En diálogo con Página/12, Severo acusa de lo que le pasó a una patota que vincula con Alberto Trezza, un ex administrador de Ferrobaires. Asegura que desde hacÃa unos dÃas le venÃan sucediendo “cosas raras” y que todavÃa lo amenazan.
“TodavÃa no caigo, no me animo a entender bien qué pasó”, reflexiona, cansado, Enrique Alfonso Severo, rendido en un sillón en el zaguán de su casa, en Avellaneda. Aún no duerme desde que apareció en una calle oscura, con las manos precintadas, tras casi 24 horas de secuestro, pero sabe que su desaparición fue un hecho que causó conmoción. Sobre todo, por su condición de testigo en el juicio por la muerte del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra en el que está acusado el jefe sindical ferroviario José Pedraza, entre otros. Tras declarar ante la Justicia, el hombre que fue empleado ferroviario durante más de 20 años describió el hecho a Página/12 y denunció que aun sigue recibiendo amenazas. “Cuando me secuestraron pensé que me querÃan robar. Ya me habÃan estado pasando cosas raras en la semana: me habÃan estado siguiendo, me habÃan llamado diciéndome que me dejara de joder y aún lo siguen haciendo”.
–¿Cómo lo secuestraron?
–Iba en el auto y un morocho en una moto se me puso al lado, me apuntó con un arma y dijo “perdiste. Tirate”. Pensé que me iban a robar. Corrà el auto, pero no me dio tiempo a bajar: me agarró del cuello de la camisa y me tiró. Yo quise mirar, pero me bajó la cabeza y me pegó en el oÃdo. Me arrancó del auto, me tiró una tela pesada encima y me llevó hasta un vehÃculo que cuando apareció la moto me habÃa encandilado desde el otro costado. Por la forma, por la puerta de costado, era una camioneta utilitaria. me tiraron ahà como una bolsa de papa y empezaron a machacarme.
–¿Le pegaron?
–No. Me dijeron buchón, alcahuete, que no tenÃa que hablar más, que me olvidara de los ferrocarriles y que me dejara de romper las pelotas. Eso ya nos –habla en plural porque ofrece la entrevista en compañÃa de Ricardo Huardo, ex gerente comercial de Ferrobaires– lo habÃan dicho cuando nos echaron de la empresa. Y también me dijeron que ni la Presidenta, ni la policÃa ni los derechos humanos me iban a sacar del pozo. Por eso yo digo que el mensaje que me dieron da a entender como que la Presidenta nos está defendiendo a nosotros. Nosotros somos kirchneristas, de verdad… Fuimos los únicos que peleamos adentro (de la empresa) por el Gobierno, enquistado el duhaldismo en Ferrobaires todavÃa como está. Éramos uno de los pocos que salÃamos a hacer polÃtica desde el kirchnerismo en serio.
–¿Cuánto tiempo estuvo arriba de la camioneta recibiendo los ataques?
–Un montón de tiempo. Anduvimos 20 minutos dando vueltas y entramos a un lugar que era de tierra.
–Su hijo dijo que lo llevaron a un predio ferroviario llamado Kilo 4. ¿Es as�
–No sé a dónde me llevaron. Solo sé que en un momento la camioneta entró en una calle de tierra por cómo se movÃa. Hasta que frenó. No sé si era un galpón, si estábamos al aire libre… Me dejaron arriba de la camioneta con eso pesado en la cabeza y las manos precintadas. Me dormà y me desperté varias veces. En un momento la camioneta se ponÃa en marcha, se subió un tipo en donde estaba yo, y salió marcha atrás. Uno le dijo por handy al que estaba manejando “yo ya llevo los bolsos, nos juntamos en el punto G, deshacete del gil”. Y ahà me meé encima. Estaba buscando la forma para ir y agarrarlo del cogote al tipo este, cosas que me pasaban por la cabeza, pero no me podÃa mover. Cuando se paró la camioneta, me abrió la puerta, el tipo que estaba conmigo me dijo “bajate, caminá y no mires para atrás”. Ese fue el peor momento que vivÃ. No sabÃa dónde estaba. Nadie me querÃa ayudar hasta que un hombre me reconoció.
–¿Su secuestro está relacionado con su testimonio en el juicio?
–Tiene relación con un montón de cosas. Cuando yo declare ante la Justicia en ese juicio voy a contar un montón de cosas y esas relaciones van a quedar claras. Hoy (por ayer) salieron de la empresa a decir que tengo causas en la Justicia de las cuales solo una queda abierta, y es un hecho inventado, y luego salieron ellos mismos a desmentirlo. Daniel Guzmán, el responsable de Legales de Ferrobaires, es el responsable de todo esto.
–¿De qué se trata esa causa?
–Es la que armaron como un enfrentamiento entre bandas cuando en realidad cuando me echaron a los tiros de Ferrobaires, en 2009. A mà y a mi pibe. Los matones Carruega, Santa Fe y Saldaña –empleados de Ferrobaires– y una patota de 40 tipos que trajeron de Mar Del Plata, de Defensa y Justicia y de Banfield con armas nos dijeron que nos tenÃamos que ir del ferrocarril por orden del doctor. Yo era gerente de Mantenimiento.
–¿Quién era el doctor?
–Alberto Trezza, el primer administrador de la empresa, entre el 93 y 2000, pero entonces manejaba el poder desde afuera porque ya no tenÃa cargos. Trezza es el dueño, el jefe de Guzmán. Trezza sigue teniendo el poder de Ferrobaires.
