El martes pasado, el gobierno de Angela Merkel envió a Mariano Rajoy, a través del embajador de España en BerlÃn, este mensaje: «Esperamos que asuma el mismo dÃa de la victoria los compromisos que demanda la racionalización de la economÃa española».
El triunfador de ayer respondió el viernes. Pidió a los mercados «más de media hora» de tregua para tomar las medidas que exige la crisis. Mientras tanto, como en una postal argentina, sus colaboradores negocian con los de José Luis RodrÃguez Zapatero una entrega anticipada del poder.
Estas urgencias determinan que, por un tiempo cuya magnitud se desconoce, Rajoy no tendrá otra prioridad que la supervivencia económica. Sus relaciones con el mundo, con América latina y con la Argentina serán modeladas por ese imperativo. La polÃtica exterior no figuró en la campaña electoral. En el debate con Alfredo Pérez Rubalcaba, Rajoy sólo le dedicó una lÃnea final cuando advirtió que le sobraban dos minutos. La prioridad internacional del nuevo gobierno será Europa, donde se juega su suerte financiera.
Sin embargo, es posible que las mismas angustias que lo llevarán a prestar atención a Bruselas y BerlÃn hagan que Rajoy gire la cabeza hacia el otro lado del Atlántico. En un par de entrevistas adelantó que su cancillerÃa se enfocará en la economÃa y el comercio, sobre todo con América latina.
En esas pistas se justifican los que piensan que el nuevo ministro de Relaciones Exteriores de España podrÃa ser un empresario del perfil de Manuel Pizarro (ex Endesa), César Alierta (Telefónica) o Francisco Louzón (Banco de Santander). Aunque existen opciones más ligadas a la polÃtica. Por ejemplo, la de Esperanza Aguirre, presidente de la Comunidad de Madrid, a quien Rajoy podrÃa confiar sus relaciones con el mundo, en una jugada parecida a la que realizó Barack Obama cuando puso al frente del Departamento de Estado a su rival femenina, Hillary Clinton.
La pretensión de una apertura externa que se preocupe por los números y mire hacia el Atlántico podrÃa ser más que retórica. España tiene del otro lado del océano una formidable área de reserva, capaz de compensar en algo la entropÃa europea. Las ganancias ultramarinas de las grandes empresas españolas comienzan a superar a las que obtienen en casa.
Si toma ese camino, Rajoy estarÃa reponiendo la tradición diplomática posfranquista que quedó interrumpida durante el mandato de RodrÃguez Zapatero. Felipe González y José MarÃa Aznar pusieron en valor el término Iberoamérica. Entendieron que en la aspiración a gravitar sobre los viejos reinos de Indias habÃa un capital polÃtico que sus electorados apreciarÃan.
En ningún caso fue la ensoñación de un megalómano. González y Aznar fueron los rostros de una España modélica. Por su ejemplar transición a la democracia, y por la capacidad para construir un socialismo compatible con el mercado, y un liberalismo conservador compatible con la democracia. Esas condiciones impulsaron un proceso de modernización que mostró a las naciones que hablan español la perspectiva de esa prosperidad que a lo largo de las décadas les habÃa resultado tan esquiva.
Zapatero rompió ese consenso. Salvo una exploración inicial del experimento bolivariano, las relaciones con Iberoamérica quedaron instaladas en una inercia perezosa. El Palacio Santa Cruz fue confiado a Miguel Angel Moratinos, un diplomático interesado en el conflicto árabe-israelÃ, que se extasió con ejercicios más académicos que polÃticos, como la Alianza de Civilizaciones o el multilateralismo.
España rompió con Estados Unidos al abandonar la coalición militar que la habÃa llevado a Irak. Pero mantuvo las tropas en Afganistán con un costo mayor en vidas humanas, y terminó cediendo la base de Rota al escudo antimisiles de la OTAN.
La diplomacia de Zapatero dedicó a Africa un énfasis inédito. Destinó torrentes de dinero a la cooperación internacional, que pasó de 2400 a 5000 millones de euros. Y se ubicó entre los primeros donantes a 70 programas multilaterales de Naciones Unidas.
Al mismo tiempo, la presencia española en América se fue desdibujando. A diferencia de González y Aznar, Zapatero no visitó todos los paÃses de habla hispana. Mientras fue vicepresidenta, Teresa Fernández de la Vega se hizo cargo de esa tarea que, de paso, la convirtió en la mejor amiga de Cristina Kirchner en el ambiente internacional.
