Las nuevas generaciones que se incorporaron a la polÃtica después del sacudón polÃtico de 2001 desconocen que el Estado argentino tuvo desde 1943 en adelante una activa polìtica industrial.
Ese Estado industrial fue posterior al mÃtico «granero del mundo», la época gloriosa de una Argentina que era el séptimo paÃs en orden a sus ingresos, muy adelante de Brasil, y que en algún momento no precisado habrÃa entrado la decadencia.
En rigor, era la época en que muy pocos tenÃan «la vaca atada» y las grandes mayorÃas miraban famélicas, «la ñata contra el vidrio». Porque también era la época en que Argentina era la joya más preciada de su majestad británica (pacto Roca-Runciman), el gran proveedor de trigo a Gran Bretaña.
Es decir, ese séptimo lugar se sostenÃa a fuerza de exclusión.
Dicho asÃ, pareciera que la industrialización argentina, fomentada por el Estado mediante polÃticas activas o neokeynesianas, acabó con el granero del mundo cuando en realidad estaba rompiendo -mediante la sustitución de importaciones- con su estadio colonial como proveedor de materias primas a los paises centrales.
Lo paradojal es que la ingerencia estatal en las polÃticas industriales creció fuertemente después de la caÃda del peronismo al que se acusaba de estatizante.
En comparación, el Estado era mucho más reducido durante el gobierno estatizante de Perón que en los gobiernos proscriptivos y neoliberales posteriores a pesar de que la prédica, el discurso, las promesas electorales, los anuncios, parecÃan indicar lo contrario.
En el perÃodo posterior a 1955 y hasta 1976 alrededor de 800 empresas industriales y de servicios que fueron cerradas, desactivadas o liquidadas durante la dictadura civicomiliar.
Su lista completa la presenté en este blog anteriormente.
Otras 350 empresas industriales de capital argentino y de los más variados rubros, que dependÃan del Estado en distinta medida, fueron cerradas o desnacionalizadas. Estas, las plenamente identificadas. Pero como el proceso de desindustrialización fue generalizado, se considera que unas 8.000 empresas, sobre todo pymes emprendedoras, desaparecieron junto con los 30.000 desaparecidos.
Porque lo que en realidad desaparecieron fueron fuentes de trabajo, capacidad de superviviencia colectiva e individual, individuación e identificación.
Con apoyo electoral, el menemismo cerró el ciclo con una población que habÃa sido disciplinada y desmemoriada mediante el terror y la amenaza durante los años de la dictadura.
Que no fue militar sino cÃvicomilitar porque no existió complicidad individual de unos cientos o miles de civiles a la supuesta centralidad del terror ilegal-militar.
Se tardó años en comprender ésto: fue MartÃnez de Hoz y los grupos económicos que representaba quienes planearon el golpe, y la cúpula antiperonista de las FFAA quien lo ejecutó porque habÃa que ejercer el terror con las armas y la tortura, el único método viable para aplicar ese plan económico.
Y esa dictadura obtuvo cierto consenso en sectores medios y amplio apoyo de los sectores dominantes. En los primeros, porque recurrió a lo peor que cada uno de nosotros tiene en sà mismo: la codicia, por ejemplo.
Asà se fue conformando el Estado terrorista.
Que desde 1955 habÃa sido un Estado excluyente, aunque sus industrias crecieran. Esto parece una contradicción, si no olvidamos que las muchas empresas públicas que se sostuvieron con posterioridad a la caÃda del peronismo, en su gran mayorÃa siguieron siendo públicas aunque no para servir a la Nación sino a determinados sectores o grupos o individuos. Cuando el menemismo las cortó de cuajo, en realidad estaba ejecutando con apoyo electoral el mismo plan de la dictadura. Completándolo. Un plan que tuvo cierta continuidad durante el gobierno de AlfonsÃn terminada la etapa Grinspun.
Un caso paradigmático fue la paulatina destrucción del sistema ferroviario. El plan Larkin, la desactivación de redes troncales enteras durante la dictadura, ya lo conocemos.
AlfonsÃn dividió en dos lo que quedaba de un sistema ferrovario quebrado y sólo intentó sostener el servicio suburbano (que daba ciertas ganancias), abandonando a su suerte los ramales provinciales y de carga.
Los 50.000 kms existentes en setiembre de 1955 se habÃan reducido a 8.000.
Luego su natural consecuencia: ramal que para ramal que cierra.
