Por Marcos Novaro
24/11/12 – 04:16
Cómo es que llegamos a esta situación? Es una pregunta que serÃa bueno que Cristina Kirchner se hiciera tras la seguidilla de malas noticias y protestas que golpearon a su gobierno, y más aun después del masivo paro general del martes. Porque si algo caracteriza la actual situación es su “evitabilidadâ€: no resultó del estado de cosas previo, al menos en su mayor parte es consecuencia de sus decisiones, de “errores no forzados†que ella cometió. Prueba suficiente de ello es el hecho de que el cuadro actual era inimaginable poco tiempo atrás. Más aun: si retrocediéramos a fines de 2011 e imagináramos a alguien pronosticando que Cristina deberÃa lidiar con los problemas que hoy signan la economÃa, las relaciones exteriores, el clima de opinión y más todavÃa la protesta social, hubiera sido tachado sin más de agorero interesado y delirante. ¿Cómo y por qué alguien pudo equivocarse tanto en tan poco tiempo? Parte del problema es que Cristina se volvió vÃctima de su propio éxito: interpretó muy mal su triunfo del año pasado, creyó que los votos conseguidos le daban la razón en todo y ya nada le impedirÃa “sacar de la cancha†a sus adversarios. Precisamente, el modo en que manejó la “cuestión Moyano†echa luz al respecto.
Recordemos la eficacia con que la Presidenta manejó la relación con el camionero durante la campaña por la reelección: lo tuvo a raya, sin atender sus reclamos corporativos ni polÃticos, ganando asà puntos frente a una clase media que ansÃa que el Gobierno garantice el orden y más aun que ponga en caja a los gremios, y a la vez lo mantuvo dentro de su coalición y siguió proveyendo beneficios a los asalariados, transmitiendo que el suyo seguirÃa siendo un gobierno “de los de abajoâ€. Fue asà que logró sumar al voto popular el de amplios sectores medios.
Sin embargo, tras la elección, en vez de ajustar este juego, probado en la práctica, para lubricar el giro que inevitablemente debÃa hacer en la polÃtica económica, y que implicaba reducir al menos algunos beneficios e incrementar algunos impuestos, Cristina cambió drásticamente de actitud: quiso usar el 54% para hacer a un lado sin miramientos a los que la desafiaran o pretendieran seguir ejerciendo un poder autónomo; y emprendió entonces guerras destructivas contra Scioli, Macri, Peralta y Moyano. Sobre todo contra Moyano.
Su fracaso en aislar y liquidar al lÃder cegetista en la primera mitad del año debió ser suficiente lección. Pero no fue asÃ: el Gobierno siguió chocando, incluso, con los que se postularon como aliados sustitutos en el campo sindical, mientras consumÃa tiempo y recursos en batallas dialécticas con el camionero, batallas en que éste, dada la desproporción de estima pública de los contendientes, con sólo subir al ring ya sacaba ventaja.
El éxito de la huelga es la puntada que faltaba en esta larga cadena de errores gubernamentales. Y lo obliga, habiendo consumido buena parte de su capital polÃtico, y visto que no puede destruir a sus adversarios, a probar que es capaz de convivir con ellos. En eso puede que lo ayude, si se deja ayudar, el resto del peronismo, que tampoco quiere que Moyano se lleve todo por delante. Sobre todo porque, dadas las dificultades de Cristina, ve cada vez más claro y cercano el futuro en que deberá lidiar con los problemas que ahora la desvelan.
Es sintomática a este respecto la reacción de Scioli frente al paro. Con más énfasis que tras el 8N, se mostró solidario con Cristina y relativizó el impacto de la protesta. Igual que el resto del peronismo territorial entiende que convivir con los sindicalistas es difÃcil, y más aun lo es cuando ellos quieren intervenir directamente en la lucha polÃtica. Recordemos que la etapa de “buena vecindad†entre Néstor y Hugo dependió de un pacto de ayuda mutua y no intervención en el campo del otro, que rigió hasta 2008. Desde entonces, debido a su temor paranoico a “perder el control de la calle†y estar “amenazado por la conspiración destituyenteâ€, Néstor le reconoció roles partidarios y polÃticos al camionero. Incurrió, por decir asÃ, en el error inverso al que cometerÃa Cristina cuatro años después. En la búsqueda de un nuevo equilibrio, la polÃtica argentina en general tiene mucho para aprender de la experiencia de estos años. Si Cristina no está en condiciones de hacerlo, al menos algunos otros esperemos que lo estén.
*Investigador del Conicet y director de Cipol.
