Estos hay que estudiarlos porque históricamente se lo merecen. Quieren infundir el terror, quieren que los vengan a salvar porque están en la torre y en el castillo hay un incendio, mirá vos… Les escamotean la republiqueta par dársela al sujeto de la república, ¡Qué horror!
O mejor aún: ¡Qué talento para el horror! Siete tÃtulos que corroboran lo que digo. Los términos: veneno, drama, necesita, debilitado, en medio del espanto, malestar y riesgo moral. ¡Que lo tiró de las patas!
Ahora bien: ni los que los leen pueden creerse esto, creedme. Estos tÃtulos, el que los lee creyéndolos se suicida en una semana y el que aguanta más no es humano.

prostitutos de los garcas
¿Qué estás escrachando campeón? ¿Maximiliano Tomás, que en ésa nota hablaba de los trabajos que tenÃan algunos de los escritores más renombrados del siglo pasado?
Kafka trabajaba en una oficina de correos. Raymond Chandler encordaba raquetas de tenis. ¡El horror!
O quizás criticás a la madre del pibe que murió en el tren de Once. Ahà sà que la estás pegando. Estudiénla y difamen!
Señor McLovin, para empezar, a mà no me tutee, dado que yo a Usted no lo conozco. Luego, si desea proseguir concédame que el sujeto del cual hablo es el tono general que rebalsa a la lectura cotidiana de ese pasquÃn y no los temas particulares.
Mirá, lo siento si te molesta el tuteo. Hablo asà y no busco faltarte el respeto ni nada por el estilo tutéandote.
En cuanto al artÃculo, no te lo dijo nadie asà que te lo digo yo: sos un irresponsable. Publicás caras de personas que nada que ver, instigando a que hay que «estudiarlos porque históricamente SE LO MERECEN». ¿Qué es lo que merecen, por qué? Explicáme, si sos tan amable, qué se merece alguien que escribe algo en un diario. Qué se merece la gente que ponés para ilustrar un artÃculo titulado «veneno».
Ah, sà la otra cuestión, que te pedÃs que te conceda: los diarios dicen pavadas y mentiras. Pongo mi mejor cara de asombro, eh, asà te quedás más tranquilo.
Mire, McLovin…
Irresponsable no porque firmo.
Se merecen que la historia los estudie como partes integrantes de un proceso de desestabilización.
Es la epoca que vivimos. A mi me parecen excesivamente moderados y tibios, sobre todo Fernández Diaz
Y buehhh lo lamento, a tu pesar las bayonetas están guardadas…
Qué va’ace’
Es tan pero tan tosco que ni reconoce a Fernández DÃaz como uno de los suyos (claro que JFD tiene algo de inteligencia).
A mà me parece un tipo bastante coherente y constructivo JFD. No estaré de acuerdo con algunas de sus opiniones puntuales, pero ni en pedo lo considero veneno. Por otra parte, un Mariano Grondona o Morales Solá me parecen repugnantes. Igualarlos a JFD porque escriben en el mismo diario es cÃnico. ¿Qué queda entonces para el nuevo prócer Barone?
– Siempre leo con atención a JFD. Él quiere lo mismo que los otros dos: que el rumbo del paÃs lo marquen ‘los mejores’, ‘los que lo merecen’. Que el paÃs ‘se abra al mundo’ (a la parte del mundo que ‘importa’). Y que la gente común espere el ‘derrame’.
– La diferencia es que JFD exhorta a lograrlo mediante la polÃtica, dice que no tienen que hacer asco a ‘ensuciarse’ con la polÃtica y buscar los votos para su modelo de paÃs. Es decir, que encuentren al Capriles.
Que a su vez significa reeditar a Menem.
– La diferencia con MG o JMS es que ellos se quedaron en la época en que el recurso para el modelo de paÃs que querÃan era el golpe militar o de mercado.
Curiosa interpretación. Yo no lo veo asà en absoluto a JFD. En ningún momento – al menos el último año – lo vi escribir sobre teorÃas de derrame.
