No se por qué. Pero es asÃ. Algún dÃa me sentaré a elaborarlo, intentar darle un marco de racionalidad a un sentimiento que me brota rebelde. Explicarme por qué. En la actualidad, tengo, apenas, aproximaciones.
Quizás sea porque se escriben, a favor de Aramburu, textos como los que abajo ofrezco. Me los enviaron por mail. Son dos notas de opinión publicadas en el diario La Nación el dÃa 29 de mayo de 2000, cuando se cumplieron treinta años del fallecimiento del dictador. Una la firma el delincuente de José Claudio Escribano (le llamo asà porque es el personaje que se atrevió a decirle a un presidente constitucional aún no asumido, como lo era Néstor Kirchner cuando fue a “visitarlo†antes del 25 de mayo de 2003, que debÃa someterse al pliego de condiciones que le entregaba en nombre del departamento de Estado de los EEUU, so pena de “caer†de su puesto en el término de un año: eso a mi entender es un delito, ergo Escribano es un delincuente) y la otra por Bartolomé De Vedia.
SentÃ, después de leerlos a ambos, incredulidad. Porque me resulta, ya no intolerable que serÃa mucho decir, digamos que inexplicable que se puedan decirse de Aramburu las cosas que en esos textos se dicen. Un hombre de convicciones republicanas, un liberal, alguien que detestó las dictaduras y que por eso golpeó a Perón. ¿De qué estamos hablando? ¿El tipo que ganó votaciones récords a lo largo de lo que fue su vida polÃtica es el dictador y el que tomó el poder por las armas –en realidad ni siquiera eso pudo, las pelotas para dar el golpe las puso Lonardi- y que cuando se presentó a elecciones sacó apenas algo más del 10% es el republicano elogiado?
Entonces, quizás como de los otros genocidas mencionados en el primer párrafo no suelo leer homenajes tales, sea que Aramburu entonces me enerva más. La ¿impostura? ¿Se le podrá llamar asÃ? La falsedad, quizás queda mejor. El descaro. Porque acá no se trata de que Aramburu no pasa un test de calidad según nuestros estándares, populistas: es que Aramburu no podrÃa ser nunca, jamás, defendido por un liberal, si es que yo he entendido algo de lo que liberalismo significa. Hace poco nos visitó Mario Vargas Llosa, y le echó la culpa “a la izquierda†del desprestigio de la ideologÃa liberal, a la que adscribe. No. Yo le dirÃa a MVLl que le eche un vistazo a los dos editoriales que adjunto de La Nación para que intente explicarse mejor quién es que tiene la culpa del desprestigio en el que, efectivamente, ha caÃdo el liberalismo en Argentina.
Decidà tomármelos, a los periodistas mentados, a la chacota, y comento cada una de las dos notas graciosamente en el presente postito, ya que se cumplen, hoy, 41 años de su muerte. Digamos muerte, lo más neutro posible. No me convence del todo lo del “ajusticiamientoâ€, como sostienen algunos compañeros. Puedo intentar explicarme, comprender y hasta no condenar la violencia. Pero no se si me da como para reivindicarla como una bandera. Por demás, en su libro sobre la filosofÃa polÃtica del peronismo, J. P. Feinmann plantea, en torno del hecho, varias cuestiones sobre las implicancias que pudo haber tenido en lo que vino después, que lo hacen sentenciar que desearÃa que Fernando Abal Medina no hubiese disparado aquel dÃa. No se si tanto. Sobre todo porque el mismo autor comparte conmigo que Aramburu las hizo todas como para terminar como terminó, sin que decir esto implique justificar lo actuado por Montoneros. Se trata de comprender las razones que los llevaron a actuar asÃ. Soy de la idea, y esto también lo dije acá repetidamente, de que no es que “lo del ’76 vino por lo de la guerrillaâ€, sino que la guerrilla vino por la asfixia institucional a la que se vio sometido el paÃs desde 1955, dieciocho años ininterrumpidos de dictadura, hasta 1973, es mucho.
Menos, jamás, lo considerarÃa un asesinato vandálico, tal como lo caracterizan las notas adjuntadas de LN. Esas palabras, para mÃ, tienen otro sentido, incompatible con Aramburu. Nadie, ni siquiera él, al que no le habÃa temblado el pulso para fusilar y asesinar, a destajo y fuera de toda legalidad, durante su corto perÃodo a cargo de la dictadura, merece la muerte. Pero tampoco podÃa ignorar que si actuaba como él actuó, podÃa llegar a terminar como terminó.
De nuevo, no vienen al caso, a mi entender, consideraciones tales como si lo merecÃa o no, o si se justifica o no el proceder de Montoneros. Se trata, mi intención al menos es esa, de pensar la figura de Aramburu y sus implicancias. Me parece importantÃsimo discutir la historia, cómo se la cuenta, por las consecuencias que sus resignificaciones tiene en el presente. Por mucho que se apele a “mirar para adelanteâ€, la reactualización articulada con lo que dejamos atrás es, me parece, no en la polÃtica, en la vida misma, inevitable. Y creo que sobre este perÃodo de la historia nos debemos unas cuantas tiradas de los pelos, al menos.
Creo que trato de plantearlo con algo de humor. El que tenga ganas de discutir sobre esto, me parece que, al menos como disparador, sirve. Y si en los comentarios alguien tiene ganas de mandarme a la puta madre que me parió, hágalo sin culpa, nomás. Que no me voy a enojar, pues.
Dicho esto, aclaro: van las editoriales y todo lo que hay entre paréntesis y en negrita, es, con pretendida sorna, de moi, Pierre Riviere… Saludos per tutti.
