Artepolítica

Un zócalo

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Por Roberto Picozzi 
Hace algunos días un programa de TV de aire ponía en su zócalo, en tono alarmista: “Lo que más teme Macri: el estallido social”. Recordé todo lo que se habló en los últimos meses sobre las mejoras que vendrían en el actual semestre de 2016. También recordé que la vicepresidenta aclaró, más recientemente, que deberemos esperar un poco más, hasta 2017, para disfrutar de algo que resulta un tanto difuso. ¿Crecimiento económico? ¿Masivas inversiones? ¿Pobreza 0? ¿Nuevos empleos? ¿Todo junto o solamente los dos primeros? ¿Y qué reacción de los trabajadores cabe esperar si se demora una reactivación en un contexto de suba de precios?

Un breve análisis comparativo con la gestión presidencial anterior quizá nos ayuda a comprender los riesgos políticos para la gestión Macri de seguir bajo un escenario que genera fuertes tensiones en el mercado de trabajo y de no fortalecer las políticas de contención social. Porque los últimos años del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner también estuvieron atravesados por dificultades en el mundo del trabajo pero tuvieron un abordaje hacia los colectivos de trabajadores más desfavorecidos que no se ve en la actual gestión. Los gobiernos se ponen a prueba en “las difíciles”, el mayor desafío no es mantenerse de pie sino sobreponerse a las inevitables caídas. ¿Va a estar a la altura MM?

Un primer logro del gobierno macrista es que la división conceptual entre análisis “institucionalistas” y “estructuralistas” sobre el mercado de trabajo se está cerrando fruto de un deterioro generalizado de los indicadores laborales, económicos y sociales. La nueva gestión logró en tiempo record acentuar los rasgos estructurales menos positivos de nuestro mercado de trabajo y diluir la institucionalidad laboral que los contenía, que tendía a igualar las condiciones materiales de los diferentes colectivos de trabajadores. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA señaló que la pobreza pegó un salto con el macrismo; de acuerdo a sus mediciones pasó de representar el 29% de la población en el último trimestre de 2015 al 32,6% en abril de 2016. Y advierten, si “no se logran atenuar los aumentos de precios en productos y servicios básicos y/o reactivarse la demanda de empleo, se estará cada vez más lejos de una mejora genuina en la distribución del ingreso”. Vale decir, la renta nacional siempre tendió a concentrarse en pocas manos salvo contadas ocasiones en que se logró moderar esa tendencia con intervención estatal en favor de los trabajadores. Ahora se invirtió esta intervención, las medidas del gobierno nacional benefician a los grandes capitales y exponen a los laburantes a la suba de precios y a los despidos. La distribución del ingreso se concentra cada vez más.

¿Los institutos laborales? Los principales se conservan pero pierden su función distributiva en el nuevo contexto. Los Convenios Colectivos de Trabajo formalizan una reducción del salario real de los trabajadores asalariados registrados si estimamos que la inflación anualizada se encuentra por encima del 40% y la mayoria de los acuerdos paritarios anuales cerraron en la franja de 30 a 36%. El Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil se reunió finalmente pero pautó una mejora anual del 33% que en los hechos significa una pérdida de ingresos para quienes tienen en este instrumento un piso de derechos (trabajadores no formalizados, de las pequeñas empresas, precarizados). La lucha contra el trabajo no registrado en el sector rural, uno de los más afectados por la problemática, que encarnaba el RENATEA creado en 2011 mediante la Ley 26.727 parece en camino a revertirse con los despedidos masivos de personal, el regreso del RENATRE y de la UATRE a su conducción.
¿Qué riesgos puede tener este escenario en el mercado laboral para la gestión nacional? Un primer punto a considerar son los sindicatos, organizaciones representativas de trabajadores en general formales con una agenda política que excede esa representación. Hasta la fecha el gobierno pudo manejar con cierto éxito la relación con los sindicatos que no logran unificar sus reclamos después de la marcha del 29/04. A primera vista, hasta el Congreso Normalizador de la CGT el 22/08 no va a haber mayores hechos políticos nacionales de parte del movimiento obrero organizado, salvo las acciones de las dos CTA que sobrellevan por otra parte sus propias internas.
Un segundo punto, que queremos subrayar, es el efecto sobre la agenda política que puede tener un deterioro continuo de las condiciones de vida de los trabajadores. Una referencia cercana para analizar esto son el último trimestre de 2013 y el primero de 2014, un período de indicadores laborales en tensión y alta conflictividad social que tuvo que enfrentar Cristina Fernández de Kirchner. A fines de 2013 se expresaron varias cuestiones latentes en el mercado laboral. Efectivamente, en el periodo 2003-2011 todos los colectivos de trabajadores mejoraban su situación, algunos más, algunos menos pero “todos ganaban”. Los registrados mejoraban sus haberes a través de paritarias anuales, los jubilados se integraban al sistema de seguridad mediante sucesivas moratorias y los desocupados lo hacían al mercado de trabajo. A partir de 2012 el mercado de trabajo empezó a presentar dificultades en un contexto de crecimiento moderado y suba de precios. Los saqueos organizados y espontáneos (¿importa?) en comercios de todo el país, que se desencadenaron después de las huelgas extorsivas de las policías provinciales, expresaron un nuevo escenario donde no todos ganaban. Algunos lograban sostener sus ingresos frente al alza de precios, los trabajadores registrados (más protegidos por la institucionalidad laboral), y otros no, los trabajadores desocupados y no registrados.

Ese escenario donde ya no todos ganaban en el mercado laboral, fue atenuado por medidas de transferencia directa a los sectores más vulnerados de parte del gobierno nacional. A las actualizaciones de la Asignación Universal por Hijo, de la jubilación mínima, se sumó el PROGRESAR como medida para alcanzar uno de los grupos más afectados por la suba de precios (potenciada por la devaluación de febrero 2014), la desocupación y el trabajo no registrado: los jóvenes. Las medidas reducían las diferencias entre “protegidos” y “no protegidos” en el mercado de trabajo. Tenían una función de moderación social. Y en cierto punto contribuyeron a que en el segundo semestre de 2014 y en el año 2015 no se repitieran semejantes desbordes sociales.

Este escenario en el mercado de trabajo hoy se acentuó, los problemas de 2013/14 se profundizaron. Tal como señalamos, las medidas que tomó el nuevo gobierno han agravado problemas estructurales, como la pérdida de ingreso real y de participación en la renta nacional de los trabajadores. También han vaciado de sentido igualador a los institutos laborales. No se alcanzó aún un punto de quiebre. Sin embargo, la pérdida gradual y continua de derechos que se está provocando en un contexto de creciente inflación genera que la heterogeneidad sectorial del mercado de trabajo argentino se exprese en toda su plenitud. La novedad es que ni los trabajadores registrados (salvo sectores muy específicos, como aceiteros) logran sostener su poder adquisitivo. Y si ellos tienen problemas, los trabajadores desocupados, los no registrados, los jóvenes y los pasivos aún más. En suma, ahora “todos pierden” en el mercado de trabajo, algunos más, algunos menos.

¿Qué efectos sobre la agenda pública y política puede tener este fenómeno si se exacerba, si no llega la reactivación, si no se revierte el fenómeno de los despidos y los ingresos de los trabajadores (en cualquiera de sus categorías) siguen perdiendo valor? Es difícil preverlo. Pero si como anticipaba el zócalo en la TV Macri está preocupado por un posible “estallido social”, la pregunta que debe realizarse el Presidente es si tiene voluntad, si está en su ADN contener esa hipotética situación. Esto es, instrumentar políticas para sostener a los colectivos “protegidos” del mercado de trabajo, asistir al grupo de “perdedores” (en franco crecimiento)… bah, distribuir nuevamente el ingreso.

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Ni una menos

Esta tarde, en las principales plazas de todo el país se realiza la marcha nacional contra la violencia de género. En la Ciudad de Buenos Aires la convocatoria está prevista para las 17 con epicentro en la Plaza del Congreso.

En lo que va de 2016 ya se produjeron más femicidios que en todo el 2015 (225 el año pasado contra 235 que lleva este año).

Contestá la encuesta para crear el primer índice de violencia machista acá.

Y nos vemos en las plazas de todo el país.

Inestabilidad a la brasileña ¿o a la sudamericana?

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Publicamos esta nota originalmente aquí Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk.

“Lo que está pasando hoy en Brasil es un golpe de Estado”, dicen desde el PT. “El caso de corrupción presidencial amerita el desplazamiento de Dilma Rousseff”, contestan desde la oposición brasileña. Un presidente (en este caso una presidenta) en problemas no es un fenómeno nuevo en nuestra región. Puede rastrearse durante los últimos veinticinco años y no distingue entre gobiernos neoliberales y “nacional populares”, aunque se advierte una primacía de mayor inestabilidad en los que aplican un esquema de ajuste estructural.

En el plano académico, autores como Aní- bal Pérez Liñán, María Matilde Ollier y Mariana Llanos, entre otros, dieron cuenta del fenómeno. La recurrencia de las salidas anticipadas de los presidentes sudamericanos se ha verificado, en general, sin afectar al régimen democrático –es cierto, sin embargo, que el caso de la muy desprolija caída de Fernando Lugo en Paraguay prendió las alarmas en la región y mantuvo a ese país por un período bajo la atenta mirada de los restantes Estados de la región–. Para decirlo en términos concretos: caen presidentes, no cae el presidencialismo democrático; sale anticipadamente el primer mandatario, se mantiene el régimen político.

Una suerte de parlamentarización del presidencialismo flexibiliza el mandato del presidente, manteniendo una suerte de transición y estabilidad hasta un nuevo llamado a elecciones. Desde allí que a este fenómeno se lo haya denominado “inestabilidad presidencial” debido a que la “crisis” se encuentra en el “presidente” y no en el sistema de gobierno. A diferencia de la inestabilidad de las décadas del ’60 y ’70, cuando la caída del presidente implicaba la del sistema democrático, ahora la salida del presidente no se lleva puesto al régimen político.

