Cuando comenzó Tiempo Argentino se pensó en rendir homenaje a los “próceres†del periodismo argentino con una docena de enormes fotografÃas que decorarÃan la flamante redacción. Héctor Ricardo GarcÃa fue uno de los “maestros†elegidos, en el que quizás haya sido uno de los más justos reconocimientos para el legendario fundador del diario Crónica. Porque “El Gallego†hoy puede ser elogiado por todo lo que hizo, pero lo más importante es que, a los 79 años, sigue siendo un laburante que se apasiona por una buena noticia como el primer dÃa. Y eso no es poco.
Reacio a dar entrevistas, la excusa de esta charla “on the record†fue la publicación de La culpa la tuve yo, una suerte de autobiografÃa ampliada de su anterior libro Cien veces me quisieron matar. “Lo que pasa es que todavÃa tengo muchas cosas para decirâ€, se justifica GarcÃa al explicar este nuevo repaso de su vida, en el que incluye datos inédicos sobre su histórico enfrentamiento con ClarÃn, la guerra que le hicieron desde Papel Prensa, el Operativo Cóndor y cómo lo golpearon los soldados ingleses en Malvinas, y el dÃa que lo secuestró el ERP y tuvo que escapar de los militares por Santucho.
–¿Por qué te echás la culpa por todo lo que te pasó?
–El libro iba a llevar el nombre de lo que al final fue el subtÃtulo: Militares, ERP, López Rega y AFIP. A la AFIP la incluà por la causa que me inventaron hace siete años y en la que ahora terminé absuelto. Pero después le cambié el tÃtulo porque quise explicar que me pasaron muchas cosas por no haber hecho nunca relaciones públicas, por no ser dócil con los militares, los gobiernos y el ERP. Es decir, la culpa la tuve yo porque siempre me cagué en todo y nunca me perdonaron que tuviera tanto éxito.
–Después de haber estado preso con los militares, ¿te sorprendió la detención de 2005 por el caso vinculado a la AFIP y al pago de impuestos?
–Fui el único periodista de la Argentina detenido por una causa asÃ. Estuve ocho meses preso y la verdad es que no la pasé bien, a pesar de que me vinieron a visitar muchos polÃticos, amigos y gente del espectáculo. No sé por qué estuve detenido. Entre las mil versiones que circularon, una decÃa que fue un pedido de ClarÃn. No lo sé, pero si fue asà serÃa la tercera vez que hicieron todo para perjudicarme.
–¿Cuáles fueron las anteriores?
–La pelea con ClarÃn es vieja. Empezó con el tema de Papel Prensa y siguió cuando Spadone (Carlos, ex dueño de La Razón) le vende el 75% de las acciones del diario a Héctor Magnetto para sacar 240 mil ejemplares gratis a la tarde. Vos estabas en el diario, asà que te acordarás que eso nos mató porque en aquella época la 5ª y 6ª edición vendÃan muy bien. Y con La Razón gratis nos reventaron los vespertinos. Por eso, mi nuevo libro tiene un sentido: decirle a la gente cómo un diario puede matar a otro diario.
–Recién mencionaste Papel Prensa, ¿cómo hiciste para mantener Crónica en los kioscos cuando el papel, principal insumo de la prensa gráfica, era manejado por la competencia?
–Me acuerdo que a nosotros nos daban 2000 toneladas de papel por mes y, de repente, nos bajaron a 300. No nos alcanzaba para nada, teniendo en cuenta que en aquella época Crónica vendÃa un promedio de 500 mil ejemplares por dÃa. Salimos a comprar Papel de Tucumán, pero el problema era que nos costaba un 50% más caro.
–¿Y el papel importado?
–Se traÃa de Chile y Brasil, pero no era como ahora que los precios son otros. En aquel momento era muchÃsimo más caro. Pero igual la cosa se complicó todavÃa más. Cuando los dueños de ClarÃn, La Nación y La Razón se dieron cuenta que igual sobrevivÃamos, ordenaron que su empresa Papel Prensa nos cortara la cuenta corriente. Llegaban los camiones con las bobinas y antes de bajarlas nos exigÃan que les pagáramos al contado. Era muy difÃcil.
–¿Te sorprende que la justicia investigue hoy el caso Papel Prensa?
–Siempre hablé del tema, pero nadie me daba bola. Hace poco pasé por Crónica TV una nota que hice con el negro Hugo Guerrero Martinheitz hace varios años por Canal 9. Ahà explicaba y contaba todo lo que pasó. Mucho antes que los demás.
–¿Te presionaron para vender Crónica?
–Tuve ofertas. Uno de los que querÃa quedarse con el diario fue López Rega, después de haberme sacado Canal Once, que también era mÃo. López Rega clausuró Crónica durante un año, supuestamente por lo que habÃamos hecho con el tema Malvinas (ver aparte).
–¿Alguna otra “oferta�
–Tuve una de ClarÃn. Me vinieron a ver Pagliaro (Lucio Rafael) y Aranda (José Antonio) para pedirme que me asociara con ellos o que les vendiera una porción del diario. Pero les dije que no. Les dije que no a los militares, a López Rega y a Magnetto.
–¿Qué opinás sobre las crÃticas que hoy se dedican los medios?
