Ha causado revuelo en las tropas liberales la decisión del gobierno nacional de crear el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego (por decreto, encima: ¡horror al cuadrado!). Me parece oportuno, ante todo, decir que a mà no me gustan ni Pacho O’Donnell ni Felipe Pigna. Del primero, si yo fuera mal pensado, dirÃa que es un panqueque; y si no, que tiene algunos problemitas de encasillamiento ideológico. El segundo me parece, lisa y llanamente, marketing –aunque Algo habrán hecho me gustó bastante, y reconozco que ha logrado despertar interés por la historia en vastos (y diversos) sectores sociales–.
Pero lo que me interesa subrayar no pasa por las particularidades personales de los integrantes de una y otra escuelas. Me llamó, sÃ, la atención el que una de las crÃticas que se le efectúa al llamado revisionismo pasa por las, asà denominadas, cuestiones metodológicas. Que el revisionismo, según sus crÃticos, no respetarÃa. Como sà lo hacen sus “oponentesâ€, los mitristas, llamados, con mucho de caradurez, “profesionalesâ€. Y por supuesto descriptos como independientes, imparciales, neutrales y sarasa-sarasa.
Los métodos, que de ellos hablamos, que utilizan los historiadores mitristas, serÃan ascéticos y habrÃan surgido natural, inocente y espontáneamente. Sin que estén atravesados por interés alguno. Eso los harÃa mejores que estos otros, los revisionistas, que simplemente quieren contar una historia de buenos y malos. Que no respetarÃa (el modus operandi del revisionismo) la rigurosidad metodológica que hace falta para la investigación histórica, cosa que –faltaba más– sà hacen los mitristas.
El relativismo epistemológico, que rechaza el fundamento único para el conocimiento cientÃfico (fijo e invariable), y pone el énfasis en la diversidad de elementos que lo condicionan/determinan, entre ellos, claro está, las disputas por intereses que se suceden en una sociedad, y que subyacen a cualquier producción discursiva social:la Historialo es, por ejemplo; el Derecho también (y del relativismo epistemológico nacen las TeorÃas CrÃticas del Derecho, de las que varias veces he hablado, que cuestionan el absolutismo de fundamentación que proponen tanto el Iusnaturalismo –el orden social justo que provendrÃa de la divinidad- como el Positivismo –la cadena de fundamentación que provee la norma superior desde la hipótesis consensual abstracta de la que parte en adelante-).
Iba a dar lata con citas sobre relativismo epistémico en este texto, pero mientras lo escribÃa Mario Wainfeld citó en su habitual columna de los domingos en Página 12 una reflexión de Guillermo O’Donnell que resume, desde tribunas opuestas a la militancia ideológica de este espacio, todo lo que quiero decir a estos respectos: “Uno siempre escribe desde algún lugar, desde alguna circunstancia social y contra alguna interpretación de ese lugar. Salvo para los que creen equivocadamente, aunque hoy no sean pocos, que el conocimiento de lo social puede ser una ciencia aséptica uno siempre está, conscientemente o no (y mejor que lo esté conscientemente) en algún debate, en alguna lucha de ideas. Esta es al menos mi experiencia personal y, que yo sepa, la mejor de las ciencias sociales y la historia latinoamericana.â€
Tulio HalperÃn Donghi (“nuestro historiador máximo según las más variadas opinionesâ€, dice de él Beatriz Sarlo enLa Nación, y yo pregunto: ¿las opiniones de quiénes?), escribió –según cuenta Feinmann–, que el año 1956 “transcurrió con un rumbo polÃtico imprecisoâ€. Feinmann dice que ello forma parte de una ausencia “determinada por la ideologÃa del historiadorâ€, un enfoque freudiano (que dijo que lo que se dice habla de aquello que oculta –por medio del signo-) o foucaultiano (para quien el poder se hace tolerable con la condición de ocultar la parte que hace al aspecto de dominación).
Donghi escribió eso del año en que se perpetró el secuestro y desaparición del cadáver de Evita y los fusilamientos de Valle y sus soldados, que se habÃan levantado en pro del retorno de la institucionalidad republicana al paÃs, quebrada desde septiembre del año anterior y hasta el 25 de mayo de 1973 sin solución de continuidad.
Lo grave es que Sarlo crea que a “las reglas que definen su disciplina†(a la de los historiadores) no las atraviesa ningún tipo de interés o intencionalidad. O que –como intuyo—no crea eso, sino que sepa bien que, efectivamente, eso no es asÃ, pero deliberadamente acepte que ningún otro interés que el que define las estructuras que han guiado los trabajos del mitrismo merezca ser oÃdo.Â
Por lo demás, el rigor metodológico del mitrismo todavÃa nos está debiendo explicaciones acerca del Plan Revolucionario de Operaciones de Moreno,la Proclamade Chuquisaca de Castelli, la declaración a los pueblos del Paraguay de Belgrano y los elogios –regalo de sable corvo incluido– de San MartÃn (“el mejorâ€) a Rosas (“el peorâ€).
Sin adherir, yo, a ninguna de las corrientes en pugna, lo contado por los mitristas (de quienes tengo más materiales que de sus rivales) me suena que en algunos Ãtems tiene bastantes baches. Poco de rigor. Casi como Sarlo, quien exigió rigor argumentativo de 6, 7, 8 el dÃa que participó del programa como invitada (y lo bien que hizo, buena falta le hace a ese programa, además de complejizar y profundizar más las cosas), pero se dio el lujo de decir que todas las corrientes del revisionismo histórico (nacionalistas de imitación, marxistas, nacionalistas autóctonos y trotkistas) forman parte de un mismo pack.