Es cierto que habÃan cambiado las modalidades de carga, pero el sistema ferroviario se podrÃa haber adaptado al cambio. Y sigue siendo más económico que el transporte camionero: los camiones de Moyano no pagan impuestos por el desgaste del pavimento por donde pasan, y tasas muy bajas por la construcción de nuevas rutas que deben soportar la carga de 6 ejes.
Y ahi aparece la Sociedad Rural quejándose de las retenciones, cuando, salvo la revolución verde que merecerÃa un párrafo aparte, sus campos tienen la misma infraestructura que a principios del siglo XX aunque sean dueños de la genética: por alguna razón el tambero recibe $ 0,80 por litro de leche y en la góndola se vende a $ 12.
Si el Estado empresario creció exponencialmente luego de la caÃda del peronismo en 1955, alguien se benefició con ese crecimiento. Y sin embargo, eso no fue suficiente como para generar una burguesÃa a la que se pedÃa vanamente que se convirtiera en nacional. Ni antes ni ahora. Porque más que exigirle lo que no puede ser, hay que asegurarle una tasa de ganancia razonable dentro de uina polÃtica de inclusión social, y a partir de allà probablemente aprenderá a defender lo suyo.
Y ese proceso de sustitución de importaciones, según los manuales, deberÃa ser conducido por la burguesÃa nacional, un paradigma europeo. Eso ya está, ya fue. La Nación es una creación del siglo XVIII que antes no se comprendÃa. Antes de ese mismo siglo, el término revolución sólo tenÃa un significado fÃsico-astronómico. De modo tal que esta etapa es de pura creación de significaciones donde el que adquiere centralidad es el Estado.
Y ahi reaparece, para la Argentina, la centralidad del rol del Estado.
Que asumió funciones empresarias e industriales luego de la caÃda del peronismo sin que eso redundara en más inclusión a tasas de desempleo razonables. El último presidente de la siderúrgica La Cantábrica antes que desapareciera fue Roberto Lavagna.
Un inportante sector industrial (automotriz, metalmecánico, siderúrgico, quÃmico y petroquÃmico, maderero) que vivÃa a costa del Estado porque el Estado -a través del Banco Industrial, luego BANADE y de la Caja de Ahorro Postal- les otorgaba créditos a tasa subsidiada y a veces sin devolución, con garantÃa real (las acciones empresarias). Luego de la caÃda de Perón se percibió que este Estado empresario crecÃa caóticamente, sin plan estratégico alguno.
Eso permitió que en 1973 Perón -en su tercera presidencia- intentara, en un contexto internacional muy desfavorable, reunir ese paquete accionario en manos del Estado en una sola corporación.
Esa fue una de las razones personalÃsimas que llevó a José Alfredo MartÃnez de Hoz a ir uniendo voluntades empresarias para provocar el golpe de marzo de 1976: él era presidente de Acindar, y Acindar era una de las empresas que habÃa vivido a costa de préstamos del BANADE, que tenÃa en su cartera más de 28 millones de acciones o el 18,9% de su paquete accionario.
A partir del golpe, ese préstamo se licuó, y el edificio del BANADE se incendiará en 1992 con todos sus archivos perdidos para siempre sin dejar rastros.
Por otro andarivel, el 24,9% de las acciones de Propulsora Siderúrgica (hoy Techint) también estaban en manos del Estado. Durante la dictadura, Acindar y Techint se unieron para eliminar a 16 competidores y coronaron su tarea liquidando Somisa, la empresa estatal, gracias a los oficios del sindicalista Jorge Triaca, padre del lÃder homónimo de la Fundación Pensar la colonia.
En 2003, Acindar es una empresa desnacionalizada y Techint no reconoce su origen argentino.
Ese negocio personal no termina. Sigue. MartÃnez de Hoz impuso una polÃtica de libre importación generalizada, pero mantuvo muy altos los derechos aduaneros de los productos extranjeros que podÃan competir con los de Acindar-Techint. Es decir, en este caso personalÃsimo, Acindar-Techint tenÃan una fuerte protección estatal, contra todos los postulados de la dictadura.
Además de liberal, esa era una dictadura de vivos.
El desapoderamiento de Papel Prensa a David Graiver fue otro ejemplo conocido de avivadas.
No fue éste un caso de tasas aduaneras altas, sino de cesión por la fuerza del paquete accionario, cesión ilegal que está probada y no se entiende por qué el juez Ercolini no dicta medida procesal alguna.
En paÃses como el nuestro, el Estado puede servir a la Nación y a los sectores vulnerables, o inversamente, a los poderes concentrados.
