Artepolítica

Brasil: cómo es eso que la votaron 54 millones y la destituyeron 61

por Leila Mucarsel. 16108788

Entre los países de América Latina, Brasil fue el que consiguió llegar más lejos en el proyecto original de industrialización y el que enfrentó las mayores desigualdades de la región; hasta hace muy poco, era considerado como el país que reunía las mejores condiciones para el salto en dirección al desarrollo.

No menos importante, lo hizo con un proceso de inclusión social nunca antes visto en la historia de ese país bajo la consigna: “un país rico es un país sin pobres”, y más de 30 millones de ciudadanos brasileros dejaron de serlo. Este proceso se vio interrumpido por una crisis política y económica que se coronó con el reciente juicio político a Dilma Rouseff.

Existe una voz fuerte en la región y el mundo que ha denunciado los motivos eminentemente políticos de este proceso. Para apoyar esta hipótesis, basta con escuchar las declaraciones de los senadores que la juzgaron. Como sabemos, lejos de ser este un problema institucional, se trató de un problema político: no fue el combate por la corrupción ni la defensa de la democracia lo que motivó al golpe de estado, sino por el contrario, el objetivo fue la perpetuación y la ampliación de poder de las elites. En ese marco, consideramos central indagar en torno a qué mecanismos institucionales fueron los que posibilitaron el avance de estos procesos que han sido calificados como destituyentes porque desoyen el voto de las mayorías pero algunos sectores defienden argumentando que se cumplió el “debido proceso” y los “procedimientos institucionales”. “Las instituciones brasileñas fueron testeadas hasta su límite, y funcionaron sin rupturas — el Legislativo y el Judicial utilizaron su poder moderador sobre el Ejecutivo”, afirman desde estos sectores.

La gravedad de lo sucedido debe llevar a preguntarnos qué características tiene la institución de impeachment en Brasil y el resto de los países de Latinoamérica. Otro tanto debemos hacer con las instituciones de manejo presupuestario, la responsabilidad fiscal y la articulación entre el Estado y la banca pública. Es hora de repensar estas instituciones y analizar en qué medida es funcional a proyectos conservadores, tarea pendiente de los gobiernos de la década pasada.

En la constitución de Brasil se prevé la posibilidad de juicio político, y en la “ley de impeachment” de 1955, se expresa que el mismo procederá cuando un acto de un funcionario amenace la vigencia de la constitución, tipificando una serie de actos que son llamados “crímenes de responsabilidad”.

La denuncia a Dilma no fue por corrupción como quieren hacerle creer a los pueblos sino que, como no pudieron culparla por ningún acto de corrupción, denunciaron que la ex presidenta había incurrido en uno de estos crímenes de responsabilidad. Desde que Dilma asumió por primera vez el poder en 2011, se habían producido aproximadamente treinta peticiones para destituir a la presidenta de Brasil, una de ellas salió adelante liderada por el apoyo del presidente del Congreso Eduardo Cunha. No es casual que esto haya procedido en paralelo con la decisión política de Dilma de avanzar con las investigaciones en torno al “Lava Jato” en el quedó fuertemente incriminado Cunha.

¿De qué se acusa a Dilma?

Las acusaciones son dos: 1) Ampliación del presupuesto público sin pasar por el Congreso: En su defensa, Dilma argumenta que estos decretos no ampliaron sino que solo redistribuyeron gastos. Los decretos de líneas de crédito adicional en nada violaban la Ley de Presupuesto, la Ley de Directrices Presupuestarias ni la Ley de Responsabilidad Fiscal. Fueron actos en plena conformidad con la autorización legislativa concedida al Ejecutivo.

2) Maniobras o “pedaleadas” fiscales: el Gobierno retrasó una transferencia al Banco de Brasil para el pago de un programa de crédito agrícola (Plan Safra). Debido al retraso, el banco les pagó a los agricultores con recursos propios. Aunque el Gobierno restituyera luego el dinero al banco, la práctica fue denunciada como una pedalada (un intento de maquillaje fiscal). Dilma alega que estas maniobras son, sencillamente, retrasos en los pagos, y no préstamos. “Desde la entrada en vigor de la Ley de Responsabilidad Fiscal, nunca se había contemplado el entendimiento que los eventuales retrasos de pago en el suministro de los servicios realizados por los bancos públicos, en favor del gobierno federal, deben entenderse legalmente como “operaciones de crédito”. El Gobierno firmó decretos de crédito suplementario en 2015 sin la autorización del Congreso. El Gobierno ya había admitido que no conseguiría cumplir la meta fiscal de aquel año por lo que la acusación de que se hizo para cubrir el déficit se cae por sí sola.

Si observamos, no hubo, por lo tanto en este caso, ninguna conducta ilícita y grave capaz de formar un “atentado” a la Constitución configurando crimen de responsabilidad. En palabras de Dilma, “soy la primera presidenta en la historia en ser depuesta por un tema administrativo-presupuestario”.

Dos reflexiones para iniciar el debate

En primer lugar, Hamilton, en los papeles de El Federalista, argumentó a favor de un juicio político diseñado a partir del Poder Legislativo con exclusión del Poder Judicial. En cuanto a la causa de su puesta en acción, en los Estados Unidos se sostuvieron dos perspectivas que reflejaban la filosofía de dos pensadores británicos. Según la óptica de Lord Blackstone, el impeachment era un instrumento que sólo podía ponerse en funcionamiento ante la violación de una ley bien establecida. Edmund Burke sostenía, en cambio, que el impeachment debía incluir también los casos de abuso de autoridad y abuso de confianza de los funcionarios. En esta línea, cabe preguntarnos si optar por esta última perspectiva no tiene el riesgo de transformar el juicio político en un elemento de intervención entre poderes, tergiversando su rol como mecanismo de “control constitucional”.

Se trata de una de las pocas ocasiones en la que una función cuasi jurisdiccional es ejercida por un poder diferente al judicial, y por esa razón, se recurre al término “político” porque político es el órgano que lo lleva a cabo (…). Se sostiene al respecto que: “los instrumentos constitucionales para el control político del poder representan una garantía de libertad, y por lo mismo, no pueden estar sujetos a la aplicación discrecional, confidencial y circunstancial que supone la adopción de acuerdos entre los agentes políticos” (Acuña, 2012). Ahora bien, ¿es posible garantizar que esto no va a suceder? Lo ocurrido en Brasil –sumado a los antecedentes de Paraguay y Honduras- parece decirnos a gritos ¡No! Estamos obligados a pensar otros mecanismos de control constitucional más vinculado a la democracia participativa que a la representativa como plebiscitos, llamados a elecciones directas posteriores al juicio políticos son caminos que creemos vale la pena explorar.

En segundo término, es necesario repensar los instrumentos como las leyes de presupuesto, y responsabilidad fiscal, así como profundizar el debate acerca de la relación Estado-Bancos Públicos en nuestra región.En contextos caracterizados por la complejidad y el cambio constante, nuestros presidentes requieren de herramientas que les permitan accionar en la economía con rapidez. En este sentido nos preguntamos si instituciones que son hijas de un tiempo de primacía neoliberal no deben ser revisadas a la luz de la experiencia en la pasada década. No se trata de eliminar herramientas que tiendan a la transparencia y la rendición de cuentas, que son por el contrario cada día más necesarias para evitar procesos de corrupción, pero sí de perfeccionar estos mecanismos para dar cuenta de los nuevos contextos y necesidades.

Si entendemos la necesidad de “recursos de poder” (Fraschini, Tereschuk, 2015) por parte de los líderes latinoamericanos como factor clave a la hora de sostener la estabilidad y defender el bienestar de los pueblos, comprenderemos la importancia de revisar estos mecanismos institucionales a la luz de la experiencia reciente.

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Nueve meses para atrás

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En estos nueve meses de gobierno de Mauricio Macri se nos inscribieron algunas certezas, algunas intuiciones y algunas perspectivas a futuro referidas a cómo gobierna el Presidente, eje central en la dinámica política de un país como la Argentina.

Si intentáramos resumir estas ideas, podrían plantearse de esta forma:

Lo que sabemos:

  1. “¿Nueva derecha?”:  El gobierno de Mauricio Macri se compone y se mueve como un gobierno de derecha clásico en la Argentina. Lo “corto” de su rango de políticas públicas aceptables o aun pensables, el concepto que tiene del Estado y de la historia nacional y, simplificando, el acento en el habla de sus principales funcionarios -correspondiente a no más de tres barrios de la Ciudad de Buenos Aires- completa el resto del panorama. Tomando una idea de Guillermo O’Donnell de la década del 70, podría decirse que la clave para comprender esta realidad no está en si el PRO plantea un Estado más grande o más chico, sino que ese Estado -tenga el tamaño que tenga- buscará sostener, alentar y expresar los intereses de las grandes empresas -locales y extranjeras-. En la “salud” de esos sectores, se reflejará la “salud” del país. No hay novedad en esa derecha. No le demos vueltas, porque siempre encontraremos lo mismo..

2. Modelo económico de exclusión, políticas sociales que no compensan. En estos primeros nueve meses se observa que las principales medidas tomadas en el plano económico y productivo estuvieron destinadas y tuvieron como consecuencia incrementar los beneficios empresariales, especialmente los de sus fracciones más concentradas del capital agropecuario y financiero así como las grandes empresas que fabrican y venden productos de consumo masivo (desde La Serenísima, hasta las cadenas de supermercados). Es un gobierno de CEOs y para CEOs, que concibe que la función económica del Estado debe ser, centralmente, la de instaurar óptimas condiciones para promover la tan anunciada -y hasta ahora postergada- lluvia de inversiones. La prioridad es llenar el bolsillo de los poderosos, luego ellos se encargarán de “derramar” sus beneficios en ayuda social. ¿Les suena? Nada nuevo bajo el sol. En ese marco, son prácticamente inexistentes las políticas económicas que buscan ampliar al colectivo de “beneficiarios” y la política social destinada a los sectores más vulnerables resulta insuficiente, al ser incapaz de revertir las consecuencias nocivas de un modelo económico excluyente y con un claro signo regresivo en materia de distribución del ingreso.

3. No son republicanos, ni institucionalistas: Las oposiciones que se enfrentan y se enfrentaron a los gobiernos del “giro a la izquierda” registrado en Sudamérica en la primera década de este siglo, no han sido “portadoras de institucionalidad” en la mayoría de los países. Y el macrismo no es una excepción. En un país en el que las reglas no se aplican tal como lo marca la norma escrita, o la norma misma es permanentemente modificada, aquella oposición ahora en el gobierno es otra expresión de esa realidad. Repasemos: Jueces de la Corte a los que se intenta nombrar por decreto; DNUs varios para modificar leyes profundamente discutidas; temas “tabú” para los “viejos” partidos políticos como meter mano en los datos de la ANSES con fines electorales; el impulso al mayor cambio en la manera de votar en cien años; prisión por motivos políticos a la dirigente indígena Milagro Sala; el incremento de la autonomía de las Fuerzas Armadas a través de la derogación de un decreto de Raúl Alfonsín; la utilización de la ley conocida como “antiterrorista” para apresar a un twittero que hizo un chiste; un protocolo para la actuación de las fuerzas de seguridad que limita el derecho a la protesta dando prioridad al llamado “derecho a circular”; intervención sobre áreas en las que el Gobierno central históricamente respetó la autonomía garantizada por ley, como el Conicet. Ejemplos que no hablan de un gobierno con apego a las instituciones, sean estas cuales sean, y que desde una mirada estrictamente institucionalista podrían considerarse como mecanismos para “inclinar la cancha” a favor del oficialismo. Es decir, lejos de iniciar un camino a una institucionalidad previsible, seguimos en la misma lógica que este gobierno cuando era oposición criticaba de forma sistemática. Ni republicanos, ni institucionalistas.

4. En pocos meses generaron -por acción u omisión- retrocesos en cuestiones que algunos creían saldadas, como la política de derechos humanos: resulta ser que, al contrario de lo que muchos postulaban, los juicios sobre la dictadura sí tienen ateos; el “revisionismo” de un proyecto fuertemente ideológico ha llegado a querer discutir la política de Derechos Humanos, la política migratoria, la política de derechos del trabajo -entre otras- que se habían construido no en doce sino en treinta años. Hablamos aquí de las políticas sobre las que no hubo grandes polémicas durante la campaña electoral ni en años anteriores. Sin embargo, se trata no casualmente de tres temas que la derecha argentina ha cuestionado por décadas. En esto también el gobierno se parece mucho más a una derecha clásica que a una derecha moderna.

5. El Gobierno tiene problemas manejando su ala dura empresaria: El macrismo ha generado, en lo que va de su primer año, más éxitos en el terreno “político” que en el “económico”. En la Argentina del PRO han aportado más a la “gobernabilidad” el peronismo y los gremios -actores centrales de la oposición- que los empresarios -actores centrales del oficialismo-. Hasta hoy, y a contramano de una lectura simplista, vuelve a ser el peronismo en la oposición el garante de gobernabilidad, tanto en el Congreso como en el ámbito gremial tradicional. Esto genera una serie de problemas en la dinámica política del gobierno, porque una gestión en la Casa Rosada puede ser de derecha o de izquierda en la Argentina, pero ante todo, tiene que funcionar. Es decir, debe poder presentar una serie de resultados tangibles y con perspectivas de proveer rédito político. Debe hacer goles.

6. No hay “halcones” y “palomas”. Hay “alópatas” y “homeópatas”: En un gobierno que es “duro”, “intenso” y bastante homogéneo en lo ideológico, la disputa principal no es entre “halcones” y “palomas” o “políticos” y “técnicos”. En el contexto de un gobierno de derecha, hay un sector más vinculado a “cómo-se-hacen-las cosas-habitualmente” -más amigo de relacionarse de una cierta manera con los medios, la Justicia, los Gobernadores, los Intendentes, los Gremios, la Ley, los Usos y las Costumbres-. Sector este al que llamaremos “alópatas”, más amantes de la “medicina tradicional”. Y otro más vinculado a una cierta idea liviana de “innovación”, de “no escuchar al ‘círculo rojo’” -ni a nadie-, de “uso de las nuevas tecnologías” y ruptura de ciertos canales de flujo de información y bienes materiales. A este último lo llamaremos “homeópatas”. El nombramiento de jueces de la Corte por decreto, la forma y la intensidad del fallido aumento de tarifas, el uso juguetón de la tecnología, el denominado “timbreo”, el uso liviano de las palabras, forman parte de esta lógica, donde también entran la dinámica CEO y empresarial para abordar temas de Estado. En un gobierno ideológicamente intenso se trata de dos formas de aplicar la misma receta.