– – –
La dimensión moral de un prisionero Por José Claudio Escribano De la Redacción de La Nación Lunes 29 de mayo de 2000
Los diarios se equivocan, y es asÃ, simplemente, por la sencilla razón de que están escritos por hombres. Publican con mayor o menor frecuencia errores informativos y de apreciación, que enmiendan según la importancia acordada a cada traspié y al sentido de responsabilidad profesional con el cual actúan en su relación con los lectores. Es un capÃtulo definido por normas, estilos y tradiciones de conducción editorial. Otras veces -afortunadamente, las más- la relectura de viejas piezas periodÃsticas no suscita en el alma de un diario sino la convicción de que deberÃa volver a ser escrito exactamente como lo habÃa sido en su momento. Eso no obsta para que gentes con diferentes criterios o compromisos ante la vida puedan pretender que un diario se rectifique de opiniones sobre las cuales él siente que nada debe corregir respecto de lo que en el pasado afirmó sobre instituciones o personas. Ilustra, sobre tal tipo de observaciones, la reproducción de un fragmento de la desaparecida columna de opinión de La Nación «La semana polÃtica», publicada en la edición del domingo 20 de octubre de 1974. Ese fragmento está referido al robo del féretro de Aramburu, que la banda terrorista Montoneros, que lo habÃa asesinado en 1970, acababa de perpetrar en el cementerio de la Recoleta (buena cantidad de pavadas sin sentido, todas estas).
En el periódico «La causa peronista», los Montoneros habÃan hecho poco antes, por añadidura, un relato pormenorizado del secuestro, «juzgamiento» y «ejecución» del ex presidente provisional de la Nación (en mi barrio a uno que llegó con los métodos que utilizó, es decir, la fuerza armada en vez de los votos, le decimos dictador). El artÃculo con la reconstrucción por los propios actores del crimen con el cual se abrió formalmente un largo perÃodo de violencia en la Argentina (no, querido, podemos discutir si la violencia arranca con los bombardeos a Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955; con el derrocamiento del gobierno democrático, republicano, legÃtimo y constitucional de Juan Domingo Perón, exactamente tres meses más tarde; o tal vez con el primer intento de golpe a Perón que, en 1951, pretendió comandar BenjamÃn Menéndez; pero nunca, jamás, alguien con la sesera llena puede creer que fusilar a un tipo casi unánimemente repudiado por la sociedad de entonces haya sido el comienzo de algo que, por otro lado, para ese entonces ya hacÃa rato que estaba desatado y en buena medida gracias al genocida asesinado) corresponde a la edición de «La causa peronista», del 3 de septiembre de 1974.
Con prescindencia de la jerga utilizada por los asesinos para intentar teñir de legalidad ese hecho horrendo, La Nación opinó de la manera siguiente: «… el grupo que secuestró a Aramburu actuó con la certeza de que tenÃa en su poder a un hombre capaz de influir en el curso de los acontecimientos más profundos de la vida del paÃs (eso, seguro: en el marco que la tropa de la Fusiladora le impuso al paÃs para procesar el juego polÃtico durante dieciocho años ininterrumpidos, claro que la bestia esa bien podrÃa haber sido opción de recambio de bandidos). Al parecer, al tenerlo cautivo y oÃr sus serenas razones para avanzar hacia la conciliación entre todos los argentinos (difÃcil que viniera, la conciliación, de la mano de uno de quienes más hizo por aniquilarla, pero en fin), los secuestradores resolvieron quitarle la vida como un modo de aceptar que la dimensión moral del prisionero (la dimensión moral, aclaremos, de un tipo que se auto atribuyó el derecho de fusilar a un general legalista -y a su tropa de «insurrectos»-, a cuya esposa hasta se negó a recibir, previa la ejecución, bajo la excusa de estar «descansando») hacÃa insostenible y ridÃcula la tarea de sus captores. Los que narraron el asesinato pretendieron ser cÃnicos al describir los detalles, pero, como envueltos en una fuerza admirativa más rigurosa que el deseo de mostrarse desdeñosos, no pudieron ocultar su impresión ante las actitudes de una vÃctima (pobrecito: ¡vÃctima!) que los juzgaba desde la altura de su entereza. TenÃan ante ellos a un hombre sobradamente maduro que, con las manos atadas, antes de dar él mismo la orden para que el matador apretase el gatillo, le indicó al asesino que le atara los cordones de los zapatos. Era una manera de poner las cosas en su lugar y a los protagonistas en su respectivo nivel (exacto: el del dictador, que da órdenes desde la legitimidad de la nada, y el del sometido, que eran todos aquellos -gruesa mayorÃa, por cierto- que no pensaban como Aramburu entre el ’55 y el ’73). Todo esto lo han contado los mismos que, arrastrados por un impulso irresistible, acaban de apoderarse del ataúd en un acto que concluye por aproximarse a la necrofilia y a la devoción patológica más que a una venganza saturada por el vaho de los sepulcros (coincidiendo con lo dicho, ¿con qué cara reprochan, ustedes, algo, que justificaron durante tantos años el secuestro del cadáver de Evita?).
***
Esa escena con el condenado pidiendo a quienes van a disparar mortalmente contra su cuerpo que se ocupen del aliño de zapatos que no tendrán más uso que en el acto de morir en apenas unos instantes, era por sà misma suficientemente abarcadora del perfil moral del teniente general Aramburu. Pero, en verdad, el ex presidente habÃa requerido algo más: la visita de un sacerdote, que hubiera clemencia con su familia y que le alcanzaran elementos para afeitarse. Eugenio Aramburu, su único hijo varón, recuerda haber escuchado más de una vez de su padre la voluntad de presentarse lo más decorosamente posible ante el Creador cuando le llegara la hora de la muerte (parecerÃa que hasta los fabricaran en serie a los genocidas de la calaña de Aramburu: todos fanáticos religiosos -que seguramente han de haber tenido la Biblia toda sus vidas en sus mesitas de luz no más que para apoyar el vaso de agua-. Por otro lado, permÃtome –¿se dirá asÃ?- dudar de que, si existe la vida eterna, a Aramburu le haya tocado, en el neteo de acciones terrenales, verle la cara «al Creador»).