Los ejemplos son muchos. Fernando Collor de Melo (1992), Carlos Andrés Pérez (1993), Abdalá Bucaram (1997), Raúl Cubas Grau (1999), Fernando De la Rúa (2001), Gonzalo Sánchez de Losada (2003), Carlos Mesa (2005) y Fernando Lugo (2012), entre los más destacados. Como el lector puede observar, la mayoría de ellos se dieron en los “largos” ‘90, donde imperaban gobiernos neoliberales. La evidencia empírica, sin embargo, muestra que los gobiernos del “giro a la izquierda” pasaron por eventos similares, pero pudieron (y supieron) resistir los embates opositores que bregaban por su salida anticipada: Hugo Chávez (2002), Lula Da Silva (2005), Evo Morales (2008), Cristina Kirchner (2008) y Rafael Correa (2010). Esto nos lleva a interrogarnos acerca de cuáles son los factores que determinan la caída de un presidente y por qué otros primeros mandatarios, en iguales condiciones, lograron sortear los desafíos y consolidar con ello su gobierno.

Los elementos más importantes que se observan en las salidas anticipadas del Ejecutivo en Sudamérica y que se desplegaron en todas las caídas son a esta altura conocidos por la literatura académica. No todos aparecen en la totalidad de los casos, ni se dan en las mismas secuencias. Pero los eventos se han reiterado una y otra vez. Enumeremos: a) un caso de corrupción amplificado mediáticamente, b) una crisis económica en contexto de ajuste, c) un vicepresidente preparado para ser la figura de la transición hacia un nuevo llamado electoral, d) una baja pronunciada en la imagen del primer mandatario, e) movilizaciones populares en su contra y f) gobiernos (en su mayoría de coalición) con minorías parlamentarias. Todos estos elementos forman la “tormenta perfecta” que le ha hecho la vida imposible a más de un presidente.

Si recapitulamos veremos entonces que desde la transición democrática de los ‘80 comenzó a desarrollarse un “nuevo patrón de inestabilidad”. Los “años 2000”, en consonancia con el “giro a la izquierda” en la región, también con un buen contexto económico dado el alza de los precios de los commodities, apuntalaron una época de mayor estabilidad. Los presidentes fueron electos y reelectos. La pregunta que surge ante la crisis de Dilma Rousseff en Brasil es si se produce ahora una caída de los gobiernos del “giro a la izquierda”, “populistas”, “nacionales y populares”. ¿O podría estar comenzando un “nuevo ciclo” de “inestabilidad” en la región? Dicho de otro modo, ¿los gobiernos de “centroderecha” que parecen asomarse a partir de la llegada de Mauricio Macri al poder en Argentina, pero también pensando en lo que podrían ser los sucesores de Rousseff si se completa el juicio político disfrutarán de las mieles de la estabilidad y podrán “domar” un panorama político que a veces se mueve con velocidad de vértigo?

En este sentido, creemos que una variable central a seguir de cerca es, en el contexto de países con bajos niveles de institucionalidad de nuestra región –salvo probablemente los casos de Chile y Uruguay que, de manera poco sorpresiva tampoco han atravesado episodios de caídas presidenciales–, las propias estrategias que adoptan los presidentes o, dicho de otra forma, de qué forma se despliega el liderazgo presidencial. En el caso de Rousseff llaman la atención algunos elementos: el principal fue su decisión de desarrollar un ajuste económico de la mano del ultraliberal Joaquim Levy, que no rindió los frutos previstos por la Mandataria. Hay que prestar atención a esto: la evidencia histórica indica que un contexto de ajuste económico es un elemento adicional que puede poner en riesgo –si se suman otros elementos– la estabilidad del propio presidente. El caso brasileño nos habla además de que la gestión política de una coalición parlamentaria demuestra también ser una tarea nada simple. Puede verse en la práctica cómo una minoría parlamentaria combinada con un gobierno de coalición es un elemento que pone en tensión la supervivencia del presidente cuando “la cosa se pone espesa”. Por sí sola, una minoría legislativa no hace caer a un gobierno, eso está claro, pero una cadena de causalidades como los factores arriba mencionados puede ponerse en línea con ella para desestabilizar el gobierno de cualquier presidente sudamericano. La evidencia histórica es nítida al respecto y enseña a los primeros mandatarios a no relajarse en la tarea de gobierno ni a entender a lo que ocurre en el Congreso sólo como parte del proceso de creación de leyes sino como una dinámica de alcance mucho más amplio –y, en algunos contextos, imprevisibles–.

Así, en un libro que publicamos recientemente advertimos sobre la relevancia que adquieren los recursos institucionales, parlamentarios, comunicacionales, partidarios y financieros que un presidente ostenta o puede generar durante el ejercicio de su poder y que le permiten fortalecer su posición político institucional con el fin de lograr la estabilidad de su gobierno. Cuando un presidente comienza a perder algunos de estos recursos de poder –sea en torno a sus niveles de popularidad o las mayorías que lo respaldan en el Congreso, entre otros aspectos– se ubica en una situación difícil en la que sólo los recursos subjetivos (la “virtú” en términos de Maquiavelo) pueden venir en su ayuda. De algún modo coinciden con esta mirada, en su libro “Presidential Breakdowns in Latin America: Causes and Outcomes of Executive Instability in Developing Democracies”, los politólogos Mariana Llanos y Leiv Marsteintredet. Señalan los autores: “Concluimos que los presidentes parecen ser al menos parcialmente responsables por su propia suerte. Esto es obvio en casos de impeachment, pero creemos que la afirmación también se aplica más generalmente. Considerando que la inestabilidad en nuestros días se manifiesta al nivel de gobierno más que a nivel del ré- gimen, el liderazgo presidencial y las acciones dentro de un determinado conjunto de limitantes políticos e institucionales parece poco explorado en la literatura de las caídas presidenciales (…) Si los presidentes son parte del problema o, de igual modo, son en parte responsables por sobrevivir en el cargo, las estrategias presidenciales o el estilo del liderazgo presidencial debe ser considerada una variable independiente que le da forma al desempeño en el cargo”.

Se despliega ante nuestros ojos otra vez el gran drama de la inestabilidad presidencial en Sudamérica. Cada uno, de acuerdo a sus simpatías políticas, sabrá si es momento de reír o de llorar. Lo que sería bueno, de todas formas, que unos y otros podamos extraer algunas conclusiones válidas al respecto.

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¿Qué es esto?

Columna de opinión de Artepolítica publicada el pasado viernes 29 de abril en Página/12.

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En su columna del pasado domingo, José Natanson realizó una serie de estimulantes reflexiones sobre el momento político actual. Dos ideas allí vertidas, creemos, ameritan algunas profundizaciones: a) si el macrismo es una “nueva derecha” y b) si existe una continuidad del actual gobierno con el anterior en relación a la política social.

Más que debatir “el futuro del kirchnerismo”, creemos que aún falta reflexionar en torno a la caracterización de lo que ha sido hasta aquí la breve gestión de Cambiemos. Sólo un diagnóstico adecuado permitirá ofrecer una alternativa política y social que se le oponga con efectividad. Se trata de discutir el futuro de una sociedad muy vital, activa y siempre cambiante en sus expectativas y demandas. Digámoslo, de discutir el futuro del pueblo.

Desde nuestro punto de vista, ponemos entre signos de interrogación la idea de que esta derecha traiga demasiadas novedades. Por un lado llama realmente la atención que no pasa un solo día en el que no se hagan patentes sus fuertes vínculos con la tradición histórica de la derecha argentina. Por el otro, manifiesta una importante falta de pragmatismo, entendido como la apertura para adoptar cursos de acción que no estén en el ADN de la fuerza política que ocupa hoy la Casa Rosada.

El macrismo tiene tanto de minoría (si el resultado del ballottage permitiera inferir que ese 51 por ciento “es macrista” debería permitir lo contrario con el 49 por ciento restante: lo más probable es que no permita ninguno de los dos) como de intensidad ideológica. Es cierto que este gobierno ha mantenido en estos cuatro meses continuidades con el gobierno anterior, como siempre sucede en una democracia constitucional: mover al Estado lleva tiempo. Pero las rupturas no han sido pocas, ni poco significativas.

Si en la campaña puso énfasis en mostrarse desapegado de ataduras ideológicas, a poco de andar abrazó preconceptos clásicos de la derecha. Por mencionar algunos: que al Estado le “sobran” empleados, que el futuro es un sueño individual, que hay que recortar el gasto público, que lo que “no tiene que ser del Estado como los subsidios” deberá ser eliminado o que para garantizar la certidumbre empresaria es necesario construir una Línea Maginot contra un proyecto de ley que protege los puestos de trabajo. Basta ver la traducción material de esas expresiones en transferencias al capital, como en el caso de aumentos de tarifas o quita de retenciones.

Son así las rupturas con respecto al gobierno anterior las que aparecen muy en primer plano más que las continuidades. Invirtamos el ejemplo: verificar que el kirchnerismo mantuvo la propiedad privada de los servicios de electricidad y gas o que no cambió la Ley de Entidades Financieras, por ejemplo, no llevó a la Asociación Empresaria Argentina a pensar que los gobiernos del período 2003-15 eran un neoliberalismo a la nueva usanza. Aún más, analizar las continuidades con independencia de las rupturas puede ocultar dimensiones necesarias para el análisis: que algunas de esas rupturas afectan directamente la efectividad de las continuidades.

El reciente anuncio de “medidas sociales” entendidas como “compensación” frente a los males del mercado es menos una continuidad con el kirchnerismo que una continuidad con el neoliberalismo noventista y más aún, con los sucesivos gobiernos conservadores argentinos, inclusive, preperonistas. Fue el gobierno de la llamada Revolución Argentina el que creó el PAMI, en 1971, por ejemplo. ¿Convierte eso a aquel gobierno en un campeón de la protección social?

El “Desarrollo Social” verdaderamente existente del kirchnerismo estuvo mucho menos en el ministerio homónimo, que tuvo un rol casi marginal luego de 2007, que en los Ministerios de Economía y Trabajo, elemento que ahora parece ausente. Quienes lo entienden con claridad son las cinco centrales sindicales que a sólo cuatro meses de gobierno realizan una movilización con fuertes niveles de cuestionamiento a la situación social. En el gobierno anterior, el primer paro general –de un sector del sindicalismo– llegó recién pasados los nueve años de gestión.

Hasta aquí resaltan las líneas que como vías férreas unen a las derechas clásicas argentinas de otras épocas con esta que ahora gobierna. Decía Guillermo O’Donnell en su obra clásica el Estado Burocrático Autoritario que hacía foco sobre la “nueva” derecha de entonces, representada por Adalbert Krieger Vasena a fines de los 60, que aquel liberalismo “no era antiestatista ni proponía un retorno al laissez-faire” ni era “hostil per se a una expansión del aparato estatal, ni siquiera de sus actividades económicas”. Pero aclaraba: “siempre que sirva a la expansión de la estructura productiva oligopólica de la que surgen sus principales portavoces”.

