Arnulfo Romero fue canonizado por disposición del Papa Francisco, luego de un proceso de pasteurización. Se ocultan su nexo con la teologÃa de la liberación y el rol que cumplió en su muerte el cardenal Quarracino. Alberto Methol Ferré fue el nexo entre Quarracino, quien rescató a Bergoglio del exilio interior que le habÃa impuesto la CompañÃa de Jesús, y el actual pontÃfice. Documentos secretos y el diario de Romero señalan el nefasto papel de Quarracino.
Por Horacio Verbitsky
La beatificación del arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero, en una ceremonia organizada ayer por el Opus Dei, forma parte de una audaz reescritura de la historia y omite por completo la intervención del cardenal Antonio Quarracino en los acontecimientos que culminaron con su asesinato, el 24 de marzo de 1980. El martirio de Romero fue reconocido por un decreto del Papa Francisco, cuya carrera eclesiástica fue impulsada por Quarracino y por el papa Juan Pablo II, quienes lo rescataron del exilio interior al que lo habÃa condenado la CompañÃa de Jesús por sus posiciones contrarias a la teologÃa de la liberación durante su desempeño como Superior Provincial y Rector del Colegio Máximo. Quarracino propuso, y el Papa Wojtyla firmó la designación de Jorge Bergoglio como obispo coadjutor de Buenos Aires con derecho a sucesión.
Romero, Yorio y Jalics
El asesinato del salvadoreño tiene ostensibles puntos de contacto con el secuestro en la Argentina de los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jálics, quienes recuperaron la libertad en octubre de 1976, luego de ciento cincuenta dÃas de privaciones y torturas, en la ESMA y en una casa operativa de la Armada. En marzo de 1977, cinco meses después de la liberación de Yorio y Jálics, los escuadrones de la muerte salvadoreños asesinaron al sacerdote jesuita Rutilio Grande y a dos campesinos que lo acompañaban. Como el gobierno no investigó el crimen, Romero se negó a oficiar en cualquier ceremonia oficial y a partir de allà asumió un compromiso con los pobres y la teologÃa de la liberación, que además de la ira oficial provocó resistencias en el resto del Episcopado centroamericano y en la Nunciatura Apostólica. Este año, en cuanto se anunció la canonizacion de Romero, su ex secretario y biógrafo monseñor Jesús Delgado, dijo que el beato “de la TeologÃa de la Liberación no supo nadaâ€, que esos libros quedaron sin abrir en su biblioteca porque “no quiso informarse de eso, él se fue abriendo el camino con el Evangelio a una teologÃa de Dios presente en los pobresâ€, dijo Delgado.
Cuando el periódico de la diócesis de San Salvador, “Orientaciónâ€, criticó el asesinato de inocentes en la Argentina por las “fuerzas llamadas de seguridadâ€, la embajada argentina reclamó ante el gobierno salvadoreño.1 Para el embajador argentino Julio Peña, los medios crÃticos eran “voceros de grupos terroristasâ€.2 El nuncio Emanuele Gerada le informó que sugerirÃa al Papa el reemplazo del arzobispo Romero, “ante su actitud hostil con autoridades y apoyo a izquierda subversivaâ€. Con el mismo propósito viajó a Italia el canciller salvadoreño. Ambos cuestionaron a Romero por sus “homilÃas incitando a la rebelión contra el gobiernoâ€, su “enfrentamiento con otros obispos†y “la colaboración de sacerdotes con grupos subversivosâ€.3
Ante la creciente hostilidad y las amenazas que recibÃa, Romero recurrió a Pablo VI. Lo recibió el 21 de junio de 1978, cuando la declinación del Papa Montini, quien estaba por cumplir 81 años, era evidente. Pablo VI le dijo que habÃa que ayudar al pueblo a lograr sus reivindicaciones “pero jamás con odio ni fomentando las violencias†y que las dificultades con las fuerzas dominantes y con los propios colaboradores sólo podÃan superarse con el amor. Montini le tomó la mano entre las suyas, lo consoló con palabras de afecto, llamó al fotógrafo para que registrara ese momento y le indicó que tratara los problemas concretos con los distintos dicasterios de la curia romana. Esto no era muy alentador. Romero habÃa encontrado en ellos “un criterio negativo, que coincide exactamente con las fuerzas muy poderosas que allà en mi Arquidiócesis tratan de frenar y desprestigiar mi esfuerzo apostólicoâ€. El domingo 25 de junio, Romero analizó la situación salvadoreña y la posición vaticana con el Superior General de la CompañÃa de Jesús, Pedro Arrupe, quien “tiene mucha experiencia en las malas interpretaciones que se suelen hacer de las obras de los jesuitas†y le ofreció toda su cooperación, “como de hecho la estamos recibiendoâ€.4 En 1975 el papa Pablo habÃa fijado lÃmites a la teologÃa de la liberación en su exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, que Bergoglio cita con insistencia. Pero Montini murió un mes y medio después de la audiencia con Romero. Su sucesor, Juan Pablo II, convirtió esa crÃtica en una declaración de guerra a la teologÃa de la liberación. VeÃa el mundo a través del cristal del anticomunismo polaco. No percibÃa la diferencia, o no le importaba que la hubiera, entre Mitteleuropa, donde el comunismo llegó tras las orugas de los tanques soviéticos, y Centroamérica, en cuyas luchas populares participaron sectores de la Iglesia Católica, en especial jesuitas. CoincidirÃa en esto con el gobierno estadounidense de Ronald Reagan, con quien celebrarÃa una estrecha alianza. Según su biógrafo Georges Weigel, Wojtyla criticó ante la asamblea anual de presidentes de la Conferencia Jesuita la actuación de muchos de sus miembros en movimientos latinoamericanos que consideraba de izquierda y con las posiciones crÃticas de algunos de sus teólogos. 5 El giro que Juan Pablo II decidió imprimir a la CompañÃa de Jesús era el respaldo que Bergoglio necesitaba para seguir su propia lÃnea de profilaxis ideológica en la provincia argentina de la CompañÃa de Jesús sin subordinarse al ya muy golpeado Arrupe.