La confesión hecha públicamente por los Montoneros confirmó que Aramburu habÃa logrado ese propósito en la trágica hora final. Menos conocido por todos es que El Vasco nunca consiguió visitar España a pesar de la intensidad de su anhelo por hacerlo. Se negó a pisar tierra española mientras rigiera la dictadura, que detestaba, del generalÃsimo Francisco Franco (flor de caradura, este muchacho: o sea que, de repugnar la república y la democracia de cualquier manera que fuera posible, él, sÃ, podÃa; pero, Francisco Franco, no. Acá, lo increÃble de parte del delincuente, es que no halla equivalencias entre Aramburu y Franco). Quienes sà cultivaban, desde sus orÃgenes hasta el fin de la Guerra Civil Española, la amistad con tamaña dictadura eran algunos de los fascistas vernáculos que habÃan inspirado al grupo originario de Montoneros, precisamente el que operó en el secuestro y asesinato del teniente general Aramburu (pero siempre habrá que aclarar que esos «fascistas vernáculos» jamás llevaron a la práctica lo que el delincuente de Escribano dice que adoraban, pero Aramburu sÃ, aunque, según el delincuente de Escribano, «detestaba» la dictadura -discurso que no secundó con los hechos-).
***
En un viaje que realizó a Europa, después de haber sido presidente (dictador, señor delincuente, dictador se les llama a los que no fueron elegidos por el pueblo), todo lo que Aramburu pudo lograr fue reunirse con sus parientes del paÃs vasco en San Juan de Luz, en territorio francés, próximo a la frontera franco-española. La Francia de la libertad, la fraternidad y la igualdad era tan apropiada para la figura democrática de Aramburu (figura democrática que no ganó una sola elección en su vida, y amañó todas las que pudo mientras fue influyente en la vida nacional) como la España de Franco lo fue para acoger al dictador (mira lo que son las categorÃas del delincuente de Escribano: Perón, que ganó por goleada todas las elecciones en las que intervino en su vida, y que nunca prohibió en ellas la participación de nadie para recibir a cambio dieciocho años ininterrumpidos de borratina de la vida cÃvica para él, su partido y el más de 60% de población que representaba, es un dictador; Aramburu, que fue la antÃtesis misma de lo anteriormente descrito -o sea, fue la antÃtesis misma de la democracia-, es, en cambio, una «figura democrática») que en 1955 recorrió sucesivos capÃtulos del exilio y desde allà estimuló a esas «formaciones especiales» (acá acierta, el delincuente de Escribano, Perón, a lo más, «estimuló», jamás podrÃa decirse que «creó» las formaciones especiales) que, después de haber contribuido a su retorno y acceso al poder (yo acá hubiese puesto: «que, después de haber contribuido al retorno de la plena vigencia de la legalidad democrática», pero, bueno, son criterios), recibieron de su parte, el 1º de mayo de 1974, en la Plaza de Mayo de los grandes actos del peronismo, el puntapié histórico en el lugar innombrable por ensoberbecidas e «imberbes» (la pavada histórica quizás más repetida de la historia). Asà trató a las «formaciones especiales» como Montoneros, desde el balcón que serÃa de Madonna en los noventa, el general-presidente (en todo el texto, jamás mencionó a Aramburu, al mismo tiempo, como general y presidente: esfuerzos del delincuente por borrar de Aramburu el contexto castrista que posibilitó su asalto al poder) que ya veÃa asomarse la muerte entre los arrumacos de su mujer, Isabelita, y del poderoso ministro-mayordomo José López Rega. La Argentina, entretanto, se hundÃa aceleradamente en uno de sus perÃodos más siniestros (coincido: y todo por culpa de Aramburu y sus secuaces).
– – –
Hoy, a 30 años del secuestro de Aramburu Por Bartolomé de Vedia De la Redacción de La Nación Lunes 29 de mayo de 2000
La presidencia (dictadura) de Aramburu merece ser recordada, además, por otros motivos: restableció la autonomÃa universitaria, que Perón habÃa suprimido (seguramente habÃa libertad allà para decir de Aramburu cuantas barbaridades uno quisiera); eliminó las pesadas restricciones que pesaban sobre el periodismo independiente (¿por ejemplo?), dio pasos firmes hacia el saneamiento de la economÃa (no, maestro: la participación obrera en el PBI, y el PBI mismo, disminuyeron durante su gestión; los salarios se contrajeron más de un 15% -lo que provocó numerosas y durÃsimas huelgas, por supuesto que violentamente reprimidas todas ellas-; liquidó el IAPI, en orden a reprimarizar la economÃa industrial de los planes quinquenales; la inflación -derrotada por Perón en 1952-, volvió a trepar -a más del 24%-; hubo necesidad de efectuar racionamientos de combustibles y energÃas, especialmente en el interior; cayó en déficit comercial, adelgazaron las reservas y se llegó a, casi, cesación de pagos; asimismo se produjo, durante dicho perÃodo, el ingreso al… FMI. Eso sÃ: fracasar -si tenemos en cuenta que su objetivo fue privilegiar al campo frente a la industria, y al capital frente al trabajo, cosas, ambas, que logró-, no fracasó), eliminó los principales focos de corrupción moral (¿más corrupción que violentar la CN existe?) que el régimen (claro, aquello era un régimen, elegido pero régimen; Aramburu, en cambio, llegó, a los tiros, a una «presidencia»: coherencia a full) depuesto habÃa dejado como herencia y produjo una apertura cultural que dio renovado impulso a la vida universitaria, a la cinematografÃa, al teatro y a todas las actividades vinculadas con la creación artÃstica (un dictador amante de las bellas artes, resultó ser este).
