Artepolítica

Como el flautista de Hamelin. Meritocracia, jerarquías, aspiración.

 

Por Paula Canelo.

Recientemente, el Jefe de Gabinete Marcos Peña participó en un encuentro con los miembros del Club Político Argentino. Allí expresó interesantes definiciones sobre la fuerza política que nos gobierna, con una inesperada cintura política y una inquietante performance electoral. Según Peña, Cambiemos es “un animal nuevo en el zoológico”; por eso, dijo, “a veces no se nos entienden las señales. Tenemos otra señalética”. “Si tenemos un dogma”, admitió, “es trabajar para la construcción de una mirada aspiracional” 1.

La lentitud con que la oposición reacciona frente a este “nuevo animal”, es inversamente proporcional a la velocidad con que éste construye su promesa de “cambio cultural”. Promesa que hace posible su proyecto social regresivo, y que combina tres ejes.

El primer eje contrapone meritocracia con prebenda. ¿Qué es el mérito sino un criterio de justicia, que define qué caminos son legítimos y qué caminos no lo son para, por ejemplo, ascender socialmente? Entre estos criterios legítimos se encuentran, por ejemplo, el esfuerzo, el sacrificio, el talento, y otros de larga presencia en el imaginario de vastos sectores de nuestra sociedad.

Frente al mérito Cambiemos opone la prebenda, y otros criterios vinculados con la recepción de beneficios estatales, siempre ilegítimos: las dádivas demagógicas, los consumos artificiales, los subsidios indignos. “Es demagógico que un jubilado cobre 15000 pesos”, “les hicieron creer que podían vivir de esa forma eternamente”, se lamentaba por nosotros nuestra vicepresidenta Gabriela Michetti. “Le hemos devuelto a la población la dignidad de pagar lo justo por los servicios que recibe”, celebraba el presidente Macri.

La meritocracia promovida por Cambiemos es inseparable del que conocemos como imaginario individualista. Durante mucho tiempo asociamos este imaginario con los sectores altos, medios y medios-bajos de nuestra sociedad, mientras que a los sectores populares le atribuíamos propiedades vinculadas con lo colectivo: la homogeneidad, la solidaridad. Sin embargo, algunos estudios recientes nos muestran que el imaginario individualista ha desbordado a los sectores medios y altos para incluir también a los llamados sectores populares, atravesando en forma “vertical” la pirámide social (en forma similar al voto a Cambiemos, ¿no?).

No sabemos mucho aún sobre esta “individualidad popular”2, pero probablemente varias de las políticas de integración implementadas durante los años kirchneristas, que acercaron a los sectores populares a nuevos consumos, prácticas y valores, hayan fortalecido (paradójicamente, sí) su individualización. ¿Cuánto de este imaginario individualista, y de la creencia en las bondades de la meritocracia, influyen en las amplias adhesiones populares a Cambiemos, de las que el voto es sólo una instantánea?

Cambiemos nos propone dos modelos meritocráticos. Por un lado, los CEOs: individuos cuyos méritos ya habrían sido validados en el sector privado (escenario de una supuesta competencia libre y transparente). Los CEOs, nos dicen, personifican valores centrales del cambio cultural de Cambiemos, como la eficiencia o la transparencia; que, también nos dicen, son intercambiables, por lo que podría gestionarse con ellos no sólo una empresa privada, sino también la “cosa pública”. Y la vida toda, ¿por qué no?

Por otro lado, los “emprendedores”: individuos en estado puro, “hiperactores” despojados de todas las protecciones institucionales. Sus méritos permanecen siempre sujetos a verificación, ya que dependen del “éxito” (resultado) que obtengan en sus emprendimientos. Y además, privados de todo, los emprendedores deben innovar. ¿Cómo no ver en el rostro del emprendedor la cara más descarnada y voraz de la meritocracia?

Continuemos con el segundo eje del cambio cultural de Cambiemos: la naturalización de las jerarquías sobre la politización de las desigualdades. Atención con este punto: la meritocracia aplica para toda la sociedad menos para los “notables” que nos gobiernan. Ellos no serían meritócratas, sino una minoría “natural”, poseedora de propiedades excepcionales.

¿Cuáles serían esas propiedades, las del “mejor equipo de los últimos 50 años”? Primero, una inquebrantable cohesión interna, frente a una sociedad sometida a la fragmentación e individualización más feroces. Una minoría homogénea que gobierna a mayorías heterogéneas, y que lo son cada vez más gracias a las políticas implementadas precisamente por esa minoría. ¿Este imperativo de cohesión no explicará, al menos en parte, la exasperada protección del gobierno a funcionarios tan indefendibles como Triaca, Bullrich, Aguad, Caputo?

Segundo, una común pertenencia de clase. Esta minoría que nos gobierna ocupa “naturalmente” (porque sí) las posiciones más altas en la jerarquía social, en muchos casos gracias a atributos heredados, sobre los que no tiene responsabilidad, como la riqueza familiar. ¿A nuestro entender nuestro presidente se toma demasiadas vacaciones?: el ocio ha sido siempre un derecho natural de las elites. ¿Nos resulta incomprensible que los escándalos de las off-shore no les hagan mella?: a los ricos, sólo por ser ricos, se les permiten prácticas y se les aplican reglas diferentes a las del resto de la sociedad. “Los funcionarios tienen derecho a tener su dinero en el exterior”, defiende el ministro Dujovne; “es como una caja de seguridad”, nos explica, didáctico, el ministro Caputo.

Si los Macri, Peña, Braun, Prat Gay, y otros, suspendieron su cómoda vida de privilegios para rescatarnos de la prebenda, de la política, de la realidad, teniendo que embarrarse en este loco “zoológico” político nuestro, ¿cómo no agradecerles?

Mostrarse unidos y ricos es, para los miembros de Cambiemos, un extraordinario capital político-electoral. Por eso ambas propiedades (cohesión interna y pertenencia de clase) son insistentemente escenificadas mediante la “nueva señalética” que mencionaba Peña. ¿Creemos que puede funcionar el acusarlos de ser “un gobierno de ricos para ricos”? Ellos hacen de esa condición una virtud. Ellos son, en suma, una minoría excepcional, garante del mantenimiento del orden social, de las jerarquías perturbadas por la politización de las desigualdades que acompañaba al modelo anterior3.

Finalmente, proponemos como tercer eje para entender el cambio cultural de Cambiemos la oposición entre aspiración y realidad (concreta, tangible, cotidiana). La aspiración como promesa tiene una potencia extraordinaria.

Primero, porque para ser efectiva no necesita cumplirse: no requiere verificarse en la realidad, al menos en lo inmediato. El individuo que aspira no necesariamente pide resultados concretos en el corto plazo. Sólo debe mantener la aspiración como horizonte y confirmar en el poder a quien se presente como el gestor más eficiente en la tarea de despejar los obstáculos que puedan presentarse. Ahora bien ¿y si alguno de esos obstáculos resulta ser el prójimo? La aspiración no necesita cumplirse, sino mantenerse como tal ¿Puede Macri prometernos en 2016, 2017 y 2018, una y otra vez, que “lo peor ya pasó”? Puede. ¿Puede Peña decirnos que “el tarifazo es una percepción subjetiva”? Puede. Sí, pueden.

Segundo, la aspiración como promesa es un verdadero desafío para cualquier oposición. Porque no puede ser confrontada denunciando que no está siendo cumplida: sentencias como “el gobierno miente”, o “no cumple sus promesas”, no debilitan la eficacia de la promesa aspiracional. ¿Deberemos aceptar que “la única verdad es la realidad” ha perdido parte de su validez para enfrentar la promesa aspiracional? ¿Habrá dejado la realidad de ser la única verdad?

Sólo una promesa de futuro amplia, cargada de afectividad y emociones, que compita más en el plano de lo simbólico que en el de “la realidad”, podrá interrumpir esta marcha nuestra hacia lo que se parece mucho a un río donde ahogarnos.

Felices, eso sí: conducidos por la hipnótica melodía del flautista de Hamelin.

1 “El gobierno, los intelectuales y los usos políticos del pasado. Marcos Peña estuvo esta semana en el Club Político Argentino. El desinterés oficial por involucrarse en pensar el pasado fue motivo de críticas.”, Infobae, 25 de marzo de 2018.

2 ARAUJO, Kathya y Danilo MARTUCCELLI (2015): “Las individualidades populares. Análisis de sectores urbanos en Chile”, en Latin American Research Review, Vol. 50, No. 2, LASA.

3 CANELO, Paula (2017): “Un mundo con los pobres bien lejos”, Artepolítica, 15 de diciembre de 2017.

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Diez años de Artepolítica

¿Es mucho o es poco? Lo único seguro es que hace 10 años habíamos leídos menos libros, habíamos ido a menos marchas, habíamos votado menos veces, habíamos ganado y perdido menos elecciones. Incluso algunos de nosotros teníamos menos hijos, menos títulos y menos amores. Había menos redes sociales y por eso había más asados.

En el medio hicimos todas esas cosas y algunas más. En el medio seguimos posteando. Algunos se fueron, entraron otros –ese temita del trasvasamiento-, fuimos cambiando de idea sobre algunas cuestiones y reafirmando otras.
En todos estos años también tratamos de aprender. Y a veces lo logramos, especialmente al intercambiar pareceres, reuniones y vino con otros lectores y escritores.

Otras cosas, aunque ya pasó una década, siguen igual. Entre ellas una voluntad de pensar y compartir ese pensamiento. Esa creencia terca en que las ideas sirven para algo más. Como el debate público: nos apasiona, nos motiva, creemos en su utilidad. Todavía nos resta saber para qué, pero sabemos que sirven.

La otra cosa que sigue igual es esto, que es un fragmento del primer posteo de Artepolítica, un 31 de marzo de 2008: “Creemos que la política no es el arte de lo posible, sino el arte de descubrir, inventar, juntos, lo posible. Creemos que la política debe ser reivindicada, estudiada, pensada y practicada, porque la alternativa a la organización política es la dominación, ya sea violenta o tecnocrática. Creemos en la democracia. También creemos que la democracia es el nombre que tiene una cierta manera, la mejor manera, de crear poder. Creemos que, en política, quien calla, otorga. Por eso, los que hoy lanzamos Artepolítica, no somos neutrales. Con aciertos y errores, marchas y contramarchas, vamos a elegir, siempre, caminar por los caminos polvorientos del campo popular”.

Ya eramos amigos y compañeros. Ahora lo somos mucho más.

 

 

 

AP la hacen hoy: María Esperanza Casullo, Nicolás Tereschuk, Pablo Carnaghi, Abelardo Vitale, Tomás Aguerre, Sol Prieto, Federico Vázquez, Mariano Fraschini, Sergio De Piero, Martín Astarita, Mariano Montes.  

El eje puesto en las paritarias

 

Informe del Instituto de Trabajo y Economía (ITE) de la Fundación Germán Abdala

 

Durante los primeros dos meses del año empezaron a darse las primeras discusiones paritarias, que se perfilan como una de las batallas económicas más importantes de 2018. Con la credibilidad de la meta de inflación seriamente afectada luego de los incumplimientos de 2016 y 2017 y la reformulación para la meta para el 2018, el objetivo del gobierno de encausar las paritarias en un entorno de discusión entre 12% y 15% de aumento parece de difícil concreción.

La reformulada meta de inflación para 2018 establece que el objetivo es llegar a una variación interanual a diciembre de 15%. Partiendo de los valores de enero (ver sección anterior), para alcanzar dicha meta será necesario un proceso de desinflación sostenido, que de darse hará que la inflación promedio de 2018 se ubique cerca 19,8%.

Por la tanto, la pauta de paritarias promovida por el gobierno implica que las organizaciones sindicales validen una caída, o en el mejor de los casos un estancamiento del salario real. Si en cambio se produjera un nuevo incumplimiento como sucedió en años anteriores, escenario en el que coinciden la mayoría de los consultores y centros de estudio (entre los que se incluye ITE) esta caída sería todavía mayor.

En este contexto, la negociación paritaria 2018 luce sumamente compleja. Frente a esta situación el gobierno ha recurrido a una doble estrategia: por un lado, se prepara para a una prolongada confrontación en algunos frentes sensibles, mientras que en paralelo maquilla acuerdos con algunos gremios “cercanos”, con el objetivo de que la pauta informada sea más baja que la que efectivamente percibirán los trabajadores.

Dentro del primer grupo, el caso más claro es el de los trabajadores bancarios, donde el ofrecimiento de aumento para 2018 fue de solamente el 9%, lo cual está dando lugar a un conflicto que ya lleva casi dos meses y se sostiene gracias a la intransigencia de la banca pública, aun cuando una parte de la banca privada estaría más permeable a una negociación en otros términos.

Otro de los frentes abiertos es el de los docentes y trabajadores de la educación. Si bien el énfasis esta puesto en la Provincia de Buenos Aires, las disputas se multiplican en las diferentes jurisdicciones. Aunque los conflictos al inicio de las clases son un clásico de todos los años, la derogación de la paritaria nacional, además de sumar un foco de tensión, eliminó una instancia de coordinación en el siempre complejo mundo de las relaciones laborales del sector educativo.

Mientras tanto, a la vez que confronta en varios frentes, en otros el gobierno propicia la realización de acuerdos que implican la reapertura de la paritaria del año pasado, a cambio de un menor aumento para el 2018. Si bien en algunos casos esto ya estaba previsto, con el objetivo de aliviar hacia atrás la pérdida acumulada desde 2016, al otorgarse ahora afectaran el crecimiento del salario real en 2018.

El caso más claro fue el de los trabajadores municipales de la Ciudad de Buenos Aires, donde se anunció un aumento del 12% en dos tramos: 8% en abril y 4% en agosto. La propia organización gremial salió a aclarar que los aumentos son acumulativos y que en marzo los trabajadores recibirán un aumento adicional del 3%, correspondiente a la renegociación de la paritaria del año pasado, con lo cual los salarios que percibirán los municipales durante 2018 serán un 19% más altos que los de 2017[1]. Es probable que esta pauta implique una caída en el salario real, pero más moderada que con un acuerdo del 12% sin reapertura de la paritaria anterior[2].

Algo similar ocurrió con la negociación del gremio Obras Sanitarias, donde se acordó una recomposición en marzo de 2,8% (correspondiente a la paritaria pasada) y sobre eso un 15% de incremento. El dato llamativo es que la negociación de los acuerdos se adelantó, lo cual implica un mayor crecimiento cuando se comparan los salarios de todo 2018 con los del año anterior.

El caso más relevante por la cantidad de trabajadores que abarca es el de los empleados de comercio. En este caso, la secuencia fue similar, a principios de año se “reabrió” la paritaria 2017 y se otorgó un 5% de aumento (1,7% en enero, 1,6% en febrero y 1,6% en marzo), lo que hizo que la negociación 2018 parta de un piso salarial más alto del que estaba vigente en diciembre de 2017.

Durante 2017, en promedio, el salario de la categoría representativa se incrementó 31,8% respecto a 2016, por encima de la inflación de 2017, por lo tanto, el aumento del primer trimestre de 2018 estaría más vinculado a “preparar el terreno” para un acuerdo del 15%, que a la recomposición de poder adquisitivo.

Asimismo, en abril se llegó a un acuerdo de aumento del 15% (10% en abril y 5% en agosto), los salarios de los mercantiles durante 2018 estarán en promedio un 21,4% por encima que los de 2017[3].

Salario de empleados de comercio con pauta del 15%

Ratio base I.16 = 100

Fuente: elaboración propia en base a escalas salariales del convenio colectivo

 

Este maquillaje, que busca instalar una pauta de aumento sensiblemente inferior a la efectiva no es un tema menor, ya que en un esquema de negociación como en el argentino, donde no hay mecanismos formales de coordinación entre los diferentes sectores, el criterio que prima es el de la imitación.

La efectividad de esta estrategia habrá de medirse no en la cantidad de acuerdos que se cierren en torno al 15%, sino en función de aquellos que lo hagan sin recomposición de los haberes correspondientes al acuerdo salarial del año anterior.

[1] Si en vez del año calendario se considera el periodo de la vigencia de la paritaria, el aumento será de 17,9%.

[2] Incluso la asociación gremial informó que a mediados de año estaría acordado un re-encasillamiento del personal, que implicaría una suba adicional del 5% en promedio.

[3]  Si se considera el periodo de vigencia del acuerdo esta suba sería de 20%, siempre que no haya nuevas actualizaciones en el mes de enero de 2019, como ha sucedido en 2017 y 2018.

 

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Entrevista a Eduardo Jozami: “El Frente es tan importante como el candidato”

 

 

Iniciamos con esta publicación una serie de entrevistas a dirigentes de la oposición, a cargo de Manuel Barrientos y Matías Cerezo

 

Distintos sectores del peronismo comenzaron a buscar una reunificación de sus fuerzas con vistas a las presidenciales de 2019. El Encuentro por la Unidad que se realizó el 8 de febrero en la UMET y en el que participaron referentes del kirchnerismo, el Frente Renovador y el randazzismo pareció derribar ciertas fronteras que se consideraban infranqueables hasta pocos meses atrás.

Integrante de Carta Abierta y de Participación Popular, Eduardo Jozami analiza las potencialidades y límites de la constitución de un frente electoral que reúna a las vertientes dispersas del peronismo y pide que se preste atención al diálogo con los movimientos sociales, los sectores disidentes del radicalismo e incluso los partidos de izquierda. El ex director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, también señala que no se deben apresurar las postulaciones, por cuestiones tácticas y porque “por primera vez puede darse una situación en la que el frente es casi tan importante como el candidato”.

 

¿Qué balance hace del encuentro en la UMET? ¿Qué perspectivas abre de cara a las presidenciales de 2019?

Es un buen comienzo, porque implica que mucha gente entendió que es importante la mirada opositora y los distintos sectores del peronismo que acudieron ahí pudieron deponer las diferencias -más o menos importantes- que se venían teniendo en estos últimos años. Aún falta mucho, en cuanto a la convocatoria de otros sectores. Incluso hubo otras reuniones paralelas, que no son para nada contradictoras con la reunión en la UMET. El ánimo es que todo esto termine en una única gran convocatoria. Me parece que es muy notable el cambio que se dio a partir de diciembre y, fundamentalmente, de la discusión parlamentaria de la reforma previsional y la gran movilización social que la acompañó. Hoy no hay en el peronismo sectores que abiertamente se pronuncien en contra del kirchnerismo; quedan algunos dirigentes, pero son poco representativos. En el Frente Renovador están planteadas las dos posiciones, el compromiso de Daniel Arroyo y de Felipe Solá con este proyecto me parece sólido. Es muy difícil saber cuál va a ser la situación final de Sergio Massa, pero no veo que él pueda convertirse en el líder de otra convocatoria peronista. Si el proceso de la unidad del peronismo avanza es probable que los que se nieguen a sumarse a esta convocatoria, ante la polarización, terminarán muy cerca del Gobierno. Por otro lado, uno siempre puede discutir cuál es la profundidad de los acuerdos; por ser un comienzo no debería ser excesivamente exigente, pero yo diría que me pareció interesante y positivo el contenido general de los discursos, porque el tono fue unánimemente opositor. Desde ya que hay más que matices que se pudieron observar, sobre todo en los debates en las comisiones, donde algunos temas se profundizaron más, pero quedó claro que la posibilidad de una unidad del peronismo que convoque a la mayor parte del movimiento y a una unidad opositora -que es el siguiente paso necesario- sólo puede construirse sobre la base de un claro programa alternativo al neoliberalismo. 

