A punto de cumplir un año fuera del gobierno, el peronismo aún no logró reconstruirse ni se alineó detrás de un nuevo liderazgo
Partido Justicialista. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk
El peronismo es un partido de poder. Nació en el poder, vive por el poder y está acostumbrado al poder. Pero dentro de 12 dÃas cumplirá su primer año en la oposición: apenas el noveno de los 33 que pasaron desde el retorno de la democracia.
¿Qué dice el balance de este primer año lejos de la Casa Rosada y enfrentado a Mauricio Macri? ¿Cómo se resolverá la crisis que envuelve al partido desde la derrota estrepitosa del año pasado? ¿Hay puntos de contacto entre el presente del peronismo y sus otras versiones opositoras, de 1983 y 1999? La «rebelión» de esta semana contra la reforma polÃtica ¿es coyuntural? ¿O marca un cambio de estrategia?
Andrés Malamud, doctor en Ciencias Sociales y PolÃticas, propuso un esquema para encarar el análisis global: tres etapas de un proceso que el peronismo repitió cada vez que perdió unas elecciones presidenciales. «Después de la derrota vienen la división y la pelea por la sucesión, la disputa en las elecciones -siempre en las generales, nunca en las internas- y, por último, el reordenamiento detrás del nuevo lÃder, que es el que gana las elecciones intermedias», enumera. A grandes rasgos, ese camino se repitió luego de las caÃdas de 1983 y 1999, aunque con diferencias entre sà y respecto del proceso actual.
Los especialistas consultados por LA NACION coincidieron en que una de las diferencias más notorias entre los panoramas posteriores a los triunfos de Raúl AlfonsÃn y Fernando de la Rúa y el actual es el «enorme grado de fragmentación» que hoy atraviesa al PJ.
«En 1984 también hubo partición, pero la división en dos sectores, conservadores y renovadores, decantó más rápido y fue más tajante que ahora. En 1985, el enfrentamiento dual estaba clarÃsimo», aportó el sociólogo y doctor en Ciencia PolÃtica Gerardo Aboy Carlés.
Fruto de esa división temprana y tajante entre dos facciones -la conservadora encarnada en principio por Herminio Iglesias y la renovadora por Antonio Cafiero- derivó en la única vez en la que el PJ recurrió a unas internas para elegir candidato a presidente: el enfrentamiento entre Cafiero y Carlos Menem en 1988.
Malamud recordó que en aquel momento nadie creÃa que Menem pudiera ser el candidato del PJ. «En los 80 Menem era el caballo que venÃa de atrás y ganó», recordó. Según el politólogo, esa dinámica podrÃa repetirse en las elecciones legislativas del año próximo. «Es probable que nos sorprendamos con un candidato que hoy no está a la vista, un caballo que quiebra», opinó.
Más allá de la crisis de liderazgo, la última semana mostró a senadores y gobernadores del PJ unidos detrás del rechazo a la reforma polÃtica: un golpe al núcleo de la agenda no urgente pero sà medular de Cambiemos.
Para Aboy Carlés, el endurecimiento responde a más de un factor. «En la medida en que se acercan las elecciones se modifica la dinámica parlamentaria porque empieza a ganar peso la competencia polÃtica. Además, en este caso el PJ reaccionó frente a un tema que lo afecta directamente», enumeró. Sin embargo, consideró que el fracaso del debate en el Senado respondió más «a la intransigencia y la torpeza polÃtica» del Gobierno de querer avanzar con un proyecto sensible sin haberse garantizado el consenso («Es un lujo que sólo pueden darse los gobiernos con mayorÃas parlamentarias», dijo) que a otra razón.
Malamud, en tanto, opinó que el PJ aprovechó la reforma polÃtica «como un pretexto para ensayar unidad y mostrarse como alternativa frente a un gobierno en problemas» y también para enviar un mensaje «hacia adentro». «Es un sopapo al Gobierno y a los dos candidatos que venÃan sacando la cabeza, [Sergio] Massa y [Juan Manuel) Urtubey, que apoyaron la reforma. Es pura ganancia para el PJ», evaluó.
Para Hugo Quiroga, politólogo y profesor de la Universidad Nacional de Rosario, la crisis actual del peronismo tiene caracterÃsticas que la hacen original. El académico se detuvo en la derrota del PJ en grandes centros urbanos (más allá de la provincia de Buenos Aires, como en 1983) y el hecho de que el revés haya sido a manos de una fuerza nueva como Pro y no de la UCR, su histórico verdugo.