Es cierto que el gobierno de Aramburu carga con el baldón de haber fusilado al general Juan José Valle y a otros militares que se sublevaron con él en junio de 1956 -y también a grupos de civiles, ejecutados en la clandestinidad- (¡pero, no, por favor, hombre! ¡Un detalle, nomás! Si de última no habÃa ley, no puede hablarse de delito, asà que no se haga ningún problema), pero la opinión pública siempre tuvo la sensación (¡ay, eso de ‘la opinión pública’! ¿Qué ‘opinión pública’, señor? Se llevarÃa una sorpresa, vea, si rastrea un poco) de que la responsabilidad por esas trágicas decisiones (¿trágicas o criminales? Creáme que no los imagino compungidos a la hora de decidir ejecutar a Valle) no recayó únicamente sobre los hombros del presidente de facto (en esto, dejan de lado el liberalismo: a la hora de repartir culpas son bien socialistas).
Después de transferir el poder a Frondizi, el general nacido en RÃo Cuarto adoptó la decisión -y la cumplió cabalmente- de mantenerse apartado y en completo silencio ante los avatares de la vida pública nacional (hombre de palabra, ante todo… bastante ya habÃa hecho, también, digo: ¿Qué hay que aplaudirlo, todavÃa?). La vorágine de los hechos, sin embargo, no iba a tardar en sacarlo de su aislamiento y devolverlo al torbellino de la polÃtica (tuvo que ver si ayudaba a ordenar lo que desordenó, digamos). Durante el tenso perÃodo que siguió a los comicios generales de 1962, el presidente Arturo Frondizi convocó al generalAramburu a la Casa de Gobierno para pedirle que intercediera ante las Fuerzas Armadas a fin de que dejaran de presionar sobre su gobierno (eligió mal al asesor, Frondizi). Aramburu, después de muchas consultas, comprendió que la ofensiva de los militares contra Frondizi era incontenible y manifestó que él nada podÃa hacer para contenerla (¿con qué cara habrÃa podido hacerlo, por otro lado?).
Cuando en 1963 -ya derrocado Frondizi por las Fuerzas Armadas- el presidente provisional José MarÃa Guido convocó a nuevas elecciones presidenciales, la candidatura de Aramburu surgió como un reclamo espontáneo de vastos sectores ciudadanos (¿de cuáles? ¿Acudió en reclamo del llano, debo suponer? ¡Vamos!). Su figura era una reserva moral a la que muchos argentinos querÃan recurrir (o una valla de contención para el retorno de Perón, o sea de la democracia, ¿no? «Vote UDELPA… ¡Y no vuelve!», era, ¿no?). Aramburu fue candidato a presidente por dos partidos: la Unión del PuebloArgentino (Udelpa), que nació expresamente para postular su nombre, y la Democracia Progresista (¿qué te haces, vos, kirchnerista loco, el que inventó las colectoras? ¡Fue de Aramburu la idea, papá!). Efectuadas las elecciones, resultó triunfador el candidato radical, Arturo Illia (digamos que fue asÃ, ponele). Pero Aramburu obtuvo, computando todas las boletas encabezadas por su nombre, un millón trescientos mil votos (no jodamos, de porcentajes hay que hablar: un rotundo ¡13%! de las voluntades optaron por él).
El 29 de mayo de 1970 la opinión pública tomó conocimiento de un hecho estremecedor: Aramburu habÃa sido secuestrado de su domicilio por un grupo de terroristas. Dos de los secuestradores habÃan entrado en su departamento disfrazados de militares. El paÃs tuvo la sensación de que se empezaba a vivir una pesadilla. Y no se equivocaba. El secuestro de Aramburu era el preámbulo de lo que iba a venir: una década signada por el horror y la violencia (ya se lo aclaré al delincuente de Escribano, esto: fue, el secuestro, efecto y no causa). La incertidumbre por el destino del teniente general duró bastante más de un mes. El 17 de julio de 1970, como resultado de una trabajosa investigación, fue hallado su cuerpo sin vida, oculto en una cavidad abierta en el piso de una casona del pueblo de Timote, ubicado en el partido de Carlos Tejedor, en la provincia de Buenos Aires. La policÃa y la Justicia fueron armando el rompecabezas del perverso crimen. Se supo, asÃ, que Aramburu habÃa sido asesinado por sus captores entre el 31 de mayo y el 1º de junio, es decir, uno o dos dÃas después de consumado su secuestro. Los detalles del infame asesinato fueron proporcionados por los propios criminales en 1974, en un reportaje desbordante de cinismo y arrogancia. Por ese testimonio macabro se supo que Aramburu habÃa afrontado la muerte con admirable dignidad (al menos en su muerte tuvo la dignidad que no tuvo en toda su vida. Bien dicen que nunca es tarde para empezar).
Quienes quisieron suprimirlo del escenario polÃtico fracasaron en su intento. Su figura siguió más viva que nunca en la memoria pública (seguro, ¿cómo no? ¿O acaso no existe hoy La Aramburu, para reivindicarlo?), que hoy lo evoca como un gobernante de auténtica sensibilidad republicana y como un ciudadano de ejemplar calidad moral (y, por eso mismo, hoy se hace un acto en su homenaje en… en… ¿ninguno? ¡Ay…!).
y claro,para un peronista de derecha Aramburu fue un asesino,y para los montoneros era un escollo para la revolucion.Teoricamente,sin embargo,significo un intento fallido de sintetizar,desde un centro politico,el peronismo y el antiperonismo,meta burguesa que aun hoy algunos tienen.Mucho peor como politico fue el almirante que lo acompaño.Y en la gama de nuestros generales del siglo XX fue un ingenuo comparado con Videla aunque menos util para el pueblo que Carcagno .