Como en aquel caso, creemos que no hay que encantarse con algunos movimientos coreográficos del gobierno macrista al frente del aparato del Estado, sino analizar en qué medida está avalando, muy al contrario de las gestiones anteriores, una “normalización” de la economía –y de la distribución del poder, de la palabra y de las escalas sociales– que se basan en darle más primacía a lo que el politólogo citado llamaba “gran burguesía” y que en nuestros días se expresa, sobre todo, en los intereses de la banca y las empresas transnacionales.

Para finalizar: ¿que la actual derecha en el gobierno no sea novedosa quiere decir que las respuestas políticas ante ella no deban serlo? Para nada. Cristina Kirchner, cuyos miles de seguidores ahora “producen” con sus movilizaciones la cuota de poder que le toca en el panorama nacional, ensaya algunas innovaciones. Otros sectores políticos de raigambre popular juegan también las suyas. También lo hacen los referentes de buena parte del arco político opositor que “emparejan” sus discursos acortando distancias ideológicas: repentinamente, los sindicatos, el Frente de Izquierda y aún el Frente Renovador, el Bloque Justicialista y el FpV suenan similares en los temas que hacen a la situación de los asalariados, los estudiantes o l
os pequeños comerciantes. No parece que se acerquen todos ellos a una extrema izquierda sino que suman coincidencias ante una derecha en la que encuentran poco de “nuevo”.

¿Podremos entre todos generar más? ¿Cómo se ordenarán esas innovaciones? Preguntas que encierran una posición: no se llega al futuro caminando para atrás ni encandilándonos con el presente.

¿Nueva derecha?

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Escribimos Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk, publicada originalmente aquí.

“El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía” -Karl Marx

 

A medida que iban ingresando a la reunión de Gabinete, los ministros charlaban en un tono ameno y tranquilo. La mayoría se conoce, comparte valores, un lenguaje similar y una serie de códigos y complicidades que les permite entender sus propias bromas. Mientras el Presidente sonreía, entraron el ex CEO de Shell, el ex JP Morgan, la ex CEO de General Motors y el ex vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Entre abrazos y palmadas, el Primer Mandatario les gritaba a los rezagados. A paso veloz, y aplaudidos por el resto, hacían su ingreso el ex CEO de LAN y el creador de Farmacity. La última en golpear la puerta cuando la reunión estaba por comenzar fue la ex gerenta de IBM y Telecom.

El epígrafe que abre esta nota pareciera calzarle justo a la escena imaginada en las líneas precedentes. Se sabe -bibliotecas enteras de debates marxistas y posmarxistas lo atestiguan-, que las cosas parecen ser muchísimo más complejas. En ese contexto, los datos aportados recientemente por el centro de estudios CIFRA, de la CTA, acerca de que el 70% de los altos funcionarios (ministros, secretarios y subsecretarios) de la gestión macrista provienen del sector privado no dejan de tener su impacto en la mirada de cualquier observador.

¿Y entonces? ¿Es el Gobierno que asumió el 10 de diciembre representante de una “nueva derecha”, portadora de “algo más” que la imagen que nos trae la frase decimonónica de Marx? ¿O es, sin más, una gestión que ya desde el elenco marca que de “nuevo” tiene poco? ¿Hay que entenderlo como un Estado “atendido por sus propios dueños”, como parte de una derecha clásica? ¿O corresponde complejizar la mirada?

RETOMANDO A O’DONNELL

Hay un concepto y una lectura clásica de Guillermo O’Donnell que nos impacta y que, más allá de que fue utilizada para un contexto muy específico, nos ayuda a buscar una posible clave de lectura al Gobierno de Macri. Se trata de la etiqueta de “normalización”, que el gran politólogo argentino aplicó en su momento para describir una de las dinámicas que ponía en marcha en su momento la llamada Revolución Argentina, sobre todo en el período 1966-1969, bajo la jefatura económica de Adalbert Krieger Vasena.

Desde este presente en el que la sociedad argentina protagoniza una vigorosa democracia puede servir repasar cómo entendía O’Donnell las políticas de un gobierno densamente “penetrado por roles tecnocráticos”.

En su obra clásica “El Estado Burocrático Autoritario”, O’Donnell destacaba: “La normalidad en estas economías consiste fundamentalmente en que la acumulación de capital se realice en principal y sistemático beneficio de sus unidades oligopólicas y más transnacionalizadas, en condiciones que les aseguran una tasa alta de acumulación”.  En el terreno económico, O Donnell nos indica que “normalizar” una economía en este tipo de países periféricos, con economías heterogéneas (¿hoy se llamarían “economías emergentes”?) no tiene tanto que ver con políticas o variables específicas, sino con asegurar la primacía de ciertos sectores. Así, “la normalización no entraña llegar a inflación cero ni a tasas consideradas normales en las economías centrales. Se trata, es cierto, de reducirla a tasas no explosivas, pero dentro de ellas basta con que sea estable y visible, y que los factores que la impulsan autónomamente desde estos mercados sean controlados por la gran burguesía y por un aparato estatal que ésta ha penetrado profundamente”.

“Ni económica ni políticamente es lo mismo la misma tasa de si es impulsada por diferentes actores sociales”. Las citas parecen lo suficientemente claras como para pensar si también podrían ser aplicadas al contexto actual.

Avancemos un poco más: “La normalización no se logra sin recuperar la confianza del capital financiero transnacional; los criterios que rigen su aprobación y, en definitiva, su confianza, marcan el desfiladero por el que tienen que pasar las políticas de normalización (…) No hay normalización posible sin aplicación, respetuosa y reconocida como tal de lo que los principales actores económicos consideran racional y causalmente eficiente para ello”.

De allí que los “técnicos” que deben llevar adelante este proyecto económico, político y social no sólo deben ganar el control del aparato estatal y tener “antecedentes irreprochables para sus interlocutores internos y externos” sino que, además, para que éstos puedan cambiar las expectativas de los agentes económicos deben hacer “verosímil las políticas de normalización que se irán decidiendo e implementando, y (asegurar que) se mantendrán, por todo el tiempo necesario para que rindan fruto”.

En síntesis, esto equivale a decir que “tiene que haberse producido, efectiva y reconocidamente un cambio en el tipo de Estado (…) una radical modificación en las bases sociales de un Estado que ahora parece capaz de extender una garantía de recuperación de las condiciones generales de funcionamiento ‘normal’ de estos capitalismos y de garantía de su sistema de dominación”

Para culminar estas largas citas del politólogo argentino, en este texto escrito a mediados del ‘70, según O’Donnell este tipo de forma de entender el Estado “sólo puede extender a la gran burguesía esas garantías con su propia gente; es decir, si y cuando abre sus instituciones a los ‘técnicos’ que encarnan ante el gran capital una visión de racionalidad económica suficientemente cercana a la de éste. Esta es la base de una aceptación que se sustenta en la pertenencia a un mundo común de relaciones, de experiencias y de intercambios personales en los que cierta visión del mundo y de lo que es en él ‘racional se expresa en común. Esos ‘técnicos’ son, por eso, el punto de imbricación del BA con la gran burguesía y el capital transnacional”.

¿UN NUEVO TIPO?

Si por momentos confunde la noción de si la gestión de Macri busca agrandar o achicar el Estado, si es privatista o estatista, vale la pena repasar este otro pasaje, en el marco de la noción de “normalización” económica propuesta: “Este liberalismo (…) no era antiestatista ni proponía un retorno al laissez-faire. (…) Además, no es hostil per se a una expansión del aparato estatal, ni siquiera de sus actividades económicas –lo que lo aleja del laissez–faire de algunos de sus aliados más tradicionales–, siempre que sirva a la expansión de la estructura productiva oligopólica de la que surgen sus principales portavoces (lo cual a su vez lo aleja tanto del Estado “equilibrador” de los paternalistas como del estatismo empresarial al que apuntan los nacionalistas)”.

La idea de “normalización” puede entenderse desde otro punto de vista como abarcando un espectro más amplio de aspectos. En una reciente nota brindada al periódico español El País, el propio jefe de Estado dice que “ofrecer una entrevista es la normalidad, ir a Davos es la normalidad. Espero generar cambios en cosas más profundas como el modelo educativo, energético, de seguridad. El resto son normalizaciones…en muchos de esos países (Nota de los Redactores: se refiere a los latinoamericanos) no veo un alejamiento de la normalidad tan grande como Argentina (…) Yo he cumplido con lo que prometí, hemos empezado a normalizar el país transmitiendo capacidad de dialogar”.

En nuestro concepto esta idea de “normalización” es una –no la única, desde ya– de las claves que pueden servir para entender tanto la dinámica económica y política propuesta por el actual Gobierno, como  entender los primeros dos meses de gobierno macrista. La “deskirchnerización” propuesta por el Gobierno, con acciones en el terreno simbólico como bajar los cuadros de Hugo Chávez y del ex presidente argentino Néstor Kirchner, va en esta misma dirección.

La “normalización” propuesta por el Gobierno, entonces, no representa ninguna novedad. Ni todo es nuevo, ni todo es viejo. Hablar de “nueva” o “vieja” derecha –el propio O’Donnell en un libro previo al que citamos daba cuenta de que en aquella temprana década del ‘70 ya había quien hablaba de “derecha moderna” o “tecnocrática”–  a veces confunde más de lo que aporta y quizás sea mejor rastrear líneas de continuidad siempre en contextos que cambian –en no pocas oportunidades de manera vertiginosa–.

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Morales no se salva del Odio ni de Milagro

Nota de Martín Díaz (UNRN)

La detención y encarcelamiento de la dirigente barrial y Diputada del Parlasur Milagro Sala ha generado  por estas horas un gran estupor social, un llamado de atención en las organizaciones sociales y barriales y sobre todo ha demostrado la determinación y la capacidad de daño que poseen los grupos gobernantes de derecha en nuestro país.

El Juez Jujeño Raúl Gutiérrez dispuso el arresto de Sala y el allanamiento de su vivienda, al mismo tiempo que el Gobernador Radical, miembro de la Alianza Cambiemos, Gerardo Morales ordenó al ejecutivo provincial la suspensión temporaria de la personería jurídica de las 16 organizaciones que realizan el acampe, con el argumento de que “cambiaron su objeto social”. Al suspenderles la personería, las organizaciones y cooperativas perdieron la chance de participar de los programas de viviendas y beneficios sociales, ya que hasta cerraron sus cuentas bancarias (medidas muy democráticas y populares del mandatario provincial). O sea, en resumidas cuentas, un atropello planificado y orquestado desde los tres poderes de aquella norteña provincia. Atropello que empuja al abismo de la marginalidad a cientos de militantes y trabajadores cooperativistas organizados.

