No sólo en Argentina se considera que la mejor manera de morigerar las desigualdades sociales es la creación de un amplio número de puestos de trabajo. Debido al impacto durÃsimo de las polÃticas de los noventa –que destruyeron millares de puestos y generaron otros tantos, pero de calidad mucho peor– también nos convencimos de que la pobreza desaparecerÃa a medida que la economÃa recuperara el dinamismo creador de empleo. La salida de la crisis, facilitada por el modo en que se terminó con el “uno a uno” de los años noventa y por un cambio sustancial de las condiciones del comercio internacional, operó con la reapertura de miles de pequeñas y medianas empresas que dejaron de tener competencia externa “directa” por la gran devaluación del peso, lo que reactivó el mercado laboral.
El perÃodo 2003-2006 mostró al tiempo que un dinamismo económico parecido al de América latina (pero que no tenÃa muchos antecedentes en el propio paÃs) un ritmo de creación de empleo que tampoco tenÃa precedentes en los registros existentes. En ese lapso el empleo crecÃa por año a un porcentaje similar al de toda la década de los noventa. Y eso duró cuatro años. Desafortunadamente, lo que siguió fue bien diferente. Entre 2007 y 2011 el empleo creció, en total, tanto como lo acumulado en los años noventa. Pero lo singular es que ése habÃa sido el ritmo anual entre 2003 y 2007. Es decir, lo que interesa es el cambio de tendencia que transformó el aumento anual en el acumulado de cuatro años. Por lo cual, al mantenerse, salvo en 2009, el alto crecimiento económico y declinar fuertemente la creación de empleo, las condiciones de mejoramiento relativo de los trabajadores en “el reparto de la torta” se deterioraron rápidamente. Todo esto dicho haciendo malabarismos para superar los inconvenientes derivados de la carencia de estadÃsticas oficiales satisfactorias. Dicho sea de paso, es difÃcil no poner como hipótesis que tal distorsión a la información estadÃstica socioeconómica esconda el propósito de evitar tal percepción.
No es éste el lugar para hacer un de-sarrollo argumental de carácter técnico al respecto. Sólo digamos que –según los números oficiales– el balance de creación de puestos desde 2003 hasta fines de 2010, sin computar a los beneficiarios de planes, fue del 25 por ciento. Ese porcentaje coincide con el incremento del empleo industrial. Pero desagregando sectorialmente, la rama que más aumentó en ese lapso fue la intermediación financiera (60 por ciento), seguida de restaurantes y hoteles (53 por ciento). La única subrama de la industria que superó la media alcanzando también el 53 por ciento es la de productos metálicos, maquinarias y equipos, explicada básicamente por el desempeño del sector automotriz. Un poco por debajo se ubican la construcción (48 por ciento) y tres componentes del sector servicio más la Administración Pública, con valores por debajo del 40 por ciento.
Si se separa aquà también en dos subperÃodos, la nota caracterÃstica es que el grueso del aumento en casi todas las ramas se observó en el primer cuatrienio, tendiendo a desaparecer dicho aumento en los años más recientes. De manera que el aumento del empleo post crisis difÃcilmente pueda diferenciarse, en cuanto a su composición predominante, del aumento del pasado inmediato. La distinción existente, y no es menor, es su cuantÃa.
En todo este perÃodo –a diferencia de la última década del siglo XX– el aumento de puestos de trabajo asalariado estuvo dominado por su buena calidad. Pero no significa que el número absoluto de trabajadores precarios haya disminuido. Al contrario. Hasta 2007 continuó subiendo pues la demanda laboral incluÃa principal, pero no exclusivamente, empleos protegidos. De allà en más habrÃa disminuido en algo el número absoluto, pero excediendo los valores del perÃodo de la crisis de 2002.
Mirando al futuro, por tanto, deberÃamos preguntarnos acerca de las posibilidades ciertas de preservar una dinámica de aumento del empleo en cantidad y calidad, incluyendo su remuneración, que tenga las virtudes de los años inmediatos a la crisis y no lo peligros de los años más recientes
* Director del Ceped/Investigador del Conicet.s
El perÃodo 2003-2006 mostró al tiempo que un dinamismo económico parecido al de América latina (pero que no tenÃa muchos antecedentes en el propio paÃs) un ritmo de creación de empleo que tampoco tenÃa precedentes en los registros existentes. En ese lapso el empleo crecÃa por año a un porcentaje similar al de toda la década de los noventa. Y eso duró cuatro años. Desafortunadamente, lo que siguió fue bien diferente. Entre 2007 y 2011 el empleo creció, en total, tanto como lo acumulado en los años noventa. Pero lo singular es que ése habÃa sido el ritmo anual entre 2003 y 2007. Es decir, lo que interesa es el cambio de tendencia que transformó el aumento anual en el acumulado de cuatro años. Por lo cual, al mantenerse, salvo en 2009, el alto crecimiento económico y declinar fuertemente la creación de empleo, las condiciones de mejoramiento relativo de los trabajadores en “el reparto de la torta” se deterioraron rápidamente. Todo esto dicho haciendo malabarismos para superar los inconvenientes derivados de la carencia de estadÃsticas oficiales satisfactorias. Dicho sea de paso, es difÃcil no poner como hipótesis que tal distorsión a la información estadÃstica socioeconómica esconda el propósito de evitar tal percepción.
No es éste el lugar para hacer un de-sarrollo argumental de carácter técnico al respecto. Sólo digamos que –según los números oficiales– el balance de creación de puestos desde 2003 hasta fines de 2010, sin computar a los beneficiarios de planes, fue del 25 por ciento. Ese porcentaje coincide con el incremento del empleo industrial. Pero desagregando sectorialmente, la rama que más aumentó en ese lapso fue la intermediación financiera (60 por ciento), seguida de restaurantes y hoteles (53 por ciento). La única subrama de la industria que superó la media alcanzando también el 53 por ciento es la de productos metálicos, maquinarias y equipos, explicada básicamente por el desempeño del sector automotriz. Un poco por debajo se ubican la construcción (48 por ciento) y tres componentes del sector servicio más la Administración Pública, con valores por debajo del 40 por ciento.
Si se separa aquà también en dos subperÃodos, la nota caracterÃstica es que el grueso del aumento en casi todas las ramas se observó en el primer cuatrienio, tendiendo a desaparecer dicho aumento en los años más recientes. De manera que el aumento del empleo post crisis difÃcilmente pueda diferenciarse, en cuanto a su composición predominante, del aumento del pasado inmediato. La distinción existente, y no es menor, es su cuantÃa.
En todo este perÃodo –a diferencia de la última década del siglo XX– el aumento de puestos de trabajo asalariado estuvo dominado por su buena calidad. Pero no significa que el número absoluto de trabajadores precarios haya disminuido. Al contrario. Hasta 2007 continuó subiendo pues la demanda laboral incluÃa principal, pero no exclusivamente, empleos protegidos. De allà en más habrÃa disminuido en algo el número absoluto, pero excediendo los valores del perÃodo de la crisis de 2002.
Mirando al futuro, por tanto, deberÃamos preguntarnos acerca de las posibilidades ciertas de preservar una dinámica de aumento del empleo en cantidad y calidad, incluyendo su remuneración, que tenga las virtudes de los años inmediatos a la crisis y no lo peligros de los años más recientes
* Director del Ceped/Investigador del Conicet.s