CorrÃan los tiempos del gobierno de la Alianza, Fernando de la Rúa presidÃa el paÃs y el 21 junio de 2001 AerolÃneas Argentinas, que arrastraba una deuda que superaba los 1000 millones de dólares, caÃa en suspensión de pagos y convocatoria de acreedores, evitando la quiebra. Tal vez como un preámbulo del 19 y 20 de diciembre, la empresa de bandera que habÃa sido sÃmbolo del paÃs llegaba a una situación en la cual su existencia pendÃa de un hilo. Sólo la lucha y la resistencia de sus empleados, acompañados por grandes sectores de la sociedad, lograron evitar lo que parecÃa inevitable. Por entonces, la ministra de Trabajo Patricia Bullrich aseguraba que “el destino de AerolÃneas se define en horasâ€, mientras los gremios aeronáuticos, apoyados por el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) que dirigÃa Hugo Moyano, habÃan iniciado un boicot contra las operaciones españolas en la Argentina.
Desde entonces, mucho se dijo sobre la privatización y el vaciamiento de la compañÃa a manos de los capitales privados, pero no se contó todo. Por largo tiempo, una maniobra varias veces millonaria permaneció oculta.
Luego de su transnacionalización en 1990 en favor de Iberia, en 2001 la compañÃa era gerenciada por la Sociedad Española de Participación Industrial (SEPI), una sociedad estatal que ante la quiebra inminente y el peligro de un conflicto binacional Argentina-España, encontró la salida a través de uno de sus directivos, Juan Gurbindo Gutiérrez, quien contactó al empresario Antonio Mata y le propuso ingresar al negocio.
El 2 de octubre de 2001, SEPI y Air Comet firmaron el contrato de compraventa. Quince dÃas después, Air Comet –cuyos dueños eran Antonio Mata Ramayo, Gonzalo Pascual Arias y Gerardo DÃaz Ferrán–, con avales del grupo Marsans –propiedad de los mencionados Pascual Arias y DÃaz Ferrán– adquirió la aerolÃnea por la suma de un dólar.
Ahora bien: ¿De dónde saldrÃa el dinero para reflotar lo poco que quedaba? Porque el nuevo dueño habÃa invertido un dólar y sólo contaba con una flota de seis aviones. La solución llego de la mano del propio contrato de compraventa en el cual quedó acordado que SEPI le entregarÃa 800 millones de dólares a Air Comet, de los cuales 500 millones serÃan para un plan industrial y los restantes 300 millones irÃan a pagar pasivos de AerolÃneas en la convocatoria de acreedores abierta en junio de 2001. Es en este punto donde Repsol YPF, otra inversión española en el paÃs, toma partido en un acuerdo que resultarÃa tan complejo como nocivo para los intereses del Estado argentino.
La petrolera, malvendida en la década del ’90, era uno de los acreedores de AerolÃneas que, al momento de abrirse la convocatoria, le debÃa a Repsol 54,7 millones de dólares, producto de una deuda comercial. De ese monto, 52.327.412,33 dólares correspondÃan a YPF SA, 2.352.597,18 dólares a Repsol Comercial de Productos Petroleros (España) y 22.585 dólares a YPF Petroleros Trasandinos (Chile).
2001: LA MANIOBRA REPSOL – AIR COMET. En los procesos concursales existen los acreedores privilegiados, aquellos que cobran en primer lugar y el total de la deuda, y acreedores quirografarios, quienes cobran en segundo término pero con una quita que se fija al homologar la convocatoria de acreedores. En el caso del concurso de AerolÃneas –el mayor en la historia local–, la quita fijada el 26 de diciembre de 2002 fue del 60%, con lo cual Repsol YPF, por ser un acreedor quirografario, debÃa cobrar unos 24 millones de dólares. Sin embargo, fruto de un acuerdo entre privados, que permaneció en secreto por largo tiempo, la petrolera percibió los 54,7 millones de dólares iniciales, sin ningún tipo de quita.
Según consta en la pericia presentada por la propia Air Comet como dueña de AerolÃneas en el procedimiento acreditado en el Juzgado N° 35 de Madrid, Repsol YPF se alzó con el monto total del crédito el 5 de diciembre de 2001 (ver documento), cuando debió haber esperado al 26 de diciembre de 2002, fecha en la que se homologó el concurso y la convocatoria de acreedores.
Pero hay más. No sólo cobró indebidamente, al incumplir los plazos establecidos y percibir toda la deuda sin quita, sino que una vez obtenidos los 54,7 millones de dólares, lo ocultó y se mantuvo dentro de la convocatoria de AerolÃneas hasta la homologación del concurso, como si no hubiera cobrado, cometiendo lo que el articulo N° 16 de la ley argentina de Concurso y Quiebra define como “simulación ilÃcitaâ€.