La detención de Milagro es un hecho que trasciende las fronteras y los límites provinciales jujeños, los trasciende para convertirse en un foco de debate político federal, dado que es una demostración fáctica del pensamiento integral de una Alianza que no respeta siquiera el derecho a la protesta social.

Jujuy no es un caso aislado, “para muestras sobra un botón” decía mi finada abuela. Los casos de brutal represión a los trabajadores de Cresta Roja por miembros de Gendarmería Nacional y a los trabajadores despedidos de la Municipalidad de La Plata de mano de la Infantería de La Bonaerense, fijan el Norte de una Política Nacional que avasalla los derechos individuales y margina aún más a los vulnerables.

Por caso, ese Norte en las “Políticas de Seguridad” de la flamante y dionisíaca Ministra Patricia Bulrich, tuvo como puntapié inicial la eliminación por completo de los “Protocolos de Actuación del Consejo Federal de Seguridad Interior”, más precisamente de los “Criterios Mínimos de Actuación de los Cuerpos Policiales y Fuerzas de Seguridad en Manifestaciones Públicas”. En resumidas cuentas, léase: Vía libre para criminalizar la protesta social.

De mano de la ex ministra Nilda Garré, con el diseño del rionegrino Miguel Bermejo, se promovieron los protocolos para la unificación de criterios mínimos en cuestiones estratégicas de la seguridad democrática, pero al parecer el modelo de Seguridad de la Alianza Cambiemos no tomó estas consideraciones y no resultó ser del todo “democrático”. Bulrich ha demostrado que su único paradigma de seguridad es el de establecer el “orden a cualquier precio”. Léase “A Cualquier Precio” como costos económicos, políticos, sociales, etc.

Milagro Sala hoy es considerada un Presa Política, no solo por los compañeros de lucha de la Tupac Amaru, sino también por cientos de dirigentes barriales, sociales y políticos que se han manifestado por estas horas, como también lo hizo la totalidad de la Comisión Directiva del CELS; hasta Amnistía Internacional se ha manifestado al respecto. Todos ellos coinciden que la detención de Milagro es “un claro intento de criminalizar las prácticas relacionadas con el ejercicio del derecho a la protesta y a la libertad de expresión”.

También se manifestó el Presidente del PARLASUR, Jorge Taiana, quien solicitó a la Ministra de Relaciones Exteriores y Culto, Susana Malcorra, que le informe acerca de “las medidas adoptadas a fin de asegurar su integridad personal, su libertad, el debido ejercicio de sus garantías judiciales y su derecho a manifestarse libremente”, a lo cual la ministra suelta de prendas le respondió que: “este ministerio no tiene injerencia en las cuestiones vinculadas a los delitos que se le imputan a la mencionada legisladora”. En mi barrio usaríamos la expresión: ¿Qué Tul?

Mi barrio es una usina para refranero popular, también escuché en éste que: “Si el mudo habla, es porque Dios le dio permiso”, ergo: si Morales mete presa a Milagro Sala es porque Mauricio lo habilita para hacerlo. Evidentemente ambos están invadidos por un odio visceral que no les permite ver más allá de sus narices y los arrastra a la destrucción y aniquilación del adversario político, como si se tratara de un enemigo. Claro ejemplo del accionar de la antipolítica argentina.

Y hablando de presos políticos, quien mejor que el gran Nelson Mandela para dejarnos enseñanzas sobre la libertado y los ataques furtivos del odio. Mandela sostenía que: “Un hombre que le arrebata la libertad a otro es un prisionero del odio, está encerrado tras los barrotes del prejuicio y de la estrechez mental” Nuevamente apelando al refranero barrial: “Teléfono para Morales y Macri”. Y yo les diría que estén atentos los dos! Porque Madiba también decía que: “La acción de las masas tiene la capacidad de derrocar gobiernos”.

La grasa

– Terrible lo que está pasando.

– Sí, mandan cualquiera.

– ¿Para vos cómo es la cosa? ¿Para qué rajan a la gente? O sea: siempre hay estos cimbronazos con un cambio de gestión. Pasa cuando cambia un ministro, no va a pasar cuando pasa un gobierno… Pero eso es otra cosa, eh. Y no es sólo por un tema de envergadura. El tema es que para ahorrar guita no es. Los sueldos son ponele 10 % de los gastos del Presupuesto. Está clavado en eso desde hace diez años. En los 90 era el 15. Lo sabe cualquiera a eso.
Pero obvio. Y la mitad de eso son fuerzas de seguridad y fuerzas armadas.

– Olvidate. Y cacarean que revienta el Estado de gente, escuchame: Sistema Previsional, YPF, más fuerzas federales de Seguridad, Transporte, Ciencia y Tecnología, todos los servicios adicionales que incorporó ANSES. Tenés que sumar gente para más o menos hacer andar todo eso ¿o no?

– Y aparte otra cosa, como diría Chilavert: van a revisar los concursos de los últimos dos años. Maestro, los concursos se habilitaron a partir de 2012. Es como decir, vamos a revisar lo que hizo YPF desde 2012. Amigo, se estatizó en 2012, ¿qué querés?

– Acá el tema es que es “popular” esto. Acordate los grupos focales de Massa donde la gente se enfervorizaba cuando le hablaban de “vagos” que cobran planes ponele y el tipo lo incorporó en el discurso para sacudir un poco. Esto debe entrar bien hasta en el electorado del FPV…

– Ese es el problema, mandan “los ñoquis”, en el revoleo la gente se queda con eso y ya fue.

– Sí. Para mí también hay un tema de “estilo”. Escuchame: yo estuve en un lugar donde pasaron los “cinco presidentes” y asumió Duhalde y llegaron los funcionarios con un “hola, chicos, ¿todo bien?”. Se fueron dos funcionarios políticos y el resto siguió como si tal cosa.

– Ojo que ahora está penetrando más el tema y a nivel más informado va quedando claro que rajan a cualquiera.
Lo loco es cómo fue todo. Primero llegaron a todos lados y decían que venían en son de paz, tipo V invasión extraterrestre. Altos funcionarios que llegaban y les pedían a los funcionarios políticos que estaban “¿se pueden quedar un poco más…?” y gente que llegaba más abajo que decía “todo sigue igual”.

– Yo sé que en UPCN, que ya medio negoció, dicen a quien quiera oírlo que esto viene del máximo nivel, que Macri mismo planteó lo de los rajes

– Es que fue así: venía todo medio normal hasta que un fin de semana de fin de año se descerrajó la cosa y después vino lo del decreto, que en los hechos es un vía libre para rajar a cualquiera. La prueba es lo que pasó con Lombardi.

– ¿Qué pasó?

– Y, el tipo en general siempre muy dialoguista, vinculado al ámbito de la Cultura, onda progre, etc. Se planta en que 678 se tiene que ir porque fue un planteo de campaña de Macri. OK. Pero va al programa de Víctor Hugo en Telesur a explicárselo, ponele. Sobre el resto, bueno, que vamos a ver, que pin que pun. Sacan el comunicado que de ninguna manera se va a cerrar el Centro Kirchner y que todo bien. Después del fin de semana ese que te digo, dejan a todo el mundo del Centro Kirchner afuera, revientan la programación de transición de Nacional Rock para enero -radio donde el tipo salía a hablar asiduamente y todo bien- y sale este nuevo Lombardi onda reventamos todo hardcore.

– Lo mismo Michetti, que viene del mismo lado de la interna PRO perdidosa y la hacen hacerse la dura de las duras.
Eso parece así, pero fijate también: ahí también está el tema de la “limpieza étnica”. Lo que está pasando en muchos lugares es que hay un criterio de “retrotraer al 2010”, digamos. O sea: volar a todo lo que sea La Cámpora -que en muchos lugares se manejó con la prepotencia de estos, prácticamente- y reponer a todos los que estaban “de antes”. Así, tenés los lugares donde te dicen “volvieron todos” (como funcionarios políticos, los que estaban con el menemismo) o también “volvieron todos” (como “mandos medios”, digamos, los que estaban pre-Cámpora.

– Eso de la limpieza étnica va a ser usado también a muchos niveles en los múltiples recovecos de las internas del PJ, en la línea que va de gobernadores al despacho del Ministerio del Interior… etc…

– Pero claro. Para varios es win-win.

– Además está el tema “estilo management”. Desmantelan algo, después ponele le hacen entrevistas a la gente. “No nos sirve tu perfil”. Gente grande con contrataciones más o menos firmes desde hace años eh, cero “Resistiendo con aguante”…

– Otra cuestión acá es el de la idea de “autoridad” de estos fulanos. Están muy pendientes del tema “construcción de autoridad” y ahí tienen muchos accionistas, digamos. Por un lado están las famosas señales al sector privado, en el sentido de “bueno, rajen si necesitan”. En 2005, con superávits gemelos e híper popularidad de Kirchner y la mar en coche había 5 puntos más de desocupación. Entre el 91 y el 94, con la popularidad de Menem en picos absolutos, el desempleo se duplicó, de 6 a 12. Después siguió subiendo y se le pincharon varias cosas más y bueno. Yo creo que calculan que la cosa banca, que hay demasiado pocos desocupados. El otro tema es el de las señales que dan para afuera. Vos salís a pedir guita afuera y tenés que dar señales. No importa si sos amigo de los tipos, son negocios. Tenés que demostrar que podés “hacer sufrir” y a la vez conservando gobernabilidad. Los tipos te van mirando las dos cosas: cuánta “firmeza” tenés y cuánta capacidad de seguir teniendo la firmeza, que es la clave.

– Lo otro increíble es la afinidad entre tiros y radicales. Lo de La Plata no se puede creer. ¡Cómo les gusta tirar balazos de goma a los radicales, una cosa de locos !! ¡Suben y tiran balazos de goma! ¡Dejate de-jo-der!