Al mes de la coronación de Wojtyla, la XXXVIII Asamblea Plenaria del Episcopado argentino dispuso que Quarracino redactara el capÃtulo polÃtico del documento que se proponÃan difundir. El entonces secretario del departamento de laicos del CELAM argumentó que la Asamblea Episcopal nunca habÃa condenado “la campaña exterior adversa al paÃs†ni la “lamentable presencia†de laicos, clérigos y religiosos/as en la guerrilla, y las imprudencias de “varios venerables pastoresâ€.6
Quarracino presentó un esquema interpretativo de censura a los que llamó “ataques externos a la imagen del paÃs†y a quienes dentro de la Iglesia vieron “la violencia como soluciónâ€. 7 Esa era la lÃnea que venÃa de Roma, donde nadie conocÃa o se preocupaba por la incongruencia de Quarracino, quien fue el obispo que con mayor insistencia predicó años antes el camino de las armas que ahora fulminaba.
Romero no volverÃa a escuchar palabras amables en la Santa Sede. Una de las primeras decisiones de Wojtyla fue enviar a San Salvador una misión investigativa de las denuncias contra el diocesano. Ese encargo fue asignado a Quarracino, quien luego de su visita de una semana a San Salvador, informó al Vaticano, pero también a la dictadura argentina, que las denuncias contra el arzobispo eran fundadas, que tal como decÃa el nuncio Gerada, Romero estaba enfrentado con el gobierno y con los demás obispos salvadoreños, que sus homilÃas incitaban a la rebelión y que sus sacerdotes colaboraban con grupos subversivos. Asà se desprende del facsÃmil que ilustra esta nota, del 22 de diciembre de 1978. El paso de Quarracino por El Salvador no fue registrado por la prensa del paÃs, según el relevamiento que realizó a mi pedido el especialista en comunicación Oscar Pérez, quien fue colaborador de monseñor Romero. Pero sà es mencionado en el diario personal de Romero, como el hombre que predispuso al nuevo PontÃfice en su contra.
Disparen contra los jesuitas
El ascenso de Quarracino se hizo irresistible durante la Conferencia del Episcopado Latinoamericano que sesionó al mes siguiente, en enero de 1979. En cuanto su avión despegó de Roma, el Papa convocó a los periodistas y se despachó contra la teologÃa de la liberación porque distorsionaba el Evangelio.8 Y al llegar a Puebla de los Angeles dijo que “esta concepción de Cristo como polÃtico revolucionario, como el subversivo de Nazareth, no se compagina con la catequesis de la Iglesiaâ€.9 También impugnó tanto la violencia como las desigualdades sociales, con ricos más ricos a expensas de pobres más pobres. Este es el discurso del populismo conservador que reaparecerá en Roma con el papa Francisco.
El diario mexicano Uno más Uno publicó en aquel momento una carta del cardenal conservador colombiano Alfonso López Trujillo al lÃder de la minorÃa conservadora del Episcopado brasileño, Luciano Cabral Duarte, muy despectiva contra Arrupe por su apoyo a la teologÃa de la liberación. El obispo salvadoreño Pedro Arnoldo Aparicio y Quintanilla acusó de la violencia en su paÃs a los jesuitas que habÃan viajado a Puebla para argumentar a favor de Romero. Arrupe se reunió una vez más con Romero para analizar los riesgos que estas acusaciones causaban a los jesuitas,10 en una situación de inocultable parecido con la que habÃan enfrentado en Buenos Aires Yorio y Jalics. El 15 de febrero, el embajador Peña informó que el recibimiento apoteótico a Romero, serÃa utilizado “por elementos católicos tercermundistas izquierda subversivaâ€.11
Con el apoyo del prefecto de la Congregación vaticana para los Obispos, cardenal Sebastiano Baggio, López Trujillo reemplazó al cardenal brasileño Aloisio Lorscheider en la presidencia del CELAM y Quarracino lo acompañó como Secretario General. Ambos se opusieron a incluir en la declaración final de Puebla la denuncia contra los gobiernos dictatoriales de El Salvador y de Nicaragua pedida por sus respectivos arzobispos. Quarracino escribió que ya no serÃa posible confundir el significado de “liberación, iglesia popular, evangelización e ideologÃa, las relaciones básicas entre tarea evangelizadora y promoción humana, cristianismo y polÃticaâ€.12
El 7 de mayo de 1979 Juan Pablo II recibió en Roma al arzobispo Romero, quien le entregó pruebas de la complicidad oficial con los escuadrones de la muerte y la persecución a la Iglesia13 y una foto tremenda del sacerdote Octavio Ortiz, con el rostro destrozado por un tanque que el Ejército hizo pasar sobre su cabeza. De regreso a San Salvador, durante una escala en Madrid, narró a una profesora de la Universidad Centroamericana el diálogo con el Papa:
–Le recomiendo mantenerse en los principios, con equilibrio y prudencia, porque es riesgoso caer en errores o equivocaciones al hacer las denuncias concretas –le dijo el Papa.