7. ¿Endeudamiento o ajuste? Una falsa dicotomía. El gobierno ha insistido públicamente en que su estrategia económica es el gradualismo. Según el diagnóstico oficial, el bajo nivel de endeudamiento heredado ofrece al país la posibilidad de salir a tomar deuda y con ello evitar severas políticas de ajuste (la “buena herencia” del kirchnerismo a decir de uno de los conspicuos lobbystas de la derecha argentina). En función de ello, en estos meses aumentaron significativamente los niveles de deuda no solo del Estado nacional sino también de muchas administraciones provinciales. Sin embargo, en paralelo, asistimos a una pronunciada caída del salario real (del orden de los 12 puntos, según CIFRA) junto con un aumento en los niveles de desempleo. La conclusión que se deriva de esta situación debe ser aleccionadora para el futuro inmediato: el endeudamiento viene acompañado con políticas de ajuste. Así lo atestigua nuestra propia historia. Ello explica también la voluntad del gobierno, cada vez más explícita y manifiesta, de reducir los costos salariales como forma de dar sustentabilidad a su modelo económico. Otra vez las huellas de la derecha tradicional marcan el camino a recorrer.  

8. Empeoraron todos los indicadores sociales, sea cual sea la línea de base que se tome: Todo lo que había que mejorar está peor, no nos vamos a extender en esto. Cuando aparezcan los “brotes verdes” sociales con respecto a 2015, en diciembre por ejemplo, charlamos.

9. El núcleo de su agenda es menos poder al trabajador: Los ojos inescrutables de los trabajadores que escuchan al Presidente detrás de él en la mayoría de sus presentaciones públicas no dejan de llamar la atención. Uno puede preguntarse para qué insistir con estas escenografías en donde trabajadores y trabajadoras, aparentemente incómodos, deben escuchar, mansos, que se hable mal de ellos, de sus actitudes, de regulaciones que los protegen. No es una imagen que transmita alegría o apoyo. Pero tal vez esa imagen es lo que se busca transmitir. Hoy por hoy esa es la relación de fuerza: un gobierno que avisa a los trabajadores cuál es el lugar “que les correponde”. La imagen dice más que mil políticas. Eso sí, no deja de sorprender que el presidente en ningún momento desde que asumió, al menos en relación con los laburantes, se pudo sacar la camiseta de empresario.

10. Chiquititas políticas: A la hora de dirigirse al conjunto de la sociedad, las políticas públicas del macrismo son chiquitas y lentas. Preciocistas, detallistas, pululan los “programitas”, pequeñas acciones donde hay muchos powerpoints y banners y consultoras y ONGs pero pocos efectos. Los medicamentos fuertes suelen tener efectos adversos pero también efectos positivos. Se ven muchas políticas públicas destinadas a los que no pueden esperar, a los que se aborda como si pudieran hacerlo. Cheques por e-mail, “ley de góndolas”, devolución del IVA por posnets, una página de Precios Claros en donde una persona puede confirmar que paga 10 pesos más por su manteca que en Formosa o averiguar que la leche en polvo más barata está en Córdoba, páginas web con información de cuántas empresas se crearon, leyes de “emprendorismo” en medio de una recesión: todo esto suena a que la conexión con las demandas sociales que el macrismo planteaba en la campaña electoral no parece estar en sus mejores niveles. El gobierno todos los días anuncia la realización de “cosas” cuyo impacto es mínimo. Este modo de hacer política genera dos situaciones: por una parte seguimos sin conocer por boca de quienes conducen el Estado cuál es el puerto hacia donde nos quieren llevar, en qué modelo de país estamos pensando (recordemos aquello de lo imperioso de las “políticas de Estado”). Segundo, queda por verse si de la acumulación de “cosas” resulta una política pública para mejorar la vida de las mayorías.

Opiniones:

  1. No tienen el “acceso privilegiado” que afirman tener a gobiernos ni inversores extranjeros. Sólo el normal en un gobierno de liberal de derecha. Las inversiones no llegan y es normal. Sus acciones son evaluadas y reevaluadas por los inversores que dicen fijarse en los gestos pero sobre todo se fijan en los números. Así es que se registraron más inversiones en los buenos años del kirchnerismo que en la totalidad de los años del menemismo. No es magia. Son ciclos. Sumado a ello, quienes invierten lo hace con años de antelación y miden sobre todo dos puntos: el conflicto social existente y el consumo probable. Dos elementos que hoy el macrismo le cuesta mantener ordenados.

2. No tienen una estrategia de inserción internacional. Imaginan un mundo unipolar y monocorde que ya no existe. Plantean una “vuelta al mundo” en un planeta hostil y cambiante, lleno de trampas por todos lados, en el que casi nadie tiene una hoja de ruta clara. Mal tiempo para ser ideológico en un mundo de pragmáticos.  Por ejemplo, al asumir el gobierno tomó una postura de confrontación con Rusia y China, la cual tuvo que revisar rápidamente. El gobierno argentino impulsa el libre comercio cuando el proteccionismo parece regresar al Zeitgeist político en EEUU y varios países europeos, inclusive Gran Bretaña. Su política hacia el Pacífico ya no está en la línea de las propuestas de los dos candidatos presidenciales estadounidenses: es casi seguro que el Trans Pacific Partnership no sea aprobado por el Congreso Norteamericano ni tampoco impulsado con demasiada fuerza por quien sea electo presidente.

3. Declamaciones abstractas: lucha contra el narcotráfico, pobreza cero y unir a los argentinos son la contracara del vacío de objetivos concretos y transparentes sobre las políticas públicas que se aplican. ¿Qué se está haciendo en función de esos tres ítems? Misterio…

4. Imagen de descontrol de las policías y los órganos de inteligencia: en pocos meses intrusaron la casa de la vicepresidenta; la oficina de la gobernadora de la Provincia de Buenos Aires; la casa de su ministro de Gobierno y uno de sus cuadros políticos más importantes, Federico Salvai; la casa de la ex presidenta de la Nación; la casa del ex ministro de Comercio; el diario Tiempo Argentino, etc. Hay incursiones “misteriosas” que nunca son explicadas con posterioridad y que están acompañadas, en general, por incrementos en la cantidad de secuestros en la Provincia.

Perspectivas:

  1. Políticamente, la principal esperanza del gobierno de cara al año próximo es la división de la oposición y el voto electrónico: dos, tres, muchos peronismos en la provincia de Buenos Aires. Dividir a “carpeteados”, “moderados” y “ultras”. Dividir y reinar, por un lado. El gobierno sabedor que lucha por ⅓ del padrón, intenta dividir esos ⅔ restante en múltiples opciones electorales (peronistas).  Por el otro, emprender la mayor reforma en la manera de votar en 100 años. Dividir el mayor municipio (peronista) del país. Estrategias esperables de un partido que gobierna por primera vez, pero que no quiere hacerlo por última. A medida que se agrave la crisis económica, la política se alineará como siempre lo hace. Desde allí el apuro en aprobar la “partición” de La Matanza y el voto electrónico a pesar de todas las debilidades que ha mostrado a nivel internacional dicho modo de elegir entre los candidatos.

2. La “importación” de agendas como el terrorismo y el narcotráfico organizado no responde a prioridades nacionales: conectarse a 200 kilómetros por hora con agencias estadounidenses como la CIA, la DEA, el FBI y el Departamento de Homeland Security; replicar desde la Cancillería los comunicados del Departamento de Estado sobre ensayos misilísticos en Corea del Norte y bombazos varios en Medio Oriente, así como denunciar que la droga que sale de aquí pasa por el “cuerno de África” para alimentar a grupos terroristas en Yemen, bueno… ¿qué tiene que ver eso con cualquier agenda de “políticas de Estado” que quieran tener la mayoría de los ciudadanos argentinos?

3. La crítica al pasado sirve para llegar. Para gobernar sirve la economía y un relato de futuro: sin logros tangibles en el terreno de los bolsillos familiares “el relato” del Gobierno será más escarpado. Si hasta puede llegar a serlo la amable mesa de Mirtha Legrand o la sonrisa buena onda de Buzzfeed. Si el objetivo de máxima en este terreno es “meter presa a CFK”, recordemos que el gobierno de la Alianza anterior hizo lo propio con Menem y meses después se aferró a la cola del helicóptero que partió de la Casa Rosada. La crítica al pasado te ayuda a llegar, desde allí que se agote a medida que pasan los meses y las respuestas en el plano económico no lleguen.

4. El kirchnerismo enfrentó a los medios concentrados y perdió. ¿Ellos se encaminan a “hacer perder” a los medios concentrados por apoyarlos?: Los medios nunca pierden. Sépanlo, compañeros del PRO. No olvidemos tampoco que siempre se corren a tiempo. Nunca caen con el gobierno de turno. Del menemismo lo hicieron unos años antes de la salida en el 99 y a De la Rúa lo acompañaron mucho más, aunque a mediados de diciembre de 2001 le dijeron “hasta acá llegamos Fernando”.

Doscientos setenta y tres días. Seis mil quinientas cincuenta y dos horas. Trescientos noventa y tres mil ciento veinte minutos. En nueve meses, esto es lo que hay.

 

 

¿Comprarse un problema?

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En este mapa publicado por el muy conocido sitio de tecnología Engadget hace unos pocos días puede verse la antigüedad de las máquinas utilizadas para votar en Estados Unidos.

Según vemos, sólo cinco Estados tienen todas sus máquinas compradas durante los últimos diez años. Otros seis Estados cuentan con una parte pequeña de sus máquinas de más de diez años de antigüedad. Lamentablemente, en 22 Estados, la mayoría de los aparatos tienen más de diez años de antigüedad. Y en nueve de ellos, todos los votantes emitirán su voto en máquinas con más de una década desde que fueron compradas.

El mapa del país más desarrollado de la Tierra nos ubica, una vez más, frente al problema que genera -y que debe ser evaluado por los legisladores- la incorporación de ciertas tecnologías en el proceso de votación. Uno de los problemas de la tecnología es el de la obsolescencia. Y de los costos que se requieren afrontar para correr la carrera, cuando uno la emprende.

Al parecer, entonces, Estados Unidos -nada menos- está teniendo problemas para correr esta carrera. El programa The Daily Show hizo un informe alertando sobre estos problemas:

¿De dónde surge la información?

En enero de 2014, la Presidential Commission on Election Administration (CPEA) formada por republicanos y demócratas lanzó el siguiente alerta: hay una crisis inminente por el uso de máquinas de votación compradas hace más de una década. Muchas jurisdicciones no tienen el dinero suficiente para comprar nuevas máquinas y los límites legales y de mercado prohíben el desarrollo de esas máquinas aún si tuvieran los fondos para comprarlas.

Dos años después, y tras entrevistar más de 100 especialistas, autoridades y expertos en tecnología, el Brennan Center publicó el informe “America´s voting machines at risk”.

Estas fueron las conclusiones:

– al contrario de las máquinas usadas en eras pasadas, los sistemas de hoy no fueron diseñados para durar décadas. En parte, esto se debe al cambio tecnológico. Nadie espera que una laptop dure 10 años. Y aunque las máquinas de hoy se empezaron a usar a principios de siglo, muchas fueron diseñadas y fabricadas en los años 90;

– aunque es imposible decir cuánto va a durar una máquina, expertos acuerdan que aquellas que se compraron en los 2000 tienen una vida útil de sus componentes de entre 10 y 20 años, y la mayoría de ellas más cercanas a los 10 que a los 20;

– la mayoría de las máquinas en uso están cerca o exceden esas estimaciones. Cuarenta y tres estados están usando máquinas que van a tener, al menos, 10 años en 2016;

– en 14 estados, las máquinas van a tener más de 15 años;

– casi todos los estados están usando algún tipo de máquina que no se fabrica más y muchos oficiales electorales tienen graves problemas para encontrar piezas de reparación, como se puede ver en este mapa (en rojo, estados que usan máquinas que dejaron de fabricarse):

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– mientras más se tarde en comprar nuevo equipamiento, hay más riesgos de que haya problemas;

– los riesgos más grandes son fallas en las máquinas y posibles caídas en el sistema, que puede redundar en atrasar el proceso electoral o en pérdida de votos;

– máquinas viejas pueden también presentar problemas de seguridad y fiabilidad inaceptables para la tecnología de hoy. Por ejemplo, Virginia sacó de circulación un sistema de voto electrónico usado en el 24% de sus distritos luego de encontrar una falla que permitía acceder a la máquina desde fuera para agregar votos o instalar un software distinto;

– problemas más pequeños también pueden sacudir la confianza públicas. Muchas autoridades electorales mencionaron cambios de votos en las pantallas, donde votantes tocaban un candidato y la máquina registraba otro;

– las autoridades que creen que necesitan nuevas máquinas no tienen suficientes recursos.

El estudio completo puede consultarse aquí.

Náufrago en tierra

1416829154_141682_1416829154_noticia_normalNota de Artepolítica: en momentos donde volvió a ponerse en cuestión la política migratoria del país, compartimos esta interesante crónica de Mariano Vázquez sobre Anatoli, un marinero que quedó varado en Mar del Plata tras la disolución de la URSS, sin poder quedarse en el país como legal y sin poder volver a Letonia, su país de origen.

 

Por Mariano Vázquez. 26 de julio de 2016.

Sin hablar una pizca de castellano, lejos de todo, hasta de un país que dejó de existir, Anatoli anduvo “al pique” por el puerto de Mar del Plata. No solo se había desmoronado la madre patria, en Argentina había ganado el neoliberalismo más salvaje.

Cuando en 1991 cayó la Unión Soviética, cientos de barcos con la bandera roja de la hoz y el martillo quedaron varados por el mundo. Con el derrumbe del modelo socialista también se vinieron abajo las empresas, sus quince repúblicas se independizaron y sus trabajadores quedaron sin nación ni cobijo. Esta es la historia de Anatoli Stankevich, que hace 25 años en el puerto de la ciudad balnearia argentina de Mar del Plata comenzaba, en la otra punta de su Letonia natal, su historia nuevamente.