– Mammamia los radicales… Qué país…

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Primeras instantáneas no deseadas del gobierno macrista

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Por Hugo Ce y Sergio De Piero

Hay un elemento, una dimensión que el macrismo gobernante comprendió inmediatamente: no alcanza con sentarse en el sillón de Rivadavia. Se está allí para construir poder y eso se hará con los mecanismos que se tengan a mano, aun cuando tensionen la institucionalidad republicana proclamada, valiéndose de la legitimidad que otorgó el voto popular hace apenas un mes. Si en los primeros días del nuevo gobierno se dudaba (los ciudadanos, la oposición, ¿también el mismo Macri?) respecto de si la apuesta era por una política gradualista o una de shock, bastaron solo un par de horas, para saber que el decisionismo se impondría por sobre cualquier expectativa de aplicación paulatina de las medidas que la Alianza Cambiemos representa en términos económicos y políticos. El debate populismo – republicanismo, al menos en los términos de procedimientos, carece de sentido.

Estamos pues, en medio de la salida del barco. Y no de cualquiera. Nos encontramos en un momento histórico novedoso: por primera vez una coalición conservadora llega al poder de la mano del voto popular y universal. No lo imaginamos. Incluso no nos preparamos para pensar cómo serían (serán)  cuatro años bajo su gobierno. Con ese primer y rápido diagnóstico debemos prevenirnos de no repetir frases que tenían un sentido en un contexto, pero no en el actual.  (Pues “eso” hoy ya no es una posibilidad, sino un gobierno; no tuvo el rechazo masivo de la población, sino el apoyo del 51%).

En primer lugar: la “grieta” y sus profundidades también estarán presentes en el debate próximo, pues qué sería de la política si no atendiese al conflicto. Los discursos de Macri ya como presidente electo, apuntaron a eliminar esas diferencias generadas principalmente desde nuestra vereda y avanzaron discursivamente en una visión no conflictiva de la política. La negación de los intereses en pugna profundiza la grieta, no la suspende. Su licuación se produce no ya en el concepto de Patria versión conservadora (amputado por el mismo Macri en la jura presidencial) sino en términos con muchísima menos densidad como “la normalidad” y uno que sin duda será clave, como el de “modernización”. Para marcar esa línea divisoria, entre el futuro y el pasado; entre la agresión y la felicidad, el macrismo no precisa de la existencia de un “678” (aunque sí menores dosis de periodismo no alineado, como inmediatamente ya estamos observando). Le basta el apoyo generalizado que obtiene hoy de las empresas periodísticas, cuya cercanía no se remite meramente a una cuestión de pauta publicitaria, sino a intereses mucho más amplios y específicos (caso Clarín, uno de los claros ganadores de este comienzo), o a una convergencia ideológica (caso La Nación). Pero más aún: el macrismo cuenta con un bien invaluable en política: puede apelar a la construcción de nuevos contenidos del sentido común para sustentar algunas de sus decisiones, aún, a fuerza de decretos. “El campo estaba ahogado”, “el dólar recuperó su valor real”,”se terminó la guerra contra el periodismo en la Argentina”. Que los medios hayan dejado de informar el valor del dólar en operaciones paralelas, ilegales, forma parte de ese triunfo conseguido.

Del mismo modo, la desmesura que en algunos momentos se le aplicó desde la prensa, pero también desde ambientes académicos al peronismo kirchnerista, al punto de compararlo con el nazismo o el stalinismo (o bien las celebraciones en ciertos barrios, cuando se produjo la muerte de Néstor Kirchner), nos presenta la duda acerca de si el gobierno de Cambiemos tendrá la misma tolerancia cuando reciba críticas de tenores semejantes desde algunos sectores sociales y políticos. La baja de toda la programación en los medios públicos y el fin de ciclo periodísticos incluso en medios privados, críticos ya al gobierno de Macri, nos abre el inmenso interrogante, respecto a su capacidad de convivir con la crítica y la diversidad por parte de Cambiemos.

En segundo lugar ¿hacia dónde va esta nave que zarpó el 10 de diciembre? Recordemos una vez más: se trata de un gobierno conservador, de centro derecha si se quiere, validado en las urnas. A pesar de la legitimidad democrática indiscutible, es sumamente tentador identificarlo con procesos políticos semejantes si tomamos como referencia la coalición económica representada, el discurso hacia el peronismo y los actores claves. Así, la Revolución Libertadora y la Revolución Argentina emergen como momentos históricos con puntos de contacto, con “parecidos de familia” (como la figura de Américo Ghioldi y sus actuales salieris). Se trata, una vez más, de dictaduras militares y aquí nos importa un gobierno democráticamente electo, sin dudas sobre su legitimidad. Sin embargo, en todo proceso histórico político, los actores y los modelos a seguir no son interminables. El sector agrícola – ganadero, ha sido el que primero atendió el presidente Macri con un decreto que anuló la mayor parte de las retenciones y unificó el mercado cambiario que produjo una devaluación. Entre una y otra medida, el precio del trigo o del maíz, treparon más de un 40%, como consecuencia del anuncio de estas dos medidas. La eliminación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI), la eliminación de la mayor parte de las restricciones a las importaciones (de 19.000 a solo 1.000) y la repetida consigna que el campo es el motor de la Argentina, parecen congraciarse con la tensión histórica entre el modelo agropecuario hacia afuera y el de industrialización hacia adentro. Una puja que nació tibiamente en la década del ´30, pero que el peronismo de los ´40, puso en el medio del debate político, no solo en términos económicos, sino principalmente, por el rol político otorgado a la clase trabajadora.

El otro aspecto central es el nombramiento de CEOs de distintas empresas, en el gabinete nacional, marcando un hecho casi inédito, pero que lo emparenta en ese aspecto, con la lógica empresarial – modernizadora, de la presidencia de facto del gral. Onganía. Como bien documentaron en Página/12 Alfredo Zaiat (La CEOcracia) y Fernando Krakowiak (El país atendido por sus propios dueños), los gerentes pueblan las oficinas de los ministerios, poniendo en jaque el principio aquel que coloca al Estado como mediador (dentro de un sistema capitalista, desde luego) entre los distintos intereses presentes en la sociedad, para fortalecer aquella “autonomía relativa”. Es muy difícil creer que el hasta hace poco gerente de una firma de determinado ramo, ocupe ahora la cartera ministerial, olvidando su pertenencia y relaciones en el ámbito privado. Como siempre, para muestra basta un botón. Miguel Angel Punte, ex jefe de Recursos Humanos de Techint, a cargo de la Secretaría de Empleo del Ministerio de Trabajo, tuvo que “mediar” en la UOM y la empresa Siderca Tenaris (del holding Techint), por el proceso de despidos y suspensiones de trabajadores (la necesidad del gobierno que no aparezca beligerante un aliado empresarial estratégico y la rápida movilización sindical impidieron que se mantengan firmes dichas acciones). Entonces, Macri tampoco debería olvidar que la disputa por los modos de intervención del Estado, la tendrá puertas adentro de cada ministerio, y eso no estará exento de ciertas conflictividades que también impactarán en la gobernabilidad. Cuando emerjan intereses contradictorios entre sectores empresarios, todos presentes en su propio elenco ministerial: ¿qué sucederá la primera vez que Macri diga no a algunos y si a otros?

Al mismo tiempo, el atisbo de dos conflictos sindicales sucedidos en los pocos días que lleva a Presidencia Macri (Cresta Roja y los empleados despedidos de la Municipalidad de La Plata), merecieron ambos sendas respuestas represivas. ¿Es la represión como primera respuesta a los conflicto el camino de conducción del país que propone la Alianza Cambiemos? ¿Le es imposible pensar otras formas de articulación de conflictos, en este caso además, de baja intensidad? ¿Qué escenario les espera a los trabajadores frente a las paritarias?

No convocar a sesiones extraordinarias al Congreso de la Nación, como hicieron todos los presidentes en su primer año de gobierno, y propalar la firma de decretos algunos de altísimo impacto, como la modificación de la ley de Servicios Audiovisuales o la designación en comisión de dos miembros de la Corte Suprema de Justicia (o el reciente decreto bonaerense de suspensión de paritarias por 180 días), corrió muy rápido el escenario de un “ni vencedores ni vencidos”, del Gral. Lonardi, hacia el decisionismo de Aramburu (los recientes despidos en áreas estatales o municipales por filiación política, no pareciera estar lejos del viejo espíritu del decreto-ley 3855/55, quedará por ver si irán esta vez por su lucha contra un nuevo “Tirano Prófugo”).

Hay nuevos aires de época. La Patria ya no es más el Otro. Nos enseñarán que La Patria será de aquí en más Uno y que este principio rector se manifestará en forma capilar en cada uno de nuestros registros cotidianos. Pronto las palabras de la “desconocida” filósofa ruso americana Ayn Rand, una de las lecturas referidas de Macri, inundarán nuestros debates (“toda interferencia gubernamental en la economía consiste en conceder un beneficio no ganado, extraído por la fuerza, a algunos hombres a expensas de otros”; “Es el mercado libre el que hace imposibles los monopolios. Si los trabajadores luchan por mayores sueldos, si claman como beneficios sociales, si los empresarios luchan por mayores beneficios, esto es condenado como “avaricia egoísta”).

Seguramente nos sentiremos en un comienzo como aquellos meteorólogos anunciando la alerta de tsunami, y la gente yendo hacia la playa. ¿Deberemos esperar los primeros efectos de la gran ola amarilla para poder empezar a debatir sobre la nueva etapa? La historia es más larga que nuestras existencias y una derrota electoral, solo un evento de un conflictivo camino. Sin embargo, la paciencia (que es parte de nuestro espíritu constructivo), parece que fue rápidamente desbordada.

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Soon after his introduction to an essay on Whittaker Chambers, an essential person in the beginning of the Freezing Battle, Bradley Nash incorporated various sentences summarizing the foreword to his important reference, Chambers’s autobiography. Nash characterizes the style of music and firm up of a foreword on the initial two sentences previous to rapidly detailing, over the following two, the movement of that creative ideas:

The foreword to Chambers’s autobiography is penned by using “A Note to My Youngsters.” On this benefits, Compartments establishes the divine tone that dominates our bodies of his reserve. He actually characterizes the Frigid Combat at a basically usual designer, invoking the words of nation-wide politics and describing the trouble as you concerning “Communism and Liberation.” But as being the foreword moves along, Chambers offers a faith based part that provides to cast the challenge regarding communism and capitalism as the method of holy battle.

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Interpretive Brief summary

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The interpretive brief summary in this article is derived from an essay reviewing a Civil Battle image in light of Lincoln’s Gettysburg Street address. The essayist, Dara Horn, realized she found it necessary to express the photograph but which simply “jogging because of” its information would bewilder and bore her people. So she uncovered the point of her detailed description in a set of matter sentences (substantial underline), summarized details of a picture (increase underline), and gifted the brief description some interpretive “” spin “” (all the way through).