Se comenzó a abrir un debate sobre dónde poner el foco de esa unidad. Algunos plantean que el peronismo debe ser el núcleo que empiece a unificar, y otros sostienen que debe ser una propuesta de centro-izquierda. ¿Qué piensa al respecto?

Quienes reivindicamos los doce años de kirchnerismo y nos seguimos identificando como kirchenristas, obviamente que ante cualquier propuesta de unidad vamos a defender esa historia y esa mirada sobre el país, más allá de todas las cosas que se reconocen que deben cuestionarse, replantearse, etcétera. Pero si hiciéramos hoy una convocatoria desde la centro-izquierda exclusivamente, me parece que es una convocatoria que casi que el kirchnerismo se hace a sí mismo… No porque no haya otros sectores no kirchenristas que pueden considerarse como centro-izquierda, pero no atacaría el núcleo o el problema central que hay que tratar de resolver para construir un frente opositor que realmente tenga posibilidades de derrotar al macrismo. Ese problema es el de la unidad peronista. Por supuesto que tampoco puede pensarse que el peronismo solo resuelve esto, porque se ha demostrado que no es así, ya que desde Menem en adelante, cada vez que el peronismo convocó y llegó a unificar a la mayoría de los peronistas fue con una definición muy clara en un sentido o en otro. Hoy necesitamos un peronismo que sepa convocar a todo el campo popular y tenga un discurso que pueda dialogar con los radicales que hoy están incómodos con el macrismo y los sectores de centro-izquierda que acompañaron al kirchnerismo; y con la misma izquierda, aunque es un poco difícil imaginársela sumándose a un frente electoral. Pero a lo mejor no es tan difícil pensar que ellos puedan adoptar, en el caso de una segunda vuelta, una posición distinta y que no sea que les dé lo mismo que gane Macri o que gane la oposición. Un proceso que tenga la potencialidad para constituirse en alternativa y convocar a todo lo que hay que convocar es lo que me parece que debe ser visto como un proceso de unidad del peronismo; aunque probablemente no convoque a todos los peronistas, porque eso no ocurría ni en tiempos de Perón.

Habló de la profundización de los acuerdos programáticos. A su juicio, ¿cuáles son los temas que deberían integrar esa agenda?

Acá hay que aclarar un punto. Por un lado, todos coincidimos en que no hay que hacer un frente meramente opositor, porque en política siempre es importante tener una propuesta. En segundo lugar, también es importante con una coyuntura tan difícil o dramática como la que estamos viviendo, construir algo nuevo. Es decir, demostrar que hemos sido capaces de procesar todo lo que pasó en el país durante los últimos años y salir con una propuesta que recoja todo lo que de nuevo pueda estar manifestándose en la sociedad. Dicha esa salvedad, esto no es contradictorio con decir que el programa básico surge de la agenda de la discusión con el macrismo, porque en realidad lo que nos está unificando no es sólo la oposición a las cosas que hace este Gobierno, sino la necesidad de tener la posibilidad de ganar en 2019. El frente es posible porque somos conscientes de que hay una situación –la llamo de “emergencia nacional”-, que exige priorizar los grandes acuerdos e impulsar esta unidad. Pero esta unidad tuvo un paso adelante importante con la oposición a la reforma previsional y a la reforma laboral, con el cuestionamiento de la política del endeudamiento. Esos son, en el aspecto social y económico, los grandes ejes que en principio tienen que ser ratificados para llegar a un acuerdo. Creo que lo que está pasando en el campo institucional, en el campo de la seguridad, de las libertades públicas, de las violaciones de los derechos de los ciudadanos, es el otro gran eje. El presidente de la UCR, junto con sus legisladores, ha apoyado la política del Gobierno en el caso Chocobar; y eso muestra hasta qué punto llega la contradicción que se vive en el radicalismo, porque hay algunos dirigentes importantes que se manifestaron en sentido contrario. Entonces hay que ratificar la agenda opositora y al mismo tiempo tratar de que esta unidad sea algo más que un acuerdo entre dirigentes.

¿Cómo se puede avanzar metodológicamente hacia esa unidad para que, como dice, no sea sólo un acuerdo entre dirigentes, sino también que involucren a sectores más amplios?

Las PASO tienen que formar parte del acuerdo. Si después los principales dirigentes de todo el país se ponen de acuerdo en un candidato presidencial, será porque ha surgido una figura que concita una gran adhesión y sería tonto oponerse a eso. Pero lo que de alguna manera garantiza que el candidato no va a ser impuesto por nadie, es lo que permite convocar a otros sectores y abre la posibilidad de competir en las PASO. De cualquier manera, antes de eso, hay otro momento que es el que estamos viviendo ahora, que es el de hacer comprender la necesidad de un frente. Cuanto más se avance en eso, más participativo va a tener que ser este proceso de construcción del frente y eso nos permitirá superar algunos de los vicios o dificultades de las construcciones políticas de los movimientos nacional y popular de los últimos tiempos. El segundo momento es el de la definición de un candidato hacia la presidencia, aunque es cierto que por primera vez en la Argentina puede darse una situación en la que el frente es casi tan importante como el candidato, porque sin el Frente el candidato no gana, mientras que Cámpora hubiera ganado en 1973 sin el Frente, aunque hubiera sido menos bueno, y lo mismo puede decirse de Perón en su momento. Llega un momento en el que obviamente tiene que haber una figura que sea firme y con posibilidades de liderazgo, y ahí aparece -antes de que me lo pregunten- necesariamente la situación de Cristina. Nadie sabe todavía cuál va a ser exactamente la conducta de Cristina o la definición de ella, aunque en principio ha dicho que no va a poner obstáculos en esta construcción y me parece que eso es lo que está haciendo definitivamente, porque la reunión de la UMET se hizo con el visto bueno de Cristina. Hoy no es el momento de dar nombres de candidatos, porque eso implicaría ya constituir un frente con potencialidades menguadas, porque inmediatamente aparecería otro candidato que podría recostarse sobre los sectores que no han sido convocados por este primero. Eso no quiere decir que en algún momento esa definición no tenga que darse y creo que ahí todo el mundo tendrá que hacer un esfuerzo por conciliar posiciones sobre una base de garantía de definición democrática como puede ser la convocatoria de las PASO.

¿Cómo ve el rol movimiento obrero en esa futura unidad?

Desde la perspectiva de la que podríamos llamar la unidad política, la situación del movimiento obrero es menos compleja que si la miramos desde el propio movimiento obrero. Quiero decir que hoy en el movimiento sindical se vive claramente una situación crítica, en la que los sectores que en su momento se identificaron con el kirchnerismo no son mayoritarios, y el liderazgo que ha vuelto a retomar Hugo Moyano todavía es un liderazgo que se asienta en la contundencia que puede tener su oposición al Gobierno en estas circunstancias. Estamos lejos de ver un acuerdo más sólido entre todos los sectores que participaron en el acto del 21 de febrero. A pesar de la visión crítica que tengo y que mucha gente tiene de las divisiones sindicales, hay otros dirigentes sindicales que podrían en determinado momento sumarse a una CGT que no fuera oficialista. Pero en el terreno político es menos complicado, porque si se gestara una unidad popular muy amplia y esa unidad estuviera respaldada por los principales sectores del peronismo, es difícil para un dirigente sindical hacer política fuera de eso. Creo que eso ayudaría al acercamiento de algunos; y a que tal vez otros transparenten la prioridad que le dan a la relación con el gobierno. Insisto en que me parece que la gran mayoría de los dirigentes sindicales acompañaría ese proceso de unidad.

¿Qué actores políticos y sociales, incluso por fuera del peronismo, podrían sumarse a este frente?

Hay que entablar un diálogo más importante con las organizaciones sociales que participaron del acto del 21F. Por otro lado, siempre hay que dejar una puerta abierta a los radicales, aunque eso uno nunca sabe si va a dar resultado. Aquí hay que hacer una aclaración: la alianza con los radicales es una mala palabra desde el gobierno de De la Rúa, pero lo que pasó en esa ocasión fue que una fuerza política nueva, como era el FREPASO, decidió aliarse con un partido mucho más importante como el radicalismo y naturalmente terminó siendo una especie de furgón de cola. Acá lo que estamos planteando es otra cosa, estamos reconociendo una crisis de la UCR, que cada vez se aleja más de todo contenido nacional y popular; y estamos al mismo tiempo advirtiendo que hay sectores del radicalismo que no están de acuerdo con las políticas del gobierno y que entonces naturalmente deberían ser convocados a un gran frente nacional y popular. Si eso es o no posible, y en qué grado puede darse, lo dirá el tiempo, pero una convocatoria como la que se está haciendo no debería prescindir de este factor.

Una de las críticas que se le hizo al encuentro de la UMET por parte del periodismo oficialista es que casi no había referentes con representación territorial, en especial porque los gobernadores peronistas no participaron del encuentro. ¿Cómo debería darse el diálogo con esos gobernadores peronistas, que en algunos casos se muestran cercanos al macrismo?

Definitivamente la presencia de los gobernadores peronistas no fue muy importante. Pero si decimos que esto es un comienzo, me parece razonable pensar que haya otros sectores que tuvieran la iniciativa antes que los gobernadores, porque la relación institucional con el gobierno a veces ellos entienden que les pone límites. Pero bajo este nuevo clima político que decíamos que empezó a manifestarse con fuerza en diciembre, también se modifica un poco la actitud de los gobernadores y su relación con el Gobierno, incluso de los más insospechados, que terminaron siendo críticos a las políticas oficiales. Existen buenas perspectivas de que los gobernadores, y por lo tanto el peronismo de las provincias, acompañe este movimiento. Seguramente no lo van a hacer, en un primer momento, todos los gobernadores.

Por otro lado, también se criticó la ausencia de mujeres entre los oradores centrales.

La falta de mujeres en el acto inaugural es tan importante como fácil de resolver. Entiendo que quienes organizaron el acto pensaron más en que fuera equitativa la representación entre los sectores, que es la preocupación lógica en el proceso de unidad, y no advirtieron la ausencia de mujeres. Fue un error significativo, en ese punto no empezamos bien, ya que no sólo la representación más igualitaria de género es una conquista de la política argentina en las últimas décadas, sino que si uno piensa en un proceso de unidad que también sea una unidad gestada desde la sociedad, el movimiento #NiUnaMenos es tal vez de lo más importante que ha habido en la sociedad argentina en los últimos años. Es un estimulo más para que las organizaciones que expresan estas reivindicaciones tengan una presencia mayor.

En las calles, la unidad se ha dado con la izquierda. Desde el acto contra el 2×1 a los genocidas hasta las marchas por Santiago Maldonado y contra la reforma previsional, hubo una articulación muy fuerte con los partidos y sindicatos de izquierda. ¿Qué posibilidades políticas hay de avanzar en ese sentido?

La izquierda se ha convertido en un protagonista político importante en los últimos años. Uno debería pensar que en un acuerdo de un gran frente de oposición no habría porqué no convocar a la izquierda. Pero la realidad política parece indicar que eso no es fácil, porque la izquierda tiene una visión muy crítica de todo el resto del arco político, y no nos olvidemos que en la elección de 2015 se abstuvo en la segunda vuelta. Aunque no todos los votantes de la izquierda tuvieron esa inclinación de abstenerse, está claro que si ellos también lo hubieran apoyado el resultado podría haber sido otro. Entonces esta discusión tiene dos niveles. Por un lado, todo discurso de unidad popular no debe excluir a la izquierda y debe incluir a todos los que se reconozcan como suscribiendo a esa política. En segundo nivel, como nada indica hoy que eso pueda ser posible, hay que empezar a pensar en un nivel de acuerdo más bajo, que es que la izquierda termine de definir una actitud que ha mostrado en los últimos meses, que es definir claramente al macrismo como el enemigo principal y priorizar eso por sobre las diferencias con los otros sectores del campo popular. Todo esto debería expresarse en que la izquierda no dijera que le da lo mismo que gane Macri o que gane el candidato del frente opositor. Ese debiera ser también un objetivo de quienes pensamos en este frente para ganar la próxima elección.

Después del encuentro de la UMET, empezaron a escucharse algunas voces que sostienen que el kirchnerismo había estado subrepresentado, porque tiene un caudal electoral mayor que el del Frente Renovador o el randazzismo.

Yo me sentí muy bien representado en esa convocatoria. Además creo que no tiene mucho sentido preocuparse por cuántos representantes o cuántos dirigentes puso cada uno en esa mesa, porque esa mesa era de unidad. No se le pregunta a cada uno cuántos votos tiene. Seguramente si hubiera sido una reunión para definir las listas en la Capital Federal hubiera sido más complicado, alguna persona hubiera dicho “tengo tal representatividad” y a otros les hubieran señalado “bueno, te queremos mucho, pero este es un acuerdo electoral”. Este es un acuerdo que empezó con diputados que tuvieron un rol iniciador importante en los debates por la reforma previsional, y entonces esto no está implicando hegemonía, ni pre-anunciando quiénes son los que van a tener hegemonía. En realidad esta discusión tiene que ver con otra, nosotros dicen algunos compañeros kirchenristas, tenemos que hegemonizar el frente. Ahora eso es algo más que dominar, ahora que se ha popularizado tanto Gramsci en la política argentina, todos sabemos que la hegemonía supone dominación pero también consenso. Entonces es obvio que no habría consenso de parte de los sectores no Kirchenristas, si el acto hubiera sido convocado por cinco dirigentes kirchenristas, uno del Frente Renovador y algún otro peronista o del randazzismo… La hegemonía es una pretensión lógica en una corriente política, pero primero hay que preguntarse si todo va a seguir siendo igual, si el kirchnerismo va a seguir siendo siempre el mismo, o si el kirchnerismo va a renovarse y a enriquecerse en este proceso. Y, si bien es legítimo que una corriente política aspire a una hegemonía, también es bueno que entienda que la hegemonía tiene que revalidarse en cada circunstancia política. Si vos sos de otra fuerza a la mía, me vas a pedir que yo revalide esta hegemonía y que demuestre, por ejemplo, que el kirchnerismo tiene hoy el mismo ascendiente en la sociedad que tenía en su momento, que puede encabezar una lista electoral, y me vas a reclamar internas para que, en última instancia, si eso se hace sea como consecuencia de una decisión democrática. Y me parece que este es el único camino posible para la unidad.

Hablando de hegemonía: el gobierno ganó las elecciones en octubre con cierta amplitud territorial. Si bien es cierto que hubo movilizaciones muy fuertes en diciembre y que en las encuestas hay una caída tanto de la imagen del Gobierno como del presidente, ¿no se corre el riesgo de que haya una subestimación no sólo de Cambiemos, sino también del apoyo social hacia el Gobierno?

Sí, el riesgo se corre, sobre todo teniendo en cuenta el optimismo inconmovible que tienen las fuerzas políticas populares. Pero estamos en un momento en que hay que entusiasmarse porque la adhesión de la sociedad al Gobierno está disminuyendo; pero al mismo tiempo no entusiasmarnos demasiado, porque esto es un proceso que no necesariamente es una tendencia irreversible. Eso dependerá de cómo le vaya al Gobierno, que está sufriendo contratiempos todos los días, pero de cualquier manera no se puede decir que el proyecto neoliberal en la Argentina haya fracasado estrepitosamente. No estamos en 2001. Por otro lado, los gobiernos pierden las elecciones frente a alguien, no es que necesariamente la pierden ante cualquiera porque les va mal. Entonces si nosotros sabemos construir este proyecto de unidad popular, y si esto tiene una expresión electoral adecuada, me parece que hoy es razonable que se le pueda ganar al Gobierno. Ese es el gran cambio en la política argentina desde fines del año pasado. Es decir, no es que antes ganaba Macri y ahora ya perdió Macri, sino que el cambio radica en que antes era muy difícil pensar en la posibilidad de ganarle al gobierno, que hacía las cosas que a nosotros nos parecían más tremendas y sin embargo tenía un consenso que parecía inconmovible. A partir de lo que pasó en diciembre, el descontento pasó incluso a sectores importantes de votantes del macrismo y no casualmente eso genera estas convocatorias de unidad y todos vivimos un clima diferente en dónde pensamos que es posible ganarle al Gobierno. Pero es posible si las cosas siguen avanzando y si nosotros sabemos construir esta herramienta que tenemos que construir.

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Privilegios

 

Por Nicolás Freibrun y Marcos Schiavi

 

Leemos al Presidente Macri: “Detrás del miedo al cambio hay a veces una mirada reaccionaria y conservadora, que defiende privilegios y hay grupos que usan el miedo para conservarlos, es mentira que estamos condenados a que se repitan nuestra historia de fracasos, es mentira que hay algo o alguien que quiera perjudicarnos. […] Las reformas, en las que tenemos que avanzar, exigen que cada uno tenga que ceder un poco, empezando por los que tienen más privilegios. […] Ya vimos que no nos sirvieron los atajos, ya vimos dónde nos llevaron las avivadas, queremos acabar con los privilegios que salvan a unos pocos, mientras tantos argentinos padecen la pobreza y la desigualdad […] Vivamos esa sana rebeldía de querer más y saber que es posible, que está en nosotros lograrlo. Sé que comparten mi visión, que es una esperanza compartida, pero no una esperanza quieta. Es una convicción que nos impulsa a dar nuevos pasos cada vez más consistentes para acercarnos una Argentina posible y maravillosa, sin distinciones ni privilegios, con oportunidades para todos, repito: sin distinciones ni privilegios, pero con oportunidades para todos. Muchas gracias a todos.”

Son extractos del discurso del 30 de octubre de 2017, tal vez el momento más exultante del recorrido presidencial de Macri, tal vez el discurso más transparente. Un discurso reformista y fundante, tal como fue presentado y leído hace apenas cuatro meses.  La palabra clave de su mensaje fue “privilegios” (y en menor medida, pero no menos importante: “reaccionarios y conservadores”). Más allá de que el devenir del gobierno en estos últimos tiempos fue muy diferente a como se imaginaba a fines de octubre, la idea de “luchar contra los privilegios” perdura. Apareció fuerte a comienzo de febrero, acá y acá, en el marco del conflicto sindical, y volvió a aparecer en la voz de Vidal hace unos días.

Ahora bien, ¿Quiénes serían esos privilegiados? ¿Por qué deberían dejar de serlo? Y, sobre todo, ¿qué lleva al primer gobierno de la élite argentina en un siglo de historia a hablar, ¡justo ellos!, de privilegios? Privilegiados luchando contra privilegios.

Lo más simple sería denunciar la impostura; demostrar que muchos de los privilegios de los que habla el macrismo en realidad son derechos (cuestión que se acerca claramente a la realidad); hablar del marketing, de los tan mentados focus group y del blindaje mediático. Eso sería lo más sencillo. Lo complejo es tratar de desentrañar el contenido de ese mensaje y sus efectos, comprender la bases estructurales que le sirven de sustento, qué tiempo social y político y qué valores expresa y, volviendo nuevamente a este interrogante (el cual en el fondo motoriza este texto) explicar cómo la élite más privilegiada del país denuncia los privilegios de los Moyano, los Baradel, los Grabois, las pymes industriales protegidas, los empleados judiciales, los trabajadores del Estado, etc. etc. (porque esos son los privilegios que se combaten, no otros). Un misterio.