–En casos como éste hay que ser muy concreto porque la injusticia, el atropello ha sido muy concreto –insistió Romero mientras señalaba la foto del sacerdote.
–Tan cruelmente que nos lo mataron y diciendo que era un guerrillero…
–¿Y acaso no lo era? –contestó, frÃo, el PontÃfice.
Luego lo instó a lograr una mejor relación con el gobierno de su paÃs porque esa armonÃa, “es lo más cristiano en estos momentos de crisisâ€.
–Pero, Santo Padre, Cristo en el Evangelio nos dijo que él no habÃa venido a traer la paz sino la espada.
–¡No exagere!14
El Papa le reveló que Quarracino habÃa recomendado la intervención al Arzobispado, como Romero consignó en su diario, preocupado por advertir “que influÃa una información negativa acerca de mi pastoralâ€.15 Luego de analizar la situación con los sacerdotes jesuitas Ignacio EllacurÃa y Jon Sobrino, Romero objetó en una carta al cardenal Baggio “la sugerencia de monseñor Quarracino de nombrar un administrador apostólico, sede plenaâ€, porque demostrarÃa “desconfianza acerca del propio obispoâ€.16
Por su parte, el nuncio Gerada le comentó al embajador Peña que “lamentaba que el Vaticano no hubiera tomado aún las medidas propuestas por el obispo de Avellaneda, monseñor Antonio Quarracino, en el sentido de que Romero debÃa ser llamado al Vaticano para alejarlo de esta arquidiócesisâ€.17
También la embajada argentina en Costa Rica seguÃa con interés cada paso de Romero. En octubre de 1979, el embajador Arnoldo Listre (un radical balbinista) informó que el arzobispo de San José, monseñor Román Arrieta, le dijo que su colega de San Salvador estaba “copado por elementos extremistas, dentro de los cuales se incluye un grupo de jesuitas radicalizadosâ€.18 Romero volvió a Roma en 1980. El 30 de enero asistió a la audiencia general del Papa, donde antes de recibirlo en una salita que utilizaba para audiencias especiales, Wojtyla lo hizo esperar que terminara la actuación de un circo y de un coro polaco. Ya a solas le reiteró sus crÃticas al papel de la Iglesia salvadoreña.
–No deben tener en cuenta sólo la defensa de la justicia social y el amor a los pobres, porque el esfuerzo reivindicativo popular de izquierda puede dar por resultado también un mal para la Iglesia –le advirtió.
De allÃ, Romero fue a la casa generalicia de la CompañÃa de Jesús, donde Arrupe le reiteró su solidaridad y el apoyo de los jesuitas. Al dÃa siguiente, Romero fue recibido por el nuevo Secretario de Estado, cardenal Agostino Casaroli, quien le comunicó “que el embajador de Estados Unidos habÃa venido a verlo con cierta preocupación de que yo estuviera en una lÃnea revolucionaria popular, mientras que Estados Unidos apoya el Gobierno de la Democracia Cristianaâ€. También le advirtió que la defensa de los derechos humanos y las reivindicaciones del pueblo no debÃan “suponer una hipoteca de la Iglesia y de los sentimientos cristianos ante las ideologÃasâ€.19
Ya no habrÃa paz para Romero. Listre, cuya principal tarea era presionar para que se clausurara la radio Noticias del Continente, que transmitÃa en onda corta informaciones sobre la situación represiva en toda la región, informó a su gobierno que monseñor Romero habÃa anunciado que esa emisora de Montoneros transmitirÃa su homilÃa dominical en la que denunció amenazas contra su vida.20 El informe omitió que se trataba de una solución de emergencia porque la radio del Arzobispado habÃa sido inutilizada por un atentado explosivo.
