Internacionales Miércoles 22 de Octubre de 2014
Por Marcelo Falak.-
• ESTIMULADA POR SU AVANCE EN LAS ENCUESTAS, QUIERE DAR CONFIANZA CON UN NUEVO EQUPO ECONÓMICO.
• NO LE SERà FÃCIL.
Por: Marcelo Falak
Dilma Rousseff heredó al ministro de Hacienda, Guido Mantega, de su antecesor, Lula da Silva. El funcionario, de mala imagen en los mercados, no seguirá en un eventual segundo mandato de Dilma.
La pésima reacción de los mercados financieros a cualquier indicio de un posible triunfo de Dilma Rousseff en el balotaje brasileño de este domingo no da cuenta sólo del favoritismo de los inversores por el opositor Aécio Neves, sino también de la necesidad de la presidenta de recomponer esos lazos rotos en caso de permanecer por otro perÃodo en el Palacio del Planalto.
Esto tuvo ayer una nueva expresión con la caÃda del 3,44% de la Bolsa de San Pablo, que cerró en su menor nivel desde junio. La baja siguió a otra del 2,55% del lunes, todo en reacción a las últimas encuestas, que muestran a la mandataria socialista pasando al frente por primera vez en la campaña para la segunda vuelta. El real, en tanto, se devaluó un 0,65% frente al dólar.
Dilma no sólo piensa en estas horas en lo que debe hacer para cimentar sus posibilidades. También hace planes para recobrar la confianza de los mercados, sin los cuales le será muy difÃcil restaurar el vigor de la economÃa. Que ésta es su gran necesidad queda demostrado por lo mucho que le está costando ser reelecta y por las frÃas cifras: el suyo ha sido un mandato pobre en términos de crecimiento. Este año, tras superar una breve recesión, el PBI de Brasil cerrará con un alza Ãnfima del 0,27% (según las últimas estimaciones privadas) y los tres anteriores distaron de ser brillantes: 2,5% en 2013, 1% en 2012 y 2,7% en 2011.
La inflación, en tanto, es una queja especialmente intensa entre los empresarios, pero también para una población que afronta el dÃa a dÃa en un paÃs que considera demasiado caro, sobre todo en vivienda y transporte. Ayer se conoció que el Ãndice de precios al consumidor se aceleró en la primera mitad de octubre, lo que permite proyectar un 0,48% para el mes. Si este número se confirma, la inflación interanual llegará al 6,62%, por encima del techo de la meta del Banco Central, del 6,5%.
En Brasil se apuesta a que Dilma nombrará a un empresario al frente del Ministerio de Hacienda o, al menos, a alguien que no despierte más resistencias, dado que ya en la campaña para la primera vuelta habÃa anunciado que Guido Mantega, tras ocho años en los gabinetes del Partido de los Trabajadores, no esta-
rÃa en su segundo Gobierno por convenientes «cuestiones personales». La presidenta y su ministro saliente son acusados por el empresariado de haber dejado de respetar la autonomÃa de hecho del Banco Central que rigió en los años de Luiz Inácio Lula da Silva, de haber intervenido excesivamente en la economÃa y de haber incrementado de manera imprudente el gasto público.
José Roberto Novaes de Almeida, doctor en EconomÃa y docente de la Universidad de Brasilia, resumió para Ãmbito Financiero el punto de vista de los crÃticos. «El primer Gobierno de Lula fue muy firme en cuanto a mantener polÃticas macroeconómicas sólidas: control de la inflación, control del déficit fiscal y tipo de cambio flotante. Su segundo Gobierno ya dejó que desear, con un ministro de Hacienda poco convincente. El paÃs empezó ahà a perder el rumbo», dijo. ¿De quién hablaba? De Mantega, desde ya.
Con Dilma, «hubo una pérdida de confianza de los empresarios privados en el Gobierno. Las estadÃsticas de gasto público y de comercio exterior fueron manipuladas, generando una percepción de que el Gobierno es irresponsable», agregó Novaes de Almeida.