–No, no quiero hablar de eso. No me gusta hacer periodismo de periodistas.
–Aunque muchos te hayan criticado por el estilo Crónica…
–Nunca me interesó lo que dijeran de mÃ. Cuando en el ’71, Roberto Galán casó a dos enanos en Canal Once se cansaron de putearme, pero hoy Marcelo (Tinelli) hace bailar a una enana y todos dicen que es una genialidad y lo repiten por todos los canales. No me afectaron las crÃticas, lo único importante fue que el famoso casamiento hizo 65 puntos de rating.
–Cuando eras el dueño de Crónica en tu oficina habÃa una tapa enorme del diario español ABC. Hoy ese mismo cuadro te acompaña en el canal. ¿Por qué tanta fidelidad?
–Siempre me criticaron por los cadáveres que publicaba en Crónica. DecÃan que si exprimÃas el diario chorreaba sangre. Bueno, en un viaje que hice a Madrid me encontré con una tapa del ABC, que es un diario, muy católico, con una foto grande de dos militares muertos por la ETA. Me traje un ejemplar y mandé hacer un cuadro bien grande. Lo enmarqué y lo colgué detrás de mi escritorio. Para que no me jodan más.
–Bueno, pero esas crÃticas a Crónica siempre fueron un clásico.
–Con el tiempo todos terminaron haciendo lo que nos criticaban. El año pasado cuando se murió Khadafi, ClarÃn y La Nación, las revistas y los canales de televisión, se cansaron de mostrar en colores el cadáver. Y nadie dijo nada.
–Otro clásico fue vincularte al peronismo y a Boca.
–De Boca sÃ, pero no soy peronista.
–¿De dónde salió entonces el mito que lo eras?
–Empezó con la salida de la revista AsÃ, 20 dÃas después de la caÃda de Perón. En aquel momento toda la prensa era antiperonista, decÃan que Perón era un delincuente, un asesino, un criminal. Y yo decidà cambiar todo el enfoque sobre el tema y en el primer número de la revista publiqué una nota que la agencia internacional United Press le hizo en Paraguay. Mientras todos lo puteaban yo puse la nota y agotamos el primer número. El tÃtulo era “Exclusivo: habla Perón desde Villa Ricaâ€. Además, en enero de 1964 fui el primer periodista argentino que le hizo una nota a Perón en Madrid. A todo esto se sumó que en Crónica siempre publicamos todo lo que estaba vinculado al peronismo, a las huelgas de la CGT, a Ubaldini.
– Demasiados antecedentes para sostener que no sos peronista.
–Soy periodista.
–¿Cómo surgió la histórica tapa de la muerte de Perón, en la que sólo pusiste el tÃtulo catástrofe “Murióâ€?
–No sé. Se me ocurrió como se me ocurren las placas de Crónica TV.
–Otro “producto GarcÃa†que ya es un clásico.
–Con las placas rojas me terminé dando un gusto. Yo trabajé en el viejo Canal 7 y después manejé Canal Once y Teledos. En todos lados, los escenógrafos siempre me dijeron que el color rojo estaba prohibido en la televisión, porque era de mal gusto. Me decÃan que habÃa que usar los tonos crema, azul, blanco. Pero yo siempre insistà con el rojo. Cuando hice Crónica TV me di el gusto.
–¿Quedó alguna cuenta pendiente con el periodismo?
–No, para nada. Fui el primero en armar un multimedios en la Argentina con el diario Crónica, Canal Once, las revistas Asà y Asà es Boca, radio Colonia y los teatros Astros y Estrellas. Hice de todo.
–¿No te agarra nostalgia por volver a sacar un diario?
–No, quiero estar tranquilo y tener tiempo para salir a comer con mis amigos. Además, hoy me divierte más la televisión. Ya está. En mi vida hice de todo y siempre con éxito. Crónica vendÃa un millón de ejemplares sólo en Capital y Gran Buenos Aires, porque no iba al interior del paÃs. La revista Asà vendÃa 500 mil ejemplares los martes, y otro tanto los jueves y los sábados; o sea, 1,5 millones por semana. A Colonia la agarre cuando era una radio de mierda y la puse primera. Canal Once no existÃa, estaba en quiebra y le ganaba hasta Canal 7, pero en cuatro meses lo puse primero. Con Teledos hice lo mismo. Nunca me fue mal porque mi idea siempre fue la misma, mi público siempre fue el mismo.
–“Firme junto al puebloâ€, como el eslogan del diario.
–Claro, si todo el mundo leÃa Crónica. Los laburantes volvÃan del trabajo con el diario bajo el brazo. Gracias a Crónica recibà cartas de presidentes, gobernadores, senadores, gente de espectáculo, del deporte. Hace unos años el presidente de la AFA, Julio Grondona, me mandó una carta en la que me contaba que su mamá no podÃa irse a dormir si antes no leÃa la 6ª del diario. Ese fue siempre mi público.<
Una de piratas
Llamar piratas a los ingleses siempre fue una de las marcas registradas del diario Crónica. Y la reivindicación de la soberanÃa argentina en Malvinas, una de las declaradas obsesiones de su fundador Héctor Ricardo GarcÃa. “El tema me apasionó desde el primer grado del colegio, cuando me enseñaron que eran nuestras y estaban usurpadas por los inglesesâ€, explica el periodista que en dos oportunidades viajó en forma clandestina a las islas.
