Opinión
Viernes 29 de julio de 2011 | 00:53 (actualizado a las 00:53)
Leà con mucha atención la columna que publicó mi amigo MartÃn Lousteau en lanacion.com. Allà MartÃn plantea su visión del fenómeno Miguel del Sel con cierto asombro e inocultable incomodidad por la emergencia de actores polÃticos provenientes del campo de la cultura popular quienes, por definición, no cumplen con el cursus honorum propio de la dirigencia polÃtica tradicional.
No estoy seguro que la experiencia sea un factor determinante -mucho menos excluyente- para consolidar un liderazgo polÃtico y lograr una buena gestión. En mi opinión, un polÃtico debe combinar carisma -para comunicarse con la gente y obtener su apoyo, ya que sin apoyo no hay reformas y sin reformas no hay progreso-, liderazgo -para armar buenos equipos y convocar gente honesta, capacitada y trabajadora que puedan ejecutar las polÃticas y darle prioridad a los temas que fija la conducción- y finalmente, decisión -para convencer a la sociedad y al resto de los dirigentes respecto a que los cambios son posibles.
PodrÃa agregar a la caja de herramientas del buen polÃtico la experiencia de gestión, el conocimiento de la burocracia, la capacidad de construcción de poder y otras del estilo. En mi opinión, estas habilidades se aprenden con el tiempo y forman parte de una experiencia (a veces nefasta) que acumulan todos por igual. Pero los valores y las virtudes del polÃtico le son innatas y son más importantes como requisitos que las carencias que eficazmente señala MartÃn en su columna.
El carisma inagotable de Miguel no es lo único que sacudió al electorado
Conviene tenerlo claro, no fue el personaje el que explicó la enorme cantidad de votos que se obtuvieron sino la persona. Para ilustrar el punto podrÃa aportar algunos datos interesantes. Cuando Miguel comenzó su campaña (hace menos de 5 meses) tenÃa una imagen negativa relativamente elevada. Es decir, el personaje -puesto en su nuevo rol público- lo alejaba más de lo que lo acercaba a la gobernación. Por entonces, con excepción de quienes lo conocÃan y lo animaban a participar, pocos creÃan en el éxito de su candidatura. Cuando terminó la campaña, las investigaciones mostraban que su imagen negativa era mÃnima y su imagen positiva superaba a la de los dirigentes más encumbrados de la provincia. Esta dinámica demuestra que la gente lo escuchó, lo conoció y luego comenzó a valorarlo como candidato y dirigente.
Hoy su éxito electoral, logrado con una Ãnfima estructura territorial, es un tema de debate y estudio. Desde la perspectiva de los intelectuales porteños, este fenómeno no podÃa percibirse antes de las elecciones y, según se ve, tampoco después.
Pero el carisma inagotable de Miguel no es lo único que sacudió al electorado. Con el apoyo de Pro, Miguel del Sel logró articular una campaña ejemplar, reunir a sus equipos técnicos, escribir un libro con diagnósticos y propuestas para Santa Fe ( Cerca de la Gente que puede bajarse en www.migueldelsel2011.com), realizó una gira internacional, fue aplaudido por empresarios en distintos foros, visitó más de 250 localidades de la provincia, tomó mate en los ranchos, caminó por los barrios más peligrosos y recorrió 70.000 kilómetros de ruta en un pequeño auto acompañado por sus amigos de toda la vida.
Muchos santafecinos y santafecinas que seguÃan estas noticias por los medios locales pensaron, con buen criterio, que si Miguel habÃa hecho tanto en cuatro meses con unos pocos quizás podrÃa hacer muchÃsimo en cuatro años con unos cuantos. Esa fue la campaña de Miguel. Ese es el fenómeno Miguel del Sel.
El autor es economista y coordinador de equipos técnicos de Miguel del Sel
Viernes 29 de julio de 2011 | 00:53 (actualizado a las 00:53)
Leà con mucha atención la columna que publicó mi amigo MartÃn Lousteau en lanacion.com. Allà MartÃn plantea su visión del fenómeno Miguel del Sel con cierto asombro e inocultable incomodidad por la emergencia de actores polÃticos provenientes del campo de la cultura popular quienes, por definición, no cumplen con el cursus honorum propio de la dirigencia polÃtica tradicional.
No estoy seguro que la experiencia sea un factor determinante -mucho menos excluyente- para consolidar un liderazgo polÃtico y lograr una buena gestión. En mi opinión, un polÃtico debe combinar carisma -para comunicarse con la gente y obtener su apoyo, ya que sin apoyo no hay reformas y sin reformas no hay progreso-, liderazgo -para armar buenos equipos y convocar gente honesta, capacitada y trabajadora que puedan ejecutar las polÃticas y darle prioridad a los temas que fija la conducción- y finalmente, decisión -para convencer a la sociedad y al resto de los dirigentes respecto a que los cambios son posibles.
PodrÃa agregar a la caja de herramientas del buen polÃtico la experiencia de gestión, el conocimiento de la burocracia, la capacidad de construcción de poder y otras del estilo. En mi opinión, estas habilidades se aprenden con el tiempo y forman parte de una experiencia (a veces nefasta) que acumulan todos por igual. Pero los valores y las virtudes del polÃtico le son innatas y son más importantes como requisitos que las carencias que eficazmente señala MartÃn en su columna.
El carisma inagotable de Miguel no es lo único que sacudió al electorado
Conviene tenerlo claro, no fue el personaje el que explicó la enorme cantidad de votos que se obtuvieron sino la persona. Para ilustrar el punto podrÃa aportar algunos datos interesantes. Cuando Miguel comenzó su campaña (hace menos de 5 meses) tenÃa una imagen negativa relativamente elevada. Es decir, el personaje -puesto en su nuevo rol público- lo alejaba más de lo que lo acercaba a la gobernación. Por entonces, con excepción de quienes lo conocÃan y lo animaban a participar, pocos creÃan en el éxito de su candidatura. Cuando terminó la campaña, las investigaciones mostraban que su imagen negativa era mÃnima y su imagen positiva superaba a la de los dirigentes más encumbrados de la provincia. Esta dinámica demuestra que la gente lo escuchó, lo conoció y luego comenzó a valorarlo como candidato y dirigente.
Hoy su éxito electoral, logrado con una Ãnfima estructura territorial, es un tema de debate y estudio. Desde la perspectiva de los intelectuales porteños, este fenómeno no podÃa percibirse antes de las elecciones y, según se ve, tampoco después.
Pero el carisma inagotable de Miguel no es lo único que sacudió al electorado. Con el apoyo de Pro, Miguel del Sel logró articular una campaña ejemplar, reunir a sus equipos técnicos, escribir un libro con diagnósticos y propuestas para Santa Fe ( Cerca de la Gente que puede bajarse en www.migueldelsel2011.com), realizó una gira internacional, fue aplaudido por empresarios en distintos foros, visitó más de 250 localidades de la provincia, tomó mate en los ranchos, caminó por los barrios más peligrosos y recorrió 70.000 kilómetros de ruta en un pequeño auto acompañado por sus amigos de toda la vida.
Muchos santafecinos y santafecinas que seguÃan estas noticias por los medios locales pensaron, con buen criterio, que si Miguel habÃa hecho tanto en cuatro meses con unos pocos quizás podrÃa hacer muchÃsimo en cuatro años con unos cuantos. Esa fue la campaña de Miguel. Ese es el fenómeno Miguel del Sel.
El autor es economista y coordinador de equipos técnicos de Miguel del Sel