As distrustful moderns, we often have difficulties accepting sketches or artwork as cultural data, but we usually tend to rely on pics the way that we believe in decorative mirrors; we merely embrace them to be the honest truth. Alexander Gardner’s photo Trossel’s Residential home, War-Industry of Gettysburg, July, 1863 would possibly that is why be observed as information other than commentary. Compared to a number of Gardner’s other “sketches,” this imagine involves no beautifully placed rifles, no artistically angled stream, no well-posed adult males in standard-truly, no individuals after all. The photograph’s composition could scarcely become more prosaic; the horizon slashes the photo by 50 %, additionally, the subject matter, a white colonial-fashion household, is found smack through the centre. To date this simple, approximately naive standpoint collections the viewer up in the photograph’s stealthy scary. Initially, the photo seems to be a portrait connected with a house, possibly even an inadequate portrait to a apartment; from a Osketch bookO of conflict, a particular might turn appropriate by it in to the gory pictures pre and post. Although the terror in that photo is based on its overdue shock, the gut-wrenching astonishment whenever the lumination on the apartment leads the attention in to the soft on the fence as well as viewer notices how the lawn fencing is shattered, and next thatthe garden is usually a chaos, littered with-what exactly many?-horses, departed horses, twelve deceased horses. What must have came about custom writing co uk to topple a dozen nine-hundreds-lb horses, and whereby are the people who rode them? Crushed under? The viewer doesn’t know, given that Gardner’s picture doesn’t tell us. All we notice is really a dwelling, a harmed fence, 12 gone horses, in addition to an vacant skies.

Some Cautions

Remember the fact that an essay that argues (instead of just quite simply clarifies) purposes bottom line only sparingly, to remind people regularly of fundamental tips. Summing up must always improve your discussion. When lecturers generate “an excessive amount of brief summary-far more assessment needed” with the margin, ordinarily they signify the essay stories what you’ve studied rather than argues a product to fix it. Two related dilemmas produce this case. The first is a thesis that isn’t a real thesis instead a statement of a little something very clear relating to your content-a outline. (The obvious can not be stated.) An announcement in the visible is likely to energy more deeply detailed description, which results in the actual 2nd dilemma, a format that sometimes follows the chronology within the provider sms from beginning to end or maybe just databases instances coming from the foundation. Not procedure builds an argument.

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En todo estás vos

globo

Escribimos Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk

En el primer balotaje de la historia argentina el candidato de la Alianza Cambiemos Mauricio Macri derrotó por escaso 2,8% de los sufragios  al oficialista Daniel Scioli. La diferencia de 700.000 votos a favor de candidato amarillo muestra lo reñida de la elección y la paridad que tuvo esta compulsa evidencia que la legitimidad de origen del nuevo presidente es más acotada que lo que preanunciaban las encuestas y los boca de urna difundidos en  las horas posteriores al comicio. A las 19.30 se dieron los primeros datos, como se había prometido, y con una tendencia irreversible, el candidato oficialista reconoció su derrota dos horas después. Por primera vez en la historia, una agrupación política con los colores y la ideología de centro derecha llega al gobierno con mayoría de votos. Estos es un dato en sí mismo. A continuación, observamos estos otros:

Comienza una nueva etapa política en el país. Un nuevo ciclo.  Y nos siguen quedando preguntas de cara al pasado reciente y el futuro. Sobre todo en un país en el que, entre otras cosas, lo que se vota es “capacidad de gobierno”. ¿Estaba el Frente para la Victoria en condiciones de gobernar cuatro años más? ¿No estábamos ya algo cansados de la dinámica de “bancar” (que es lo que hace un oficialismo) ¿No estábamos un poco desgastados de administrar y gobernar conflictos? ¿No sería bueno poder recuperar un poco más la dinámica de militar las calles, los barrios, las charlas, las plazas y los conflictos vistos del otro lado del mostrador? Si la respuesta es “no”, el país y la Historia nos ponen igual nuevamente en ese lugar. La hoja de ruta será esa. No hay que romperse mucho la cabeza. No hay mucho más para dudar. Como dijo alguien alguna vez “mi empresa es alta y clara mi divisa; mi causa es la causa del pueblo”.
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El domingo, Daniel Scioli

Daniel_Scioli_2015

 

Porque están los trabajadores.

Porque están los sindicatos.

Porque están los estudiantes.

Porque están las universidades nacionales.

Porque están los científicos.

Porque están las pymes.

Porque están los artistas.

Porque están los “sueltos”.

Porque están los organismos de derechos humanos.

Porque está el apoyo de los presidentes de nuestra región.

Porque están los peronistas que advierten que es “muy difícil” votar al otro candidato.

Porque está la izquierda y los defensores de “nuevos derechos” que no creen que cuanto peor mejor.

Porque está el mercado interno y una presencia del Estado que no conocimos cuando éramos jóvenes.

Porque no tenemos miedo de los 90s, pero tenemos memoria y ahora tenemos hijos.

Porque estamos juntos ahora y vamos a seguir juntos.

Porque esta es nuestra casa, nuestra identidad, nuestro único hogar.

Por todo eso, el domingo, Daniel Scioli.

La mitad más uno

Mauricio_Macri_presentó_los_nuevos_juegos_de_agua_en_el_Parque_Indoamericano_(8471735638)

(Mariano Fraschini, Nicolás Tereschuk y Abelardo Vitale, decimos)

Las elecciones nacionales dejaron un gusto amargo a quienes considerábamos mejor para el país un triunfo del Frente para la Victoria en primera vuelta. A los intrépidos que intentan cada tanto avizorar el futuro en comportamientos humanos, en general también les/nos ha tocado el momento de los sinsabores.

Ahora viene, por primera vez desde que se instauró en 1994, la segunda vuelta. Sí, esta vez será real, habrá finalmente competencia.

Se puede decir, sin martillarse los dedos, como dijo alguna vez Néstor Kirchner, que:

 
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Hasta el último día

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Decimos Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk.

Cuando dijimos “tenemos que escribir algo sobre Cristina antes del domingo” la pregunta que nos rondaba la cabeza era: ¿Cómo hizo CFK para evitar el escenario del llamado “pato rengo” y gobernar “hasta el último día”? Y nos dimos cuenta de que en realidad la pregunta misma (ni siquiera la respuesta) invita a detenerse y pensar un poco.

El afecto es parte esencial de todo aquello que involucra a la actividad política. “La política es la administración del amor”, dijo alguna vez un doctor en Ciencia Política amigo nuestro. Y nos es imposible eliminar el afecto de estas líneas. Aunque quizás haya más que eso.

El próximo domingo serán las elecciones nacionales y, sea cual fuera el resultado, la Presidenta comenzará a iniciar el descenso de este Jumbo sobre el aeropuerto del 10 de Diciembre. No fue un vuelo tranquilo. Pasamos turbulencias, rayos y centellas. Pero aquí estamos.

Un triunfo en primera vuelta de Daniel Scioli sería la coronación ahora mismo de una estrategia, de una de las estrategias posibles. Impensadas para muchos hace unos meses. Si hay segunda vuelta, podría concretarse un poco más adelante. Con alguno de esos dos resultados, Cristina lograría algo inédito: que un presidente peronista le entregue la banda y el bastón a otro peronista (esta frase debe leerse con un énfasis especial en la palabra otro entendido también como “diferente”). Esto nunca ocurrió en la historia. Primero porque el Partido militar nunca lo hubiera bancado; y segundo, porque a pocos peronistas les gusta mucho dar los símbolos de poder y la autoridad a otro compañero.

Si alguna vez bajara la espuma de las pasiones que ha despertado CFK, la forma en la que la jefa de Estado se las ha arreglado para llegar a este punto en el que estamos hoy debería ser digna de análisis. Pero insistimos, no desde un análisis maniqueo que no pueda observar las virtudes y los defectos que todo proceso político contiene en su extensión.

Pensar cómo en contextos políticos e institucionales similares algunos presidentes se mantienen en sus puestos y logran desplegar buena parte de su agenda, mientras a otros ese logro les es esquivo, nos parece un ejercicio fundamental para entender a la política. En particular en países como el nuestro (y otros de Sudamérica) en el que las instituciones y las reglas escritas aparecen siempre cambiantes y poco respetadas -por todos los actores-, y por lo tanto no permiten explicar a partir de su “lectura” todas las situaciones sociales, políticas y económicas que nos rodean. Así, un análisis que pose su lente sólo en las instituciones se perdería la mitad del panorama, y con ello la posibilidad real de entender cómo se dan algunas dinámicas políticas en nuestras latitudes. Los presidentes ostentan recursos de poder de tipo institucionales, financieros, partidarios, y pueden crear nuevos recursos a partir de la acción concreta de gobierno. Y estos nuevos liderazgos vaya si crearon nuevos recursos e hicieron jugar los que tenían a mano para modificar el status quo. Y , además (por si esto fuera poco) lograron lo más importante: dotar de estabilidad política e institucional a sus países en un contexto en que no es fácil para los presidentes terminar sus mandatos. Convertirse en Alfonsín, De la Rúa, Collor de Mello, Carlos Andrés Pérez, Bucaram, Cubas Grau, Sánchez de Losada o Lugo puede ocurrir. Y ocurre. Si no, miremos a Brasil.

Los liderazgos presidenciales en el siglo XXI en Sudamérica han sido un tema de escaso interés para la ciencia política y la opinión pública en general. La etiqueta inmediata de “populismo” “autoritarismo competitivo”, “autoritarismo” a secas o hablar de gobiernos que se valen del “clientelismo” abundó en la categorización de los líderes que inauguraron en la región sus gobiernos a partir del 2000. Este tipo de enfoques nos privan de la posibilidad de tratar este nuevo fenómeno sin anteojeras ideológicas (o bajo el manto de la verdad revelada). La inmediata (des) calificación de estos nuevos liderazgos regionales invita a reflexionar sobre la naturaleza y la acción que estos presidentes le imprimieron a sus gobiernos, para ver si hay algo de novedoso, de original, de interesante, en estos protagonistas del cambio en América del Sur. Nunca en la historia política de la región se dio una perdurabilidad tal en gobiernos democráticos de un mismo signo político. Repasemos: vamos hacia 20 años de chavismo, 16 de petismo, 13 de evismo, 10 de correismo y 15 de frenteamplismo.

