La estética fue la misma, el tono también: mucho autobombo y orgullosa exaltación de su desempeño en el cargo, mucho victimismo frente a los enemigos jurados, fantasmales o no, en cualquier caso ya archiconocidos y por completo predecibles, y mucho también de esos giros evitistas en que la pasión desborda y anula cualquier argumento o dato discordante y disimula toda inconsistencia.
Hasta ahÃ, nada nuevo.
Con todo, el discurso presidencial de inauguración de las sesiones legislativas de 2013 no podÃa conformarse en repetir sin más los de ocasiones anteriores: después de más de un año de atajar puras malas noticias, fruto del estallido de las bombas de tiempo en que se convirtieron déficits acumulados durante años, y de haber fallado en toda la lÃnea su estrategia de ignorar los problemas, y a sus correspondientes vÃctimas, desde Once a la inflación, Cristina tenÃa que hacer un esfuerzo mayor por tomar distancia, levitar fuera del alcance de los disgustos. Encontró la manera, una vez más, haciendo uso y abuso del relato: hoy, ayer, mañana, nada de eso importa, porque llegó la hora de celebrar la “década ganadaâ€, la que se está por completar el próximo 25 de mayo.
A falta de promesas movilizadoras y abarcativas, ¿qué mejor que ponerle el moño de un buen tÃtulo al argumento que hasta aquà le ha resultado más rendidor a su gobierno: que el paÃs ha crecido bajo su égida más que en muchas décadas?
El problema se presenta cuando tiene que hacer el esfuerzo de recordarnos, y exagerar, y tergiversar también, los datos que en alguna medida avalarÃan semejante lema. Son demasiados los gráficos con que nos invita a mirar para atrás y celebrar un proceso que, más allá de lo bueno o lo malo que pudo tener, ha concluido. Asà que no puede evitar que la realidad se le filtre entre tanto cartón pintado, y se atraganta con una palabra, en verdad, no tan complicada: “amesetami … amesetamiento, ¿se dice asÃ?†pregunta. ¿Qué hubiera pasado si lo intentaba con “estancamientoâ€?, ¿o “estanflaciónâ€?
Cristina y sus seguidores aún pueden hacerles la vida imposible a sus adversarios. Pueden acorralar a los jueces para que no fallen en su contra o, si lo hacen, decir que “no son democráticosâ€. Y pueden condicionar a gobernadores e intendentes con transferencias discrecionales.
Pero si la economÃa no vuelve a crecer esos instrumentos de disciplinamiento decaerán sin remedio.
Ya lo vemos en el conflicto docente: el año pasado, a Scioli le hubiera significado un terrible dolor de cabeza una protesta como la actual, que se le hubiera cargado a su mala gestión; hoy ya está naturalizada la escasez de recursos y ni siquiera tiene que mostrarse demasiado preocupado. Algo de esto debe haber registrado Cristina porque, a diferencia del 2012, esta vez se privó de aludir a la vagancia de los docentes.
Hasta ahÃ, nada nuevo.
Con todo, el discurso presidencial de inauguración de las sesiones legislativas de 2013 no podÃa conformarse en repetir sin más los de ocasiones anteriores: después de más de un año de atajar puras malas noticias, fruto del estallido de las bombas de tiempo en que se convirtieron déficits acumulados durante años, y de haber fallado en toda la lÃnea su estrategia de ignorar los problemas, y a sus correspondientes vÃctimas, desde Once a la inflación, Cristina tenÃa que hacer un esfuerzo mayor por tomar distancia, levitar fuera del alcance de los disgustos. Encontró la manera, una vez más, haciendo uso y abuso del relato: hoy, ayer, mañana, nada de eso importa, porque llegó la hora de celebrar la “década ganadaâ€, la que se está por completar el próximo 25 de mayo.
A falta de promesas movilizadoras y abarcativas, ¿qué mejor que ponerle el moño de un buen tÃtulo al argumento que hasta aquà le ha resultado más rendidor a su gobierno: que el paÃs ha crecido bajo su égida más que en muchas décadas?
El problema se presenta cuando tiene que hacer el esfuerzo de recordarnos, y exagerar, y tergiversar también, los datos que en alguna medida avalarÃan semejante lema. Son demasiados los gráficos con que nos invita a mirar para atrás y celebrar un proceso que, más allá de lo bueno o lo malo que pudo tener, ha concluido. Asà que no puede evitar que la realidad se le filtre entre tanto cartón pintado, y se atraganta con una palabra, en verdad, no tan complicada: “amesetami … amesetamiento, ¿se dice asÃ?†pregunta. ¿Qué hubiera pasado si lo intentaba con “estancamientoâ€?, ¿o “estanflaciónâ€?
Cristina y sus seguidores aún pueden hacerles la vida imposible a sus adversarios. Pueden acorralar a los jueces para que no fallen en su contra o, si lo hacen, decir que “no son democráticosâ€. Y pueden condicionar a gobernadores e intendentes con transferencias discrecionales.
Pero si la economÃa no vuelve a crecer esos instrumentos de disciplinamiento decaerán sin remedio.
Ya lo vemos en el conflicto docente: el año pasado, a Scioli le hubiera significado un terrible dolor de cabeza una protesta como la actual, que se le hubiera cargado a su mala gestión; hoy ya está naturalizada la escasez de recursos y ni siquiera tiene que mostrarse demasiado preocupado. Algo de esto debe haber registrado Cristina porque, a diferencia del 2012, esta vez se privó de aludir a la vagancia de los docentes.
En la nota se dice que el autor es politólogo y que dirige un centro de incestigaciones polÃticas. Sorprendente.Un tipo que no aporta casi ningún argumento ni análisis, que sólo desdeña con el estilo de moda entre los antik, la » mariconada» y que pronostica catástrofes para el oficialisno -pero que tambien lo serÃan para el paÃs y su pueblo- aparece blindado por un prestigio hueco, ese que la Nación asigna a los que repiten sus miserables embustes.!Cuántas cloacas quedan todavÃa!
No conoces a Marcos Novaro? Prestigio hueco?
Te falta tomar mucha sopa Juancito.