Antes de iniciar un esbozo de respuesta política-discursiva a este enigma, nos parece necesario reconocer un estado de situación social: el malestar cultural que el macrismo busca canalizar, existe. Se habla de lo “injusto” del salario camionero; del que tiene plan y vive de ir a los cortes; de los empleados y docentes públicos quienes “tienen más derechos que los ciudadanos que pagan impuestos y, por ende, sus sueldos”. En un paisaje socio-laboral donde una fracción muy grande navega en los mares de la inseguridad social, aquellos que tienen derechos parecen ser privilegiados. Negar esta fractura sería un error.

Así, en este contexto, la retórica pública del gobierno trabaja sobre la fractura existente en el mundo laboral, ahondando la brecha de un conjunto heterogéneo, diverso y fragmentado como es en la actualidad el universo de los trabajadores. La técnica que aplica el gobierno es efectiva, en cuanto lleva al terreno de la despolitización (lo naturaliza, en cierta medida) aquello que pertenece, por derecho e historia, también al ámbito político. Por ejemplo, un conflicto laboral puede ser por mayores salarios, por las horas de jornada de trabajo, por mejores condiciones laborales, etc., pero en todos los casos pone sobre la escena un conflicto político entre dos partes que son desiguales. Los trabajadores que pertenecen al ámbito estatal también son trabajadores, aunque el resultado o el producto de su trabajo sea diferente al de otros trabajadores. El macrismo quiere que un trabajador pase a ser un servidor (con todo lo que la palabra supone), y en ese mismo movimiento introduce la idea de privilegio como un aspecto inmoral, del que hacen uso y abuso algunos sectores de la sociedad.

En este desarrollo, una primer cuestión a mencionar es la idea de jerarquías y su vínculo con los privilegios. Cómo muy bien adelantó Nicolás Tereschuk hace ya un año, uno de los objetivos del gobierno es generar una redefinición de las jerarquías sociales y políticas en la Argentina. En ese camino lo lógico es que sólo una mínima fracción de la población tenga privilegios; que esa fracción deba esos privilegios a sí mismo o a su familia y nunca a corporaciones o asociaciones organizadas en el tiempo. Una élite dominante y dirigente gobernando a millones de argentinos -supuestamente- iguales.

Esto nos lleva a la segunda cuestión, al elemento anticorporativo. Los privilegios que menciona el macrismo son privilegios corporativos, como si ello fuese el sinónimo de algún tipo de usurpación, de una ilegitimidad o de un abuso moral que finalmente ahora el gobierno viene a poner en su justo orden. No se denuncia a los herederos de la pampa húmeda sino al sindicato que logró mejores condiciones para sus afiliados, por encima de lo que el gobierno considera adecuado. Otra vez, aparece la idea de igualdad: todos deberíamos ser individuos iguales, tener los mismos derechos y obligaciones (salvo quienes dirigen el país). Así, todo sujeto colectivo, político y social que ha forjado una identidad histórica pareciera ser un actor a desarticular, un enemigo a combatir. Entre la dirigencia (que dirige porque domina) y la ciudadanía, nada.

Esta última cuestión nos lleva a mencionar algo que esbozamos al comienzo: en múltiples ocasiones, el macrismo ha definido a su oposición como conservadora y reaccionaria. Una definición que va de la mano de aquella que los cataloga como “defensores de privilegios”. Esto representa un importante desafío para las fuerzas que buscan disputarle el poder al macrismo, ya que realmente estos últimos han logrado “vender modernidad”. El oficialismo definió una agenda de transformaciones (para muchos, de retrocesos más que de avances) ante la cual la reacción opositora es defender un status quo, visto por muchos negativamente. Salir de la etiqueta “pasado” y articular una agenda con nuevos lenguajes políticos aparece como un desafío opositor.

Regresando a lo que veníamos planteando, el dador de esos privilegios “mal habidos” sería el Estado, y por ende hay aquí una relectura de este último. Estos privilegios (que, repetimos, en realidad la inmensa mayoría son derechos) fueron obtenidos, regalados, cedidos, ganados, exigidos en el marco de intercambios entre corporaciones, organizaciones y Estado. El macrismo busca desarmar eso; construir un Estado que no sea “dador de privilegios”. Como bien suelen argumentar los investigadores del Instituto de Trabajo y Economía – Fundación Germán Abdala, parte importante proyecto del PRO es la construcción de un Estado de bienes (constructor de puentes, rutas, metrobús, plazas), y no de servicios y de políticas que articulen derechos en base a necesidades históricamente desiguales o relegadas (educación, salud, regulación de mercados, protecciones aduaneras, incentivos industriales y productivos, etc.).

Como cualquier lector avezado habrá notado, no tenemos respuestas claras al interrogante que motoriza el texto: ¿qué factores conllevan a que la utilización de la noción “privilegio” sea eficaz, teniendo en cuenta que la emite el gobierno más elitista de los últimos cien años? Desconocemos si el camino es recorriendo el hilo histórico que nos lleva a la idea de “democracia inorgánica” que acuñó Romero hace más de siete décadas. O, si en realidad, las pistas hay que buscarlas en la más moderna crisis de la fraternidad de la que nos hablan François Dubet y Antoni Domènech. Lo que sí podemos afirmar que es éste uno de los grandes interrogantes del momento y debe ser abordado.

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¿Puede el feminismo ser de derecha?

Por Julia Mengolini.

“Porque el movimiento de mujeres es hijo e hija de esta historia antipatriarcal y anticapitalista, y emerge como alternativa en todo el mundo frente al avance represivo, racista y conservador. Por eso con orgullo hoy decimos: ¡Viva el Día Internacional de las mujeres trabajadoras! ¡Viva el paro internacional de mujeres!”

Fragmento del documento leído en el acto del 8 de marzo de 2017

 

Hace algunos días Malena Pichot volvió a ser tendencia en Twitter. Esta vez dijo que el feminismo no podía ser de derecha. La insultaron con todo como siempre. Pero, como siempre, nos dejó pensando. ¿Puede haber un feminismo de derecha?

Hasta hace muy poco el Día Internacional de la Mujer se celebraba con flores para las secretarias de la oficina y descuentos en el Alto Palermo. Borradísimas de la efeméride habían quedado las obreras huelguistas de Nueva York, reprimidas por la policía cuando marchaban para pedir mejores condiciones de trabajo. El 8 de marzo parecía una fecha desligada de la agenda del movimiento de mujeres.

Las primeras expresiones de un feminismo masivo en Argentina se dieron hace unos años bajo la consigna Ni una menos. Cientos de miles se congregaron en las plazas de todo el país para decirle basta a los femicidios. Hay que admitir, no para quitarle importancia a la lucha, que se trató de una movilización de consensos mínimos: pedíamos que no nos maten. ¿Quién podría estar en desacuerdo con ese reclamo? Pero la masividad no licúa la importancia del Ni una menos en tanto logró instalar que cuando un hombre mata a una mujer no es por “pasión” ni es porque la “quería demasiado” ni es una anécdota macabra del ámbito doméstico. Un hombre mata a una mujer cada 27 horas en Argentina porque una cultura machista le hace sentir que es dueño de la vida de esa mujer y que puede hacerlo. El femicidio es la expresión absoluta del patriarcado. Es la expresión final de un sistema. Es fácil estar de acuerdo en que no nos maten pero no es tan fácil ver el por qué. Entonces, la consigna Ni una menos encontró su límite.¿Y ahora? Ahora es tiempo de ir a fondo, de atacar las causas y entender además que toda desigualdad es violenta. Es tiempo, como aquel 8 de marzo de 1857 en Nueva York, de ir a la huelga.

El movimiento de mujeres está reverdeciendo, se está popularizando y mostrando su mejor cara: está organizando un paro internacional de mujeres. Lo que conocemos comúnmente como una huelga. La huelga, como expresión típica del conflicto laboral es una herramienta de lucha. El mecanismo que lxs trabajadorxs del mundo han utilizado para conquistar una más equitativa distribución de la riqueza, para discutir cómo se reparten las ganancias de una empresa y para reclamar por políticas públicas. Dicho de otra forma, es una herramienta con la cual se presiona no sólo para que se cumplan las leyes sino, fundamentalmente, para modificarlas.

La huelga ha nacido como una consecuencia propia del sistema capitalista. Es la herramienta con la que lxs trabajadxs se defienden de la angurria empresarial. La huelga, que antes era un delito y ahora es un derecho constitucional, no es bien vista por el gobierno de Cambiemos y es contestada como lo hace cualquier patrón: lejos de buscar un acuerdo, lo primero que intenta es deslegitimarla o romperla. El paro del año pasado dejó como saldo 20 personas detenidas  en un operativo represivo y arbitrario con detenciones al voleo, la presencia de efectivos de civil y el uso desproporcionado, irregular e ilegal de la fuerza. Un mecanismo de amedrentamiento y disciplinamiento que el gobierno aplicó del mismo modo en otras manifestaciones callejeras.

A diferencia de cualquier otra movilización, la modalidad de la huelga este 8 de marzo -como el anterior-, pone en el centro del conflicto a la mujer trabajadora. Los reclamos contenidos en el documento leído el 8M de 2017 eran propios de las mujeres trabajadoras, de las mujeres pobres, de las trans, de las travestis, de las putas, de las mujeres en situación de prostitución, de las lesbianas, de las amas de casa, de las docentes, de las jubiladas, de las migrantes, de las sindicalistas, de las cualquiera. Los reclamos se le hacen a un modelo que este feminismo entiende opresor de las más débiles. Hace unos días @suzyqiu informaba en su cuenta de twitter que “las grandes protagonistas del proceso asambleario de este año fueron las trabajadoras despedidas. No fue una agenda que marcó una orga, fue la realidad imponiéndose. Por eso van a encabezar nuestra marcha, porque las principales afectadas por este gobierno somos las mujeres”.

Volvamos a la pregunta inicial: ¿puede el feminismo ser de derecha? Puede, aunque el recorrido por las principales pensadoras del feminismo arroja un saldo inequívoco, donde feminismo e igualdad social van de la mano, con contadísimas excepciones. Eso es un dato.

Imaginemos un mundo en el que Jennifer Lawrence gane los mismos 20 millones de dólares por película que su compañero varón y en el que haya tantas mucamas como mucamos ganando miserias por hora y en negro. Imaginemos una Argentina en el que hubiera tantas conductoras de tele y radio como conductores y todos ganaran buenos sueldos por igual, pero al mismo tiempo, la mayoría de mujeres (y hombres) viven miserablemente.

Las feministas nos entusiasmamos con los reclamos de Jennifer Lawrence, o cualquier lucha que intente romper el techo de cristal, porque sedimentan y ayudan a modificar el sentido común patriarcal. Pero no queremos una “igualdad” que reproduzca el status quo. Queremos un igualdad que cuestione nuestros niveles de pobreza, de precarización laboral y de desprotección social. Una igualdad que, necesariamente, cuestiona los privilegios.

El feminismo tiene como horizonte la igualdad. ¿Pero qué igualdad? La igualdad entre varones y mujeres es el objetivo más patente y más fácil de asumir. Incluso, me atrevo a decir hoy, no es un objetivo insólito. El propio Presidente Macri en el discurso de la Asamblea legislativa propuso mecanismos para mitigar la brecha salarial. La pregunta no es una chicana: ¿será una oportunidad para nivelar salarios para abajo?  No faltan muchas películas para que las actrices ganen lo mismo que su compañeros varones. No faltan muchos años para que las mujeres que tienen el privilegio de tener una carrera en el Poder Judicial dejen de toparse con el techo de cristal. Incluso -tal vez- no falte mucho para que las obreras ganen lo mismo que los obreros.

¿Es ese el mundo con el que soñamos las que paramos el 8M? Seguro que no. El feminismo, como se explicó mil veces, no es machismo al revés y las feministas, como se explicó mil veces, no odiamos a los hombres. No soñamos con un mundo de hombres oprimidos por mujeres, pero tampoco de hombres y mujeres oprimidos por otros hombres y mujeres. Nos revela la injusticia, empatizamos con lxs débiles. No podríamos nunca estar cómodas en un mundo para unos pocos, aunque ese fuera un mundo de aparente igualdad entre varones y mujeres. ¿Podría el feminismo ser de derecha? Tal vez sí, pero el actual movimiento feminista por su historia, por los reclamos que contiene, por las personas y colectivos a los que convoca, y por los enemigos que enfrenta, no lo es.

El feminismo desborda

Por Lorena Guzzetti

El próximo 8 de marzo nos organizamos para convocar a un paro internacional de mujeres, que se replica a nivel internacional y en todos los ámbitos de nuestras vidas, en el mundo del trabajo y en el ámbito doméstico. Este año el Día Internacional de las Mujeres nos encontrará masivamente en las calles, porque paramos y nos paramos por muchas razones: contra la violencia machista y su mayor expresión, los femicidios, los travesticidios, la lesbofobia,  contra el ajuste y los despidos, porque sabemos que en estos tiempos la mayor desocupación y los trabajos precarios afectan en mayor medida a las mujeres, porque continua afectándonos la brecha salarial (27% de diferencia), porque es necesaria una distribución más equitativa del trabajo no reconocido como trabajo, el doméstico, por las víctimas de trata… Cada encuentro, cada asamblea, cada país incorpora discriminaciones y desigualdades que nos afectan en nuestra cotidianeidad, en nuestras subjetividades y en nuestros deseos. Porque el Movimiento es así, nos agrupa con nuestras diferencias y pluralidades e incide en el ámbito académico, en el ámbito público, en las casas, en las calles y en las camas.

Hoy el feminismo desborda y nos desborda, se expresa en todos los lugares para introducirse en las agendas más variadas desplegando aportes, ideas, preguntas y visibilizando las desigualdades que genera el patriarcado. Este movimiento social, en nuestro país, fue creciendo en su entramado dialectico de teoría y praxis política, dando cuenta de su trayectoria en dos puntos de inflexión que merecen destacarse por su trayectoria: los Encuentros Nacionales de Mujeres y la Campaña Nacional por el Aborto Legal Seguro y Gratuito. El primero de estos Encuentros se realizó en 1986 y desde ese año se vienen sucediendo en diferentes provincias con una masividad que se incrementa en cada evento. Los Encuentros son autoconvocados, federales, autónomos, autofinanciado y de lo más heterogéneos. Cada año una ciudad de nuestro país es literalmente tomada por la presencia de miles de mujeres reunidas en escuelas, bares, universidades, organizaciones y plazas. Esta propuesta autogestiva, y única en el mundo, reúne a diversas mujeres de todo el país, las que ya no vuelven a ser las mismas una vez que son abrazadas por la sororidad de los encuentros. En ese marco, en el año 2004 durante uno de esos Encuentros fue formalizada La Campaña Nacional por el aborto, la que trabajó insistentemente durante los últimos doce años para que las mujeres podamos decidir sobre nuestros propios cuerpos.

En el día de mañana se presentará (por séptima vez consecutiva) en la Cámara de Diputados de la Nación el Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) redactado desde la Campaña y por reconocidas juristas, médicas y militantes, y firmada por un transversal abanico de legisladores y legisladoras. Este año, como nunca antes, el proyecto contó con un apoyo extraordinario por parte de organizaciones y representantes de la Cámara Baja. Esto releva de forma nítida la existencia de un fuerte compromiso de buena parte de nuestra sociedad de dar batalla política a las ideas más conservadoras y retrogradas que lamentablemente aún anidan en nuestra comunidad. A partir de esta organización, hemos pintado de verde nuestras cabezas y nuestros cuerpos con la presencia masiva de los pañuelos que representan el reclamo de ese derecho. A pesar de la prohibición legal de ejercer esa práctica, en nuestro país los abortos alcanzan a una cantidad de 520 mil mujeres por año (Ministerio de Salud de la Nación- 2015).

Otro hito más reciente, de la lucha por los derechos de las mujeres y contra la violencia machista fue la autoconvocatoria del colectivo “Ni una menos”. El 3 de junio de 2015 se expresó el clamor de las voces agotadas de que nos maten (en nuestro país se estima que muere una mujer cada 18 horas víctima de femicidio), con una gran convocatoria que desbordo las calles y los escenarios de todo el país.

Pero la injusta situación en las que nos encontramos las mujeres en esta sociedad patriarcal se extiende a su condición de trabajadoras. El 8 de marzo justamente  es una fecha en que las mujeres  recordamos, debatimos y visibilizamos la desigualdad de géneros en todas sus facetas y sobretodo en el ámbito del trabajo. A pesar de los avances logrados en las últimas décadas, en cada uno de los lugares de trabajo la punta de la escala jerárquica de toma de decisiones hay en su mayoría varones, y en la base mujeres. Asimismo, la mayor cantidad de personas en los trabajos no registrados somos mujeres (trabajos más precarizados y peor pagos) y la inequitativa distribución del trabajo domestico no remunerado afecta a las mujeres en sus posibilidades de acceso y participación en el trabajo asalariado formal y pago. Además, la ausencia de políticas de cuidado con instituciones públicas que den respuesta a las demanda del protección de los/as niños/as y personas de la tercera edad, amplía aún más la carga horaria de las mujeres destinadas a este aspecto. En ese sentido, las jefas de hogar de los sectores populares son las más afectadas, ya que poseen los peores trabajos y, además, se encuentran a cargo de las personas del grupo familiar. En el campo laboral, también, sufrimos la segregación horizontal (la posibilidad de acceder a determinadas profesiones), ya que hay muchas labores que se asumen como propias de varones que de mujeres.

En nuestro país, el INDEC ha realizado en el año 2013 la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo, implementada como módulo de la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU), con el objetivo de captar información respecto de la participación y el tiempo destinado por las personas a las tareas domésticas, al cuidado de miembros del hogar y al trabajo voluntario. La conclusión de la investigación sostiene que una mujer ocupada full time dedica más tiempo al trabajo doméstico (5,5 horas) que un hombre desempleado (4,1 horas). Esta división desigual del trabajo nos enfrenta a un escenario desde el cual no partimos del mismo lugar en ningún aspecto del mercado laboral, generando de esta forma las diferentes caras posibles de la violencia laboral contra las mujeres.

Las desigualdades se multiplican y los reclamos crecen en tiempos de ajuste económico, las alternativas se construyen con otras y las banderas se despliegan juntas. Este amasado colectivo, recoge en forma de homenaje a nuestras bellas y generosas antecesoras que nos abrieron el corazón, la cabeza y caminos con herramientas, acciones y conocimientos para restarle poder al patriarcado y a las relaciones sociales que establece en nuestra sociedad. Porque esa violencia machista recrudece y se torna más virulenta, debido a nuestra potencia revolucionaria y a los enormes avances que dimos y que aún nos quedan por dar. Para esto contamos con las más jóvenes, con la gran cantidad de ellas que se sienten convocadas por los feminismos y en sus emociones y sus cuerpos vivencian las experiencias de juntarnos, trayendo sus ideas, sus sueños, sus propuestas, deconstruyendo y problematizando permanentemente nuestras miradas y nuestros saberes previos.