¿Menemismo, Capriles? Le pega mucho a Macri, eh. Y con razones poderosas.
Otra vez, tengo la sensación de que todo lo que no se defina como kirchnerista pasa a ser menemismo/videlismo/conservadurismo/cipayismo.
Largo decir que no es asÃ, pero bueno…quien no quiera oÃr que no oiga.
Está bien, McLovin: hay dos posibilidades.
– JFD está de Secretario de Redacción de La Nación ***sin compartir la lÃnea ideológica de La Nación***. Ponen en un cargo bien arriba a uno contrario a ellos.
– La lÃnea ideológica de La Nación cambió diametralmente, y ahora es de centroizquierda.
Ninguna de las dos cosas es imposible, sólo son altÃsimamente improbables.
Por otro lado, sacando los matices dentro del esquema de La Nación, JFD es tan talibán anti-K como los demás columnistas. Y como vos aquÃ.
Naturalmente, ustedes que son soldados le endilgan serlo a lo que no son de su ejército (y de ninguno, aclaro).
Ja ja…
No don Raúl, cambió la «lÃnea ideológica»…
Si The Nation se preocupa de la inflación por que afecta a las peronas de menores ingresos que gastan todo el sueldo, de la pobreza e indigencia «manoteando» digo, perdón, «midiendo» a través de la UCA, de los servicios que sus lectores dificilmente usen, del orden de la república para que nunca se vuelva a una dictadura..
Son más progres que ClorÃn pfff.. habrase visto
Raúl, hay bastante ingenuidad de tu parte. ¿Te pensás que los periodistas en general tienen que estar de acuerdo con la lÃnea ideológica de un diario para escribir en él? Mejor, repregunto, ¿Te pensás que para escribir en LN hay que transar con cosas como la teorÃa del derrame o la dolarización o lo que mierda fuera que el neoconservadurismo quiera? Te aseguro que no. Lo mismo sucede del lado oficialista, no te preocupes. La hipermoralidad de las plumas oficialistas tiene un pasado que parece no haber existido. Memoria…
Desde lo que conozco: laburé bastante en un sector mediático (no medios de difusión), y lo que me causa más gracia de todo es las historias que la gente se inventa en la cabeza al respecto de como funcionan los medios y qué tipo de personas son (!) quienes trabajan allÃ. Tengo compañeros comunicadores que han laburado cosas para el gobierno y la oposición al MISMO tiempo.
Con respecto a JFD no dije en ningún momento que sea «contrario» o «diametralmente opuesto» al diario. Pero es distinto a Mitre, Morales Solá, Grondona, Pagni o Laborda. Mierda si lo es! Tiene opiniones que son de centro, algunas más conserva otras más progre.
De vuelta, estoy podrido de los binarismos. Y McLuhan se puede ir a la puta que lo parió con su medio-mensaje.
– JLD es Secretario de Redacción.
No es un tipo anónimo de la redacción, que sà podrÃa tener otra idea y/o trabajar a dos puntas para mantener a su familia. No es el caso.
– Precisamente hice notar la diferencia de JLD con el resto: que plantea la vÃa democrática (por ahora). Ya es algo.
– Pero a lo que me refiero es a la coincidencia absoluta de JLD con el diario en la ‘contradicción principal’: el anti-populismo, el pro-primermundismo, el liberalismo económico, el ‘campo’, el anti-kirchnerismo visceral.
– Obvio que si alguien coincide con eso y es eficaz para expresarlo tiene un lugar allÃ, más allá de diferencias secundarias.
– Pero seguramente lo alto de la posición del tipo es ***estrictamente proporcional*** a lo profundo de las coincidencias en lo principal.
– Ahora, si te parece que ‘cualquiera’. con ‘cualquier’ idea llega a ese cargo en La Nación (una ‘Tribuna de doctrina’, precisamente)… ¿qué puedo decir?
– Claro que cambió, Silenoz… allà escribe Altamira, qué joder.
Además de esas dos plumas que según una difundida leyenda urbana serÃan de izquierda: Sarlo y Gargarella.