No coincido. Aramburu fue a mi entender mil veces peor que Videla, porque fue el que engendró todo.
Un beso, Isabel.
Se puede ser victimario y victima. Y un fusilamiento no justifica otro.
Seguramente. Yo no justifico. No condeno, que no es lo mismo. De todas maneras, reitero: no tengo en claro que lo que le ocurrió a Aramburu haya sido un fusilamiento.
Abrazo.
¿Cómo puede no haber sido un fusilamiento, un asesinato? Tu justificación, justifica todo.
Lástima que veas una sola página de historia. Si vos pensas que en el 55 -o a su muerte- Aramburu era un tipo unánimemente repudiado por la sociedad, entendiste poco y nada de nuestra historia reciente.
No, solo era unánimemente repudiado por los peronistas.
Yo fui criado en un hogar peronista, y aunque era muy joven en el ’55 recuerdo bien el clima de esa época.
Primero fue el bombardeo a Plaza de Mayo en el que murieron unos 400 civiles desarmados, entre ellos un colectivo de escolares alcanzado por una bomba.
La amenaza de bombardeo naval a La Plata. El festejo gorila.
Los fusilamientos y el cerrado aplauso de todo el arco polÃtico (Radicales, Socialistas, Comunistas). La Junta Consultiva.
A menudo Carrió revive el odio gorila que se vivÃa por entonces, me hace acordar a Américo Ghioldi o a Silvano Santander.
Las persecuciones, unos cuantos compañeros buscaron refugio en la casa de mis padres. El decreto 4161, que prohibÃa siquiera nombrar y escribir el nombre del «tirano prófugo», su esposa, la marcha partidaria, la sigla PP y hasta el tango «Volver».
Para nada avalo el asesinato de Aramburu lo deploro y lo condeno, como condeno todo asesinato. Seguramente el pueblo peronista merecÃa una reivindicación. Pero no asÃ.
En esta polÃtico, estamos de acuerdo.
PolÃtico: a mà también me hubiese gustado ver a Aramburu juzgado por Perón a su retorno. Pero, asà como no me atrevo a hablar de ajusticiamiento, tampoco puedo ir de frente contra lo que hicieron los Montoneros en este caso. No se por qué, pero no me sale la condena abierta.
Se piense politicamente como se piense, a la muerte de aramburu no se le puede llamar «ajusticiamiento», Fusilamien
to, ni nigun otro de los eufemismos a los que nos tienen acos
tumbrados los autenticos gorilas, fue SECUESTRO y ASESINATO,
tampoco se puede decir «falleció», porque lo mataron, Tampoco tuvo una oportuna cañonera paraguaya en el puerto pa
ra huir cobardemente, tampoco tuvo un oportuno viaje al Para guay (por las dudas), ni la oportunidad de un exilio dorado (aunque exilio al fin). Me pareces equivocado (en el mejor de
los casos) mal.
Debo sugerirte que te informes un poco más. La inestabili
da politica en la argentina no se inició con Aramburu, se
inició el 06.09.1930 con el primer golpe de estado, promo
vido por identicos grupos, como los que estan ahora en el poder, y , sobre todo desde Menem en adelante, excluyendo
el breve recreo de de La Rua (que fue prolijamente limado y malamente expulsado) Y sabés quien iba en estribo del auto
del usurpador Uriburu?, Si, ese, el entonces ignoto Capi
tan Juan Domingo Peron, complice y discipulo del usurpador. y
Irigoyen, Illia, Alfonsin y de la Rua no huyeron, se quedaron
a poner pecho y cabeza a lo que venga. Ojalá te sirva.Sds
Unánimemente, no. Pero el rechazo para con él era, sÃ, abrumadoramente mayoritario: más a su muerte, aún, que en el ’55. De eso no me quedan dudas. El tipo encarajinó el paÃs, le hizo un buraco enorme. E insisto, no justifico. Pero la práxis de Montoneros no determina nada. Aramburu abrió un fuego cruzado y después quedó en el medio del mismo. ¿Y hay que llorarlo, todavÃa? No, yo paso.
OÃme, qué pasa si viene alguien que dice «No hay que llorar a los desaparecidos, ya pasaron». ¿Desde dónde le contestás? ¿Te volviste loco, Pablo D? Que vos le tengas bronca a Aramburu con esa superficialidad con la que yo le puedo tener bronca a Blas Giunta no justifica este post lamentable.
No es lo mismo: estamos hablando de un dictador genocida y criminal de guerra.
EstarÃa bueno, Q, que antes de contestarme a mÃ, hagas algún esfuerzo por defender la caracterización que de Aramburu hicieron Escribano y De Vedia.
También te pido Pablo que dejes de abusar del lenguaje. Después todo termina significando nada. Bajo ningún concepto Aramburu fue un genocida. Ninguno.
¿Hay alguna cantidad de muertos necesaria que haga calificar de tal?
Pablo D:
Hay que tener cuidado con el término genocidio que ha sido trivializado al extremo y hoy en dÃa cualquier acto es calificado como tal.
Recordemos que la palabra genocidio está compuesta por dos raÃces: del griego genos = origen o especie y cidio: que deriva del verbo latino caedere = matar. Por eso la Convención para la prevención y represión del crimen de genocidio», sancionada por las Naciones Unidas en 1948, considera como tal (los actos) cometidos con la intención de destruir, total o parcialmente, un grupo nacional, étnico, racial o religioso» (Art. II)´se excluyó expresamente a los grupos polÃticos, luego de un prolongado debate, debido a la presión soviética (algo hicieron y estaban haciendo los rusos).(*)
Por eso es desacertado calificar asà los actos de la llamada revolución Libertadora ordenados por Aramburu.