Su primer acercamiento concreto con estos viajes fue en septiembre de 1964, cuando desde las páginas de Crónica le dio una amplia difusión a la aventura del piloto Miguel Fitzgerald, quien en un pequeño avión Cessna aterrizó en Malvinas para enarbolar una bandera argentina y entregar una proclama a los isleños.
Dos años más tarde, GarcÃa serÃa convocado por Dardo Cabo para participar en lo que serÃa uno de sus mayores desafÃos profesionales, el Operativo Cóndor. “Hasta que no estuve arriba del avión, no tenÃa la menor idea de cuál era su plan. Sólo sabÃa que tenÃa al alcance de la mano una buena noticia, y especulaba si podÃa tratarse del Che Guevara en la Argentina, el cadáver de Evita o el retorno de Perón. No sabÃa cuál era el tema, pero mi pasión por las noticias fue más fuerte y me sumé. En pleno vuelo, cuando la máquina ya habÃa sido desviada y tomada por los 18 jóvenes integrantes del comando me enteré que el Operativo Cóndor habÃa comenzadoâ€, evoca el empresario periodÃstico.
“En Malvinas me tocó vivir –agrega– uno de los momentos más inciertos de mi vida periodÃstica. Estaba paseando por las islas sacando fotos cuando fui parado por la policÃa y un soldado. Me invitaron a ir a la comisarÃa y a los pocos minutos, aparecieron dos hombres armados con ametralladoras. De repente, uno que se identificó como el jefe, se abalanzó sobre mà y me pegó una trompada que me dejó grogui. Yo le explicaba que era periodista, pero me sacaron todo lo que tenÃa en los bolsillos y me dejaron detenido en un calabozo mugriento.â€
Finalmente, se reencontró con el comando de Dardo Cabo y después de algunos dÃas abandonaron la isla a bordo de una vieja lancha carbonera. Al llegar al continente, la justicia condenó a los jóvenes a prisión por los delitos de tenencia de armas de guerra y privación ilegÃtima de la libertad.
La tercera parte de la historia personal de GarcÃa con las Malvinas volvió a tener como protagonista a Fitzgerald. Dos años después del Operativo Cóndor, periodista y piloto viajaron juntos a Malvinas, en un vuelo que casi termina en tragedia. “Tuvimos que aterrizar en un camino muy peligroso porque las pistas estaban bloqueadas. Después de carretear unos 200 metros, a los saltos, el avión fue a parar a una zanja mientras un ala se incrustaba en la tierra. Tuvimos que salir por la puerta de emergenciaâ€, explica.
El secuestro del ERP y la huida por Santucho
Durante la dictadura de AgustÃn Lanusse, se ordenó que los medios de comunicación no podÃan nombrar a Montoneros ni al Ejército Revolucionario del Pueblo. El acto de censura, similar al que Aramburu habÃa dispuesto con Perón, impedÃa a una fracción del ERP difundir un comunicado en apoyo a la fórmula Cámpora-Solano Lima, que dÃas antes habÃa ganado las elecciones. “Fue entonces que planificaron mi secuestro –relata GarcÃa en su libro– para exigirme su difusión en la portada de las tres ediciones del jueves 8 de marzo.â€
A las 7:45 de aquel dÃa, un grupo de jóvenes irrumpió en la casa del empresario periodÃstico para llevárselo como rehén y lograr que se publicara la solicitada. GarcÃa convocó al director del diario y le dio instrucciones para que el extenso comunicado del ERP saliera en la tapa de la 5ª edición. Una vez cumplida la exigencia, los secuestradores le trajeron un ejemplar y le tomaron diez fotos en su lugar de cautiverio (una de las cuales ilustra este recuadro). Catorce horas después, GarcÃa era liberado en el cruce de Panamericana y Thames, en San Isidro.
Pero esta no iba a ser su única historia vinculada con el ERP. En julio de 1976 se produjo la muerte de su lÃder Mario Roberto Santucho, una noticia que fue informada por Crónica con un gran despliegue de textos y fotografÃas. La cobertura del hecho, que naturalmente violaba todas las prohibiciones de aquellos años, derivó en las detenciones del director del matutino, Américo Barrios, y del vespertino, Ricardo Gangeme, en el allanamiento de la redacción y en la frenética búsqueda del dueño del diario, para volver a ponerlo entre rejas.
“Mi exilio duró veinte dÃas. Después del forzado encierro, de no poder hacer ni recibir llamados telefónicos, una noche decidà arriesgarme y con una amiga aparecimos a las doce de la noche en FechorÃa, cuya clientela conocÃa mi situación. Todos me miraron, sorprendidos. Esa noche quedé blanqueado y retomé mi vida normalâ€, recuerda GarcÃa.
