
Es ampliamente sabido que el radicalismo es el partido/movimiento polÃtico masivo más antiguo de la Argentina (obviando las sucesivas
divisiones que sufrió en su historia). Le sigue en antigüedad el peronismo, con sus diversas denominaciones partidarias y divisiones propias a través del tiempo. Pero no debemos
dejar de lado un movimiento polÃtico que ha transitado ya muchas décadas de la historia polÃtica argentina de los dos últimos siglos, y que fue y es tan influyente como los otros dos. Este movimiento polÃtico
ha encarnado en diversos partidos o alianzas con los más diversos sellos
partidarios, pero no cuenta con un nombre propio sino que se lo puede
identificar más que por las distintas denominaciones de los partidos polÃticos que lo protagonizaron, por su objetivo permanente: oponerse a los oficialismos, (salvo excepciones) a los partidos en el gobierno, los que llegaron allà mediante elecciones libres, confrontar a los movimientos polÃticos mayoritarios que hegemonizaron cada época. Por ese motivo, desde aquà lo denominaremos –considerando su objetivo intrÃnseco, el que le da su razón de ser- el movimiento antimayoritario o antimayoritarismo.
El ADN de este movimiento minoritario, que va más allá de los lÃderes o dirigentes circunstanciales es la evidente repulsión que sienten quienes lo integran a que una mayorÃa popular (de la que no son ni quieren ser parte) ejerza el control del estado nacional, independientemente si lo hace beneficiando con sus
medidas los intereses de toda la población, incluidos ellos mismos.Los motivos por los que sus miembros y simpatizantes sienten animadversión por los movimientos mayoritarios son disimiles y varÃan entre los miembros de la masa antimayoritaria, y van desde la propia ideologÃa, los intereses económicos, los psicológicos hasta los sociológicos y antropológicos. Pero analizarlos no es el propósito de esta nota, y además requerirÃa demasiado espacio y conocimientos de los que carecemos. Por eso nos limitaremos a caracterizarlo.
Ese antimayoritarismo lo conforman no solamente la mayorÃa de quienes componen la clases altas de la sociedad sino que también lo hace una parte significativa de los integrantes de las clases medias urbanas y del autodenominado “campoâ€, grandes y medianos terratenientes, y una parte minoritaria de las clases bajas; aunque muchos de quienes apoyan las intervenciones de este movimiento elitista son los principales perjudicados con la puesta en práctica de las polÃticas que propugna.
En la actualidad podemos identificar al peronismo-kirchnerismo como el movimiento que gobierna, el oficialismo de turno; y al que pugna por congregar a toda o casi toda la oposición polÃtica partidaria alrededor del PRO (grandes empresas y medios hegemónicos incluÃdos), como “la oposición†o antimayoritarismo actual.
Sin embargo, más allá del análisis sincrónico de esta relación, es interesante aprovechar el momento para realizar uno diacrónico entre estos dos actores polÃticos argentinos, considerando para ello al oficialismo como el movimiento popular mayoritario en el poder (institucional) y al antimayoritarismo como el conjunto de partidos polÃticos opositores, incapaces de derrotar electoralmente al gobierno de turno. En este caso, como ha sucedido desde 2003 en adelante con el kirchnerismo (o neo-peronismo) cumple el papel del oficialismo que no puede ser derrotado electoralmente.Con esta referencia veremos que este fenómeno de virtual irreversibilidad electoral de un oficialismo con un fuerte sustento popular de mayorÃas que se ven contenidas en un proyecto de paÃs, se repite en nuestra historia, aunque cambiando el nombre propio del partido/movimiento en el poder. Hoy puede llamarse kirchnerismo, pero veremos que antes se llamó peronismo y, más atrás, yrigoyenismo; y si nos remontamos a la protodemocracia electoral argentina podemos llegar al federalismo o rosismo o, tal vez, al dorreguismo.
Pero ¿qué encontraremos con este análisis diacrónico? Bueno, quizás muchas coincidencias, pero no sólo en los oficialismos sino también –o quizás más precisamente aún- en las oposiciones de turno, a quienes proponemos denominar como antimayoritarismo. Las distintas versiones del oficialismo poseen diferencias más que nada en el modo e idiosincracia de época, donde se cruzan los vectores sociales, económicos y hasta étnicos de cada momento, pero parece que no es asà en las oposiciones de cada momento, donde se pueden apreciar coincidencias sugestivas.Â
Pero empecemos por el final, que es lo que tenemos más presente.
Algunos analistas caracterizan a la diputada Elisa Carrió como una referente no-kirchnerista o no-peronista  (antikirchnerista), más que como radical o ARIsta o FA-Unista o Carriotista, lo que no deja de ser más acertado. Ella misma se declara o define como opositora, enarbola su supuesta defensa de las instituciones, de la República contra el “régimenâ€, de la moralidad polÃtica y contra la corrupción gubernamental (aunque nunca de la privada). Pero lamentablemente para ella, parece que el pueblo no se esfuerza en seguirla como ella quisiese y por eso los frÃos números en los sucesivos comicios siguen apoyando al oficialismo, tanto que desde el 2003 no ha perdido ninguna elección nacional.