 

Para decirlo de otro modo: si vale la pena contar o dar conferencias sobre como Pep Guardiola o José Mourinho, Gregg Popovich o Julio Velasco, sacan campeones a sus equipos… ¿carecen de interés estos otros “liderazgos” de los que hablamos? Dar estabilidad a sistemas políticos problemáticos y plagados de nubarrones institucionales, ¿no tiene ningún valor para la politología sudamericana? ¿O sólo alcanza con decir, que todo fue posible porque se trató de liderazgos autoritarios que gozaron de un muy buen pasar económico?

Nos viene a la memoria el caso de Richard Neustadt, politólogo norteamericano (fundador de la Kennedy School of Government de Harvard) que escribió uno de los libros más influyentes (y pioneros) sobre el liderazgo presidencial. Lo hizo en 1960, profundamente impactado por el presidente de su país que había gobernado entre 1933 y 1945 y que cambió el mapa político y social del país, Franklin Delano Roosevelt. Ese era el  ideal de presidente que Neustadt tenía en mente, bastante alejado del estilo que desplegaba el militar Dwight Eisenhower al momento en que lo escribió.

En ese marco, analizar cómo una presidenta enfrentó, a ver hagamos cuenta: la crisis del agro de 2008, la crisis internacional de 2009, la derrota de su partido en las elecciones de mitad de mandato de aquel año en la provincia de Buenos Aires, la muerte de su esposo y socio político en 2010, conflictos por aplicar restricciones cambiarias y a las importaciones, una tragedia tremenda como la de Once en 2012, cacerolazos multitudinarios en las principales avenidas de uno de los distritos clave del país entre ese año y el 2013, una nueva derrota en las elecciones de mitad de su segundo mandato en la provincia de Buenos Aires en octubre de 2013 (¡y por más de 10 por ciento!), una traba financiera internacional por parte de la acción de fondos buitre y tribunales norteamericanos en 2014, el enfrentamiento de un sector de los gremios y una crisis política como la que se derivó de la muerte del fiscal Alberto Nisman en enero de este año, llegó hasta donde llegó, nos parece que requiere, al menos, algún nivel de indagación, de explicación. Salvo que creamos que, insistimos, unos buenos precios de algunos productos que exporta la Argentina permitan dar cuenta de todas las respuestas que buscamos….

¿Cómo fue que Cristina resultó reelecta por un porcentaje récord de votos, impulsó la aprobación de la Ley de Medios, de Matrimonio Igualitario, de la nacionalización de los fondos de las AFJP, del manejo de acciones de las principales empresas del país por parte del Estado, hizo que la Argentina llegara a una cobertura casi total del sistema previsional, cambió el funcionamiento de los trenes urbanos de pasajeros, estatizó Aerolíneas, reformó la carta orgánica del Banco Central y descabezó la SIDE? ¿De qué manera logró que la mayoría de su partido no se saliera de cauce luego de dos derrotas electorales en el principal distrito del país? ¿Cómo fue que Cristina pudo mantener bajo relativo control el Congreso, con mayorías más -como en los períodos 2007-2009 y 2011-2015 o menos holgadas -como entre 2009 y 2011? ¿Cómo logró hacer que los sindicatos no fueran un desafío serio a su hegemonía? ¿Cómo fue que sostuvo tanto tiempo en su puesto a funcionarios atacados día tras día por la Justicia y los grandes medios? ¿Cómo se las arregló para hacer de la debilidad que significaba la designación como Papa de Jorge Bergoglio, la fortaleza de tener como “amigo” al Santo Padre?

¿No hay nada para estudiar ahí? ¿No hay nada para pensar sobre la “yegua”, como la llaman en los barrios más ricos de nuestras ciudades? ¿No hay nada para pensar en la única presidenta del período democrático que subió en la consideración pública en el último tramo del mandato? ¿Qué decir de la “impotencia” de un “círculo rojo” que siempre le desconfió, que nunca la quiso y que trató por todos los medios de esmerilar su poder? ¿Qué nos dice eso, no sobre ella, que en todo caso es un elemento que queda para la Historia? ¿Qué nos dice sobre nosotros mismos, sobre nuestra sociedad, sobre cómo es la relación entre política, sociedad y economía en nuestro país?¿Es casual que sus pares de Brasil y Chile estén casi con la lengua afuera y atajando penales en el cotidiano y CFK logra retirarse de su gobierno con niveles altos de apoyo popular? Insistimos ¿no es relevante todo esto?

Empieza a terminar el mandato de Cristina. Aunque puede ser que pensar un poco sobre cómo fue que lo hizo sea una tarea que siempre esté empezando.

Foto.

La moneda en el aire

(Abelardo Vitale, Mariano Fraschini, Nicolás Tereschuk, decimos)

Faltan diez días para que termine la primera campaña del resto de nuestras vidas y la moneda está en el aire. ¿O no? Sí. En democracia siempre hay incertidumbre, siempre la moneda está en el aire. Y eso es lo lindo que tiene.

Con nuestros amigos de Consultora Dicen, Hilario Moreno del Campo y Fernanda Cancela, pensamos que qué bueno sería una encuesta que nos diga un cachito más, no tanto sobre quién va a ganar y cuándo, sino sobre la moneda. A qué velocidad se mueve la moneda. Si todavía está subiendo o ya está cayendo. Si la vamos a poder atajar con la mano o mejor sería dejarla caer al piso. Qué está pasando por detrás de un voto que siempre se está moviendo para algún lado. Y para tener claro cómo es ese movimiento, mejor que leer el dato frío de cuanto se lleva cada uno, es tratar de entender un poco más sobre cómo están, que sienten y piensan los argentinos y argentinas que se detienen unos minutos a contestar unas preguntas político- electorales.

Encuesta Nacional 7 a 10 de octubre:

Los que leen Artepolítica saben que no nos gustan demasiado los análisis sobre encuestas. Que nos parece más sólido ver cómo se mueven los actores (algunos de los cuales sí leen encuestas, claro). Si sólo hiciéramos eso, podríamos decir que:

Decíamos, la encuesta de Consultora Dicen es interesante porque nos permite verificar algunos climas:

Así estamos a 10 días. La moneda está en el aire. Pero ya está por caer. Una vez más, hay que aguantarla. Juntos.
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Coyuntura III

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Escribimos Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk

Nos encontramos a un mes de la elección presidencial y la campaña ingresa en su recta final. El candidato del oficialismo, Daniel Scioli; el del frente Cambiemos, Mauricio Macri, y el de UNA, Sergio Massa, afilan sus estrategias de cara a esta última etapa, que promete ser emocionante. En esta nueva coyuntura electoral vemos lo siguiente:

 

Se hizo largo. En síntesis, el partido depende del Frente para la Victoria. Falta poco.

Imagen.

 
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Provisorio escrutinio

Escribimos Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk

Daniel Scioli obtenía 38,4% de los sufragios cuando todavía faltan escrutar casi el 5 por ciento de las mesas de la provincia de Buenos Aires y se consolidó como el candidato más votado en esta PASO. En segundo lugar, el Frente Cambiemos, integrado por el PRO, la UCR y la Coalición Cívica alcanzó el 30%. Más lejos, la coalición UNA se llevó el 20,6% de los votos. La diferencia entre las dos primeras fuerzas fue del 8%. Entre los dos candidatos más votados fue del 14%. El candidato del FPV triunfó en todas las provincias menos en Ciudad de Buenos Aires y Mendoza (primó en ambas Cambiemos), y en Córdoba y San Luis (dos terruños ganados por sus gobernadores respectivos). La primaria del FPV en la Provincia de Buenos Aires la ganó Aníbal Fernández, en una elección reñida. Las encuestas, esta vez,  estuvieron más cercanas al resultado final

A continuación unas viñetas explicativas de la elección de ayer

Hay campaña, que haya política.

Foto.
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Coyuntura II

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Escribimos Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk

 

Cerraron las listas y:

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Documento #niunamenos

Reproducimos el documento #niunamenos

 

I
En 2008 mataron una mujer cada 40 horas; en 2014, cada 30. En esos 7 años, los medios publicaron noticias sobre 1.808 femicidios. ¿Cuántas mujeres murieron asesinadas sólo por ser mujeres en 2015? No lo sabemos. Pero sí sabemos que tenemos que decir basta. En estos años, los femicidios dejaron cerca de 1500 niñas y niños huérfanos y algunos de ellos están obligados a convivir con los asesinos. El problema es de todos y de todas. La solución hay que construirla en conjunto. Necesitamos sumar compromisos para cambiar una cultura que tiende a pensar a la mujer como objeto de consumo y descarte y no como una persona autónoma.
El femicidio es la forma más extrema de esa violencia y atraviesa todas las clases sociales, credos e ideologías: Pero la palabra “femicidio” es, además, una categoría política, es la palabra que denuncia el modo en que la sociedad vuelve natural algo que no lo es: la violencia machista. Y la violencia machista es un tema de Derechos Humanos.

Hablamos entonces de una cultura de la violencia contra las mujeres. Hablamos de hombres que piensan que una mujer es suya y que tienen derecho sobre ella, que pueden hacer lo que quieran, y que cuando esa mujer dice NO, la amenazan, le pegan, la matan para impedir que diga NO.

El femicidio es eso: marcar los cuerpos de las mujeres violentamente, y como amenaza para otras: para que las mujeres no puedan decir que no, para que renuncien a su independencia. Aunque la gran mayoría de las mujeres que recordamos aquí fueron asesinadas por hombres de su círculo íntimo, el femicidio no es un asunto privado, es producto de una violencia social y cultural que los discursos públicos y de los medios vuelven legítima, cada vez que alguien le dice puta a una mujer porque ejerce su sexualidad libremente, cada vez que alguien la juzga por las medidas de su cuerpo, cada vez que alguien la mira con sospecha porque no quiere tener hijos, cada vez que alguien pretende reducirla simplemente al lugar de la buena esposa o la buena madre, destinada a un varón.

El femicidio es un tipo de violencia particular: no es un tema íntimo o doméstico o sólo de las mujeres. En muchos femicidios también fueron asesinados los hijos como parte del castigo proyectado sobre ellas y su propia capacidad de dar vida.

Lo privado es político. Cada mujer que se atreve a decir basta, que quiere dejar de ser víctima para convertirse en sobreviviente, desafía a toda la estructura de la violencia machista. Pero ese es su momento más vulnerable, ahí es cuando con saña se pretende ajusticiarla y es entonces cuando más necesita de otros y de otras que ayuden a sostener
su decisión: redes de afecto, sociales, asistencia del Estado y un activismo político fuerte que insista en decirle que no está sola y que no es su culpa. Para que ese BASTA, que por fin pudo enunciar, se sostenga en el tiempo. Eso es, también, lo que estamos haciendo hoy, acá, en esta plaza pública.

