Sólo el capÃtulo más previsible de la novela electoral kirchnerista ha quedado develado: Cristina Fernández irá por la reelección. Subsisten otros enigmas, sin embargo, que no tendrÃan una relevancia menor. Conocer quién será, por ejemplo, el compañero de fórmula. Descubrir si las internas abiertas de agosto, como insinuó la Presidenta anoche, podrÃan al final suspenderse , según le convenga al Gobierno.
Cristina hubiera deseado prolongar todos los misterios hasta el vencimiento de los plazos legales, que ocurrirá el sábado. Pero tomó en los últimos dÃas nota de una señal: tanta espera, rodeada de rumores intensos que ella misma acicateó, hubiera debilitado la fuerza de un gesto polÃtico del cual se consideró siempre propietaria exclusiva . Algún daño se habrÃa producido, de todas formas, más allá de que Cristina proclamó que desde aquel 27 de octubre, cuando murió Néstor Kirchner, siempre supo lo que debÃa hacer. Si lo supo, su estado de desborde emocional notorio en apariciones públicas sirvió, en más de una ocasión, para que fuera puesto en duda.
Quizás tenga resuelto a esta altura, también, quién será su candidato a vicepresidente. Si asà fuera, permanece cuidado bajo siete llaves. Y asà permanecerá, a lo mejor, hasta el sábado. Cristina podrÃa lograr con su lanzamiento y el misterio de la fórmula algo que no logró con la acción de su Gobierno: sacar el foco de la atención público de los escándalos que la conmueven, desde el caso de Sergio Schoklender hasta el desbarajuste en el INADI . Cuestiones que han colocado bajo juicio severo dos aspectos vertebrales de la era kirchnerista: la franqueza de la polÃtica de derechos humanos, donde habrÃan confluido intenciones subalternas, y la decencia en el manejo de los fondos públicos.
La decisión de ir por otro perÃodo trasuntarÃa la pretensión de Cristina de no aceptar matices en el desenvolvimiento de la polÃtica futura. La elección del compañero de fórmula descubrirÃa otras cosas: si el peronismo tradicional tendrá una mayor participación o si, como pontificó el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, “el peronismo será kirchnerista o no seráâ€.
Esa discusión podrÃa cruzar el debate polÃtico-ideológico con la verdadera necesidad electoral. Cristina desea ser acompañada por un dirigente de inconfundible lealtad , de esos que echaron raÃces en el poder, sobre todo, luego de la desaparición de Kirchner. Pero no habrÃa entre ellos, incluido Zannini, hombres con recomendable capital de votos.
Tampoco son hallables entre los jóvenes de La Cámpora, sin dudas el pilar sobre el cual piensa apoyarse Cristina en su hipotético próximo Gobierno . Si habÃa alguna duda sobre esa voluntad, se esfumó en las últimas 48 horas. Cristina utilizó el acto del DÃa de la Bandera en Rosario como laboratorio de su anuncio. En ese laboratorio, La Cámpora casi con exclusividad hizo su última prueba frente al desagrado del socialismo y del gobernador de Santa Fe y candidato presidencial, Hermes Binner.
La Presidenta, al lanzarse anoche, también manifestó el deseo de convertirse en un puente generacional. Ese deseo está quedando impreso en la confección de las listas electorales de todas las provincias. Cristina exige la incorporación de jóvenes, aunque esos jóvenes sean ignotos, inexpertos o recién aterrizados en la polÃtica. Esa ambición permitirÃa suponer que aquella sorprendente expresión de Zannini no serÃa ajena al pensamiento presidencial.
¿Tanta seguridad electoral tiene Cristina? ¿Tanta, que la podrÃa llevar a designar un candidato a vice con escasos oropeles? ¿Tanto confÃa en que su buena imagen está apuntalada por su gestión antes que por el impacto que produjo la súbita muerte de su marido? ¿Tan segura está que la tradicional labilidad polÃtica argentina no podrÃa colocarla, de repente, frente al albur de un balotaje? El nombre que alumbre a su lado, en la fórmula, podrÃa responder muchos de esos interrogantes.