En realidad, sabe que no es asà pero conoce bienla Leyde Goldwin, y que asociar a O’Donnell, Brienza, Anguita y Pigna con aduladores de José Felix Uriburu, el primer golpista moderno de Argentina, puede producir un efecto demoledor en Cristina, siendo que es ella la que ha decidido que el Estado esponsorice la iniciativa.    Â
Por lo restante, bien que es cierto que el Estado debe garantizar que se escuchen todas las voces, que se conozcan todas las posturas, y siendo que ello debe operar en el plano de lo concreto, que nos indica que la doctrina histórica clásica ya tiene todos los espacios que demanda su correcta difusión pública, no cabe discutir, tampoco, aquello de que “lo que está mal que el Estado no haya llamado a todos, sin distinción de banderÃasâ€.
En buenahora que desde el Poder Ejecutivo, y en lÃnea con haber logrado el mayor presupuesto histórico para Educación y creado –e invertido en- el ministerio de Ciencia y TecnologÃa para posicionar a la construcción de conocimiento en la matriz productiva, haya preocupación por la diversidad de material para las cátedras y los alumnos.
Hay un error empÃrico en tu enfoque: el «mitrismo», en historiografÃa es sencillamente una fantasÃa. No existe, no esta más, fue, kaput.
Una cosa es la imposibilidad de la objetividad absoluta, como se la asepsia absoluta, otra cosa es operar en un basurero. La metáfora no es mÃa, sino de Geertz, vaca sagrada si las hay del pensamiento relativista en ciencias sociales.
Lo que hizo grande al revisionismo (al de verdad, desde SaldÃas hasta el pepe Rosa) fue la rigurosidad metodológica con la que demostraron que lo pasaba por historia no era más que propaganda..
En una curiosa voltereta, ahora autotitulados «revisonistas», que no revisan nada, descubren que la verdad depende del observador, confundiendo vigilancia epistemológica con idealismo ontológica.
Me suena sarasa, los métodos existen, lo criterios de validez y verosimilitud existe, los marcos teóricos consistentes existen. Hay que laburar, nada más.
Pablo, hay algo de lo que estoy convencido. Ser berreta es reaccionario. Ser ladri es ser antipopular. Intelectuales berretas como Pigna le hacen tan mal al peronismo como un arq. que diseña una escuela que se cae. Hace falta gente que labure bien, en todos los ámbitos. Y si no que se paguen sus cuentas, viejo. No es todo lo mismo.
Lo que me perocupa es lo siguiente: Asà como Cristina se morfa que el bucanero de Brienza es un tipo serio. Cuando viene un ingeniero a hablarle de un gasoducto ¿Se asesora igual? Mamita.
guido,
creo que hay un pifie en tu crÃtica que se centra en que estás analizando el trabajo de cierta gente con parámetros que no les corresponden.
pigna hace un trabajo de difusión cultural. toda difusión supone un trabajo de resumen y sÃntesis.
el éxito de pigna se explica precisamente por su agilidad, las notas de color que agrega, etc.
esos trabajos, obviamente no podrÃan presentarse como trabajos de tesis, porque no «aprobarÃan», pero las tesis no serÃan leidas como los libros de pigna, que fomentan el interés por esas cuestiones.
no veo que mal puede hacerle un libro de pigna a alguien. más bien sirven para interesarse por hechos del pasado y discutirlos.
la pregunta es también para uds. la gente de la academia: por qué no se puede hacer lo que hace pigna, pero bien, no berreta, como decÃs vos y llegarle a miles de lectores. ¿qué les falta?
sobre los asesores de critina creo que los ejemplos sobran, no?: Stiglitz, aldo ferrer, lino en ciencia y tecnologÃa….
saludos,
No tapones, un tipo que dijo que Moreno fue «el primer desaparecido» no puede ser considerado siquiera un divulgador de la historia -es como si dijéramos que los hermanos Graco fueron los primeros sans-culotte-. Luna, que era un divulgador que además escribÃa muy bien, jamás podrÃa haber dicho algo asÃ. Y además trataba de que no lo traicionara su ideologÃa, o si no pegale una leÃa a «El 45».
Pigna es un embustero de la historia. Tira sentencias que desde el punto de vista de la ciencia no resisten el menor análisis Por lo menos Pacho se limita a resumir la obra de Pepe Rosa, que aun con bemoles es más que interesante.
De acuerdo tapones. Sucede que el despiporre al que hacemos referencia se funda en el planteo que opone la historiagrofÃa académica (a la que se supone homogeneamente gorila y «mitrista») con esa obra de divulgación. Entonces, me parece, la crÃtica responde a eso.
entiendo, guido.
pero entonces habrÃa que dirigir las quejas a la manera en la que se difunde ese falso mito de la «academia mitrista», mostrar que la academia no lo es y punto.
de qué sirve atentar contra un centro difusor del pasado nacional?
saludos,
«Atentar»?
cierto, cambiemos el excesivo verbo «atentar» por uno más acolchado como por ejemplo, «criticar».
pero te dejo la misma pregunta con otro verbo.