E incluso, de acuerdo con las últimas encuestas, el FPV se encuentra primero en intención de voto para las presidenciales de este año. Una explicación posible a este fenómeno es la que da el analista Artemio López:
Esta matriz del ADN K, lo ubica en una capa a la que no acceden las distintas ofertas polÃticas opositoras. El famoso «piso electoral» del 33% es más una consolidación de un sentido de pertenencia de diversa raÃz, la puesta en porcentuales de una alianza Ãntima entre un bloque social y polÃticos capaces de representar su sentir y sus anhelos, que un guarismo coyunturalmente vinculado a tal o cual dirigente.
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Y ahora veamos un interesante aporte sobre el tema del periodista Horacio Verbitsky:
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Por lo menos desde agosto de 2010, cuando Héctor Magnetto recibió en su departamento de Alvear y Cerrito a Macrì y a la plana mayor del Peornismo Opositor de entonces (De Narváez, Solá, el ex senador Eduardo Duhalde y el senador Carlos Reutemann) y les planteó la conformación de una alianza electoral antikirchnerista, ésa ha sido la estrategia central de los poderes fácticos, asà como la imposibilidad de cerrar tal acuerdo se constituyó en su explicación principal a la cómoda victoria de Cristina, con la mayor diferencia sobre el segundo desde 1983.Hacia fines del año pasado se hizo perceptible que la mejor combinación opositora serÃa un acuerdo entre Macrì como candidato a presidente y Massa para la gobernación de Buenos Aires.El oficialismo superó el 45 por ciento en la elección presidencial de 2007 y llegó al 54 por ciento en la de 2011. Aún en sus peores desempeños, en las legislativas de 2009 y 2013, rozó el 33 por ciento nacional. Esto mide la dificultad de enfrentarlo y explica tanta desesperación por sumar todo lo que esté a la mano, un cálculo que parece racional desde el punto de vista de las elecciones, pero de pronóstico reservado si se trata de gobernar.Â
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Algunas crÃticas o caracterizaciones de ese ADN K de parte de la oposición polÃtico-mediática ansiosa por desplazar al oficialismo actual del  gobierno, pueden leerse asÃ:
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El senador Ernesto Sanz aseguró que la Asignación Universal Por Hijo se gasta en el paco y los bingos.
Antes hacÃan el fuego del asado con el parquet “El titular del Comité Nacional radical aseguró que “por la Asignación Universal por Hijo aumentaron el consumo de droga y el juegoâ€. No se trata de estigmatizar a ningún sector social, son datos de la realidadâ€, aseguró.
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El editorialista Mariano Grondona (decano vocero de este movimiento) aporta su visión:
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“Lo que pasa es que los argentinos no somos enteramente racionales sino también emocionales. ¿Será que la razón impera en nuestra clase media mientras la emoción reina sin disputas en nuestra clase popular?
 “En lugar de «pan y circo», ¿la llamarÃamos acaso «subsidios y fútbol»? De un lado, los subsidios, lejos de amainar, hoy se aplican hasta en las liquidaciones de salarios de empresas privadas. Del otro lado está el indudable impacto popular de la televisación masiva del fútbol en el seno de las familias.
“Hoy no se paga por ser más competitivo, por capacitarse y por trabajar más, sino por quedar a la vera del camino del esfuerzo para ponerse al amparo del clientelismo.â€
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Pero ese ADN K criticado por la intelligentsia actual parece no diferenciarse mucho del ADN peronista de las décadas del 40; 50; 60 y 70 del siglo pasado; y tampoco del ADN yrigoyenista de las décadas del 10; 20 y 30 del mismo siglo. Eso lo veremos si analizamos cómo son caracterizados sus seguidores por los opositores de turno. Un mero repaso de lo que se dice en la actualidad en los medios opositores o en cualquier charla o discusión en bares, talleres, oficinas u hogares puede aportarnos las usuales definiciones que esgrimen los opositores sobre los adherentes al oficialismo. No abundaremos aquà en detallar esas caracterÃsticas, las que no son nada nuevo en estos doce años de gobierno kirchnerista. Sin embargo, sà nos sorprenderemos si repasamos las calificaciones o descalificaciones dirigidas a los adherentes a los anteriores movimientos polÃticos que gobernaron el paÃs y los comparamos con las actuales.Repasemos, entonces, el último movimiento antimayoritarista, el antiperonismo, empezando por lo que fue la denominada Unión Democrática, como se llamó al movimiento/alianza que se presentó a los comicios de 1945 con el único propósito explÃcito de enfrentar al peronismo:
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Unión Democrática (Argentina).
