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Se ha llegado a un lÃmite. Si en un principio era necesario revelar para la inmensa mayorÃa los mecanismos que hacÃan a la construcción de una noticia. Si era urgente demostrar que las creencias de una población se debÃan a la influencia, a la capacidad que el poder mediático tenÃa para convencer por encima de un poder polÃtico que se mostraba sumiso y débil. El impulso por disputar el lenguaje mediático que hizo el gobierno nacional tuvo sus etapas lúcidas, donde las herramientas para comprender y analizar el discurso mediático fueron distribuidas desde el canal público. Hoy ese prédica está entrando en una zona monótona donde ya no genera pensamiento.
En este punto quiero aclarar que la preponderancia del discurso mediático ( que es polÃtico) sobre el polÃtico institucional tuvo que ver con que supo generar mecanismos de identificación con la sociedad, al mismo tiempo que la polÃtica se alejaba y se convertÃa en un espacio que no daba respuestas, era un factor de obstrucción y se debilitaba su interés en involucrar al pueblo en su enunciación. Lo digo para despejar la maleza frente a aquellos que se defienden diciendo. “Ustedes creen que la gente es tonta†No, yo creo que hay sectores que han sabido interpretar mejor que otros lo que le pasaba a la ciudadanÃa y que utilizaron sus deseos y frustraciones a su favor.
La discusión sobre el periodismo no sale fortalecida en estos años, o, al menos, no se ha hecho con la suficiente rigurosidad.
Entre muchos de los aspectos que para mi se han debatido mal o sobre los que se ha construido un discurso sin pensar mucho en sus consecuencias, quiero seleccionar, en primer lugar, la discusión sobre objetividad y subjetividad.
Me preocupa que voces kirchneristas repitan tan livianamente que la objetividad no existe y que todo dato es construido.
Por supuesto que yo considero que la objetividad, tal como la definen ciertos medios predominantes, tiene que ver con el establecimiento de un lugar común, de un discurso que es presentado como la realidad y sobre el que buscan cerrar la posibilidad de cualquier cuestionamiento. Los hechos sustraÃdos de ideologÃa suelen ser falsamente llamados objetivos.
Pero, señalado esto, yo creo que es muy peligroso decir que no hay hechos objetivos. Primero porque se estarÃa cayendo en un relativismo extremo que pondrÃa en duda un asesinato, una tragedia, es decir, que no sentarÃa las bases de ninguna creencia, de ningún dato sobre el cual elaborar interpretaciones.
En una entrevista que le hice a José Pablo Feinmann para la revista Debate le plantee esta discusión ( que es imposible de dar con colegas) y transcribo aquà parte del diálogo
Usted sostiene que los medios crean ficción, que no les importa el dato objetivo sino que construyen realidades, inventan hechos. Cuando a veces desde el periodismo que discute a los medios hegemónicos se sostienen premisas como “la objetividad periodÃstica no existe†¿No se corre el riesgo de caer también en esa construcción de ficciones? ¿Si la objetividad periodÃstica no existe como se sostiene una frase como “ClarÃn miente“? Esta claro que esta frase supone una verdad que ClarÃn estarÃa eligiendo no contar. Por lo tanto esa verdad serÃa indiscutible, estarÃa por encima de las ideologÃas.
– Hay que analizar qué es la verdad y qué la mentira, que surge de qué es la verdad. La mentira serÃa la no verdad. Para establecer la no verdad habrÃa que establecer la verdad y la verdad yo no creo que sea una. Cuando Foucault dice la verdad es de este mundo quiere decir que hay una lucha por la verdad. La verdad termina siendo la verdad del más fuerte, del poder, del que puede imponerla. ClarÃn miente es una frase que pertenece al campo de las verdades. No es la verdad, el gobierno dice ClarÃn miente, ClarÃn dice, ClarÃn no miente, ahà tenemos que decir cuál es la verdad y bueno, la verdad en las últimas elecciones es, clarÃn no miente porque las ganó clarÃn y con la ley de medios lo que se intenta, para usar la frase de Jacques Derrida , es deconstruir el monopolio, una vez deconstruido ClarÃn va a poder mentir, como lo dice el gobierno, por menos bocas. Se va a poder jugar en condiciones igualitarias. La historia se hace en base a conflictos de verdades transformadas en ideologÃas, en creencias religiosas, en estrategias guerreras, de esos choques al final gana una verdad.
Me parece peligroso decir que la objetividad periodÃstica no existe porque caemos en un relativismo extremo. A Kosteki y Santillán los mataron y ese es un hecho objetivo. Después ClarÃn va a decir que lo mató la crisis y Página 12 va a mostrar la foto del asesino.