Otro cantar, tal vez, serÃa si Cristina hurgara recursos en el peronismo. La presencia de algún gobernador partidario en el tándem podrÃa poner en marcha una estructura que, aún enmohecida, asegura la tracción de volúmenes de votos. Pero ese rumbo demorarÃa o frustrarÃa el proyecto de cambiarle el rostro clásico al PJ.
Revisar el pasado reciente, en ese sentido, podrÃa constituir un ejercicio productivo. A Cristina no le fue bien en el Gobierno con la unión de Julio Cobos.
Pero esa construcción tuvo un indiscutido rédito electoral . La concertación con los radicales implicó un corrimiento de votos hacia la Presidenta de un orden superior al millón. Casi la misma cantidad de sufragios que el matrimonio Kirchner resignó en las legislativas del 2009, después de la batalla perdida contra el campo. Nadie supone que aquella experiencia pueda repetirse, porque la concertación, igual que la transversalidad, fueron apenas enunciados de época sin convicción ni sustancia. Pero ahora es el peronismo el que correrÃa riesgo de quedar, en el turno que viene, con una participación minoritaria .
Cristina, como le solÃa ocurrir a Kirchner, volvió a mostrar en las horas de su lanzamiento que tiene un viejo problema irresuelto entre las palabras y los actos . En el Monumento a la Bandera, en Rosario, demandó “no más agresiones entre argentinos†, cuando los manifestantes hostilizaron a Binner y a otros dirigentes. Pero fue la misma Presidenta quien consintió que aquel acto se convirtiera en un mitÃn polÃtico a su favor . Miles de jóvenes fueron movilizados desde la Capital y Buenos Aires para proclamar la reelección. El secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, se encargó de que el intendente de Rosario, Miguel Lifchitz no hablara. El clima enrarecido hizo retroceder a Binner.
“Me parece bien que no hable†, le susurró la Presidenta al mandatario. DifÃcil conciliar esas actitudes con su prédica anterior de armonÃa y su llamado a la convivencia democrática.
Anoche repitió la escena. Cuando, al pasar, aludió al vicepresidente y a la oposición, levantó la ira del ejército de aduladores que asistió a su lanzamiento en la Rosada. Pidió cordura y la tropa se aplacó.
Entonces fue su turno . Describió todas las desventuras de la oposición que, a juicio suyo, los medios de comunicación no reflejan.
Es difÃcil saber qué lee, ve o escucha la Presidenta. O qué resúmenes de prensa le arriman sus colaboradores . No hay medio crÃtico del Gobierno u oficialista que no venga subrayando, desde hace meses, las desventuras de la oposición. En esas desventuras, justamente, se afincan por ahora, antes que en sus méritos, sus posibilidades de victoria en octubre.
Cristina repitió también, como el dÃa anterior, aquello de la necesidad del respeto por los demás. Pero su incursión siguiente lo derrumbó casi todo. Tildó de “candidatos residuales†a Mauricio Macri, a Pino Solanas y a todos aquellos, salvo Daniel Filmus, que pelearán el 10 de julio por la jefatura porteña.
Siempre sucede lo mismo con Cristina. El conflicto radica en sus contradicciones. En Rosario convocó a la concordia pero desarrolló un mensaje donde el concepto polÃtico de amigo-enemigo estuvo omnipresente. Advirtió, con el tono de los dÃas del pleito con el campo, sobre aquellos que “tiran piedras en nuestro caminoâ€.
El lunes, como ayer, sobrevoló una realidad de paÃs sobre la cual costarÃa convencer a cualquier ciudadano de a pie.
Describió a la Argentina como si se tratara de Noruega , el paÃs del mundo con mejor nivel de vida de acuerdo con registros de la ONU. Parangonó la rebelión de los “indignados†de Europa con la gran crisis del 2001 que asoló nuestra tierra. No hay, con seriedad, parangón posible. Ningún padecimiento social en Europa tiene simetrÃas con los que ocurren en América latina.
Tampoco en la Argentina .
