En la causa en la que está siendo juzgado el capitán del Ejército Héctor Vergez, por cuatro desapariciones, Kremer detalló la estructura del PRT–ERP y cómo algunas de las vÃctimas colaboraban secretamente con la organización.
“Es difÃcil esto, pero cuando apareció el secuestro clandestino y la desaparición nosotros no tenÃamos ningún tipo de orientación. Incluso nos basábamos en la experiencia internacional. Recuerdo que consulté con especialistas cubanos que nos dijeron que era imposible: ‘No hay Estado que pueda ocultar campos de concentraciónÂ’. En ese momento creà que era asÃ, que era una ley. Hoy con más de 75 años creo que era una opinión. Cuando la esposa de Osatinsky lo denunció desde el exterior, fue una sorpresa para noso-tros, una sorpresa real.”
En aquella época, Juan Arnold Kremer era Luis Mattini, la persona que sucedió a Roberto Santucho en la dirección del PRT. Ayer los jueces del Tribunal Oral Federal 5 le tomaron juramento en la causa por la caÃda de “Pancho” Javier Coccoz, el jefe del aparato de inteligencia de la organización secuestrado en mayo de 1977. Kremer intentó darle cuerpo a la figura de Coccoz, que en este expediente enlaza al resto de las vÃctimas. Mientras las preguntas avanzaban, buscó dar cuenta una y otra vez de los roles y la información fragmentada de contactos de una red tendida en una época con buena parte de los protagonistas perdidos, miles de tabicamiento y en medio de la debacle del partido que en ocasiones parece hacer de la reconstrucción una tarea imposible.
“¿Usted dijo que Coccoz era el jefe del aparato de inteligencia?”, preguntó la querella de la SecretarÃa de Derechos Humanos de la Nación. “Coccoz no tuvo la posibilidad de asumir plenamente la jefatura sino que lo hizo de forma interina –dijo Kremer–. El tema es que en ese momento habÃa que resolver un caso, pero no alcanzábamos a resolverlo porque las caÃdas se precipitaban unas tras otras y asume esa función en forma interina. Después de esa caÃda nunca pudimos reconstruir la jefatura.”
–¿Qué pasa con la estructura de Inteligencia después de la caÃda de Coccoz?
–No era más que la caÃda de otra serie de compañeros. Se produjo cuando se inicia la derrota total del PRT. Tapábamos agujeros, perdón por la expresión, pero salÃamos a cubrir lo que él sabÃa, a las personas que él contactaba, pero caÃa otro y salÃamos a cubrir los contactos de este otro, y no alcanzábamos a organizar todo, estábamos actuando en la emergencia.
La red
Coccoz fue secuestrado el 17 de mayo de 1977 y lo llevaron a Campo de Mayo. En la causa se investigan otras tres caÃdas asociadas: su compañera, Cristina Zamponi, secuestrada con su hijo y luego exiliada. Y el secuestro y desaparición de dos hombres del mundo de las finanzas y los negocios: Julio Gallego Soto, que integró la resistencia peronista, fue hombre de confianza de Juan Perón y a esa altura, pese a mantener contactos con un sector de los militares, estaba cerca del PRT. La otra vÃctima es Juan Carlos Casariego del Bel, ex funcionario del Ministerio de EconomÃa que se opuso a la maniobra de nacionalizar la ex Italo impulsada por José Alfredo MartÃnez de Hoz. Casariego del Bel cayó el 15 de junio y Gallego Soto el 4 de julio. Se supone que los dos eran parte de la red del PRT. El juicio lleva como único acusado al ex capitán del Ejército Héctor Vergez, agente de Inteligencia del Batallón 601, trasladado a Buenos Aires después de dirigir el centro clandestino de La Perla para encargarse de “doblar” a Coccoz en busca de su red de contactos, según la hipótesis que sostiene la fiscalÃa. Los datos que enlazan a Coccoz con cada una de las vÃctimas son parte del dilema del juicio: son necesarios para condenar a Vergez, pero formaron parte de los secretos más guardados del PRT.