El aguante a la vieja Olivetti
El despacho de GarcÃa en Crónica TV es una radiografÃa de su personalidad. Tiene diez televisores encendidos en todo momento y las paredes están cubiertas por decenas de cuadros y fotografÃas. En el medio hay una bandera argentina, como las que se usan en las escuelas, y apoyados sobre una mesita, están amontonados todos los premios MartÃn Fierro que ganó en los canales que dirigió. Pero, tal vez, el detalle que describe a esta leyenda del periodismo en su real dimensión sea la vieja máquina de escribir que tiene estratégicamente ubicada sobre un costado de su escritorio. Es la misma Olivetti que usaba en Crónica mientras el resto de la redacción ya tecleaba sobre computadoras. Es su joya personal. Es el sÃmbolo que, quizás, mejor lo reivindique.
En vivo y en directo
GarcÃa creó un estilo propio, lleno de expresiones y recursos que se convirtieron en verdaderos clásicos del periodismo. “Una de las cosas que inventé y tengo registrada –evoca– es la frase ‘en vivo y en directo’. Pero lo gracioso es que todo surgió a a partir de un error mÃo. Con Pinky hacÃamos un programa de ocho horas en el viejo Canal 7 y un dÃa armamos en exteriores un espectáculo con autos chocadores frente a la cancha de River. En medio de la transmisión se me ocurrió decir ‘en vivo y en directo’ y asà quedó la famosa frase que ahora usan todosâ€.
El colmo – En casa de herrero, entrevista sin fotos
El único requisito para esta entrevista fue no hacer fotos, pedido sorprendente para un periodista, un fotógrafo, que explotó como pocos la fuerza de una imagen impactante.
–¿Por qué no querés fotos si estás como hace diez años?
–No quiero que me conozcan (se rÃe).
-–Hacé memoria, ¿qué hubieras hecho si en Crónica te llevaba un reportaje, pero sin fotos del entrevistado?
–Te mataba. Pero igual, no me jodas más porque no quiero fotos.
La sorpresa – Mickey Mouse
GarcÃa y el célebre personaje de Walt Disney tienen algo en común: nacieron un 18 de noviembre, de 1928 el dibujo animado y de 1932, el fundador de Crónica. Cuando descubrió la coincidencia, el periodista se convirtió en fanático del ratón y comenzó una colección de muñecos que ya supera los 2000. A manera de homenaje, le dedicó su nuevo libro.
Del dÃa que hizo historia con una palabra a las placas rojas de Crónica TV
Héctor Ricardo GarcÃa para todos los gustos: junto a una de las avionetas de Crónica, junto a sus amigos Palito Ortega y Leonardo Favio en Teleonce y en otro programa que conducÃa en el viejo Canal 7. El dÃa de la muerte de Juan Domingo Perón, tituló el diario crónica con una sola palabra: Murió. Sin proponérselo, con esa tapa hizo historia. Como lo hace a diario con las desopilantes placas rojas de su canal de noticias.
El dato – Caballero
Héctor Ricardo GarcÃa eligió cerrar el capÃtulo final de su libro con el editorial “Cien veces lo quisieron matar†de Roberto Caballero, publicado en Tiempo Argentino el 11 de febrero de 2011.
Una vida de éxitos y persecuciones
1950. Edita la revista Sucedió, su primer intento editorial. Sólo sacó cuatro números.
1954. Crea la revista Asà esBoca.
1955. Edita la revista AsÃ. En 1964 llegó a vender 1.500.000 ejemplares por semana.
1957. Lo detienen los militares durante once dÃas. Jamás le informaron los motivos.
1963. Funda Crónica, único diario del paÃs con tres ediciones diarias. En dos oportunidades superó el millón de ejemplares vendidos. El Caso Penjerek y un popular concurso de Pepsi Cola (GarcÃa publicaba todas las respuestas sin nombrar la marca, para evitar juicios) fueron los dos temas que ayudaron a apuntalar su éxito.
1965. Compra Radio Colonia.
1966. Participa del Operativo Cóndor que, liderado por Dardo Cabo, concreta una ocupación simbólica de las Islas Malvinas.
1968. Realiza su segundo viaje a Malvinas, acompañado por el piloto Miguel Fitzgerald.
1970. OnganÃa clausura Asà porque a su esposa no le gustaron las fotos de un accidente
1970. OnganÃa vuelve al ataque, pero contra Crónica. Clausura el diario por la información que se publica sobre el Cordobazo.
1970. Compra la licencia de Canal 11 (Teleonce) y arma el primer multimedios del paÃs.
1972. Adquiere la sala del cine Astor para remodelarla y, un año después, reinaugurarla como el Teatro Astros.
1973. Es secuestrado por el ERP. Lo liberan tras acceder a publicar una solicitada en Crónica.
1974. López Rega clausura Crónica por un año, invocando “una campaña a favor de las Islas Malvinasâ€.
1974. López Rega interviene Canal 11.
1975. Inaugura el complejo teatral Estrellas. A finales de aquel año, quedó semidestruido por una bomba que colocaron para impedir el estreno de una obra de Nacha Guevara.
1976. Es detenido por los militares a raÃz de una información difundida en Radio Colonia sobre el golpe militar contra Isabel Perón.
1978. Videla clausura Crónica por tres dÃas, por publicar información sobre una supuesta apertura polÃtica del gobierno.
1979. Es presionado para vender Canal 11.
1979. Compra el diario El Atlántico, de Mar del Plata.
1987. Se hace cargo del Canal 2 de La Plata y lo convierte en Teledos. Un año después, estalla un conflicto judicial y se retira de la emisora.
