Ensayo:
HegemonÃa a la inversa
Francisco de Oliveira- Brasil
El escepticismo es general respecto al segundo mandato. Nadie, ni en la derecha ni en la izquierda, espera grandes cambios en las polÃticas gubernamentales. Lula parece desorientado, pidiendo a gritos soluciones para, según él dice, “desbloquear†el desarrollo. Aparte de la continuidad de la Bolsa Familia, y el mantenimiento del conservadurismo en la polÃtica económica, el presidente parece haber perdido completamente el rumbo. Esta desorientación evidencia una de las consecuencias de su victoria, en las proporciones en las que ocurrió: Lula no tiene objetivos porque no tiene enemigos de categorÃa. Algunos pocos, que expresaron la esperanza de cambios en la polÃtica económica, fueron inmediatamente reprendidos por el presidente reelecto. Es el caso de Tarso Genro, Ministro de Relaciones Institucionales, considerado como el ideólogo del gobierno, y Dilma Roussef, la poderosa jefa de la Casa Civil, considerada el motor del Ejecutivo. Ellos estaban entre los que promovÃan cambios, y fueron callados de inmediato.
¿Cuál será el rostro del mandato que ahora comienza? Ciertamente,ha brá una nueva ampliación del programa Bolsa Familia, y es ahà donde reside el peligro. En otros sectores, los cambios serán superficiales.Tal vez se haga la transposición del rÃo San Francisco a los estados más propensos a la sequÃa en el Nordeste, y algunas obras de infraestructura. De ahà no pasará.
La perspectiva para el futuro requiere una reflexión gramsciana. Tal vez estemos presenciando la construcción de una “hegemonÃa a la inversa†tÃpica de la era de la globalización. Sudáfrica, probablemente, ha anunciado esa hegemonÃa a la inversa: conforme las clases dominadas toman la “dirección moral†de la sociedad, la dominación burguesa es más descarada. Las clases dominadas de Sudáfrica, que se confunden con la población negra, derrotaron al apartheid, uno de los regÃmenes más nefastos del siglo XX, incluso teniendo en cuenta que el siglo pasado conoció el nazifascismo y el Archipiélago Gulag. Y el gobierno de Sudáfrica, que procede de la caÃda del apartheid, se ha rendido sin embargo al neoliberalismo. Los barrios marginales de Johannesburgo no dejan lugar a dudas2. Por lo tanto, la liquidación del apartheid mantiene el mito de la capacidad popular para superar su temible adversario, al tiempo que legitima la explotación desenfrenada del capitalismo más despiadado.
Algo asà puede estar sucediendo en Brasil. La larga “edad de la invención†(véanse mis artÃculos “La polÃtica en una era de incertidumbre†y “El Momento Leninâ€) proporcionó la dirección moral de la sociedad brasileña durante la resistencia a la dictadura y elevó la cuestión de la pobreza y la desigualdad al primer plano de la polÃtica. Llegando al poder, el PT y Lula crearon la Bolsa Familia, que es una especie de derrota del apartheid. Aun más: tras la elección de Lula, parecÃan haberse borrado para siempre los prejuicios de clase y destruido las barreras de la desigualdad. Al elevarse a la condición de condottiere y de mito, como las recientes elecciones parecen demostrar, Lula despolitiza la cuestión de la pobreza y de la desigualdad. Él las convierte en problemas de administración, derrota al supuesto representante de la de la burguesÃa –el PSDB, lo que es completamente falso– y funcionaliza la pobreza. Esta, por lo tanto, podrÃa ser tratada en el capitalismo contemporáneo como una cuestión administrativa.
Algo asà puede estar sucediendo en Brasil. La larga “edad de la invención†(véanse mis artÃculos “La polÃtica en una era de incertidumbre†y “El Momento Leninâ€) proporcionó la dirección moral de la sociedad brasileña durante la resistencia a la dictadura y elevó la cuestión de la pobreza y la desigualdad al primer plano de la polÃtica. Llegando al poder, el PT y Lula crearon la Bolsa Familia, que es una especie de derrota del apartheid. Aun más: tras la elección de Lula, parecÃan haberse borrado para siempre los prejuicios de clase y destruido las barreras de la desigualdad. Al elevarse a la condición de condottiere y de mito, como las recientes elecciones parecen demostrar, Lula despolitiza la cuestión de la pobreza y de la desigualdad. Él las convierte en problemas de administración, derrota al supuesto representante de la de la burguesÃa –el PSDB, lo que es completamente falso– y funcionaliza la pobreza. Esta, por lo tanto, podrÃa ser tratada en el capitalismo contemporáneo como una cuestión administrativa.
Ya en el primer mandato, Lula habÃa secuestrado a los movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil. El viejo argumento leninista-estalinista de que los sindicatos no tendrÃan función en un sistema controlado por la clase obrera, reapareció en Brasil de manera matizada. Lula nombró como ministros de Trabajo a ex sindicalistas influyentes en la Central Única de los Trabajadores (CUT). Otros dirigentes sindicales están a cargo de los poderosos fondos estatales de pensión. Los movimientos sociales prácticamente desaparecieron de la agenda. Incluso el MST se ve maniatado por la fuerte dependencia que tiene en relación al gobierno, que financia el asentamiento de las familias en el programa de reforma agraria.