Es decir, es el conjunto que dirige la Nación o la colonia.
Ese Estado industrial fue posterior al mÃtico «granero del mundo», la época gloriosa de una Argentina que era el séptimo paÃs en orden a sus ingresos, muy adelante de Brasil, y que en algún momento no precisado habrÃa entrado la decadencia.
En rigor, era la época en que muy pocos tenÃan «la vaca atada» y las grandes mayorÃas miraban famélicas, «la ñata contra el vidrio». Porque también era la época en que Argentina era la joya más preciada de su majestad británica (pacto Roca-Runciman), el gran proveedor de trigo a Gran Bretaña.
Es decir, ese séptimo lugar se sostenÃa a fuerza de exclusión.
Dicho asÃ, pareciera que la industrialización argentina, fomentada por el Estado mediante polÃticas activas o neokeynesianas, acabó con el granero del mundo cuando en realidad estaba rompiendo -mediante la sustitución de importaciones- con su estadio colonial como proveedor de materias primas a los paises centrales.
Lo paradojal es que la ingerencia estatal en las polÃticas industriales creció fuertemente después de la caÃda del peronismo al que se acusaba de estatizante.
En comparación, el Estado era mucho más reducido durante el gobierno estatizante de Perón que en los gobiernos proscriptivos y neoliberales posteriores a pesar de que la prédica, el discurso, las promesas electorales, los anuncios, parecÃan indicar lo contrario.
En el perÃodo posterior a 1955 y hasta 1976 alrededor de 800 empresas industriales y de servicios que fueron cerradas, desactivadas o liquidadas durante la dictadura civicomiliar.
Su lista completa la presenté en este blog anteriormente.
Otras 350 empresas industriales de capital argentino y de los más variados rubros, que dependÃan del Estado en distinta medida, fueron cerradas o desnacionalizadas. Estas, las plenamente identificadas. Pero como el proceso de desindustrialización fue generalizado, se considera que unas 8.000 empresas, sobre todo pymes emprendedoras, desaparecieron junto con los 30.000 desaparecidos.
Porque lo que en realidad desaparecieron fueron fuentes de trabajo, capacidad de superviviencia colectiva e individual, individuación e identificación.
Con apoyo electoral, el menemismo cerró el ciclo con una población que habÃa sido disciplinada y desmemoriada mediante el terror y la amenaza durante los años de la dictadura.
Que no fue militar sino cÃvicomilitar porque no existió complicidad individual de unos cientos o miles de civiles a la supuesta centralidad del terror ilegal-militar.
Se tardó años en comprender ésto: fue MartÃnez de Hoz y los grupos económicos que representaba quienes planearon el golpe, y la cúpula antiperonista de las FFAA quien lo ejecutó porque habÃa que ejercer el terror con las armas y la tortura, el único método viable para aplicar ese plan económico.
Y esa dictadura obtuvo cierto consenso en sectores medios y amplio apoyo de los sectores dominantes. En los primeros, porque recurrió a lo peor que cada uno de nosotros tiene en sà mismo: la codicia, por ejemplo.
Asà se fue conformando el Estado terrorista.
Que desde 1955 habÃa sido un Estado excluyente, aunque sus industrias crecieran. Esto parece una contradicción, si no olvidamos que las muchas empresas públicas que se sostuvieron con posterioridad a la caÃda del peronismo, en su gran mayorÃa siguieron siendo públicas aunque no para servir a la Nación sino a determinados sectores o grupos o individuos. Cuando el menemismo las cortó de cuajo, en realidad estaba ejecutando con apoyo electoral el mismo plan de la dictadura. Completándolo. Un plan que tuvo cierta continuidad durante el gobierno de AlfonsÃn terminada la etapa Grinspun.
Un caso paradigmático fue la paulatina destrucción del sistema ferroviario. El plan Larkin, la desactivación de redes troncales enteras durante la dictadura, ya lo conocemos.
AlfonsÃn dividió en dos lo que quedaba de un sistema ferrovario quebrado y sólo intentó sostener el servicio suburbano (que daba ciertas ganancias), abandonando a su suerte los ramales provinciales y de carga.
Los 50.000 kms existentes en setiembre de 1955 se habÃan reducido a 8.000.
Luego su natural consecuencia: ramal que para ramal que cierra.