Mapa inédito
También Aboy Carlés destacó la derrota en los distritos más poblados (Buenos Aires, ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza) como un factor clave del panorama actual. «Haber perdido en los bastiones con más recursos y visibilidad afecta mucho la dinámica de la reconstrucción. No hay primus inter pares. No existe «el gobernador» que tenga peso por sobre los demás. Eso potencia la acefalÃa», advirtió el sociólogo.
El haber perdido con Pro y no con la UCR como principal rival también fue señalado por el historiador Fernando Rocchi, aunque con matices. «El PJ siempre tuvo enfrente a un partido de clase media, no de derecha, aunque es difÃcil definir a Pro en esos términos. Es una experiencia inédita, pero no cambia tanto la dinámica. El gran problema del peronismo son ellos mismos, no a quién tienen enfrente», evaluó el profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.
Sobre el papel del PJ en su primer año en la oposición, Quiroga señaló que el partido «hizo un acuerdo de gobernabilidad» y contrapuso esa actitud con las del pasado. «El PJ apoyó a AlfonsÃn frente a los golpes militares, pero la contracara fue la presión sindical posterior con los 13 paros». Respecto de De la Rúa, avaló la hipótesis de la «contribución desestabilizadora de un sector del PJ bonaerense» a su caÃda.
¿Y el rechazo a la reforma polÃtica? Para Quiroga, el freno responde a la naturaleza de los acuerdos de gobernabilidad y no alcanza para hablar de un cambio de tendencia. «Esos acuerdos nunca son lineales ni permanentes. Lo que pasó con la reforma refleja la enorme fragmentación del PJ, por la que, frente a determinados temas muy caros a sus intereses, retira su apoyo.»
Aboy Carlés hizo foco en el rol del sindicalismo. «En los primeros meses de 1984 ya se estaba discutiendo la ley Mucci y la presión de los gremios era enorme. En 2000 la presión se dio en el Congreso y, en menor medida, a través de los gremios, con el debate de la reforma laboral», repasó. Hoy, en cambio, «el sindicalismo está dividido y tiene menos peso» en el mapa de la reconstrucción, cerró.
Por último, los académicos coincidieron en que el peronismo «difÃcilmente» supere la crisis actual y procese la reconstrucción partidaria a través de una interna, en contra de lo que propone la mayorÃa de sus protagonistas. Aluden no sólo a la falta de costumbre, sino, y sobre todo, al grado de atomización, que es para todos ellos inédito. Sà creen que, como lo hizo tantas veces en el pasado, el peronismo finalmente encontrará la vÃa de la resurrección porque, como lo sintetizó Rocchi, «el PJ no tiene vocación de suicidio».
Las cinco tribus de un universo en crisis
Los gobernadores
Son la «fuerza oculta» de la presión del PJ en el Congreso en general y en el Senado en particular. El ánimo conciliador con el que iniciaron el año fue mutando a mayor presión por discusiones cruciales, como el presupuesto y la reforma polÃtica, que sepultaron esta semana. Un grupo de ellos pretende encabezar la renovación
Los intendentes bonaerenses
Aunque están divididos en cuatro grupos, son los dueños de una buena tajada de poder territorial en el principal distrito y piensan hacerlo valer en la reconstrucción. Manejan una parte de los votos que el gobierno provincial necesita para aprobar el presupuesto
Los sindicatos
Pese a la unificación de la CGT, el mapa gremial sigue dividido. El Gobierno demostró cintura para aplacar la presión con concesiones como el pago de la deuda a las obras sociales y el bono de fin de año. Como es habitual, los gremialistas no definirán apoyos polÃticos hasta último momento y esperarán que la polÃtica mueva sus fichas
Los bloques legislativos
Con Miguel Pichetto a la cabeza y el apoyo o resistencia a las leyes que necesita el Gobierno como arma de presión, los senadores juegan en nombre de los gobernadores. En Diputados la atomización cristalizó rápido. El rol de con Sergio Massa, el futuro del bloque K y la emergencia de figuras como Diego Bossio tallan en el futuro del PJ
El cristinismo
El apoyo en torno al 30% que conserva Cristina Kirchner siembra interrogantes sobre el rol del cristinismo y La Cámpora en el reordenamiento. Algunos creen que ya no tiene espacio y otros advierten que aún retiene cuotas de poder
Partido Justicialista. Foto: LA NACION / Ricardo Pristupluk
El peronismo es un partido de poder. Nació en el poder, vive por el poder y está acostumbrado al poder. Pero dentro de 12 dÃas cumplirá su primer año en la oposición: apenas el noveno de los 33 que pasaron desde el retorno de la democracia.