En las condiciones en que se dio, la victoria electoral anuló a las izquierdas en Brasil. Cualquier crÃtica es inmediatamente identificada como de “derechaâ€, un término que no es apropiado para la defensa de un gobierno que tiene en la derecha pilares fundamentales, desde el pequeño PP a sectores del PMDB, como el de Jader Barbalho o José Sarney. Un sordo rencor dificulta las relaciones entre la izquierda independiente y el PT y, en particular, el gobierno de Lula. Por otra parte, los medios de comunicación, especialmente los principales periódicos, sigue atacando al gobierno con ferocidad, lo que contribuye a confundir la crÃtica de la izquierda con la crÃtica de la propia prensa. El principal partido de la oposición a Lula, el PSDB, se ve afectado y también confunde
toda crÃtica con sus posiciones.
Si el programa Bolsa Familia experimenta una gran expansión, lo que es posible simplemente con una reducción del 0,1% del superávit primario, las bases de la “hegemonÃa a la inversa†se consolidarán. Se trata de un nuevo fenómeno, que nos exigirá nuevas reflexiones. No se parece a ninguna de las prácticas de dominación ejercidas a lo largo de la existencia de Brasil. Supongo también que no se parece a lo que Occidente conoce como polÃtica y dominación. No es patrimonialismo, puesto que lo que los administradores de los fondos estatales de pensión del capital administran es capital-dinero. No es patriarcalismo brasilero al estilo de Casa Grande e Senzala de Gilberto Freyre, porque no hay patriarca que ejerza el mando, ni la economÃa es “doméstica†(en el sentido de la domus romana), aunque en la cultura brasileña, el dirigente polÃtico se puede confundir a veces con el “padre†–Getúlio Vargas fue llamado el padre de los pobres y Lula piensa tomar su lugar, aunque lo que él administra, con su clase, es capital–. No es populismo, como sugieren las crÃticas de derecha, e incluso algunos sectores de la izquierda, porque el populismo fue una forma autoritaria de dominación en la transición de la economÃa agraria a la urbano-industrial. Y el populismo fue –de manera autoritaria, remarco esto– la inclusión sui generis de la nueva clase obrera, desbalanceando la vieja estructura de poder en Brasil, desplazando fuertemente a los latifundistas de la base de dominación. Nada de esto está presente en la nueva dominación.
Muchos crÃticos y analistas creen que la Bolsa Familia es el principal programa de la inclusión de las clases dominadas en la polÃtica. Este es un grave error, especialmente para aquellos que cultivan la tradición marxista gramsciana. Entre ellos se encuentran WalquÃria Domingues Leão Rêgo, el propio ministro Tarso Genro, y Jorge Luiz Werneck Vianna, siendo que este último considera a la Bolsa Familia, y al propio gobierno de Lula, como una continuación “de forma pasiva†de la larga y permanentemente inacabada Revolución Burguesa Brasilera. La nueva
dominación (y arriesgo la hipótesis de que ella sea propia y funcional al capitalismo mundializado) invierte los términos gramscianos. Veamos. Parece que los dominados dominan, ya que proporcionan la “dirección
moral†y están, incluso fÃsicamente, al frente de organismos de Estado, directa o indirectamente, y de las grandes empresas estatales. Parece que ellos fueran los propios capitalistas, pues los grandes fondos estatales de pensión son el corazón del nuevo sistema financiero brasileño, y en gran medida financian la deuda pública interna. Parece que los dominados controlan la polÃtica, pues disponen de numerosas bancadas en la Cámara de Diputados y en el Senado. Parece que la economÃa finalmente se estabilizó, que existe una moneda fuerte, y que esta hazaña se debió a la polÃtica gubernamental, especialmente en el primer mandato de Lula.
El conjunto de apariencias oculta algo para lo que aún no tenemos nombre, ni tal vez concepto. Pero será, sin duda, en el legado de Antonio Gramsci, el “pequeño gran sardoâ€, donde podamos encontrar el camino para descifrarlo. El consentimiento ha sido siempre el producto de un conflicto de clases en que los dominantes, al elaborar su ideologÃa, que se convierte en la ideologÃa dominante, elaboran la construcción de las clases dominadas a su imagen y semejanza. Este es el núcleo del desarrollo de Marx y Engels en La ideologÃa alemana, que el pequeño sardo desarrolló admirablemente. Nos enfrentamos a una nueva dominación: los dominados realizan la “revolución moral†–la derrota del apartheid en Sudáfrica; la elección de Lula y la Bolsa-Familia en Brasil– que se transforma y se deforma en capitulación ante la desenfrenada explotación. De acuerdo con Marx y Engels, de la ecuación “fuerza + consentimiento†que forma la hegemonÃa, desaparece el elemento “fuerzaâ€. Y el consentimiento se convierte en su contrario: no son más los dominados quienes consienten su propia explotación. Son los dominantes –a saber, los capitalistas y el capital– quienes consienten en ser polÃticamente conducidos por los dominados, con la condición de que la “dirección moral†no cuestione la forma de explotación capitalista. Se trata de una revolución epistemológica para cuyo estudio todavÃa no tenemos la herramienta teórica adecuada. Nuestra herencia marxista-gramsciana puede ser el punto de partida, pero ya no es el punto de llegada.
Fuente: http://biblioteca.clacso.edu.ar/ar/libros/grupos/arceo/arceo.basualdo.pdf
Estas reflexiones muestran la necesidad de la revolución.Para realizarla es preciso conocer bien a Marx, Lenin, Gramnsci, etc y ponerse a trabajar. Hagan la revolucion muchachos y dejense de joder criticando a las mayorÃas
me parece que se trata de un caso de identificacion del oprimido con el represor,que no es ,ayoritario.