“Yo cumplà la sencilla tarea de reemplazar a Santucho como secretario general del partido –ironizó Kremer–. Muchas de las cosas que conozco tienen que ver con lo que me llegaba de los compañeros. Conocà a Coccoz brevemente. SabÃa muy bien quién era, pero por mis funciones casi no tuve contacto.” Coccoz “cumplÃa funciones en lo que llamábamos aparato de inteligencia”. El aparato estaba dividido en dos secciones: información y operaciones. Coccoz era el jefe operativo. La información sólo se la daba a Santucho y pudo haberla compartido con Benito Urteaga. “Manejaba información delicada; ese tipo de información era tabicada, no la manejábamos todos: en la dirección colectiva nunca se informaban los detalles; lo que manejábamos colectivamente era el resultado de esa información. El ERP era tremendamente vertical”.
Sobre esos datos sensibles avanzó la audiencia. Los fiscales y querellas creen que Casariego del Bel y Gallego Soto eran parte de la estructura de informantes “conscientes o inconscientes”, como dijeron los testigos, que la organización desplegó. TenÃan contactos en el campo de la economÃa y del aparato militar para saber qué sucedÃa al interior de las Fuerzas Armadas, explicó Kremer. En un momento, mencionó el Banco Central como parte de esas redes. Explicó que “en general, con ese tipo de organizaciones del aparato del Estado el vÃnculo primero venÃa por la vÃa sindical. SeguÃamos en la organización de los sindicatos, era una fuente de información y eso nos podÃa llevar a otros vÃnculos, pero del Banco nos interesaban esas cosas que se supone que son secreto, que mantienen las maniobras económicas del gobierno: tenÃamos que estar al dÃa, era información vital desde el punto de vista polÃtico”.
Habló de Julio Gallego Soto y de Alicia Eguren de Cooke, que en esta historia aparece como la persona que puso en contacto a Soto con uno de los hermanos de Santucho y asà con Coccoz. “Nadie que haya conocido a esa mujer puede olvidarse de ella –dijo Kremer–. TenÃamos acuerdos polÃticos porque ella pertenecÃa al peronismo revolucionario. Ella no era montonera. La frecuenté muchas veces, era una mujer muy destacada.”
Sobre el Gallego Soto dijo: “Era un militante, alguien de nuestra organización”. “Y me suena porque siempre decÃamos que tal cosa lo decÃa el Gallego y cuando preguntaba qué Gallego me decÃan Soto. TenÃa una función importante y es probable que haya tenido vinculación con Coccoz.”
Una de las lÃneas subterráneas del juicio ata el expediente al caso de Rafael Perrota, director de El Cronista Comercial. Su causa sigue en etapa de instrucción. La fiscalÃa siguió preguntando. En este caso, Sosti quiso saber si el PRT hizo tratativas para comprar el diario.
“Ya habÃamos tenido la experiencia de El Mundo. Nosotros mismos nos criticamos y después hicimos tratativas para comprar El Cronista Comercial. Cuando se produjo el secuestro de Perrota estábamos en eso.”
–¿Cuál era la relación de Perrota con el partido?
–Lo que nosotros podÃamos llamar… era simpatizante, estuvo muy interesado por la experiencia del PRT, creo que fue desaparecido por eso. Y nuestra idea con el periodismo era que él siguiera dirigiendo el diario, que no se convirtiera en un panfleto. Si La Nación, por dar un ejemplo, era el diario de la oligarquÃa terrateniente y ClarÃn, el de la industria, que él nos representara a nosotros.
–¿Era informante?
–Informante es una manera de decir. No era un informante en el sentido de que daba información, que puede ser consciente o inconsciente. Perrota era colaborador, no sólo informaba sino que daba opinión.
–¿Perrota con quién se veÃa?