El nuncio en Costa Rica, el húngaro Lajos Kada, le recomendó a Romero que estuviera alerta porque habÃa sido condenado a muerte. Kada fue el emisario que Juan Pablo II escogió como nuevo visitador apostólico luego de Quarracino. Reunido con los seis obispos salvadoreños, el 12 de marzo, Kada exigió que Romero cediera en sus posiciones para facilitar la unidad episcopal. Romero aceptó un equilibrio de sectores, que incluÃa otorgar la presidencia al vicario castrense, José Eduardo Alvarez RamÃrez, acompañado como vice por el único amigo de Romero en el Episcopado, Arturo Rivera y Damas. Pero al momento de la decisión, Rivera y Damas fue soslayado y resultó elegido Aparicio y Quintanilla, quien en una reunión previa habÃa enrostrado a Romero que su “predicación era violenta, subversiva, que estaba dividiendo al clero y a las diócesis†y que sembraba ideas izquierdistas en el Seminario.21
Esta nueva humillación a Romero fue la definitiva. Abandonado por sus hermanos y por la Santa Sede, el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba misa en la capilla del Hospitalito, un francotirador lo asesinó con un disparo al corazón. Durante su funeral en la Catedral, explosivos y disparos de metralla causaron otras decenas de muertes y centenares de heridos. No fue un hecho aislado. Dos dÃas antes, paramilitares bolivianos secuestraron, torturaron y asesinaron en La Paz al jesuita español Luis Espinal, director de un semanario y de una radio, que la embajada argentina calificó “de extrema izquierdaâ€.22
En 1993 una comisión de la verdad presidida por el ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Thomas Buergenthal, y cuya directora ejecutiva fue la experta argentina Patricia Tappatá de Valdez, esclareció que el crimen de Romero fue ejecutado por el escuadrón de la muerte que respondÃa al ex mayor del Ejército Roberto D’Aubuisson, lÃder polÃtico de la ultraderecha salvadoreña. Cinco dÃas después se dictó una ley de amnistÃa, convalidada por la Corte Suprema. En 2000, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluyó que el Estado salvadoreño habÃa violado el derecho a la vida de Romero y habÃa faltado a su deber de investigar y sancionar a los responsables23 y en 2004 un juez de California, condenó al ex capitán de la Fuerza Aérea salvadoreña Ãlvaro Saravia a indemnizar con 10 millones de dólares a la familia del asesinado Romero.24
Pero los jesuitas y la teologÃa de la liberación habÃan recibido un golpe demoledor. Concluido el proceso de pasteurización, Bergoglio puede elevar a Romero sin riesgo a los altares.
(1) Carta del embajador Julio Peña al arzobispo Romero, del 31 de agosto de 1977, y nota a la cancillerÃa Nº 340/77 ESALV, del 7 de septiembre de 1977, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
(2) Secreto. Nota 250/78 del embajador Julio Peña a la Dirección de Prensa y Difusión de la CancillerÃa.
(3) Cable 144, Secreto, del embajador en El Salvador Julio Peña, 17 de mayo de 1977. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
(4) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 21 y 25 de junio de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL),
(5) “A los 20 años del controvertido padre Arrupeâ€, IntereconomÃa, España, 9 de febrero de 2011.
(6) XXXVIII APCEA, 13 al 18 de noviembre de 1978, carta de Quarracino, 11 de octubre de 1978, caja 26, carpeta XXI, documento 17.520, ACEA.
(7) XXXVIII APCEA, 13 al 18 de noviembre de 1978, esquema propuesto por Quarracino, caja 26, carpeta XXI, documento 17.612, ACEA.
(8) Apuntes personales de Marco Politi, en Carl Bernstein y Marco Politi, Su Santidad. Juan Pablo II y la historia oculta de nuestro tiempo, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 1996, p. 218.
(9) Juan Pablo II, homilÃa en la BasÃlica de Nuestra Señora de Guadalupe de Ciudad de México durante la solemne concelebración con los participantes en la Conferencia de Puebla, 27 de enero de 1979, http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1979/january/documents/hf_jpii_spe_19790127_messicoguadalupesacrelig_sp.html.
(10) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 3 de febrero de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/02.html
(11) Secreto, San Salvador, 8610, del embajador Peña a la CancillerÃa, 15 de febrero de 1979. Archivo de Culto.
(12) Antonio Quarracino, “Después de Pueblaâ€, ClarÃn, 22 de marzo de 1979.
(13) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 7 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/02.html
(14) MarÃa López Vigil, “Piezas para un Retratoâ€, UCA Editores, San Salvador 1993.
(15) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 7 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/02.html
(16) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 28 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/03.html
(17) Secreta, 410/79, del embajador Peña al Canciller, 5 de septiembre de 1979, archivo de Culto.
(18) Cable secreto 622/625 del embajador Listre, 16 de octubre de 1979, Culto.
(19) Ibid, 31 de enero de 1980, http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/05.html
(20) Cable secreto N 123 del embajador Listre, 26 de febrero de 1980, Culto.
(21) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 28 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/06.html
(22) Cable secreto 288, del 24 de marzo de 1980, DEL EMBAJADOR José MarÃa Romero, Culto.
(23) Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe N 37/00, caso 11.481, Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, El Salvador, 13 de abril de 2000.
(24) “Condenado en EE UU uno de los asesinos del arzobispo salvadoreño Oscar Romeroâ€, El PaÃs, Madrid, 5 de septiembre de 2004.
(25) “Segundo Encuentro Latinoamericano sobre Pastoral Castrenseâ€, Vicariato Castrense, N 53, abril de 1977, p. 16.
(26) Penny Lernoux, Cry of the People, Penguin Books, Nueva York, 1991, p.,420.
(27) Carta Pastoral PaÃs y Bien Común, del 15 de mayo de 1977.
(28) Alberto Methol Ferré, “Análisis de las raÃces de la evangelización latinoamericanaâ€, Stromata, N 33, 1977, pp. 93-112.
(29) “Después de Pueblaâ€, La Nación, 16 de febrero de 1979.