saludos
Guido: la escuelas del relativismo epistemológico se basan, justamente, en poner en crisis la existencia de fundamentos de conocimiento único, procedimentalmente y también en los métodos de comprobación. Fayerabend, citando a Bunge, dice que no existen las teorÃas, sino hombres que teorizan, por lo cual no podrÃa prescindirse ni siquiera del error y los elementos «no racionales» como parte del desarrollo del pensamiento cientÃfico. El hecho de poner el énfasis en el elemento humano, y el lenguaje en que se expresa, que está definido por una precaria objetividad: el intérprete de comunidades ajenas no podrÃa abarcar culturas que no le son propias por ello, resultando, entonces, imposible hablar de matrices prefijadas y ahistóricas. Ergo, no puede desmerecerse el procedimiento de una cultura ajena sin imbuirse en ella y dar cuenta de su sentido, pero al interior de la misma y no de lo propio del intérprete, previamente. Insisto: si los crÃticos del Dorrego son tan rigurosos, ¿qué pasa con todo lo que he mencionado que les falta explicar a ellos (cité «Plan Revolucionario de Operaciones de Moreno,la Proclamade Chuquisaca de Castelli, la declaración a los pueblos del Paraguay de Belgrano y los elogios –regalo de sable corvo incluido– de San MartÃn (“el mejorâ€) a Rosas (“el peorâ€).»)? ¿Hay o no intencionalidad manifiesta en todo ello, ausencia de matematicidad? Por otro lado, cuando hablo de mitrismo no pretendo ser literal y exhaustivo, sino dar cuenta de los opositores al Instituto de alguna forma, nada más.
A los demás: insisto, a mà Pigna no me gusta, Brienza sÃ, pero no se trata de denfender a unos por sobre otros: que exista el Dorrego, que sigan los otros en sus lugares y que se dejen, todos, de joder un poco.
Pablo, no es cierto que esas cuestiones no sean tratadas. El hecho mismo de que sigan repitiendo que hay una conspiración para encubrir el PDO, o aquella y esta declaración no lo hace cierto. Prueba el desconocimiento de la biblio, nada más.
Eso si, probablemente no haya esa especie de adoración del documento propio de la historiografÃa del siglo pasado, de la que el «revisionismo» mediático es parte.
Es curioso Pablo, escribÃs sobre teorÃas, etc pero terminás repitiendo la sarasa del billiken revionista berreta de «historiadores» tipo Brienza y Pacho con los fetiches como el PDO y el sable del Libertador legado a Rosas.
Valga recordar que, por ejemplo, ya Ravignani en la década de 1920 habÃa destacado la contribución de los caudillos a la conformación del estado moderno argentino. Brienza y la runfla revisionista berreta no están enterados de estudios de hace 80 años, por eso cuando se presentan como los reveladores de la verdadera historia arrancan carcajadas, excepto para gente como vos, que pese a ser un cientista polÃtico elegiste creer que los «revisionistas» como Anguita nos baten la justa.
Parafraseando al gran Peter Kapusotto, el kirchnerismo es menemismo con Wikipedia. Poner a «fayerabend» (suponemos primo de Feyerabend, Paul) en boca de Bunge de esa forma es el signo de que toda verdura se convierte en dogma si la dice un pibe K. Nuestras condolencias al maestro Bunge desde aqui. Feyerabend vendria a ser como el Pacho O’Donnell del pensamiento cientifico. Junto al cumpa Lakatos, el amigo Feyerabend, entre otras barbaridades desvirtuadas hasta en las escuelas de mimo y circo, proponia reemplazar la astronomia por la astrologia, la quimica por la alquimia y la medicina cientifica por el voodoo, las que pueden ser buenas ideas para algun politologo K con ganas de patear el avispero academico. Pero esta es epistemologia alternativa, con aguante, tiene mas onda popular, no como la de Popper, productor de esos ladrillos incomprensibles, o la obra del mismo Bunge. Pero bue, mejor que leer libros es mandar fruta seguido y con conviccion.
Relativismo «epistemológico» es una forma cool de referirse al idealismo. Es una discusión algo más vieja que feyerabend, ponele 2500 años mÃnimo. Y dudo que venga al caso.
La ciencia implica la aceptación de un supuesto gnoseológico realista. Ni hace falta decir que la existencia o no de una realidad independiente del observador es no falsable. Pero sin la aceptación de ese supuesto no existe ciencia, solo opiniones. Si vas por ahÃ, entiendo tu postura aunque no la comparto.
Los muertos (los matados, digo), por solo poner un ejemplo, no son una cuestión de opinión. Son hechos que ocurrieron, reales, demostrables con cierto grado de verosimilitud (nunca absoluta).
El relativismo es una ideologÃa de quienes se sienten cómodos dejando «la» verdad librada a juegos de poder. Por que saben que tienen más posibilidades que midiéndose ante el «tribunal» relativamente imparcial de métodos (mas o menos) obejtivos.
Pablo D:
La historia es una ciencia, ciencia social.
Esta clase de ciencias, a diferencias de las de la naturaleza, presentan innumerables problemas de teorÃa y métodos de investigación, pero no por ello dejan de de ser tales.
Se han señalado con relación a la investigación histórica, entre otros, el tema de la dificultad de la observación que, mientras en observación de la naturaleza actúan la percepción, los sentidos, en las sociales interviene un aparato mental, que ha llegado ha hablarse de «elaboración»; también se menciona la no-neutralidad del objeto de estudio: ningún observador puede tener una visión externa, la humanidad no puede ser vista desde fuera; los problemas de la objetividad: todos estamos implicados en la vida social, siendo difÃcil una observación prácticamente neutra y finalmente los problemas de explicación y contrastación y de la formulación de leyes sociales.(*) Esto está bien señalado en la cita de Guillermo 0’Donnell que mencionas.
