Solemos creer que entre el kirchnerismo y el republicanismo hay un abismo.
El kirchnerismo es entendido como un discurso nacional y popular progresista preocupado por la justicia social, y se distingue por el énfasis puesto en el conflicto como parte constitutiva de la polÃtica. Se suele pensar que el republicanismo es una ideologÃa conservadora con miedo congénito al conflicto y que sólo se interesa por los derechos individuales y el fortalecimiento de las instituciones del Estado para que sirvan de contrapeso al Poder Ejecutivo.
Esta caracterización del republicanismo sólo corresponde a una de sus variedades: la liberal-conservadora a partir de comienzos del siglo XIX. El republicanismo de pura cepa, en efecto, no está tan interesado en la protección de los derechos individuales sino en la protección de los ciudadanos frente a cualquier clase de dominación, sea de naturaleza polÃtica por parte del gobierno o, por extensión, de naturaleza económico-social por parte del mercado o de la sociedad civil. De ahà que el republicanismo tenga claras connotaciones progresistas.
La otra cara de la preocupación republicana por la dominación es que los ciudadanos deben participar en la toma de decisiones polÃticas, lo cual a su vez explica el celo republicano por la virtud cÃvica. Cuando esta última decrece, deja lugar a la corrupción de los gobernantes y de los gobernados, el mayor flagelo posible para un republicano. Ahora bien, el interés por combatir la dominación y fomentar la virtud cÃvica no implica que al republicanismo la nación o el pueblo le resulten indiferentes.
Por ejemplo, un pensador republicano paradigmático como Maquiavelo no sólo defendió la unificación de Italia sino que además tomó partido en favor del pueblo en contra de los nobles o “grandes†a quienes les atribuÃa precisamente el deseo de dominar al pueblo.
Es Maquiavelo quien en el primer Libro de sus Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio señala que “todas las leyes que se hacen en pro de la libertad nacen de la desunión†entre los poderosos y el pueblo. Según Maquiavelo, “los que condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fue la causa principal de la libertad de Roma, se fijan más en los ruidos y gritos que nacÃan de esos tumultos que en los buenos efectos que produjeronâ€.
La defensa de la nación y/o del pueblo y de la reivindicación del conflicto polÃtico, entonces, no sólo es compatible con una república bien ordenada sino antes bien podrÃa ser la condición de posibilidad de la misma . En las palabras de Maquiavelo, si alguno cree que los medios para instaurar un régimen republicano “fueron extraordinarios y casi feroces, pues se ve al pueblo unido gritar contra el Senado, al Senado contra el pueblo, correr tumultuosamente por las calles, saquear las tiendas, marcharse toda la plebe de Roma, cosas estas que espantan, más que otra cosa, al que las lee, le respondo que toda ciudad debe arbitrar vÃas por donde el pueblo pueda desfogar su ambición, sobre todo las ciudades que quieran valerse del pueblo en los asuntos importantesâ€.
No hay razones para creer que el republicanismo está por naturaleza en las antÃpodas del progresismo nacional y popular.
Es muy probable que el problema no sea el republicanismo en sÃ, sino su versión vernácula electoral, que se empecina en negar las aspiraciones emancipadoras del republicanismo.
Al discurso republicano genuino le interesa combatir la dominación polÃtica, económica y social antes que la defensa del status quo . Es hora de repensar la relación del republicanismo con nociones como nación, pueblo y progresismo.
El kirchnerismo es entendido como un discurso nacional y popular progresista preocupado por la justicia social, y se distingue por el énfasis puesto en el conflicto como parte constitutiva de la polÃtica. Se suele pensar que el republicanismo es una ideologÃa conservadora con miedo congénito al conflicto y que sólo se interesa por los derechos individuales y el fortalecimiento de las instituciones del Estado para que sirvan de contrapeso al Poder Ejecutivo.
Esta caracterización del republicanismo sólo corresponde a una de sus variedades: la liberal-conservadora a partir de comienzos del siglo XIX. El republicanismo de pura cepa, en efecto, no está tan interesado en la protección de los derechos individuales sino en la protección de los ciudadanos frente a cualquier clase de dominación, sea de naturaleza polÃtica por parte del gobierno o, por extensión, de naturaleza económico-social por parte del mercado o de la sociedad civil. De ahà que el republicanismo tenga claras connotaciones progresistas.
La otra cara de la preocupación republicana por la dominación es que los ciudadanos deben participar en la toma de decisiones polÃticas, lo cual a su vez explica el celo republicano por la virtud cÃvica. Cuando esta última decrece, deja lugar a la corrupción de los gobernantes y de los gobernados, el mayor flagelo posible para un republicano. Ahora bien, el interés por combatir la dominación y fomentar la virtud cÃvica no implica que al republicanismo la nación o el pueblo le resulten indiferentes.
Por ejemplo, un pensador republicano paradigmático como Maquiavelo no sólo defendió la unificación de Italia sino que además tomó partido en favor del pueblo en contra de los nobles o “grandes†a quienes les atribuÃa precisamente el deseo de dominar al pueblo.
Es Maquiavelo quien en el primer Libro de sus Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio señala que “todas las leyes que se hacen en pro de la libertad nacen de la desunión†entre los poderosos y el pueblo. Según Maquiavelo, “los que condenan los tumultos entre los nobles y la plebe atacan lo que fue la causa principal de la libertad de Roma, se fijan más en los ruidos y gritos que nacÃan de esos tumultos que en los buenos efectos que produjeronâ€.
La defensa de la nación y/o del pueblo y de la reivindicación del conflicto polÃtico, entonces, no sólo es compatible con una república bien ordenada sino antes bien podrÃa ser la condición de posibilidad de la misma . En las palabras de Maquiavelo, si alguno cree que los medios para instaurar un régimen republicano “fueron extraordinarios y casi feroces, pues se ve al pueblo unido gritar contra el Senado, al Senado contra el pueblo, correr tumultuosamente por las calles, saquear las tiendas, marcharse toda la plebe de Roma, cosas estas que espantan, más que otra cosa, al que las lee, le respondo que toda ciudad debe arbitrar vÃas por donde el pueblo pueda desfogar su ambición, sobre todo las ciudades que quieran valerse del pueblo en los asuntos importantesâ€.
No hay razones para creer que el republicanismo está por naturaleza en las antÃpodas del progresismo nacional y popular.
Es muy probable que el problema no sea el republicanismo en sÃ, sino su versión vernácula electoral, que se empecina en negar las aspiraciones emancipadoras del republicanismo.
Al discurso republicano genuino le interesa combatir la dominación polÃtica, económica y social antes que la defensa del status quo . Es hora de repensar la relación del republicanismo con nociones como nación, pueblo y progresismo.
¿Como se habrá filtrado esto en ClarÃn? ¿Lo habrà n leÃdo antes de mandarlo a publicar?