Nadie sabe si esa descripción forma parte sólo de un relato de campaña. O si Cristina la cree de verdad. Ese serÃa el gran problema.
Qvideo El análisis polÃtico de Eduardo Van der Kooy www.clarin.com
Cristina hubiera deseado prolongar todos los misterios hasta el vencimiento de los plazos legales, que ocurrirá el sábado. Pero tomó en los últimos dÃas nota de una señal: tanta espera, rodeada de rumores intensos que ella misma acicateó, hubiera debilitado la fuerza de un gesto polÃtico del cual se consideró siempre propietaria exclusiva . Algún daño se habrÃa producido, de todas formas, más allá de que Cristina proclamó que desde aquel 27 de octubre, cuando murió Néstor Kirchner, siempre supo lo que debÃa hacer. Si lo supo, su estado de desborde emocional notorio en apariciones públicas sirvió, en más de una ocasión, para que fuera puesto en duda.
Quizás tenga resuelto a esta altura, también, quién será su candidato a vicepresidente. Si asà fuera, permanece cuidado bajo siete llaves. Y asà permanecerá, a lo mejor, hasta el sábado. Cristina podrÃa lograr con su lanzamiento y el misterio de la fórmula algo que no logró con la acción de su Gobierno: sacar el foco de la atención público de los escándalos que la conmueven, desde el caso de Sergio Schoklender hasta el desbarajuste en el INADI . Cuestiones que han colocado bajo juicio severo dos aspectos vertebrales de la era kirchnerista: la franqueza de la polÃtica de derechos humanos, donde habrÃan confluido intenciones subalternas, y la decencia en el manejo de los fondos públicos.
La decisión de ir por otro perÃodo trasuntarÃa la pretensión de Cristina de no aceptar matices en el desenvolvimiento de la polÃtica futura. La elección del compañero de fórmula descubrirÃa otras cosas: si el peronismo tradicional tendrá una mayor participación o si, como pontificó el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini, “el peronismo será kirchnerista o no seráâ€.
Esa discusión podrÃa cruzar el debate polÃtico-ideológico con la verdadera necesidad electoral. Cristina desea ser acompañada por un dirigente de inconfundible lealtad , de esos que echaron raÃces en el poder, sobre todo, luego de la desaparición de Kirchner. Pero no habrÃa entre ellos, incluido Zannini, hombres con recomendable capital de votos.
Tampoco son hallables entre los jóvenes de La Cámpora, sin dudas el pilar sobre el cual piensa apoyarse Cristina en su hipotético próximo Gobierno . Si habÃa alguna duda sobre esa voluntad, se esfumó en las últimas 48 horas. Cristina utilizó el acto del DÃa de la Bandera en Rosario como laboratorio de su anuncio. En ese laboratorio, La Cámpora casi con exclusividad hizo su última prueba frente al desagrado del socialismo y del gobernador de Santa Fe y candidato presidencial, Hermes Binner.
La Presidenta, al lanzarse anoche, también manifestó el deseo de convertirse en un puente generacional. Ese deseo está quedando impreso en la confección de las listas electorales de todas las provincias. Cristina exige la incorporación de jóvenes, aunque esos jóvenes sean ignotos, inexpertos o recién aterrizados en la polÃtica. Esa ambición permitirÃa suponer que aquella sorprendente expresión de Zannini no serÃa ajena al pensamiento presidencial.
¿Tanta seguridad electoral tiene Cristina? ¿Tanta, que la podrÃa llevar a designar un candidato a vice con escasos oropeles? ¿Tanto confÃa en que su buena imagen está apuntalada por su gestión antes que por el impacto que produjo la súbita muerte de su marido? ¿Tan segura está que la tradicional labilidad polÃtica argentina no podrÃa colocarla, de repente, frente al albur de un balotaje? El nombre que alumbre a su lado, en la fórmula, podrÃa responder muchos de esos interrogantes.