Mariano T.
Es pertinente lo que Usted afirma, no son los más feroces. Es posible que yo haya reaccionado por acumulación, puesto que hace cierto tiempo que leo con temor los diarios, como si atajara de antemano diciéndome: ¡qué barbaridad van a decir hoy!
Si a estos le gusta y lo elogian, es signo de que hay que escribirle a Mitre para que ponga al periodista de patitas en la calle. La funcion principal de un medio democratico es indignar a los que no lo son, hasta que echen espuma por la boca.
Obviamente la nacion es un medio requete democratico, che. Mucho mas que este gobierno al que solo voto el 55%…..
Parece que algunos estan echando espuma mucho antes de octubre….
Raúl C:
Los diarios también cambian con el tiempo, sinó fijate:
Pagina/12 de hoy es bién diferente al de la época de Lanata
ClarÃn de hoy es bién diferente al de la época de Noble y ese fué diferente al de la época de Frigerio y es diferente al actual de la época de Magnetto.
La Nación al cual se ud. refiere como una entidad petrea e inamovible, tuvo sin embargo a lo largo de su historia diferentes posturas, algunas de ellas muy combativas, de hecho Bartolomé Mitré (su fundador) lo creó como un diario de barricada para luchar contra el roquismo.
Nuestro recuerdo cercano de La Nación data principalmente de 1974 al presente, es claro que durante un largo perÃodo de ese lapso la influencia de Claudio Escribano y Mariano Grondona marcaron la linea polÃtica.
Sin embargo este diario empezó a cambiar mucho antes de que llegara a la secretarÃa de redacción Jorge Fernandez DÃaz, lo empezó a hacer cuando se hizo cargo Bartolomé de Vedia, fallecido hace pocos años, un periodista al que unanánimemente TODOS los medios, incluÃdos los oficialistas, despidieron con respeto, reconocimiento y elogios a su fallecimiento.
Luego vino JFD y actualmente la linea editorial es compartida con Pablo Sirven.
Es obvio que es un diario dirigido a las clases altas y/o ilustradas, no es Crónica, por tanto debe respetar en alguna medida los usos y costumbres del auditorio.
Sin embargo te invito a que cuando tengas ganas y tiempo compares ejemplares de La Nación de la época de la dictadura, del alfonsinismo, del menemismo y de la época actual.
Te vas a encontrar con un diario que ha realizado una significativa apertura a posiciones que incluso están enfrentadas a la linea ideológica de sus propios dueños.
No es que Altamira, Gargarella o Sarlo se volvieron conservadores ni que JFD ha dejado de ser peronista o que Lanata se ha vuelto defensor de la oligarquÃa, o que José Pablo Feinmann les dá reportajes porque es un traidor, es que el diario se ha democratizado y ha realizado un proceso de apertura, no sin algo de propia autocrÃtica (esto sin exagerar).
Tal vez yo desearÃa mas apertura o mas audacia, pero no ver lo que es evidente es necedad.
«es que el diario se ha democratizado y ha realizado un proceso de apertura, no sin algo de propia autocrÃtica (esto sin exagerar)»
Ja ja… ‘jate de jode’ ZXC
La «apertura» se concreta siempre cuando le pegues a este gobierno y, encima, disfrazándose de algo que no es…..
Una onda como dice hoy JFD con el maquillaje o to’o eso..
ZXC:
– Leo siempre La Nación online.
Leo diarios desde hace mucho tiempo, incluidas varias décadas de ClarÃn todos los santos dÃas.
Puedo decir que como lector de diarios me las sé todas.
– El ‘pluralismo’ de La Nación, según usted, si no lo veo soy un necio.
No es que no lo vea: es que lo veo en todos sus matices. Y por eso no lo compro.
Ese ‘pluralismo’ existe sólo para una cosa:
***Todos hablando contra el kirchnerismo***. Y el ‘populismo’.
Todos. De derecha, de centro y de ‘izquierda’. Cada uno planteando sus agravios contra la K.