En Argentina, la Unión Democrática, fue una alianza electoral realizada
en 1945 entre los partidos Unión CÃvica Radical, Socialista, Comunista y
Demócrata Progresista. En las elecciones del 24 de febrero de 1946 llevó como fórmula presidencial la integrada por los radicales José P. Tamborini y Enrique Mosca. La Unión Democrática que compitió con la fórmula Juan D. Perón-Hortensio Quijano, adoptó una postura estrictamente antiperonista y se disolvió luego de ser derrotada.

En 1945 la oposición comenzó a organizarse y coordinarse. La tarea fue realizada principalmente por el embajador de Estados Unidos, Spruille Braden,
un funcionario opuesto a los sindicatos y partidario de la polÃtica del gran garrote, que impulsaba la intervención abierta de Estados Unidos en los  paÃses latinoamericanos, con el argumento de combatir el nazismo en los años de la Segunda Guerra Mundial y el comunismo en la Guerra FrÃa. La oposición se concentró sobre la denuncia de la supuesta condición nazi del gobierno militar argentino y de la polÃtica laboral que estaba llevando con apoyo de un sector mayoritario del sindicalismo, y apuntó sus crÃticas principalmente contra el coronel Juan D. Perón, por entonces Vicepresidente, Ministro de Guerra y Secretario de Trabajo del régimen militar.
La primera acción coordinada de la oposición se concretó el 16 de junio
de 1945 con el famoso Manifiesto del Comercio y la Industria en el que 321 organizaciones patronales, lideradas por la Bolsa de Comercio y la Cámara Argentina de Comercio cuestionaban duramente la polÃtica laboral. La principal queja del sector empresario era que se estaba creando «un clima de recelos, de provocación y de rebeldÃa, que estimula el resentimiento, y un permanente espÃritu de hostilidad y reivindicación».
La polarización social y polÃtica continuó escalando. El antiperonismo tomó la bandera de la democracia y criticaba duramente las actitudes antidemocráticas de sus adversarios; el peronismo tomó como bandera la justicia social y criticaba duramente el desprecio por los trabajadores de sus adversarios. En sintonÃa con los términos de la polarización, el movimiento estudiantil expresaba su oposición con la consigna «no a la dictadura de las
alpargatas» y el movimiento sindical respondÃa con «alpargatas sÃ, libros no».
El 19 de setiembre de 1945 la oposición apareció unida por primera vez
con una enorme manifestación de más de 200.000 personas, la Marcha de la Constitución y la Libertad, que se dirigió del Congreso a la Recoleta. Cincuenta personalidades de la oposición encabezaban la marcha.Â
El historiador Miguel Ãngel Scenna comenta aquel hecho diciendo que: La marcha fue una espectacular demostración de poderÃo de la oposición. Una larga y compacta masa de 200.000 personas -algo pocas veces o nunca visto- cubrió aceras y calzadas.
Se ha dicho que la manifestación estaba mayoritariamente integrada por personas de clase media y alta, lo que resulta históricamente indiscutible,
pero ello no invalida el significado histórico de su amplitud social y su
pluralidad polÃtica. Desde el presente es posible interpretar que una de las dos mitades en que se estaba dividiendo la población estaba allÃ, pero en aquel momento la marcha aparecÃa como la unidad de prácticamente todas las fuerzas polÃticas y sociales que habÃan actuado en el paÃs hasta entonces.
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Creación de la Unión Democrática.
Luego del llamado a elecciones los partidos Socialista, Comunista,
Demócrata Progresista y el Partido Demócrata Nacional, insistieron en la necesidad de realizar una alianza con la Unión CÃvica Radical. Esta sin embargo se mantuvo indecisa, debido a la oposición del sector intransigente, encabezado por Amadeo Sabattini, Arturo Frondizi y Ricardo BalbÃn, entre otros.
Finalmente, el 14 de noviembre de 1945 se impuso el sector unionista de
la UCR para crear la Unión Democrática (UD) pero con la condición de que la fórmula presidencial fuera exclusivamente radical y que se excluyera al Partido Demócrata Nacional. El radicalismo eligió como candidatos a dos unionistas: José P. Tamborini y Enrique Mosca.
Adhirieron también a la UD pequeños partidos, como el Partido Popular
Católico y la Unión Centro Independientes, asà como importantes organizaciones estudiantiles (Federación Universitaria Argentina, Federación Universitaria de Buenos Aires, etc.), patronales (UIA, SRA, CAC, etc.), y profesionales (Centro de Ingenieros, Asociación de Abogados, Sociedad Argentina de Escritores, etc.).
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Campaña electoral.
En general las fuerzas polÃticas y sociales de la época preveÃan una
segura y amplia victoria de la Unión Democrática. El diario CrÃtica calculaba que Tamborini obtendrÃa 332 electores contra sólo 44 de Perón. Incluso, en febrero de 1946, los demócratas progresistas y los comunistas habÃan preparado un golpe de estado conducido por el Coronel Suárez, que la Unión CÃvica Radical consideró innecesario porque la elección estaba ganada.