Porque venimos a discutirlo todo, enlazando y permeándonos con otros movimientos que denuncian desigualdades y reclaman derechos, y a decir basta, en un recorrido que se fue  hilvanando a lo largo de todos estos años de forma persistente y terca. Y por eso hablamos de todo, articulando e interconectando las clases sociales, los géneros, las etnias, etc. En palabras de una compañera, en una de las asambleas para el 8M, en la Mutual Sentimiento, convocada por Ni Una Menos: “Porque compañeras, somos una plaga, estamos en todos lados”.

Es nuestro desafío darle continuidad organizativa y desarrollar herramientas políticas a este despliegue de potencialidades logrado a través de la participación, la difusión, el debate y la organización. El Paro es una propuesta pedagógica de procesos que nos permite realizar aprendizajes grupales para comprender y transformar nuestra compleja realidad. Pero también es un desafío para pensar estratégicamente cómo seguimos. Que la marea violeta siga y nos siga desbordando.

 

Foto: Plaza Boedo. Asamblea Popular Feminista (25/2/2018)

 

 

 

 

 

 

 

Actualidades

 

 

 

 

 

 

La frenética búsqueda por generar agenda pública por parte del Gobierno nacional derivó en los últimos días en un debate sobre la atención a extranjeros (sobre todo bolivianos) en el sistema público de salud:

 

 

 

 

 

 

 

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#21F: el duranbarbismo y la marcha

 

 

Por Facundo Matos

 

Duran Barba sonríe. Desde su oficina, desde Casa Rosada o donde quiera que siga el desenlace de la marcha sindical de hoy encabezada por Hugo Moyano. Desde su marco teórico, las cosas no podrían andar mejor: el Gobierno se enfrenta hoy con una marcha multisectorial encabezada por…los sindicatos, una institución que arrastra años de imagen negativa (más de 70% en distintas encuestas) y lidera los rankings de desconfianza en las instituciones; especialmente, entre los jóvenes.

En su libro El arte de ganar, Jaime Durán Barba plantea que un ataque puede volverse más beneficioso para el atacado que para el atacante si quien lo emprende tiene una imagen negativa alta. “Al producirse un enfrentamiento, los efectos van más allá del daño al atacado y del beneficio del atacante”, asegura. Todo enfrentamiento, toda manifestación pública, lleva a endurecer o sumar votos y debilitar o perder otros. Es lo que se conoce, respectivamente, como explosión e implosión.

Por supuesto, el consultor del macrismo está escribiendo sobre el momento de la campaña, aunque la mayoría de sus puntos de vista son extrapolables también al contexto de gobierno. Sobre todo, cuando la lógica de gobierno es la de la campaña permanente, como es el caso actual.

Durán Barba también entiende que los electores son hoy más independientes, se interesan menos por la política y los colectivismos, por las formas tradicionales de hacer política (las grandes movilizaciones y los discursos encendidos) y rechazan las instituciones mediadoras a la hora de presentar sus demandas al poder, gracias al boom de las redes sociales. En ese sentido, la movilización de hoy tiene todos los condimentos para mantener sin preocupaciones al Gobierno. Los números acompañan:

– El 71,8% de los argentinos y las argentinas declaran que los sindicatos le generan “poco” o “nada” de confianza, según una encuesta de Taquion (https://es.scribd.com/document/360070988/Taquion-Confianza-Instituciones)

– El 68,7% de los y las jóvenes asegura que los sindicatos y sindicalistas les generan “poco” o “nada” de confianza, según una encuesta de Management & Fit (https://www.pressreader.com/argentina/clarin/20180107/281698320137796)

– En una escala de 0 a 10, ven 7,3 de corrupción en el país, contra una media de 7,1 a nivel regional, según el Latinobarómetro 2017 (http://www.latinobarometro.org/LATDocs/F00006433-InfLatinobarometro2017.pdf)

– Entre 1995 y 2015, el porcentaje de encuestados que declaraban tener “poca” o “ninguna” confianza en los sindicatos osciló entre un máximo de 87% en 2003 y un mínimo (aunque no tan mínimo) de 70% en 2015 (http://www.latinobarometro.org/latOnline.jsp)

¿Hemos dejado tan atrás la política tradicional como cree Durán Barba? ¿Ya no tiene ningún sentido manifestarse, si no es por Twitter o Facebook? ¿Es mejor no movilizarse y, sin dar pelea, abrazar el programa económico regresivo para los trabajadores que lleva adelante el Gobierno? No, está claro que no.

La inacción es peor aliada en esta circunstancia, como muestran los años más recientes, y la unión de los representantes populares en un mismo diagnóstico de la situación es un dato bienvenido para pensar la reconstrucción de una oferta electoral y de gobierno nacional y popular de cara a 2019.

Y, sin embargo, la renovación exitosa es siempre de figuras, pero también de programas que alimenten el voto prospectivo, y de formas que generen persuasión. Para Cafiero (y luego para Menem) fueron, entre otros puntos, la revitalización de la agenda peronista, el contacto directo inaugurado en la Marcha de la Esperanza y la promesa de una reactivación económica. ¿Cuáles serán ahora?

Informe especial de coyuntura

Publicamos un fragmento del Informe especial de coyuntura del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala.

En el presente informe hacemos un balance de los primeros dos años de la gestión de Cambiemos.

En primer lugar, se destaca la imposibilidad del gobierno de mostrar logros relevantes en materia de reducción de la inflación, a pesar haber sido el elemento central de su propuesta económica. Un mal diagnóstico en el inicio, junto con un esquema de política monetaria en etapa experimental y con escasos instrumentos, impidieron mostrar resultados satisfactorios en un frente en el cual, además, el gobierno nacional anunció cambios de cara a los
próximos años.

En segundo lugar, y luego de varias idas y vueltas en torno al cálculo del déficit fiscal, las autoridades decidieron emprender un cronograma de reducción del déficit primario, empresa que tiene como contrapeso natural la premisa básica del gobierno: que la presión fiscal es uno de los principales escollos para el crecimiento del lado de la oferta. El ajuste del gasto, incluyendo la baja en subsidios, demostró ser insuficiente para financiar la
reducción de impuestos, motivo por el cual el gobierno recurrió a un duro recorte de la seguridad social como vía de escape.

A pesar de esto último, el gobierno no logró reducir, sino que aumentó el déficit financiero de la mano de un nivel de endeudamiento récord a nivel global, que llevó a incrementar el peso del pago de los intereses de la deuda en el presupuesto. Esta es, sin duda, una fuente de fragilidad para la economía argentina.

A su vez, la economía argentina evidencia serias dificultades para crear empleo, además de mostrar indicios de ir avanzando hacia un entorno de mayor precarización laboral. En particular, los puestos de trabajo que se crearon en estos últimos dos años son peor remunerados que los que se destruyeron, afectando la masa salarial e impactando negativamente en el consumo masivo y en las condiciones de vida de los sectores asalariados.

En estos dos años, el gobierno pudo administrar los problemas de liquidez en moneda extranjera de corto plazo que tenía la economía argentina, aunque esto se logró a partir de una fuerte devaluación del tipo de cambio, la convalidación de la deuda exigida por los fondos buitres y la completa desarticulación de las regulaciones cambiarias, en el marco de un profundo y creciente desequilibrio externo.

El atraso cambiario es uno de los síntomas de este esquema macroeconómico. En efecto, las necesidades de financiamiento público son la principal fuente de divisas de la economía argentina luego de las exportaciones, de modo tal que la voluntad de los mercados de crédito globales de continuar expuestos al riesgo argentino es condición sine qua non para sostener un (pseudo) equilibrio en el mercado de cambios.

En este contexto, el gobierno decidió emprender una serie de reformas de corte netamente “ofertista”, a la espera de que la maduración de un entorno institucional de menor regulación favorezca el desarrollo de la inversión privada, dotando de consistencia en el tiempo a este modelo.

Sin embargo, al momento, la industria y los sectores empleo intensivos siguen golpeados, y no logran reponerse a pesar de la recuperación del PIB. Así, la economía muestra un sendero de crecimiento moderado pero estable, que luce insuficiente para mejorar en forma sostenida las condiciones de vida de la población, al costo de acumular desequilibrios (fundamentalmente, en el sector externo) que amenazan con poner en riesgo el esquema macro.

UNA NUEVA NOCHE FRÍA EN EL BARRIO

Desde el inicio de la gestión de Cambiemos, caracterizamos que la apertura de la economía era el basamento central sobre el que pivotearía la dinámica macro en los primeros años del nuevo gobierno.

Señalamos también que, para el Ejecutivo, este camino debía ser socialmente “tolerable”, lo que demandaba “gradualismo fiscal” y reiniciar un acelerado proceso de endeudamiento.

Además, el gobierno prometió una baja rápida de la inflación, priorizando un esquema experimental de Metas de Inflación con un duro ajuste monetario dentro del combo.

Denominamos a esta estrategia como de “ajuste a dos velocidades” asumiendo que, transitado el golpe inicial que produjeron la apertura externa, la devaluación y el ajuste de tarifas, el ingreso masivo de moneda extranjera mediante deuda pública permitiría estabilizar el sector externo y daría lugar a un proceso de recuperación en la actividad económica.

Postulamos también que, aún en ese marco de recuperación, la apertura externa, la apreciación cambiaria y la ausencia de una política productiva consistente impulsada desde el Estado nacional atentarían contra la cantidad y calidad del empleo, afectando de modo adverso las condiciones de vida de amplios sectores de la población.

Este ordenamiento macroeconómico lleva implícito una  reconfiguración regresiva de la matriz distributiva que pareciera haberse empezado a acelerar luego del triunfo electoral del oficialismo en las elecciones pasadas.

Ahora bien, en la concepción oficial este futuro empeoramiento en la distribución del ingreso no será un “falencia” o una “deuda
pendiente”, sino un requisito para el despliegue de su modelo de
crecimiento: la reducción del peso del sector público (y de su rol
distributivo) junto con una menor carga impositiva, a la par que se intenta reducir salarios y costos laborales es un objetivo deliberadamente buscado en la inteligencia que eso generará condiciones para un incremento de la oferta.

El balance de estos dos años que presentamos en este informe tiende a confirmar los principales postulados de este diagnóstico, al tiempo que desnuda futuras tensiones y desequilibrios que empiezan a acumularse de modo preocupante en los fundamentos del modelo.

Por un lado, el gobierno presenta un programa de ajuste fiscal que apunta a ir reduciendo cerca de 1 p.p. de déficit por año hasta 2020.

En gran medida, los voceros oficiales esperan que el crecimiento proyectado del PIB haga la mayor parte del trabajo. En caso de frustrarse esta expectativa, sostener la meta fiscal implicará abandonar el “gradualismo”, en un contexto donde el ajuste de tarifas ya parece haber rendido todos los “frutos” que el gobierno podría esperar. Como sostuvimos en múltiples oportunidades, y los hechos de fines de 2017 confirman, sostener el esquema fiscal en los próximos años implicará poner en el centro del debate el sistema de seguridad social y su achicamiento en el tiempo.

Por el otro, a pesar de sostener elevadas tasas de interés durante toda la gestión, el esquema de Metas de Inflación está lejos de generar los resultados esperados por las autoridades y pone en crisis el conjunto de la política monetaria. Al cambiar la meta, el gobierno agrega un elemento adicional de incertidumbre.

El esquema de Cambiemos depende de la permanencia en el tiempo del proceso de endeudamiento externo, fundamentalmente del sector público, situación que nunca está garantizada. En una economía abierta y desregulada, las perturbaciones externas (que no podemos descartar como un escenario factible en 2018) impactarán con fuerza y rapidez en la economía nacional, expresando la elevada fragilidad del modelo macro.

La acumulación de tensiones en el esquema de política empieza a presionar
sobre las prioridades del gobierno. Al momento, y quizás como un resultado derivado del proceso electoral, se observa que el Ejecutivo comienza a abandonar elementos fiscales que contribuían a hacer “tolerable” en términos sociales el modelo de ajuste, profundizando, de este modo, el conflicto social.

En conjunto, entendemos que aún en “pleno funcionamiento” no debe esperarse de este modelo una mejora sostenida y sensible en las condiciones de vida de los sectores asalariados. La mayor precarización del mercado de trabajo y el desmantelamiento del sistema de seguridad social son pruebas de ello. A futuro, esperamos que estos lineamientos tiendan a profundizarse, lo cual podría agravarse sensiblemente ante una situación de estrangulamiento en el sector externo.

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“Un mundo con los pobres bien lejos”

 

Por Paula Canelo

 

La llegada de una factura de luz impagable no es el final de la adhesión al macrismo. Al contrario. Es lo que la explica. Es el precio que muchos “pagan” voluntariamente para mantenerse a salvo del otro.

La clave para entender las adhesiones al macrismo, esa indudable derecha dudosamente democrática y moderna, está en desentrañar su potencia simbólica, ideológica y cultural, mucho más que en medir su performance “material” (económica).


Supongamos que el macrismo sostiene un pacto más o menos implícito con su electorado llamémosle (y que mis colegas rigurosos me perdonen, pero esto es un post en un blog) “de clase media”.

¿En qué consiste ese pacto? Por un lado, estos votantes aceptan sin muchas vueltas una reducción de su poder adquisitivo (más o menos significativa de acuerdo al caso). Por otro lado, el gobierno promete mantenerlos a salvo del achicamiento de las distancias sociales: a salvo de tener que mandar a sus hijos a la misma escuela, al mismo hospital, al mismo club, que los hijos de los “sectores populares” (y que mis colegas rigurosos me perdonen otra vez).

Y por supuesto, claro está, a salvo de la amenaza de los sectores populares movilizados, de la politización de la vida pública, de la grieta K, de las cadenas nacionales, y de esos etcéteras intolerables.

Solemos considerar a ese votante como irracional. Nos preguntamos “-¿Cómo (CÓMO?) van a votar a un gobierno que los empobrece? Es que no se dan cuenta? Ya van a ver cuando no puedan pagar las tarifas de la luz, del gas, de la prepaga”, y etcéteras.

Sin embargo, y a la luz de los hechos cotidianos, creo que es hora de que abandonemos estas acusaciones de irracionalidad. Llamémosles “interpretaciones economicistas” o materialistas, que a los sociólogos nos gustan TANTO.

El fin de este despojo, curiosamente asistido por el despojado, no va a empezar cuando éste no pueda pagar la factura de luz, ni cuando no pueda pagar la prepaga, ni cuando no pueda pagar la escuela privada, y esos etcéteras.

Porque, precisamente, esas facturas impagables son el precio que paga, voluntariamente, para mantenerse a salvo del otro. Que, no lo dudemos a este paso, va a ser, lejos, el primero en no poder pagar y en empezar a transformarse en un número de la UCA.

El malestar de los adherentes al macrismo va a empezar cuando el gobierno deje de garantizarles el mantenimiento de las jerarquías y de las distancias sociales, del orden de clase que había sido puesto en tensión por las políticas de inclusión del kirchnerismo, más allá de todos sus errores.

El rico, que mande. La clase media, media. El pobre, bien pobre, y bien lejos de todos.

La clave para entender las adhesiones al macrismo, esa indudable derecha dudosamente democrática y moderna, está en desentrañar su potencia simbólica, ideológica y cultural, mucho más que en medir su performance “material” (económica).

Por eso el macrismo no para de buscar, recrear, agitar, a toda costa, un clima de visceral odio social. Porque es allí donde está su fortaleza, su parte del pacto: su capacidad para mantener las distancias sociales.

Así que dejemos de esperar que “dejen de votarlos cuando se den cuenta que no pueden pagar la luz”. Porque esa factura impagable es el precio que muchos pagan, voluntariamente, por mantenerse a salvo del otro.

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Entrevista a Ronald Noble: “nadie de Argentina le pidió a Interpol que se levanten las alertas rojas”

Entrevista a Ronald Noble, por Iván Schargrodsky (10/12/2017).

¿Alguna vez Argentina le pidió que levante las alertas rojas del caso AMIA?

No, nunca.

¿Alguna vez Irán le pidió que levante las alertas rojas del caso AMIA?

Respecto a Argentina, puedo decirlo porque hay declaraciones periodísticas respondiendo a este tema. Respecto a Irán, puedo decir que si Irán pidió levantar las alertas entonces su pedido fue rechazado porque las alertas nunca fueron removidas luego del Memorándum.

¿Está trabajando como defensor de Irán en algún caso internacional?

No. Algunos medios argentinos publicaron información falsa sin darle oportunidad a la persona atacada de responder. En ese hecho, esos periodistas violaron uno de los principios fundamentales del periodismo responsable, el derecho a ser escuchado.

¿Cuál es su opinión sobre la resolución del juez Bonadio?

En lo referido a Interpol y las alertas rojas por AMIA, el informe del juez Bonadio es falso, engañoso e incompleto. Por ejemplo, nunca hubo un pedido ni de Argentina, ni del canciller Timerman ni de ninguna persona de Argentina para remover las alertas rojas por AMIA. ¿Cómo puede decir que no soy imparcial porque tengo amistad con Héctor Timerman cuando tuve muchas más relaciones de amistad con Alberto Nisman, a quien visité en sus vacaciones en Punta del Este, Uruguay? El juez Bonadio dictó una resolución tendenciosa sin evidencia para sostener sus conclusiones falsas respecto que Argentina e Interpol tenían un acuerdo secreto para levantar las alertas rojas. Toda la evidencia prueba de manera abrumadora que no hubo nunca un pedido de Argentina de levantar las alertas rojas y que las normas de Interpol hubieran prevenido que eso suceda por el Memorandum. Por lo tanto, la resolución de Bonadio en este tema debe ser completamente desacreditada.

¿Alberto Nisman apoyaba la idea de encontrar una solución pragmática que juntara a las dos partes?

Hablamos con Nisman sobre numerosas formas de avanzar en la investigación sobre el atentado a la AMIA. Su solución preferida era traer a los acusados a la Argentina.

¿Por qué Bonadio llamó “relajo en la búsqueda” a lo que sucedió con las alertas luego del Memorandum?

La resolución de Bonadio demuestra que no comprende las reglas ni las regulaciones de Interpol en lo que respecta a alertas azules y rojas. Le pidió a Interpol que ponga una alerta azul para ubicar al secretario general de Interpol por una investigación sobre traición, lo cual es una ofensa política. Debería saber que de acuerdo al artículo 3 de su estatuto, Interpol tiene estrictamente prohibido tomar parte en casos políticos como lo es la acusación de traición. El juez Bonadio debería haberme contactado, tal como vos y otros periodistas hicieron, vía mail, o Twitter, Linkedin o Google.

¿Podrían haberte llamado a declarar? ¿Cómo?

Sí, ¿cómo? Simplemente siguiendo las leyes, reglas y procedimientos de Argentina y respetando los estatutos, las reglas y regulaciones de Interpol.

¿Alguien además de Bonadio alguna vez lo acusó de algo?

No, nunca.

La situación intelectual hoy

Por Nicolás Freibrun. Politólogo y docente.

