Martin Gilens (Universidad de Princeton) y Benjamin Page (Universidad Northwestern) analizaron 1.799 aspectos polÃticos en detalle y la influencia relativa que tienen en ellos las élites económicas, los grupos empresariales, los y los ciudadanos de a pie, informa un artÃculo del sitio web de . Los cientÃficos llegaron a la siguiente conclusión: » de los estadounidenses corrientes parecen tener un impacto minúsculo, casi nulo y estadÃsticamente no significativo, en las polÃticas públicas».
Los investigadores afirman que los legisladores norteamericanos responden a las demandas polÃticas de los individuos ricos y a los intereses de empresarios adinerados, los que tienen más poder de presión y los bolsillos más profundos para financiar campañas electorales.
Los cientÃficos estudiaron información recogida en el perÃodo comprendido entre 1981 y 2002, de manera que lo que mencionan tuvo lugar incluso antes de que la Corte Suprema de EE.UU. emitiera en 2010 el fallo histórico que dio luz verde a la participación de empresas en las campañas electorales después de ver el caso Ciudadanos Unidos contra Comisión de Elecciones Federales, antes de la aparición de los ‘Super PAC’ (‘supercomités’ de acción polÃtica que pueden participar en el gasto polÃtico ilimitado fuera de las campañas) y antes del rescate de Wall Street, señala el autor del artÃculo, Robert Reich, profesor de polÃtica pública en la Universidad de California en Berkeley.
Asà que es probable que el estado actual de la democracia estadounidense sea aún peor, señala el profesor. Al darse cuenta de que sus voces no llegan a oÃdos de nadie, los estadounidenses de a pie muestran estar hartos de la polÃtica. Actualmente, solo el 13% de los ciudadanos aprueba el trabajo del Congreso, una cifra muy próxima a un mÃnimo histórico. Los Ãndices de aprobación del presidente Obama también se encuentran bajo mÃnimos. Una gran parte de la población ni siquiera se molesta en votar. Para muestra, un botón: solo el 57,5% de las personas con derecho a voto participaron en las elecciones presidenciales de 2012.
En pocas palabras, la mayorÃa de los estadounidenses se sienten impotentes y creen que el juego polÃtico está ya decidido sin su participación, señala Reich.
La moribunda democracia de EE.UU. ha entrado en un cÃrculo vicioso en el que el poder polÃtico se concentra cada vez más en intereses monetarios que utilizan el poder en su propio beneficio: para conseguir reducciones de impuestos, ampliar las lagunas fiscales, beneficiarse de los acuerdos de asistencia social corporativa y de libre comercio, cortar las redes de seguridad, promulgar legislación antisindical y reducir las inversiones públicas.
Estos movimientos lograron concentrar aún más ganancias económicas en la parte superior de la comunidad, dejando fuera la mayor parte de los habitantes de EE.UU., asevera el autor. «No es de extrañar que los estadounidenses se sientan impotentes. No es de extrañar que estemos hartos de la polÃtica y que muchos de nosotros ni siquiera votemos», concluye.