Otro cantar, tal vez, serÃa si Cristina hurgara recursos en el peronismo. La presencia de algún gobernador partidario en el tándem podrÃa poner en marcha una estructura que, aún enmohecida, asegura la tracción de volúmenes de votos. Pero ese rumbo demorarÃa o frustrarÃa el proyecto de cambiarle el rostro clásico al PJ.
Revisar el pasado reciente, en ese sentido, podrÃa constituir un ejercicio productivo. A Cristina no le fue bien en el Gobierno con la unión de Julio Cobos.
Pero esa construcción tuvo un indiscutido rédito electoral . La concertación con los radicales implicó un corrimiento de votos hacia la Presidenta de un orden superior al millón. Casi la misma cantidad de sufragios que el matrimonio Kirchner resignó en las legislativas del 2009, después de la batalla perdida contra el campo. Nadie supone que aquella experiencia pueda repetirse, porque la concertación, igual que la transversalidad, fueron apenas enunciados de época sin convicción ni sustancia. Pero ahora es el peronismo el que correrÃa riesgo de quedar, en el turno que viene, con una participación minoritaria .
Cristina, como le solÃa ocurrir a Kirchner, volvió a mostrar en las horas de su lanzamiento que tiene un viejo problema irresuelto entre las palabras y los actos . En el Monumento a la Bandera, en Rosario, demandó “no más agresiones entre argentinos†, cuando los manifestantes hostilizaron a Binner y a otros dirigentes. Pero fue la misma Presidenta quien consintió que aquel acto se convirtiera en un mitÃn polÃtico a su favor . Miles de jóvenes fueron movilizados desde la Capital y Buenos Aires para proclamar la reelección. El secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, se encargó de que el intendente de Rosario, Miguel Lifchitz no hablara. El clima enrarecido hizo retroceder a Binner.
“Me parece bien que no hable†, le susurró la Presidenta al mandatario. DifÃcil conciliar esas actitudes con su prédica anterior de armonÃa y su llamado a la convivencia democrática.
Anoche repitió la escena. Cuando, al pasar, aludió al vicepresidente y a la oposición, levantó la ira del ejército de aduladores que asistió a su lanzamiento en la Rosada. Pidió cordura y la tropa se aplacó.
Entonces fue su turno . Describió todas las desventuras de la oposición que, a juicio suyo, los medios de comunicación no reflejan.
Es difÃcil saber qué lee, ve o escucha la Presidenta. O qué resúmenes de prensa le arriman sus colaboradores . No hay medio crÃtico del Gobierno u oficialista que no venga subrayando, desde hace meses, las desventuras de la oposición. En esas desventuras, justamente, se afincan por ahora, antes que en sus méritos, sus posibilidades de victoria en octubre.
Cristina repitió también, como el dÃa anterior, aquello de la necesidad del respeto por los demás. Pero su incursión siguiente lo derrumbó casi todo. Tildó de “candidatos residuales†a Mauricio Macri, a Pino Solanas y a todos aquellos, salvo Daniel Filmus, que pelearán el 10 de julio por la jefatura porteña.
Siempre sucede lo mismo con Cristina. El conflicto radica en sus contradicciones. En Rosario convocó a la concordia pero desarrolló un mensaje donde el concepto polÃtico de amigo-enemigo estuvo omnipresente. Advirtió, con el tono de los dÃas del pleito con el campo, sobre aquellos que “tiran piedras en nuestro caminoâ€.
El lunes, como ayer, sobrevoló una realidad de paÃs sobre la cual costarÃa convencer a cualquier ciudadano de a pie.
Describió a la Argentina como si se tratara de Noruega , el paÃs del mundo con mejor nivel de vida de acuerdo con registros de la ONU. Parangonó la rebelión de los “indignados†de Europa con la gran crisis del 2001 que asoló nuestra tierra. No hay, con seriedad, parangón posible. Ningún padecimiento social en Europa tiene simetrÃas con los que ocurren en América latina.
Tampoco en la Argentina .
Nadie sabe si esa descripción forma parte sólo de un relato de campaña. O si Cristina la cree de verdad. Ese serÃa el gran problema.
Qvideo El análisis polÃtico de Eduardo Van der Kooy www.clarin.com