¿Qué dice el balance de este primer año lejos de la Casa Rosada y enfrentado a Mauricio Macri? ¿Cómo se resolverá la crisis que envuelve al partido desde la derrota estrepitosa del año pasado? ¿Hay puntos de contacto entre el presente del peronismo y sus otras versiones opositoras, de 1983 y 1999? La «rebelión» de esta semana contra la reforma polÃtica ¿es coyuntural? ¿O marca un cambio de estrategia?
Andrés Malamud, doctor en Ciencias Sociales y PolÃticas, propuso un esquema para encarar el análisis global: tres etapas de un proceso que el peronismo repitió cada vez que perdió unas elecciones presidenciales. «Después de la derrota vienen la división y la pelea por la sucesión, la disputa en las elecciones -siempre en las generales, nunca en las internas- y, por último, el reordenamiento detrás del nuevo lÃder, que es el que gana las elecciones intermedias», enumera. A grandes rasgos, ese camino se repitió luego de las caÃdas de 1983 y 1999, aunque con diferencias entre sà y respecto del proceso actual.
Los especialistas consultados por LA NACION coincidieron en que una de las diferencias más notorias entre los panoramas posteriores a los triunfos de Raúl AlfonsÃn y Fernando de la Rúa y el actual es el «enorme grado de fragmentación» que hoy atraviesa al PJ.
«En 1984 también hubo partición, pero la división en dos sectores, conservadores y renovadores, decantó más rápido y fue más tajante que ahora. En 1985, el enfrentamiento dual estaba clarÃsimo», aportó el sociólogo y doctor en Ciencia PolÃtica Gerardo Aboy Carlés.
Fruto de esa división temprana y tajante entre dos facciones -la conservadora encarnada en principio por Herminio Iglesias y la renovadora por Antonio Cafiero- derivó en la única vez en la que el PJ recurrió a unas internas para elegir candidato a presidente: el enfrentamiento entre Cafiero y Carlos Menem en 1988.
Malamud recordó que en aquel momento nadie creÃa que Menem pudiera ser el candidato del PJ. «En los 80 Menem era el caballo que venÃa de atrás y ganó», recordó. Según el politólogo, esa dinámica podrÃa repetirse en las elecciones legislativas del año próximo. «Es probable que nos sorprendamos con un candidato que hoy no está a la vista, un caballo que quiebra», opinó.
Más allá de la crisis de liderazgo, la última semana mostró a senadores y gobernadores del PJ unidos detrás del rechazo a la reforma polÃtica: un golpe al núcleo de la agenda no urgente pero sà medular de Cambiemos.
Para Aboy Carlés, el endurecimiento responde a más de un factor. «En la medida en que se acercan las elecciones se modifica la dinámica parlamentaria porque empieza a ganar peso la competencia polÃtica. Además, en este caso el PJ reaccionó frente a un tema que lo afecta directamente», enumeró. Sin embargo, consideró que el fracaso del debate en el Senado respondió más «a la intransigencia y la torpeza polÃtica» del Gobierno de querer avanzar con un proyecto sensible sin haberse garantizado el consenso («Es un lujo que sólo pueden darse los gobiernos con mayorÃas parlamentarias», dijo) que a otra razón.
Malamud, en tanto, opinó que el PJ aprovechó la reforma polÃtica «como un pretexto para ensayar unidad y mostrarse como alternativa frente a un gobierno en problemas» y también para enviar un mensaje «hacia adentro». «Es un sopapo al Gobierno y a los dos candidatos que venÃan sacando la cabeza, [Sergio] Massa y [Juan Manuel) Urtubey, que apoyaron la reforma. Es pura ganancia para el PJ», evaluó.
Para Hugo Quiroga, politólogo y profesor de la Universidad Nacional de Rosario, la crisis actual del peronismo tiene caracterÃsticas que la hacen original. El académico se detuvo en la derrota del PJ en grandes centros urbanos (más allá de la provincia de Buenos Aires, como en 1983) y el hecho de que el revés haya sido a manos de una fuerza nueva como Pro y no de la UCR, su histórico verdugo.