La crisis económica aisló más a Zapatero. Debió ausentarse de la Cumbre Iberoamericana de 2010, en Mar del Plata, por problemas en la Comisión Europea. A la de este año, en Asunción, ya no asistieron los demás socios del Mercosur. El proyecto de una Comunidad Iberoamericana que, con el rey en el centro, fue pensado por González y Aznar como una versión latina del Commonwealth, comenzó a desfallecer.
Las empresas españolas ansÃan que Rajoy restaure el vÃnculo con el otro lado del Atlántico. No sólo porque allà pueden encontrar un mercado que las compense de las penurias europeas. También porque se sienten desafiadas por la internacionalización de las compañÃas brasileñas, que se mueven siempre con el paraguas de Itamaraty. Brasil, México y, de a poco, Colombia están en el centro de la pantalla de los españoles.
Pero, para las grandes fortunas brasileñas y mexicanas, los activos ibéricos también son un objetivo al alcance de la mano. Basta examinar las inversiones de Carlos Slim en la penÃnsula. Hay una especie de retorno de los galeones, por recordar aquel tÃtulo de Max HenrÃquez Ureña.
Las relaciones de España con la Argentina, que fueron idÃlicas, se han ido complicando. El tiempo convenció a los españoles de lo mismo que creen los norteamericanos: el paÃs no tiene la vocación de ser, como ellos pretenden, el equilibrio de la potencia brasileña. El congelamiento de tarifas, la estatización de Aguas Argentinas, el furcio de convertir a Juan Carlos I en «facilitador» del entredicho rioplatense por las pasteras, y la expropiación de AerolÃneas -cuyos dueños estuvieron muy lejos de exhibir las virtudes del empresariado español- dañaron las relaciones económicas.
Desidia
La desidia hizo lo suyo con el vÃnculo polÃtico. El único socialista que siguió visitando la Argentina, motivado sobre todo por su amistad con el embajador Carlos Bettini, fue Felipe González. En Buenos Aires también pesa el desgano: Héctor Timerman canceló sin explicaciones convincentes la visita a Madrid prevista para después de la cumbre del G-20 en Cannes.
La rutina bilateral quedó en manos de empresarios como Antonio Brufau (Repsol-YPF) o César Alierta (Telefónica). Las inversiones destinadas al mercado argentino suman un stock de 22.000 millones de dólares. Pero el flujo fue en 2010 de sólo 164 millones de euros. La décima parte de lo que se orientó hacia Brasil.
Como todo gallego que hace polÃtica, Rajoy está obligado a tener presente a la Argentina. La ha visitado muchas veces y, además, tiene cerca de sà a uno de los españoles que mejor la conoce, el ex secretario de Iberoamérica Miguel Angel Cortés, incansable predicador de los beneficios, materiales y simbólicos, que ofrece la comunidad de la lengua.
Más allá de estas motivaciones, una lectura sinóptica de la escena global descubrirÃa que en el reencuentro de España con América se expresa una corriente profunda de la historia.
La incorporación de las muchedumbres asiáticas al mercado, que está en la raÃz de la crisis de competitividad que afecta a Europa, es, a la vez, la razón principal de la bonanza sudamericana. Es razonable que Rajoy advierta que esa nueva clase media que está emergiendo en Brasil, Colombia o Perú, puede acceder a los bienes y servicios que dejan de consumir los españoles.
Hay, en fin, motivos bastante evidentes para suponer que España está llamada, como en las postrimerÃas del siglo XV, a superar el ahogo europeo buscando un horizonte al otro lado del mar.
Una larga lista de desafÃos
Desempleo. Hay cinco millones de españoles sin trabajo. La tasa, actualmente de 21,5%, récord entre los paÃses industrializados, empezó a aumentar desde la crisis inmobiliaria de 2008.
Crecimiento. La economÃa se contrajo 3,7% en 2009, y 0,1% en 2010. En el primer trimestre de 2011 creció 0,4% y en el segundo, 0,2%. Pero retrocedió a cero en el tercero. Muchos analistas creen que el paÃs volverá a la recesión en 2012.
Déficit. El rojo fiscal alcanzó en 2009 un 11,1% y en 2010, un 9,3%. El objetivo para este año es reducirlo a un 6%. En 2012 se prevé que alcance un 4,4% y un 3% en 2013.
Bancos. También sufrieron las consecuencias del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008. Actualmente tienen una cartera de 176.000 millones de euros de créditos problemáticos, por lo que se requiere una amplia reestructuración del sector..
El triunfador de ayer respondió el viernes. Pidió a los mercados «más de media hora» de tregua para tomar las medidas que exige la crisis. Mientras tanto, como en una postal argentina, sus colaboradores negocian con los de José Luis RodrÃguez Zapatero una entrega anticipada del poder.