Es difícil ser intelectual, Blanchot

 

Se sabe: situar a los intelectuales siempre ha sido una tarea incómoda. No hay debate sobre la historia de las ideas y de los intelectuales que no se haya visto arrastrado por esta interminable discusión, sabiendo incluso de antemano esa tarea imposible. Para situarnos históricamente, registremos el nacimiento de los intelectuales hacia finales del siglo XIX, nacimiento que ha sido motivo de injurias y descalificaciones y que ya lo ve nacer como un nombre maldito (¿qué hace un intelectual? ¿en nombre de quién hace lo que hace? ¿qué legitimidad porta?). El pecado de origen es producto de una pretensión por decir la verdad; más aún, de crearla. Reconocerse como intelectual es el resultado de una posición, de un movimiento subjetivo que pretende decir algo sobre el orden social porque existe la sospecha de que ese mismo orden está dislocado e incluso desquiciado; que es injusto.

Más allá de que cada época cobija sus propios problemas a resolver, hay que entender al intelectual y a lo intelectual como una posición a conquistar, una articulación que debe producir un nuevo sentido allí donde no había nada o donde había otra cosa. Su punto de partida y mito fundante fue el caso del capitán Dreyfus en Francia. Acusado a la sazón de ser espía del enemigo alemán y de traidor a la patria, la injusticia que se le hizo fue la causa que puso del mismo lado a un grupo de figuras representativas de un campo intelectual en ciernes, como Emile Zolá, Jean Jaurès y Emile Durkheim, y que tuvo en el antisemitismo uno de sus ejes para la movilización. Estos hombres de letras (en su sentido más amplio) entendieron algo fundamental y que vale para todas las épocas: la injusticia no es solamente un problema de mecanismo procedimental, juridicista, sino la peligrosa ruptura del sentido de vida compartido que funda a la democracia.

Pero al ingresar a la arena política y denunciar las injusticias que rigen a la sociedad, los intelectuales realizan una operación de articulación entre la palabra (el terreno de las ideologías, los discursos y las teorías) y la política (la existencia de un tipo de orden). Si no se produjese esa relación la existencia de los intelectuales sería sin sentido, pues es parte de su tarea reponer lo que se presenta escindido, para producir algo más, un plus. Por lo demás, no hay una posición intelectual invariable, sino que existen diversas formas de aparición en contextos específicos. La historia y la literatura lo verifican: consejeros del Príncipe, críticos del poder, moralistas, resistentes a la cultura dominante e incluso parias y outsiders, todos pusieron en juego esa articulación.

En el presente, asistimos a un tipo de ejercicio del saber que de modo creciente se ve dominado por las figuras del especialista y del experto, aferradas a las exigencias que impone la híper-especialización, la fragmentación de los saberes y los condicionantes institucionales de la reproducción material. Toda elaboración parece destinada a sobre interpretar un problema ya existente, como si pudiera multiplicárselo al infinito. Esta realidad es de larga duración y en cierto modo irreversible, pero es precisamente por ello que abre la posibilidad de preguntarnos por la situación intelectual contemporánea, en vistas a reponer las condiciones de una posición más universal que habilite a crear nuevas legitimidades de intervención.

¿Qué queda de los intelectuales en un campo especializado que produce saberes cada vez más específicos, compartimentos estancos donde la burocracia de las instituciones del saber y la producción académica de papers son la forma dominante de creación? ¿Cómo constituir lo intelectual –que es un saber individual y colectivo- frente a las injusticias de nuestro orden político presente? ¿Cómo restablecer esa relación entre palabra y política que produzca lazos de socialización que traspasen el umbral de la expertise?

Si algunas de las ideas que alumbraron al intelectual moderno fueron las del compromiso y la crítica, también fue una apuesta que siempre había estado en tensión con otras formas posibles de decir lo intelectual y de asumirlo. No importa que se supiera de antemano que había que lidiar con las tensiones propias de la vida moderna, con el mercado, la opinión pública o las instituciones del saber, porque ya el mismo compromiso suponía un gesto y fijaba una posición. Estar atento a esas experiencias del pasado puede impulsar a restituir algo de ese espíritu y salir de la soledad creadora, en un momento de la democracia donde la injusticia generalizada pretende hacerse sentido común.

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Las izquierdas y el progresismo ante la defensa nacional y las fuerzas armadas en la Argentina del siglo XXI

Por Germán Soprano (1)

Cuando los editores de Artepolítica me invitaron a escribir unas líneas sobre el tema del ARA San Juan y sus consecuencias políticas inmediatas y mediatas, pensé: ¿Qué podría agregar a lo mucho ya dicho en estas semanas? Como esperaban que me ocupara de una dimensión política, descarté referirme a las cuestiones más específicamente profesionales de los marinos que he abordado en mi experiencia de trabajo de campo etnográfico con oficiales y suboficiales de unidades operativas de la Armada y, en particular, del submarino ARA Santa Cruz. Fue entonces cuando reparé en la posibilidad de escribir tratando de interpelar a algunos lectores, aquellos tenidos como de “izquierdas” y/o “progresistas” de nuestro país, con quienes como ciudadano comparto ideas, valores y prácticas políticas. Avanzo entonces pensando en ellos.

El ARA San Juan y la crisis de la defensa nacional en la agenda pública

En las últimas semanas los medios de comunicación vienen cubriendo la desaparición del submarino ARA San Juan con información de último momento, dan lugar a opiniones de especialistas –académicos, militares retirados, profesionales civiles, algunos políticos- y a un mar de opinólogos y reputados todólogos de panel que salen a la palestra. El caso puso en el centro de la agenda pública no sólo el tremendo drama humano que supone la búsqueda de los 44 tripulantes y el hallazgo del submarino; también reveló de modo patente el estado estructural crítico del sistema de defensa nacional y de su instrumento militar.

¿Puede un país de la extensión, riqueza y densidad poblacional de la Argentina no disponer de un sistema de defensa y, en consecuencia, de unas Fuerzas Armadas con capacidades materiales y de personal para ejercer de forma efectiva su misión principal en la defensa externa y sus misiones subsidiarias? La respuesta expresada por diversos especialistas ha sido taxativa: no es posible.

Que el tema esté en la agenda pública es necesario para los familiares, amigos y camaradas de los tripulantes, que anhelan dar con su paradero. También es un asunto de importancia para protagonistas y analistas militares y civiles de la defensa, que esperan intervenir en esta penosa circunstancia para sensibilizar o, mejor aún, concientizar a la dirigencia política y sectores de la sociedad sobre la importancia de contar con un adecuado y efectivo instrumento militar terrestre, naval y aéreo, que sirva a los fines de una política de defensa nacional defensiva, autónoma y cooperativa que atienda amenazas externas, conforme lo prescribe la Ley de Defensa Nacional sancionada en 1988.

La defensa nacional y las Fuerzas Armadas en la política Argentina pos-diciembre de 1983

Las Fuerzas Armadas Argentinas y, en particular, el Ejército, entraron en una crisis institucional y profesional profunda tras la derrota de la Guerra de Malvinas y la crisis por colapso (como conceptualizó Guillermo O´Donnell) del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”. Los años 1984 a 1990 fueron de marcada inestabilidad interna castrense, que tuvo sus expresiones en los cuatro “levantamientos carapintada” entre abril de 1987 y diciembre de 1990. Este último fue reprimido por la firme decisión y acción de quien por entonces era el subjefe del Ejército, el general Martín Antonio Balza, luego jefe de esa Fuerza entre noviembre de 1991 y diciembre de 1999.

Desde el 3 de diciembre de 1990, las Fuerzas Armadas han permanecido subordinadas al poder político civil incluso en circunstancias críticas para el orden estatal y social del país, como fue la crisis de diciembre de 2001. Posteriormente, el renovado impulso que tuvieron los juicios por crímenes de lesa humanidad tras la declaración de nulidad e inconstitucionalidad de las leyes de Punto Final y Obediencia debida y los indultos presidenciales, el personal en actividad mantuvo dicha subordinación. Es de destacar, asimismo, que la carrera de un militar tiene en promedio unos 35 años, por ende, en la actualidad prácticamente todos los oficiales y suboficiales en actividad se educaron y desarrollaron su actividad profesional en democracia.

Desde diciembre de 1983 hasta el presente, la dirigencia política argentina no ha tenido como un tema relevante la defensa nacional.

Durante la presidencia de Raúl Alfonsín, la atención del gobierno y los legisladores nacionales respecto de las Fuerzas Armadas estuvo más centrada en obtener una subordinación política o el control civil, que en fortalecer las capacidades institucionales del instrumento militar de la defensa. En este período se sancionó en el Congreso de la Nación la Ley de Defensa Nacional en 1988.

En las dos presidencias de Carlos Menem, a pesar de los recortes presupuestarios, el mandatario se caracterizó por otorgar autonomía a los jefes militares, la cual supieron aprovechar –con desiguales resultados- generando capacidades para cada Fuerza. No obstante, quedó pendiente una profunda reestructuración de todo el sistema de defensa concibiendo de forma coordinada el conjunto de capacidades del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, un objetivo entonces imposible, toda vez que no existía conducción política desde el Ministerio de Defensa ni un accionar militar integrado desde el Estado Mayor Conjunto. La conjuntez era y sigue siendo una deuda pendiente, una lección duramente aprendida por las deficiencias que tuvo la conducción estratégica argentina en la Guerra de Malvinas.

Los gobiernos que sucedieron a Menem poco hicieron en favor de fortalecer las capacidades efectivas del instrumento militar de la defensa nacional. El gobierno del presidente Fernando de la Rúa no tuvo voluntad política o no pudo realizarla por la crisis. En los gobiernos de los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, la gestión de la ministra Nilda Garré se caracterizó por impulsar una activa política de reformas en la educación, identidad y relaciones de género, justicia y disciplina militar, avanzando en la elaboración de un ciclo de planeamiento por capacidades militares para la defensa nacional, además de reglamentar la Ley homónima tras 18 años de su sanción. Sin embargo, ni su gestión ni la de los ministros que la sucedieron –Arturo Puriccelli y Agustín Rossi- produjo una significativa inversión en armamento, materiales y equipos. Ciertamente se dirá en favor de las gestiones kirchneristas que el mantenimiento integral de media vida del ARA San Juan se hizo en esos años. No obstante (incluso dejando para una investigación administrativa y judicial el resultado de dicho mantenimiento), lo invertido en capacidades operativas fue, en general, tan módico que no alcanzó para revertir las limitaciones estructurales que tienen las Fuerzas Armadas para cumplir su misión principal de defensa contra amenazas externas. También es necesario no olvidar que fue con el kirchnerismo que un personaje políticamente cuestionable, que ya cargaba con causas por crímenes de lesa humanidad y profesionalmente desprestigiado en su propia Fuerza como el teniente general César Milani, alcanzó la jefatura del Ejército y gravitó con peso sobre las conducciones de las otras Fuerzas Armadas; una decisión política que la gestión de la presidenta Fernández de Kirchner continuará acarreando en su saldo deudor ante la dirigencia política, los militares y quizá ante aquellos escasos sectores de la sociedad argentina preocupados por la defensa nacional.

En los dos años el gobierno del presidente Mauricio Macri, con las gestiones ministeriales de Julio Martínez y Oscar Aguad, tampoco se revirtió dicha tendencia crítica de larga duración, llegando incluso a acentuarla con los recortes presupuestarios aplicados y los hasta el momento previstos. Aunque, sí, quizá pueda advertirse como un esbozo de orientación positiva, el apoyo que ha dispensado el presidente al teniente general Bari del Valle Sosa, jefe del Estado Mayor Conjunto, quien a diferencia de los ministros de la cartera y los jefes actuales de las Fuerzas, ha evidenciado disponer de propuestas de reformas y voluntad de encararlas.

El antimilitarismo actual de la izquierda y el progresismo argentino

La desaparición del ARA San Juan puso en evidencia entre las gentes de izquierdas y progresistas que los 44 tripulantes del submarino eran conciudadanos que desaparecieron cumpliendo con su deber como funcionarios públicos comprometidos con la defensa externa del país. Esos oficiales y suboficiales de la Armada no encajan en modo alguno en la representación de los perpetradores que sembraron el terror en la última dictadura. No son Massera, no son la patota de la ESMA, ni sus discípulos ni sus herederos como sugirieron maliciosamente algunos en las redes sociales. Me resulta absurdo hacer esta aclaración, pero vaya por las dudas.

Las siguientes preguntas pueden también ser obvias, aunque es preciso enunciarlas: ¿Hasta cuándo continuar desconfiando de la subordinación política de los militares en democracia? ¿Es empíricamente factible seguir presuponiendo una línea de continuidad en pensamiento y acción entre los perpetradores de la última dictadura y los militares que se educaron e hicieron sus carreras profesionales en democracia? ¿Es posible sostener el objetivo estratégico de una nación libre, justa y soberana sin contar con un instrumento militar que asegure la defensa nacional de amenazas externas en un mundo incierto e inestable? ¿Cuál es el sentido actual del antimilitarismo de las izquierdas y el progresismo argentino a 34 años del restablecimiento del orden democrático y a 27 años de la represión -efectuada por los propios militares- del último “levantamiento carapintada”?

Pienso que posiblemente habrá conciudadanos de izquierdas (algunos, por supuesto, no todos) que se reconozcan contrarios al ejercicio del monopolio legítimo de la violencia por parte del Estado y, por ende, se opongan a cualquier esfuerzo en favor de fortalecer las capacidades estatales de las fuerzas armadas (además de las de seguridad y policiales). Se de antemano que para ellos mis argumentos son y serán cuestionables. Pero para quienes sustentan ideas y valores de izquierdas reformistas y progresistas y, más aún, para los nacional-populares y los peronistas, me parece imprescindible que llegados a este punto crítico del sistema de defensa nacional –cuyo trágico emergente ha sido la desaparición del ARA San Juan- se planteen, nos planteemos, la necesidad de revertir esta larga tendencia de decadencia de las capacidades operativas de nuestras (si, nuestras) Fuerzas Armadas. Y para ello es preciso poner en discusión el actual antimilitarismo o la acendrada desconfianza política por lo militar.

Por último, en el horizonte inmediato y quizá mediato de la política argentina, si existe alguna posibilidad de que esa situación pueda revertirse, lo será con un gobierno nacional de Cambiemos. De modo que, por un lado, pienso que no vale estar a favor de los cambios pero decir que se harán sólo cuando los decisores políticos del Estado nacional sean otros ¿en el 2019? ¿2023? ¿2027? No, no se puede esperar. Además, la defensa nacional debe ser una política de Estado que trascienda los gobiernos. Si, por supuesto, es y será dado participar en el debate desde la oposición política y desde el Congreso Nacional, desde el ámbito científico y universitario especializado, etc., con vistas a procurar imprimir a esos cambios una orientación que reconozcamos solidaria con ideas y valores afines con nuestras concepciones, a mi entender, bien plasmadas en ese consenso normativo básico de la democracia que es la Ley de Defensa Nacional de 1988. Asimismo, por otro lado, advierto contra la pretensión de quienes consideran que las Fuerzas Armadas sólo serán buenas cuando los militares argentinos sustenten un ideario afín con las izquierdas, el progresismo o el pensamiento nacional-popular. Definitivamente, no es esa improbable realidad la que hay que aguardar. Necesitamos oficiales, suboficiales y soldados voluntarios que sean funcionarios públicos profesionalmente bien preparados para cumplir con sus misiones en la defensa nacional (con el gobierno que sea), y también ciudadanos (como debemos ser todos) respetuosos y consustanciados con la Constitución Nacional y las leyes de la Argentina.

¿Habrá de bregar la izquierda y el progresismo por ello en el siglo XXI?

 

(1) Investigador del CONICET-IdIHCS / Profesor de la Universidad Nacional de La Plata. Doctor en Antropología Social y Profesor en Historia. Investiga en perspectiva histórica y etnográfica acerca de política de defensa nacional, liderazgos, educación y profesión militar en la Argentina del siglo XX y XXI. Es autor de ¿Qué hacer con las Fuerzas Armadas? Educación y profesión de los militares argentinos en el siglo XXI. Prometeo, Buenos Aires, 2016.

La representación en disputa

Por Malena Magnasco y Sofía Chiraux.

“Al río que todo lo arranca lo llaman violento,
pero nadie llama violento al lecho que lo oprime.”
B. Brecht.

Sin haber estado en temario, gracias a una estrategia en conjunto de las diputadas y pese a cuestionamientos de los siempre “defensores de las instituciones”, la Cámara de Diputados convirtió en Ley la Paridad de Género.

No es de sorprender que 26 años atrás pasaba lo mismo, 14 mujeres legisladoras trababan la discusión del presupuesto para que se apruebe la Ley de Cupo Femenino. Como en 1991, el resquebrajamiento del juego parlamentario permitió el avance de las mujeres y demostró la necesidad de seguir avanzando en legislaciones que garanticen su participación.

Ahora bien, surge la pregunta de si es suficiente la Ley para garantizar la paridad de género en las cámaras.

El proyecto sancionado establece que las listas de todos los partidos políticos o frentes electorales que se presenten a elecciones deben cumplir con los requisitos de paridad de género 50% y 50% y que además deben estar intercalados los candidatos hombres y las candidatas mujeres.

Durante el debate en comisión del Senado se destacó el hecho de que, casi siempre, si había alguna renuncia, muerte o alguna legisladora dejaba su lugar, éste sería ocupado por un varón. Es por ello que se decide sumarle a la norma un artículo que establece que en caso de renuncia, muerte o separación de una o un legislador (Diputados, Senadores, parlamentario del Mercosur), será sustituido por un candidato o candidata del mismo sexo. Sin embargo, en el caso de que no haya más mujeres en la lista, la banca quedará vacante y será de aplicación el artículo 62 de la Constitución Nacional.

Asimismo, la norma busca fomentar el acceso de las mujeres a los espacios de poder dentro de cada partido político, donde también deberá ser respetada la paridad de género. Sin embargo, no tendrán la obligatoriedad de intercalar por género en la lista de candidatos.

El objetivo general de la Ley de Paridad es buscar la equidad de género sobre el acceso de los cargos electivos y romper con el techo de cristal. Pese al impacto positivo que tuvo el establecimiento de la Ley de Cupos femenino, dicho 30% se convirtió en un límite de ingreso para las mujeres más que en piso. Por ejemplo en la Cámara de Diputados de la Nación, el porcentaje de mujeres aumentó de un 5,8% en 199 3 a 25,2% en 1996 a un 35,1% en el año 2014. En el caso del Senado de la Nación, el cupo del 30% comenzó a regir en el año 2001. La cantidad de senadoras se elevó considerablemente, mientras que en ese año había un 5,5% de legisladoras en ejercicio (4 en total), en el período que se inicia en 2002 pasa a un 36,1% (26 senadoras) en las bancas de la Cámara Alta. En el 2015, el porcentaje total de senadoras fue del 41,6%, siendo un total de 42 mujeres ocupando escaños en la Cámara Alta (1).

Incentivos para esquivar la participación equitativa. Qué sucedió en la Provincia de Buenos Aires.

