(Teatro polÃtico por entregas. O viceversa)
Cementerio. Noche. Ricardo se disponÃa a tener una cena romántica con su novia junto a la tumba de sus padres, cuando el chico del delivery de pizzas, Enguels, le anuncia que las masas se acercan al lugar para iniciar un foco revolucionario y que lo más conveniente serÃa abandonar el lugar. Ricardo se niega: esta parcela de cementerio que le dejó su padre es todo lo que tiene.
Enguels trae a su superior, Trosqui, para convencerlo. Ante la insistente negativa Trosqui lleva a Ricardo a comparecer ante Pedro Marx. Enguels aprovecha para seducir a Claudia…
Troski vuelve del cónclave convencido de que hay que matar a Ricardo para seguir adelante con el plan revolucionario. Enguels logra convencerlo de que serÃa más transparente someterlo a un tribunal popular.
El juicio es interrumpido por ruidos amenazantes: disparos, los gritos de las masas y sirenas policiales.
En una elección asamblearia que incluyó el voto mayoritario de la policÃa, las masas decidieron avanzar. Las llamadas fuerzas del orden reprimieron, tal su habitual proceder.
EPÃLOGO
El suelo está cubierto de cuerpos. Hay cuerpos que cuelgan de los árboles. Hay cabezas segmentadas. Brazos. Piernas. Flota el polvo en el aire. Olor a carne quemada. El resplandor de la luz de un patrullero. Los cuerpos inertes de Trosqui y Enguels yacen entre los otros cuerpos de las masas. Claudia está de rodillas. Tiene en sus brazos el cuerpo de Ricardo muerto. Tose.
CLAUDIA: Supongo que esto será estar muerto. Pero ahora que lo sabés, ya no podés decirme cómo es.
Silencio.
Se escucha la voz de un hombre cantando.
VOZ MASCULINA: Dos extraños son/ los que se miran… / Dos extraños son… /los que suspiran…
Entra un hombre con uniforme de policÃa. Lleva una carretilla con algunos cuerpos. Canta:
POLICÃA: Somos tú y yo…/ en esta noche azul…
El policÃa se acerca a Claudia mientras agita su mano para despejar el polvo que flota.
POLICÃA: ¿Era su novio?
CLAUDIA: Eso decÃa él.
POLICÃA: No tendrÃa que haberse metido con estos tipos. Lo destruyen todo.
Pausa.
POLICÃA: ¿Hay algo que pueda hacer por usted?
CLAUDIA: Ricardo. QuerÃa que lo enterrasen en esa parcela. Junto a sus padres.
POLICÃA: Eso se arregla. No hay problema.
CLAUDIA: Gracias.
POLICÃA: Los padres del occiso están muertos, entonces.
CLAUDIA: SÃ. Debe ser una costumbre familiar.
POLICÃA: ¿Y tenÃa hermanos?
CLAUDIA: Lo único que tenÃa era a mÃ.
POLICÃA: Pobre.
CLAUDIA: Nunca tuvo nada. Nada de nada.
Pausa. El policÃa recorre el lugar pateando los cadáveres.
POLICÃA: El tema es qué hacemos con los otros.
CLAUDIA: ¿Cuáles?
POLICÃA: Con estos. Con todos estos. Van a venir los periodistas en cualquier momento y van a querer saber quién era cada uno. Es tan tedioso.
CLAUDIA: ¿Qué podemos hacer?
POLICÃA: Si usted está de acuerdo, podemos meterlos acá también.
CLAUDIA: ¿En la parcela de Ricardo?
POLICÃA: SÃ. SerÃa muy conveniente.
CLAUDIA: Pero… No van a entrar.
POLICÃA: No se preocupe. Hay suficiente tierra para todos. Además, no los vamos a enterrar asÃ. Podemos quemarlos primero.
CLAUDIA: ¿Le parece? ¿Con este calor?
POLICÃA: SÃ. Igual, no creo que nadie reclame por ellos. Estos sujetos no tienen familia, ni hogar, ni orden, ni religión.
CLAUDIA: Por mà está bien. No creo que a Ricardo le moleste. Después de todo, es compañÃa.
POLICÃA: Claro. CompañÃa.
En voz alta para afuera.
POLICÃA: Gutiérrez, preparen los lanzallamas.
El policÃa mira a Claudia.
POLICÃA: Listo. En un rato, acá no pasó nada.
CLAUDIA: Qué bien.
POLICÃA: ¿Y usted?
CLAUDIA: ¿Yo qué?
POLICÃA: ¿Lo querÃa mucho?
CLAUDIA: No lo sé.
Silencio.
POLICÃA: ¿Quiere que la acerquemos a algún lado?
CLAUDIA: No, gracias. Voy a caminar. Es una linda noche.
POLICÃA: Apúrese entonces: parece que quiere llover.
CLAUDIA: ¿Usted cree?
POLICÃA: Claro. Mire las nubes.
Pausa. Los dos miran el cielo.
CLAUDIA: Las nubes. Qué objetos más útiles, ¿no?
POLICÃA: Supongo que sÃ. ¿Qué sé yo?
Claudia se toca los ojos.
CLAUDIA: ¿Tiene un pañuelo? Me parece que ya está goteando. Se me mojaron los ojos.
El policÃa saca un pañuelo de su bolsillo. Lo abre.
POLICÃA: Tome. Llévelo si quiere. Algún dÃa me lo devuelve.
CLAUDIA: Gracias. Usted es un caballero.
Claudia se seca las lágrimas. Apagón.
– FIN –
* Dónde caerse muerto está publicado en la antologÃa “Autores en construcción Iâ€, (Libros del Rojas, Editorial Nueva Generación).