El poeta napolitano Publio Papinio Estacio describió a la Via Appia como “la reina de las grandes calzadas romanas”. Y lo era. Unía Roma con Brindisi, el más grande puerto comercial con el Mediterráneo oriental y el Oriente Medio. En la zona portuaria de Mar del Plata, el centro balneario más importante de la Argentina, mi primo Gerardo Vázquez tiene un bar que justamente se llama “Via Appia”, donde los trabajadores de las dársenas y alrededores van cotidianamente. Entre ellos, sobresale un hombre bajito, robusto, de largos bigotes encanecidos, gastadas manos obreras, una mirada cristalina, portador de un acento que emparento con el ruso y que concluye cada frase con el latiguillo “y punki panki”.

Lleva una gorra del CSKA Moscú que le regalaron y una bufanda verde y amarilla por Aldosivi, el club de la ciudad que hoy orgullosamente milita en la Primera División del fútbol argentino. Las temperaturas en esta época son desoladoras pero él no va abrigado como el resto. Su piel del Báltico resiste. Y 2.300 años después la Via Appia, que articuló al Gran Imperio romano con el Este lejano, me trajo esta historia de algunos hijos de la ex Unión Soviética abandonados a su suerte en un confín de la América del Sur.

32 marineros quedaron varados en Mar del Plata cuando el 8 de diciembre de 1991 se firmó el Tratado Belavezha que determinó la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y sus quince integrantes declararon sus respectivas independencias. La empresa pesquera Nelson Gevorkovich Stepanyan (héroe de la aviación roja durante la Segunda Guerra Mundial), que regenteaba al buque Latan II, se declaró en quiebra y dejó a la deriva a sus trabajadores: 27 de ellos, de nacionalidad rusa, recibieron sus nuevos pasaportes de la Federación y retornaron. Los cincos restantes decidieron pelear por sus derechos y reclamar el pago de sus haberes. Para los que no eran rusos sus documentos eran inservibles. No podían volver, no había consulado dónde reclamar. Anatoli vivió los primeros tres años en el barco. Sobrevivía haciendo changas, vendiendo chatarra del Latan II, tratando de mantener a flote a ese artefacto soviético de 70 metros que se corroía día a día con la sal del mar.

Sin hablar una pizca de castellano, lejos de todo, hasta de un país que dejó de existir, Anatoli anduvo “al pique” por el puerto de Mar del Plata. No solo se había desmoronado la madre patria, en Argentina había ganado el neoliberalismo más salvaje: Carlos Menem privatizaba cuanto bien público había y las filas de desempleados se engrosaban. En ese contexto, un marinero sin patria, portador de una lengua extraña, se abría paso para sobrevivir. Y sobrevivió. Turno por turno, de domingo a domingo, consumía las horas buscando un trabajo con el yugo en la espalda de ser un extranjero de un país fenecido con un pasaporte que valía menos que el diario de ayer. Un ilegal.

Mi tío Tony tenía por esos tiempos un restaurante, “Garibaldi”, y les dio trabajo a algunos de estos marineros varados y sin rumbo. La historia de la familia paterna, republicanos anarquistas antifranquistas exiliados en la Argentina, sin dudas pesó en esa generosidad con estos hombres abandonados a su suerte. Le llamaban “judila”, jefe.

Anataoli llega a la Via Appia como a las 6 de la tarde. Se acoda en la barra y sin preguntarle le sirven un café chico y un chupito de vodka. Lo vi aparecer religiosamente al mismo horario al terminar su turno laboral. Le pregunté a mi primo por él. Me contó su historia y me consiguió una charla.

Le pregunto:

– ¿Cuándo llegó a la Argentina?

– Llegamos con el barco el 22 de agosto de 1990. Primero a Buenos Aires. Salíamos a pescar merluza y calamar durante unos 3 meses. Yo trabajaba de maquinista. Soy maquinista. Seguimos viaje. Durante un año trabajamos bien por la costa argentina. Después entramos a Bahía Blanca con la posibilidad de renovar contrato. Era el invierno de 1991. Hicimos dos viajes a alta mar para pescar. De ahí salimos a Mar Del Plata. En Escollera Sur nos llegó la noticia de la disolución de la Unión Soviética.

– ¿Cuántos personas trabajaban en el Latan II?

– 32 tripulantes. A los rusos el consulado les extendió un pasaporte para poder regresar. Cinco nos quedamos porque queríamos que la empresa nos liquide el tiempo trabajado. Éramos dos rusos, un ucraniano, un bielorruso y un letón, yo. Era como una pesadilla, no podíamos creerlo. Cuando llegamos vivimos en el Latar cerca de 3 años.

– ¿Por qué decidió quedarse en Argentina?

– Yo primero quería ganarle el juicio a la empresa y tal vez conseguir una visa de trabajo. En 1993 fui al Consulado ruso para poder regresar a Letonia y un burócrata me dijo “andá a tu consulado”, ¡pero en Argentina no había consulado de Letonia! Mi mamá es rusa, mi papa polaco, traté de hacer mis papeles, certificado de nacimiento, pasaporte, fui a Migraciones, nadie me solucionaba nada. Seguí trabajando donde podía, entre 1994 y 1995 en un barco ballenero, siempre ilegal porque no tenía quien me haga los papales. Soy maquinista. pero hice de todo para poder sobrevivir: armando barcos, vendiendo cosas del Latan, recogiendo pescado en lanchitas. De todo. En 2001 conseguí un contacto en Migraciones en Mar del Plata y me dieron por primera vez una residencia temporal de tres años. En 2004 voy a renovarla pero habían cambiado los funcionarios y los nuevos burócratas me pedían sello del consulado de Letonia. Y yo les dije: “¡Otra vez! ¡No hay consulado de Letonia en Argentina mierda! En 2005 logré nacionalizarme argentino y hasta hoy sigo trabajando en barcos, como tornero, como mecánico.

Le dijeron que ya no tenía patria. Que ya no podía volver. Un paria sin destino. Pero tozudamente Anatoli Stankevich se ganó su lugar en este rincón del globo. Tiene amigos. Tiene nueva nacionalidad. Tiene trabajo. Sus rutinas. Sus pasiones. Encontró el amor. Se enamoró de una filetera en los carnavales del 2000. Hace 16 años que vive feliz con esta mujer nacida en la mesopotamia argentina, en la provincia (departamento) de Formosa. Le pregunto:

– ¿Volverías a Letonia, a tu país, al que nunca regresaste?

– No volvería a Letonia, para qué, qué voy a hacer allá con 54 años, perdí la lengua, perdí todo. Yo di la vida por la Unión Soviética, por ese país y me trataron como la mierda. En Argentina me acomodé, ya estoy acostumbrado y punki panki…

A pesar de esto me pregunto si aún recitará poemas bálticos.

Apuntes sobre el proyecto de reforma política – Voto electrónico (2° parte)

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En el primer post hicimos algunas consideraciones generales sobre el proyecto de reforma política. En este segundo vamos a referirnos a un punto central del proyecto: la reforma del mecanismo de emisión del voto. Como dijimos anteriormente, la implementación de un sistema de sufragio electrónico pareciera ser la apuesta central del proyecto.

El primer comentario general que hay que reiterar es que el sistema actual, del cual se dice que disminuiría la genuina incertidumbre democrática, ha producido sin embargo presidentes peronistas, radicales y, ahora, un presidente macrista. El ritmo de la alternancia democrática argentina es mayor que el de países con sistemas de partidos “modernos” como Chile, que tuvo un sólo presidente no-concertacionista en 26 años. En Argentina, en el mismo lapso, fueron elegidos dos presidentes radicales y uno de Cambiemos. Para cargos legislativos la situación es más monocolor, pero aún así la representación de nuevos partidos se ha diversificado. Este sistema hizo ganar oficialismos y oposiciones.  

La mirada crítica sobre el sistema actual se apoya en algunos estudios como los realizados por CIPPEC que establecen algunas de las falencias que presenta el sistema de boleta múltiple partidaria. Las críticas al sistema de emisión del voto luego del episodio en los comicios provinciales de Tucumán ha sido durante las últimas elecciones (tanto presidenciales como legislativas) el “caballito de batalla” del actual gobierno nacional. Se ha repetido hasta el cansancio que la boleta partidaria de papel es la responsable de las “irregularidades” y los “fraudes” realizados durante las últimas décadas principalmente en dos modalidades: el robo de boletas por parte de las fuerzas mayoritarias a las minoritarias y el clientelismo mediante el mecanismo del “voto cadena”. Entre las críticas, cuenta también la que destaca el hecho de que quede a discreción de los partidos la decisión de distribuir las boletas sin garantizar la disponibilidad de todas las opciones electorales en cada una de las mesas de votación. El robo y/o destrucción de boletas y la necesidad de contar con fiscales para garantizar la oferta son otros dos argumentos de peso que complementan las críticas al sistema de emisión del voto. La boleta de papel depende para su administración y control de los fiscales reclutados por cada uno de los partidos.

Según esta mirada “las grandes asimetrías en la presencia territorial que hoy pueden tener los partidos hace que el sistema de votación de boletas por partido se vuelva ineficaz e inequitativo. Es ineficaz porque ya no permite garantizar al votante la presencia de la oferta electoral completa. Es inequitativo porque no todos los partidos pueden lograr un despliegue territorial suficiente como para asegurarse de que sus boletas estarán disponibles durante toda la jornada electoral”. En un contexto de mayor debilidad partidaria, la responsabilidad de organizar y fiscalizar la oferta electoral pasa de la sociedad civil (los partidos) al estado nacional.

El proyecto establece en su fundamentación que “en los últimos años se ha desarrollado un amplio consenso en nuestro país respecto a la necesidad de reemplazar el instrumento de emisión del voto”. La sentencia abre la puerta a dos inconvenientes: el primero, que semejante afirmación debería estar fundamentada con la cita a trabajos que efectivamente hayan llegado a esa conclusión, cosa que no ocurre. Por otro lado, incluso cuando hubiera sido suficientemente demostrada, no se desprende de la afirmación que la única alternativa al sistema actual de emisión del voto sea el voto electrónico.  El supuesto consenso universal sobre las bondades del voto electrónico ignoran que, como dice Delia Ferreira Rubio, sólo tres países utilizan el voto electrónico para sus elecciones nacionales: Venezuela, Brasil e India.

Esta segunda cuestión es un eje fundamental del debate por venir: uno de los principales inconvenientes del proyecto es que compara constantemente las ventajas del voto electrónico contra el sistema de boletas múltiples partidarias de papel, pero nunca lo hace contra la boleta única de papel. El sistema de boleta única en papel (BU) se introdujo por primera vez en Australia en 1856 (por eso se la conoce como “boleta australiana”) y actualmente es utilizado por más de 90 democracias en el mundo; así, el Estado asegura a los electores contar con la oferta electoral completa y a los candidatos y partidos estar presentes en todas las mesas, evitando así los trucos de “sustracción o rotura” de boletas partidarias. Sin embargo, el proyecto nunca explica por qué se descarta su utilización.

En contraparte, no hay en el proyecto ni en los voceros del Gobierno una evaluación sobre los posibles riesgos de la implementación de un sistema de voto electrónico. La literatura especializada y los casos de implementación demuestran que, más que consenso, existe un considerable disenso respecto a los diferentes sistemas de emisión del voto que incorporan tecnología entre el elector y su voto.

Según el politólogo Marcelo Leiras, “el paso entre la acción del votante y el registro en la base lo hace un programa. El programa lo diseña gente. Muy pocos tienen los conocimientos necesarios para evaluar lo que hace esa gente”. Este es tal vez el punto más fuerte que genera oposición a la adopción de este sistema.

Una primera cuestión es el enigma con respecto al costo final del sistema.  

No solamente este aspecto no está planteado en el proyecto sino que además ni el gobierno nacional ni nadie hasta el momento ha sido capaz de establecer algún parámetro del dinero que insumiría la reforma. Tampoco, vale decir, es fácil encontrar para el “ciudadano promedio” los costos que insumieron los modos electrónicos de votación en las elecciones de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires o Neuquén, para citar dos ejemplos. Basta para probar esta dificultad un búsqueda rápida en internet. Pero si extrapolamos  este dato del aparente costo de la elección salteña (que según allí se informa “planeaba” ser de 71 millones de pesos), el presupuesto necesario para implementar a nivel nacional el sufragio electrónico podría alcanzar la friolera de 4500 millones.

Pero supongamos que se cree que el costo no es importante si fortalece la democracia. Queda el principal problema que es la ausencia de claridad del proyecto sobre el punto clave de la quién y cómo fiscalizará este proceso complejo.

La imposibilidad de que ciudadanos sin formación técnica puedan fiscalizar el proceso entero es uno de los puntos claves que empujó a países como Alemania y Holanda a abandonar sistemas de voto electrónico para volver al papel. El mismo destino, sostiene el artículo de Delia Ferreira Rubio, siguió “el voto electrónico en Francia, Finlandia, Irlanda, Bulgaria y Australia. Tampoco se utiliza en Gran Bretaña. En Estados Unidos la mayoría de los estados utiliza sistemas de boleta única papel e incorpora mecanismos de lectura electrónica de esas boletas-papel”.

Es decir, contrariamente a lo que dicen los fundamentos del proyecto, no hay consenso sobre la seguridad que ofrecen los sistemas que incorporan tecnología al proceso electoral.

El fallo del tribunal constitucional alemán, por ejemplo, realiza una serie de consideraciones sobre el grado de fiscalización que permiten los sistemas electrónicos que son relevantes. El tribunal dictó la inconstitucionalidad de la Ordenanza Federal sobre Máquinas de Votación debido a que la implementación del voto electrónico violó el principio de la naturaleza pública de las elecciones, ya que no permitió que cualquier ciudadano sin conocimientos técnicos específicos pudiera fiscalizar el proceso electoral completo.

Aquí hay un punto relevante: si bien el fallo establece la diferenciación entre máquinas que registran el voto y lo cuentan y aquellas máquinas que le dan un reaseguro al votante (como la Boleta Única Electrónica, implementada en Capital Federal) el tribunal establece que el control individual del voto no es en sí mismo suficiente, sino que lo que debe garantizar el sistema es que cualquier elector, sin necesidad de conocimientos especializados, pueda controlar cualquier etapa esencial del proceso electoral, incluida la del recuento de los votos y los resultados.