Estas urgencias determinan que, por un tiempo cuya magnitud se desconoce, Rajoy no tendrá otra prioridad que la supervivencia económica. Sus relaciones con el mundo, con América latina y con la Argentina serán modeladas por ese imperativo. La polÃtica exterior no figuró en la campaña electoral. En el debate con Alfredo Pérez Rubalcaba, Rajoy sólo le dedicó una lÃnea final cuando advirtió que le sobraban dos minutos. La prioridad internacional del nuevo gobierno será Europa, donde se juega su suerte financiera.
Sin embargo, es posible que las mismas angustias que lo llevarán a prestar atención a Bruselas y BerlÃn hagan que Rajoy gire la cabeza hacia el otro lado del Atlántico. En un par de entrevistas adelantó que su cancillerÃa se enfocará en la economÃa y el comercio, sobre todo con América latina.
En esas pistas se justifican los que piensan que el nuevo ministro de Relaciones Exteriores de España podrÃa ser un empresario del perfil de Manuel Pizarro (ex Endesa), César Alierta (Telefónica) o Francisco Louzón (Banco de Santander). Aunque existen opciones más ligadas a la polÃtica. Por ejemplo, la de Esperanza Aguirre, presidente de la Comunidad de Madrid, a quien Rajoy podrÃa confiar sus relaciones con el mundo, en una jugada parecida a la que realizó Barack Obama cuando puso al frente del Departamento de Estado a su rival femenina, Hillary Clinton.
La pretensión de una apertura externa que se preocupe por los números y mire hacia el Atlántico podrÃa ser más que retórica. España tiene del otro lado del océano una formidable área de reserva, capaz de compensar en algo la entropÃa europea. Las ganancias ultramarinas de las grandes empresas españolas comienzan a superar a las que obtienen en casa.
Si toma ese camino, Rajoy estarÃa reponiendo la tradición diplomática posfranquista que quedó interrumpida durante el mandato de RodrÃguez Zapatero. Felipe González y José MarÃa Aznar pusieron en valor el término Iberoamérica. Entendieron que en la aspiración a gravitar sobre los viejos reinos de Indias habÃa un capital polÃtico que sus electorados apreciarÃan.
En ningún caso fue la ensoñación de un megalómano. González y Aznar fueron los rostros de una España modélica. Por su ejemplar transición a la democracia, y por la capacidad para construir un socialismo compatible con el mercado, y un liberalismo conservador compatible con la democracia. Esas condiciones impulsaron un proceso de modernización que mostró a las naciones que hablan español la perspectiva de esa prosperidad que a lo largo de las décadas les habÃa resultado tan esquiva.
Zapatero rompió ese consenso. Salvo una exploración inicial del experimento bolivariano, las relaciones con Iberoamérica quedaron instaladas en una inercia perezosa. El Palacio Santa Cruz fue confiado a Miguel Angel Moratinos, un diplomático interesado en el conflicto árabe-israelÃ, que se extasió con ejercicios más académicos que polÃticos, como la Alianza de Civilizaciones o el multilateralismo.
España rompió con Estados Unidos al abandonar la coalición militar que la habÃa llevado a Irak. Pero mantuvo las tropas en Afganistán con un costo mayor en vidas humanas, y terminó cediendo la base de Rota al escudo antimisiles de la OTAN.
La diplomacia de Zapatero dedicó a Africa un énfasis inédito. Destinó torrentes de dinero a la cooperación internacional, que pasó de 2400 a 5000 millones de euros. Y se ubicó entre los primeros donantes a 70 programas multilaterales de Naciones Unidas.
Al mismo tiempo, la presencia española en América se fue desdibujando. A diferencia de González y Aznar, Zapatero no visitó todos los paÃses de habla hispana. Mientras fue vicepresidenta, Teresa Fernández de la Vega se hizo cargo de esa tarea que, de paso, la convirtió en la mejor amiga de Cristina Kirchner en el ambiente internacional.
La crisis económica aisló más a Zapatero. Debió ausentarse de la Cumbre Iberoamericana de 2010, en Mar del Plata, por problemas en la Comisión Europea. A la de este año, en Asunción, ya no asistieron los demás socios del Mercosur. El proyecto de una Comunidad Iberoamericana que, con el rey en el centro, fue pensado por González y Aznar como una versión latina del Commonwealth, comenzó a desfallecer.
Las empresas españolas ansÃan que Rajoy restaure el vÃnculo con el otro lado del Atlántico. No sólo porque allà pueden encontrar un mercado que las compense de las penurias europeas. También porque se sienten desafiadas por la internacionalización de las compañÃas brasileñas, que se mueven siempre con el paraguas de Itamaraty. Brasil, México y, de a poco, Colombia están en el centro de la pantalla de los españoles.