A pesar de todo ello la historia tiene sus métodos, sus técnicas de investigación, sus fuentes que nos han permitido conocer nuestro pasado, lógicamente los inconvenientes citados deberÃan advertirle a los investigadores que una de sus principales virtudes deberÃa ser la humildad, cosa que en este debate del Instituto Dorrego le falta a muchos, entre ellos a LuÃs Alberto Romero, historiador que aprecio y comparto en muchas de sus conclusiones.
O sea que no podemos descalificar a los estudios históricos porque sus autores no sean «profesionales», lo que sà podemos hacer es criticarlos por la manera de investigar, sus conclusiones, etc. y por supuesto también a los profesionales.-
Entiendo que el Decreto 1880/2011 presenta numerosos problemas, especialmente cuando habla de reivindicación, porque no se puede decretar que los investigadores deberán reivindicar a determinados personajes de nuestra historia. La reivindicación -o no- surgirá de los trabajos. También, como lo ha señalado el Presidente del Instituto, la denominación «revisionismo histórico», no deja de ser equivocada, puesta que esta fue una corriente de investigación que actuó en una determina época de nuestra historia.
(*)Sigo en esto la buena obra de Julio Aróstegui: La investigación histórica: TeorÃa y Método. CrÃtica. Barcelona. 1995.-
Saludos.-
Ante todo, Hans Gadamer derribó, en sus textos, esa idea de la supuesta dicotomÃa metodológica entre cs. sociales y exactas. Puso en crisis, también para las exactas, la búsqueda del fundamento único y la metodologÃa basada en una razón abstracta, universal y exenta de contingencias históricas.
Por otro lado, y en el mismo sentido, no es errónea la intencionalidad de reivindicación aún previamente a encarar el trabajo. Los escritos de Duncan Kennedy, por ejemplo, dan cuenta de cómo, en la función judicial, el juez encara la búsqueda de la solución de los casos a partir de las particularidades que cita O’Donnell, entre las que también se encuentra su propia intencionalidad de que tal cosa de resuelva de cual manera, y en función de lo cual orientará su tarea. De allà que pueda o no, hay largo trecho, pero no es extraño que ocurra.
Abrazo.
Ya lo habÃa dicho, mucho antes que Nietzsche, Campoamor:
«Y en este mundo traidor nada es verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira».»
Pero yo me quedo con Leszek Kolakowski, quien escribe:
«Pero decir que «no hay hechos, sólo interpretaciones» tiene otro significado peligroso. Como se supone que el conocimiento histórico consiste en la descripción de hechos, de cosas que realmente ocurrieron, la idea de que no haya hechos, en su sentido normal, supone que las interpretaciones no dependen de los hechos, sino al contrario: los hechos son producto de las interpretaciones. Supóngase que he robado una botella de vino en una tienda. Decir «K. robó una botella de vino» serÃa una interpretación que genera un hecho; el hecho en sà mismo no existe. En consecuencia, frases como «K. es culpable de robar una botella de vino» o «K. deberÃa ser castigado por su delito» carecen de significado en relación con un hecho; sólo forman parte de una interpretación. En otras palabras, el concepto de juicio moral y, en consecuencia, también los conceptos del bien y el mal, son conceptos vacÃos; no hacen referencia a realidad empÃrica alguna, sino sólo a nuestra forma de juzgar la realidad, de conformidad con el marco teórico que nos hayamos construido a priori. La doctrina de que «no hay hechos, sólo interpretaciones» anula la idea de la responsabilidad humana y los juicios morales; en efecto, considera de igual validez cualquier mito, leyenda o cuento, en relación con el conocimiento, como cualquier hecho que hayamos verificado como tal, de conformidad con nuestras normas de investigación histórica. Desde el punto de vista epistemológico, toda narración mÃtica tiene el mismo valor que cualquier hecho históricamente establecido; la historia de Hércules en lucha con la hidra no es «peor» —menos verdadera—, desde el punto de vista histórico, que la historia de la derrota de Napoleón en Waterloo. No hay reglas válidas para establecer la verdad; en consecuencia, no existe la verdad. No hace falta elaborar sobre los efectos calamitosos de semejante teorÃa.»
http://www.ddooss.org/articulos/textos/Leszek_Kolakowski.htm
Bueno, no hay que exagerar, recordando de paso que F. Jameson calificó al postmodernismo como uno de los productos culturales emblemáticos del capitalismo tardÃo.»
Saludos.-
Daio, el error ahà radica en la idea de normalidad con el que ese muchacho que vos citás se refiere a los hechos. No es lo mismo Napoleón que el mito de Hércules. A nadie con dos dedos de frente se le ocurrirÃa equiparar eso. Napoleón nació, vivió y murió en este mundo, y en el medio peleó en la batalla de Waterloo. Eso está fuera de duda. Pero, el hecho de que Napoleón haya pasado por este planeta Tierra hace un par de siglos, con conlleva ningún juicio moral. Los juicios morales sà o sà dependen del sujeto y no del objeto histórico. Los hechos están ahÃ, los que los juzgamos somos nosotros. Esto es lo que quiere decir la frase «no hay hechos, sólo interpretaciones». Tu amigo Leszek cae en el grave error de apoyarse sobre uno de los dos extremos de esa máxima, y una vez ahÃ, se pone a juzgar sobre el mundo.