La frutilla del postre es que, además de estas irregularidades, Air Comet luego adquirió los tres créditos de Repsol –ya pagos–, sustituyéndola en el concurso (ver documento) y violando el contrato de compraventa, donde se especificaba que el dinero aportado por SEPI se debÃa destinar al pago de deuda pero no a la compra de las mismas. AsÃ, Air Comet vio incrementado su capital en perjuicio de AerolÃneas Argentinas y del Estado Nacional, que tenÃa en 2001 el 1% del paquete accionario de la empresa.
2002: REPSOL – ANTONIO MATA, LA MANIOBRA RECARGADA. Sin De la Rúa en el poder y ya con Eduardo Duhalde como presidente interino, en 2002 el concurso de AerolÃneas seguÃa su curso. Fue entonces cuando Antonio Mata, presidente del comité ejecutivo de la empresa y dueño de Air Comet, llevó adelante otra operación que perjudicarÃa a la firma de bandera argentina, contando para esto con el consentimiento de Repsol YPF.
La jugada fue la siguiente. Al permanecer desde 2001 dentro del concurso de forma irregular, en 2002 Repsol verifico los créditos que ya habÃa cobrado por 54,7 millones de dólares y, a pesar de haber sido sustituida por Air Comet, que habÃa adquirido sus tres créditos, en noviembre de ese mismo año la petrolera permitió la cesión de esa deuda a una empresa de Antonio Mata, Royal Romana Playa, quedando esta sociedad como acreedor quirografario, según consta en el expediente judicial 82880, “AerolÃneas Argentinas SA s/ concurso preventivo†(ver documento).
De esta forma, Antonio Mata, una vez homologado el concurso de AerolÃneas con el 60% de quita, cobró los 24 millones de dólares que debió haber percibido originalmente Repsol YPF.
Una prueba irrefutable del entendimiento entre la petrolera y Mata, en perjuicio de AerolÃneas, son tres cartas de Air Comet dirigidas a las filiales de Repsol YPF en Argentina, Chile y España, notificando la cesión en favor de Royal Romana Playa (ver documento), aportadas a la causa de Madrid por el abogado español Rafael Caro Moya, quien a fines de 2004 inició acciones legales contra Mata y en 2005 contra Air Comet.
Hasta aquÃ, la sucesión de hechos y artilugios que afectaron en varios millones al Estado argentino y que habÃan permanecido bajo llave, gracias a que el contrato de compraventa firmado por SEPI y Air Comet incluÃa “altas cláusulas de confidencialidad†que impedÃan que ese documento tomara estado público, salvo que fuera requerido por la vÃa judicial, como finalmente sucedió en 2005.
Lo que ni siquiera la confidencialidad pudo evitar es que Antonio Mata, Gerardo DÃaz Ferrán y Gonzalo Pascual terminaran acusados en la justicia española por estafa procesal, delito fiscal y desvÃo de fondos públicos.
Ahora, después de una década, también la opinión pública argentina está al tanto de este negociado, uno más, que contribuyó al desguace de AerolÃneas. <
Desde entonces, mucho se dijo sobre la privatización y el vaciamiento de la compañÃa a manos de los capitales privados, pero no se contó todo. Por largo tiempo, una maniobra varias veces millonaria permaneció oculta.
Luego de su transnacionalización en 1990 en favor de Iberia, en 2001 la compañÃa era gerenciada por la Sociedad Española de Participación Industrial (SEPI), una sociedad estatal que ante la quiebra inminente y el peligro de un conflicto binacional Argentina-España, encontró la salida a través de uno de sus directivos, Juan Gurbindo Gutiérrez, quien contactó al empresario Antonio Mata y le propuso ingresar al negocio.
El 2 de octubre de 2001, SEPI y Air Comet firmaron el contrato de compraventa. Quince dÃas después, Air Comet –cuyos dueños eran Antonio Mata Ramayo, Gonzalo Pascual Arias y Gerardo DÃaz Ferrán–, con avales del grupo Marsans –propiedad de los mencionados Pascual Arias y DÃaz Ferrán– adquirió la aerolÃnea por la suma de un dólar.
Ahora bien: ¿De dónde saldrÃa el dinero para reflotar lo poco que quedaba? Porque el nuevo dueño habÃa invertido un dólar y sólo contaba con una flota de seis aviones. La solución llego de la mano del propio contrato de compraventa en el cual quedó acordado que SEPI le entregarÃa 800 millones de dólares a Air Comet, de los cuales 500 millones serÃan para un plan industrial y los restantes 300 millones irÃan a pagar pasivos de AerolÃneas en la convocatoria de acreedores abierta en junio de 2001. Es en este punto donde Repsol YPF, otra inversión española en el paÃs, toma partido en un acuerdo que resultarÃa tan complejo como nocivo para los intereses del Estado argentino.