–Eso lo manejaba el buró polÃtico. Una parte lo manejaba Susana Viau. Santucho no se podÃa encontrar todos los dÃas, era muy buscado.
“Es difÃcil esto, pero cuando apareció el secuestro clandestino y la desaparición nosotros no tenÃamos ningún tipo de orientación. Incluso nos basábamos en la experiencia internacional. Recuerdo que consulté con especialistas cubanos que nos dijeron que era imposible: ‘No hay Estado que pueda ocultar campos de concentraciónÂ’. En ese momento creà que era asÃ, que era una ley. Hoy con más de 75 años creo que era una opinión. Cuando la esposa de Osatinsky lo denunció desde el exterior, fue una sorpresa para noso-tros, una sorpresa real.”
En aquella época, Juan Arnold Kremer era Luis Mattini, la persona que sucedió a Roberto Santucho en la dirección del PRT. Ayer los jueces del Tribunal Oral Federal 5 le tomaron juramento en la causa por la caÃda de “Pancho” Javier Coccoz, el jefe del aparato de inteligencia de la organización secuestrado en mayo de 1977. Kremer intentó darle cuerpo a la figura de Coccoz, que en este expediente enlaza al resto de las vÃctimas. Mientras las preguntas avanzaban, buscó dar cuenta una y otra vez de los roles y la información fragmentada de contactos de una red tendida en una época con buena parte de los protagonistas perdidos, miles de tabicamiento y en medio de la debacle del partido que en ocasiones parece hacer de la reconstrucción una tarea imposible.
“¿Usted dijo que Coccoz era el jefe del aparato de inteligencia?”, preguntó la querella de la SecretarÃa de Derechos Humanos de la Nación. “Coccoz no tuvo la posibilidad de asumir plenamente la jefatura sino que lo hizo de forma interina –dijo Kremer–. El tema es que en ese momento habÃa que resolver un caso, pero no alcanzábamos a resolverlo porque las caÃdas se precipitaban unas tras otras y asume esa función en forma interina. Después de esa caÃda nunca pudimos reconstruir la jefatura.”
–¿Qué pasa con la estructura de Inteligencia después de la caÃda de Coccoz?
–No era más que la caÃda de otra serie de compañeros. Se produjo cuando se inicia la derrota total del PRT. Tapábamos agujeros, perdón por la expresión, pero salÃamos a cubrir lo que él sabÃa, a las personas que él contactaba, pero caÃa otro y salÃamos a cubrir los contactos de este otro, y no alcanzábamos a organizar todo, estábamos actuando en la emergencia.
La red
Coccoz fue secuestrado el 17 de mayo de 1977 y lo llevaron a Campo de Mayo. En la causa se investigan otras tres caÃdas asociadas: su compañera, Cristina Zamponi, secuestrada con su hijo y luego exiliada. Y el secuestro y desaparición de dos hombres del mundo de las finanzas y los negocios: Julio Gallego Soto, que integró la resistencia peronista, fue hombre de confianza de Juan Perón y a esa altura, pese a mantener contactos con un sector de los militares, estaba cerca del PRT. La otra vÃctima es Juan Carlos Casariego del Bel, ex funcionario del Ministerio de EconomÃa que se opuso a la maniobra de nacionalizar la ex Italo impulsada por José Alfredo MartÃnez de Hoz. Casariego del Bel cayó el 15 de junio y Gallego Soto el 4 de julio. Se supone que los dos eran parte de la red del PRT. El juicio lleva como único acusado al ex capitán del Ejército Héctor Vergez, agente de Inteligencia del Batallón 601, trasladado a Buenos Aires después de dirigir el centro clandestino de La Perla para encargarse de “doblar” a Coccoz en busca de su red de contactos, según la hipótesis que sostiene la fiscalÃa. Los datos que enlazan a Coccoz con cada una de las vÃctimas son parte del dilema del juicio: son necesarios para condenar a Vergez, pero formaron parte de los secretos más guardados del PRT.