Alguien le robó algo a algún otro. Ya usar la palabra «robo» para describir ese acontecimiento implica cierta subjetividad posada sobre el hecho histórico. Pero dejémosla pasar, alguien robó algo a algún otro. Para aplicar un juicio moral sobre esa realidad entendida de ese modo aislado, necesitamos de un contexto. ¿Cuándo ocurrió el robo? ¿En la Atenas de Pericles, en la Cuba de Fidel Castro o dentro de un regimiento del servicio militar argentino en la década del ’50? En esos contextos, ¿quién era el robado y quién el ladrón? ¿Qué relación habÃa entre ambos? En fin, la moral cobra sentido una vez que «el mundo» está dispuesto. Y para terminar, «el mundo» no es cualquier cosa que a cualquiera se le ocurra creer. Democracia habÃa en Grecia en el siglo IV a.c. y también hay ahora, en Grecia, a pesar de que no les dejaron hacer el plebiscito. El concepto «democracia» resiste todos los defectos que hoy le podemos encontrar a lo que serÃa una democracia real. Los conceptos no están terminados en ningún presente; vamos interpretando mientras vivimos.
Diego:
El «hecho» de que Kolakowski refiera a que «K» robó, no tiene ninguna relación con la actualidad, es simple coincidencia.
Pero sà entiendo que su mirada es correcta en cuanto a la crÃtica de la posmodernidad, porque al ser escéptico frente a la cientificidad de los relatos históricos, identifican verdad con ficción, y dan el mismo valor al trabajo del investigador que al del novelista, y asà todas las cosas del existir.
Lo advirtió Thomas Mann: «Quien toma en serio a Nietzsche, quien lo toma al pie de la letra y le cree, está perdido. Y lo reafirmó Heidegger: «…los nazis se remitÃan a Nietzsche, según cuya doctrina la verdad no tiene un fundamento y un contenido autónomo, sino que es sólo un medio de la voluntad de poder, es decir una mera idea, una representación subjetiva.»
Daio,
Quiero aclararte que nunca interpreté tu comentario en clave de polÃtica nacional contemporánea. Entendà que pusiste K como pudiste haber puesto cualquier otra letra para ejemplificar sobre esa cuestión.
Por otro lado te repito que esa versión que vos citás respecto de los «llamados autores posmodernos» no es sostenida por nadie. Nadie piensa asÃ. Estás discutiendo contra fantasmas. La cuestión de apartarse de «la verdad objetiva» abre un campo riquÃsimo de pensamientos, muchos de ellos encontrados entre sÃ, que de ningún modo se resumen en intentar equiparar la verdad con la ficción.
Para finalizar este comentario te digo que estás tomando citas acerca de Nietzsche que no creo que existan. Si algún nazi creyó que sus atropellos estaban sostenidos por aquel filósofo alemán es porque no lo leyó. Ningún historiador ni ningún pensador serio remite el fenómeno del nazismo a Nietzsche. La voluntad de poder entendida de ese modo es un espanto. La versión heideggeriana de la obra de Nietzsche está totalmente afuera de esa vulgata que ahà copiaste.
Te estás guiando por malas lecturas. Te recomiendo que te informes un poco mejor sobre todos estos autores.
Diego:
Te recomiendo, entre otras obras de fácil acceso.
Carlo Ginzburg. El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso, lo ficticio. FCE.Bs.As. 2010.
FilosofÃa de la historia. Edición de Reyes Mates. Trotta. Madrid. 1993. especialmente los trabajos de Javier Sádaba, Corina Yturbe, Oscar Cornblit y Manuel Cruz.-
Julio Aróstegui. Investigación Histórica: TeorÃa y Método. CrÃtica. Barcelona. 1995.
Juan José Sebreli. El olvido de la razón. Sudamericana.Bs. As. 2006.
José M. Madones. El discurso religioso de la modernidad. Habermas y la religión. Anthropos.Barcelona. 1998.
Por suerte hay -salvo en nuestro paÃs- un gran adelanto en cuanto a dejar de lado la irracionalidad del pensamiento mágico. Aquà volvimos a la época del candombe.
Saludos.-
Sigo:
La cita de Heidegger la tomo del libro de Sebreli citado. pág.59.-
El señor K, es literal de Kolakowski, evidentemente un visionario.-
La falsificación de la historia, la confusión entre lo real y el mito, incluso introducida en un documento oficial, por parte del relato histórico oficial, lo prueba el decreto 1560/2010, que dispone el duelo nacional por la muerte de Néstor Kirchner, en cuanto dice.
«Que, además, debe destacarse que desde su juventud fue un defensor incansable de los derechos humanos, tanto como abogado en los perÃodos dictatoriales durante los que dichos derechos fueron vulnerados sistemáticamente, como durante su desempeño como Presidente de la Nación, promoviendo desde cada ámbito de su vida social y polÃtica la defensa inclaudicable del derecho a la vida y a la identidad, tanto en la argentina como en nuestros paÃses hermanos.»
Daio, con ese ejemplo que das remitiendo al decreto 1560 estása demostrando la confusión con la que cargás.