Y le voy a decir por qué ese ‘pluralismo’ me parece falso.
1) Todos critican al gobierno casi del mismo modo, casi las mismas cosas.
2) Nunca discrepan ni debaten entre sÃ. Nunca Altamira discrepa en algo con Oppenheimer, nunca a Beatriz Sarlo le hace ruido algo que diga Abel Posse…
Hay antiperonistas como Luis A. Romero, que nunca tienen contradicciones con los ‘peronistas’ Amadeo o Venegas. Tienen un enemigo común.
Hay ‘liberales’ (buéh, digámoslo asÃ) y hay ultracatólicos, y nunca tienen ni un sà ni un no… (¿un milagro del Opus?).
Hay defensores de Roca y hay almas bellas que descubrieron a los Qom ayer a la mañana… y ambos coinciden en pegarle al gobierno.
Nunca el ultra-garantista Gargarella discute con los partidarios de la mano dura (que en La Nación son legión).
Eso no es pluralismo: TODOS, con uniformidad de soldaditos, se la pasan diciendo que la K. significa corrupción, robo, dictadura, inflación, empobrecimiento, y que está destruyendo al paÃs.
Todo lo que no sea K. o ‘populismo’ no es ni siquiera discutible.
– Aparte de todo eso: ¿dónde aparecen textos en defensa del gobierno, o del ‘populismo’ de varios paÃses de Latinoamérica, o que sigan alguna lÃnea económica opuesta al neoliberalismo? ***No aparecen***.
Asà que ese ‘pluralismo’ es falso de toda falsedad.
– Por otra parte, la verdadera ‘lÃnea’ de La Nación son SUS EDITORIALES.
– Aparte del ya célebre y reciente ‘1933’(que no es un error ni una equivocación: da a entender que ‘esto’ es tan espantoso que todo vale para echarlos), he tenido el gusto de leer editoriales como los siguientes:
– Enfáticas defensas de MartÃnez de Hoz;
– Enfáticas defensas de Jaime Smart;
– Enfáticas defensas de Carlos Blaquier;
– Defensas de los intereses de los fondos buitre, diciendo que hay que pagarles como imperativo moral (y obviamente, sosteniendo que el gobierno es inmoral si no lo hace);
– Defensas de los intereses británicos en las Malvinas;
– Ataques al matrimonio igualitario con una redacción tÃpicamente curial;
– Ataques al tema del aborto no punible, también con una redacción de ese tipo;
– Reclamos de mano dura (y ataques al gobierno, al ‘garantismo’ y a Zaffaroni, para variar) cada vez que hay un hecho policial resonante;
– Virulentos ataques contra todo lo que tenga que ver con polÃtica de DD. HH o con organismos de DD. HH.
Suficiente para mÃ.
Debo decir que eso me tranquiliza: en el fondo, La Nación no cambió.
Cabe aclarar algo muy importante: todos esos editoriales los leà en el transcurso del último año o año y medio. No son de la década del 70, eh…
Raul C:
Puedo decirle algo personal, tuve durante décadas a La Nación como la representación del enemigo.
Hoy lo considero solo un adversario.
Es obvio que es un diario de la clase alta, como dije antes, pero recordará ud. a La Prensa que también era un diario de la clase alta que prefirió fundirse antes que aggiornarse, torcer el brazo y reconocer errores.
Me considerará ingenuo, pero no veo que los cambios sean únicamente orientados al antikirchnerismo.
Hay una apertura respecto de la moral rÃgida, casi puritana, con que analizaban los problemas sociales y de sexualidad, se leen opiniones diversas y contrapuestas.
No hace mucho, publicaron una extenso artÃculo sobre la Tupac Amarú que por única crÃtica decÃa que Milagro Sala tenÃa un caracter autoritario, el resto eran elogios a su obra, realzando la calidad de lo construÃdo y la dignificación que representaba para los collas.
Cosas de este tipo eran impensables en otras épocas en las cuales tenÃan una postura claramente racista.
Los editoriales del dueño, B.Mitre y de C.Excribano son hoy de las partes mas flojas, periodisticamente hablando, que tiene el diario.