“Yo cumplà la sencilla tarea de reemplazar a Santucho como secretario general del partido –ironizó Kremer–. Muchas de las cosas que conozco tienen que ver con lo que me llegaba de los compañeros. Conocà a Coccoz brevemente. SabÃa muy bien quién era, pero por mis funciones casi no tuve contacto.” Coccoz “cumplÃa funciones en lo que llamábamos aparato de inteligencia”. El aparato estaba dividido en dos secciones: información y operaciones. Coccoz era el jefe operativo. La información sólo se la daba a Santucho y pudo haberla compartido con Benito Urteaga. “Manejaba información delicada; ese tipo de información era tabicada, no la manejábamos todos: en la dirección colectiva nunca se informaban los detalles; lo que manejábamos colectivamente era el resultado de esa información. El ERP era tremendamente vertical”.
Sobre esos datos sensibles avanzó la audiencia. Los fiscales y querellas creen que Casariego del Bel y Gallego Soto eran parte de la estructura de informantes “conscientes o inconscientes”, como dijeron los testigos, que la organización desplegó. TenÃan contactos en el campo de la economÃa y del aparato militar para saber qué sucedÃa al interior de las Fuerzas Armadas, explicó Kremer. En un momento, mencionó el Banco Central como parte de esas redes. Explicó que “en general, con ese tipo de organizaciones del aparato del Estado el vÃnculo primero venÃa por la vÃa sindical. SeguÃamos en la organización de los sindicatos, era una fuente de información y eso nos podÃa llevar a otros vÃnculos, pero del Banco nos interesaban esas cosas que se supone que son secreto, que mantienen las maniobras económicas del gobierno: tenÃamos que estar al dÃa, era información vital desde el punto de vista polÃtico”.
Habló de Julio Gallego Soto y de Alicia Eguren de Cooke, que en esta historia aparece como la persona que puso en contacto a Soto con uno de los hermanos de Santucho y asà con Coccoz. “Nadie que haya conocido a esa mujer puede olvidarse de ella –dijo Kremer–. TenÃamos acuerdos polÃticos porque ella pertenecÃa al peronismo revolucionario. Ella no era montonera. La frecuenté muchas veces, era una mujer muy destacada.”
Sobre el Gallego Soto dijo: “Era un militante, alguien de nuestra organización”. “Y me suena porque siempre decÃamos que tal cosa lo decÃa el Gallego y cuando preguntaba qué Gallego me decÃan Soto. TenÃa una función importante y es probable que haya tenido vinculación con Coccoz.”
Una de las lÃneas subterráneas del juicio ata el expediente al caso de Rafael Perrota, director de El Cronista Comercial. Su causa sigue en etapa de instrucción. La fiscalÃa siguió preguntando. En este caso, Sosti quiso saber si el PRT hizo tratativas para comprar el diario.
“Ya habÃamos tenido la experiencia de El Mundo. Nosotros mismos nos criticamos y después hicimos tratativas para comprar El Cronista Comercial. Cuando se produjo el secuestro de Perrota estábamos en eso.”
–¿Cuál era la relación de Perrota con el partido?
–Lo que nosotros podÃamos llamar… era simpatizante, estuvo muy interesado por la experiencia del PRT, creo que fue desaparecido por eso. Y nuestra idea con el periodismo era que él siguiera dirigiendo el diario, que no se convirtiera en un panfleto. Si La Nación, por dar un ejemplo, era el diario de la oligarquÃa terrateniente y ClarÃn, el de la industria, que él nos representara a nosotros.
–¿Era informante?
–Informante es una manera de decir. No era un informante en el sentido de que daba información, que puede ser consciente o inconsciente. Perrota era colaborador, no sólo informaba sino que daba opinión.
–¿Perrota con quién se veÃa?
–Eso lo manejaba el buró polÃtico. Una parte lo manejaba Susana Viau. Santucho no se podÃa encontrar todos los dÃas, era muy buscado.