–¿Tiene alguna relación Trezza y la patota que mató a Ferreyra?
–Totalmente, pero eso yo ya lo voy a ampliar ante la Justicia.
“TodavÃa no caigo, no me animo a entender bien qué pasó”, reflexiona, cansado, Enrique Alfonso Severo, rendido en un sillón en el zaguán de su casa, en Avellaneda. Aún no duerme desde que apareció en una calle oscura, con las manos precintadas, tras casi 24 horas de secuestro, pero sabe que su desaparición fue un hecho que causó conmoción. Sobre todo, por su condición de testigo en el juicio por la muerte del militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra en el que está acusado el jefe sindical ferroviario José Pedraza, entre otros. Tras declarar ante la Justicia, el hombre que fue empleado ferroviario durante más de 20 años describió el hecho a Página/12 y denunció que aun sigue recibiendo amenazas. “Cuando me secuestraron pensé que me querÃan robar. Ya me habÃan estado pasando cosas raras en la semana: me habÃan estado siguiendo, me habÃan llamado diciéndome que me dejara de joder y aún lo siguen haciendo”.
–¿Cómo lo secuestraron?
–Iba en el auto y un morocho en una moto se me puso al lado, me apuntó con un arma y dijo “perdiste. Tirate”. Pensé que me iban a robar. Corrà el auto, pero no me dio tiempo a bajar: me agarró del cuello de la camisa y me tiró. Yo quise mirar, pero me bajó la cabeza y me pegó en el oÃdo. Me arrancó del auto, me tiró una tela pesada encima y me llevó hasta un vehÃculo que cuando apareció la moto me habÃa encandilado desde el otro costado. Por la forma, por la puerta de costado, era una camioneta utilitaria. me tiraron ahà como una bolsa de papa y empezaron a machacarme.
–¿Le pegaron?
–No. Me dijeron buchón, alcahuete, que no tenÃa que hablar más, que me olvidara de los ferrocarriles y que me dejara de romper las pelotas. Eso ya nos –habla en plural porque ofrece la entrevista en compañÃa de Ricardo Huardo, ex gerente comercial de Ferrobaires– lo habÃan dicho cuando nos echaron de la empresa. Y también me dijeron que ni la Presidenta, ni la policÃa ni los derechos humanos me iban a sacar del pozo. Por eso yo digo que el mensaje que me dieron da a entender como que la Presidenta nos está defendiendo a nosotros. Nosotros somos kirchneristas, de verdad… Fuimos los únicos que peleamos adentro (de la empresa) por el Gobierno, enquistado el duhaldismo en Ferrobaires todavÃa como está. Éramos uno de los pocos que salÃamos a hacer polÃtica desde el kirchnerismo en serio.
–¿Cuánto tiempo estuvo arriba de la camioneta recibiendo los ataques?
–Un montón de tiempo. Anduvimos 20 minutos dando vueltas y entramos a un lugar que era de tierra.
–Su hijo dijo que lo llevaron a un predio ferroviario llamado Kilo 4. ¿Es as�
–No sé a dónde me llevaron. Solo sé que en un momento la camioneta entró en una calle de tierra por cómo se movÃa. Hasta que frenó. No sé si era un galpón, si estábamos al aire libre… Me dejaron arriba de la camioneta con eso pesado en la cabeza y las manos precintadas. Me dormà y me desperté varias veces. En un momento la camioneta se ponÃa en marcha, se subió un tipo en donde estaba yo, y salió marcha atrás. Uno le dijo por handy al que estaba manejando “yo ya llevo los bolsos, nos juntamos en el punto G, deshacete del gil”. Y ahà me meé encima. Estaba buscando la forma para ir y agarrarlo del cogote al tipo este, cosas que me pasaban por la cabeza, pero no me podÃa mover. Cuando se paró la camioneta, me abrió la puerta, el tipo que estaba conmigo me dijo “bajate, caminá y no mires para atrás”. Ese fue el peor momento que vivÃ. No sabÃa dónde estaba. Nadie me querÃa ayudar hasta que un hombre me reconoció.
–¿Su secuestro está relacionado con su testimonio en el juicio?
–Tiene relación con un montón de cosas. Cuando yo declare ante la Justicia en ese juicio voy a contar un montón de cosas y esas relaciones van a quedar claras. Hoy (por ayer) salieron de la empresa a decir que tengo causas en la Justicia de las cuales solo una queda abierta, y es un hecho inventado, y luego salieron ellos mismos a desmentirlo. Daniel Guzmán, el responsable de Legales de Ferrobaires, es el responsable de todo esto.
–¿De qué se trata esa causa?
–Es la que armaron como un enfrentamiento entre bandas cuando en realidad cuando me echaron a los tiros de Ferrobaires, en 2009. A mà y a mi pibe. Los matones Carruega, Santa Fe y Saldaña –empleados de Ferrobaires– y una patota de 40 tipos que trajeron de Mar Del Plata, de Defensa y Justicia y de Banfield con armas nos dijeron que nos tenÃamos que ir del ferrocarril por orden del doctor. Yo era gerente de Mantenimiento.
–¿Quién era el doctor?
–Alberto Trezza, el primer administrador de la empresa, entre el 93 y 2000, pero entonces manejaba el poder desde afuera porque ya no tenÃa cargos. Trezza es el dueño, el jefe de Guzmán. Trezza sigue teniendo el poder de Ferrobaires.
–¿Tiene alguna relación Trezza y la patota que mató a Ferreyra?
–Totalmente, pero eso yo ya lo voy a ampliar ante la Justicia.