La cuestión de la auditoría es un tema sumamente relevante. Hay una atendible cantidad de casos en los cuales la empresa que suministra las máquinas se niega luego a entregar, amparada en el derecho al secreto comercial, el código fuente para su auditoría pública. Ocurrió en el estado de Nueva Jersey y fue uno de los puntos centrales que tomó el tribunal alemán sobre la implementación de las máquinas de la holandesa Nedap: “invocando secretos comerciales de Nedap, el ministro del Interior se negó a hacer públicos los documentos que la empresa entregó al Ministerio para la fiscalización del sistema y los resultados de los testeos” y agregó ““los procedimientos para examinar el sistema y la aprobación por parte del Ministerio deben ser públicos. Cualquier interés de los fabricantes de proteger su secreto comercial debe estar subordinado al principio de la democracia (…). Para que exista la posibilidad de testear el aparato de manera independiente, la publicación de los documentos y reportes del Physikalisch-Technische Bundesanstalt y del código del software de las máquinas es la única forma de fiscalizar realmente el proceso electoral. La no publicación de los reportes de control y documentos y el código constituye un error electoral”.

Tal como está el proyecto, la forma y los alcances de la auditoría sobre el sistema permanecen indefinidas y por lo tanto en manos de la autoridad de aplicación. Es decir, el propio Poder Ejecutivo decidiría en la licitación del sistema cuáles son los alcances de la auditoría: ¿el código fuente del software va a ser totalmente público o sólo abierto para el Poder Ejecutivo y los “fiscales informáticos”?, ¿qué mecanismo se prevé en caso de que la empresa quiera resguardar su secreto comercial?, ¿qué tipo de testeos se van a realizar para evaluar los posibles sesgos que provoque la disposición en la pantalla?, ¿es posible realizar una auditoría completa al hardware y al software que se contrate?

Toda esta serie de cuestiones no pueden quedar para la fase de implementación. Como muestra el fallo alemán, es justamente en la implementación donde el voto electrónico produce las principales violaciones al carácter público del proceso electoral.

Así planteado, el proyecto introduce un sistema de voto electrónico demasiado poco regulado y los beneficios que arroja frente a la boleta múltiple partidaria, además de no diferenciarse en nada de la boleta única de papel, son superficiales frente a los riesgos potenciales que conlleva.

Así, la pregunta inicial continúa intacta: ¿cuál es la necesidad de modificar el actual sistema de emisión del voto que hasta aquí ha garantizado imparcialidad y con el cual la mayoría de los partidos políticos argentinos lograron triunfar en elecciones ejecutivas y legislativas?

Apuntes sobre el proyecto de reforma política – Primera parte

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El siguiente post es el primero de una serie de cuatro que escribimos en conjunto todos los editores de Artepolítica sobre el proyecto de ley de reforma política que envió el Poder Ejecutivo al Congreso.

En este primer post vemos una serie de consideraciones generales y luego profundizamos sobre tres temas que consideramos claves de este proyecto: el voto electrónico, la cesión de facultades al Poder Judicial y el financiamiento partidario.

Creemos que es muy importante el análisis de la reforma política presentada por el gobierno ya que dentro de su plataforma electoral, la implementación del sufragio con boleta electrónica (corrección de Juan Rodil que bien agrega que Boleta Única Electrónica es una marca) figuraba como uno de los propósitos principales. Interrogarnos acerca de las razones de modificar el sistema electoral nacional, que venía funcionando de manera regular desde el retorno a la democracia, implica verificar las bondades que trae consigo la implementación del sufragio electrónico (lo “no negociable” del proyecto) en todo el territorio nacional.

Antes que nada cabe una aclaración: el proyecto de implementación del sistema de sufragio  (nombre que intenta reemplazar al de “voto electrónico”) es una solución para algo que en realidad funciona. El sistema electoral de orden nacional no ha tenido problemas de funcionamiento de importancia desde el 83 hasta la fecha y todas las elecciones presidenciales han entregado ganadores claros y legítimos. Los escándalos y las elecciones que involucraron sospechas de fraude se dieron en todos los casos en elecciones provinciales. Esta reforma no habría impedido ni necesariamente mejoraría elecciones como las de Córdoba en 2007 o Santa Fe y Tucumán en el 2015.

Descifrar los considerandos del proyecto lleva su tiempo, ya que el proyecto comienza diciendo que tiene tres objetivos de reforma pero luego agrega otros a lo largo de su redacción. Estos tres primeros son:

  1. reemplazar el modelo de votación, pasando de la boleta múltiple partidaria a la boleta con sufragio electrónico;
  2. eliminar las colectoras, listas múltiples y conformar las boletas para las elecciones generales de acuerdo a lo presentado en las elecciones primarias;
  3. realizar una serie de modificaciones sobre el Código Electoral Nacional y otras reformas reglamentarias.

La primera cuestión es que este proyecto no parece haber sido el resultado de un diagnóstico y una visión integral del sistema político y electoral. Sus partes resultan o bien inconexas o directamente contradictorias entre sí. Por ejemplo: en los considerandos se dice que se busca que las provincias alineen sus calendarios con los de Nación, pero la manera en que se instrumentaría el voto con boleta electrónica ofrece incentivos para separar los comicios de una y otra. Además, por un lado altera la manera de elegir presidente y vice en las PASO pero por otro lado repiensa la fórmula para conformar las listas en las primarias. Por último, autoriza la fiscalización con domicilio en otras provincias, pero sólo para las elecciones presidenciales. Estas son algunas de las contradicciones del anteproyecto que por otra parte deja de lado el gran tema que debería incluir una ley de reforma política: el financiamiento de las campañas.

En ese sentido, parece más un proyecto de reforma del sistema de emisión del voto pensado para instalar el voto electrónico, al cual se le han agregado algunos temas de interés para aliados políticos claves u otros actores institucionales. Vale la pena preguntarse si semejante reforma al mecanismo de votación no merece una ley y, en especial, una discusión aparte.

Los cambios propuestos en las PASO parecen escritos a pedido de la Unión Cívica Radical, socio menor de Cambiemos. Ya que las alianzas dirimirán la interna solamente con el candidato a presidente, sin comprometer una fórmula con un vicepresidente, la UCR podría apostar a perder en las próximas PASO pero formar parte de la fórmula presidencial. Varios de las otras alteraciones tienen que ver con cuestiones que parecen ser demandas de la Justicia Electoral, tales como el nombramiento de auditores contables para fiscalizar las campañas en las provincias.

Tanto en los fundamentos del proyecto como en las declaraciones públicas que realizaron los funcionarios que definieron su contenido, la propuesta se presentó como una búsqueda de mayor transparencia en el proceso electoral. En primer lugar, se sostuvo que el proyecto busca la eliminación del clientelismo. Para la eliminación de un fenómeno social de esa envergadura no queda muy en claro cuáles son los mecanismos dispuestos por la legislación, más allá de la modificación del sistema de emisión del voto, que por supuesto resulta insuficiente tanto para eliminar el clientelismo como para otorgarle por sí mismo mayor transparencia al proceso.

Inclusive, la modificación podría arrojar algo más de oscuridad donde todavía hay un poco de luz. Se trata de la cuestión de las famosas “listas sábana”. Hay una confusión en su utilización popular y periodística que vale la pena aclarar: cuando decimos “lista sábana” estamos hablando de una lista cerrada. Es decir, una lista que no permite ordenar los nombres dentro de una categoría (elegir si un diputado tiene que ir primero o sexto, sacar a uno, etc.) El problema que se deriva de la llamada “lista sábana” es que no permite registrar “a conciencia” a quién se está votando (porque los nombres abajo de la lista quedan muy pequeños) y eso afectaba el voto informado y la accountability sobre los representantes. El proyecto, tal como está, no sólo no produce ninguna mejoría al respecto sino que lo agrava: el artículo 15 que regula las pantallas sostiene que en el caso de candidaturas legislativas debe figurar en la pantalla “al menos” el nombre y apellido del primer candidato. Es decir que el elector decidiría sobre el primer candidato sin conocer nunca el nombre y apellido del resto de los integrantes de la lista.

El proyecto tal como está tampoco disuade de la lista sábana en sentido horizontal (es decir, por la lista a distintas categorías pegadas entre sí, lo que popularmente se conoce como sábana) ya que la primera alternativa que ofrecerán las pantallas será la de votar la lista completa. Incluso podría eventualmente reforzarlo, un sesgo que debería ser estudiado antes de aplicar un sistema semejante.

En definitiva, algunas de las reformas propuestas suenan más a fichas de cambio para lograr apoyo a lo que verdaderamente importa, la implementación de la boleta electrónica, un tema sobre el que nos vamos a explayar en el siguiente post.

Solidaridad con los trabajadores de Tiempo Argentino

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En la madrugada de hoy, una patota de 29 personas ingresó a la redacción de Tiempo Argentino, destrozó las instalaciones y amenazó a los trabajadores que formaron la cooperativa para seguir trabajando. La Policía llegó al lugar y acompañó a la patota para que se retire tranquilamente.

Un evidente ataque a la libertad de expresión avalado por las fuerzas de seguridad cuyo accionar, hasta el momento, no ha sido explicado por ninguna autoridad a cargo.

Las imágenes hablan por sí mismas:

Mañana hay una edición especial del diario en papel que esperamos que todos puedan comprar para colaborar con los compañeros y las compañeras.

“The dirty job is mostly done”

(Nos sumergimos en este tema Tomás Aguerre y Nicolás Tereschuk)

Larry Fink es un tipo grandote y de manos cuidadas. Se sienta en una silla que le queda algo baja, junta las rodillas y sobre ellas apoya unos papeles. Es la mañana posterior al Brexit y este estadounidense de 63 años nacido en la Costa Oeste se permite algunas reflexiones políticas sobre la “bronca” que recorre el mundo y que parece hacer surgir expresiones antisistema en algunos países desarrollados. A su lado, el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay, luce algo más tenso, aunque no incómodo y destaca el “honor” que es para él compartir con Fink ese momento.

Fink es el Chairman y CEO de Blackrock, el que es, por mucho, el mayor gerenciador de fondos del mundo -bajo su mirada están 4,5 trillones de dólares-. Se dice que en 2011 tuvo un “salario base” de 39,9 millones de dólares, aunque “sus ingresos adicionales se elevaron a 2.400 millones de dólares”.

Bajo su mirada y la de otros inversores, Prat-Gay explicó durante una hora en la elegante mansión neoyorquina que es sede de la America’s Society, de Park Avenue 680, seguramente en su Salón Simón Bolívar, por qué será una gran idea para todos ellos hacerle un cheque de préstamo a la Argentina y contestó sus preguntas.

Pero más allá de las palabras la pregunta más relevante que surge es ¿qué hace ahí alguien como Fink? Sabemos que Blackrock es el sponsor principal del evento. Sabemos que el fondo explora siempre la posibilidad de nuevas inversiones para obtener -de ser posible- retornos altos y de corto plazo. Pero nos preguntamos ¿Fink, con los trillones que maneja moviéndose por el mundo, tiene media mañana para entregar a una economía mediana de un país “emergente”? Vemos que sí. Bien. Supongamos que somos optimistas y todo lo que afirma el ministro argentino se dará. Que la Argentina se va a convertir en un “faro de estabilidad” en un mundo convulsionado y que el año que viene habrá fuerte crecimiento. Vamos a lo operativo: ¿Qué (o cuánto) espera un tipo como Fink obtener de esto? ¿En qué sectores concretos piensa invertir para obtener sus retornos? ¿Cómo será la mecánica de la cosa? Parte de esto forma parte de la charla.

Más allá de las dudas, el punto más concreto de la conversación lo plantea el expresidente del Banco Central. Y es claramente político. Dice Prat-Gay a los inversores: “El año que viene es muy importante para nosotros. Estamos apostando a obtener mayoría en la Cámara de Diputados y para eso tenemos que trabajar muy duro. Pero confiamos en lo que hemos hecho hasta ahora y que hemos sentado las bases para que esto ocurra. Pero aquí es donde ustedes entran a jugar, muchachos (“you guys”). Necesitamos sus inversiones tanto como las de los empresarios locales. Inversiones y exportaciones serán el motor de nuestro programa de desarrollo. En la medida en que obtengamos inversiones podremos crear más trabajo local. En la medida en que creemos mejores trabajos, podremos encender el motor del consumo”.

Lo lindo de estas conversaciones en “la cocina de casa” es que se ve con más claridad que en el living lo que piensa el Gobierno. El razonamiento es claro: el eje de la argumentación de por qué los inversores internacionales deben “poner” en la Argentina está en el centro de las preocupaciones políticas de la gestión de Cambiemos. Prat-Gay afirma que el presidente Mauricio Macri ya hizo su parte. Que invirtió parte de su “capital político” en las medidas adoptadas hasta el momento. Reconoce allí que la unificación del tipo de cambio tuvo impacto en precios. Reconoce que la inflación anual ahora está en torno al 40 o 42 por ciento. Y que buena parte de eso tuvo que ver con las subas de tarifas. Pero ahora, “el trabajo sucio está casi terminado” (“the dirty job is almost done”) e ingresamos en una nueva etapa. Es la etapa política del año 2017. Y es en las elecciones de medio término donde la gestión de Macri se juega realmente el futuro.

El razonamiento que sobrevuela el encuentro es el siguiente. A los inversores puede parecerles poco lo hecho. Puede parecerles que es “el cambio en la dirección correcta” pero que todavía falta. Que la unificación del tipo de cambio, el levantamiento de barreras al comercio, el pago a los fondos buitre y el mejor clima de negocios son acciones “on the right track” pero que aún se ven números que no hacen sostenible el crecimiento -eso dicen, sea por el lado de la inflación, el tipo de cambio el déficit, o lo que es casi lo mismo los niveles salariales y la puja distributiva-. (Sin ir más lejos, al térmno del encuentro y luego de todo lo dicho por el ministro, aún pedían “más tiempo para invertir”…)

Bien, todo eso está OK, parece decirles Prat Gay. Supongamos que esto les parece poco. O que falta. Todo bien. Pero es lo que pudimos hacer sin mayoría en el Congreso, sin la mayoría de las provincias, con unas elecciones que ganamos por un cachito. Se decía que no podía gobernar sin el peronismo y lo estamos haciendo. Ahora necesitamos de su ayuda. ¿Quieren más mercado? ¿Quieren más oportunidades? ¿Quieren que nos parezcamos más a Chile, Perú, Colombia y México? ¿Quieren la puja distributiva más en caja? Entonces “this is where you guys come in to play”.

