Dos artÃculos dedicados a los millennials salieron el mismo dÃa en el New York Times y en El PaÃs. El artÃculo de Sarah Leonard y el de Antonio Navalón hablaban del mismo tema, pero de formas completamente distintas, incluso opuestas. Navalón tenÃa un tono arrogante y vagamente reaccionario: según él, los millennials no han producido ninguna idea que no sea relativa a una nueva aplicación para el smartphone y no tienen ninguna opinión polÃtica.
Sarah Leonard observa, por el contrario, que los más jóvenes han votado mayoritariamente por Sanders, Corbyn y Mélenchon, es decir, tres viejos polÃticos con un nivel cultural incomparablemente superior a sus oponentes, que reivindican los valores polÃticos del socialismo y encarnan la coherencia ética de quien no se ha plegado al conformismo de la izquierda neoliberal.
¿Existe la generación millennial?
Antes de preguntarme quién de los dos tiene razón, me pregunto si es legÃtimo el uso de la noción de generación. ¿Se trata de un concepto sociológicamente fundado o polÃticamente homogéneo? DirÃa que no. No existe ninguna homogeneidad generacional sobre el plano de las expresiones culturales o polÃticas. Existe sin embargo una homogeneidad generacional que depende del contexto tecno-antropológico. Y esto cuenta muchÃsimo, naturalmente, sobre todo cuando estamos hablando del salto técnico gigantesco que representa hoy la transición digital.
Por tanto, es legÃtimo indagar en la especificidad de la generación conectiva que los periodistas han llamado «generación millennial». Pero no me parece igualmente legÃtimo identificarla como si expresase comportamientos homogéneos sobre el plano electoral o el plano de la acción consciente.
El artÃculo de Sarah Leonard subraya el hecho de que esta generación está debiendo pagar las consecuencias de la agresividad neoliberal y busca ahora volver a vincularse a la generación de sus abuelos, experimentando un cierto disgusto por la miseria psÃquica y moral de la de sus padres, que han aceptado el chantaje neoliberal. El artÃculo de Navalón me parece superficial e irritante, pero tampoco la aproximación de Leonard me convence del todo. Refiriéndose al comportamiento polÃtico, Navalón destaca el rechazo a comprometerse polÃticamente y la tendencia abstencionista de los más jóvenes, mientras que Leonard dice lo contrario. ¿Tienen razón ambos? ¿O ninguno de los dos?
La generación precaria, a pesar de estar capturada en el universo técnico conectivo, ha comenzado a rechazar la hipocresÃa de la izquierda neoliberal que la ha condenado a la precariedad y a los salarios de miseria en nombre del interés exclusivo del capital financiero. Pero me pregunto si en muchos casos los más jóvenes no manifiestan un desinterés total por la polÃtica por considerarlo un arte del pasado que no parece tener ya ninguna eficacia sobre el presente, reducido como está a ser un ritual de legitimación de los poderes financieros.
En los últimos dÃas, todo el mundo se apresta a saludar al triunfador de las elecciones francesas, pero el acontecimiento significativo no ha sido la falsa victoria del polo de poder que promete desplegar una nueva ofensiva contra los trabajadores. El evento extraordinario ha sido que el 57% de los franceses no ha votado. Macron representa una minorÃa del electorado francés. Lo ha votado la burguesÃa de izquierda y la burguesÃa de derecha que pretenden hacer pagar a los trabajadores cada vez más precarios las cuentas de la sumisión al dominio financiero europeo.
Sufrimiento, malestar, precariedad
En el último decenio, he estudiado la primera generación conectiva (mis libros están dedicados sobre todo a este objeto misterioso). Pero no me he propuesto en absoluto definir a los millennials en términos polÃticos. Si queremos encontrar un elemento de especificidad es mejor no centrarse en las preferencias electorales, porque es un dato completamente superficial. Hay que enfocar más bien el sufrimiento, la soledad y el suicidio. Son el sufrimiento, el malestar y la precariedad como impotencia y como fragilidad las caracterÃsticas que nos permiten, no tanto tener una definición, como aferrar un rasgo de subjetivación posible de la generación conectiva.