AsÃ, en busca de figuras potables tanto para el PT como para los factores económicos, los asesores de la campaña oficialista barajan al menos tres nombres.
Uno es el de Josué Gomes, titular de la textil Coteminas. Esa posibilidad no debe sorprender, ya que es el hijo de José Alencar, el ahora fallecido vicepresidente de Lula da Silva y hombre que cumplió el mismo rol apaciguador en las elecciones de 2002, cuando los mercados no querÃan saber nada con el exsindicalista y acompañaban su suba en las encuestas con caÃdas de las acciones y del real aún más dramáticas que las actuales.
Otra alternativa es Aloizio Mercadante, actual ministro jefe de la Casa Civil (jefe de Gabinete) y coordinador económico de la campaña petista, a quien se considera un moderado.
Por último, se menciona a Nelson Barbosa, un exviceministro de Hacienda, que dejó su cargo el año pasado supuestamente por discrepar con la lÃnea de Mantega.
Los mencionados no van a provocar grandes muestras de rechazo, pero si se quiere un golpe de efecto tal vez tampoco sean los más indicados. Esa entidad vaporosa llamada «mercado» pide más. Novaes de Almeida repasó su agenda.
«Urge recuperar la confianza del empresariado con polÃticas tradicionales de reducción de impuestos, de gastos y en el supergeneroso sistema de jubilaciones y pensiones, particularmente en el sector público», explicó. En relación con la nunca resuelta problemática previsional, añade que «es emblemático que las hijas casadas y que tienen un empleo regular sigan recibiendo la pensión de sus padres si son militares».
Ése es uno de los muchos ejemplos de privilegios irritantes que se citan en Brasil. Una promesa de Lula y de Dilma que jamás se abordó, básicamente para no irritar a algunos de los sindicatos más poderosos del paÃs. Si Dilma gana, ¿podrá hacerlo en un mandato en que su autoridad quedará mermada tras una campaña en la que, por sus tropiezos, el PT estuvo a punto de perderlo todo?
Por Marcelo Falak.-
• ESTIMULADA POR SU AVANCE EN LAS ENCUESTAS, QUIERE DAR CONFIANZA CON UN NUEVO EQUPO ECONÓMICO.
• NO LE SERà FÃCIL.
Por: Marcelo Falak
Dilma Rousseff heredó al ministro de Hacienda, Guido Mantega, de su antecesor, Lula da Silva. El funcionario, de mala imagen en los mercados, no seguirá en un eventual segundo mandato de Dilma.
La pésima reacción de los mercados financieros a cualquier indicio de un posible triunfo de Dilma Rousseff en el balotaje brasileño de este domingo no da cuenta sólo del favoritismo de los inversores por el opositor Aécio Neves, sino también de la necesidad de la presidenta de recomponer esos lazos rotos en caso de permanecer por otro perÃodo en el Palacio del Planalto.
Esto tuvo ayer una nueva expresión con la caÃda del 3,44% de la Bolsa de San Pablo, que cerró en su menor nivel desde junio. La baja siguió a otra del 2,55% del lunes, todo en reacción a las últimas encuestas, que muestran a la mandataria socialista pasando al frente por primera vez en la campaña para la segunda vuelta. El real, en tanto, se devaluó un 0,65% frente al dólar.
Dilma no sólo piensa en estas horas en lo que debe hacer para cimentar sus posibilidades. También hace planes para recobrar la confianza de los mercados, sin los cuales le será muy difÃcil restaurar el vigor de la economÃa. Que ésta es su gran necesidad queda demostrado por lo mucho que le está costando ser reelecta y por las frÃas cifras: el suyo ha sido un mandato pobre en términos de crecimiento. Este año, tras superar una breve recesión, el PBI de Brasil cerrará con un alza Ãnfima del 0,27% (según las últimas estimaciones privadas) y los tres anteriores distaron de ser brillantes: 2,5% en 2013, 1% en 2012 y 2,7% en 2011.
