La posible defunción del FPV tan discutida en estos dÃas no debe ser confundida con la pretendida muerte
del kirchnerismo (el famoso «fin de ciclo K» una vez más).
Muchos analistas y polÃticos refractarios al movimiento popular que gobernó al paÃs durante estos últimos doce años confunden muchas veces las posibilidades fácticas de acontecimientos futuros con sus propios deseos, como hemos tratado tantas veces en Basurero Nacional. Hagamos una vez más un ejercicio de repaso histórico de la polÃtica nacional, lo que nos situará mejor en la realidad argentina en esta materia.
Tras la Revolución Libertadora que en 1955 derrocó por la fuerza al segundo gobierno de Perón, casi ningún analista o medio de comunicación de la época dudaba de la segura muerte del peronismo. La dura y monopólica campaña de desprestigio impulsada por la dictadura y la oligarquÃa autóctona contribuirÃan a ello, difundiendo y acrecentando los errores polÃticos y económicos del peronismo, los casos de corrupción y el lado autoritario del “régimen†(que era, en realidad, un rasgo de época de la Argentina pre y pos peronista), o inventándolos en caso de ser necesario (lo que efectivamente ocurrió). El lÃder prohibido, viviendo en el exilio (el «tirano prófugo) no tenÃa posibilidades de defenderse, al igual que sus partidarios, militantes o simple seguidores, encarcelados, perseguidos o proscriptos. En el paÃs habÃa sólo una voz, una versión de lo sucedido en la década anterior, y por años se trató de inculcar que todo lo peronista era corrupto, económicamente desastroso y polÃticamente equivocado y

antidemocrático casi por definición.
No vamos aquà a desarrollar la historia polÃtica de esos años ni citar ejemplos históricos que avalan nuestra afirmación (algunos ya tratados en notas anteriroes de Basurero Nacional); pero sà hemos de subrayar las evidentes coincidencias entre aquel proceso de deslegitimación del peronismo derrotado (no mediante los votos sino mediante las botas, y el presente, en su versión kirchnerista, sà derrotado en las urnas por un par de puntos porcentuales, además del proceso posterior al derrocamiento del primer movimiento popular que gobernó al paÃs en el siglo pasado: el yrigoyenismo.
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El movimiento derrocado en 1930 no pudo ser desaparecido en la década siguiente, ni aún tras la muerte de su lÃder en 1933. Por supuesto, la UCR siguió viva, dividida y cooptada por el «régimen» que don Hipólito tanto combatió, pero el yrigoyenismo, tan vapuleado por sus casos de corrupción y errores en su polÃtica social o económica, siguió vivito y coleando, e incluso reivindicado en sus logros polÃticos y económicos hasta hoy.
Lo mismo puede decirse del peronismo, al que se lo llamó durante esos años “la segunda tiranÃaâ€, adoptando la clasificación que la historia oficial, mitrista, le endilgaba a los 
gobiernos rosistas del siglo XIX: la “tiranÃa de Rosasâ€. A sólo tres años de derrocado, el radicalismo en su versión frondisista (UCRI) para acceder al gobierno tuvo que pactar con el «tirano prófugo», invisibilizado, y su partido proscripto para los medios de la dictadura para poder llegar a la presidencia de la semidemocracia que nos dejó la «libertadora». La avalancha de votos peronistas y no peronistas que llevó a Perón a su tercera presidencia demostró la inutilidad de esa táctica de «lidericidio» que el régimen conservador intentó, aún estando en el poder y en el gobierno a la vez.
Es que en ambos casos los movimientos populares en el poder lograron establecer nuevos derechos y un bienestar económico en el pueblo todo. Y eso es algo que ningún velo polÃtico o propagandÃstico puede enterrar. Son logros que se viven, se saborean y nunca más se olvidan. Que con el tiempo pueden pasar desapercibidos por el usufructo cotidiano, que pueden inducir saludablemente a requerir más derechos, más y mejores beneficios económicos o sociales, pero que ante la pérdida o amenaza de pérdida de ellos renacen en el inconsciente colectivo y mueven a la lucha. Sólo una dictadura feroz como la de los años setenta puede acallar por un tiempo prolongado esa reivindicación, esa lucha, pero nunca hacerla desaparecer.
También podemos citar como contraejemplo los casos del alfonsinismo y el menemisno. En primer caso, aún cuando su salida del gobierno fue estrepitosa y manchada por sus  desmanejos económicos (muy bien aprovechada por el menemismo triunfante) y por sus titubeos en materia de derechos humanos, con los años muchas de sus polÃticas siguen siendo reivindicadas y el prestigio de Raúl AlfonsÃn sigue vigente.
En el caso del menemismo, se da un caso opuesto a los mencionados al comienzo. Aún cuando Carlos Menem gobernó durante diez años al calor de las urnas y triunfó incluso en 2003 (cuando el modelo económico neoliberal que vio la luz en su seno ya habÃa estallado), nadie puede decir que es un ex presidente prestigioso. El menemismo en sà no existe, más allá de algunos bolsones riojanos. Tal es asà que hasta el macrismo, digno heredero de su proyecto económico, social y de polÃtica exterior, ni siquiera puede reconocer ese plagio.
Y es entonces cuando podemos asimilar el actual proceso de deskirchnerización que tanto el gobierno como los medios de comunicación hegemónicos han puesto en funcionamiento con
aquellos intentos de desyrigoyenizar o desperonizar al paÃs. Como adelantamos aquàen Antimayoritarismo, el movimiento polÃtico más antiguo del paÃs, luego de finalizados los gobiernos populares exitosos, a diferencia de Yrigoyen (que habÃa fallecido) Cristina Fernández está en edad activa para ejercer la polÃtica, y a diferencia de Perón (exiliado y prohibida su palabra) Cristina cuenta con una envidiable llegada a sus seguidores (no existe un monopolio de la palabra del oficialismo, como sà sucedÃa durante la «Libertadora») y con un prestigio intacto debido a los logros económicos y sociales de los gobiernos kirchneristas. Incluso es dudosa la magnitud del daño que puedan acarrear los casos de corrupción que aparezcan de funcionarios de su gobierno; atemperados además por la propia defensa que pueda esgrimir ella misma. La historia de