1994. Funda Crónica TV, el primer canal de noticias en transmitir las 24 horas en vivo.
2005. Lo detienen ocho meses por una causa de evasión fiscal.
2005. Vende el diario Crónica al grupo Olmos.
2012. Después de siete años, es absuelto en la causa por evasión tributaria.
Reacio a dar entrevistas, la excusa de esta charla “on the record†fue la publicación de La culpa la tuve yo, una suerte de autobiografÃa ampliada de su anterior libro Cien veces me quisieron matar. “Lo que pasa es que todavÃa tengo muchas cosas para decirâ€, se justifica GarcÃa al explicar este nuevo repaso de su vida, en el que incluye datos inédicos sobre su histórico enfrentamiento con ClarÃn, la guerra que le hicieron desde Papel Prensa, el Operativo Cóndor y cómo lo golpearon los soldados ingleses en Malvinas, y el dÃa que lo secuestró el ERP y tuvo que escapar de los militares por Santucho.
–¿Por qué te echás la culpa por todo lo que te pasó?
–El libro iba a llevar el nombre de lo que al final fue el subtÃtulo: Militares, ERP, López Rega y AFIP. A la AFIP la incluà por la causa que me inventaron hace siete años y en la que ahora terminé absuelto. Pero después le cambié el tÃtulo porque quise explicar que me pasaron muchas cosas por no haber hecho nunca relaciones públicas, por no ser dócil con los militares, los gobiernos y el ERP. Es decir, la culpa la tuve yo porque siempre me cagué en todo y nunca me perdonaron que tuviera tanto éxito.
–Después de haber estado preso con los militares, ¿te sorprendió la detención de 2005 por el caso vinculado a la AFIP y al pago de impuestos?
–Fui el único periodista de la Argentina detenido por una causa asÃ. Estuve ocho meses preso y la verdad es que no la pasé bien, a pesar de que me vinieron a visitar muchos polÃticos, amigos y gente del espectáculo. No sé por qué estuve detenido. Entre las mil versiones que circularon, una decÃa que fue un pedido de ClarÃn. No lo sé, pero si fue asà serÃa la tercera vez que hicieron todo para perjudicarme.
–¿Cuáles fueron las anteriores?
–La pelea con ClarÃn es vieja. Empezó con el tema de Papel Prensa y siguió cuando Spadone (Carlos, ex dueño de La Razón) le vende el 75% de las acciones del diario a Héctor Magnetto para sacar 240 mil ejemplares gratis a la tarde. Vos estabas en el diario, asà que te acordarás que eso nos mató porque en aquella época la 5ª y 6ª edición vendÃan muy bien. Y con La Razón gratis nos reventaron los vespertinos. Por eso, mi nuevo libro tiene un sentido: decirle a la gente cómo un diario puede matar a otro diario.
–Recién mencionaste Papel Prensa, ¿cómo hiciste para mantener Crónica en los kioscos cuando el papel, principal insumo de la prensa gráfica, era manejado por la competencia?
–Me acuerdo que a nosotros nos daban 2000 toneladas de papel por mes y, de repente, nos bajaron a 300. No nos alcanzaba para nada, teniendo en cuenta que en aquella época Crónica vendÃa un promedio de 500 mil ejemplares por dÃa. Salimos a comprar Papel de Tucumán, pero el problema era que nos costaba un 50% más caro.
–¿Y el papel importado?
–Se traÃa de Chile y Brasil, pero no era como ahora que los precios son otros. En aquel momento era muchÃsimo más caro. Pero igual la cosa se complicó todavÃa más. Cuando los dueños de ClarÃn, La Nación y La Razón se dieron cuenta que igual sobrevivÃamos, ordenaron que su empresa Papel Prensa nos cortara la cuenta corriente. Llegaban los camiones con las bobinas y antes de bajarlas nos exigÃan que les pagáramos al contado. Era muy difÃcil.
–¿Te sorprende que la justicia investigue hoy el caso Papel Prensa?
–Siempre hablé del tema, pero nadie me daba bola. Hace poco pasé por Crónica TV una nota que hice con el negro Hugo Guerrero Martinheitz hace varios años por Canal 9. Ahà explicaba y contaba todo lo que pasó. Mucho antes que los demás.
–¿Te presionaron para vender Crónica?
–Tuve ofertas. Uno de los que querÃa quedarse con el diario fue López Rega, después de haberme sacado Canal Once, que también era mÃo. López Rega clausuró Crónica durante un año, supuestamente por lo que habÃamos hecho con el tema Malvinas (ver aparte).
–¿Alguna otra “oferta�
–Tuve una de ClarÃn. Me vinieron a ver Pagliaro (Lucio Rafael) y Aranda (José Antonio) para pedirme que me asociara con ellos o que les vendiera una porción del diario. Pero les dije que no. Les dije que no a los militares, a López Rega y a Magnetto.
–¿Qué opinás sobre las crÃticas que hoy se dedican los medios?
–No, no quiero hablar de eso. No me gusta hacer periodismo de periodistas.