Durante la campaña electoral sucedieron dos hechos que tuvieron
importantes consecuencias en el resultado final: En diciembre el gobierno sancionó el decreto-ley 33.302/45 creando el aguinaldo y otras mejoras laborales. Las organizaciones patronales  resistieron abiertamente la medida. Al finalizar diciembre de 1945 ninguna empresa habÃa pagado el aguinaldo. La CGT declaró entonces una huelga general, que fue respondida por el sector empresario con un lock-out en las grandes  tiendas comerciales. La Unión Democrática, incluyendo los partidos obreros que la integraban (Socialista y Comunista), apoyó en el conflicto al sector patronal criticando el aguinaldo. Sin embargo pocos dÃas después fue el propio sector empresario el que llegó a un acuerdo con los sindicatos y decidido aceptar el aguinaldo, aunque pagándolo en dos cuotas.
El otro hecho importante fue la publicación, menos de dos semanas antes
de las elecciones, el 11 de febrero de 1946, de una iniciativa oficial del
gobierno de los Estados Unidos con el tÃtulo de Consulta entre las repúblicas americanas respecto de la situación argentina, que
fue más conocido como el
Libro azul. La iniciativa habÃa sido preparada por Spruille Braden y consistÃa en una exposición de las supuestas complicidades de los gobiernos argentinos con los régimenes totalitarios europeos durante la Segunda Guerra Mundial.
Inmediatamente la Unión Democrática apoyó el Libro Azul y adicionalmente exigió la inhabilitación legal de Perón para ser candidato. Perón a su vez contraatacó planteando públicamente una simple disyuntiva que resultó sumamente exitosa: «Braden o Perón».
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Contra todos los pronósticos y las expectativas de ambos bandos, en las elecciones del 24 de febrero ganó Perón por 1.527.231 votos (55%) contra 1.207.155 votos a favor de Tamborini (45%), ganando además en todas la provincias menos Corrientes y Córdoba. La derrota fue particularmente decisiva para los partidos Socialista y Comunista, que no lograron ninguna representación en el Congreso Nacional, en el caso del socialismo por primera vez desde 1912.
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Consecuencias de la derrota del 24 de febrero de 1946.
La derrota electoral fue tomada como una debacle para la mayor parte de las fuerzas polÃticas que actuaron en la Unión Democrática, que nunca más
volvió a reunirse.
En la UCR, los intransigentes criticaron duramente a los unionistas hasta desplazarlos definitivamente del control del partido.
Los partidos Socialista y Comunista iniciaron una decadencia prolongada que los dejó casi sin representación en la clase obrera, sus electores naturales. En el caso del socialismo, desde ese momento, las diferentes posiciones a adoptar frente al peronismo fragmentarÃa al partido en gran cantidad de pequeños núcleos.
El Partido Demócrata Nacional (conservador) desapareció y nunca más
reapareció en Argentina un partido conservador con posibilidades electorales.
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En la formación de esta coalición electoral se consolidó lo que de allÃ
en adelante se denominó el antiperonismo.
Veamos cómo sucedió este fenómeno y encontraremos sugerentes coincidencias con la actualidad:
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El antiperonismo es una posición polÃtica que se caracteriza por una categórica oposición al peronismo, el movimiento polÃtico creado en Argentina por Juan Domingo Perón.
En 1955 a partir de una expresión usada en un programa humorÃstico,
comenzó a llamarse “gorilas†a los sectores antiperonistas. Con el correr de los años el término «gorilas» pasó a ser utilizado por peronistas y no peronistas para denominarlos con un sentido despectivo.
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Origen.
El antiperonismo fue la reacción de algunos sectores de la población
argentina contra el ascenso del coronel Juan Domingo Perón cuando se
desempeñaba como Secretario de Trabajo y Previsión, Secretario de Guerra y Vicepresidente de facto durante la dictadura surgida de la Revolución de 1943.
Contra el gobierno se ubicaron los antifascistas porque veÃan la
polÃtica de neutralidad de aquél como un signo de simpatÃa por el Potencias del Eje y también los sectores patronales y oligárquicos, resentidos por las polÃticas laborales impulsadas por Perón.
El embajador estadounidense en Argentina, Spruille Braden,1 en 1945
apoyó el movimiento antiperonista promoviendo una amplia coalición integrada por partidos polÃticos de izquierda y de derecha, el movimiento estudiantil, y
las organizaciones empresariales. Estados Unidos impulsó el antiperonismo a
través de su embajador como respuesta a la no beligerancia mantenida por Argentina durante gran parte de la Segunda Guerra Mundial, sostenida tanto por los gobiernos conservadores (1939-1943), como durante el gobierno militar (1943-1946).
Pocos dÃas antes de las elecciones, Braden, impulsó la invasión de la Argentina desde la OEA, mediante una publicación conocida como el Libro Azul.
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CaracterÃsticas.