La violencia ejercida en el ámbito doméstico se vincula con cuestiones sociales que deben ser discutidas en la esfera de la política. A diferencia de otros crímenes, el femicidio se puede leer en una cadena: encontramos crímenes casi calcados por todo el país.

Por eso, afirmamos el derecho a decir NO frente a aquello que no se desea: una pareja, un embarazo, un acto sexual, un modo de vida preestablecido. Afirmamos el derecho a decir NO a los mandatos sociales de sumisión y obediencia.

Y porque decimos NO, podemos decir sí a nuestras decisiones sobre nuestros cuerpos, nuestras vidas afectivas, nuestra sexualidad, nuestra participación en la sociedad, en el trabajo, en la política y en todas partes.

II
Los femicidios no deben tratarse como problemas de seguridad. Y la lucha contra ellos exige una respuesta múltiple, de todos los poderes del Estado y todas sus instancias -nacional, provincial, municipal- pero también precisa una respuesta de toda la sociedad civil. Y en especial una respuesta por parte de los y las periodistas, comunicadores
y comunicadoras, que son quienes construyen interpelaciones públicas.

En 2009 y por amplia mayoría (con 174 votos afirmativos y 3 abstenciones), el Congreso nacional aprobó la Ley de Protección Integral de las Mujeres, Ley Nº 26.485, un paso importante en la lucha contra la violencia machista. Sin embargo, todavía está pendiente la reglamentación de algunos artículos, incluido el Plan Nacional de Acción
para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres.

Sin la reglamentación completa de la Ley, el diseño de políticas integrales y la asignación del presupuesto necesario para su instrumentación, esta herramienta lograda en 2009 resulta insuficiente para revertir el aumento de la violencia.
En el país existen líneas telefónicas y oficinas especializadas para orientar y asistir a las víctimas que sufren violencia machista. No alcanzan si no son acompañadas de políticas integrales.

No existe en la Argentina un registro oficial de femicidios. Los datos que mencionamos aquí son los que releva año tras año la Organización No Gubernamental Casa del encuentro.

Es fundamental contar con estadísticas oficiales. El Poder Judicial desempeña un papel en general ineficiente a la hora de dar respuesta a las víctimas. En muchas jurisdicciones, son ellas las que tienen que denunciar y luego ratificar la denuncia que hicieron en comisarías. Este sistema de doble denuncia está apoyado en la falta de confianza de la Justicia hacia las mujeres y contribuye a la impunidad del agresor. El aporte de pruebas y testigos depende enteramente de las víctimas y, si no lo hacen, las causas quedan paralizadas y luego se archivan. Se trata de un modelo de gestión judicial de la violencia contra las mujeres que suma desprotección y que no garantiza medidas efectivas. Con la impunidad para el agresor, el Poder Judicial agrega otro tipo de violencia para la denunciante: la violencia institucional. Muchas de las víctimas de femicidios habían denunciado antes y en reiteradas ocasiones al asesino.

A tantas otras mujeres no quisieron tomarles las denuncias. Esta inercia no puede continuar. Hay mujeres golpeadas y asesinadas por afirmar sus propias decisiones. Otras están desaparecidas, víctimas del delito de trata con fines de explotación sexual o laboral, y sus destinos siguen sin conocerse. En torno a algunas de esas mujeres desaparecidas se sospechan tramas mafiosas que incluyen la participación de la justicia y de las fuerzas de seguridad. Por ellas también pedimos justicia.

El modo en que los medios, mayoritariamente, tratan el problema, debe transformarse por completo: en muchos casos culpabilizan a las víctimas de su destino: hablan de su vestimenta, sus amistades, sus modos de divertirse. En el fondo, agitan allí el “algo habrán hecho”. Necesitamos medios comprometidos en la elaboración de protocolos,
además del imprescindible cumplimiento de los protocolos existentes y de los códigos de ética para las coberturas periodísticas de estos casos.

La televisión repite imágenes y palabras que ubican a las mujeres en situaciones de desigualdad, dominación y discriminación. Repite estereotipos. El tratamiento noticioso de los casos de niñas y mujeres asesinadas o desaparecidas, con la invasión de la intimidad de las víctimas y la insistencia en revelar el modus operandi del asesino, contribuyen a que el femicidio se naturalice o se lo convierta en insumo para que el show continúe. Y esto ayuda a su reproducción.

Decimos Ni una menos, con el dolor de la suma de víctimas que crece y crece. Esta convocatoria masiva, esta enorme y comprometida participación social, son un grito unánime.

Es la manera que encontramos, en todas las plazas del país, con la movilización, con el dolor común, con la preocupación y la necesidad urgente, de poner en marcha acciones coordinadas que ataquen el problema; desde el origen -la cultura machista-, y hasta el fin de la cadena: la mujer golpeada, la mujer asesinada.

El Estado y los poderes reales, junto con la ciudadanía, debemos comprometernos a perfeccionar los instrumentos para combatir la violencia contra las mujeres, nuevos esfuerzos deben sumarse, codo a codo con el esfuerzo realizado por las organizaciones de mujeres, feministas, ONGs y personas comprometidas que trabajan en esto desde
hace tiempo.

Es que los derechos de unas son los derechos de todos. La preservación de la vida y las decisiones de las mujeres son ampliación de libertad para todos y para todas. Forjemos nuevos modos de convivencia, estrategias para hilar cada vez mejor la trama de la vida en común. No queremos más lágrimas de duelo y sí más avances que festejar.
No queremos más mujeres muertas por femicidio. Nos queremos vivas. A todas.

#NiUnaMenos.

III
Pedimos, entonces, una serie de puntos ineludibles para recorrer el camino hacia Ni una menos:

1. Instrumentación en su totalidad y con la asignación de presupuesto acorde de la LEY N º 26.485 “Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia  contra las Mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”. Puesta en marcha del Plan Nacional que allí se establece.
2. Recopilación y publicación de estadísticas oficiales sobre violencia hacia las mujeres incluyendo los índices de femicidios.

3. Apertura y funcionamiento pleno de Oficinas de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia en todas las provincias, con el objeto de agilizar las medidas cautelares de protección. Federalización de la línea 137.

4. Garantías para la protección de las víctimas de violencia. Implementación del monitoreo electrónico de los victimarios para asegurar que no violen las restricciones de acercamiento que impone la Justicia.

5. Garantías para el acceso de las víctimas a la Justicia. Atención de personal capacitado para recibir las denuncias en cada fiscalía y cada comisaría. Vinculación de las causas de los fueros civil y penal. Patrocinio jurídico gratuito para las víctimas durante todo el proceso judicial.

6. Garantías para el cumplimiento del derecho de la niñez con un patrocinio jurídico especializado y capacitado en la temática.

7. Creación de más Hogares/Refugio en la emergencia, Hogares de Día para víctimas, y subsidio habitacional, con una asistencia interdisciplinaria desde una perspectiva de género.

8. Incorporación y profundización en todas las currículas educativas de los diferentes niveles de la educación sexual integral con perspectiva de género, la temática de la violencia machista y dictado de talleres para prevenir noviazgos violentos.

9. Capacitaciones obligatorias en la temática de violencia machista al personal del Estado, a los agentes de seguridad y a los operadores judiciales, así como a profesionales que trabajan con la temática de violencia en diferentes dependencias oficiales de todo el país.

Todas las medidas requieren creación de instancias de monitoreo y seguimiento para su puesta en práctica y funcionamiento efectivo.

Erradicar la violencia contra las mujeres puede ser difícil pero no es imposible. Ni una menos es un grito colectivo, es meterse donde antes se miraba para otro lado, es revisar las propias prácticas, es empezar a mirarnos de otro modo unos a otras, es un compromiso social para construir un nuevo nunca más. Repetimos. No queremos más mujeres muertas por femicidio. Queremos a cada una de las mujeres vivas. A todas.

#NiUnaMenos.

Coyuntura

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Escribimos Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk.

 

De un tiempo a esa parte, la oposición partidaria, mediática, económica  y política advirtió que existen grandes posibilidades que el oficialismo gane la elección de octubre de 2015. Las declaraciones de algunos de sus candidatos apuntan a que a pesar de todo lo malo que es y representa el Frente para la Victoria, tiene un piso (un electorado fiel, diríamos los politólogos) que alcanzaría el 30%. Una economía que se mantiene estable, sumada a un peronismo que se presenta bastante unido para la recta final electoral -están las deserciones de gobernadores, como los muy especiales de Córdoba y San Luis y un grupo de intendentes que se ha reducido-, serían dos de los puntos salientes que le permite a la oposición pensar en que una nueva derrota los espera en el horizonte. Desde allí que ya salieron los coros mediáticos a lanzar la idea de la unidad a toda costa del arco opositor, que incluye bajadas de candidaturas y alianzas lo más amplias posibles.

Cuando íbamos armando este breve texto de coyuntura recordamos lo difíciles que fueron para el oficialismo algunos meses de 2013 y 2014, así como aquel tramo desde enero hasta marzo de 2015. Lo contrastamos con la relativa estabilidad política y económica actual que se expresa en múltiples aspectos. La coyuntura, es cierto, entusiasma a quien considera que el actual oficialismo tiene capacidad desplegar, en general, políticas públicas más efectivas, más adecuadas, que la oposición.

Conviene siempre entonces parar la pelota y aprovechar para poner en este párrafo todos los “peros” para que queden bien claros. La democracia argentina es una en la que la oposición puede ganar en ciertas coyunturas y si hace las cosas bien.  El escenario de “ya ganamos” no es bueno para ningún partido político. Menos aún para el oficialismo, que suele tener mejor desempeño con poco margen que con amplias posibilidades de despliegue. ¿Algún sector de la oposición juega también a administrar ese bálsamo anestesiante al oficialismo? La campaña todavía no ha comenzado formalmente. Es esperable que la oposición político-corporativa se juegue alguna ficha. ¿Vendrán los oscuros carpetazos y tendrán tus ojos?  ¿Qué pasa si cambian para mal -queda poco tiempo pero siempre es bueno estar prevenidos- las condiciones socioeconómicas en los meses que quedan?

Y aún así… y aún así…

Vayamos por partes para entender algunas encerronas en que se encuentra el antikirchnerismo en la actualidad:

 

Foto.
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