24/11/12 – 04:16
Cómo es que llegamos a esta situación? Es una pregunta que serÃa bueno que Cristina Kirchner se hiciera tras la seguidilla de malas noticias y protestas que golpearon a su gobierno, y más aun después del masivo paro general del martes. Porque si algo caracteriza la actual situación es su “evitabilidadâ€: no resultó del estado de cosas previo, al menos en su mayor parte es consecuencia de sus decisiones, de “errores no forzados†que ella cometió. Prueba suficiente de ello es el hecho de que el cuadro actual era inimaginable poco tiempo atrás. Más aun: si retrocediéramos a fines de 2011 e imagináramos a alguien pronosticando que Cristina deberÃa lidiar con los problemas que hoy signan la economÃa, las relaciones exteriores, el clima de opinión y más todavÃa la protesta social, hubiera sido tachado sin más de agorero interesado y delirante. ¿Cómo y por qué alguien pudo equivocarse tanto en tan poco tiempo? Parte del problema es que Cristina se volvió vÃctima de su propio éxito: interpretó muy mal su triunfo del año pasado, creyó que los votos conseguidos le daban la razón en todo y ya nada le impedirÃa “sacar de la cancha†a sus adversarios. Precisamente, el modo en que manejó la “cuestión Moyano†echa luz al respecto.
Recordemos la eficacia con que la Presidenta manejó la relación con el camionero durante la campaña por la reelección: lo tuvo a raya, sin atender sus reclamos corporativos ni polÃticos, ganando asà puntos frente a una clase media que ansÃa que el Gobierno garantice el orden y más aun que ponga en caja a los gremios, y a la vez lo mantuvo dentro de su coalición y siguió proveyendo beneficios a los asalariados, transmitiendo que el suyo seguirÃa siendo un gobierno “de los de abajoâ€. Fue asà que logró sumar al voto popular el de amplios sectores medios.
Sin embargo, tras la elección, en vez de ajustar este juego, probado en la práctica, para lubricar el giro que inevitablemente debÃa hacer en la polÃtica económica, y que implicaba reducir al menos algunos beneficios e incrementar algunos impuestos, Cristina cambió drásticamente de actitud: quiso usar el 54% para hacer a un lado sin miramientos a los que la desafiaran o pretendieran seguir ejerciendo un poder autónomo; y emprendió entonces guerras destructivas contra Scioli, Macri, Peralta y Moyano. Sobre todo contra Moyano.
Su fracaso en aislar y liquidar al lÃder cegetista en la primera mitad del año debió ser suficiente lección. Pero no fue asÃ: el Gobierno siguió chocando, incluso, con los que se postularon como aliados sustitutos en el campo sindical, mientras consumÃa tiempo y recursos en batallas dialécticas con el camionero, batallas en que éste, dada la desproporción de estima pública de los contendientes, con sólo subir al ring ya sacaba ventaja.
El éxito de la huelga es la puntada que faltaba en esta larga cadena de errores gubernamentales. Y lo obliga, habiendo consumido buena parte de su capital polÃtico, y visto que no puede destruir a sus adversarios, a probar que es capaz de convivir con ellos. En eso puede que lo ayude, si se deja ayudar, el resto del peronismo, que tampoco quiere que Moyano se lleve todo por delante. Sobre todo porque, dadas las dificultades de Cristina, ve cada vez más claro y cercano el futuro en que deberá lidiar con los problemas que ahora la desvelan.
Es sintomática a este respecto la reacción de Scioli frente al paro. Con más énfasis que tras el 8N, se mostró solidario con Cristina y relativizó el impacto de la protesta. Igual que el resto del peronismo territorial entiende que convivir con los sindicalistas es difÃcil, y más aun lo es cuando ellos quieren intervenir directamente en la lucha polÃtica. Recordemos que la etapa de “buena vecindad†entre Néstor y Hugo dependió de un pacto de ayuda mutua y no intervención en el campo del otro, que rigió hasta 2008. Desde entonces, debido a su temor paranoico a “perder el control de la calle†y estar “amenazado por la conspiración destituyenteâ€, Néstor le reconoció roles partidarios y polÃticos al camionero. Incurrió, por decir asÃ, en el error inverso al que cometerÃa Cristina cuatro años después. En la búsqueda de un nuevo equilibrio, la polÃtica argentina en general tiene mucho para aprender de la experiencia de estos años. Si Cristina no está en condiciones de hacerlo, al menos algunos otros esperemos que lo estén.
*Investigador del Conicet y director de Cipol.
«No se necesita tener mucho conocimiento
para saber que si te felicita la Sociedad Rural,
es porque te cambiaste de bando.»
Germán Abdala