Documento secreto de la CancillerÃa. Quarracino condenó a Romero ante el Vaticano.
Por Horacio Verbitsky
La beatificación del arzobispo de San Salvador Oscar Arnulfo Romero, en una ceremonia organizada ayer por el Opus Dei, forma parte de una audaz reescritura de la historia y omite por completo la intervención del cardenal Antonio Quarracino en los acontecimientos que culminaron con su asesinato, el 24 de marzo de 1980. El martirio de Romero fue reconocido por un decreto del Papa Francisco, cuya carrera eclesiástica fue impulsada por Quarracino y por el papa Juan Pablo II, quienes lo rescataron del exilio interior al que lo habÃa condenado la CompañÃa de Jesús por sus posiciones contrarias a la teologÃa de la liberación durante su desempeño como Superior Provincial y Rector del Colegio Máximo. Quarracino propuso, y el Papa Wojtyla firmó la designación de Jorge Bergoglio como obispo coadjutor de Buenos Aires con derecho a sucesión.
Romero, Yorio y Jalics
El asesinato del salvadoreño tiene ostensibles puntos de contacto con el secuestro en la Argentina de los jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jálics, quienes recuperaron la libertad en octubre de 1976, luego de ciento cincuenta dÃas de privaciones y torturas, en la ESMA y en una casa operativa de la Armada. En marzo de 1977, cinco meses después de la liberación de Yorio y Jálics, los escuadrones de la muerte salvadoreños asesinaron al sacerdote jesuita Rutilio Grande y a dos campesinos que lo acompañaban. Como el gobierno no investigó el crimen, Romero se negó a oficiar en cualquier ceremonia oficial y a partir de allà asumió un compromiso con los pobres y la teologÃa de la liberación, que además de la ira oficial provocó resistencias en el resto del Episcopado centroamericano y en la Nunciatura Apostólica. Este año, en cuanto se anunció la canonizacion de Romero, su ex secretario y biógrafo monseñor Jesús Delgado, dijo que el beato “de la TeologÃa de la Liberación no supo nadaâ€, que esos libros quedaron sin abrir en su biblioteca porque “no quiso informarse de eso, él se fue abriendo el camino con el Evangelio a una teologÃa de Dios presente en los pobresâ€, dijo Delgado.
Cuando el periódico de la diócesis de San Salvador, “Orientaciónâ€, criticó el asesinato de inocentes en la Argentina por las “fuerzas llamadas de seguridadâ€, la embajada argentina reclamó ante el gobierno salvadoreño.1 Para el embajador argentino Julio Peña, los medios crÃticos eran “voceros de grupos terroristasâ€.2 El nuncio Emanuele Gerada le informó que sugerirÃa al Papa el reemplazo del arzobispo Romero, “ante su actitud hostil con autoridades y apoyo a izquierda subversivaâ€. Con el mismo propósito viajó a Italia el canciller salvadoreño. Ambos cuestionaron a Romero por sus “homilÃas incitando a la rebelión contra el gobiernoâ€, su “enfrentamiento con otros obispos†y “la colaboración de sacerdotes con grupos subversivosâ€.3
Ante la creciente hostilidad y las amenazas que recibÃa, Romero recurrió a Pablo VI. Lo recibió el 21 de junio de 1978, cuando la declinación del Papa Montini, quien estaba por cumplir 81 años, era evidente. Pablo VI le dijo que habÃa que ayudar al pueblo a lograr sus reivindicaciones “pero jamás con odio ni fomentando las violencias†y que las dificultades con las fuerzas dominantes y con los propios colaboradores sólo podÃan superarse con el amor. Montini le tomó la mano entre las suyas, lo consoló con palabras de afecto, llamó al fotógrafo para que registrara ese momento y le indicó que tratara los problemas concretos con los distintos dicasterios de la curia romana. Esto no era muy alentador. Romero habÃa encontrado en ellos “un criterio negativo, que coincide exactamente con las fuerzas muy poderosas que allà en mi Arquidiócesis tratan de frenar y desprestigiar mi esfuerzo apostólicoâ€. El domingo 25 de junio, Romero analizó la situación salvadoreña y la posición vaticana con el Superior General de la CompañÃa de Jesús, Pedro Arrupe, quien “tiene mucha experiencia en las malas interpretaciones que se suelen hacer de las obras de los jesuitas†y le ofreció toda su cooperación, “como de hecho la estamos recibiendoâ€.4 En 1975 el papa Pablo habÃa fijado lÃmites a la teologÃa de la liberación en su exhortación apostólica Evangelii Nuntiandi, que Bergoglio cita con insistencia. Pero Montini murió un mes y medio después de la audiencia con Romero. Su sucesor, Juan Pablo II, convirtió esa crÃtica en una declaración de guerra a la teologÃa de la liberación. VeÃa el mundo a través del cristal del anticomunismo polaco. No percibÃa la diferencia, o no le importaba que la hubiera, entre Mitteleuropa, donde el comunismo llegó tras las orugas de los tanques soviéticos, y Centroamérica, en cuyas luchas populares participaron sectores de la Iglesia Católica, en especial jesuitas. CoincidirÃa en esto con el gobierno estadounidense de Ronald Reagan, con quien celebrarÃa una estrecha alianza. Según su biógrafo Georges Weigel, Wojtyla criticó ante la asamblea anual de presidentes de la Conferencia Jesuita la actuación de muchos de sus miembros en movimientos latinoamericanos que consideraba de izquierda y con las posiciones crÃticas de algunos de sus teólogos. 5 El giro que Juan Pablo II decidió imprimir a la CompañÃa de Jesús era el respaldo que Bergoglio necesitaba para seguir su propia lÃnea de profilaxis ideológica en la provincia argentina de la CompañÃa de Jesús sin subordinarse al ya muy golpeado Arrupe.
