriba que a López Morfi.
Julián:
Je, o sea que lo de VP vino con dedicatoria. Gracias.
Para cantar cartón lleno, hoy tenemos este artÃculo de Novaro. Parece que para él la batalla cultural se libra en los pasillos de la SecretarÃa de Cultura, pobre Pepe Nun. O que el revisionismo tipo Felipe Pigna es algo digno de análisis polÃtico. ¿Habrá leÃdo a Jauretche o a Gramsci, este muchacho?
Un abrazo.
Un abrazo.
Me tira un golpe bajo Rafa. No lo habÃa leÃdo a Novaro en la Bartoleta.
Que se le va a hacer, parece que el Pepe Nun es un Apold cualquiera.
El muchacho leyó a Gramsci seguro, Jauretche supongo que también. Cabe destacar que para lo que se publica en «La Nación» su artÃculo es heterodoxo. Aunque su intención es la de cerrar el debate y no abrirlo. Con ese fin, no duda en recurrir a todos los lugares comunes a mano. Creo que algo de razón tiene en criticar a cierta intelectualidad paranoica del tipo «vienen por el agua», pero que se lo diga desde las páginas de Bartolo me despierta dudas sobre la intención de los secretarios de Redacción al incluirlo en una sección privilegiada.
Los dos últimos párrafos no me gustan, Novaro puede dar mucho más que eso. Hay poco de la rigurosidad que suele caracterizar a MN cuando habla de «el resurgimiento del revisionismo histórico». Pigna no es en manera alguna un revisionista como los viejos representantes de esa escuela, cuyo final no fue nada inspirador convengamos(exceptuando a Jauretche y pocos más). Más que un revisionista es un divulgador y sus bases históricas no son especialmente sólidas(con esto me refiero a que su estilo de comunicación no pretende ser más que un relato que a veces se vuelve banal. En la radio y entrevistando es diferente, y en persona se muestra como un tipo formado y con sus buenas lecturas, pero eso no vende como sà lo hacen sus libros).
En el último párrafo también le erra, un gran mérito del kirchnerismo es haber puesto en agenda a los derechos humanos y haber logrado la definitiva erradicación de la teorÃa de los Dos Demonios(pese a no compartir que se haya quitado el primer párrafo al «Nunca Más», a mi entender debió haberse conservado junto con el nuevo). Y si bien no me gusta que el Gobierno agite la bandera de los DDHH como grito de guerra porque disminuye la importancia de dicho tema, el hecho de que algunos sectores de la sociedad se nieguen a aceptar la polÃtica de juzgamiento a represores, inauguración de museos de la memoria y pedidos de disculpas y otorgamiento de indemnizaciones por parte del Estado, hay que buscarlo en su activa o al menos complaciente, participación en la última dictadura militar. Por empezar el mismo medio en el que el sociólogo Novaro escribe hoy esta nota.
En fin, prefiero al Novaro de «La Argentina reciente. De Perón a Kirchner» o «Pilotos de tormenta. Crisis de representación y personalización de la polÃtica en Argentina». A este lo veo deslucido y escribiendo a las apuradas.
Espero su crÃtica a Palermo.
Saludos
Julián:
Te debo un comentario más detallado, pero me gustó la crÃtica de Horacio González pese a su estilo algo farragoso. Sobre todo el concepto de «sustracción», vale la pena pensarlo un poco más.
Un abrazo.