Claro que el ministro no dice “ustedes entran con las inversiones y nosotros hacemos un ajustazo de órdago”. Primero porque nadie querría decir eso, segundo porque el año que viene hay elecciones. Pero uno piensa, por un lado, en el largo razonamiento económico de Cambiemos. Entran las inversiones – mejoran las exportaciones – mejora la calidad de los empleos – mejoran los salarios – recién ahí “se enciende el motor del consumo”. ¿Cuántos supuestos son demasiados?

Por otra parte, uno vuelve a pensar en Larry Fink. Y en las preguntas que le hace a Prat-Gay mientras parece tomarle prueba: “¿qué está pasando en las calles de Argentina, la gente reconoce lo que el gobierno de Macri ha hecho, hay un sentido de optimismo en las calles?”, “Si escaneás los blogs de Argentina, ¿’vos dirías que hay bronca digital’?” “¿ahora la gente lo sabe (lo que ustedes están haciendo)?” “¿hay un crecimiento del consumo?” “¿hay indicadores que dicen que la gente cree que ustedes están en el camino correcto, se muestra eso en el consumo?” “¿ven empresas que se hayan ido y están volviendo?”. Prat-Gay responde. Ninguna de las preguntas de Larry son respondidas con un “sí”, claro está.

El ministro habla de un clima positivo, de los anuncios de inversiones que se están haciendo y que llegan a los diarios… pero luego, cuando parece quedarse sin argumentos se planta en dos temas: por un lado, habla de “el comportamiento obvio de corrupción de la administración previa que está saliendo a la luz de una forma en que no creímos que fuera posible, con un tipo encontrando a las cuatro de la mañana tirando bolsos llenos de dinero por sobre las paredes de un convento”. Y después se recuesta en una de las políticas del gobierno anterior: el bajo endeudamiento tanto del sector público como del sector privado. “El endeudamiento del sector privado es del 15%. En Latinoamérica el promedio es 60%, Brasil un poco más. En los mercados emergentes incluyendo China el promedio es 100%”, afirma Prat Gay mientras relojea a Fink. Si hay espacio para que las empresas se endeuden, quizás sí haya espacio para buenos negocios en el corto plazo, debe pensar el jefe de Blackrock. Porque finalmente, el milagro (aunque seguramente no uno con consumo y asados todos los domingos) podría ocurrir…

Para Prat-Gay, “baja deuda” va junto con “baja inversión”. Dice que “esta es una economía que ha cesado de invertir en los últimos cinco años”. Y señala que la inversión está en menos de 20 % del producto. No debe recordar Alfonso que ese indicador estuvo en el mejor momento de la convertibilidad en 21,1. Es brava la Argentina…

Luego el ministro se pone más concreto. Los sectores en los que está pensando para invertir son dos: energía e infraestructura (obra pública). En algún momento afirma que necesita unos 1.500 millones de dólares para obras. No parece tanto dinero para los tiburones que lo rodean y que en algún momento lo hacen enojar con una pregunta sobre el déficit relativamente alto. Algo abrumado, el funcionario nos vuelve a hablar de bolsos en conventos y plantea su receta para recortar el rojo: habla de “poner fin a la corrupción” y “parar de regalarle cheques a los ricos” (subsidios) -nota al pie, habla de que la mitad de los subsidios van al“30 por ciento más rico de la población” y me pregunto ¿cuán rico es aquel que está en la parte de abajo de ese 30 por ciento más rico de Argentina? ¿tanto como un empresario pyme?-.

Para cerrar el debate, Larry Fink dice que el ministro tiene un pensamiento que va para adelante y que el gobierno de Mauricio Macri está planteando un “giro” para “construir un mejor futuro”. Y que luego de escucharlo, “los mercados” han “reconfirmado la opinión que tenían”. Cualquier cosa que ello quiera decir.

Un zócalo

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Por JWC

 
Hace algunos días un programa de TV de aire ponía en su zócalo, en tono alarmista: “Lo que más teme Macri: el estallido social”. Recordé todo lo que se habló en los últimos meses sobre las mejoras que vendrían en el actual semestre de 2016. También recordé que la vicepresidenta aclaró, más recientemente, que deberemos esperar un poco más, hasta 2017, para disfrutar de algo que resulta un tanto difuso. ¿Crecimiento económico? ¿Masivas inversiones? ¿Pobreza 0? ¿Nuevos empleos? ¿Todo junto o solamente los dos primeros? ¿Y qué reacción de los trabajadores cabe esperar si se demora una reactivación en un contexto de suba de precios?

Un breve análisis comparativo con la gestión presidencial anterior quizá nos ayuda a comprender los riesgos políticos para la gestión Macri de seguir bajo un escenario que genera fuertes tensiones en el mercado de trabajo y de no fortalecer las políticas de contención social. Porque los últimos años del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner también estuvieron atravesados por dificultades en el mundo del trabajo pero tuvieron un abordaje hacia los colectivos de trabajadores más desfavorecidos que no se ve en la actual gestión. Los gobiernos se ponen a prueba en “las difíciles”, el mayor desafío no es mantenerse de pie sino sobreponerse a las inevitables caídas. ¿Va a estar a la altura MM?

Un primer logro del gobierno macrista es que la división conceptual entre análisis “institucionalistas” y “estructuralistas” sobre el mercado de trabajo se está cerrando fruto de un deterioro generalizado de los indicadores laborales, económicos y sociales. La nueva gestión logró en tiempo record acentuar los rasgos estructurales menos positivos de nuestro mercado de trabajo y diluir la institucionalidad laboral que los contenía, que tendía a igualar las condiciones materiales de los diferentes colectivos de trabajadores. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA señaló que la pobreza pegó un salto con el macrismo; de acuerdo a sus mediciones pasó de representar el 29% de la población en el último trimestre de 2015 al 32,6% en abril de 2016. Y advierten, si “no se logran atenuar los aumentos de precios en productos y servicios básicos y/o reactivarse la demanda de empleo, se estará cada vez más lejos de una mejora genuina en la distribución del ingreso”. Vale decir, la renta nacional siempre tendió a concentrarse en pocas manos salvo contadas ocasiones en que se logró moderar esa tendencia con intervención estatal en favor de los trabajadores. Ahora se invirtió esta intervención, las medidas del gobierno nacional benefician a los grandes capitales y exponen a los laburantes a la suba de precios y a los despidos. La distribución del ingreso se concentra cada vez más.

¿Los institutos laborales? Los principales se conservan pero pierden su función distributiva en el nuevo contexto. Los Convenios Colectivos de Trabajo formalizan una reducción del salario real de los trabajadores asalariados registrados si estimamos que la inflación anualizada se encuentra por encima del 40% y la mayoria de los acuerdos paritarios anuales cerraron en la franja de 30 a 36%. El Consejo del Salario Mínimo, Vital y Móvil se reunió finalmente pero pautó una mejora anual del 33% que en los hechos significa una pérdida de ingresos para quienes tienen en este instrumento un piso de derechos (trabajadores no formalizados, de las pequeñas empresas, precarizados). La lucha contra el trabajo no registrado en el sector rural, uno de los más afectados por la problemática, que encarnaba el RENATEA creado en 2011 mediante la Ley 26.727 parece en camino a revertirse con los despedidos masivos de personal, el regreso del RENATRE y de la UATRE a su conducción.
¿Qué riesgos puede tener este escenario en el mercado laboral para la gestión nacional? Un primer punto a considerar son los sindicatos, organizaciones representativas de trabajadores en general formales con una agenda política que excede esa representación. Hasta la fecha el gobierno pudo manejar con cierto éxito la relación con los sindicatos que no logran unificar sus reclamos después de la marcha del 29/04. A primera vista, hasta el Congreso Normalizador de la CGT el 22/08 no va a haber mayores hechos políticos nacionales de parte del movimiento obrero organizado, salvo las acciones de las dos CTA que sobrellevan por otra parte sus propias internas.
Un segundo punto, que queremos subrayar, es el efecto sobre la agenda política que puede tener un deterioro continuo de las condiciones de vida de los trabajadores. Una referencia cercana para analizar esto son el último trimestre de 2013 y el primero de 2014, un período de indicadores laborales en tensión y alta conflictividad social que tuvo que enfrentar Cristina Fernández de Kirchner. A fines de 2013 se expresaron varias cuestiones latentes en el mercado laboral. Efectivamente, en el periodo 2003-2011 todos los colectivos de trabajadores mejoraban su situación, algunos más, algunos menos pero “todos ganaban”. Los registrados mejoraban sus haberes a través de paritarias anuales, los jubilados se integraban al sistema de seguridad mediante sucesivas moratorias y los desocupados lo hacían al mercado de trabajo. A partir de 2012 el mercado de trabajo empezó a presentar dificultades en un contexto de crecimiento moderado y suba de precios. Los saqueos organizados y espontáneos (¿importa?) en comercios de todo el país, que se desencadenaron después de las huelgas extorsivas de las policías provinciales, expresaron un nuevo escenario donde no todos ganaban. Algunos lograban sostener sus ingresos frente al alza de precios, los trabajadores registrados (más protegidos por la institucionalidad laboral), y otros no, los trabajadores desocupados y no registrados.

Ese escenario donde ya no todos ganaban en el mercado laboral, fue atenuado por medidas de transferencia directa a los sectores más vulnerados de parte del gobierno nacional. A las actualizaciones de la Asignación Universal por Hijo, de la jubilación mínima, se sumó el PROGRESAR como medida para alcanzar uno de los grupos más afectados por la suba de precios (potenciada por la devaluación de febrero 2014), la desocupación y el trabajo no registrado: los jóvenes. Las medidas reducían las diferencias entre “protegidos” y “no protegidos” en el mercado de trabajo. Tenían una función de moderación social. Y en cierto punto contribuyeron a que en el segundo semestre de 2014 y en el año 2015 no se repitieran semejantes desbordes sociales.

Este escenario en el mercado de trabajo hoy se acentuó, los problemas de 2013/14 se profundizaron. Tal como señalamos, las medidas que tomó el nuevo gobierno han agravado problemas estructurales, como la pérdida de ingreso real y de participación en la renta nacional de los trabajadores. También han vaciado de sentido igualador a los institutos laborales. No se alcanzó aún un punto de quiebre. Sin embargo, la pérdida gradual y continua de derechos que se está provocando en un contexto de creciente inflación genera que la heterogeneidad sectorial del mercado de trabajo argentino se exprese en toda su plenitud. La novedad es que ni los trabajadores registrados (salvo sectores muy específicos, como aceiteros) logran sostener su poder adquisitivo. Y si ellos tienen problemas, los trabajadores desocupados, los no registrados, los jóvenes y los pasivos aún más. En suma, ahora “todos pierden” en el mercado de trabajo, algunos más, algunos menos.

¿Qué efectos sobre la agenda pública y política puede tener este fenómeno si se exacerba, si no llega la reactivación, si no se revierte el fenómeno de los despidos y los ingresos de los trabajadores (en cualquiera de sus categorías) siguen perdiendo valor? Es difícil preverlo. Pero si como anticipaba el zócalo en la TV Macri está preocupado por un posible “estallido social”, la pregunta que debe realizarse el Presidente es si tiene voluntad, si está en su ADN contener esa hipotética situación. Esto es, instrumentar políticas para sostener a los colectivos “protegidos” del mercado de trabajo, asistir al grupo de “perdedores” (en franco crecimiento)… bah, distribuir nuevamente el ingreso.

Foto.

Ni una menos

Esta tarde, en las principales plazas de todo el país se realiza la marcha nacional contra la violencia de género. En la Ciudad de Buenos Aires la convocatoria está prevista para las 17 con epicentro en la Plaza del Congreso.

En lo que va de 2016 ya se produjeron más femicidios que en todo el 2015 (225 el año pasado contra 235 que lleva este año).

Contestá la encuesta para crear el primer índice de violencia machista acá.

Y nos vemos en las plazas de todo el país.

Inestabilidad a la brasileña ¿o a la sudamericana?

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Publicamos esta nota originalmente aquí Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk.

“Lo que está pasando hoy en Brasil es un golpe de Estado”, dicen desde el PT. “El caso de corrupción presidencial amerita el desplazamiento de Dilma Rousseff”, contestan desde la oposición brasileña. Un presidente (en este caso una presidenta) en problemas no es un fenómeno nuevo en nuestra región. Puede rastrearse durante los últimos veinticinco años y no distingue entre gobiernos neoliberales y “nacional populares”, aunque se advierte una primacía de mayor inestabilidad en los que aplican un esquema de ajuste estructural.

En el plano académico, autores como Aní- bal Pérez Liñán, María Matilde Ollier y Mariana Llanos, entre otros, dieron cuenta del fenómeno. La recurrencia de las salidas anticipadas de los presidentes sudamericanos se ha verificado, en general, sin afectar al régimen democrático –es cierto, sin embargo, que el caso de la muy desprolija caída de Fernando Lugo en Paraguay prendió las alarmas en la región y mantuvo a ese país por un período bajo la atenta mirada de los restantes Estados de la región–. Para decirlo en términos concretos: caen presidentes, no cae el presidencialismo democrático; sale anticipadamente el primer mandatario, se mantiene el régimen político.

Una suerte de parlamentarización del presidencialismo flexibiliza el mandato del presidente, manteniendo una suerte de transición y estabilidad hasta un nuevo llamado a elecciones. Desde allí que a este fenómeno se lo haya denominado “inestabilidad presidencial” debido a que la “crisis” se encuentra en el “presidente” y no en el sistema de gobierno. A diferencia de la inestabilidad de las décadas del ’60 y ’70, cuando la caída del presidente implicaba la del sistema democrático, ahora la salida del presidente no se lleva puesto al régimen político.

Los ejemplos son muchos. Fernando Collor de Melo (1992), Carlos Andrés Pérez (1993), Abdalá Bucaram (1997), Raúl Cubas Grau (1999), Fernando De la Rúa (2001), Gonzalo Sánchez de Losada (2003), Carlos Mesa (2005) y Fernando Lugo (2012), entre los más destacados. Como el lector puede observar, la mayoría de ellos se dieron en los “largos” ‘90, donde imperaban gobiernos neoliberales. La evidencia empírica, sin embargo, muestra que los gobiernos del “giro a la izquierda” pasaron por eventos similares, pero pudieron (y supieron) resistir los embates opositores que bregaban por su salida anticipada: Hugo Chávez (2002), Lula Da Silva (2005), Evo Morales (2008), Cristina Kirchner (2008) y Rafael Correa (2010). Esto nos lleva a interrogarnos acerca de cuáles son los factores que determinan la caída de un presidente y por qué otros primeros mandatarios, en iguales condiciones, lograron sortear los desafíos y consolidar con ello su gobierno.