este tipo de movimientos muestra que el prestigio con que cuentan resiste bastante bien la corrosión polÃtica de los casos de corrupción, verdaderos o inventados que los involucran. Un activo fundamental con el que contaron para resistir el paso del tiempo fuera del gobierno y las campañas de desprestigio e impugnación, fueron las polÃticas antipopulares de los gobiernos que los sucedieron, el desmantelamiento de sus logros y los derechos conseguidos durante sus años de gobierno. No es necesario aclarar que los casos de corrupción o de errores en las polÃticas de esos movimientos populares con los que el establishment intenta siempre deslegitimar sus polÃticas pueden existir o no, pero el objetivo final es hacer desaparecer su llegada al pueblo, anular sus logros y no corregir sus equivocaciones. Como se suele decir sobre el peronismo: lo atacan por sus logros, no por sus errores. Y lo mismo podemos ver hoy en dÃa en relación con el kirchnerismo; y además ese intento de desgaste lo realiza un gobierno cuya ideologÃa y métodos polÃticos
son similares a los de los gobiernos que sucedieron a los movimientos populares exitosos anteriores, los que intentaron enterrarlos: a los de la «década infame», a los pos-peronistas (principalmente las dictaduras) y al menemista.

El tema más utilizado por los medios y el macrismo para denostar al kirchnerismo, desde que llegó al gobierno, es la corrupción. Tanto los hechos en sà como los protagonistas de los mismos desfilan diariamente en los medios, y los polÃticos opositores al gobierno kirchnerista se solazan opinando sobre los mismos. Sin embargo, si ponemos en contexto este hecho veremos que nunca en nuestra historia un gobierno produjo una transferencia de riqueza tan grande y tan rápida desde las clases bajas y medias a las altas; lo que queda sepultado por ese desfile cotidiano de noticias sobre corrupción. Y, vaya paradoja, esa misma transferencia regresiva de ingresos oculta tras la campaña “esclarecedora†de la corrupción kirchnerista es realizada por un gobierno intrÃnsecamente corrupto en materia polÃtica, ya que los ministerios están ocupados por ejecutivos de las empresas multinacionales directamente beneficiados por sus respectivas medidas, como por ejemplo el caso del ministro de EnergÃa y MinerÃa, Aranguren, ex presidente de una petrolera y titular de acciones de la misma (Shell). Sin mencionar que muchos (demasiado) de sus funcionarios son titulares de cuentas y empresas offshore, cuyo propósito es, quien puede negarlo, la evasión de capitales del paÃs y de sus respectivos impuestos.
Los gobiernos que sucedieron a los movimientos populares anteriores impulsaron polÃticas económicas y sociales antagónicas a las de los gobiernos depuestos, y utilizaron la corrupción de los mismos como caballito de batalla para tapar los
resultados perniciosos de sus propias polÃticas. Como lo muestra la historia polÃtica argentina, ese método no fue efectivo: el yrigoyenismo y el peronismo son aún hoy movimientos polÃticos prestigiosos y sus polÃticas son reivindicadas décadas después de sus gobiernos. En cambio, los que los sucedieron e intentaron anularlos, hacerlos desaparecer del inconsciente colectivo nacional apenas son recordados.
En la actualidad, el macrismo parece ocupar ese mismo lugar de impugnación de un movimiento polÃtico exitoso, utilizando el mismo método de trabajo para ocultar sus propias polÃticas perniciosas. Incluso, no es descabellado señalar que el gobierno y el establishment intentan caracterizar al kirchnerismo como una especie de “tercera tiranÃaâ€, recordando la labor de la “Revolución Libertadoraâ€â€¦ Tanto es asÃ, que hasta podemos aventurar que los resultados finales de esa campaña serán similares, y el kirchnerismo seguirá siendo un factor polÃtico ineludible en los años por venir. Incluso con posibilidades ciertas de retorno al gobierno en algún frente electoral futuro, y su lÃder indiscutible, Cristina Fernández, seguirá siendo un referente inevitable y de peso para cualquier gobierno futuro no macrista. Por supuesto, siempre y cuando el macrismo y los medios hegemónicos que lo apoyan (por el momento) continúen con la misma lógica en sus polÃticas de borrado del kirchnerismo. Y por eso, de seguir asÃ, en un tiempo podremos decirle, quizás: «los muertos que vos matáis gozan de buena salud».
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Notas anteriores de Basurero Nacional sobre el tema:
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