Tras la victoria de Trump muchas universidades americanas organizaron distintas iniciativas de apoyo psicológico para los estudiantes traumatizados por el giro que ha dado su paÃs. Algo impensable para mi generación: habrÃamos arrasado la ciudad a hierro y fuego para detener el avance del fascismo. Pero serÃa un idiota si en esta oposición generacional me quedase con un aprecio reaccionario por la mitologÃa agresiva de mi generación. La trayectoria de formación de la conciencia es indisociable de contextos técnicos y culturales que son totalmente diferentes.
En Estados Unidos se habla de snow flake generation (generación copo de nieve) para proponer una nueva definición de los súper-observados millennials. La fragilidad de un copo de nieve es una caracterÃstica psicológica, tal vez estética, sólo de manera muy indirecta polÃtica.
Los blairistas-macronistas deberán responder ante el tribunal de la historia (que no existe) por la destrucción psÃquica y la instrumentalización de una generación que contiene potencialidades inmensas, pero no ha sabido transformarlas en un proceso consciente y organizado. La izquierda neoliberal ha engañado a las generaciones emergentes, que ahora parecen empezar a comprender el truco y ya no se dejan capturar tan fácilmente en el mito idiota de la competición a muerte con fines de crecimiento y la auto-explotación.
Cuando los millennials se vuelvan capaces de transformar su fragilidad en autonomÃa comenzará quizá un proceso verdadero de liberación, que no pasa por las elecciones (o no sólo por ahÃ), sino que deberá involucrar la auto-organización del saber y la tecnologÃa, la distribución de la riqueza, la libertad del trabajo y la emancipación del hacer.
Cuando los millennials se liberen de las mentiras en las cuales el blairismo-macronismo los ha enjaulado, cuando encuentren el camino hacia la amistad que hoy tanto les asusta, entonces tal vez la salida del infierno capitalista aparecerá como algo más simple de lo previsto: esta vÃa de salida coincide con la solidaridad y conduce a liberar la única potencia de la que disponemos (los millennials más que todas las generaciones precedentes): la inteligencia colectiva, la amistad en el conocimiento.
Una entrevista a Franco Berardi (Bifo) en ‘Interferencias’, por Amador Fernández-Savater: «Una sublevación colectiva es antes que nada un fenómeno fÃsico, afectivo, erótico».
Sarah Leonard observa, por el contrario, que los más jóvenes han votado mayoritariamente por Sanders, Corbyn y Mélenchon, es decir, tres viejos polÃticos con un nivel cultural incomparablemente superior a sus oponentes, que reivindican los valores polÃticos del socialismo y encarnan la coherencia ética de quien no se ha plegado al conformismo de la izquierda neoliberal.
¿Existe la generación millennial?
Antes de preguntarme quién de los dos tiene razón, me pregunto si es legÃtimo el uso de la noción de generación. ¿Se trata de un concepto sociológicamente fundado o polÃticamente homogéneo? DirÃa que no. No existe ninguna homogeneidad generacional sobre el plano de las expresiones culturales o polÃticas. Existe sin embargo una homogeneidad generacional que depende del contexto tecno-antropológico. Y esto cuenta muchÃsimo, naturalmente, sobre todo cuando estamos hablando del salto técnico gigantesco que representa hoy la transición digital.
Por tanto, es legÃtimo indagar en la especificidad de la generación conectiva que los periodistas han llamado «generación millennial». Pero no me parece igualmente legÃtimo identificarla como si expresase comportamientos homogéneos sobre el plano electoral o el plano de la acción consciente.
El artÃculo de Sarah Leonard subraya el hecho de que esta generación está debiendo pagar las consecuencias de la agresividad neoliberal y busca ahora volver a vincularse a la generación de sus abuelos, experimentando un cierto disgusto por la miseria psÃquica y moral de la de sus padres, que han aceptado el chantaje neoliberal. El artÃculo de Navalón me parece superficial e irritante, pero tampoco la aproximación de Leonard me convence del todo. Refiriéndose al comportamiento polÃtico, Navalón destaca el rechazo a comprometerse polÃticamente y la tendencia abstencionista de los más jóvenes, mientras que Leonard dice lo contrario. ¿Tienen razón ambos? ¿O ninguno de los dos?