–Aunque muchos te hayan criticado por el estilo Crónica…
–Nunca me interesó lo que dijeran de mÃ. Cuando en el ’71, Roberto Galán casó a dos enanos en Canal Once se cansaron de putearme, pero hoy Marcelo (Tinelli) hace bailar a una enana y todos dicen que es una genialidad y lo repiten por todos los canales. No me afectaron las crÃticas, lo único importante fue que el famoso casamiento hizo 65 puntos de rating.
–Cuando eras el dueño de Crónica en tu oficina habÃa una tapa enorme del diario español ABC. Hoy ese mismo cuadro te acompaña en el canal. ¿Por qué tanta fidelidad?
–Siempre me criticaron por los cadáveres que publicaba en Crónica. DecÃan que si exprimÃas el diario chorreaba sangre. Bueno, en un viaje que hice a Madrid me encontré con una tapa del ABC, que es un diario, muy católico, con una foto grande de dos militares muertos por la ETA. Me traje un ejemplar y mandé hacer un cuadro bien grande. Lo enmarqué y lo colgué detrás de mi escritorio. Para que no me jodan más.
–Bueno, pero esas crÃticas a Crónica siempre fueron un clásico.
–Con el tiempo todos terminaron haciendo lo que nos criticaban. El año pasado cuando se murió Khadafi, ClarÃn y La Nación, las revistas y los canales de televisión, se cansaron de mostrar en colores el cadáver. Y nadie dijo nada.
–Otro clásico fue vincularte al peronismo y a Boca.
–De Boca sÃ, pero no soy peronista.
–¿De dónde salió entonces el mito que lo eras?
–Empezó con la salida de la revista AsÃ, 20 dÃas después de la caÃda de Perón. En aquel momento toda la prensa era antiperonista, decÃan que Perón era un delincuente, un asesino, un criminal. Y yo decidà cambiar todo el enfoque sobre el tema y en el primer número de la revista publiqué una nota que la agencia internacional United Press le hizo en Paraguay. Mientras todos lo puteaban yo puse la nota y agotamos el primer número. El tÃtulo era “Exclusivo: habla Perón desde Villa Ricaâ€. Además, en enero de 1964 fui el primer periodista argentino que le hizo una nota a Perón en Madrid. A todo esto se sumó que en Crónica siempre publicamos todo lo que estaba vinculado al peronismo, a las huelgas de la CGT, a Ubaldini.
– Demasiados antecedentes para sostener que no sos peronista.
–Soy periodista.
–¿Cómo surgió la histórica tapa de la muerte de Perón, en la que sólo pusiste el tÃtulo catástrofe “Murióâ€?
–No sé. Se me ocurrió como se me ocurren las placas de Crónica TV.
–Otro “producto GarcÃa†que ya es un clásico.
–Con las placas rojas me terminé dando un gusto. Yo trabajé en el viejo Canal 7 y después manejé Canal Once y Teledos. En todos lados, los escenógrafos siempre me dijeron que el color rojo estaba prohibido en la televisión, porque era de mal gusto. Me decÃan que habÃa que usar los tonos crema, azul, blanco. Pero yo siempre insistà con el rojo. Cuando hice Crónica TV me di el gusto.
–¿Quedó alguna cuenta pendiente con el periodismo?
–No, para nada. Fui el primero en armar un multimedios en la Argentina con el diario Crónica, Canal Once, las revistas Asà y Asà es Boca, radio Colonia y los teatros Astros y Estrellas. Hice de todo.
–¿No te agarra nostalgia por volver a sacar un diario?
–No, quiero estar tranquilo y tener tiempo para salir a comer con mis amigos. Además, hoy me divierte más la televisión. Ya está. En mi vida hice de todo y siempre con éxito. Crónica vendÃa un millón de ejemplares sólo en Capital y Gran Buenos Aires, porque no iba al interior del paÃs. La revista Asà vendÃa 500 mil ejemplares los martes, y otro tanto los jueves y los sábados; o sea, 1,5 millones por semana. A Colonia la agarre cuando era una radio de mierda y la puse primera. Canal Once no existÃa, estaba en quiebra y le ganaba hasta Canal 7, pero en cuatro meses lo puse primero. Con Teledos hice lo mismo. Nunca me fue mal porque mi idea siempre fue la misma, mi público siempre fue el mismo.
–“Firme junto al puebloâ€, como el eslogan del diario.
–Claro, si todo el mundo leÃa Crónica. Los laburantes volvÃan del trabajo con el diario bajo el brazo. Gracias a Crónica recibà cartas de presidentes, gobernadores, senadores, gente de espectáculo, del deporte. Hace unos años el presidente de la AFA, Julio Grondona, me mandó una carta en la que me contaba que su mamá no podÃa irse a dormir si antes no leÃa la 6ª del diario. Ese fue siempre mi público.<
Una de piratas
Llamar piratas a los ingleses siempre fue una de las marcas registradas del diario Crónica. Y la reivindicación de la soberanÃa argentina en Malvinas, una de las declaradas obsesiones de su fundador Héctor Ricardo GarcÃa. “El tema me apasionó desde el primer grado del colegio, cuando me enseñaron que eran nuestras y estaban usurpadas por los inglesesâ€, explica el periodista que en dos oportunidades viajó en forma clandestina a las islas.