Los elementos más importantes que se observan en las salidas anticipadas del Ejecutivo en Sudamérica y que se desplegaron en todas las caídas son a esta altura conocidos por la literatura académica. No todos aparecen en la totalidad de los casos, ni se dan en las mismas secuencias. Pero los eventos se han reiterado una y otra vez. Enumeremos: a) un caso de corrupción amplificado mediáticamente, b) una crisis económica en contexto de ajuste, c) un vicepresidente preparado para ser la figura de la transición hacia un nuevo llamado electoral, d) una baja pronunciada en la imagen del primer mandatario, e) movilizaciones populares en su contra y f) gobiernos (en su mayoría de coalición) con minorías parlamentarias. Todos estos elementos forman la “tormenta perfecta” que le ha hecho la vida imposible a más de un presidente.

Si recapitulamos veremos entonces que desde la transición democrática de los ‘80 comenzó a desarrollarse un “nuevo patrón de inestabilidad”. Los “años 2000”, en consonancia con el “giro a la izquierda” en la región, también con un buen contexto económico dado el alza de los precios de los commodities, apuntalaron una época de mayor estabilidad. Los presidentes fueron electos y reelectos. La pregunta que surge ante la crisis de Dilma Rousseff en Brasil es si se produce ahora una caída de los gobiernos del “giro a la izquierda”, “populistas”, “nacionales y populares”. ¿O podría estar comenzando un “nuevo ciclo” de “inestabilidad” en la región? Dicho de otro modo, ¿los gobiernos de “centroderecha” que parecen asomarse a partir de la llegada de Mauricio Macri al poder en Argentina, pero también pensando en lo que podrían ser los sucesores de Rousseff si se completa el juicio político disfrutarán de las mieles de la estabilidad y podrán “domar” un panorama político que a veces se mueve con velocidad de vértigo?

En este sentido, creemos que una variable central a seguir de cerca es, en el contexto de países con bajos niveles de institucionalidad de nuestra región –salvo probablemente los casos de Chile y Uruguay que, de manera poco sorpresiva tampoco han atravesado episodios de caídas presidenciales–, las propias estrategias que adoptan los presidentes o, dicho de otra forma, de qué forma se despliega el liderazgo presidencial. En el caso de Rousseff llaman la atención algunos elementos: el principal fue su decisión de desarrollar un ajuste económico de la mano del ultraliberal Joaquim Levy, que no rindió los frutos previstos por la Mandataria. Hay que prestar atención a esto: la evidencia histórica indica que un contexto de ajuste económico es un elemento adicional que puede poner en riesgo –si se suman otros elementos– la estabilidad del propio presidente. El caso brasileño nos habla además de que la gestión política de una coalición parlamentaria demuestra también ser una tarea nada simple. Puede verse en la práctica cómo una minoría parlamentaria combinada con un gobierno de coalición es un elemento que pone en tensión la supervivencia del presidente cuando “la cosa se pone espesa”. Por sí sola, una minoría legislativa no hace caer a un gobierno, eso está claro, pero una cadena de causalidades como los factores arriba mencionados puede ponerse en línea con ella para desestabilizar el gobierno de cualquier presidente sudamericano. La evidencia histórica es nítida al respecto y enseña a los primeros mandatarios a no relajarse en la tarea de gobierno ni a entender a lo que ocurre en el Congreso sólo como parte del proceso de creación de leyes sino como una dinámica de alcance mucho más amplio –y, en algunos contextos, imprevisibles–.

Así, en un libro que publicamos recientemente advertimos sobre la relevancia que adquieren los recursos institucionales, parlamentarios, comunicacionales, partidarios y financieros que un presidente ostenta o puede generar durante el ejercicio de su poder y que le permiten fortalecer su posición político institucional con el fin de lograr la estabilidad de su gobierno. Cuando un presidente comienza a perder algunos de estos recursos de poder –sea en torno a sus niveles de popularidad o las mayorías que lo respaldan en el Congreso, entre otros aspectos– se ubica en una situación difícil en la que sólo los recursos subjetivos (la “virtú” en términos de Maquiavelo) pueden venir en su ayuda. De algún modo coinciden con esta mirada, en su libro “Presidential Breakdowns in Latin America: Causes and Outcomes of Executive Instability in Developing Democracies”, los politólogos Mariana Llanos y Leiv Marsteintredet. Señalan los autores: “Concluimos que los presidentes parecen ser al menos parcialmente responsables por su propia suerte. Esto es obvio en casos de impeachment, pero creemos que la afirmación también se aplica más generalmente. Considerando que la inestabilidad en nuestros días se manifiesta al nivel de gobierno más que a nivel del ré- gimen, el liderazgo presidencial y las acciones dentro de un determinado conjunto de limitantes políticos e institucionales parece poco explorado en la literatura de las caídas presidenciales (…) Si los presidentes son parte del problema o, de igual modo, son en parte responsables por sobrevivir en el cargo, las estrategias presidenciales o el estilo del liderazgo presidencial debe ser considerada una variable independiente que le da forma al desempeño en el cargo”.

Se despliega ante nuestros ojos otra vez el gran drama de la inestabilidad presidencial en Sudamérica. Cada uno, de acuerdo a sus simpatías políticas, sabrá si es momento de reír o de llorar. Lo que sería bueno, de todas formas, que unos y otros podamos extraer algunas conclusiones válidas al respecto.

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¿Qué es esto?

Columna de opinión de Artepolítica publicada el pasado viernes 29 de abril en Página/12.

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En su columna del pasado domingo, José Natanson realizó una serie de estimulantes reflexiones sobre el momento político actual. Dos ideas allí vertidas, creemos, ameritan algunas profundizaciones: a) si el macrismo es una “nueva derecha” y b) si existe una continuidad del actual gobierno con el anterior en relación a la política social.

Más que debatir “el futuro del kirchnerismo”, creemos que aún falta reflexionar en torno a la caracterización de lo que ha sido hasta aquí la breve gestión de Cambiemos. Sólo un diagnóstico adecuado permitirá ofrecer una alternativa política y social que se le oponga con efectividad. Se trata de discutir el futuro de una sociedad muy vital, activa y siempre cambiante en sus expectativas y demandas. Digámoslo, de discutir el futuro del pueblo.

Desde nuestro punto de vista, ponemos entre signos de interrogación la idea de que esta derecha traiga demasiadas novedades. Por un lado llama realmente la atención que no pasa un solo día en el que no se hagan patentes sus fuertes vínculos con la tradición histórica de la derecha argentina. Por el otro, manifiesta una importante falta de pragmatismo, entendido como la apertura para adoptar cursos de acción que no estén en el ADN de la fuerza política que ocupa hoy la Casa Rosada.

El macrismo tiene tanto de minoría (si el resultado del ballottage permitiera inferir que ese 51 por ciento “es macrista” debería permitir lo contrario con el 49 por ciento restante: lo más probable es que no permita ninguno de los dos) como de intensidad ideológica. Es cierto que este gobierno ha mantenido en estos cuatro meses continuidades con el gobierno anterior, como siempre sucede en una democracia constitucional: mover al Estado lleva tiempo. Pero las rupturas no han sido pocas, ni poco significativas.

Si en la campaña puso énfasis en mostrarse desapegado de ataduras ideológicas, a poco de andar abrazó preconceptos clásicos de la derecha. Por mencionar algunos: que al Estado le “sobran” empleados, que el futuro es un sueño individual, que hay que recortar el gasto público, que lo que “no tiene que ser del Estado como los subsidios” deberá ser eliminado o que para garantizar la certidumbre empresaria es necesario construir una Línea Maginot contra un proyecto de ley que protege los puestos de trabajo. Basta ver la traducción material de esas expresiones en transferencias al capital, como en el caso de aumentos de tarifas o quita de retenciones.

Son así las rupturas con respecto al gobierno anterior las que aparecen muy en primer plano más que las continuidades. Invirtamos el ejemplo: verificar que el kirchnerismo mantuvo la propiedad privada de los servicios de electricidad y gas o que no cambió la Ley de Entidades Financieras, por ejemplo, no llevó a la Asociación Empresaria Argentina a pensar que los gobiernos del período 2003-15 eran un neoliberalismo a la nueva usanza. Aún más, analizar las continuidades con independencia de las rupturas puede ocultar dimensiones necesarias para el análisis: que algunas de esas rupturas afectan directamente la efectividad de las continuidades.

El reciente anuncio de “medidas sociales” entendidas como “compensación” frente a los males del mercado es menos una continuidad con el kirchnerismo que una continuidad con el neoliberalismo noventista y más aún, con los sucesivos gobiernos conservadores argentinos, inclusive, preperonistas. Fue el gobierno de la llamada Revolución Argentina el que creó el PAMI, en 1971, por ejemplo. ¿Convierte eso a aquel gobierno en un campeón de la protección social?

El “Desarrollo Social” verdaderamente existente del kirchnerismo estuvo mucho menos en el ministerio homónimo, que tuvo un rol casi marginal luego de 2007, que en los Ministerios de Economía y Trabajo, elemento que ahora parece ausente. Quienes lo entienden con claridad son las cinco centrales sindicales que a sólo cuatro meses de gobierno realizan una movilización con fuertes niveles de cuestionamiento a la situación social. En el gobierno anterior, el primer paro general –de un sector del sindicalismo– llegó recién pasados los nueve años de gestión.

Hasta aquí resaltan las líneas que como vías férreas unen a las derechas clásicas argentinas de otras épocas con esta que ahora gobierna. Decía Guillermo O’Donnell en su obra clásica el Estado Burocrático Autoritario que hacía foco sobre la “nueva” derecha de entonces, representada por Adalbert Krieger Vasena a fines de los 60, que aquel liberalismo “no era antiestatista ni proponía un retorno al laissez-faire” ni era “hostil per se a una expansión del aparato estatal, ni siquiera de sus actividades económicas”. Pero aclaraba: “siempre que sirva a la expansión de la estructura productiva oligopólica de la que surgen sus principales portavoces”.

Como en aquel caso, creemos que no hay que encantarse con algunos movimientos coreográficos del gobierno macrista al frente del aparato del Estado, sino analizar en qué medida está avalando, muy al contrario de las gestiones anteriores, una “normalización” de la economía –y de la distribución del poder, de la palabra y de las escalas sociales– que se basan en darle más primacía a lo que el politólogo citado llamaba “gran burguesía” y que en nuestros días se expresa, sobre todo, en los intereses de la banca y las empresas transnacionales.

Para finalizar: ¿que la actual derecha en el gobierno no sea novedosa quiere decir que las respuestas políticas ante ella no deban serlo? Para nada. Cristina Kirchner, cuyos miles de seguidores ahora “producen” con sus movilizaciones la cuota de poder que le toca en el panorama nacional, ensaya algunas innovaciones. Otros sectores políticos de raigambre popular juegan también las suyas. También lo hacen los referentes de buena parte del arco político opositor que “emparejan” sus discursos acortando distancias ideológicas: repentinamente, los sindicatos, el Frente de Izquierda y aún el Frente Renovador, el Bloque Justicialista y el FpV suenan similares en los temas que hacen a la situación de los asalariados, los estudiantes o l
os pequeños comerciantes. No parece que se acerquen todos ellos a una extrema izquierda sino que suman coincidencias ante una derecha en la que encuentran poco de “nuevo”.

¿Podremos entre todos generar más? ¿Cómo se ordenarán esas innovaciones? Preguntas que encierran una posición: no se llega al futuro caminando para atrás ni encandilándonos con el presente.

¿Nueva derecha?

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Escribimos Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk, publicada originalmente aquí.

“El ejecutivo del Estado moderno no es otra cosa que un comité de administración de los negocios de la burguesía” -Karl Marx

 

A medida que iban ingresando a la reunión de Gabinete, los ministros charlaban en un tono ameno y tranquilo. La mayoría se conoce, comparte valores, un lenguaje similar y una serie de códigos y complicidades que les permite entender sus propias bromas. Mientras el Presidente sonreía, entraron el ex CEO de Shell, el ex JP Morgan, la ex CEO de General Motors y el ex vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Entre abrazos y palmadas, el Primer Mandatario les gritaba a los rezagados. A paso veloz, y aplaudidos por el resto, hacían su ingreso el ex CEO de LAN y el creador de Farmacity. La última en golpear la puerta cuando la reunión estaba por comenzar fue la ex gerenta de IBM y Telecom.

El epígrafe que abre esta nota pareciera calzarle justo a la escena imaginada en las líneas precedentes. Se sabe -bibliotecas enteras de debates marxistas y posmarxistas lo atestiguan-, que las cosas parecen ser muchísimo más complejas. En ese contexto, los datos aportados recientemente por el centro de estudios CIFRA, de la CTA, acerca de que el 70% de los altos funcionarios (ministros, secretarios y subsecretarios) de la gestión macrista provienen del sector privado no dejan de tener su impacto en la mirada de cualquier observador.

¿Y entonces? ¿Es el Gobierno que asumió el 10 de diciembre representante de una “nueva derecha”, portadora de “algo más” que la imagen que nos trae la frase decimonónica de Marx? ¿O es, sin más, una gestión que ya desde el elenco marca que de “nuevo” tiene poco? ¿Hay que entenderlo como un Estado “atendido por sus propios dueños”, como parte de una derecha clásica? ¿O corresponde complejizar la mirada?

RETOMANDO A O’DONNELL

Hay un concepto y una lectura clásica de Guillermo O’Donnell que nos impacta y que, más allá de que fue utilizada para un contexto muy específico, nos ayuda a buscar una posible clave de lectura al Gobierno de Macri. Se trata de la etiqueta de “normalización”, que el gran politólogo argentino aplicó en su momento para describir una de las dinámicas que ponía en marcha en su momento la llamada Revolución Argentina, sobre todo en el período 1966-1969, bajo la jefatura económica de Adalbert Krieger Vasena.

Desde este presente en el que la sociedad argentina protagoniza una vigorosa democracia puede servir repasar cómo entendía O’Donnell las políticas de un gobierno densamente “penetrado por roles tecnocráticos”.