Ese texto es una boludez que el gobierno inventó sobre su lÃder originario. Para eso lo llenaron de laureles que son fácilmente revocables con archivos que se pongan a investigar en la historia real. Pero eso no tiene nada que ver con que la historia en sà sea algo de carácter objetivo o no. Que sea una construcción social o que su sentido esté asegurado por los hechos mismos, ese debate que vos venÃs planteando acá, no se resuelve con ese ejemplo que ahora pusiste. Ese que vos ponés ahà es un relato falso y listo. Justamente el gobierno es, en ese párrafo, el que pretende que esa historia de Kirchner pase por verdadera; esa versión de la vida de Kirchner y no otra. Por medio de ese relato quieren darle un sentido honorÃfico a la vida del creador de su movimiento. Ellos menos que nadie dicen que la historia es ficción. Después, que a vos o a mÃ, eso que pusieron nos parezca mentira, son 5 guitas aparte.
Vos y el gobierno discuten por la VERDAD de la historia. Epistemológicamente están parados en la misma vereda. A los dos les gusta el fútbol pero vos sos de River y ellos de Boca. ¿Se entendió?
P.D.: Sebreli no es autoridad para hablar de Heidegger. En internet está lleno de intérpretes serios. Eso sÃ, vas a tener que pelarte las pestañas porque Heidegger no es sencillo.
P.D.: Justamente, estas derivaciones del pensamiento que te vengo contando se generan a partir de la famosa frase «dios ha muerto» de Nietzsche. Lo que significa que en Occidente ya no se puede fundamentar el pensamiento en una verdad última (objetiva) que justifique los pasos racionales que la lógica vaya dando. Las cosas no son objetivas porque su devenir es lógico. De eso se trata.
Diego:
Si, en realidad en estas tierras lo tenemos a José Pablo Feinmann, como interprete oficial del pensamiento del «Maestro de Alemania», no necesitamos de otros.
En cuanto a la muerte de Dios, en realidad lo que ha traÃdo como consecuencia ha sido la muerte del hombre. El siglo XX fue testigo de esas matanzas hechas en nombre del progreso.
Ese progreso que, lÃcitamente, permite que cada uno tenga la libertad de adoptar las creencias personales que quiera, pero hay que tener cuidado que esas creencias se transformen en un dogma que los esclavice, porque cuando eso sucede (o cuando uno adopta una actitud muy rÃgida con pretensiones de superioridad para expresar sus opiniones) no queda espacio para negociar las afirmaciones que deben aceptarse o rechazarse.
El hecho de que la historia haya quedado entregada a la responsabilidad del hombre, ha traÃdo como una de sus consecuencias dejar a éste inerme frente a las contingencias de la vida: la muerte, el sufrimiento individual, la pérdida de la felicidad y los demás riesgos que acechan la existencia individual, que antes la esperanza religiosa en la salvación daban sentido.-
La religión al ser un elemento que proporciona una conciencia de pertenencia y de obligación respecto a los otros, facilita la cooperación social: todos tienen que poder reconocerse en todo lo que lleva rostro humano. Hacer visible el rostro de todo lo humano y poder hacerlo reconocible y aceptable, dándole sentido a la humanidad.
Daio, a cada comentario tuyo me voy dando cuenta de los «problemas» intelectuales que tenés. Para empezar -y esto es más psicológico que otra cosa- seguÃs peleando contra el kirchnerismo más allá de que estés en debates que no tienen nada que ver con él. Pero lo último que te aviso: No lo bochás a Heidegger luchando contra José Pablo. Si te molesta el pensador alemán de la Selva Negra vas a tener que abrirte otro debate, y ese tendrá que ser de carácter puramente intelectual, sin ninguna contingencia local. Lo siento, los dilemas de la razón son complicados.
Y para terminar, dejo aquà este pequeño debate porque estás parado en un punto ideológico que te aÃsla del siglo XX. Fuera de joda, te recomiendo que revises tus lecturas y no te quedes con esa maraña de confusiones que te acosan. No alcanzás a ser liberal con esa idea que tenés de acerca de la religión.
Saludos
Diego:
Ignoro que clase de estudios has realizado sobre estos temas. Yo te adelanto: ninguno.
Uno trata de conocer y escribir, con todos los errores humanos, que para los «especialistas» se pueden agravar frente a personajes como Nietzsche y Heidegger.
De mis lecturas, hace unos años, resumà esto:
Un mundo sin certezas
“La polÃtica que no contenga teologÃa, aunque sea de una manera muy poco consciente, no dejará de ser, a fin de cuentas, un negocio, por muy hábil que éste seaâ€.- Max Horkheimer.