A partir de 1945 la aparición del peronismo en Argentina produjo una
clara división social y polÃtica de la población, entre peronistas y antiperonistas, con componentes altamente emocionales.
En términos sociales, el antiperonismo tiene un gran arraigo en los sectores altos de la sociedad, en la que casi no hay simpatizantes peronistas, y una importante presencia en las clases medias urbanas, sobre todo de la Ciudad de Buenos Aires.
Para el conjunto de los intelectuales el gobierno de 1943 y la figura de Perón eran leÃdos exclusivamente dentro del contexto internacional que oponÃa a los Aliados con el nazismo y el fascismo, y de ahà que «Perón era percibido,
sobre todo, como una figura del régimen militar y, dentro de éste, formando parte de la fracción de coroneles pronazis».
Léxico y posiciones racistas del antiperonismo.
Algunos sectores antiperonistas desarrollaron posiciones racistas de
alto contenido emocional y gran difusión, en la que se considera a los peronistas como negros, dándole a la palabra negro un sentido peyorativo.
También formaron parte del léxico antiperonista apelativos despectivos como “cabecita negraâ€, “grasaâ€, â€descamisadoâ€, o “gronchoâ€. También se hizo famoso el término “aluvión zoológicoâ€, utilizado para definir la llegada del peronismo al poder, creado por el diputado radical Ernesto Sammartino, En esta posición racista antiperonista se destaca el rechazo a un amplio sector social denominado peyorativamente “cabecitas negras†y que fue una consecuencia posiblemente de la polÃtica clasista del propio Perón al dirigir su discurso y acción de gobierno a sus «descamisados». El término cabecita negra fue aplicado por sectores racistas para designar a las personas que migraron a partir de la década de 1930 desde las zonas rurales y más atrasadas del paÃs hacia las grandes ciudades y en especial Buenos Aires y se incorporaron como obreros industriales en las nuevas fábricas abiertas por el proceso de industrialización, dando lugar luego a las denominadas “villas†en el conurbano bonaerense a partir de la década de 1930.
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Antiperonismo y partidos polÃticos.
Con la llegada del peronismo al poder los partidos polÃticos argentinos
tendieron a dividirse en un sector abiertamente antiperonista y un sector más orientado a la convivencia y a establecer acuerdos con el peronismo. La Unión CÃvica Radical se dividió en 1957 y el sector más antiperonista se organizó en la Unión CÃvica Radical del Pueblo, UCRP, liderada por Ricardo BalbÃn. El otro sector, desarrollista y proclive a cierto diálogo con el peronismo,
especialmente por razones de estrategia electoral, fue la Unión CÃvica Radical Intransigente, UCRI, estuvo encabezado por Arturo Frondizi, quien fue Presidente con el apoyo de los votos peronistas.
El conservador Partido Demócrata Nacional también se dividió entre los
que mantenÃan una dura posición antiperonista encabezados por Horacio Thedy y los que no se oponÃan al peronismo, encabezado por Vicente Solano Lima.
El Partido Socialista también se dividió y el sector más antiperonista,
liderado por Américo Ghioldi, se organizó como Partido Socialista Democrático.
El Partido Comunista también adoptó una posición radicalmente antiperonista representada por Victorio Coddovila.
El antiperonismo está muy relacionado con la violencia polÃtica que
afectó a la Argentina entre 1945 y 1983. Entre los actos de violencia cometidos por grupos antiperonistas se destacan los atentados terroristas realizados por los llamados comandos civiles, entre los que se destaca el atentado terrorista en la Plaza de Mayo del 15 de abril de 1953. El 16 de junio de 1955 diversos grupos de militares y civiles antiperonistas bombardearon la Plaza de Mayo asesinando más de 300 personas y dejando heridas a otras 800.
Los grupos antiperonistas también participaron activamente en los golpes de Estado del 28 de septiembre de 1951, y 16 de septiembre de 1955 (Revolución Libertadora) y 24 de marzo de 1976 (Proceso de Reorganización Nacional).
La autodenominada «Revolución Libertadora» inició una polÃtica
para «desperonizar» el paÃs, que incluyó una polÃtica represiva
sistemática contra ciudadanos peronistas, con fusilamientos, detenciones, cesantÃas, discriminación polÃtica y proscripciones electorales que continuó hasta 1973. En especial se cuestionan los fusilamientos de 1956 contra el general Juan José Valle y otros militares y civiles peronistas que se habÃan levantado contra la dictadura, incluyendo los fusilamientos clandestinos de José León Suárez.
Repasemos ahora otros testimonios de conocidos intelectuales sobre esa época cambiante y de progreso evidente del paÃs:
«Cuando en la época de nuestra famosa Unión Democrática, tantos intelectuales de izquierda marchábamos al lado de conservadores como [Antonio] Santamarina y señoras de la sociedad, deberÃamos haber sospechado que algo estaba funcionando mal«.
Ernesto Sábato.