Mapa inédito
También Aboy Carlés destacó la derrota en los distritos más poblados (Buenos Aires, ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Mendoza) como un factor clave del panorama actual. «Haber perdido en los bastiones con más recursos y visibilidad afecta mucho la dinámica de la reconstrucción. No hay primus inter pares. No existe «el gobernador» que tenga peso por sobre los demás. Eso potencia la acefalÃa», advirtió el sociólogo.
El haber perdido con Pro y no con la UCR como principal rival también fue señalado por el historiador Fernando Rocchi, aunque con matices. «El PJ siempre tuvo enfrente a un partido de clase media, no de derecha, aunque es difÃcil definir a Pro en esos términos. Es una experiencia inédita, pero no cambia tanto la dinámica. El gran problema del peronismo son ellos mismos, no a quién tienen enfrente», evaluó el profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.
Sobre el papel del PJ en su primer año en la oposición, Quiroga señaló que el partido «hizo un acuerdo de gobernabilidad» y contrapuso esa actitud con las del pasado. «El PJ apoyó a AlfonsÃn frente a los golpes militares, pero la contracara fue la presión sindical posterior con los 13 paros». Respecto de De la Rúa, avaló la hipótesis de la «contribución desestabilizadora de un sector del PJ bonaerense» a su caÃda.
¿Y el rechazo a la reforma polÃtica? Para Quiroga, el freno responde a la naturaleza de los acuerdos de gobernabilidad y no alcanza para hablar de un cambio de tendencia. «Esos acuerdos nunca son lineales ni permanentes. Lo que pasó con la reforma refleja la enorme fragmentación del PJ, por la que, frente a determinados temas muy caros a sus intereses, retira su apoyo.»
Aboy Carlés hizo foco en el rol del sindicalismo. «En los primeros meses de 1984 ya se estaba discutiendo la ley Mucci y la presión de los gremios era enorme. En 2000 la presión se dio en el Congreso y, en menor medida, a través de los gremios, con el debate de la reforma laboral», repasó. Hoy, en cambio, «el sindicalismo está dividido y tiene menos peso» en el mapa de la reconstrucción, cerró.
Por último, los académicos coincidieron en que el peronismo «difÃcilmente» supere la crisis actual y procese la reconstrucción partidaria a través de una interna, en contra de lo que propone la mayorÃa de sus protagonistas. Aluden no sólo a la falta de costumbre, sino, y sobre todo, al grado de atomización, que es para todos ellos inédito. Sà creen que, como lo hizo tantas veces en el pasado, el peronismo finalmente encontrará la vÃa de la resurrección porque, como lo sintetizó Rocchi, «el PJ no tiene vocación de suicidio».
Las cinco tribus de un universo en crisis
Los gobernadores
Son la «fuerza oculta» de la presión del PJ en el Congreso en general y en el Senado en particular. El ánimo conciliador con el que iniciaron el año fue mutando a mayor presión por discusiones cruciales, como el presupuesto y la reforma polÃtica, que sepultaron esta semana. Un grupo de ellos pretende encabezar la renovación
Los intendentes bonaerenses
Aunque están divididos en cuatro grupos, son los dueños de una buena tajada de poder territorial en el principal distrito y piensan hacerlo valer en la reconstrucción. Manejan una parte de los votos que el gobierno provincial necesita para aprobar el presupuesto
Los sindicatos
Pese a la unificación de la CGT, el mapa gremial sigue dividido. El Gobierno demostró cintura para aplacar la presión con concesiones como el pago de la deuda a las obras sociales y el bono de fin de año. Como es habitual, los gremialistas no definirán apoyos polÃticos hasta último momento y esperarán que la polÃtica mueva sus fichas
Los bloques legislativos
Con Miguel Pichetto a la cabeza y el apoyo o resistencia a las leyes que necesita el Gobierno como arma de presión, los senadores juegan en nombre de los gobernadores. En Diputados la atomización cristalizó rápido. El rol de con Sergio Massa, el futuro del bloque K y la emergencia de figuras como Diego Bossio tallan en el futuro del PJ
El cristinismo
El apoyo en torno al 30% que conserva Cristina Kirchner siembra interrogantes sobre el rol del cristinismo y La Cámpora en el reordenamiento. Algunos creen que ya no tiene espacio y otros advierten que aún retiene cuotas de poder