En su obra clásica “El Estado Burocrático Autoritario”, O’Donnell destacaba: “La normalidad en estas economías consiste fundamentalmente en que la acumulación de capital se realice en principal y sistemático beneficio de sus unidades oligopólicas y más transnacionalizadas, en condiciones que les aseguran una tasa alta de acumulación”.  En el terreno económico, O Donnell nos indica que “normalizar” una economía en este tipo de países periféricos, con economías heterogéneas (¿hoy se llamarían “economías emergentes”?) no tiene tanto que ver con políticas o variables específicas, sino con asegurar la primacía de ciertos sectores. Así, “la normalización no entraña llegar a inflación cero ni a tasas consideradas normales en las economías centrales. Se trata, es cierto, de reducirla a tasas no explosivas, pero dentro de ellas basta con que sea estable y visible, y que los factores que la impulsan autónomamente desde estos mercados sean controlados por la gran burguesía y por un aparato estatal que ésta ha penetrado profundamente”.

“Ni económica ni políticamente es lo mismo la misma tasa de si es impulsada por diferentes actores sociales”. Las citas parecen lo suficientemente claras como para pensar si también podrían ser aplicadas al contexto actual.

Avancemos un poco más: “La normalización no se logra sin recuperar la confianza del capital financiero transnacional; los criterios que rigen su aprobación y, en definitiva, su confianza, marcan el desfiladero por el que tienen que pasar las políticas de normalización (…) No hay normalización posible sin aplicación, respetuosa y reconocida como tal de lo que los principales actores económicos consideran racional y causalmente eficiente para ello”.

De allí que los “técnicos” que deben llevar adelante este proyecto económico, político y social no sólo deben ganar el control del aparato estatal y tener “antecedentes irreprochables para sus interlocutores internos y externos” sino que, además, para que éstos puedan cambiar las expectativas de los agentes económicos deben hacer “verosímil las políticas de normalización que se irán decidiendo e implementando, y (asegurar que) se mantendrán, por todo el tiempo necesario para que rindan fruto”.

En síntesis, esto equivale a decir que “tiene que haberse producido, efectiva y reconocidamente un cambio en el tipo de Estado (…) una radical modificación en las bases sociales de un Estado que ahora parece capaz de extender una garantía de recuperación de las condiciones generales de funcionamiento ‘normal’ de estos capitalismos y de garantía de su sistema de dominación”

Para culminar estas largas citas del politólogo argentino, en este texto escrito a mediados del ‘70, según O’Donnell este tipo de forma de entender el Estado “sólo puede extender a la gran burguesía esas garantías con su propia gente; es decir, si y cuando abre sus instituciones a los ‘técnicos’ que encarnan ante el gran capital una visión de racionalidad económica suficientemente cercana a la de éste. Esta es la base de una aceptación que se sustenta en la pertenencia a un mundo común de relaciones, de experiencias y de intercambios personales en los que cierta visión del mundo y de lo que es en él ‘racional se expresa en común. Esos ‘técnicos’ son, por eso, el punto de imbricación del BA con la gran burguesía y el capital transnacional”.

¿UN NUEVO TIPO?

Si por momentos confunde la noción de si la gestión de Macri busca agrandar o achicar el Estado, si es privatista o estatista, vale la pena repasar este otro pasaje, en el marco de la noción de “normalización” económica propuesta: “Este liberalismo (…) no era antiestatista ni proponía un retorno al laissez-faire. (…) Además, no es hostil per se a una expansión del aparato estatal, ni siquiera de sus actividades económicas –lo que lo aleja del laissez–faire de algunos de sus aliados más tradicionales–, siempre que sirva a la expansión de la estructura productiva oligopólica de la que surgen sus principales portavoces (lo cual a su vez lo aleja tanto del Estado “equilibrador” de los paternalistas como del estatismo empresarial al que apuntan los nacionalistas)”.

La idea de “normalización” puede entenderse desde otro punto de vista como abarcando un espectro más amplio de aspectos. En una reciente nota brindada al periódico español El País, el propio jefe de Estado dice que “ofrecer una entrevista es la normalidad, ir a Davos es la normalidad. Espero generar cambios en cosas más profundas como el modelo educativo, energético, de seguridad. El resto son normalizaciones…en muchos de esos países (Nota de los Redactores: se refiere a los latinoamericanos) no veo un alejamiento de la normalidad tan grande como Argentina (…) Yo he cumplido con lo que prometí, hemos empezado a normalizar el país transmitiendo capacidad de dialogar”.

En nuestro concepto esta idea de “normalización” es una –no la única, desde ya– de las claves que pueden servir para entender tanto la dinámica económica y política propuesta por el actual Gobierno, como  entender los primeros dos meses de gobierno macrista. La “deskirchnerización” propuesta por el Gobierno, con acciones en el terreno simbólico como bajar los cuadros de Hugo Chávez y del ex presidente argentino Néstor Kirchner, va en esta misma dirección.

La “normalización” propuesta por el Gobierno, entonces, no representa ninguna novedad. Ni todo es nuevo, ni todo es viejo. Hablar de “nueva” o “vieja” derecha –el propio O’Donnell en un libro previo al que citamos daba cuenta de que en aquella temprana década del ‘70 ya había quien hablaba de “derecha moderna” o “tecnocrática”–  a veces confunde más de lo que aporta y quizás sea mejor rastrear líneas de continuidad siempre en contextos que cambian –en no pocas oportunidades de manera vertiginosa–.

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Morales no se salva del Odio ni de Milagro

Nota de Martín Díaz (UNRN)

La detención y encarcelamiento de la dirigente barrial y Diputada del Parlasur Milagro Sala ha generado  por estas horas un gran estupor social, un llamado de atención en las organizaciones sociales y barriales y sobre todo ha demostrado la determinación y la capacidad de daño que poseen los grupos gobernantes de derecha en nuestro país.

El Juez Jujeño Raúl Gutiérrez dispuso el arresto de Sala y el allanamiento de su vivienda, al mismo tiempo que el Gobernador Radical, miembro de la Alianza Cambiemos, Gerardo Morales ordenó al ejecutivo provincial la suspensión temporaria de la personería jurídica de las 16 organizaciones que realizan el acampe, con el argumento de que “cambiaron su objeto social”. Al suspenderles la personería, las organizaciones y cooperativas perdieron la chance de participar de los programas de viviendas y beneficios sociales, ya que hasta cerraron sus cuentas bancarias (medidas muy democráticas y populares del mandatario provincial). O sea, en resumidas cuentas, un atropello planificado y orquestado desde los tres poderes de aquella norteña provincia. Atropello que empuja al abismo de la marginalidad a cientos de militantes y trabajadores cooperativistas organizados.

La detención de Milagro es un hecho que trasciende las fronteras y los límites provinciales jujeños, los trasciende para convertirse en un foco de debate político federal, dado que es una demostración fáctica del pensamiento integral de una Alianza que no respeta siquiera el derecho a la protesta social.

Jujuy no es un caso aislado, “para muestras sobra un botón” decía mi finada abuela. Los casos de brutal represión a los trabajadores de Cresta Roja por miembros de Gendarmería Nacional y a los trabajadores despedidos de la Municipalidad de La Plata de mano de la Infantería de La Bonaerense, fijan el Norte de una Política Nacional que avasalla los derechos individuales y margina aún más a los vulnerables.

Por caso, ese Norte en las “Políticas de Seguridad” de la flamante y dionisíaca Ministra Patricia Bulrich, tuvo como puntapié inicial la eliminación por completo de los “Protocolos de Actuación del Consejo Federal de Seguridad Interior”, más precisamente de los “Criterios Mínimos de Actuación de los Cuerpos Policiales y Fuerzas de Seguridad en Manifestaciones Públicas”. En resumidas cuentas, léase: Vía libre para criminalizar la protesta social.

De mano de la ex ministra Nilda Garré, con el diseño del rionegrino Miguel Bermejo, se promovieron los protocolos para la unificación de criterios mínimos en cuestiones estratégicas de la seguridad democrática, pero al parecer el modelo de Seguridad de la Alianza Cambiemos no tomó estas consideraciones y no resultó ser del todo “democrático”. Bulrich ha demostrado que su único paradigma de seguridad es el de establecer el “orden a cualquier precio”. Léase “A Cualquier Precio” como costos económicos, políticos, sociales, etc.

Milagro Sala hoy es considerada un Presa Política, no solo por los compañeros de lucha de la Tupac Amaru, sino también por cientos de dirigentes barriales, sociales y políticos que se han manifestado por estas horas, como también lo hizo la totalidad de la Comisión Directiva del CELS; hasta Amnistía Internacional se ha manifestado al respecto. Todos ellos coinciden que la detención de Milagro es “un claro intento de criminalizar las prácticas relacionadas con el ejercicio del derecho a la protesta y a la libertad de expresión”.

También se manifestó el Presidente del PARLASUR, Jorge Taiana, quien solicitó a la Ministra de Relaciones Exteriores y Culto, Susana Malcorra, que le informe acerca de “las medidas adoptadas a fin de asegurar su integridad personal, su libertad, el debido ejercicio de sus garantías judiciales y su derecho a manifestarse libremente”, a lo cual la ministra suelta de prendas le respondió que: “este ministerio no tiene injerencia en las cuestiones vinculadas a los delitos que se le imputan a la mencionada legisladora”. En mi barrio usaríamos la expresión: ¿Qué Tul?

Mi barrio es una usina para refranero popular, también escuché en éste que: “Si el mudo habla, es porque Dios le dio permiso”, ergo: si Morales mete presa a Milagro Sala es porque Mauricio lo habilita para hacerlo. Evidentemente ambos están invadidos por un odio visceral que no les permite ver más allá de sus narices y los arrastra a la destrucción y aniquilación del adversario político, como si se tratara de un enemigo. Claro ejemplo del accionar de la antipolítica argentina.

Y hablando de presos políticos, quien mejor que el gran Nelson Mandela para dejarnos enseñanzas sobre la libertado y los ataques furtivos del odio. Mandela sostenía que: “Un hombre que le arrebata la libertad a otro es un prisionero del odio, está encerrado tras los barrotes del prejuicio y de la estrechez mental” Nuevamente apelando al refranero barrial: “Teléfono para Morales y Macri”. Y yo les diría que estén atentos los dos! Porque Madiba también decía que: “La acción de las masas tiene la capacidad de derrocar gobiernos”.

La grasa

– Terrible lo que está pasando.

– Sí, mandan cualquiera.

– ¿Para vos cómo es la cosa? ¿Para qué rajan a la gente? O sea: siempre hay estos cimbronazos con un cambio de gestión. Pasa cuando cambia un ministro, no va a pasar cuando pasa un gobierno… Pero eso es otra cosa, eh. Y no es sólo por un tema de envergadura. El tema es que para ahorrar guita no es. Los sueldos son ponele 10 % de los gastos del Presupuesto. Está clavado en eso desde hace diez años. En los 90 era el 15. Lo sabe cualquiera a eso.
Pero obvio. Y la mitad de eso son fuerzas de seguridad y fuerzas armadas.

– Olvidate. Y cacarean que revienta el Estado de gente, escuchame: Sistema Previsional, YPF, más fuerzas federales de Seguridad, Transporte, Ciencia y Tecnología, todos los servicios adicionales que incorporó ANSES. Tenés que sumar gente para más o menos hacer andar todo eso ¿o no?

– Y aparte otra cosa, como diría Chilavert: van a revisar los concursos de los últimos dos años. Maestro, los concursos se habilitaron a partir de 2012. Es como decir, vamos a revisar lo que hizo YPF desde 2012. Amigo, se estatizó en 2012, ¿qué querés?

– Acá el tema es que es “popular” esto. Acordate los grupos focales de Massa donde la gente se enfervorizaba cuando le hablaban de “vagos” que cobran planes ponele y el tipo lo incorporó en el discurso para sacudir un poco. Esto debe entrar bien hasta en el electorado del FPV…

– Ese es el problema, mandan “los ñoquis”, en el revoleo la gente se queda con eso y ya fue.

– Sí. Para mí también hay un tema de “estilo”. Escuchame: yo estuve en un lugar donde pasaron los “cinco presidentes” y asumió Duhalde y llegaron los funcionarios con un “hola, chicos, ¿todo bien?”. Se fueron dos funcionarios políticos y el resto siguió como si tal cosa.

– Ojo que ahora está penetrando más el tema y a nivel más informado va quedando claro que rajan a cualquiera.
Lo loco es cómo fue todo. Primero llegaron a todos lados y decían que venían en son de paz, tipo V invasión extraterrestre. Altos funcionarios que llegaban y les pedían a los funcionarios políticos que estaban “¿se pueden quedar un poco más…?” y gente que llegaba más abajo que decía “todo sigue igual”.

– Yo sé que en UPCN, que ya medio negoció, dicen a quien quiera oírlo que esto viene del máximo nivel, que Macri mismo planteó lo de los rajes

– Es que fue así: venía todo medio normal hasta que un fin de semana de fin de año se descerrajó la cosa y después vino lo del decreto, que en los hechos es un vía libre para rajar a cualquiera. La prueba es lo que pasó con Lombardi.

– ¿Qué pasó?

– Y, el tipo en general siempre muy dialoguista, vinculado al ámbito de la Cultura, onda progre, etc. Se planta en que 678 se tiene que ir porque fue un planteo de campaña de Macri. OK. Pero va al programa de Víctor Hugo en Telesur a explicárselo, ponele. Sobre el resto, bueno, que vamos a ver, que pin que pun. Sacan el comunicado que de ninguna manera se va a cerrar el Centro Kirchner y que todo bien. Después del fin de semana ese que te digo, dejan a todo el mundo del Centro Kirchner afuera, revientan la programación de transición de Nacional Rock para enero -radio donde el tipo salía a hablar asiduamente y todo bien- y sale este nuevo Lombardi onda reventamos todo hardcore.

– Lo mismo Michetti, que viene del mismo lado de la interna PRO perdidosa y la hacen hacerse la dura de las duras.
Eso parece así, pero fijate también: ahí también está el tema de la “limpieza étnica”. Lo que está pasando en muchos lugares es que hay un criterio de “retrotraer al 2010”, digamos. O sea: volar a todo lo que sea La Cámpora -que en muchos lugares se manejó con la prepotencia de estos, prácticamente- y reponer a todos los que estaban “de antes”. Así, tenés los lugares donde te dicen “volvieron todos” (como funcionarios políticos, los que estaban con el menemismo) o también “volvieron todos” (como “mandos medios”, digamos, los que estaban pre-Cámpora.