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«HabÃa dos paÃses en octubre de 1945: el paÃs elegante y
simpático con sus intelectuales y su sociedad distinguida sustentada en su clientela ‘romana’ y el paÃs de ‘la corte de los milagros’ que mostró entonces toda su rabia y toda su fuerza. ¡Nueve dÃas que sacudieron al paÃs! ¡Nueve dÃas en que la verdad se desnudó! ¡Nueve dÃas que cierran una época e inauguran
otra! (…) Desde luego, el odio no es el único ingrediente del peronismo pero es el fundamental, el cemento que aglutinó a las masas en torno a Perón».
Emilio Hardoy, dirigente conservador.
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«El malón peronista con protección oficial y asesoramiento policial que azotó al paÃs, ha provocado rápidamente – por su gravedad – la
exteriorización del repudio popular de todos los sectores de la república en millares de protestas. (…) Se plantea asà para los militantes de nuestro
partido una serie de tareas que, para mayor claridad, hemos agrupado en dos rangos: higienización democrática y clarificación polÃtica. Es decir, por un lado barrer con el peronismo (…). En el primer orden, nuestros camaradas deben organizar y organizarse para la lucha contra el peronismo, hasta su aniquilamiento. Corresponde aquà también, señalar la gran tarea de limpiar las
paredes y las calles de nuestras ciudades de las inmundas ‘pintadas’
peronistas. Que no quede barrio o pueblo sin organizar las brigadas de higienización democrática (…) reclamando la acción coordinada y unánime contra el peronismo y sus hordas. PERÓN ES EL ENEMIGO NÚMERO UNO DEL PUEBLO ARGENTINO».
Declaración del Partido Comunista argentino, 21 de octubre de 1945. «El peronismo: sus causas». Rodolfo Puiggrós.
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«Américo Ghioldi llegó, incluso, a definir como “fascistas†a las
multitudes movilizadas y a calificarlas como “bandas provenientes de las barriadas fangosas de Avellaneda y Berissoâ€.Â
“Las muchedumbres agraviaron el buen gusto y la estética de la ciudad, afeada por su presencia en nuestras calles. El pueblo las observaba pasar, un poco sorprendido al principio, pero luego con glacial indiferencia.â€
Diario CrÃtica, 17 de octubre de 1945
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“El 17 de octubre fue preparado por la PolicÃa Federal y la Oficina de
Trabajo y Previsión, convertida en una gran máquina de propaganda tipo fascista…â€
Unión CÃvica Radical.
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“Pero también se ha visto otro espectáculo, el de las hordas de desclasados haciendo de vanguardia del presunto orden peronista. Los pequeños clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad no representan a ninguna clase de la sociedad. Es el malevaje reclutado por la SecretarÃa de Trabajo y Previsión para amedrentar a la población.
â€Orientación, diario del Partido Comunista.
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«No sólo por los bombos, platillos, triángulos y otros improvisados instrumentos de percusión (esa gente) me recuerda las murgas de
carnaval, sino también por su indumentaria: parecen disfrazados de
menesterosos. Me pregunto de qué suburbio alejado provienen esos hombres y mujeres casi harapientos, muchos de ellos con vinchas que, como a los indios de los malones, les ciñen la frente y casi todos desgreñados.
MarÃa Rosa Oliver, escritora del grupo «Sur» y camarada de ruta del partido comunista.
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«El malevaje peronista, repitiendo escenas dignas de la época de Rosas y remedando lo ocurrido en los orÃgenes del fascismo en Italia y Alemania, demostró lo que era, arrojándose contra la población indefensa, contra el hogar, contra las casas de comercio, contra el pudor y la honestidad, contra la decencia, contra la cultura entregó las calles de la ciudad al peronismo bárbaro y desatado«.
Partido Comunista.
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No es necesario aclarar ya que el antimayoritarismo nunca pudo derrotar electoralmente al peronismo, por lo que tuvo que apelar a la violencia y al golpe de estado, a la proscripción electoral junto con una larga represión tanto fÃsica como simbólica contra los adherentes de ese movimiento popular. No obstante lo cual, la versión polÃtico-militar de aquel movimiento antimayoritario terminó entregándole el gobierno nuevamente en 1973 al peronismo luego de las elecciones generales de ese año.
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Peronismo, yrigoyenismo, son lo mismo, son todos de la misma calaña…
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Ya vimos las grandes coincidencias entre las calificaciones y descalificaciones de los oficialismos de ámbos perÃodos, pero lo mismo puede verse al repasar lo que se decÃa a principios del
siglo pasado con relación al yrigoyenismo y sus seguidores:
“Aparecieron en manadas los radicales del Parque, surgieron “dotores y más “dotoresâ€, cuyas melenas cortadas en el cogote a filo de navaja y los cuellos altos, no siempre limpios, denunciaban larga ascendencia de pañuelo al
cuello y pantalón bombilla. Las chinas, pintadas de albayalde, trepadas a sus tacones Luis XV, decoraban las antesalas y repartÃan miradas tropicales entre
la canalla ensoberbecida, candombe peor que de negros, de mulatos. Color chocolate en los rostros y color chocolate en las concienciasâ€.