Hoy con relación al universo sabemos mucho más que nuestros antepasados y aún asà parece que ellos sabÃan algo más esencial de lo que nosotros sabemos, algo que se nos escapa. Los cientÃficos nos pueden explicar todo lo relacionado con el mundo objetivo, aunque nosotros entendemos cada vez menos nuestras propias vidas. Vivimos en el mundo que algunos llaman postmoderno, donde todo es posible y casi nada es cierto.- Qué hacemos con todo lo que la razón no puede explicar: ¿el sentido de la vida, el sufrimiento, la muerte? ¿Qué hacemos cuando la ciencia ha demostrado que el hombre ya no es el centro de las cosas, sino que está a la deriva en un planeta y un universo que no giran en torno a sus necesidades? Qué hacemos cuando el derecho de los hombres nos parece injusto, contrario a lo que indican las tradiciones.- Muchos de esos interrogantes ya aparecen en la tragedia de Sófocles “AntÃgonaâ€, cuyo nudo central es el conflicto entre la ley del Estado –representada por el decreto de Creonte, que prohÃbe dar sepultura al cadáver de Polinice -muerto mientras luchaba contra su ciudad y su patria- y las leyes no escritas de los dioses, el mandamiento ético absoluto que le impone a AntÃgona la obligación de enterrar al hermano caÃdo en la guerra fraticida, de observar la eterna ley del amor fraterno y universal, ley que ningún derecho positivo puede infringir sin perder con ello su legitimidad. La ley positiva por sà sola no es sinónimo de legitimidad, “ni siquiera cuando nace de un ordenamiento democrático o del sentimiento o la voluntad de una mayorÃa, si atropella a la moralâ€, dice Claudio Magris, “una violencia infligida a un individuo no es justa por el mero hecho de que el asà llamado sentimiento común la apruebeâ€. Naturalmente, destaca este autor, en este punto surge una pregunta terrible y trágica a la vez: ¿cómo sabemos que esas leyes no escritas son efectivamente de los dioses, o sea son principios universales, y no en cambio arcaicos prejuicios, ciegas y oscuras pulsiones del sentimiento, condiciones de quien sabe qué vÃnculos atávicos?: “La tragedia, pero también la dignidad humana consiste en el hecho de que no hay una respuesta preconstituida a este dilema; lo único que hay es una difÃcil búsqueda, no exenta de riesgos, incluidos los moralesâ€.- No podemos por ello dejar de sustraernos a la responsabilidad de optar por los valores universales, puesto que si renunciamos a esa esponsabilidad en nombre de un relativismo cultural, traicionaremos las leyes no escritas de los dioses y seremos cómplices de la barbarie.- (1) Con la declinación de la fuerza de los credos religiosos, entendÃa Voltaire, se producirÃa una concomitante declinación de los odios humanos, del ansia de destruir a otros hombres porque son la encarnación del mal o de la falsedad. La indiferencia engendrarÃa tolerancia.- Ello no se concretó, millones de hombres, mujeres y niños fueron reducidos a cenizas: “el paso de la creencia religiosa a la hueca convención, parece ser un proceso más peligroso de lo que habÃan previsto los philosophes. Necesitando el infierno, hemos aprendido a construirlo y a hacerlo funcionar en esta tierra.†(2)Eliminado Dios de la vida de los hombres estos se dedicaron a eliminarse entre sÃ, olvidando el mensaje de respeto a la vida humana que transmitÃan las religiones, sin perjuicio de que éstas muchas veces traicionaron ese mensaje.- Sin Dios, el peso negativo de la historia recae sobre el sujeto humano, buscándose constantemente chivos expiatorios para los males, generándose una concepción maniquea de la historia, puesto que la muerte de Dios arrastra consigo la del bien y el mal, la de libertad y responsabilidad histórica, en una palabra, la idea del hombre del humanismo occidental.- (3)
La secularización moderna pareció eclipsar el interés del pensamiento por lo religioso, porque ocultó la relevancia de las cuestiones religiosas, sin embargo hoy la filosofÃa está volviendo a interesarse por la religión. No es que retorne la religión, que nunca se marchó, sino que el pensamiento filosófico descubre la complejidad de la razón y las vacilaciones históricas de sus cimientos, debido en buena parte a las inhumanidades del siglo XX, que muestran la irracionalidad de la racionalidad predominante. El pecado de la modernidad fue el simplismo: creyó en la unilateralidad de la razón y desembocó en una barbarie instrumental y funcional.- (4)
Hoy la filosofÃa no abandona la ilustración, pero busca la manera de rescatar las tradiciones religiosas. La inseguridad y la incertidumbre que afectan a la vida polÃtica en el Estado Moderno hacen que no puedan dejarse de lado a las tradiciones. Como la aporÃa que señala Adorno: “La tradición se halla hoy ante una contradicción insoluble. Nada de tradición, ni hay que buscarla; pero si alguna desaparece, comienza la marcha hacia lo inhumano†(5) En igual sentido lo reafirma Jürgen Habermas: “Entre las sociedades modernas, sólo aquellas que logren introducir en las esferas de lo profano los contenidos esenciales de la tradición religiosa, tradición que apunta siempre por encima de lo simplemente humano, podrán salvar también la sustancia de lo humanoâ€. (6)
Notas:
(1) Magris, Claudio. UtopÃa y desencanto. Historias, esperanzas e ilusiones de la modernidad. Anagrama. Barcelona. 2001. págs. 266/274.-
(2) Steiner, George. En el castillo de Barba Azul. Gedisa. Barcelona. 2001. págs. 68/79.-
(3) Estrada, Juan Antonio. La imposible teodicea. La crisis de la fe en Dios. Trotta. Valladolid. 1997. págs. 293 y sgts.-
(4) Mardones, José MarÃa. SÃntomas de un retorno. La religión en el mundo actual. Sal Terrea. Santander. 1999. págs. 9/11.-
(5) Metz, Johann Baptist. Dios y tiempo. Nueva teologÃa polÃtica. Trotta. Madrid, 2002. págs.197/216.-
(6) Citado por Mardones, José MarÃa. El discurso religioso de la modernidad. Habermas y la religión. Anthropos. Barcelona. 1998. pág. 29.-
Lo que humildemente pongo a disposición de tu guadaña.-
Saludos.-
No es mi fuerte la historia, pero no se me escapa que hablar de historia es hablar de polÃtica. Por eso Mitre escribió su versión y dejó un periódico para sostenerla.
Nos informa Guido que el mitrismo ha muerto. No lo sabÃa pero enhorabuena.¿Cuando fue?