La Ley de Paridad abre una nueva oportunidad para el acceso de las mujeres a los cargos electivos. Sin embargo, la norma no regula sobre el ingreso efectivo de legisladoras sino que se limita a la composición de las listas de los partidos. Existen dos mecanismos institucionales (2) -ligados entre sí- que incentiva a que la Ley de Paridad no se traduzca en equidad efectiva en las cámaras. El primero, es el número de los cargos en juego. Menor es el número de escaños a repartir, menor será la paridad. Esto quedó demostrado en las últimas elecciones de la Provincia de Buenos Aires donde se utilizó por primera vez la Ley de Paridad. El ingreso de las diputadas electas es casi el doble de mujeres que ingresaron en el 2015, el crecimiento es más moderado en el caso de la Cámara de Senadores donde ingresa un 28,6% más de mujeres que en las elecciones pasadas. Dicha diferencia de resultado está ligado a la cantidad de bancas en juego. Mientras que las listas de candidatos y candidatas a senadores tenían entre 3 y 8 candidatos, las de candidatos y candidatas a diputados tenían entre 6 y 18. Como resultado final, más allá del crecimiento en la cantidad de mujeres electas, por ahora la composición de las cámaras provinciales no muestra mucha diferencia en los porcentajes de género. La Cámara del Senado provincial, estará compuesta por un 35% de senadoras y 33% de diputadas en la Cámara Baja provincial.

El segundo mecanismo está relacionado al primero y tiene que ver con la nula mención en la ley a la paridad horizontal. Esto es, quién encabeza la lista. En el caso de PBA en las PASO de agosto, el 20% de las listas de pre candidatos y candidatas para Senadores provinciales estaba encabezado por mujeres, mientras que en la Cámara Baja provincial fue del 23%. Para pre candidaturas a Senadores provinciales, solo 4 de 20 listas tuvieron una candidata en el primer lugar. En la Cámara Baja provincial, esto se dio en 5 de las 22 listas.

De esta forma, aun cumpliendo con los criterios de paridad, secuencialidad y alternancia estipulados por la ley, los candidatos de género masculino tienen más chances de conseguir los votos necesarios para ser electos, sobre todo en las fuerzas partidarias minoritarias.

¿Qué deja entrever el modo inesperado de su aprobación?

La ley de Paridad de Género se votó estando fuera del orden del día e incorporándose a último momento. A pesar de contar ya con media sanción y con un dictamen de mayoría firmado en septiembre, nunca se la había podido llevar al recinto para su sanción. Hasta se había presentado el día anterior, en la reunión de Labor Parlamentaria, un documento donde 130 legisladores de todos los bloques donde pedían tratar el proyecto, pero no hubo éxito.

Fue así que, en una astucia colectiva, en la última sesión la Dip. Donda (LdS) tomó la palabra y pidió el apartamiento del reglamento para tratar el proyecto de paridad. El primer desafío de la estrategia femenina era mantener a tres cuartas partes de los presentes para poder votar esta moción y funcionó.

“Seguramente será una noche histórica porque podremos salir del esquema tradicional y alcanzar la paridad uno a una y lograr finalmente la ansiada paridad legislativa que implica una reforma política”, dijo la Dip. Cristina Alvarez Rodríguez (FpV-PJ), hablando de historia como aquello que se construye con un poco de rebeldía. Las defensas del temario acordado no tardaron en llegar: “No se puede alterar solamente cuando a uno se le ocurra, si no se pierde la uniformidad de la sesión” opinó el Dip. Negri (UCR-Cambiemos); “no vamos a permitir que nos vengan a manejar la agenda” agregó la Dip. Banfi (UCR-Cambiemos), utilizando el objeto indirecto para disimular que el oficialismo este año efectivamente se sintió dueño de la agenda legislativa para hacer y deshacer el temario a tratar.

La sesión recordó a la votación de 1991 por la Ley de Cupo Femenino, cuando las 14 mujeres del recinto aprovecharon “una oportunidad histórica” – en palabras de la Dip. Camaño (FR) – y amenazaron con dejar sin quórum la sesión si no se trataba la ley. 26 años más tarde, 1 de cada 3 diputados es mujer.

Llevó tiempo y podrían ser más, pero sin duda explica por qué la Ley de Paridad molesta y asusta.
La imprevisibilidad común de ambas votaciones, tomadas casi como por asalto, echa luz sobre la resistencia de larga data que existe en todos los partidos al empoderamiento político de las mujeres. Deja expuesta también la manera en que el legalismo es muchas veces la máscara para no discutir las cuestiones de fondo. Las dos veces fueron las habilidades conjuntas de las legisladoras las que garantizaron que su voz se escuche en ese espacio dominado por hombres.

Finalmente, el proyecto de paridad de género que había sido aprobado el año pasado por la Cámara de Senadores, contó en la Cámara baja con 168 votos a favor, 4 en contra (todos de varones) y 2 abstenciones. La Paridad de Género se convirtió en Ley.

No suficiente, pero sí sumamente necesaria

La manera en que fue aprobada la Ley de Paridad de Género demuestra la necesidad de su propia existencia y, sin dudas, tiene que verse no solo como una victoria de las legisladoras, sino también de las organizaciones de mujeres que la militaron.

La norma, desde ya, no es suficiente, en tanto que solo regula sobre la posibilidad de elegibilidad y no sobre la representación efectiva. Además, siguen existiendo otros espacios de representación monopolizados por voces masculinas.

Sin embargo, es un paso sumamente necesario e importante hacia el camino a la representación política equitativa en nuestro país. Su debate nos invita a desnaturalizar estereotipos, revolucionar la esfera privada y reconstruir los significados de la vida pública, a desprendernos de hábitos machistas profundamente arraigados para construir una sociedad más justa sin distinciones de género. Porque si de algo estamos seguras es que no habrá justicia social en un país donde siga existiendo discriminación y violencia hacia las mujeres.

(1) Datos proporcionados por Atenea – Centro de Estudio para el Desarrollo Nacional Atenea.

(2) Norma Marco para consolidar la Democracia Paritaria. (2015). Panamá. Ingreso desde: http://parlatino.org/pdf/leyes_marcos/leyes/consolidar-democracia-paritaria-pma-27-nov-2015.pdf

(3) Ley de Paridad de Género en la provincia de Buenos Aires: la composición de las cámaras. (2017). Atenea. Centro de Estudios para el Desarrollo Nacional. Ingreso: 28/11/2017, desde http://ateneacentro.com.ar/2017/11/07/ley-de-paridad-de-genero-en-la-provincia-de-buenos-aires-la-composicion-de-las-camaras/

Paterson y el silencio de los intelectuales

Por Nicolas Freibrun y Amílcar Salas Oroño∗

Cada tanto, y no dejando pasar demasiado tiempo entremedio, podemos encontrar, ya sea como nota central de un suplemento periodístico o un especial de mesa redonda, en una revista de crítica cultural o como griterío de un programa radial, la idea de que estaríamos frente a un nuevo “silencio de los intelectuales”: un silencio que sería, en cada caso, o bien frente a su clase social, o frente al poder, o frente a las modas, o frente a las mujeres, los ancianos o frente a ese hombre con poder que persigue a un elefante en el safari. Silencios llamativos, justo de ellos (!), que están ahí para hacer ruido, para decir la palabra justa, para torcer las armonías políticas, conmover las éticas domésticas, despertar los corazones juveniles y, cuando no, seducir a alguien, a los grandes públicos, en el mejor de los casos, como consejero del Príncipe. Por eso, cuando se promociona y reitera que es el momento de hablar de “el silencio de los intelectuales”, ya está puesta y propuesta alguna forma de condena, por estar en ese momento (los intelectuales) en un modo que no es en el que (genéricamente) están.

¿Que trae al tema Paterson, la última película del prestigioso Jim Jarsmusch? En principio, podrían ser perfectamente otros los tópicos posibles para una caracterización del film: que la prolijidad en el manejo de la cámara, que la construcción de los personajes, que los ritmos de la narración y de la temporalidad visual, que si su pareja es una artista o alguna otra cosa misteriosa, que la bestia del perro (porque una cosa es la travesura del buzón, otra que despedace la obra de un hombre: eso lo confirma como bestia); que si un chofer de autobuses puede ser poeta o escritor, como se pregunta la niña del pelo y el agua. Todo eso. Pero la película podría ser, también, y esto es lo que queríamos señalar, sobre “el silencio de los intelectuales”, desde un ángulo no siempre revisado.

Paterson trabaja, eso está claro. Es un trabajador de molde desde las 6 y 15, 6 y 25, 6 y 40 de la mañana hasta que vuelve a cenar, no se sabe muy a qué hora, cuando comienza a caer el día. Se desploma en el sillón al llegar a casa con los pies cansados, esperando que la división del trabajo social le ponga la comida sobre la mesa; toma su cerveza diaria en el bar, donde se ríe de la desgracia ajena o abre la misma conversación repetida sobre las glorias lugareñas por milésima vez; hace los cálculos crematísticos por si hay márgenes para comprar un instrumento musical para su mujer, y así. Paterson no es ni osco ni ordinario, ni anda todo el tiempo malhumorado. No. Pero lo que él hace, y diríamos que bien, bastante bien, es realizar otro trabajo, un trabajo intelectual, su trabajo intelectual. Y ese trabajo, Paterson lo hace de manera sigilosa, silenciosa: un (otro) silencio de los intelectuales.

Nuestro espigado chofer trabaja intelectualmente con mucha dedicación, y allí también está el otro interrogante que Jarmusch nos deja: ¿Es acaso posible el trabajo intelectual sin dedicarse de un modo explícito al propio asunto? Paterson se interna en su gruta personal, en ese sótano donde nadie lo molesta (y si llega a ser el caso de que la mujer lo invada, él mismo se anticipa a la sorpresa abriendo de antemano la puerta). Paterson lee, escribe, vuelve a leer; lee a su poeta preferido, pero también sabe de cultura en general. Se esfuerza para escribir, se prepara para escribir: trabaja intelectualmente. Y si el mundo del chofer es ruidoso, manual, mecánico y circular, el otro trabajo es interior, hasta por momentos onírico y rodeado de signos (confundiendo el sueño de los gemelos de su mujer con los gemelos que se le van presentando en el camino de la vida). Observa todo el tiempo todo, incluso cuando maneja: escucha conversaciones, ensaya sus juicios de valor, resalta algunas cosas, desecha otras: vale decir, está siempre atento, y en esa atención absorbe el mundo exterior en silencio.

Este “silencio de los intelectuales” también existe, como positividad, como acto creativo. El trabajo intelectual – el de Paterson, por ejemplo- lleva un tiempo, implica un esfuerzo; es un artesano que ejerce su oficio con cuidado, sobre todo, interno, de las condiciones de sí mismo. En ese sentido, su exteriorización no es inmediata, es un proceso de elaboración que tiene su rutina, su método. Es cierto que puede quedar en la nada de un momento a otro, por un perro o por cualquier otra inclemencia, pero esa es otra cuestión. Paterson no se desmorona completamente frente a los mordiscos del can. Y esto porque el mismo proceso creativo lo ha enriquecido, lo ha vivificado, lo ha humanizado, de forma tal que su potencia todavía está allí, esperándolo, sin deshidratarse, para la próxima rodada. En tiempos de twitter, donde poco importa que el párrafo subsiguiente conecte con el anterior, donde todo se convierte en una espuma de sentidos momentáneos, el oficio intelectual, el oficio silencioso de la creación intelectual, este tipo de “silencio de los intelectuales” recibe un bendito oxígeno de la mano de Jarmusch. El silencio intelectual de Paterson es una hermosa contrafigura (humanista) frente a la vorágine de qué es lo que hacemos con las palabras, y qué hace la sociedad con ellas. También aquí se puede y debe resistirse: los lenguajes circulantes merecen que sean irrigados por los Paterson que andan dando vuelta por ahí.

∗ambos autores son Licenciados en Ciencia Política (UBA)

Una sana rebeldía

Por Abelardo Vitale y Martín Astarita

 

El pasado lunes 30 de octubre, el Presidente de la Nación Mauricio Macri presentó ante gobernadores, miembros de la Corte Suprema, legisladores de ambas cámaras, empresarios y sindicalistas, su plan general de reformas para lo que resta de su administración y, quizás, la que le siga.

Hay muchos modos de evaluar sus palabras. Por ejemplo, se podría trazar un rumbo sobre la orientación ideológica de los futuros cambios anunciados. Pero esta columna prefiere algo mucho menos ambicioso y, tal vez, más inútil en tiempos de postverdad y sesgos de confirmación: nos limitaremos a realizar una serie de “cruces” entre las declaraciones realizadas por el Presidente y algunos datos y hechos que son públicos sobre esas cuestiones.

Para decirlo de otra forma: nos motiva esta frase que Macri pronunció al promediar su exposición: “La única manera de dar vuelta la página y sanar las heridas del pasado es diciéndonos las verdad, es construyendo confianza, que es la base de un vínculo duradero y genuino”

 

1) Empleo público

¿Qué dijo el Presidente?

“La modernización del Estado es una tarea fundamental. Estamos construyendo un Estado abierto, moderno y democrático; un Estado ágil, que simplifique trámites, agilice procesos, jerarquice al empleado público; un Estado íntegro, transparente, que se comunica y tiene inter-operatividad con los demás Estados…

“Otro caso es el de las Legislaturas provinciales, que ya eran escandalosos hace 15 años y desde entonces siguieron aumentando de tamaños. Hay varias provincias donde la cantidad de empleados de la Legislatura viene aumentando a más de 10 por ciento, por año. Hay casos de legisladores que tienen más de 80 empleados, sí 80 empleados por legislador. Estoy seguro de que hay maneras mucho mejor de trabajar, mucho mejor que armar quioscos para los amigos de la política.

¿Qué pasó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, entre 2007 y 2015, cuando Macri fue Jefe de Gobierno?

“El trabajo estatal porteño aumentó en casi nueve mil empleados entre 2007 y 2015: el gobierno del PRO disminuyó casi siete mil empleados administrativos e incrementó en 16 mil los dedicados a servicios públicos. Es una de las jurisdicciones donde más crecieron los cargos en el Estado”.

Fuente: http://chequeado.com/ultimas-noticias/macri-la-ciudad-tiene-la-misma-cantidad-de-empleados-publicos-que-cuando-llegamos/

2) Inflación

¿Qué dijo?

“Tenemos que seguir bajando la inflación y comprometernos para que la inflación nunca más vuelva a ser un instrumento de la política…desde el primer día reconocimos que la inflación es fruto de una mal política, estamos bajando gradualmente y este año será la más baja desde el 2009…”

¿Es cierto?

Cabe recordar que el INDEC discontinuó las estadísticas de inflación durante 2016. En 2017, por su parte, en el mes de septiembre la inflación se aceleró (1,9%) y la acumulada en los primeros meses del año (17,6%) superó las metas fijadas por el Banco Central (12-17%).

Si nos guiamos por los datos provistos por el gobierno de la ciudad de Buenos Aires, la inflación en 2016 fue de 41%, muy superior a lo que dejó el año 2015 (26,9%). En un artículo reciente, el periodista Alfredo Zaiat resumió las estadísticas de inflación provistas por las autoridades porteñas para mostrar que no existe una baja en el índice de precios:

Finalmente, CIFRA (a través del IPC provincias) registra, hasta el mes de agosto, una inflación promedio del 2% mensual. Y sostiene en su último informe que, al considerar la inflación acumulada hasta el mes de agosto, “es improbable que la inflación promedio anual de 2017 sea inferior al 27%”.

En síntesis, resulta difícil sustentar empíricamente la afirmación presidencial según la cual, la inflación está bajando. La reciente decisión del presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, de subir la tasa de interés, va en línea con lo aquí expresado.

Fuentes: INDEC, Sistema Estadístico de la Ciudad, Página 12 y CIFRA.

3) Deuda

¿Qué dijo?

“No nos gusta endeudarnos (…) ¿Qué madre o qué padre puede dejarle a sus hijos deudas y problemas?”

¿Qué ocurrió durante el gobierno de Macri en materia de deuda?

Según un informe del Ministerio de Finanzas, en los primeros 15 meses del gobierno de Mauricio Macri, la deuda pública aumentó en U$S 44.261 millones. Del total, el 68,1% de la deuda está contraída en moneda extranjera y el 31,9% en pesos. Según el economista Eduardo Basualdo, una nota distintiva en el tipo de endeudamiento generado por el gobierno de Macri es su velocidad: no tiene un antecedente histórico por lo menos de 1976 a la fecha. El año de mayor endeudamiento fue el año de la Guerra de Malvinas en 1982 y fueron 21.500 millones de dólares de 2016. Y el primer año de Macri, 2016, supera los 43 mil millones. Es decir, más del doble.

Por otra parte, según la Agencia Bloomblerg, Argentina es el país emergente que más deuda emitió en el mundo en los últimos dos años. Entre el 1 de enero de 2016 y el 18 de septiembre de 2017 los emisores emergentes han colocado bonos por USD 596.400 millones. De ese total, Argentina ostenta un monto cercano a los USD 42.000 millones, lo que representa un 7% del total.

Fuente:

https://www.clarin.com/economia/economia/15-meses-deuda-publica-aumento-44-216-millones_0_BJXRd1Pib.html

http://www.letrap.com.ar/nota/2017-10-3-21-30-4-basualdo-la-velocidad-de-endeudamiento-de-macri-no-tiene-antecedente

https://www.bloomberg.com/news/features/2017-10-02/would-you-buy-7-percent-bonds-from-this-guy

4) Déficit fiscal

¿Que dijo?

“Nuestra generación tiene que poner en orden las cuentas públicas para que cada argentino recién nacido herede patrimonio, infraestructura, cultura, bienestar, y no pasivos sociales, financieros o educativos. Ustedes saben que recibimos un Estado con un déficit alto, insostenible en el tiempo, que estamos bajando gradualmente de a un punto por año…queremos que los argentinos incluidos sus dirigentes valoren el equilibrio fiscal como un requisito indispensable de un buen Gobierno, no nos gusta endeudarnos, pero mentirnos, emitiendo dinero sin respaldo y generando inflación.

“No podemos gastar más de lo que recaudamos”. “Estamos reduciendo el déficit gradualmente, un punto por año”.

¿Qué ocurrió en este sentido?

En primer lugar, hay que decir que el gobierno cambió la metodología para medir el déficit, y la nueva modalidad resulta diferente a los criterios y estándares internacionales. En segundo lugar, en 2016, de acuerdo con la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública, el déficit financiero fue de 6,1% del PBI, el peor de los últimos 12 años (en 2015, el déficit fue de 4,8%).

Por su parte, CIFRA realiza en su último informe una comparación entre los primeros 9 meses de los años 2015, 2016 y 2017. Con respecto a los ingresos, señala que en hubo una mejora de 1,9% en términos reales, que no es tal si se excluye el ingreso obtenido por la ley de blanqueo de capitales: “Dada la caída de los ingresos del año anterior, el nivel quedó 7,9% por debajo del mismo período del año 2015”. Con respecto al gasto primario real, cayó 8,4% por debajo de su valor en 2015. El informe de CIFRA concluye: “El ajuste realizado implicó una reducción del déficit primario. Sin embargo, el déficit financiero se mantuvo en términos reales y creció 6,9% si se compara con el resultado de 2015. Ello, ante el crecimiento del pago de intereses (54,8%), producto del acelerado nivel de endeudamiento”.

Fuentes: Chequeado y CIFRA.

5) Ley de acceso a la información pública

¿Qué dijo?

