Carlos Enrique Wagner
La pelea que mantienen Hugo Luis Biolcati, el saliente titular de la Sociedad Rural Argentina, y José Ignacio de Mendiguren, de la Unión Industrial Argentina (UIA), confirma la fractura entre las organizaciones empresarias respecto de la actitud que deben asumir frente al Gobierno.
Algunos, como Biolcati, creen en la confrontación con el kirchnerismo; otros, como Mendiguren, apuestan al diálogo y a tratar de modificar «desde adentro» -manteniendo la cercanÃa con el Gobierno- las polÃticas que consideran perjudiciales para la economÃa; un tercer grupo opta por el silencio.
Lo cierto es que el Gobierno consiguió dividir un frente que le fue adverso en cierto momento.
Seguramente consciente de que no es lo mejor para el sector empresario una pelea entre dirigentes, Biolcati salió ayer a tratar de desactivar el enfrentamiento campo-industria que habÃa reflotado él mismo el domingo, al quejarse de la ausencia de dirigentes de la UIA en el acto de inauguración de la Exposición Rural.
Ayer dijo que «no existe antinomia entre el campo y la industria: todos pensamos igual, pero algunos se expresan menos que otros por temor a represalias». Lo dijo en el marco de la entrega de premios a los mejores stands, y lo acompañaban el presidente de la Bolsa porteña, Adelmo Gabbi; sus pares de la Cámara de Comercio, Carlos de la Vega, y de la Cámara de Exportadores, Enrique Mantilla, más el director ejecutivo de la UIA, MartÃn Etchegoyen, y el secretario de la Cámara de Importadores, Rubén GarcÃa.
«Lo lógico es que todos tiremos juntos. Queremos trabajar y ejercer toda industria lÃcita, usar y disponer de nuestra propiedad. Éstos son reclamos comunes a todos los sectores de la economÃa. No vemos que exista ninguna antinomia entre los requerimientos y necesidades de cada uno de los eslabones que componen la agroindustria», expresó. Un dÃa antes, en declaraciones a este diario, Mendiguren habÃa dicho que Biolcati «es liberal y nosotros preferimos un modelo de paÃs desarrollista».
Pese a los esfuerzos de Biolcati, esta pelea constituye el acta oficial de defunción del denominado Grupo de los Seis. Estaba conformado por él, Mendiguren, Gabbi, Carlos Enrique Wagner -titular de la Cámara de la Construcción-, Carlos de la Vega -Cámara Argentina de Comercio- y Jorge Brito -de ADEBA, los bancos de capital nacional-. HabÃa nacido como Grupo de los Siete, pero su número se redujo (y su nombre cambió) cuando Daniel LlambÃas -titular de Confederaciones Rurales Argentinas- decidió autoexcluirse cuando la UIA eligió presidente a Mendiguren.
El grupo solÃa reunirse una vez por mes, alternativamente en la sede de cada una de las entidades que lo conformaban, pero poco antes de las elecciones que consagraron la reelección de Cristina de Kirchner, el G-6 dejó de funcionar.
Para entonces, cada una de las entidades habÃa asumido su propia postura.
Wagner, por caso, se llamó a un absoluto silencio pese a la evidente caÃda en la construcción y la creciente destrucción del empleo en su industria; De la Vega hizo lo propio aún ante el retroceso de la actividad comercial en el paÃs. No son los únicos: si en algo tiene razón Biolcati es el temor que cunde entre los empresarios; el sector petrolero se sumergió en el mayor de los silencios, pese al polémico decreto emitido por el Gobierno el viernes, regulando la actividad. En lo que erra el dirigente ruralista es, quizás, en pensar que todas las entidades van a encolumnarse detrás de su discurso confrontativo.
La pelea que mantienen Hugo Luis Biolcati, el saliente titular de la Sociedad Rural Argentina, y José Ignacio de Mendiguren, de la Unión Industrial Argentina (UIA), confirma la fractura entre las organizaciones empresarias respecto de la actitud que deben asumir frente al Gobierno.
Algunos, como Biolcati, creen en la confrontación con el kirchnerismo; otros, como Mendiguren, apuestan al diálogo y a tratar de modificar «desde adentro» -manteniendo la cercanÃa con el Gobierno- las polÃticas que consideran perjudiciales para la economÃa; un tercer grupo opta por el silencio.
Lo cierto es que el Gobierno consiguió dividir un frente que le fue adverso en cierto momento.
Seguramente consciente de que no es lo mejor para el sector empresario una pelea entre dirigentes, Biolcati salió ayer a tratar de desactivar el enfrentamiento campo-industria que habÃa reflotado él mismo el domingo, al quejarse de la ausencia de dirigentes de la UIA en el acto de inauguración de la Exposición Rural.
Ayer dijo que «no existe antinomia entre el campo y la industria: todos pensamos igual, pero algunos se expresan menos que otros por temor a represalias». Lo dijo en el marco de la entrega de premios a los mejores stands, y lo acompañaban el presidente de la Bolsa porteña, Adelmo Gabbi; sus pares de la Cámara de Comercio, Carlos de la Vega, y de la Cámara de Exportadores, Enrique Mantilla, más el director ejecutivo de la UIA, MartÃn Etchegoyen, y el secretario de la Cámara de Importadores, Rubén GarcÃa.
«Lo lógico es que todos tiremos juntos. Queremos trabajar y ejercer toda industria lÃcita, usar y disponer de nuestra propiedad. Éstos son reclamos comunes a todos los sectores de la economÃa. No vemos que exista ninguna antinomia entre los requerimientos y necesidades de cada uno de los eslabones que componen la agroindustria», expresó. Un dÃa antes, en declaraciones a este diario, Mendiguren habÃa dicho que Biolcati «es liberal y nosotros preferimos un modelo de paÃs desarrollista».
Pese a los esfuerzos de Biolcati, esta pelea constituye el acta oficial de defunción del denominado Grupo de los Seis. Estaba conformado por él, Mendiguren, Gabbi, Carlos Enrique Wagner -titular de la Cámara de la Construcción-, Carlos de la Vega -Cámara Argentina de Comercio- y Jorge Brito -de ADEBA, los bancos de capital nacional-. HabÃa nacido como Grupo de los Siete, pero su número se redujo (y su nombre cambió) cuando Daniel LlambÃas -titular de Confederaciones Rurales Argentinas- decidió autoexcluirse cuando la UIA eligió presidente a Mendiguren.
El grupo solÃa reunirse una vez por mes, alternativamente en la sede de cada una de las entidades que lo conformaban, pero poco antes de las elecciones que consagraron la reelección de Cristina de Kirchner, el G-6 dejó de funcionar.
Para entonces, cada una de las entidades habÃa asumido su propia postura.
Wagner, por caso, se llamó a un absoluto silencio pese a la evidente caÃda en la construcción y la creciente destrucción del empleo en su industria; De la Vega hizo lo propio aún ante el retroceso de la actividad comercial en el paÃs. No son los únicos: si en algo tiene razón Biolcati es el temor que cunde entre los empresarios; el sector petrolero se sumergió en el mayor de los silencios, pese al polémico decreto emitido por el Gobierno el viernes, regulando la actividad. En lo que erra el dirigente ruralista es, quizás, en pensar que todas las entidades van a encolumnarse detrás de su discurso confrontativo.