Es cierto que habÃan cambiado las modalidades de carga, pero el sistema ferroviario se podrÃa haber adaptado al cambio. Y sigue siendo más económico que el transporte camionero: los camiones de Moyano no pagan impuestos por el desgaste del pavimento por donde pasan, y tasas muy bajas por la construcción de nuevas rutas que deben soportar la carga de 6 ejes.
Y ahi aparece la Sociedad Rural quejándose de las retenciones, cuando, salvo la revolución verde que merecerÃa un párrafo aparte, sus campos tienen la misma infraestructura que a principios del siglo XX aunque sean dueños de la genética: por alguna razón el tambero recibe $ 0,80 por litro de leche y en la góndola se vende a $ 12.
Si el Estado empresario creció exponencialmente luego de la caÃda del peronismo en 1955, alguien se benefició con ese crecimiento. Y sin embargo, eso no fue suficiente como para generar una burguesÃa a la que se pedÃa vanamente que se convirtiera en nacional. Ni antes ni ahora. Porque más que exigirle lo que no puede ser, hay que asegurarle una tasa de ganancia razonable dentro de uina polÃtica de inclusión social, y a partir de allà probablemente aprenderá a defender lo suyo.
Y ese proceso de sustitución de importaciones, según los manuales, deberÃa ser conducido por la burguesÃa nacional, un paradigma europeo. Eso ya está, ya fue. La Nación es una creación del siglo XVIII que antes no se comprendÃa. Antes de ese mismo siglo, el término revolución sólo tenÃa un significado fÃsico-astronómico. De modo tal que esta etapa es de pura creación de significaciones donde el que adquiere centralidad es el Estado.
Y ahi reaparece, para la Argentina, la centralidad del rol del Estado.
Que asumió funciones empresarias e industriales luego de la caÃda del peronismo sin que eso redundara en más inclusión a tasas de desempleo razonables. El último presidente de la siderúrgica La Cantábrica antes que desapareciera fue Roberto Lavagna.
Un inportante sector industrial (automotriz, metalmecánico, siderúrgico, quÃmico y petroquÃmico, maderero) que vivÃa a costa del Estado porque el Estado -a través del Banco Industrial, luego BANADE y de la Caja de Ahorro Postal- les otorgaba créditos a tasa subsidiada y a veces sin devolución, con garantÃa real (las acciones empresarias). Luego de la caÃda de Perón se percibió que este Estado empresario crecÃa caóticamente, sin plan estratégico alguno.
Eso permitió que en 1973 Perón -en su tercera presidencia- intentara, en un contexto internacional muy desfavorable, reunir ese paquete accionario en manos del Estado en una sola corporación.
Esa fue una de las razones personalÃsimas que llevó a José Alfredo MartÃnez de Hoz a ir uniendo voluntades empresarias para provocar el golpe de marzo de 1976: él era presidente de Acindar, y Acindar era una de las empresas que habÃa vivido a costa de préstamos del BANADE, que tenÃa en su cartera más de 28 millones de acciones o el 18,9% de su paquete accionario.
A partir del golpe, ese préstamo se licuó, y el edificio del BANADE se incendiará en 1992 con todos sus archivos perdidos para siempre sin dejar rastros.
Por otro andarivel, el 24,9% de las acciones de Propulsora Siderúrgica (hoy Techint) también estaban en manos del Estado. Durante la dictadura, Acindar y Techint se unieron para eliminar a 16 competidores y coronaron su tarea liquidando Somisa, la empresa estatal, gracias a los oficios del sindicalista Jorge Triaca, padre del lÃder homónimo de la Fundación Pensar la colonia.
En 2003, Acindar es una empresa desnacionalizada y Techint no reconoce su origen argentino.
Ese negocio personal no termina. Sigue. MartÃnez de Hoz impuso una polÃtica de libre importación generalizada, pero mantuvo muy altos los derechos aduaneros de los productos extranjeros que podÃan competir con los de Acindar-Techint. Es decir, en este caso personalÃsimo, Acindar-Techint tenÃan una fuerte protección estatal, contra todos los postulados de la dictadura.
Además de liberal, esa era una dictadura de vivos.
El desapoderamiento de Papel Prensa a David Graiver fue otro ejemplo conocido de avivadas.
No fue éste un caso de tasas aduaneras altas, sino de cesión por la fuerza del paquete accionario, cesión ilegal que está probada y no se entiende por qué el juez Ercolini no dicta medida procesal alguna.
En paÃses como el nuestro, el Estado puede servir a la Nación y a los sectores vulnerables, o inversamente, a los poderes concentrados.
Es decir, es el conjunto que dirige la Nación o la colonia.