Al mes de la coronación de Wojtyla, la XXXVIII Asamblea Plenaria del Episcopado argentino dispuso que Quarracino redactara el capÃtulo polÃtico del documento que se proponÃan difundir. El entonces secretario del departamento de laicos del CELAM argumentó que la Asamblea Episcopal nunca habÃa condenado “la campaña exterior adversa al paÃs†ni la “lamentable presencia†de laicos, clérigos y religiosos/as en la guerrilla, y las imprudencias de “varios venerables pastoresâ€.6
Quarracino presentó un esquema interpretativo de censura a los que llamó “ataques externos a la imagen del paÃs†y a quienes dentro de la Iglesia vieron “la violencia como soluciónâ€. 7 Esa era la lÃnea que venÃa de Roma, donde nadie conocÃa o se preocupaba por la incongruencia de Quarracino, quien fue el obispo que con mayor insistencia predicó años antes el camino de las armas que ahora fulminaba.
Romero no volverÃa a escuchar palabras amables en la Santa Sede. Una de las primeras decisiones de Wojtyla fue enviar a San Salvador una misión investigativa de las denuncias contra el diocesano. Ese encargo fue asignado a Quarracino, quien luego de su visita de una semana a San Salvador, informó al Vaticano, pero también a la dictadura argentina, que las denuncias contra el arzobispo eran fundadas, que tal como decÃa el nuncio Gerada, Romero estaba enfrentado con el gobierno y con los demás obispos salvadoreños, que sus homilÃas incitaban a la rebelión y que sus sacerdotes colaboraban con grupos subversivos. Asà se desprende del facsÃmil que ilustra esta nota, del 22 de diciembre de 1978. El paso de Quarracino por El Salvador no fue registrado por la prensa del paÃs, según el relevamiento que realizó a mi pedido el especialista en comunicación Oscar Pérez, quien fue colaborador de monseñor Romero. Pero sà es mencionado en el diario personal de Romero, como el hombre que predispuso al nuevo PontÃfice en su contra.
Disparen contra los jesuitas
El ascenso de Quarracino se hizo irresistible durante la Conferencia del Episcopado Latinoamericano que sesionó al mes siguiente, en enero de 1979. En cuanto su avión despegó de Roma, el Papa convocó a los periodistas y se despachó contra la teologÃa de la liberación porque distorsionaba el Evangelio.8 Y al llegar a Puebla de los Angeles dijo que “esta concepción de Cristo como polÃtico revolucionario, como el subversivo de Nazareth, no se compagina con la catequesis de la Iglesiaâ€.9 También impugnó tanto la violencia como las desigualdades sociales, con ricos más ricos a expensas de pobres más pobres. Este es el discurso del populismo conservador que reaparecerá en Roma con el papa Francisco.
El diario mexicano Uno más Uno publicó en aquel momento una carta del cardenal conservador colombiano Alfonso López Trujillo al lÃder de la minorÃa conservadora del Episcopado brasileño, Luciano Cabral Duarte, muy despectiva contra Arrupe por su apoyo a la teologÃa de la liberación. El obispo salvadoreño Pedro Arnoldo Aparicio y Quintanilla acusó de la violencia en su paÃs a los jesuitas que habÃan viajado a Puebla para argumentar a favor de Romero. Arrupe se reunió una vez más con Romero para analizar los riesgos que estas acusaciones causaban a los jesuitas,10 en una situación de inocultable parecido con la que habÃan enfrentado en Buenos Aires Yorio y Jalics. El 15 de febrero, el embajador Peña informó que el recibimiento apoteótico a Romero, serÃa utilizado “por elementos católicos tercermundistas izquierda subversivaâ€.11
Con el apoyo del prefecto de la Congregación vaticana para los Obispos, cardenal Sebastiano Baggio, López Trujillo reemplazó al cardenal brasileño Aloisio Lorscheider en la presidencia del CELAM y Quarracino lo acompañó como Secretario General. Ambos se opusieron a incluir en la declaración final de Puebla la denuncia contra los gobiernos dictatoriales de El Salvador y de Nicaragua pedida por sus respectivos arzobispos. Quarracino escribió que ya no serÃa posible confundir el significado de “liberación, iglesia popular, evangelización e ideologÃa, las relaciones básicas entre tarea evangelizadora y promoción humana, cristianismo y polÃticaâ€.12
El 7 de mayo de 1979 Juan Pablo II recibió en Roma al arzobispo Romero, quien le entregó pruebas de la complicidad oficial con los escuadrones de la muerte y la persecución a la Iglesia13 y una foto tremenda del sacerdote Octavio Ortiz, con el rostro destrozado por un tanque que el Ejército hizo pasar sobre su cabeza. De regreso a San Salvador, durante una escala en Madrid, narró a una profesora de la Universidad Centroamericana el diálogo con el Papa:
–Le recomiendo mantenerse en los principios, con equilibrio y prudencia, porque es riesgoso caer en errores o equivocaciones al hacer las denuncias concretas –le dijo el Papa.