La petrolera, malvendida en la década del ’90, era uno de los acreedores de AerolÃneas que, al momento de abrirse la convocatoria, le debÃa a Repsol 54,7 millones de dólares, producto de una deuda comercial. De ese monto, 52.327.412,33 dólares correspondÃan a YPF SA, 2.352.597,18 dólares a Repsol Comercial de Productos Petroleros (España) y 22.585 dólares a YPF Petroleros Trasandinos (Chile).
2001: LA MANIOBRA REPSOL – AIR COMET. En los procesos concursales existen los acreedores privilegiados, aquellos que cobran en primer lugar y el total de la deuda, y acreedores quirografarios, quienes cobran en segundo término pero con una quita que se fija al homologar la convocatoria de acreedores. En el caso del concurso de AerolÃneas –el mayor en la historia local–, la quita fijada el 26 de diciembre de 2002 fue del 60%, con lo cual Repsol YPF, por ser un acreedor quirografario, debÃa cobrar unos 24 millones de dólares. Sin embargo, fruto de un acuerdo entre privados, que permaneció en secreto por largo tiempo, la petrolera percibió los 54,7 millones de dólares iniciales, sin ningún tipo de quita.
Según consta en la pericia presentada por la propia Air Comet como dueña de AerolÃneas en el procedimiento acreditado en el Juzgado N° 35 de Madrid, Repsol YPF se alzó con el monto total del crédito el 5 de diciembre de 2001 (ver documento), cuando debió haber esperado al 26 de diciembre de 2002, fecha en la que se homologó el concurso y la convocatoria de acreedores.
Pero hay más. No sólo cobró indebidamente, al incumplir los plazos establecidos y percibir toda la deuda sin quita, sino que una vez obtenidos los 54,7 millones de dólares, lo ocultó y se mantuvo dentro de la convocatoria de AerolÃneas hasta la homologación del concurso, como si no hubiera cobrado, cometiendo lo que el articulo N° 16 de la ley argentina de Concurso y Quiebra define como “simulación ilÃcitaâ€.
La frutilla del postre es que, además de estas irregularidades, Air Comet luego adquirió los tres créditos de Repsol –ya pagos–, sustituyéndola en el concurso (ver documento) y violando el contrato de compraventa, donde se especificaba que el dinero aportado por SEPI se debÃa destinar al pago de deuda pero no a la compra de las mismas. AsÃ, Air Comet vio incrementado su capital en perjuicio de AerolÃneas Argentinas y del Estado Nacional, que tenÃa en 2001 el 1% del paquete accionario de la empresa.
2002: REPSOL – ANTONIO MATA, LA MANIOBRA RECARGADA. Sin De la Rúa en el poder y ya con Eduardo Duhalde como presidente interino, en 2002 el concurso de AerolÃneas seguÃa su curso. Fue entonces cuando Antonio Mata, presidente del comité ejecutivo de la empresa y dueño de Air Comet, llevó adelante otra operación que perjudicarÃa a la firma de bandera argentina, contando para esto con el consentimiento de Repsol YPF.
La jugada fue la siguiente. Al permanecer desde 2001 dentro del concurso de forma irregular, en 2002 Repsol verifico los créditos que ya habÃa cobrado por 54,7 millones de dólares y, a pesar de haber sido sustituida por Air Comet, que habÃa adquirido sus tres créditos, en noviembre de ese mismo año la petrolera permitió la cesión de esa deuda a una empresa de Antonio Mata, Royal Romana Playa, quedando esta sociedad como acreedor quirografario, según consta en el expediente judicial 82880, “AerolÃneas Argentinas SA s/ concurso preventivo†(ver documento).
De esta forma, Antonio Mata, una vez homologado el concurso de AerolÃneas con el 60% de quita, cobró los 24 millones de dólares que debió haber percibido originalmente Repsol YPF.
Una prueba irrefutable del entendimiento entre la petrolera y Mata, en perjuicio de AerolÃneas, son tres cartas de Air Comet dirigidas a las filiales de Repsol YPF en Argentina, Chile y España, notificando la cesión en favor de Royal Romana Playa (ver documento), aportadas a la causa de Madrid por el abogado español Rafael Caro Moya, quien a fines de 2004 inició acciones legales contra Mata y en 2005 contra Air Comet.
Hasta aquÃ, la sucesión de hechos y artilugios que afectaron en varios millones al Estado argentino y que habÃan permanecido bajo llave, gracias a que el contrato de compraventa firmado por SEPI y Air Comet incluÃa “altas cláusulas de confidencialidad†que impedÃan que ese documento tomara estado público, salvo que fuera requerido por la vÃa judicial, como finalmente sucedió en 2005.
Lo que ni siquiera la confidencialidad pudo evitar es que Antonio Mata, Gerardo DÃaz Ferrán y Gonzalo Pascual terminaran acusados en la justicia española por estafa procesal, delito fiscal y desvÃo de fondos públicos.
Ahora, después de una década, también la opinión pública argentina está al tanto de este negociado, uno más, que contribuyó al desguace de AerolÃneas. <