Su primer acercamiento concreto con estos viajes fue en septiembre de 1964, cuando desde las páginas de Crónica le dio una amplia difusión a la aventura del piloto Miguel Fitzgerald, quien en un pequeño avión Cessna aterrizó en Malvinas para enarbolar una bandera argentina y entregar una proclama a los isleños.
Dos años más tarde, GarcÃa serÃa convocado por Dardo Cabo para participar en lo que serÃa uno de sus mayores desafÃos profesionales, el Operativo Cóndor. “Hasta que no estuve arriba del avión, no tenÃa la menor idea de cuál era su plan. Sólo sabÃa que tenÃa al alcance de la mano una buena noticia, y especulaba si podÃa tratarse del Che Guevara en la Argentina, el cadáver de Evita o el retorno de Perón. No sabÃa cuál era el tema, pero mi pasión por las noticias fue más fuerte y me sumé. En pleno vuelo, cuando la máquina ya habÃa sido desviada y tomada por los 18 jóvenes integrantes del comando me enteré que el Operativo Cóndor habÃa comenzadoâ€, evoca el empresario periodÃstico.
“En Malvinas me tocó vivir –agrega– uno de los momentos más inciertos de mi vida periodÃstica. Estaba paseando por las islas sacando fotos cuando fui parado por la policÃa y un soldado. Me invitaron a ir a la comisarÃa y a los pocos minutos, aparecieron dos hombres armados con ametralladoras. De repente, uno que se identificó como el jefe, se abalanzó sobre mà y me pegó una trompada que me dejó grogui. Yo le explicaba que era periodista, pero me sacaron todo lo que tenÃa en los bolsillos y me dejaron detenido en un calabozo mugriento.â€
Finalmente, se reencontró con el comando de Dardo Cabo y después de algunos dÃas abandonaron la isla a bordo de una vieja lancha carbonera. Al llegar al continente, la justicia condenó a los jóvenes a prisión por los delitos de tenencia de armas de guerra y privación ilegÃtima de la libertad.
La tercera parte de la historia personal de GarcÃa con las Malvinas volvió a tener como protagonista a Fitzgerald. Dos años después del Operativo Cóndor, periodista y piloto viajaron juntos a Malvinas, en un vuelo que casi termina en tragedia. “Tuvimos que aterrizar en un camino muy peligroso porque las pistas estaban bloqueadas. Después de carretear unos 200 metros, a los saltos, el avión fue a parar a una zanja mientras un ala se incrustaba en la tierra. Tuvimos que salir por la puerta de emergenciaâ€, explica.
El secuestro del ERP y la huida por Santucho
Durante la dictadura de AgustÃn Lanusse, se ordenó que los medios de comunicación no podÃan nombrar a Montoneros ni al Ejército Revolucionario del Pueblo. El acto de censura, similar al que Aramburu habÃa dispuesto con Perón, impedÃa a una fracción del ERP difundir un comunicado en apoyo a la fórmula Cámpora-Solano Lima, que dÃas antes habÃa ganado las elecciones. “Fue entonces que planificaron mi secuestro –relata GarcÃa en su libro– para exigirme su difusión en la portada de las tres ediciones del jueves 8 de marzo.â€
A las 7:45 de aquel dÃa, un grupo de jóvenes irrumpió en la casa del empresario periodÃstico para llevárselo como rehén y lograr que se publicara la solicitada. GarcÃa convocó al director del diario y le dio instrucciones para que el extenso comunicado del ERP saliera en la tapa de la 5ª edición. Una vez cumplida la exigencia, los secuestradores le trajeron un ejemplar y le tomaron diez fotos en su lugar de cautiverio (una de las cuales ilustra este recuadro). Catorce horas después, GarcÃa era liberado en el cruce de Panamericana y Thames, en San Isidro.
Pero esta no iba a ser su única historia vinculada con el ERP. En julio de 1976 se produjo la muerte de su lÃder Mario Roberto Santucho, una noticia que fue informada por Crónica con un gran despliegue de textos y fotografÃas. La cobertura del hecho, que naturalmente violaba todas las prohibiciones de aquellos años, derivó en las detenciones del director del matutino, Américo Barrios, y del vespertino, Ricardo Gangeme, en el allanamiento de la redacción y en la frenética búsqueda del dueño del diario, para volver a ponerlo entre rejas.
“Mi exilio duró veinte dÃas. Después del forzado encierro, de no poder hacer ni recibir llamados telefónicos, una noche decidà arriesgarme y con una amiga aparecimos a las doce de la noche en FechorÃa, cuya clientela conocÃa mi situación. Todos me miraron, sorprendidos. Esa noche quedé blanqueado y retomé mi vida normalâ€, recuerda GarcÃa.
El aguante a la vieja Olivetti
El despacho de GarcÃa en Crónica TV es una radiografÃa de su personalidad. Tiene diez televisores encendidos en todo momento y las paredes están cubiertas por decenas de cuadros y fotografÃas. En el medio hay una bandera argentina, como las que se usan en las escuelas, y apoyados sobre una mesita, están amontonados todos los premios MartÃn Fierro que ganó en los canales que dirigió. Pero, tal vez, el detalle que describe a esta leyenda del periodismo en su real dimensión sea la vieja máquina de escribir que tiene estratégicamente ubicada sobre un costado de su escritorio. Es la misma Olivetti que usaba en Crónica mientras el resto de la redacción ya tecleaba sobre computadoras. Es su joya personal. Es el sÃmbolo que, quizás, mejor lo reivindique.