–En casos como éste hay que ser muy concreto porque la injusticia, el atropello ha sido muy concreto –insistió Romero mientras señalaba la foto del sacerdote.
–Tan cruelmente que nos lo mataron y diciendo que era un guerrillero…
–¿Y acaso no lo era? –contestó, frÃo, el PontÃfice.
Luego lo instó a lograr una mejor relación con el gobierno de su paÃs porque esa armonÃa, “es lo más cristiano en estos momentos de crisisâ€.
–Pero, Santo Padre, Cristo en el Evangelio nos dijo que él no habÃa venido a traer la paz sino la espada.
–¡No exagere!14
El Papa le reveló que Quarracino habÃa recomendado la intervención al Arzobispado, como Romero consignó en su diario, preocupado por advertir “que influÃa una información negativa acerca de mi pastoralâ€.15 Luego de analizar la situación con los sacerdotes jesuitas Ignacio EllacurÃa y Jon Sobrino, Romero objetó en una carta al cardenal Baggio “la sugerencia de monseñor Quarracino de nombrar un administrador apostólico, sede plenaâ€, porque demostrarÃa “desconfianza acerca del propio obispoâ€.16
Por su parte, el nuncio Gerada le comentó al embajador Peña que “lamentaba que el Vaticano no hubiera tomado aún las medidas propuestas por el obispo de Avellaneda, monseñor Antonio Quarracino, en el sentido de que Romero debÃa ser llamado al Vaticano para alejarlo de esta arquidiócesisâ€.17
También la embajada argentina en Costa Rica seguÃa con interés cada paso de Romero. En octubre de 1979, el embajador Arnoldo Listre (un radical balbinista) informó que el arzobispo de San José, monseñor Román Arrieta, le dijo que su colega de San Salvador estaba “copado por elementos extremistas, dentro de los cuales se incluye un grupo de jesuitas radicalizadosâ€.18 Romero volvió a Roma en 1980. El 30 de enero asistió a la audiencia general del Papa, donde antes de recibirlo en una salita que utilizaba para audiencias especiales, Wojtyla lo hizo esperar que terminara la actuación de un circo y de un coro polaco. Ya a solas le reiteró sus crÃticas al papel de la Iglesia salvadoreña.
–No deben tener en cuenta sólo la defensa de la justicia social y el amor a los pobres, porque el esfuerzo reivindicativo popular de izquierda puede dar por resultado también un mal para la Iglesia –le advirtió.
De allÃ, Romero fue a la casa generalicia de la CompañÃa de Jesús, donde Arrupe le reiteró su solidaridad y el apoyo de los jesuitas. Al dÃa siguiente, Romero fue recibido por el nuevo Secretario de Estado, cardenal Agostino Casaroli, quien le comunicó “que el embajador de Estados Unidos habÃa venido a verlo con cierta preocupación de que yo estuviera en una lÃnea revolucionaria popular, mientras que Estados Unidos apoya el Gobierno de la Democracia Cristianaâ€. También le advirtió que la defensa de los derechos humanos y las reivindicaciones del pueblo no debÃan “suponer una hipoteca de la Iglesia y de los sentimientos cristianos ante las ideologÃasâ€.19
Ya no habrÃa paz para Romero. Listre, cuya principal tarea era presionar para que se clausurara la radio Noticias del Continente, que transmitÃa en onda corta informaciones sobre la situación represiva en toda la región, informó a su gobierno que monseñor Romero habÃa anunciado que esa emisora de Montoneros transmitirÃa su homilÃa dominical en la que denunció amenazas contra su vida.20 El informe omitió que se trataba de una solución de emergencia porque la radio del Arzobispado habÃa sido inutilizada por un atentado explosivo.