(*) Conf.Yves Ternon. El estado criminal. Los genocidios del siglo XX. PenÃnsula. Barcelona 1995. págs.15 y sgts.-
Saludos.-
Bueno si se los excluyó por presión de aquella Rusia, no hay nada para discutir, Daio. ¿Y el sentido? Digo, ¿es muy diferente encarar un plan de exterminio de una etnia o raza determinada que encarar un plan de borratina de la vida cÃvica (o de la vida misma) de los partidarios de una determinada opción polÃtica?
Abrazo.
No hay una cantidad establecida, pero genocidio es claramente otra cosa.
Algo deberà meditar el peronismo acerca de porquè se dio esa situaciòn en el 55, con el apoyo del 40% de la poblaciòn.
Del 35% si tomamos en cuenta cuánto sacó Teisaire en 1954 como candidato en la elección a vicepresidente (la única que se hizo en nuestra historia y que estuvo abierta a todos los partidos polÃticos, a pesar de lo que se elegÃa, digo, dato para un gobierno llamado dictadura). Y aún asÃ, no creo que todo ese 35% convalidara las acciones de Aramburu.
Saludos.
Pablo, es como dice Mariano T: los peronistas AlGO HABRÃN HECHO. Exactamente el mismo argumento que se usaba para justificar a los desaparecidos.
En cuanto a que genocida es otra cosa, ahà coincido, un número exacto no hay, pero son muchos más que los que mató Aramburu. Dejémoslo en asesino múltiple, igual suena bastante mal.
digamos que no parece que estuviera buscando exterminar al peronismo con un par de docenas de fudilamientos. Genocidio no es. Acá hay una artÃculo fresquito:
http://www.economist.com/node/18772664
En cuanto a lo que dije, no fue en el ánimo de «por algo será». Yo se porque fue. Pero serÃa buena que algunos nostálgicos (los peronistas más inteligentes hace mucho que se dieron cuenta)tomen nota de muchas cosas que no se deben hacer para no llegar a la situación de que millones de personas apoyen violaciones a los derechos humanos. Y me refiero especÃficamente al 55.
DecÃnos vos, Mariano, sobre qué te gustarÃa que se reflexione. Y yo te contesto, no tengo problemas.
A mi siempre me ha llamado la atención el antiperonismo de la generación anterior a la mÃa, que son los que tenÃan veintipico en esa época, y la anterior (mis padres y abuelos, por dar una referencia personal. A mi me chocó por ejemplo que familiarmente me hayan criticado antes por votare a Bordon. En ellos hay gente de clase media baja, nedia y media alta, radicales, socialistas
e independientes.
Yo veo tres directrices en ese pensamiento que creo que después termina impregnando todo. 1) La asociaación inicial del peronismo con el nacionalismo católico que fue la esencia de la revolución del 43, como contrapartida al laicismo y liberalismo polÃtico.2) El tema libertades polÃticas menguadas, falta de libertad de prensa y de reunión, persecución de opositores y propagfanda oficial por todos los medios. 3) El discurso (no solo evitista) de nosotros o los contreras, patria o antipatria, hasta que no quede un ladrillo, etc.
Esto configura una situación de presión psicológica que les hacÃa pensar de que era cuestión de tiempo para que acabaran en un campo de concentración.
Eso configura definitivamente la configuración de mitad de la Argentina durante ese perúiodo, que convalida cosas peores en los 18 años posteriores.
les pido que relean mi primer comentario y luego juzguen.Pablo D:¿seguimos con el equivoco de olvidar o ignorar que»los que engendraron todo» fueron los poderes economicos mas que los milicos?Por supuesto que eso no los disculpa como asesinos,pero creo que UDELPA fue un intento(erroneo)de conciliacion.
No, más vale que coincido con esto, excepto lo de UDELPA: pero no obstante ello, Aramburu que las pague igual.
Pablo:
Supongamos que Aramburu no fue asesinado. Tampoco murió de muerte natural.
Debemos entonces pensar que fue «condenado» y «ejecutado» por un «tribunal popular»
Entonces, quienes lo «ajusticiaron» hicieron el papel de los poderes del Estado:
1) Como legislativo, establecieron la pena de muerte y crearon un tribunal especial.
2) Como judicial, condenaron al reo y ordenaron su ejecución.
3) Como ejecutivo, procedieron a cumplir la «ley»
Dicho de otro modo: Actuaron como Estado. Y al asumir la lucha armada por el poder, querÃan consolidar ese «Estado».
Según las leyes internacionales, esa gente deberÃa ser juzgada por delitos de lesa humanidad. Sus delitos no serÃan prescriptibles.
¿Para cuándo un juicio a Firmenich y secuaces?
Dale. Y después reabrimos el Museo de la Subversión en Campo de Mayo.
¿Algún argumento, de paso?
Uno de los mitos de este gobierno es que los delitos de lesa humanidad los cometen solo milicos y dueños de medios opositores.
Me encanta las ganas que ponen en defender a Aramburu -muchas- y las que no ponen en atacarlo. Me encanta.
Pablo:
Más que tu (doblemente expresado) encanto, me gustarÃa una respuesta.
Se supone que este es un ámbito de debate de ideas y no (solo) de catarsis.
Quiero un juicio justo y republicano a todos los criminales, llámense Aramburu o Firmenich.
¿Vos no?
A mà Firmenich me da asco, sÃ.
Hay matices Pablo. ¿Estuvieron bien los fusilamientos del 56? No ¿Y el de Aramburu? Tampoco.
Cualquier secuestro seguido de muerte se puede caracterizar de ese modo, no haga trampa David. Los secuestradores de Aramburu actuaron como Estado sin ser Estado. Esa es la «pequeña» diferencia que hace que Videla y compañÃa, quienes si actuaron al frente del aparato del Estado, sean delincuentes de Lesa Humanidad mientras que Firmenich y compañÃa no califiquen.