La generación precaria, a pesar de estar capturada en el universo técnico conectivo, ha comenzado a rechazar la hipocresÃa de la izquierda neoliberal que la ha condenado a la precariedad y a los salarios de miseria en nombre del interés exclusivo del capital financiero. Pero me pregunto si en muchos casos los más jóvenes no manifiestan un desinterés total por la polÃtica por considerarlo un arte del pasado que no parece tener ya ninguna eficacia sobre el presente, reducido como está a ser un ritual de legitimación de los poderes financieros.
En los últimos dÃas, todo el mundo se apresta a saludar al triunfador de las elecciones francesas, pero el acontecimiento significativo no ha sido la falsa victoria del polo de poder que promete desplegar una nueva ofensiva contra los trabajadores. El evento extraordinario ha sido que el 57% de los franceses no ha votado. Macron representa una minorÃa del electorado francés. Lo ha votado la burguesÃa de izquierda y la burguesÃa de derecha que pretenden hacer pagar a los trabajadores cada vez más precarios las cuentas de la sumisión al dominio financiero europeo.
Sufrimiento, malestar, precariedad
En el último decenio, he estudiado la primera generación conectiva (mis libros están dedicados sobre todo a este objeto misterioso). Pero no me he propuesto en absoluto definir a los millennials en términos polÃticos. Si queremos encontrar un elemento de especificidad es mejor no centrarse en las preferencias electorales, porque es un dato completamente superficial. Hay que enfocar más bien el sufrimiento, la soledad y el suicidio. Son el sufrimiento, el malestar y la precariedad como impotencia y como fragilidad las caracterÃsticas que nos permiten, no tanto tener una definición, como aferrar un rasgo de subjetivación posible de la generación conectiva.
Tras la victoria de Trump muchas universidades americanas organizaron distintas iniciativas de apoyo psicológico para los estudiantes traumatizados por el giro que ha dado su paÃs. Algo impensable para mi generación: habrÃamos arrasado la ciudad a hierro y fuego para detener el avance del fascismo. Pero serÃa un idiota si en esta oposición generacional me quedase con un aprecio reaccionario por la mitologÃa agresiva de mi generación. La trayectoria de formación de la conciencia es indisociable de contextos técnicos y culturales que son totalmente diferentes.
En Estados Unidos se habla de snow flake generation (generación copo de nieve) para proponer una nueva definición de los súper-observados millennials. La fragilidad de un copo de nieve es una caracterÃstica psicológica, tal vez estética, sólo de manera muy indirecta polÃtica.
Los blairistas-macronistas deberán responder ante el tribunal de la historia (que no existe) por la destrucción psÃquica y la instrumentalización de una generación que contiene potencialidades inmensas, pero no ha sabido transformarlas en un proceso consciente y organizado. La izquierda neoliberal ha engañado a las generaciones emergentes, que ahora parecen empezar a comprender el truco y ya no se dejan capturar tan fácilmente en el mito idiota de la competición a muerte con fines de crecimiento y la auto-explotación.
Cuando los millennials se vuelvan capaces de transformar su fragilidad en autonomÃa comenzará quizá un proceso verdadero de liberación, que no pasa por las elecciones (o no sólo por ahÃ), sino que deberá involucrar la auto-organización del saber y la tecnologÃa, la distribución de la riqueza, la libertad del trabajo y la emancipación del hacer.
Cuando los millennials se liberen de las mentiras en las cuales el blairismo-macronismo los ha enjaulado, cuando encuentren el camino hacia la amistad que hoy tanto les asusta, entonces tal vez la salida del infierno capitalista aparecerá como algo más simple de lo previsto: esta vÃa de salida coincide con la solidaridad y conduce a liberar la única potencia de la que disponemos (los millennials más que todas las generaciones precedentes): la inteligencia colectiva, la amistad en el conocimiento.
Una entrevista a Franco Berardi (Bifo) en ‘Interferencias’, por Amador Fernández-Savater: «Una sublevación colectiva es antes que nada un fenómeno fÃsico, afectivo, erótico».