“Hemos impulsado importantes normas, como la ley de acceso a la información pública, con una agenda independiente y profesional que ya está funcionando”.

¿Qué ocurrió en verdad?

Es cierto que el gobierno promovió una ley de acceso a la información pública. Hay que recordar que Néstor Kirchner, en 2003, había sancionado ya un decreto (1172/2003) sobre la materia que regía exclusivamente en el ámbito del Poder Ejecutivo. Lo que hizo Macri fue promover una ley para los tres poderes. Como parte fundamental de la nueva normativa sancionada, se creó una Agencia de Acceso a la Información Pública “como ente autárquico y con autonomía funcional”.

Sin embargo, tiempo después, en 2017, a través del decreto 746, el gobierno modificó la ley de Acceso a la Información Pública y le dio el manejo de la Agencia al jefe de Gabinete de Ministros (Marcos Peña). Según las ongs especialistas en el tema, entre otras, Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ), Poder Ciudadano y Directorio Legislativo, este decreto modificatorio “tiene un serio problema de constitucionalidad y legitimidad democrática”.

Fuentes: Agencia Télam. http://www.telam.com.ar/notas/201703/183843-el-ejecutivo-reglamento-parcialmente-la-ley-de-acceso-a-la-informacion-publica.html; diario La Nación: http://www.lanacion.com.ar/2067655-objetan-la-reglamentacion-de-la-ley-de-acceso-a-la-informacion-publica

5) Amiguismo y aumento de la planta política

¿Qué dijo?

“En el ministerio Público Fiscal se contrataron 1.100 personas, entre el 2012 y el 2016, la mayor parte de estas asignaciones fueron para cargos de alta jerarquía. No quieran saber los sueldos. En el Consejo de la Magistratura hay una desproporción similar, el número de consejeros creció casi un 140 por ciento, en diez años, 140 por ciento en diez años.

¿Qué hizo como Presidente desde que asumió?

Incrementó aproximadamente un 25% la estructura jerárquica del Estado Nacional. Desde que asumió, Macri creó 5 ministerios, 18 secretarías de Estado (pasando de 69 a las actuales 87) y 49 subsecretarías (de 154 a 203) . A su vez, las Direcciones Nacionales treparon de 298 que había cuando esta gestión asumió a 402 en la actualidad. A esto hay que sumarle las decenas de funcionarios que, sin ocupar de modo directo este tipo de cargos sí fueron nombrados con rangos de este tenor.

Fuente: Cippec/ASAP. Informe “El estado del Estado en la Argentina”. http://www.lanacion.com.ar/2059429-se-freno-el-aumento-de-empleados-publicos-pero-crecieron-los-cargos-politicos

6) Pobreza

¿Qué dijo?

“Si tuviera que definir una de las motivaciones más grandes que tengo como Presidente, diría que es terminar con la pobreza… es inadmisible que en un país con las condiciones estructurales que tenemos haya tantas personas en la pobreza.

¿Qué sucedió?

Más allá de un interminable debate acerca del modo en que puede “medirse” la pobreza de un país, según el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA), dependiente de la Universidad Católica Argentina, a pesar de una mejora en los ingresos el nivel de pobreza estructural “no cede” en el país.

Seguridad alimentaria, cobertura de salud, servicios básicos como conexión a la red de agua corriente, vivienda digna, recursos educativos, afiliación al sistema de seguridad social, y acceso a las comunicaciones y a la información son las dimensiones e indicadores que ODSA utiliza para evaluar esta “pobreza estructural”. Así medida, hay ocho millones de personas que no tienen acceso a por lo menos tres de las siete dimensiones de derechos desde los últimos 15 años.

Según los especialistas, cuando la pobreza se mide por “ingresos” las fluctuaciones económicas impactan de modo más dramático (a favor o en contra) en las mediciones.

Al mismo tiempo, los cambios introducidos por el Indec en el nuevo gobierno impiden la comparación con la gestión anterior. Estas diferencias hacen que sea incorrecto comparar las tasas de pobreza que reporta actualmente el INDEC con aquellas que se publicaban en 2015 o en años anteriores, aun aquellas que tenían en cuenta el problema de credibilidad en el IPC oficial.

Citado aquí debajo en los enlaces, un informe de CEDLAS-UNLP intenta realizar este “empalme” y concluye: “la evidencia disponible sugiere que los niveles actuales de indigencia y pobreza son semejantes a los de los últimos años: ni parece haber habido un fuerte aumento, ni hay signos, al menos todavía, de una baja significativa”.

Fuentes: OCSA/ CEDLAS-UNLP sobre la base de la EPH-INDEC.

http://www.lanacion.com.ar/2030530-segun-la-uca-no-cede-el-nivel-de-la-pobreza-estructural

http://focoeconomico.org/2017/04/01/la-pobreza-en-argentina-recuperando-la-comparabilidad/

 

7) Creación de empleo

¿Qué dijo?

“Si queremos salir de la pobreza tenemos que crear más trabajo, es el único camino, no hay otro….creemos en el trabajo como eje del proyecto de vida de las personas, necesitamos más y mejores trabajo para millones de argentinos, entonces avancemos hacia un esquema de reglas de juego que fomenten el empleo privado, formal.

¿Cuál es la situación?

Entre 2016 y lo que va de 2017 se perdieron casi 50.000 puestos de trabajo registrados privados en los sectores con remuneración mayor al promedio.Un informe de la UMET asevera que los trabajadores asalariados registrados pierden peso a costa de los monotributistas, lo que evidencia un aumento de formas de contratación precari: la cantidad de trabajadores asalariados registrados del sector privado se encontraba en agosto de 2017 por debajo de los niveles de noviembre de 2015. En la etapa de contracción económica, entre noviembre de 2015 y agosto de 2016, se registraron 82.000 asalariados menos, lo que significó una caída de 1,3 por ciento, al mismo tiempo que se sumaron 33.500 monotributistas. A su vez, en el período de recuperación, de noviembre de 2016 a agosto de este año, se sumaron 54.000 trabajadores registrados del sector privado asalariado, sin llegar a compensar aún la caída de los meses previos. Al mismo tiempo, esta suba representa un poco más de la mitad del crecimiento de los monotributistas (104.500), por lo que la proporción de asalariados privados siguió disminuyendo.

Fuente: Observatorio de Empleo, Producción y Comercio Exterior (ODEP) de la UMET. https://www.pagina12.com.ar/72573-lo-que-mas-crece-es-la-precarizacion-laboral

 

8) Exportaciones

Dijo el Presidente:

“No hay manera de salir de la pobreza sino nos convertimos en un país exportador”.

¿Qué pasó en la realidad? La Argentina acumula en 2017 un altísimo déficit comercial. En los primeros siete meses del año acumuló 3.427,6 millones de dólares y marcó un récord en la historia económica argentina al ser el más elevado desde 1910.

“Semejante deterioro comercial se explica por una relativa estabilidad de las exportaciones, que crecen a un ritmo tenue del 1,4% acumulado, mientras que las compras de bienes desde el exterior se incrementan por sobre el 15% en lo que va del año”, dicen los autores de un informe de la Undav.

Fuente: Universidad Nacional de Avellaneda. http://www.ambito.com/895173-en-2017-la-argentina-acumula-el-peor-deficit-comercial-de-la-historia-economica

 

9) Juicios laborales

¿Qué dijo?

“Vamos a seguir combatiendo los excesos en la litigiosidad laboral, que se ha convertido en el negocio de unos vivos, la mafia de los juicios laborales es uno de los principales enemigos de la creación de trabajo en nuestro país. Por eso, insisto a las provincias para que adhieran a la nueva Ley de ART, aprobada este año…

¿Qué sucedió?

La reforma de la Ley de ART generó una baja de la litigiosidad muy fuerte en la Justicia Nacional de Trabajo, donde se aplica. La misma opera como una herramienta de filtro judicial enorme, porque el trabajador debe ahora lidiar primero con las comisiones médicas, que constituye un primer obstáculo a la hora de recurrir al juicio. Como resultado de esta reciente reforma las ART se ahorran millones en indemnizaciones y prestaciones médicas, y miles de trabajadores accidentados o enfermedades, quedan sin prestaciones o indemnizaciones. Resultado último: se produce una redireccionalidad de los costos por accidentes laborales desde las empresas hacia la salud pública y las obras sociales, que también están bajo ataque.

¿Hay estadísticas públicas acerca de un “crecimiento desmesurado” de los juicios laborales? Lamentablemente no las hay. El nuevo sistema informático de la Justicia nacional obligó a la justicia del Trabajo a modificar el suyo, donde sí podía mensurarse estadísticamente la  cuestión. Si se quisiera “rearmar” esas estadísticas, el fuero laboral en pleno debiera “cerrar” al menos una semana todos los juzgados y dedicarse enteramente a esto cargando los expedientes uno a uno.

 

10) ¿Por qué este trabajo? Justo es señalar que las propuestas de reformas y las medidas concretas no fueron explicitadas ayer por el Presidente. Pero también es pertinente alertar que si partimos de esta disparidad entre discurso y hechos habrá que extremar el análisis y los debates ante cada una de las modificaciones estructurales que se propone impulsar desde el Ejecutivo nacional.

Para finalizar, sumarnos y compartir este concepto del Presidente en su cierre del discurso: “Vivamos esa sana rebeldía de querer más y saber que es posible, que está en nosotros lograrlo”.

Así es.  

 

 

La insubordinación de los privilegiados

El sábado 26 de agosto se organizó en la facultad de Medicina el Foro para la Construcción de una Mayoría Popular. Entre los muchos expositores estuvo Iñigo Errejón, diputado español de Podemos. Compartimos algunos fragmentos de su intervención que nos parece que pueden servir para el debate:

1.

¿Está viniendo algo así como una restauración neoliberal en la región? Creo que tenemos que caracterizar esta oleada, este conjunto de cambios de signo conservador, como una insubordinación de los privilegiados. Estamos asistiendo a una rebelión de los privilegiados contra cualquier intento de tener que someterse a reglas democráticas de juego. En Europa se expresa como una ofensiva oligárquica contra los pactos sociales de posguerra después de la Segunda Guerra Mundial y como una ofensiva contra el Estado de Bienestar; no solo contra servicios públicos concretos sino contra la mera idea de que los sectores populares tengan participación en el Estado y el Estado tenga alguna responsabilidad para con los sectores populares. Pero en América Latina se expresa también como una suerte reclamo con furia de lo que entienden que es suyo por derecho de nacimiento. Hay en la oleada reaccionaria un marcado signo de concepción patrimonialista del Estado. Las élites y las minorías privilegiadas no están discutiendo si hay más o menos Estado. Lo que están discutiendo es si el Estado puede servir a algunos intereses diferentes de los intereses estrechos de las minorías. Y lo están discutiendo con la furia del que entiende que nuestro paso por las Administraciones Públicas y por el poder político es una suerte de anomalía medio animalesca -os acordaréis aquí del aluvión zoológico-. Es una anomalía que el tiempo y la razón tendrán que acabar corrigiendo. Porque los lugares de poder son lugares que por alguna razón previa a la democracia les pertenecen. Luego algunas veces las elecciones aciertan y les confirman ese lugar de poder, y algunas veces se viven temporadas que son conflictivas para ellos. El conflicto para las élites es siempre cuando ellos no gobiernan.

2.

Hay que tomarse en serio una parte de esa insubordinación de los privilegiados para entender cómo es que esa insubordinación de los privilegiados es capaz de conquistar mayorías políticas sólidas. (…) No son siete millones de intereses oligárquicos, y tampoco basta decir que son siete millones que están engañados porque las televisiones están a su servicio: Eso no es ningún dato nuevo. Todos y todas los que estamos aquí cuando nos apuntamos a militar ya sabíamos que jugábamos en campo contrario. Que ellos tenían la inmensa mayoría de los medios de comunicación, de los poderes fácticos etc. No podemos contentarnos con una especie de receta moral que nos tranquiliza y que dice: ‘Bueno, como peleamos con una buena parte de los elementos en contra, eso justifica…’. Hay siempre -y soy consciente de que es una tesis polémica-, una parte de verdad en el adversario, que yo quiero combatir, pero que nos tenemos que tomar en serio. En política, y esto es una de las peores herencias que la interpretación más vulgar del marxismo nos dejó, no existe algo así como la falsa conciencia. Existen proyectos, horizontes, objetivos o identidades que son capaces de fundar mayorías que giran el rumbo de los países en un sentido o en otro. Y por tanto nos los tenemos que tomar como hechos reales. Decía Eduardo antes, y me parece fundamental, que del nombre del Foro hay que tomarse en serio ‘construcción’ y ‘nuevas’. Pero decía que ‘construcción’ porque los intereses no están dados esperando que alguien los represente. Y por tanto, que hay una batalla política que no nos va a solucionar ningún empeoramiento de las condiciones. Nosotros llevamos una larga década de empeoramiento de las condiciones de vida, y una larga década de acumulación de infamias, desvergüenzas y canalladas protagonizadas por las élites que han secuestrado las instituciones de nuestro país. Ninguna acumulación de chapuzas va a sustituir la construcción de una alternativa posible que haga que quienes están indignados, hartos o tristes con el orden actual de las cosas vean que tienen a su disposición la posibilidad o la alternativa de un orden nuevo.

3.
Las elecciones siempre se pierden en algún momento, esa es la prueba de que son elecciones libres. Eso no significa que las derrotas electorales signen el final de los procesos de transformación histórica. Las elecciones a veces se pierden y a veces se ganan. Que se pierdan elecciones no es un signo de crisis de los proyectos. Claro que hay alternancia, pero lo fundamental es cuánto de alto se pone el suelo mínimo de derechos, de inclusión, de democracia, de redistribución de la riqueza a partir del cual los que después llegan al poder tienen que seguir construyendo. Y eso tiene que ver con la necesaria conciliación de dos principios irrenunciables que hay que poner a dialogar: la voluntad de emancipación social con la voluntad irrenunciable al pluralismo político. Eso significa que siempre hay momentos de alternancia en el poder, y por tanto momentos en los que el adversario gana. El problema no es que el adversario gane, el problema es en qué condiciones hereda el país y en qué condiciones nos lo deja cuando nosotros recuperemos el poder político para gobernar en favor de las mayorías sociales. Eso no tiene que ver solo con los resultados de las urnas. Tiene que ver con un conjunto de transformaciones sociales, culturales y jurídicas que son las que en realidad dirimen el poder real en los Estados.

4.
No es verdad que la restauración sea simplemente una restauración de tabula rasa y vengan conformar el país como si no hubieran sucedido doce años de gobierno nacional-popular. Ellos desearían eso, pero no es ese el programa político inmediato. El programa político inmediato se hace cargo de algunas de las transformaciones de época, y aunque no les gusta las incorporan como si fueran suyas para construir un proyecto de estabilidad política. Tal es así que las nuevas derechas en la Región mantienen algunos de los avances sociales hechos por los gobiernos populares. Uno puede decir: ‘los mantienen de boquilla pensando en cuartearlos dentro de un tiempo’. Bueno sí, pero que los mantengan es un dato. Es un dato de la fortaleza de esas construcciones, que la gente ya no siente como una atribución que le dio un partido político sino como un derecho cosustancial al hecho de ser argentino, ecuatoriano y boliviano. (…) Esto no es una receta para sentarse a dormir en los laureles. Van a revertir todo lo que puedan, no hay un programa gradualista sino un intento de probar hasta dónde hay resistencia. Si hay poca, hasta la cocina. Si hay mucha, lo poco que puedan. Las derechas regresan haciéndose cargo de esa experiencia, con un lenguaje, un programa de políticas públicas y una forma de presentarse en sociedad que registran los cambios que han sucedido. En un cierto sentido, la construcción de nuevas mayorías de signo nacional-popular y democrático tiene que hacer lo mismo. No pueden ser mayorías que se limiten exclusivamente a un ejercicio de nostalgia que aspire a recuperar el tiempo pasado. Tiene que ser una articulación de mayorías que se haga cargo del Macrismo. Que se haga cargo de qué expresa eso sobre los deseos, las expectativas, los miedos o los anhelos de la sociedad argentina. (…) La diferencia entre ser una fuerza meramente de izquierdas y ser una fuerza nacional-popular es hacerse cargo de nuestro pueblo aún con los anhelos y los deseos que no compartimos.

5.
La economía no va a resolver ninguna tarea que no hagamos exclusivamente con la política. Me perdonáis, pero yo no creo que la gente vote con el bolsillo, vota con el corazón y con las entrañas. Claro que influye el bolsillo, pero por sí solo no significa nada. En Europa durante mucho tiempo la hegemonía de una ideología profundamente conservadora ha convertido a los pobres en perdedores. De tal manera que la culpa de la pobreza era que uno no se había esforzado suficiente. Las condiciones sociales y económicas en términos políticos no tienen ningún significado intrínseco que nosotros vayamos a desvelar. Es un significado que tenemos que construir. Así puede pasar que haya un gobierno que pese a los ajustes, los tarifazos y la represión se pueda presentar como el abanderado de la ilusión, del ascenso o del futuro. Y no basta con decir que eso sea mentira, porque en política no existe algo así como la mentira. Es real en la medida en que una mayoría de los argentinos se lo cree. Y por tanto tenemos que combatir con una construcción real, en el terreno de las palabras y de las ilusiones. No se puede permitir que nosotros quedemos como ‘pepitos grillos’, mensajeros de las malas noticias, mientras se le deja al adversario construir un relato ilusionante que responde a unos ciertos anhelos, siquiera sea en forma distorsionada, de la sociedad. Cuando el adversario nos gana siempre hay una parte de razón que nos tenemos que obligar a entender. No para aplaudirla, sino para derrotarla. Hay siempre unos anhelos y esperanzas que el adversario ha sido capaz de vehicular: la esperanza del ascenso social individual, de la meritocracia -de tipos que nunca han trabajado y lo heredaron todo-, la normalidad y el fin del conflicto, el deseo de la seguridad ciudadana…Son deseos que se expresan y movilizan un voto concreto. No hay condiciones sociales o económicas que vayan a precipitar el cambio político. La disputa es fundamentalmente una disputa por el sentido, por la explicación de lo que nos pasa y por la articulación de las ilusiones y expectativas que frente a la promesa de que a uno le puede ir mejor en la ley de la selva nosotros restablezcamos que nos va mejor cuando nos cuidamos y restauramos lazos de solidaridad.

6.
Hay que disputar la idea del orden no solo para los nuestros sino fundamentalmente para aquella gente que no nos acompaña. La transformación más radical no se va a dar cuando esa gente nos vote, sino cuando esa gente reconozca y disfrute de una buena parte de las conquistas alcanzadas también para ellos. No podemos esperar que nos las agradezcan, pero las van a disfrutar, igual que sus hijos y sus hijas. Eso es una victoria nuestra que nos permite comparecer ante nuestra sociedad diciendo que no es solo que decimos cosas más hermosas, que se nos ponga la piel de gallina o que proclamemos un futuro más hermoso y más bello; es que tenemos la capacidad de garantizarlo hoy, en el aquí y el ahora. Lo decía Axel, cuando nos tuvimos que reagrupar en la larga década de los noventa y dosmil nos reagrupábamos diciendo ‘otro mundo es posible’. Hoy nos reagrupamos diciendo ‘dejadnos hacerlo’: no entorpezcáis, dejadnos construirlo. Esa pelea para construir la fuerza cultural y la capacidad de imprimir un rumbo de nuestro país que incluso nuestros adversarios tengan que acompañar aún a regañadientes, es una pelea de carácter marcadamente cultural que tiene que ver con la capacidad de hacerse cargo de aquellos que hoy no simpatizan o que no van a simpatizar con nosotros. La capacidad de hacerse cargo de un proyecto nacional que incluya al adversario. No solo por pluralismo, no es una especie de alarde de democratismo. Es porque son más sólidas las conquistas cuando somos capaces de dibujar un orden en el que el adversario tiene un hueco, no en el puesto de mando, pero tiene un hueco.