Siga participando
Sigo participando, pues, «General»:
Cualquier secuestro no.
No es lo mismo un secuestro al voleo para pedir rescate a la familia, que una «formación especial» con entrenamiento militar, con una doctrina de obtención del poder del Estado por la vÃa revolucionaria, en «nombre del Pueblo», claro.
Sospecho que este tema dará para que tengamos dos bilbiotecas miti y miti en los próximos 30 años. Que finalmente terminará como se debe: los delitos de las «formaciones especiales» y la Triple A serán finalmente considerados de lesa humanidad. Claro que en ese remoto futuro no quedará nadie para ser juzgado, pero ese es otro tema. ¡La vida es tan corta, caramba!
Tampoco fue que actuaron como Estado. Fue iun simple asesinato polÃtico con una parodia de juicio en el medio. Para mi esta prescripto.
Che Pablo porque no investigà s sobre «El Genocidio de Peròn» en 1947.
Contanos vos, dale. ¿A ver?
Pablo,
coincido en que Aramburu fue peor que Videla ya que con el empezo todo (la asfixia institucional)
En cuanto al termino genocidio, creo que no es el correcto
Mariano T
«Algo deberà meditar el peronismo acerca de porquè se dio esa situaciòn en el 55, con el apoyo del 40% de la poblaciòn.»
Te prometo empezar a meditar, si me das una lista de por lo menos 5 personas asesinados por el primer peronismo (46-55).
Hasta tanto no la encuentres me da la impresion que deberias empezar a meditar vos
Aquà hay algunas, aunque durante mucho tiempo al no ser consideradas como personas, no se las computó como asesinatos.-
http://www.indigenas.bioetica.org/nota22.htm
Igualmente el tema nunca puede pasar por ver quien mató, no mató, o mató más o menos. El tema pasa para interrogarnos sobre las causas de esas muertes.-
En breve te acusan de revisionista histórico sesgado.
«Coincido en que Aramburu fue peor que Videla».
Tal vez Aramburu tuviera mal aliento o vistiera el uniforme arrugado… No sé. Es raro encontrare alguien peor que Videla en la historia argentina (sacando a Massera o a Menéndez, claro). Y Aramburu no es el candidato.
Los crÃmenes de Videla son incomparables con los de Aramburu, justamente por la planificación de una matanza colectiva que se llevó a cabo a lo largo del tiempo. Que yo sepa, los asesinatos polÃticos de los cuales puede acusarse a Aramburu se reducen a unos pocos dÃas de 1956 en una circunstancia determinada y no constituyen un genocidio sino una represión ilegal y desaforada. No se puede decir que Aramburu tuviera un plan para matar a todos los peronistas, como si lo tuvo Videla con la guerrilla (y algunos extras de paso).
Carlos Aguirre, Juan Ingalinella, Salmun feijoo, Lettieri, Baziluk, Ignacio Fontan, Jorge Calvo, Pedro Zelli,Manuel Mustafá, Lucas Lopez, Carlos Campanino,Pedro Caillaud, Silvestre Chernisiuk,Alfredo Plat; Enrique Schira, Eugenio ottolenghi,
Dejar de lado prejuicios para discutir con argumentos se hace muy difÃcil en estos tiempos. El «algo habrán hecho» que sugiere Mariano T en el comentario del 2 de junio es una muestra de que el prejuicio está profundamente arraigado en nuestro pensamiento. Análogamente, «algo habrán hecho» los estadounidenses para que les bajen las dos torres a avionazos. Me acuerdo cómo gritaron los medios del establishment cuando Hebe dijo que se habÃa hecho justicia, los mismos medios a los que no se les movió un pelo cuando mostraban a la gente en USA festejando el asesinato de Bin Laden.
Por lo menos Pablo D, el autor del post, aclara de entrada que odia (y profundamente, encima) a Aramburu. El que avisa no es traidor.
No estamos discutiendo la muerte de Aramburu. No estoy de acuerdo con que se le quite la vida deliberadamente a una persona, aunque sea un genocida, un violador o el ladrón de pasacasettes que «ajustició» el ingeniero Santos.
Discutamos, sÃ, la vida y obra de este General de la Nación, que derribó un gobierno elegido por el pueblo en elecciones libres y sin restricciones. Que acabó con la libertad económica lograda por el «régimen depuesto» e inició el ciclo moderno de la deuda externa ingresando al FMI.
Que dispuso el fusilamiento de un prisionero, el General Valle, que no solo era su amigo personal y compañero de promoción, sino que se habÃa entregado voluntariamente para evitar represalias.
Que dispuso el fusilamiento clandestino de civiles en el basural de José León Suárez, adelantándose 20 años a los genocidas de Videla. Este fusilamiento, por sus caracterÃsticas sà puede ser considerado crimen de Lesa Humanidad, porque fue cometido por miembros orgánicos del Estado (policÃa bonaerense y ejército) y ordenado, justificado y ocultado por los más altos miembros del Gobierno.
El gobierno de Aramburu intervino sindicatos y encarceló sindicalistas y luchadores populares. Derogó por bando militar una constitución, la de 1949, que sigue siendo modelo de constitucionalismo social aún hoy, y la reemplazó por la de 1853 con el parche del artÃculo 14bis. (Acá cabe aclarar que en la elección de constituyentes de 1957 habÃa ganado el voto en blanco).
En sÃntesis, un gran luchador contra la Justicia Social, la Independencia económica y la SoberanÃa polÃtica, a diferencia de los pequeños miserables que hoy son la oposición, más preocupados por hacer buenos negocios con la obra pública, como en el caso del Jefe de Gobierno de la CABA, o por aparecer en TV la mayor cantidad de tiempo posible, como en el caso de varios (me viene a la cabeza la imagen de Gil Lavedra tirando de la manga del notero de TN).
