Alrededor del feriado del 24 de marzo hubo polémica desde el principio. Ahora, una diputada radical ha presentado un proyecto para derogar la ley 26.085, que lo estableció el 15 de marzo de 2006. El argumento es el mismo que entonces esgrimió casi toda la oposición. Consiste en pretender reconvertir al 24 de marzo en un dÃa hábil, para evitar su banalización con el miniturismo. Este año, que cae azarosamente en lunes, puede ser jugada esa carta que ya fue pisada por la explÃcita inamovilidad del feriado que acompañó su votación. De hecho, hace ocho años, esa votación que en Diputados se zanjó con 123 votos a favor, 36 en contra y 11 abstenciones, fue precedida por una polémica idéntica, en la que los organismos de derechos humanos que respaldaron la iniciativa lo hicieron sólo después de que el proyecto de ley del Ejecutivo consignara que ese feriado no se correrÃa nunca de fecha precisamente para que funcione de ahà en más, siempre, como un recordatorio. Dicen quienes hoy lo impugnan que lo que hay que promover es la reflexión y la memoria cÃvica. Habrá que esperar hasta el lunes, pero la reflexión, la memoria, los debates, las proyecciones, las charlas y los talleres, sumados a las movilizaciones, indicarán este 24 de marzo, como todos, que es entendido asà por millones de argentinos.
El primer 24 de marzo feriado cayó en viernes, de modo que aquel azar también fue utilizado entonces como argumento falaz. Ese dÃa de 2006, en el Colegio Militar, el presidente Kirchner pronunció un discurso que vale la pena recordar, porque en su recorrido uno se encuentra no sólo con la lectura del pasado reciente que avaló que fuera feriado, sino sobre todo con la perspectiva histórica y polÃtica que, acompañando esa iniciativa, terminó con el Punto Final y respaldó el inicio de los juicios por delitos de lesa humanidad, gracias a los cuales lo que hoy ya es cosa juzgada (es decir, previamente investigada, procesada y condenada) refrenda aquella lectura: ya nadie puede sostener que en la Argentina no hubo un genocidio; sostener eso es ir contra una verdad no sólo histórica, sino también jurÃdica.
Aquel viernes de 2006, en el Colegio Militar estaban sentadas en primera fila las Madres y las Abuelas, a las que el presidente saludó. TodavÃa aquélla era una escena extraña, desconcertante, las Madres y las Abuelas mezcladas en el verde oliva. Y aunque todavÃa los juicios eran incipientes, Kirchner habló sobre lo que ya se sabÃa, eso con lo que esta democracia convivÃa, y que habÃa salido a la luz en el Juicio a las Juntas impulsado durante el gobierno de Raúl AlfonsÃn. Dijo: En el Juicio a las Juntas, en la causa 13.984 caratulada como Jorge Rafael Videla y otros, quedó suficientemente probado que a partir de ese dÃa se instrumentó un plan sistemático de imposición del terror y la eliminación fÃsica de miles de ciudadanos sometidos a secuestros, torturas, detenciones clandestinas y toda clase de vejámenes. En este mismo Colegio Militar fueron secuestrados cadetes que luchaban por la vida y la democracia. Por eso nunca más el terrorismo de Estado, hasta acá llegó.
Recordó que pocos dÃas antes, el 15, el Congreso habÃa declarado el 24 de marzo como uno de los feriados nacionales inamovibles, y reafirmó que cada año, el espÃritu del feriado serÃa el de una jornada de duelo y homenaje a las vÃctimas, y también para una reflexión crÃtica sobre la gran tragedia argentina que se abrió un dÃa como hoy en 1976, con el golpe militar que fue el camino y el instrumento del terrorismo de Estado, la más cruenta de las experiencias antidemocráticas que nuestra Patria ha padecido.
En ese discurso cuyo auditorio fÃsico eran en su mayorÃa los miembros de las Fuerzas Armadas fue transmitido en cadena nacional, Kirchner avanzó mucho más en su caracterización de los golpes militares del siglo XX. HabÃan sido protagonizados por militares, pero no habÃan sido militares sus instigadores ni sus más grandes beneficiarios. Habló de los poderosos intereses económicos sin posibilidad de representación polÃtica que siempre se movieron atrás de los golpes militares. Releer esa caracterización pronunciada en 2006 hace inevitable la asociación con el presente argentino y regional. Nunca toleraron el principio rector de la soberanÃa popular. HabÃa algunos que hasta decÃan que Videla era un general democrático, y que ésa era la transición que necesitábamos. Esa soberanÃa popular es la base irrenunciable de la institucionalidad republicana democrática, dijo.
Ese conglomerado económico, cultural, social y polÃtico que se agazapó durante décadas atrás del poder militar, y que hoy late ya bastante desencriptado bajo la denominación de cÃrculo rojo, generó las condiciones para la eliminación sistemática de los opositores polÃticos al modelo de paÃs que imponÃa. Pero el terror no tenÃa por objetivo sólo a las vÃctimas directas. Se buscó una sociedad fraccionada, inmóvil, obediente, por eso trataron de quebrarla y vaciarla de todo aquello que la inquietaba, anulando su vitalidad y su dinámica. Sólo asà podÃan imponer un proyecto polÃtico y económico que reemplazara al proceso de industrialización sustitutivo de importaciones por un nuevo modelo de valorización financiera y ajuste estructural, con disminución del rol del Estado, endeudamiento externo con fuga de capitales y, sobre todo, con un disciplinamiento social que permitiera establecer un orden que el sistema democrático no les garantizaba. A aquel modelo, en ese discurso, Néstor Kirchner le puso nombre: Ese modelo económico y social tuvo un cerebro, tuvo un nombre, que los argentinos no debemos borrar de nuestra memoria: se llama José Alfredo MartÃnez de Hoz.
Lo que dijo Kirchner en 2006 lo habÃa dejado claro, en sus antÃpodas pero con conocimiento de causa, el banquero David Rockefeller, en una entrevista publicada en la revista Gente en abril de 1978. Dijo: Siento respeto y admiración por MartÃnez de Hoz. Pocos como él tuvieron la valentÃa de informar a Estados Unidos que el problema de la Argentina anterior a su gestión radicaba en la promoción de una excesiva intervención estatal en la economÃa. Solamente hay que trazar algunas lÃneas paralelas.