Valenti Ferro, Enzo. “Qué quieren los nacionalistasâ€, Bs As, 1933.
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“El espectáculo que presentaba la casa de gobierno…era pintoresco y bullicioso. Como en un hormiguero, la gente, en su mayorÃa mal trajeada, entraba y salÃa hablando y gesticulando con fuerza. Un ordenanza me condujo a la sala de espera… Vi allà un conjunto de personas de las más distintas cataduras: una mujer de humilde condición con un chiquillo en los brazos, un mulato en camiseta, calzado con alpargatas, que fumaba y escupÃa sin cesar, un señor de edad que parecÃa funcionario jubilado, dos jóvenes radicales que conversaban con vehemencia de polÃtica con un criollo medio viejo de tez curtida, al parecer campesino, por su indumentaria y su acentoâ€.
Ibarguren, Carlos, “La historia que he vividoâ€, Bs As, EUDEBA, 1969, pág. 300.
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“Ya por entonces el Congreso estaba lleno de chusma y guarangos inauditos. Se habÃa cambiado el lenguaje parlamentario usual, por el habla soez de los suburbios y los comités radicales. Las palabras que soltaban de sus bocas esos animales no habÃan podido ser dichas nunca ni en una asamblea salvaje del Africa o del Asia. En el Congreso ya no se pronunciaban discursos, sino que se rebuznaba y la barra secundaba los actos de su amigosâ€.
Bosch, Mariano “Historia del partido Radicalâ€, BsAs, pág . 214
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“Hubo el encumbramiento por el favor presidencial de los elementos más inferiores de la sociedad… En realidad, una verdadera turba allà acampada, en espera permanente del beneficio, la dádiva, el empleo prometido… Fue un pronunciamiento de la plebe, de la masa popular desheredada.â€
Pinedo, Federico (abuelo del actual diputado del PRO), “En tiempos de la Repúblicaâ€, Edit. Mundo Forense, Bs As, 1946, pág. 40.
Textos extractados de «La Causa Radical contra El Régimen Conservador (1850-1928)» Norberto Galasso.
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“Este hombre (Yrigoyen) no tiene energÃas, ni tiene voluntad, tiene una obstinación, un deseo de decidir el voto de los electores por medio de favores, servicios, prebendas y promesas, se puede llegar a situaciones insostenibles.
Hay una clase de parasitismo populachero, que es insaciable… Todo esto prepara situaciones sociales realmente pavorosas, tan serias y tan complicadas, que
muchas veces imponen la necesidad de apelar a recursos extremos…â€
Nicolás Repetto, legislador socialista, en la Cámara de Diputados.
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“Yrigoyen significó un anacronismo, un paso atrás hacia la barbarie y un ultraje a la cultura alcanzada. Fue la invasión del bajo fondo en su parte enferma al poder, el fandango de la cocina instalada en la sala, el asalto a las arcas públicas por todo género de delincuentes, la humillación de toda manifestación de cultura
por la hez del conventillo…
“Una horda, un hampa habÃa acampado en las esferas oficiales y plantado en ellas sus tiendas de mercaderes, comprando y vendiéndolo todo, desde lo más sagrado hasta el honor de la Patria… La época yrigoyenista ha pasado ya vomitada por el pueblo al gheto de la historia.â€
Discurso de Sánchez Sorondo en 1930, luego del derrocamiento de Yrigoyen.
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| El dictador Uriburu saludando a la multitudluego de derrocar al presidente Yrigoyen |
“Se han resucitado las prácticas de la mazorca llevando el terror a todas partes… El pueblo creyó en su caudillo con fe ciega. Y no vio nada, no vio la Patria… El lÃder pudo convivir con todos y vibró con unos pocos, con los peores… Por eso ha terminado solo, absolutamente soloâ€.
Extractado de Revista El Hogar de 1930, luego del derrocamiento de Yrigoyen.
Nota completa
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Veamos ahora un esclarecedor video sobre este perÃodo de nuestra historia.
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Vemos aquà nuevamente la apelación del antimayoritarismo a la violencia polÃtica y la proscripción del oficialismo, en este caso el yrigoyenismo, para conquistar el gobierno.
Para darle un marco teórico que explique mejor estas coincidencias en lo que los integrantes de la “intelectualidad†del antimayoritarismo piensan de los diferentes movimientos populares mayoritarios y sus simpatizantes en todas las épocas, veamos un extracto del siguiente análisis:
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La racionalidad en polÃtica.
Racionalidad tradicionalista.
