No sólo yo, ya por 2009, en una columna que firmó para La Nación, Mariano Grondona decÃa: “ya casi no se discute ‘si’ al Estado le está permitido intervenir en estos temas sino ‘cómo’ le convendrÃa hacerlo (…) la «cultura estatista» que se ha instalado entre nosotros. (…) Es como si los argentinos no concibiéramos ya que hay ciertos temas en los cuales no corresponde, sencillamente, que se meta el Estadoâ€. Claro que Grondona le da otra interpretación al asunto, diametralmente opuesta, por supuesto, a la mÃa.
Me pregunté, también, qué actitud tomarÃa la oposición en cuanto a sus tácticas y estrategias de acción polÃtica si Cristina Fernández lograba –adaptándonos a lo que se votó el domingo- posicionarse con serias chances de convertirse en la primera persona consagrada en la presidencia sin el concurso de los poderes fácticos, hoy nucleados dominantemente en AEA y hablados a través de ClarÃn.
Y que, si ello ocurrÃa; es decir, el avance en el combate de posiciones por la conducción de la agenda de la gestión del Estado entre el proyecto que engrosó la capacidad de la polÃtica a tal fin, habÃa que observar qué tipo de actitud tomarÃan las representaciones polÃticas no kirchneristas atento la nueva convicción social a este último respecto; y, también, al fracaso al que serÃan conducidos si no corregÃan en la conducción, precisamente por no haber tomado nota de los nuevos datos mencionados.
Hernán Brienza dice que es la primera vez, desde Perón, que un polÃtico “acumula tanto poder como para lograr imponer un pacto social y polÃtico a los grupos de presión de la sociedad argentinaâ€, que “la convierte en la única personalidad polÃtica que tiene una relación personal y afectiva con el electorado†y que “margen de acumulación polÃtica le permitirá a la presidenta ponerse no sólo por encima de los demás polÃticos sino también, en términos simbólicos, como la personificación misma del Estadoâ€.
El lunes yo apuntaba que la magnitud del triunfo “plancha†la discusión por la sucesión 2015 al interior del PJ –que, por increÃble que resulte, hasta que el domingo se cerraron los comicios, existÃa-.
El domingo se votó, a mi criterio, por el Estado presente, activo, que pelea por decidir qué y cómo se hace. Y sobre todo, quién debe pagarlo: como no es el electorado el elegido por el kirchnerismo para cargar con los costos de la ampliación de ese Estado que cada vez llega más y, sobre todo, mejor. El kirchnerismo es el que más cabalmente representó esa opción –por no decir el único-.
E Ãntimamente ligado a lo anterior, debe anotarse la capacidad de CFK de presentarse como mujer de Estado, que, a la vez, logró enhebrar un relato capaz de interpelar transversal o verticalmente a la pirámide social, logrando lo necesario a los fines de concitar mayorÃas: tarea, esa, que, como dijera el presidente del INTI, Enrique MartÃnez, requiere de “demostrar a la clase media que gana con el bienestar del otro, que ese cambio no se hace a expensas de ella. No sólo gana porque desde una óptica conservadora mejorarÃan sus condiciones de seguridad. Gana también porque más compatriotas con algo por lo que vivir generan más oportunidades de trabajo, de construcción colectiva, que inevitablemente llevan un beneficio a quienes están dentro del sistema, sea produciendo o sea brindando serviciosâ€.
DecÃamos, la semana pasada: “lo que debe venir es la institucionalización de los cambios. Ya no sólo generar leyes, sino galvanizar estructuras†que vayan desparramándose a lo largo y a lo ancho del territorio, consolidando en concreto la particularización de las grandes lÃneas del modelo interpelando las necesidades de una sociedad que, creciendo, se complejiza.
El temor corporativo, esto es, la consolidación institucional del nuevo sentido de Estado, parece que guiará las estrategias de segundos y terceros de acá en más –no asà de Binner, bastante desenganchado, pre y post comicio, de la conducción clarinista de AEA (sencillamente porque sabe, Binner, lo que le conviene), lo que lo ayudó a superar sus propias expectativas-. En ello se basa el llamado a “parlamentarizar†el voto de octubre.
Se trata, para las corporaciones del establishment, de conservar –como dijera Omix, “juegan al empateâ€, que consolide sus posiciones de privilegio- el escenario de deplorable funcionamiento del Congreso ’09-’11, paralizado por exclusiva culpa de la tergiversación institucional que intentó e Grupo A del sistema presidencialista, pretendiendo que no importan ni la primera minorÃa parlamentaria ni la opinión presidencial –cuyo concurso es imprescindible a la hora de la sanción de una ley-.
A estas horas, entonces, surgen como datos alentadores tanto el fin de la sobrerrepresentación de que gozaba una formación polÃtica de actitud irresponsable como lo es la Coalición CÃvica –artÃfices de que el paÃs viva este año en la vergonzosa carencia de presupuesto; guiados, a esos fines, por su falta de compromiso con la territorialidad y la administración de algún lugar-, como la conformación de un nuevo bloque parlamentario como lo es el del Frente Progresista, que por el antecedente de haber escapado varias veces de las lógicas mediáticas y por tener en su haber la necesidad de garantizar, por ejemplo, la gobernabilidad de un Bonfatti altamente comprometido en Santa Fe, augura una dinámica parlamentaria –atento, también, a que dicen tener varios puntos de acuerdo con el kirchnerismo- más sana.
De cara al 23/10/11, el mensaje –la campaña, como dice AnÃbal, es la gestión- debe ser que si se votó a favor de la nueva concepción de gestión de Estado traÃda por el kirchnerismo, es necesario (a los fines de consolidarla, quitándola de la inestabilidad que le provocarÃa el ir y venir de la discusión polÃtica coyuntural) dejarla impresa sobre bases legales firmes, que no vendrán si no es de la mano de una mayorÃa parlamentaria comprometida menos con la angurria corporativa, que con el sentido de la última votación.
Nada que agregar.
Firmo.
Gracias, monstruo. Hay que hacer campaña contra el corte de boleta, ahora. «Las tijeras déselas a sus chicos, para el colegio.». Abrazo.
Esa es la verdadera discusion, nosotros los garcas no queremos seguir manteniendo a un estado que nos cobra mucho y nos da poco.
Tenga paciencia amigo garca. primero tiene que desaparecer el capitalismo, luego le tocará desaparecer al estado.
Ah, nunca lo habia pensado con esa perspectiva.
Pero hasta ahora los intentos de acabar con el capitalismo terminaron en sistemas con estados elefantiasicos personalistas y represivos con los disidentes y con restricciones a la emigracion. O sea un sistema de esclavitud moderno.
asà que el estado «te cobra»? toda una involuntaria declaración de ideologÃa.
«mucho»? qué otros estados estás tomando como referencia?