Fijese, que incluso un hombre de derecha como Pagni realiza editoriales mucho mas sustanciosas y profundas que las de Morales Sola o las de Grondona.
Y aunque no coincida con el punto de vista de Pagni, su escritura no me parece estúpida.
Yo creo que es un error esperar que un dÃa aparezca un editorial que diga «Perdón nosotros apoyamos a Videla».
En polÃtica es poco realista pedir una «rendición incondicional», en cambio, se puede ver en muchos rasgos del diario actual que se han dado cuenta que se equivocaron fulero.
Es injusto comparar a un Pablo Sirven a Fernandez DÃaz o a Majul mismo con Mitre, Escribano o Massot.
Un rasgo que admiraba del Pagina/12 de la época de Lanata, era la posibilidad de que aparecieran publicadas notas sobre un mismo tema contradictorias entre sà y ver como cada periodista defendÃa su argumento.
Esa dialéctica se ha perdido y lamentablemente los diarios de izquierda son quienes han eliminado mas ferreamente el disenso interno.
Weinfeld hoy parece casi como si pidiera perdón cada vez que debe disentir en algún tema respecto de la linea oficialista.
Un buén diario debe tener debate y polémica interna, la unanimidad no ayuda a la formación de lectores crÃticos.
No es razonable tener que leer tres o cuatro diarios oara tener un panorama completo de la realidad como sucede actualmente.
De un interesante artÃculo autobiográfico de Graciela Mochkofsky:
http://www.elpuercoespin.com.ar/2013/06/10/periodismo-memorias-de-una-joven-promesa-por-graciela-mochkofsky/
» (…) surge la oportunidad de pasar a La Nación, que en muchos sentidos es el exacto opuesto de Página/12: un diario de más de cien años, fundado por un expresidente, y vocero de la élite social y las grandes empresas tradicionales del paÃs por origen, conformación accionaria y vocación. Un medio conservador que se dice también liberal aunque sólo parece serlo en la economÃa, y que apoyó a la última dictadura militar y todavÃa expresa su simpatÃa o su defensa por los militares –aunque empieza a reconocer, a regañadientes, sus crÃmenes, asà como a modernizar un lenguaje y un modus operandi rÃgido y antiguo, cuyos practicantes definÃan en lemas como este: “Sabemos todo, pero no publicamos nadaâ€â€“.
La Nación ambiciona cambiar, modernizarse según el ideal norteamericano. Una de las familias descendientes de Mitre ha tomado el control accionario. Son los Saguier, una madre y cuatro hijos. Fernán, que ha sido corresponsal en Washington, se convierte en secretario general. Los Saguier buscan periodistas formados en Página/12, y muchos –llegamos a contar diecinueve—nos sumamos a sus secciones «calientes»: polÃtica, economÃa, información general. Se forma incluso un equipo de investigación, al que se suma Gabriel, y al que se alienta a imaginarse en el Washington Post.
Estas ambiciones de renovación conviven con los viejos editores y la vieja audiencia, que no comparten los mismos valores. Y esto a su vez nos exige mayor rigor: nuestra información debe ser intachable, debemos librar peleas cada dÃa para que se le dé un lugar destacado. Ya no hay lugar para los sobreentendidos ni las licencias de Página/12. Es un buen desafÃo, que amenaza con resultar en mejor periodismo.
Además, La Nación tiene todos los recursos de un gran diario. Cuando uno llama desde allÃ, del otro lado casi siempre atienden.
Consigo el mejor puesto posible: cubro la llegada al poder de la Alianza y del presidente Fernando de la Rúa. Si me preguntan qué otra cosa quisiera hacer, respondo: ninguna. No concibo mi vida fuera de una redacción. Tengo todo el futuro planeado: seré la principal columnista polÃtica del paÃs y haciendo eso, feliz, moriré.
Pero no resulta tan fácil.