Hay grupos polÃticos que practican una racionalidad tradicionalista, basada en la costumbre, que en los hechos lleva a la inmovilidad polÃtica, económica y social. De tal modo, se desechan los posibles cambios, porque se supone que sus resultados llevarÃan a una situación peor que la actual. En realidad se trata de impedir que cambien las relaciones de poder en una sociedad. Es la polÃtica de las viejas oligarquÃas y del
establishment, cuyo eslogan podrÃa ser la ironÃa del polÃtico francés Edgar Faure: “El inmovilismo está en marcha y ya nada podrá detenerloâ€; para comprobarlo, en nuestra situación actual basta con recordar la racionalidad tradicional neoliberal que practica la mayorÃa de la oposición argentina.
Racionalidad emocional.
En polÃtica, la racionalidad emocional es la que se determina por los amores y odios. Suele surgir cuando un grupo social que ha dominado a través de la historia, siente que está perdiendo su hegemonÃa polÃtica. Entonces se exacerban los instintos primarios, tales como la conservación y la apropiación; de ellos resultan dos fuertes sentimientos: el miedo, que es defensivo, y la cólera, que es agresiva. De allà que el debate polÃtico pueda ponerse agresivo. En el caso argentino muchos se niegan a pensar en nombre de un prejuicio, como lo señalo Horacio González; y mal se puede razonar si no se piensa.
Esta racionalidad emocional ha derivado en una irracionalidad
polÃtica, que se parece al masoquismo. Una parte de la población obra en contra de sus propios intereses económicos, sea porque se encierra en sus prejuicios o porque es vÃctima de una psicosis masoquista.
En la Argentina, en el último decenio se duplicó el número de
integrantes de la clase media, según cálculos del Banco Mundial. Ahora ocurre que la preocupación de muchos de ellos es diferenciarse de las clases populares a las que pertenecÃan hasta hace muy poco; y que en muchos casos apoyan a partidos polÃticos opositores, que si pudieran los expulsarÃan de su situación actual. ¿No se dieron cuenta que ascendieron a los consumos de la clase media gracias a la polÃtica económica aplicada; y que si el establishment volviera a gobernar descenderÃan con violencia en la escala social, como ya ocurrió cada vez que cayeron gobiernos peronistas? No se hagan ilusiones: su situación no es irreversible. Con el agravante de que el establishment tomará todas las medidas
para intentar no perder nunca más el poder polÃtico.
En particular, este fenómeno es observable en el comportamiento
reaccionario de la oposición, que instala vÃa sus comunicadores, sus especialistas, sus referentes, la idea de irracionalidad de toda polÃtica nacional que defienda los intereses populares. Transforma su racionalidad parcial en la Razón sin más, y vemos como en el campo simbólico “civiliza†sus objetivos de clase a través de la universalización forzada (lo que es bueno para mi interés egoÃsta en bueno para todos); “barbariza†todo otro objetivo incompatible (las polÃticas populistas nos llevan al desastre, financian vagos, estamos fuera del mundo, según dicen).
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Para finalizar, podemos concluir que el movimiento antimayoritarista o antimayoritarismo argentino goza de buena salud, que sus principios y postulados siguen siendo los mismos, pero sus métodos ya no lo son, la violencia y los golpes de estado que utilizó en otros años hoy en dÃa son reprobados por las grandes mayorÃas, aunque no por minorÃas encapsuladas de la sociedad, las que resaltan en cada manifestación callejera opositora o en los foros virtuales de los diarios, revistas y blogs opositores. Sin embargo, muchos de los argumentos y descalificaciones más elaboradas dirigidos contra los movimientos mayoritarios gobernantes y sus seguidores en las épocas analizadas aquÃ, podemos verlos resurgir actualmente, y no sólo en boca de «la gente» en las marchas o cacerolazos opositores sino, principalmente, en los medios hegemónicos.Es que hoy vemos que el antimayoritarismo actual está encarnado en los factores de poder permanente y sus medios de difusión (como antes, como siempre), además de en los partidos opositores que intentan aliarse bajo ese paraguas mediático corporativo, y están ávidos de derrotar al oficialismo actual de manera concluyente, de modo de que no vuelva al poder nunca más. Incluso ponen más empeño en esta tarea destructora que en generar un proyecto alternativo de poder que seduzca a los votantes no oficialistas (otra notable coincidencia histórica con sus antecesores). Es evidente que el temor a que esta operación no resulte atiza el lenguaje más violento; la desesperación de no encontrar los medios democráticos adecuados para forzar la salida del oficialismo del poder evoca argumentos u operaciones mediáticas cada vez más estrambóticas, falibles, de corto plazo y muchas veces contraproducentes.
Como hemos visto, este movimiento polÃtico, el antimayoritarismo, sigue vigente hoy en dÃa, y nos atrevemos a afirmar aquà que seguirá vigente siempre que un verdadero movimiento popular logre llegar al gobierno e intente conseguir el poder para defender los intereses mayoritarios de la población (como lo hicieron el yrigoyenismo, el peronismo y el kirchnerismo) lo que se suele denominar, desde siempre, el «bien común».