– Eso es un hecho, es fáctico, verificable, nadie lo puede negar porque todos tienen que partir de ahÃ. Después están las interpretaciones que lo mató Duhalde, que lo mató la crisis, que los mató una conducción equivocada . La verdad va a surgir de quien tenga más poder para imponer su verdad
Pero eso no fue lo que pasó en este caso. La sociedad reaccionó ante la tapa “La crisis causó dos nuevas muertes†a pesar del poder de ClarÃn
-Estoy totalmente de acuerdo con vos y entramos en otro territorio, cómo el sujeto puede liberarse de la mentira que le venden como verdad. No siempre se puede manipular la subjetividad del espectador, de hecho, cuando muere Kirchner hay una movilización espontánea que no pudo ser impedida por los medios. Después de varios años de que los medios dijeran que era un canalla, un ladrón, un autoritario, el dÃa que muere van miles de personas, a llorarlo. Ahà se atraviesa la malla del poder mediático y hay un momento en que tiene que aparecer la conciencia crÃtica. Para ir a un ejemplo filosófico descollante. Hegel siempre dice que Descartes es un héroe de la filosofÃa porque en medio de una sociedad aristotélico- tomista, con la inquisición funcionando, sin embargo dice voy a dudar de todo, voy a utilizar la regla de la duda como método. Lo cual implica en un primer momento dudar de dios, entonces ya no es dios el que hace la historia sino que la empieza a hacer el hombre. La historia se acelera y en un siglo y pico viene la revolución francesa después de trece siglos de edad media en los cuales los hombres estuvieron sometidos a dios. Cuando el hombre siente que es su propia verdad la que él tiene que buscar, ahà empieza una gran etapa. Hay una frase de Sartre que cito constantemente porque estoy enamorado de ella “Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él“. Constantemente hacen con nosotros algo que ellos quieren que seamos pero en determinado momento nos damos cuenta y empezamos a fabricarnos a nosotros mismos y ahà si pierde el poder mediático
Creo que desde el periodismo kirchnerista se tiene una gran falta de rigor para abordar este tema. Del mismo modo que considero que nos estamos acercando a los lÃmites del llamado periodismo militante.
Por supuesto que está claro que un periodista del grupo ClarÃn ejerce un periodismo mucho más descaradamente militante que el que realiza cualquier periodista ubicado en las filas del kirchnerismo y que es mucho más manipulador porque disfraza su ideologÃa. Pero basta con asomarse un rato a un programa como “Intratables†para terminar de comprobar como el periodismo militante anula toda posibilidad de pensamiento y termina siendo funcional a una polÃtica del show y la frivolización, que es lo que tiene lugar en ese programa. Que desde un formato donde se busca la despolitización se hayan apropiado del periodismo militante para mostrado como una forma bufonesca de presentar la polÃtica, obliga a repensar las formulas, los soportes, los modos de comunicar cuando de discutir las ideologÃas de sometimiento que se distribuyen desde el poder mediático se trata.
En ese programa las figuras periodÃsticas que se presentan son absolutamente esteriotipadas. Los que ocupan el rol de periodistas kirchneristas tienen que autoafirmarse en ese lugar y defender cualquier cosa que surja del lado del gobierno. Los que juegan el rol de periodistas no kirchneristas tienen que sobreactuar una oposición que nada tiene que ver con la crÃtica.
De ese modo se anula la posibilidad de contradicciones hacia el interior de la ideologÃa que cada uno sustenta. Todos sabemos que se ejerce el periodismo desde un lugar ideológico determinado y que la ideologÃa no implica pertenecer a un partido polÃtico o adherir a un gobierno, doy por superada esta afirmación para discutir otra cosa.
Se puede, y de hecho sobran los ejemplos, simpatizar con el kirchnerismo y con cualquier otro partido polÃtico y tener una mirada crÃtica sobre cada uno de esos espacios. Es una caricaturización al extremo, como la que se realiza en “Intratablesâ€, la que busca instalar la sensación de que eso es imposible y que asumir un posicionamiento polÃtico es casi igual a pertenecer a una secta.
De hecho, lo que hace Diego Brancateli es una parodia del kirchnerismo. Yo como kirchnerista me rÃo cuando lo escucho pero no me pasa solamente a mi. Si uno observa a los funcionarios kirchneristas que asisten al programa se rÃen de las palabras de Brancateli allà mismo, en vivo y en directo.
Una cosa es que un polÃtico, que un funcionario, defienda lo que sea porque ese es su rol pero que un periodista reconozca su ideologÃa o su pertenencia partidaria no impide que desde ese posicionamiento también puede ser crÃtico. En gran medida porque no existe un proceso polÃtico que no tenga contradicciones y la tarea del periodista es señalarlas sino creemos que una ideologÃa o un gobierno es un bloque compacto que no tiene fisuras. Pero , a su vez, ese error de atrincherarse en la autoafirmación fortalece la idea de que sólo se puede ser crÃtico si uno no se siente identificado con ningún partido polÃtico.
Un periodista profesional y kirchnerista ( lo digo de modo exagerado pero vale sacar la palabra kirchnerista y poner cualquier otro nombre) debe diferenciar su discurso de la enunciación de un polÃtico porque sino estamos dinamitando la profesión y hacemos un trabajo para ghetos y los que terminan saliendo fortalecidos son aquellos que se ubican en un lugar de supuesta imparcialidad. Lo que quiero decir que el discurso que va a terminar considerándose verdadero es aquel que toma un poco de todos los sectores polÃticos, de todas las ideologÃas, que siembra un manto de sospecha y que termina reduciendo la polÃtica a una cuestión de honestidad. Y la batalla cultural la va a terminar ganando otra vez la despolitización.