Gorilas eran los de antes…
Puede que los gorilas de antes, hayan sido exterminados cumpliendo las directivas de la orden del Comando Superior del Peronismo del año 1956, recordadas no hace mucho por Eduardo LuÃs Duhalde (*), en las que -nos dice- “se plantea la lucha del peronismo con su instrumental de violencia por fuera de la legalidad del orden polÃtico instaurado por el golpe militar del 55 pero también, por fuera –y permÃtaseme el término- de toda legalidad burguesa.†Dichas directivas, consideran que “Hemos cometido el error de creer que una revolución social podrÃa realizarse incruentamente. La reacción nos ha demostrado que estábamos equivocados y hemos pagado un caro precio por nuestro humanitarismoâ€.- Por lo cual “debemos prepararnos espiritualmente para una revolución social de proporciones definidas, destinada a realizar sus objetivos con el desar-me de la reacción y su extinción absoluta.†Además de propiciar la guerra de guerrillas, subrayan la importancia del terror contra los “gorilasâ€: Es necesario individualizarlos y hacerlos conocer públicamente por medio de panfletos, señalando el lugar donde viven, para que se les prepare el fin que merecen. …Hay que organizarse en grupos secretos para exterminarlos. Hay que buscar lo efectivo y no lo espectacular, recordando que un “gorila†quedará tan muerto mediante un tiro en la cabeza, como por efecto de un “accidenteâ€.-
(*) Duhalde, Eduardo Luis-Pérez, Eduardo M. De Taco Ralo a la alternativa independiente. Tomo I : Las FAP. De la campana. Bs. As. 2003. Págs. 18/31.-
Se ve que el peronismo no fue tan exitoso en eso de matar gorilas, el almirante Rojas murió en su cama y honrado por un presidente «peronista», sin ir más lejos.
En 1956 la Libertadora acababa de fusilar civiles y militares, un comando intentó matar a Perón en Asunción del Paraguay y después le pusieron una bomba en Caracas.
Con una mano en el corazón, Daio, ¿qué esperaba, que los inviten a un asado?
No precisamente un asado, pero cuando a esa prédica se le unió el hecho de la Revolución Cubana, aquellos vientos trajeron las tempestades que conocimos, puesto que la violencia de los 70 no nació únicamente del descreimiento en las reglas del juego democrático, ni de la mortificación que provocaba la burla de esas reglas, con la proscripción del peronismo, nacieron asociadas a una fe intransigente, la fe en la Revolución, con toda su carga mesiánica. Sólo la revolución traerÃa la regeneración social y permitirÃa edificar, pieza por pieza, otro mundo, el del pueblo liberado y el hombre nuevo.- Asà nos fue.-
PD: ¿generalsusvin? Es el del himno.-
Recuerdo 1953, primer grado inferior, mi querida maestra tenÃa tres lápices en la mano y nos puntualizaba, tocando las puntas de cada lápiz, repitiendo hasta el hartazgo:
«Socialmente Justa»
«Económicamente Libre»
«PolÃticamente Soberana»
Nunca lo olvidé, solo que no tenÃa la más remota idea a los 6 años, de qué corno significaban esas palabras, pero que era obligatorio saberlas de memoria y recitarlas perfectamente.
Además de agradecerte por el «revival», te pregunto: ¿Ningún gobierno peronista desde la «Libertadora» pudo reponer la Constitución del ´49? ¿Era más importante reformar la Ãdem para permitir la reelección del peronista Menem que volver a los hermosos tres lápices?
¿Entonces qué pretendemos de la pobre Oposición? Business are business….
¡Una reforma constitucional ahÃ!
No hay que ser ingenuos pensando que los «Libertadores» derogaron la Constitución de 1949 porque permitÃa la reelacción del presidente. Lo que más molestaba era el artÃculo que introducÃa la función social del capital y de la propiedad, poniendo la inviolabilidad de la propiedad privada en segundo término respecto de su uso social. Bajo estos principios, entre otros inmuebles, se expropiaron los terrenos de lo que luego se conoció como el Albergue Warnes, dando inicio a la construcción de un hospital de niños. Cuando se deroga la constitución de 1949, los propietarios del terreno inician un proceso judicial para su devolución que detiene las obras y convierte a los dos edificios casi terminados en una villa de emergencia y aguantadero de veinte pisos.
La inviolabilidad de la propiedad privada, obviamente, no fue modificada en la última reforma constitucional. ¿Te parece que los firmantes del Pacto de Olivos la hubieran tocado?
Jamás dije eso, General.
La Constitución dice un montón de bellas cosas (todas, la de 1853, 1949 y 1994). Con solo leerla, me emociono: derecho a la salud, la vivienda, la educación, la libertad. Realmente conmovedor.
Y en el Pacto de Olivos habÃa un señor peronista de toda la vida, votado y amado hasta la reelección. Su hija (parece), está decidida a continuar con su legado justo, libre y soberano (luego de Cristina, claro).
asado historico fue la quemazon de cadaveres de desaparecidos en el tiempo de Videla…cosa que los que viajabamos a visitar presos politicos no podiamos creer…¡y viva la ingenuidad!
lop que el general comentarista atribuye a Aramburu es de Lonardi,autor del golpe militar,y en otros aspectos represores me parece estar hablando de Frondizi,con su plan Conintes,desgraciadamente.Y si seguimos con los asesinos llegaremos a Rosas y Sarmiento.
Lonardi fue el mascarón de proa que utilizaron los fundamentalistas de la libertadora, esto dicho por la propia hija de Lonardi. Aramburu ejercÃa el poder y orientaba polÃticamente al gobierno, aunque no fuera formalmente el presidente.