A mi en la escuela me enseñaron esa historia, en la versión de Grosso, pero recurriendo a Mitre si habÃa que aclarar algo. Sin embargo tuvimos dos trimestres con un profesor revisionista quien nos mostró que habÃa otra historia. Creo que terminó siendo asesinado por no practicar el goodthink (neologismo de George Orwell en su novela «1984»).
Aprovecho para transcribir un interesante slogan de esta extraordinaria novela:
«Who controls the past controls the future. Who controls the present controls the past.»
No se donde estudiaste, yo tuve un maestro revisionista(dirÃa más rosista que revisionista) en el año 68, en sexto grado.
El mitrismo que describe Pablo es una versión de la historia tan perimida y poco vigente como el «revisionismo». Ya dieron lo que podÃan dar. Si este decreto hubiera salido en la época de A. Justo, hubiese sido razonable, hoy es anacrónico, atrasa más de medio siglo.(Ya hace 60 años habÃa ministros de educación revisionistas).
Marionot:
Cierto lo que escribes, recuerdo que fue muy utilizado en la enseñanza secundaria, a partir de 1969, el texto de historia institucional de Santos Fernández Arlau, autor revisionista, según lo recuerda esta entrada:
http://aportes.educ.ar/historia/nucleo-teorico/tradiciones-de-ensenanza/la-historia-de-ensenar-historia/la_historia_recreada_en_los_te_1.php?page
Lo que ocurre con la Presidenta, es que ella cree que tiene la misión de revelar nuestro pasado, que habÃa sido ocultado por los poderes que han dominado nuestra vida desde 1810. Con haber consultado la colección de la revista Todo es Historia, aparecida allá en en los 60, se hubiese podido enterar que nuestro pasado siempre estuvo a disposición de quien le interesare conocerlo.-
Saludos-
Para entonces yo ya estaba casado.Creo que el revisionismo se popularizó a principios de la década del´60.
De todos modos el mitrismo sigue gozando de buena salud, como puede comprobar cualquier lector de La Nación, si bien es cierto que ya no es hegemónico.
Hoy ya son muchos los compatriotas que se avergüenzan de el papel que nos cupo en la Guerra de la Triple Alianza, como son tambien muchos quienes consideran que Rivadavia era un agente de la corona británica y un corrupto y saben que San MartÃn quiso batirse a duelo con este indigno personaje.
PolÃtico, me referÃa al ámbito académico. Fuera de allà seguro que existe, como la brujerÃa. El caso es que los campos y las lógicas de disputa entre la brujerÃa y el modelo médico hegemónico no son los mismos que los de la discusión intraacadémica en medicina.
Gentes, me parece que acá hay algunas cosas que están siendo confundidas. A ver…
1) Que no exista una «verdad objetiva» asÃ, del mismo calibre que la piedra que ahora toco con mi mano, no significa que todo sea lo mismo. La Revolución de Mayo de 1810 no es lo mismo que los diez tomos de Mafalda de Quino. El debate, por suerte, no está entre esos dos polos: verdad absoluta vs todo es ficción. En el medio está la cultura y demás cuestiones influyentes desde la que cualquiera escribe, la lengua con la que lo hace, para no ir más lejos. Pero esto no implica que todo sea lo mismo. Eso de que como no hay Verdad todo es lo mismo, es la versión berreta de lo que se dio en llamar hace algunas décadas como posmodernismo.
2) Pero aquà es necesario pasar a otro punto. Que no exista una verdad absoluta, ni siquiera una que esté «a la altura» de las verdades cientÃficas (que tampoco son Verdades con mayúscula porque sino no existirÃa el avance en las disciplinas cientÃficas), no implica que no sea necesario usar métodos para que lo que se escriba sobre determinadas cuestiones sociales pueda alcanzar cierto grado de validez. Sin los métodos, al ponerte a escribir sobre cuestiones que ocurrieron en la historia, jugás en B. No sos muy serio que digamos; en el mejor de los casos podrÃas llegar a ser periodista. En el mejor de los casos serÃas útil para la divulgación. Pero asà y todo, la divulgación para ser considerada digna tiene que hacer el esfuerzo para zafar del panfleto.
3) Acá pasamos al tercer punto. El método viene antes que la intencionalidad del autor. Seguro que pueden rastrearse las convicciones personales del historiador, pero esto no implica que todo sea lo mismo. Terminar siendo absorbido por el mundo cultural en el que se escribió el texto está muy lejos de ser lo mismo que escribir un texto para convencer a los otros de lo que el autor siempre creyó saber. En esos casos el texto mismo está de más, porque no va ningún lado sino a dónde siempre estuvo. Un copy-paste más con algunos cambios de palabras que a la larga servirán más para denunciar las particularidades Ãntimas del que firma el texto que para aclarar cuestiones históricas. Ese tipo de textos son panfletos, y eso lo que hay que evitar.
tema epistemologico el que encara Diego.El metodo es el instrumento de busqueda del investigador.Debiera ajustarse al objeto o tema estudiado.El protagonista,sin embargo,es siempre el investigador,el que elige y usa el instrumento.En cuanto a la verdad,el posmodernismo es una especie de escepticismo,y todo escepticismo se autodestruye,porque decir que no hay verdad absoluta es sostener una verdad absoluta.En todas las ciencias actuales,no obstante,aun en las mas duras,se reconoce un angulo de error permanente que da lugar a la historia de la ciencia,a su avance,a su perfeccionamiento inacabado.Se relaciona entonces el problema con el politico.La democracia tambien es siempre perfectible.Lo es el ser humano.Tolerancia y prudencia,entonces,son actitudes sabias y maduras.