El nuncio en Costa Rica, el húngaro Lajos Kada, le recomendó a Romero que estuviera alerta porque habÃa sido condenado a muerte. Kada fue el emisario que Juan Pablo II escogió como nuevo visitador apostólico luego de Quarracino. Reunido con los seis obispos salvadoreños, el 12 de marzo, Kada exigió que Romero cediera en sus posiciones para facilitar la unidad episcopal. Romero aceptó un equilibrio de sectores, que incluÃa otorgar la presidencia al vicario castrense, José Eduardo Alvarez RamÃrez, acompañado como vice por el único amigo de Romero en el Episcopado, Arturo Rivera y Damas. Pero al momento de la decisión, Rivera y Damas fue soslayado y resultó elegido Aparicio y Quintanilla, quien en una reunión previa habÃa enrostrado a Romero que su “predicación era violenta, subversiva, que estaba dividiendo al clero y a las diócesis†y que sembraba ideas izquierdistas en el Seminario.21
Esta nueva humillación a Romero fue la definitiva. Abandonado por sus hermanos y por la Santa Sede, el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba misa en la capilla del Hospitalito, un francotirador lo asesinó con un disparo al corazón. Durante su funeral en la Catedral, explosivos y disparos de metralla causaron otras decenas de muertes y centenares de heridos. No fue un hecho aislado. Dos dÃas antes, paramilitares bolivianos secuestraron, torturaron y asesinaron en La Paz al jesuita español Luis Espinal, director de un semanario y de una radio, que la embajada argentina calificó “de extrema izquierdaâ€.22
En 1993 una comisión de la verdad presidida por el ex juez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos Thomas Buergenthal, y cuya directora ejecutiva fue la experta argentina Patricia Tappatá de Valdez, esclareció que el crimen de Romero fue ejecutado por el escuadrón de la muerte que respondÃa al ex mayor del Ejército Roberto D’Aubuisson, lÃder polÃtico de la ultraderecha salvadoreña. Cinco dÃas después se dictó una ley de amnistÃa, convalidada por la Corte Suprema. En 2000, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluyó que el Estado salvadoreño habÃa violado el derecho a la vida de Romero y habÃa faltado a su deber de investigar y sancionar a los responsables23 y en 2004 un juez de California, condenó al ex capitán de la Fuerza Aérea salvadoreña Ãlvaro Saravia a indemnizar con 10 millones de dólares a la familia del asesinado Romero.24
Pero los jesuitas y la teologÃa de la liberación habÃan recibido un golpe demoledor. Concluido el proceso de pasteurización, Bergoglio puede elevar a Romero sin riesgo a los altares.
(1) Carta del embajador Julio Peña al arzobispo Romero, del 31 de agosto de 1977, y nota a la cancillerÃa Nº 340/77 ESALV, del 7 de septiembre de 1977, Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
(2) Secreto. Nota 250/78 del embajador Julio Peña a la Dirección de Prensa y Difusión de la CancillerÃa.
(3) Cable 144, Secreto, del embajador en El Salvador Julio Peña, 17 de mayo de 1977. Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto.
(4) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 21 y 25 de junio de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL),
(5) “A los 20 años del controvertido padre Arrupeâ€, IntereconomÃa, España, 9 de febrero de 2011.
(6) XXXVIII APCEA, 13 al 18 de noviembre de 1978, carta de Quarracino, 11 de octubre de 1978, caja 26, carpeta XXI, documento 17.520, ACEA.
(7) XXXVIII APCEA, 13 al 18 de noviembre de 1978, esquema propuesto por Quarracino, caja 26, carpeta XXI, documento 17.612, ACEA.
(8) Apuntes personales de Marco Politi, en Carl Bernstein y Marco Politi, Su Santidad. Juan Pablo II y la historia oculta de nuestro tiempo, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 1996, p. 218.
(9) Juan Pablo II, homilÃa en la BasÃlica de Nuestra Señora de Guadalupe de Ciudad de México durante la solemne concelebración con los participantes en la Conferencia de Puebla, 27 de enero de 1979, http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/speeches/1979/january/documents/hf_jpii_spe_19790127_messicoguadalupesacrelig_sp.html.
(10) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 3 de febrero de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/02.html
(11) Secreto, San Salvador, 8610, del embajador Peña a la CancillerÃa, 15 de febrero de 1979. Archivo de Culto.
(12) Antonio Quarracino, “Después de Pueblaâ€, ClarÃn, 22 de marzo de 1979.
(13) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 7 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/02.html
(14) MarÃa López Vigil, “Piezas para un Retratoâ€, UCA Editores, San Salvador 1993.
(15) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 7 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/02.html
(16) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 28 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/03.html
(17) Secreta, 410/79, del embajador Peña al Canciller, 5 de septiembre de 1979, archivo de Culto.
(18) Cable secreto 622/625 del embajador Listre, 16 de octubre de 1979, Culto.
(19) Ibid, 31 de enero de 1980, http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/05.html
(20) Cable secreto N 123 del embajador Listre, 26 de febrero de 1980, Culto.
(21) Diario de monseñor Oscar Arnulfo Romero, 28 de mayo de 1979, Servicio Internacional Cristiano de Solidaridad con los pueblos de América Latina (SICSAL), http://www.sicsal.net/romero/DiarioRomero/06.html
(22) Cable secreto 288, del 24 de marzo de 1980, DEL EMBAJADOR José MarÃa Romero, Culto.
(23) Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Informe N 37/00, caso 11.481, Monseñor Oscar Arnulfo Romero y Galdámez, El Salvador, 13 de abril de 2000.
(24) “Condenado en EE UU uno de los asesinos del arzobispo salvadoreño Oscar Romeroâ€, El PaÃs, Madrid, 5 de septiembre de 2004.
(25) “Segundo Encuentro Latinoamericano sobre Pastoral Castrenseâ€, Vicariato Castrense, N 53, abril de 1977, p. 16.
(26) Penny Lernoux, Cry of the People, Penguin Books, Nueva York, 1991, p.,420.
(27) Carta Pastoral PaÃs y Bien Común, del 15 de mayo de 1977.
(28) Alberto Methol Ferré, “Análisis de las raÃces de la evangelización latinoamericanaâ€, Stromata, N 33, 1977, pp. 93-112.
(29) “Después de Pueblaâ€, La Nación, 16 de febrero de 1979.
Documento secreto de la CancillerÃa. Quarracino condenó a Romero ante el Vaticano.