Pero, para las grandes fortunas brasileñas y mexicanas, los activos ibéricos también son un objetivo al alcance de la mano. Basta examinar las inversiones de Carlos Slim en la penÃnsula. Hay una especie de retorno de los galeones, por recordar aquel tÃtulo de Max HenrÃquez Ureña.
Las relaciones de España con la Argentina, que fueron idÃlicas, se han ido complicando. El tiempo convenció a los españoles de lo mismo que creen los norteamericanos: el paÃs no tiene la vocación de ser, como ellos pretenden, el equilibrio de la potencia brasileña. El congelamiento de tarifas, la estatización de Aguas Argentinas, el furcio de convertir a Juan Carlos I en «facilitador» del entredicho rioplatense por las pasteras, y la expropiación de AerolÃneas -cuyos dueños estuvieron muy lejos de exhibir las virtudes del empresariado español- dañaron las relaciones económicas.
Desidia
La desidia hizo lo suyo con el vÃnculo polÃtico. El único socialista que siguió visitando la Argentina, motivado sobre todo por su amistad con el embajador Carlos Bettini, fue Felipe González. En Buenos Aires también pesa el desgano: Héctor Timerman canceló sin explicaciones convincentes la visita a Madrid prevista para después de la cumbre del G-20 en Cannes.
La rutina bilateral quedó en manos de empresarios como Antonio Brufau (Repsol-YPF) o César Alierta (Telefónica). Las inversiones destinadas al mercado argentino suman un stock de 22.000 millones de dólares. Pero el flujo fue en 2010 de sólo 164 millones de euros. La décima parte de lo que se orientó hacia Brasil.
Como todo gallego que hace polÃtica, Rajoy está obligado a tener presente a la Argentina. La ha visitado muchas veces y, además, tiene cerca de sà a uno de los españoles que mejor la conoce, el ex secretario de Iberoamérica Miguel Angel Cortés, incansable predicador de los beneficios, materiales y simbólicos, que ofrece la comunidad de la lengua.
Más allá de estas motivaciones, una lectura sinóptica de la escena global descubrirÃa que en el reencuentro de España con América se expresa una corriente profunda de la historia.
La incorporación de las muchedumbres asiáticas al mercado, que está en la raÃz de la crisis de competitividad que afecta a Europa, es, a la vez, la razón principal de la bonanza sudamericana. Es razonable que Rajoy advierta que esa nueva clase media que está emergiendo en Brasil, Colombia o Perú, puede acceder a los bienes y servicios que dejan de consumir los españoles.
Hay, en fin, motivos bastante evidentes para suponer que España está llamada, como en las postrimerÃas del siglo XV, a superar el ahogo europeo buscando un horizonte al otro lado del mar.
Una larga lista de desafÃos
Desempleo. Hay cinco millones de españoles sin trabajo. La tasa, actualmente de 21,5%, récord entre los paÃses industrializados, empezó a aumentar desde la crisis inmobiliaria de 2008.
Crecimiento. La economÃa se contrajo 3,7% en 2009, y 0,1% en 2010. En el primer trimestre de 2011 creció 0,4% y en el segundo, 0,2%. Pero retrocedió a cero en el tercero. Muchos analistas creen que el paÃs volverá a la recesión en 2012.
Déficit. El rojo fiscal alcanzó en 2009 un 11,1% y en 2010, un 9,3%. El objetivo para este año es reducirlo a un 6%. En 2012 se prevé que alcance un 4,4% y un 3% en 2013.
Bancos. También sufrieron las consecuencias del estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008. Actualmente tienen una cartera de 176.000 millones de euros de créditos problemáticos, por lo que se requiere una amplia reestructuración del sector..
Hace poco tiempo, Horacio González en 678 reivindicó la «magnÃfica factura» de los artÃculos periodÃsticos de Bety Sarlo, alabanza que extendió a otra pluma de «nivel´»: la de Pagni.Se ve que son personas que transitan en un espacio elevado, al que el resto ni puede asomarse y que por lo tanto no están atados a ideas rastreras como las de «interés nacional y /o popular», «soberanÃa, independencia».O sea que desdeñan con «fundamentos» las acusaciones de cipayismo, colonialismo y demás matices de esa gama. Todo lo cual hace comprensible que el sr. Pagni piense en las estrategias que los gallegos deberÃan cumplir para seguir saqueando a la Argentina.A veces los repúblicos dan, como dijo Fito, asco.