—Esto que escribiste –me dice una noche un editor, con mi artÃculo del dÃa todo subrayado sobre su escritorio— es impecable. Yo mismo confirmé con las fuentes que la información es verÃdica —y agrega, terminante—. No lo vuelvas a hacer.
Otro dÃa, para convencerme de que mi voz crÃtica ya cae pesada:
—Tenés que ser capaz de ver un pájaro bello y describirlo.
Sin darme cuenta al comienzo, estoy aprendiendo cómo funcionan las cosas de verdad. Como cronista del diario, investigo cada dÃa a los principales jugadores de la vida polÃtica y de la prensa que son mis contemporáneos mientras, como biógrafa de Timerman, reconstruyo la historia del mismo juego en el medio siglo precedente. En algunos momentos afortunados, obtengo una claridad que pocas veces se consigue cuando uno está inmerso en la pura acción: la de conectar el pasado, el presente y el futuro del periodismo y del paÃs.
En esos momentos de lucidez vislumbro mi error: lo que creo que es, o debe ser, no se compadece con lo que ocurre cada dÃa. Una parte importante de mi trabajo cotidiano consiste en una pulseada, no ya con aquellos que, desde el poder, quieren impedir que se conozcan ciertas acciones y planes que esperan mantener ocultos, sino con mis editores, que esperan que mis artÃculos encajen en la visión menos crÃtica del diario y que sopesan la información según los intereses editoriales del momento.
Me digo que mi trabajo consiste en una doble batalla: con las fuentes, para conseguir la información más veraz posible, y con los editores, para lograr que sea publicada sin distorsiones.
Gano muchas batallas, pierdo otras. En mi balance personal, llevo más ganado que perdido, por lo que me digo que vale la pena. Siento en esa doble batalla una suerte de épica profesional.»
Raul C:
Me parece muy interesante y probablemente sea tal cual.
Yo tuve hace muchos años una breve experiencia periodÃstica en el area arte y espectáculos, algo mucho menos comprometido politicamente,
y sÃ, asà funcionan las redacciones.
Me costo bastante aceptar que yo no marcaba la linea editorial, en cierto momento me dà cuenta que eso no era para mÃ, me fuà y formé mi primera productora.
Seguramente, varios de los que posteriormente trabajaron conmigo deben haber sentido lo mismo que yo en ese entonces y por eso se fueron.
Hay algo que es inevitable cuando se encara un proyecto dirigiéndolo y se pretende tener alguna posibilidad de éxito:
«Hay que tener un punto de vista»
Sin un punto de vista, como dice el dicho, «nunca soplan buenos vientos para quién no sabe adonde va».
Ese proceso que describe Graciela Mochkofsky, y que ella vive como una batalla diaria de resultado provisional, es muy representativo, no solo de lo que ocurre en los medios de comunicación, sino de toda organización colectiva que detenta alguna clase de poder.
Aunque no siempre es garantÃa, las renovaciones generacionales no solo son un cambio en la edad promedio de los dirigentes, sino que también, por no haber vivido en carne propia la historia de sus antecesores, permiten paulatinos deslizamientos ideológicos hacia lugares impensados.
Tiendo a ver que La Nación hoy es un territorio en disputa, pero del cual la guardia vieja está retirándose, nada está garantizado, pero yo estoy dispuesto a darles a los nuevos una chance.
Tampoco espero que se convierta en «mi diario», solo espero que sea algo mas democrático y plural de lo que fue en el pasado.
un «socialista» leyendo la nación…
y que no puede vivir en el conurbano por no sé qué «estilo cultural de vida»…
«compartà el socialimo», dice roy cortina.
Tapones:
Ya te animaste a decirle a tus papis y tus amiguitos que sos kirchnerista o todavÃa tenés miedo que te hagan chas chas en la colita…..
Vos por las dudas seguÃs descargandote con nosotros aca en AP, total somos tus forros.
Mucho de nuestros representantes ofrecerÃan la misma excusa. Ni siquiera un barrio medio pelo de la CABA.
Mis forros no. Son los forros de magnetto o de saguier, segun el caso.
Segui compartiendo el socialismo.