La inflación, en tanto, es una queja especialmente intensa entre los empresarios, pero también para una población que afronta el dÃa a dÃa en un paÃs que considera demasiado caro, sobre todo en vivienda y transporte. Ayer se conoció que el Ãndice de precios al consumidor se aceleró en la primera mitad de octubre, lo que permite proyectar un 0,48% para el mes. Si este número se confirma, la inflación interanual llegará al 6,62%, por encima del techo de la meta del Banco Central, del 6,5%.
En Brasil se apuesta a que Dilma nombrará a un empresario al frente del Ministerio de Hacienda o, al menos, a alguien que no despierte más resistencias, dado que ya en la campaña para la primera vuelta habÃa anunciado que Guido Mantega, tras ocho años en los gabinetes del Partido de los Trabajadores, no esta-
rÃa en su segundo Gobierno por convenientes «cuestiones personales». La presidenta y su ministro saliente son acusados por el empresariado de haber dejado de respetar la autonomÃa de hecho del Banco Central que rigió en los años de Luiz Inácio Lula da Silva, de haber intervenido excesivamente en la economÃa y de haber incrementado de manera imprudente el gasto público.
José Roberto Novaes de Almeida, doctor en EconomÃa y docente de la Universidad de Brasilia, resumió para Ãmbito Financiero el punto de vista de los crÃticos. «El primer Gobierno de Lula fue muy firme en cuanto a mantener polÃticas macroeconómicas sólidas: control de la inflación, control del déficit fiscal y tipo de cambio flotante. Su segundo Gobierno ya dejó que desear, con un ministro de Hacienda poco convincente. El paÃs empezó ahà a perder el rumbo», dijo. ¿De quién hablaba? De Mantega, desde ya.
Con Dilma, «hubo una pérdida de confianza de los empresarios privados en el Gobierno. Las estadÃsticas de gasto público y de comercio exterior fueron manipuladas, generando una percepción de que el Gobierno es irresponsable», agregó Novaes de Almeida.
AsÃ, en busca de figuras potables tanto para el PT como para los factores económicos, los asesores de la campaña oficialista barajan al menos tres nombres.
Uno es el de Josué Gomes, titular de la textil Coteminas. Esa posibilidad no debe sorprender, ya que es el hijo de José Alencar, el ahora fallecido vicepresidente de Lula da Silva y hombre que cumplió el mismo rol apaciguador en las elecciones de 2002, cuando los mercados no querÃan saber nada con el exsindicalista y acompañaban su suba en las encuestas con caÃdas de las acciones y del real aún más dramáticas que las actuales.
Otra alternativa es Aloizio Mercadante, actual ministro jefe de la Casa Civil (jefe de Gabinete) y coordinador económico de la campaña petista, a quien se considera un moderado.
Por último, se menciona a Nelson Barbosa, un exviceministro de Hacienda, que dejó su cargo el año pasado supuestamente por discrepar con la lÃnea de Mantega.
Los mencionados no van a provocar grandes muestras de rechazo, pero si se quiere un golpe de efecto tal vez tampoco sean los más indicados. Esa entidad vaporosa llamada «mercado» pide más. Novaes de Almeida repasó su agenda.
«Urge recuperar la confianza del empresariado con polÃticas tradicionales de reducción de impuestos, de gastos y en el supergeneroso sistema de jubilaciones y pensiones, particularmente en el sector público», explicó. En relación con la nunca resuelta problemática previsional, añade que «es emblemático que las hijas casadas y que tienen un empleo regular sigan recibiendo la pensión de sus padres si son militares».
Ése es uno de los muchos ejemplos de privilegios irritantes que se citan en Brasil. Una promesa de Lula y de Dilma que jamás se abordó, básicamente para no irritar a algunos de los sindicatos más poderosos del paÃs. Si Dilma gana, ¿podrá hacerlo en un mandato en que su autoridad quedará mermada tras una campaña en la que, por sus tropiezos, el PT estuvo a punto de perderlo todo?
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