En vivo y en directo
GarcÃa creó un estilo propio, lleno de expresiones y recursos que se convirtieron en verdaderos clásicos del periodismo. “Una de las cosas que inventé y tengo registrada –evoca– es la frase ‘en vivo y en directo’. Pero lo gracioso es que todo surgió a a partir de un error mÃo. Con Pinky hacÃamos un programa de ocho horas en el viejo Canal 7 y un dÃa armamos en exteriores un espectáculo con autos chocadores frente a la cancha de River. En medio de la transmisión se me ocurrió decir ‘en vivo y en directo’ y asà quedó la famosa frase que ahora usan todosâ€.
El colmo – En casa de herrero, entrevista sin fotos
El único requisito para esta entrevista fue no hacer fotos, pedido sorprendente para un periodista, un fotógrafo, que explotó como pocos la fuerza de una imagen impactante.
–¿Por qué no querés fotos si estás como hace diez años?
–No quiero que me conozcan (se rÃe).
-–Hacé memoria, ¿qué hubieras hecho si en Crónica te llevaba un reportaje, pero sin fotos del entrevistado?
–Te mataba. Pero igual, no me jodas más porque no quiero fotos.
La sorpresa – Mickey Mouse
GarcÃa y el célebre personaje de Walt Disney tienen algo en común: nacieron un 18 de noviembre, de 1928 el dibujo animado y de 1932, el fundador de Crónica. Cuando descubrió la coincidencia, el periodista se convirtió en fanático del ratón y comenzó una colección de muñecos que ya supera los 2000. A manera de homenaje, le dedicó su nuevo libro.
Del dÃa que hizo historia con una palabra a las placas rojas de Crónica TV
Héctor Ricardo GarcÃa para todos los gustos: junto a una de las avionetas de Crónica, junto a sus amigos Palito Ortega y Leonardo Favio en Teleonce y en otro programa que conducÃa en el viejo Canal 7. El dÃa de la muerte de Juan Domingo Perón, tituló el diario crónica con una sola palabra: Murió. Sin proponérselo, con esa tapa hizo historia. Como lo hace a diario con las desopilantes placas rojas de su canal de noticias.
El dato – Caballero
Héctor Ricardo GarcÃa eligió cerrar el capÃtulo final de su libro con el editorial “Cien veces lo quisieron matar†de Roberto Caballero, publicado en Tiempo Argentino el 11 de febrero de 2011.
Una vida de éxitos y persecuciones
1950. Edita la revista Sucedió, su primer intento editorial. Sólo sacó cuatro números.
1954. Crea la revista Asà esBoca.
1955. Edita la revista AsÃ. En 1964 llegó a vender 1.500.000 ejemplares por semana.
1957. Lo detienen los militares durante once dÃas. Jamás le informaron los motivos.
1963. Funda Crónica, único diario del paÃs con tres ediciones diarias. En dos oportunidades superó el millón de ejemplares vendidos. El Caso Penjerek y un popular concurso de Pepsi Cola (GarcÃa publicaba todas las respuestas sin nombrar la marca, para evitar juicios) fueron los dos temas que ayudaron a apuntalar su éxito.
1965. Compra Radio Colonia.
1966. Participa del Operativo Cóndor que, liderado por Dardo Cabo, concreta una ocupación simbólica de las Islas Malvinas.
1968. Realiza su segundo viaje a Malvinas, acompañado por el piloto Miguel Fitzgerald.
1970. OnganÃa clausura Asà porque a su esposa no le gustaron las fotos de un accidente
1970. OnganÃa vuelve al ataque, pero contra Crónica. Clausura el diario por la información que se publica sobre el Cordobazo.
1970. Compra la licencia de Canal 11 (Teleonce) y arma el primer multimedios del paÃs.
1972. Adquiere la sala del cine Astor para remodelarla y, un año después, reinaugurarla como el Teatro Astros.
1973. Es secuestrado por el ERP. Lo liberan tras acceder a publicar una solicitada en Crónica.
1974. López Rega clausura Crónica por un año, invocando “una campaña a favor de las Islas Malvinasâ€.
1974. López Rega interviene Canal 11.
1975. Inaugura el complejo teatral Estrellas. A finales de aquel año, quedó semidestruido por una bomba que colocaron para impedir el estreno de una obra de Nacha Guevara.
1976. Es detenido por los militares a raÃz de una información difundida en Radio Colonia sobre el golpe militar contra Isabel Perón.
1978. Videla clausura Crónica por tres dÃas, por publicar información sobre una supuesta apertura polÃtica del gobierno.
1979. Es presionado para vender Canal 11.
1979. Compra el diario El Atlántico, de Mar del Plata.
1987. Se hace cargo del Canal 2 de La Plata y lo convierte en Teledos. Un año después, estalla un conflicto judicial y se retira de la emisora.
1994. Funda Crónica TV, el primer canal de noticias en transmitir las 24 horas en vivo.
2005. Lo detienen ocho meses por una causa de evasión fiscal.
2005. Vende el diario Crónica al grupo Olmos.
2012. Después de siete años, es absuelto en la causa por evasión tributaria.