7.
El adversario ha sabido leer algunos componentes del sentido común de época y movilizarlos en un sentido conservador y oligárquico. Quedan, sin duda, núcleos de buen sentido que pueden ser aprovechados y movilizados en un sentido progresista y alternativo. Elijamos bien las batallas. No libremos las batallas donde nos cita siempre el adversario, elijamos nosotros en qué terreno las damos. Marquemos nosotros qué batalla les queremos librar, cuáles son las fundamentales y cuáles son las que libremos cuando hayamos hecho más acumulación de fuerza. Cuáles son las que queremos librar hoy, ya y mañana para infringirle derrotas y cuáles cuando tengamos más poder. Diagnostiquemos bien qué gente beneficiada por la expansión de los derechos haya podido darnos la espalda. No regañemos. No hay nada peor que las fuerzas progresistas que regañan a sus pueblos. Entendamos; tendamos la mano, construyamos para revitalizar mayorías que sean capaces de poner en marcha un proceso que no se ha detenido sino que se ha puesto en paréntesis. Extraigamos lecciones de lo bien hecho y de lo que se podría haber hecho mejor para asegurar que para la siguiente vez que tengamos la posibilidad de que el Estado sirva a los intereses de las mayorías y no de las minorías tengamos más capacidad de decirle a todo el mundo que somos la fuerza garante del futuro, del orden, de la justicia y la libertad.

La transcripción completa puede consultarse aquí.

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De las PASO a las generales: realineamiento electoral en la provincia de Buenos Aires

Por Javier Cachés

 

Tras una contienda electoral muy cerrada entre Cristina Kirchner y Esteban Bullrich, y mientras se desarrolla el escrutinio definitivo en la provincia de Buenos Aires, los consumidores de política se formulan una pregunta: ¿habrá redistribución de votos entre las fuerzas en octubre? ¿Cuál será la magnitud de las transferencias? ¿Desde qué listas pueden migrar los votos?

Implementadas hace relativamente poco tiempo, las PASO surgieron, entre otros motivos, como un mecanismo para democratizar la selección de candidatos y ordenar -a través de la reducción de la oferta electoral- la competencia política. Pero este instrumento desempeña otra función: constituye una primera vuelta electoral, a partir de la cual las fuerzas políticas rediseñan sus campañas en escenarios completamente alternativos. En efecto, las primarias no distribuyen poder institucional, pero construyen percepciones respecto a ganadores y perdedores que inciden en la competencia electoral.

Un modo de entender los eventuales realineamientos electorales que se pueden dar en octubre de 2017 en la provincia de Buenos Aires -en una carrera que puede determinar la interpretación de los resultados nacionales- es analizar qué movimientos hubo en el voto en 2011, 2013 y 2015 entre las PASO y las generales. De tres casos no se pueden extraer regularidades generales, pero la información acumulada ofrece algunas pistas interesantes sobre cómo razonan los bonaerenses de una elección a otra. A continuación presentamos tres tablas con los resultados en esa provincia en el principal cargo nacional en juego.

Elecciones 2011, presidente de la Nación

PASO[1] Generales Diferencia PASO-Generales
Agrupación política Absolutos Porcentaje Absolutos Porcentaje Absolutos Porcentaje
Frente Para la Victoria (FpV) 4.360.820 53,35% 4.841.169 56,43% 480.349 3,08%
Frente Popular 1.129.321 13,82% 612.907 7,14% -516.414 -6,68%
Unión Para el Desarrollo (UDESO) 896.648 10,97% 830.991 9,69% -65.657 -1,28%
Frente Amplio Progresista (FAP) 637.983 7,80% 1.280.857 14,93% 642.874 7,13%
Compromiso Federal 562.064 6,88% 629.129 7,33% 67.065 0,45%
Votos en blanco 553.136 6,28% 313.957 3,51% -239.179 -2,77%
Votos positivos 8.174.267 92,85% 8.579.613 95,83% 405.346 2,98%
Participación electoral 8.804.014 81,37% 8.953.015 82,70% 149.001 1,33%

Fuente: elaboración propia en base a datos de http://www.andytow.com

Contra lo que indica el saber convencional, no siempre las dos fuerzas más votadas en las PASO son las que más concentran los votos en las generales. Los 40 puntos de distancia de distancia entre Cristina Kirchner y Eduardo Duhalde en las primarias de 2011 sacudieron el armado electoral del Frente Popular en el distrito donde debía mostrar mayor competitividad, debilitándolo en los comicios de octubre. La sangría de adhesiones del duhaldismo -más de 500.000 votos- fue capitalizada por el FAP de Hermes Binner, quien pasó del cuarto al segundo lugar de una ronda electoral a otra, casi duplicando su cosecha de votos. El FpV, gran ganador de las PASO, mejoró todavía más su performance electoral de un comicio a otro.

Elecciones 2013, diputados nacionales

PASO Generales Diferencia PASO-Generales
Agrupación política Absolutos Porcentaje Absolutos Porcentaje Absolutos Porcentaje
Frente Renovador (FR) 3.137.323 36,75% 3.943.056 43,95% 805.733 7,2%
Frente Para la Victoria (FpV) 2.656.887 31,13% 2.900.494 32,33% 243.607 1,2%
Frente Progresista Cívico y Social 1.001.365 11,73% 1.050.608 11,71% 49.243 0,02%
Unidos por la Libertad y el Trabajo 943.858 11,06% 486.753 5,43% -457.105 -5,63%
Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) 351.535 4,12% 449.450 5,01% 97.915 0,89%
Votos en blanco 440.715 4,91 289.769 3,10% -150.946 -1,81%
Votos positivos 8.536.076 95,09% 8.971.332 96,01% 435.256 0,92%
Participación electoral 9.081.616 79,51% 9.344.455 81,50% 262.839 1,99%

Fuente: elaboración propia en base a datos de http://www.andytow.com

En 2013, Sergio Massa amplió su ventaja de 5,62 a 11,62% entre las PASO y las generales. El crecimiento no se produjo desde la lista del FpV, que también aumentó levemente su resultado final, sino desde Unidos por la Libertad y el Trabajo, la oferta encabezada por Francisco De Narváez, que perdió 5,63% en dos meses. El impacto causado por la victoria del FR en las primarias reorientó las expectativas, reforzando su condición de ganador en octubre.

Elecciones 2015, presidente de la Nación

PASO Generales Diferencia PASO-Generales
Agrupación política Absolutos Porcentaje Absolutos Porcentaje Absolutos Porcentaje
Frente Para la Victoria 3.418.176 39,69% 3.563.089 37,28% 144.913 -2,41%
Cambiemos 2.510.298 29,15% 3.134.779 32,80% 624.481 3,65%
Macri- Michetti 2.136.361 24,81%
Carrió-Flores 197.049 2,29%
Sanz-Llach 176.888 2,05%
Unidos por una Nueva Alternativa (UNA) 1.778.909 20,65% 2.143.827 22,43% 364.918 1,78%
Massa-Saenz 1.577.724 18,32%
De la Sota-Rucci 201.185 2,34%
Progresistas 367.227 4,26% 272.801 2,85% -94.426 -1,41%
Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) 294.071 3,41% 351.786 3,68% 57.715 0,27%
Altamira-Giordano 164.063 1,90%
Del Caño-Bregman 130.008 1,51%
Votos en blanco 457.240 5,01% 236.769 2,40% -220.471 -2,61%
Votos positivos 8.612.616 94,28% 9.556.730 96,98% 944.114 2,70%
Participación electoral 9.135.239 77,01% 9.8546.58 82,80% 719.419 5,79%

Fuente: elaboración propia en base a datos de http://www.andytow.com

Salir primero o segundo no necesariamente garantiza el crecimiento electoral. En 2015 el FpV incrementó moderadamente sus votos absolutos entre las primarias y las generales, pero por el aumento de la participación electoral, su porcentaje disminuyó 2,41%. En las PASO, más importante que la victoria es la percepción de la victoria ante la opinión pública: a pesar de haber salido segundoen agosto, Cambiemos se erigió como la principal alternativa al kirchnerismo y pudo incrementar notoriamente (más de 600.000 votos) su caudal electoral de una elección a otra.

Algo que llama la atención de aquella contienda, y que puede tener consecuencias este año, es que Sergio Massa resistió el clima de polarización y pudo, de hecho, crecer entre las PASO y las generales (1,78%). Ernesto Calvo y Julia Pomares muestran que Massa solo pudo retener el 40% del voto delasotista de las primarias (el resto fue hacia Macri). Pero el delasotismo bonaerense fue prácticamente inexistente: las migraciones de UNA hacia Cambiemos se dieron desde Córdoba. Aunque bajo condiciones políticas diferentes a las actuales, en 2015 Massa logró fidelizar el voto de las primarias en la Provincia.

 

Comentarios generales

La concentración del voto no es una regla. La sumatoria de sufragios de las dos fuerzas más votadas en las PASO no necesariamente aumenta en las generales. En 2011 disminuyó, por el colapso del duhaldismo; en 2013 se incrementó fuertemente, por el magnetismo del Frente Renovador; en 2015 se elevó, aunque de manera discreta.

Porcentaje de votos de las dos fuerzas más votadas en las PASO

PASO Generales Diferencia PASO-Generales
2011: FpV+Frente Popular 67,17% 63,57% -3,60%
2013: FpV+FR 67,88% 76,28% 8,40%
2015: FpV+Cambiemos 68,84% 70,08% 1,24%

 

Que haya habido mayor concentración del voto en una elección de medio término (2013) que en las ejecutivas (2011, 2015) es a priori contraintuitivo. En las elecciones legislativas suele haber menos incentivos para el voto estratégico que en un comicio presidencial, en donde el premio mayor -la presidencia de la Nación- induce a una lógica de suma cero. Sin embargo, el carácter ejecutivo-céntrico de la política argentina lleva a que la contienda legislativa se presidencialice y que el resultado sea interpretado como una función de la fortaleza o debilidad de la Casa Rosada.

Por su parte, los declives pronunciados de los candidatos de las PASO a las generales no son muy frecuentes. Desde que se implementaron las primarias, solo Duhalde y De Narváez sufrieron pérdidas masivas de votos (si se considera el nivel subnacional, habría que incluir en esta lista a Aníbal Fernández, protagonista de una particular interna).

Finalmente, el aumento de la participación electoral y la caída del voto en blanco entre agosto y octubre es una tendencia persistente de los tres ciclos electorales anteriores. Buena parte del crecimiento de las listas en las generales proviene de estas variaciones y de la reorientación del sufragio de los espacios que quedan por debajo del umbral legal del 1,5% (que para esta elección supera los 300.000 votos). Quizá en este conjunto heterogéneo -del que poco se sabe-, y no tanto entre los votantes de Massa y Randazzo, esté el mayor potencial de crecimiento electoral de Unidad Ciudadana y de Cambiemos de cara a octubre.

[1]A diferencia de las generales, en las PASO los porcentajes se calculan sobre los votos válidos (es decir, considerando al voto en blanco), pero a los efectos comparativos en las tablas se muestran porcentajes estimados sobre votos positivos.

 

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Vino para quedarse

Por Lucía Caruncho

“El PRO vino para quedarse” es la frase que se escucha en estos días. Su expansión como fuerza política nacional y su incipiente consolidación obliga a pensar que se trata de algo más que una fuerza sostenida en el mero marketing político. El PRO cristaliza un nuevo modelo partidario, en particular, un nuevo vínculo entre los partidos y el electorado.

Los primeros síntomas de esta nueva forma de relación se pueden rastrear en el clima cultural emergente tras la recuperación de la democracia argentina en 1983. Existen por lo menos tres atributos culturales que parecen relevantes rescatar: la creciente desafección partidaria; cierta disociación entre la calidad de la democracia –hoy traducida en términos de república– y el Estado; y la desconfianza en torno al rol del Estado y sus expresiones políticas e institucionales (lo que incluye a los partidos políticos). En relación al primero (desafección partidaria), la necesidad de generar acuerdos interpartidarios en pos de la reinstauración y estabilidad de la democracia se reflejó en la construcción de un discurso político que intentó trascender la clásica división entre peronistas y radicales. El invite a votar más allá de este clivaje no fue transitorio. Constituyó uno de los primeros signos de la inestabilidad de las identidades partidarias que se iría propagando entre la ciudadanía entrado el nuevo siglo. En relación al segundo atributo (separación entre la calidad de la democracia y el Estado), el discurso político imperante en la década del 80 tendió a enfatizar la importancia de la democracia en desmedro de las condiciones estatales en las que esta se erige. Ello favoreció el nacimiento de una “ideología democrática” –hoy expresada en mayor medida en términos de “ideología republicana”– que contribuyó a
disociar el régimen de la calidad del Estado. Respecto del tercer atributo, y vinculado a lo anterior, un clima cultural dominado por la sospecha en torno al rol del Estado y sus instituciones. Tras la dictadura militar, dicha sospecha fue expresada por las organizaciones de derechos humanos en contra de las Fuerzas Armadas. Pero, una vez neutralizada la potencialidad de las Fuerzas para desestabilizar el régimen, la desconfianza en relación al Estado se mantuvo. En la década del 90, esta sospecha encontró fundamento en los enormes bolsones de corrupción lanzados desde el interior del sistema político, develados por diversas organizaciones y programas de investigación periodística, y difundidos por los medios de comunicación. Este panorama favoreció la emergencia de nuevas organizaciones de la sociedad civil que con repertorios diversos encontraron un común denominador en la crítica generalizada hacia el Estado (como principal germen de corrupción), sus
instituciones y la política. Quizá el Frepaso (y posteriormente la coalición Alianza) haya sido uno de los primeros partidos capaces de leer dicha crítica, darle cauce institucional –más allá de su fracaso final– y ajustar su discurso político. Así, el ocaso de la Alianza en el año 2001 no dio origen a un nuevo actor social sino que este actor social (aglutinado en el “que se vayan todos”) cobró protagonismo y expresó su desconfianza radical hacia el Estado, sus instituciones y dirigentes.

Bajo estas condiciones nació el PRO. Un partido que a diferencia de los partidos tradicionales fundó sus bases en una organización de la sociedad civil (en principio la Fundación Creer y Crecer) y que, más allá de su disímil composición interna (lo que no debería confundirse con “policlasismo”), asentó su imagen en un conjunto de líderes provenientes del ámbito empresarial, el entretenimiento y el deporte. Ello, le permitió ofrecer una alternativa partidaria que se ubicó simbólicamente –y paradójicamente– por fuera de la política y de la ideología afianzando un tipo de relación diferente con la ciudadanía. Este vínculo puede ser rastreado, en parte, en el modo
en que el PRO interpeló al votante y sus preocupaciones. Lo que conduce a detenerse –aunque sea esquemáticamente– en los principales rasgos de este electorado y en las respuestas que el partido le proporcionó a través de su comunicación política. Frente al sentimiento de apatía generalizada y rechazo respecto del quehacer político, el partido se presentó como un conjunto de ciudadanos comunes situados en el mismo nivel que el electorado. Lo consiguió, por un lado, a partir de la selección de figuras que no tenían –por
lo menos públicamente– una carrera política (Miguel del Sel; Héctor Baldassi; Fernando Niembro; Martiniano Molina). Por otro, en la construcción de una retórica basada en el “sentido común” y la “celebración permanente”. Esto le permitió responder a la desafección partidaria con una propuesta “anti – partido”. El PRO no reconoce hacer política partidaria, “solo gestionar y administrar” con “felicidad” Lo que representa ser “una revolución de la alegría”. Frente a un electorado heterogéneo, el partido se deshizo de ataduras ideológicas e identitarias y echó mano de temas universales –“honestidad”, “pobreza cero”, “unir a todos los argentinos”– sin delimitar a priori la orientación de la política pública. Asimismo , construyó un discurso inclusivo en torno a identidades políticas divergentes. Esto es, invitó a todos (peronistas, radicales y “caídos del mapa”) “con la esperanza de que se sumen a esta convocatoria” (Macri, 25 de octubre de 2015). De este
modo, el votante evita someterse al estrés de tener que elegir entre propuestas programáticas diferentes. En cuanto a la sensación de lejanía que el ciudadano experimenta respecto de la política y sus dirigentes el PRO respondió con cercanía. Son Mauricio, Gabriela, María Eugenia, Horacio (sin títulos ni apellidos) que apuestan a la visibilidad de sus lazos íntimos y se encuentran dispuestos a escuchar “los problemas de la gente”. Son meras personas porque políticos “son los otros”. En sintonía, el partido supo responder a su mencionada “falta de sensibilidad social” con mucho “amor” y “corazón”.

Finalmente, una cuestión más que el PRO ha sabido capitalizar como ningún otro partido y en la que probablemente radique además uno de los pilares de su éxito electoral: la llamada grieta. Es que el PRO ha logrado posicionarse, más allá de sus ambigüedades, como una organización no kirchnerista. Anclado en el discurso poco preciso de la “pesada herencia” se convirtió en el aliado principal de la polarización de la que ellos mismos dicen renegar. La eficacia de este discurso radica en que la polarización (en tanto lleva implícita
la idea de “nosotros vs. ellos”) oculta –o deslegitima– el “camino del medio”. Esto es, la ciudadanía ha tendido a percibir que la única alternativa frente al kirchnerismo es el PRO (hoy enmarcado –y socio principal– de la coalición Cambiemos integrada a su vez por la Coalición Cívica y la UCR). Ni ECO, ni FIT, ni FR o derivados del PJ. Bien porque no son registrados como partidos de oposición, bien porque no son considerados electoralmente competitivos, bien porque el PRO –o Cambiemos– en tanto “universal” los integra. Lo que
a la larga ha incentivado –si se atiende además a las características del electorado – un comportamiento estratégico del voto que alimenta la idea –y las posibilidades– de que el PRO es el único partido con chances de derrotar al FpV.

En resumen, el PRO ha logrado interpretar el cambio cultural iniciado tras la
reapertura democrática y darle cauce institucional . Asimismo, ha interpelado con éxito a una masa electoral heterogénea por medio de un discurso situado simbólicamente por fuera de la política y la ideología –y por extensión del kirchnerismo–. Ahora bien, existen una serie de paradojas que emergen de esta nueva forma de vinculación entre los partidos y el electorado que trasciende al PRO. Se rescata una que involucra por igual y es que la crítica
moralizante hacia toda forma de manifestación política oculta en los hechos enormes problemas sociales, políticos e institucionales (exclusión sistémica, falta de oportunidades reales, desigualdades sociales, injusticias) que solo pueden ser resueltos develándolos.

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