– Eso de la limpieza étnica va a ser usado también a muchos niveles en los múltiples recovecos de las internas del PJ, en la línea que va de gobernadores al despacho del Ministerio del Interior… etc…

– Pero claro. Para varios es win-win.

– Además está el tema “estilo management”. Desmantelan algo, después ponele le hacen entrevistas a la gente. “No nos sirve tu perfil”. Gente grande con contrataciones más o menos firmes desde hace años eh, cero “Resistiendo con aguante”…

– Otra cuestión acá es el de la idea de “autoridad” de estos fulanos. Están muy pendientes del tema “construcción de autoridad” y ahí tienen muchos accionistas, digamos. Por un lado están las famosas señales al sector privado, en el sentido de “bueno, rajen si necesitan”. En 2005, con superávits gemelos e híper popularidad de Kirchner y la mar en coche había 5 puntos más de desocupación. Entre el 91 y el 94, con la popularidad de Menem en picos absolutos, el desempleo se duplicó, de 6 a 12. Después siguió subiendo y se le pincharon varias cosas más y bueno. Yo creo que calculan que la cosa banca, que hay demasiado pocos desocupados. El otro tema es el de las señales que dan para afuera. Vos salís a pedir guita afuera y tenés que dar señales. No importa si sos amigo de los tipos, son negocios. Tenés que demostrar que podés “hacer sufrir” y a la vez conservando gobernabilidad. Los tipos te van mirando las dos cosas: cuánta “firmeza” tenés y cuánta capacidad de seguir teniendo la firmeza, que es la clave.

– Lo otro increíble es la afinidad entre tiros y radicales. Lo de La Plata no se puede creer. ¡Cómo les gusta tirar balazos de goma a los radicales, una cosa de locos !! ¡Suben y tiran balazos de goma! ¡Dejate de-jo-der!

– Mammamia los radicales… Qué país…

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Primeras instantáneas no deseadas del gobierno macrista

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Por Hugo Ce y Sergio De Piero

Hay un elemento, una dimensión que el macrismo gobernante comprendió inmediatamente: no alcanza con sentarse en el sillón de Rivadavia. Se está allí para construir poder y eso se hará con los mecanismos que se tengan a mano, aun cuando tensionen la institucionalidad republicana proclamada, valiéndose de la legitimidad que otorgó el voto popular hace apenas un mes. Si en los primeros días del nuevo gobierno se dudaba (los ciudadanos, la oposición, ¿también el mismo Macri?) respecto de si la apuesta era por una política gradualista o una de shock, bastaron solo un par de horas, para saber que el decisionismo se impondría por sobre cualquier expectativa de aplicación paulatina de las medidas que la Alianza Cambiemos representa en términos económicos y políticos. El debate populismo – republicanismo, al menos en los términos de procedimientos, carece de sentido.

Estamos pues, en medio de la salida del barco. Y no de cualquiera. Nos encontramos en un momento histórico novedoso: por primera vez una coalición conservadora llega al poder de la mano del voto popular y universal. No lo imaginamos. Incluso no nos preparamos para pensar cómo serían (serán)  cuatro años bajo su gobierno. Con ese primer y rápido diagnóstico debemos prevenirnos de no repetir frases que tenían un sentido en un contexto, pero no en el actual.  (Pues “eso” hoy ya no es una posibilidad, sino un gobierno; no tuvo el rechazo masivo de la población, sino el apoyo del 51%).

En primer lugar: la “grieta” y sus profundidades también estarán presentes en el debate próximo, pues qué sería de la política si no atendiese al conflicto. Los discursos de Macri ya como presidente electo, apuntaron a eliminar esas diferencias generadas principalmente desde nuestra vereda y avanzaron discursivamente en una visión no conflictiva de la política. La negación de los intereses en pugna profundiza la grieta, no la suspende. Su licuación se produce no ya en el concepto de Patria versión conservadora (amputado por el mismo Macri en la jura presidencial) sino en términos con muchísima menos densidad como “la normalidad” y uno que sin duda será clave, como el de “modernización”. Para marcar esa línea divisoria, entre el futuro y el pasado; entre la agresión y la felicidad, el macrismo no precisa de la existencia de un “678” (aunque sí menores dosis de periodismo no alineado, como inmediatamente ya estamos observando). Le basta el apoyo generalizado que obtiene hoy de las empresas periodísticas, cuya cercanía no se remite meramente a una cuestión de pauta publicitaria, sino a intereses mucho más amplios y específicos (caso Clarín, uno de los claros ganadores de este comienzo), o a una convergencia ideológica (caso La Nación). Pero más aún: el macrismo cuenta con un bien invaluable en política: puede apelar a la construcción de nuevos contenidos del sentido común para sustentar algunas de sus decisiones, aún, a fuerza de decretos. “El campo estaba ahogado”, “el dólar recuperó su valor real”,”se terminó la guerra contra el periodismo en la Argentina”. Que los medios hayan dejado de informar el valor del dólar en operaciones paralelas, ilegales, forma parte de ese triunfo conseguido.

Del mismo modo, la desmesura que en algunos momentos se le aplicó desde la prensa, pero también desde ambientes académicos al peronismo kirchnerista, al punto de compararlo con el nazismo o el stalinismo (o bien las celebraciones en ciertos barrios, cuando se produjo la muerte de Néstor Kirchner), nos presenta la duda acerca de si el gobierno de Cambiemos tendrá la misma tolerancia cuando reciba críticas de tenores semejantes desde algunos sectores sociales y políticos. La baja de toda la programación en los medios públicos y el fin de ciclo periodísticos incluso en medios privados, críticos ya al gobierno de Macri, nos abre el inmenso interrogante, respecto a su capacidad de convivir con la crítica y la diversidad por parte de Cambiemos.

En segundo lugar ¿hacia dónde va esta nave que zarpó el 10 de diciembre? Recordemos una vez más: se trata de un gobierno conservador, de centro derecha si se quiere, validado en las urnas. A pesar de la legitimidad democrática indiscutible, es sumamente tentador identificarlo con procesos políticos semejantes si tomamos como referencia la coalición económica representada, el discurso hacia el peronismo y los actores claves. Así, la Revolución Libertadora y la Revolución Argentina emergen como momentos históricos con puntos de contacto, con “parecidos de familia” (como la figura de Américo Ghioldi y sus actuales salieris). Se trata, una vez más, de dictaduras militares y aquí nos importa un gobierno democráticamente electo, sin dudas sobre su legitimidad. Sin embargo, en todo proceso histórico político, los actores y los modelos a seguir no son interminables. El sector agrícola – ganadero, ha sido el que primero atendió el presidente Macri con un decreto que anuló la mayor parte de las retenciones y unificó el mercado cambiario que produjo una devaluación. Entre una y otra medida, el precio del trigo o del maíz, treparon más de un 40%, como consecuencia del anuncio de estas dos medidas. La eliminación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI), la eliminación de la mayor parte de las restricciones a las importaciones (de 19.000 a solo 1.000) y la repetida consigna que el campo es el motor de la Argentina, parecen congraciarse con la tensión histórica entre el modelo agropecuario hacia afuera y el de industrialización hacia adentro. Una puja que nació tibiamente en la década del ´30, pero que el peronismo de los ´40, puso en el medio del debate político, no solo en términos económicos, sino principalmente, por el rol político otorgado a la clase trabajadora.

El otro aspecto central es el nombramiento de CEOs de distintas empresas, en el gabinete nacional, marcando un hecho casi inédito, pero que lo emparenta en ese aspecto, con la lógica empresarial – modernizadora, de la presidencia de facto del gral. Onganía. Como bien documentaron en Página/12 Alfredo Zaiat (La CEOcracia) y Fernando Krakowiak (El país atendido por sus propios dueños), los gerentes pueblan las oficinas de los ministerios, poniendo en jaque el principio aquel que coloca al Estado como mediador (dentro de un sistema capitalista, desde luego) entre los distintos intereses presentes en la sociedad, para fortalecer aquella “autonomía relativa”. Es muy difícil creer que el hasta hace poco gerente de una firma de determinado ramo, ocupe ahora la cartera ministerial, olvidando su pertenencia y relaciones en el ámbito privado. Como siempre, para muestra basta un botón. Miguel Angel Punte, ex jefe de Recursos Humanos de Techint, a cargo de la Secretaría de Empleo del Ministerio de Trabajo, tuvo que “mediar” en la UOM y la empresa Siderca Tenaris (del holding Techint), por el proceso de despidos y suspensiones de trabajadores (la necesidad del gobierno que no aparezca beligerante un aliado empresarial estratégico y la rápida movilización sindical impidieron que se mantengan firmes dichas acciones). Entonces, Macri tampoco debería olvidar que la disputa por los modos de intervención del Estado, la tendrá puertas adentro de cada ministerio, y eso no estará exento de ciertas conflictividades que también impactarán en la gobernabilidad. Cuando emerjan intereses contradictorios entre sectores empresarios, todos presentes en su propio elenco ministerial: ¿qué sucederá la primera vez que Macri diga no a algunos y si a otros?

Al mismo tiempo, el atisbo de dos conflictos sindicales sucedidos en los pocos días que lleva a Presidencia Macri (Cresta Roja y los empleados despedidos de la Municipalidad de La Plata), merecieron ambos sendas respuestas represivas. ¿Es la represión como primera respuesta a los conflicto el camino de conducción del país que propone la Alianza Cambiemos? ¿Le es imposible pensar otras formas de articulación de conflictos, en este caso además, de baja intensidad? ¿Qué escenario les espera a los trabajadores frente a las paritarias?

No convocar a sesiones extraordinarias al Congreso de la Nación, como hicieron todos los presidentes en su primer año de gobierno, y propalar la firma de decretos algunos de altísimo impacto, como la modificación de la ley de Servicios Audiovisuales o la designación en comisión de dos miembros de la Corte Suprema de Justicia (o el reciente decreto bonaerense de suspensión de paritarias por 180 días), corrió muy rápido el escenario de un “ni vencedores ni vencidos”, del Gral. Lonardi, hacia el decisionismo de Aramburu (los recientes despidos en áreas estatales o municipales por filiación política, no pareciera estar lejos del viejo espíritu del decreto-ley 3855/55, quedará por ver si irán esta vez por su lucha contra un nuevo “Tirano Prófugo”).

Hay nuevos aires de época. La Patria ya no es más el Otro. Nos enseñarán que La Patria será de aquí en más Uno y que este principio rector se manifestará en forma capilar en cada uno de nuestros registros cotidianos. Pronto las palabras de la “desconocida” filósofa ruso americana Ayn Rand, una de las lecturas referidas de Macri, inundarán nuestros debates (“toda interferencia gubernamental en la economía consiste en conceder un beneficio no ganado, extraído por la fuerza, a algunos hombres a expensas de otros”; “Es el mercado libre el que hace imposibles los monopolios. Si los trabajadores luchan por mayores sueldos, si claman como beneficios sociales, si los empresarios luchan por mayores beneficios, esto es condenado como “avaricia egoísta”).

Seguramente nos sentiremos en un comienzo como aquellos meteorólogos anunciando la alerta de tsunami, y la gente yendo hacia la playa. ¿Deberemos esperar los primeros efectos de la gran ola amarilla para poder empezar a debatir sobre la nueva etapa? La historia es más larga que nuestras existencias y una derrota electoral, solo un evento de un conflictivo camino. Sin embargo, la paciencia (que es parte de nuestro espíritu constructivo), parece que fue rápidamente desbordada.

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Correct Summation

The case synopsis at all times concisely recaps the chief time and primary boosting spots of the systematic base, the complete arc and plenty of important becomes connected with a story, and even the key content and vital things about a visible provider. Authentic bottom line neither of them bids neither judges the original source, focusing as a substitute on getting a decent image than it. A fact summation also can outline for you preceding work completed in an industry; it amounts up the background of that actually work for a narrative. Have a look at such as legitimate overview-typically only a few sentences, infrequently over a section-inside your essay after you launch a completely new provider. In this way, you advise prospective customers of author’s debate before you can examine it.

Soon after his introduction to an essay on Whittaker Chambers, an essential person in the beginning of the Freezing Battle, Bradley Nash incorporated various sentences summarizing the foreword to his important reference, Chambers’s autobiography. Nash characterizes the style of music and firm up of a foreword on the initial two sentences previous to rapidly detailing, over the following two, the movement of that creative ideas:

The foreword to Chambers’s autobiography is penned by using “A Note to My Youngsters.” On this benefits, Compartments establishes the divine tone that dominates our bodies of his reserve. He actually characterizes the Frigid Combat at a basically usual designer, invoking the words of nation-wide politics and describing the trouble as you concerning “Communism and Liberation.” But as being the foreword moves along, Chambers offers a faith based part that provides to cast the challenge regarding communism and capitalism as the method of holy battle.

Virtually every essay also calls for snippets of right overview in the process to “navigate” subscribers-to introduce the crooks to characters or pundits they haven’t but still fulfilled, to help remind them of products they must remember to understand your matter. (The underlined key phrase from the section launching Nash’s summation is a good example of orienting data.) The case overview is usually required to establish a circumstance for a statements, the body of referrals you make on your launch. An essay looking at the “workable earlier” brought to life by the Vietnam Veterans Memorial, to provide an example, would possibly start with temporarily summarizing the history of the notion of a useful history, or by summarizing the view of a prominent theorist on the topic.

Interpretive Brief summary

Many times your essays will necessitate interpretive summing up-overview or overview that together informs your reader from the content material from your provider and produces a point about it. Interpretive summary is different from authentic brief summary by putting a “twist” over the substances, getting your reader clues about your evaluation of a resource. It can be and so ideal to specifications of number one sources that you just want to analyze. (In case you set up an interpretive rewrite using a necessary supply at the time you actually tackle it, you danger distorting it on the little blue eyes within your reader: a form of scholastic dishonesty.)

The interpretive brief summary in this article is derived from an essay reviewing a Civil Battle image in light of Lincoln’s Gettysburg Street address. The essayist, Dara Horn, realized she found it necessary to express the photograph but which simply “jogging because of” its information would bewilder and bore her people. So she uncovered the point of her detailed description in a set of matter sentences (substantial underline), summarized details of a picture (increase underline), and gifted the brief description some interpretive “” spin “” (all the way through).

As distrustful moderns, we often have difficulties accepting sketches or artwork as cultural data, but we usually tend to rely on pics the way that we believe in decorative mirrors; we merely embrace them to be the honest truth. Alexander Gardner’s photo Trossel’s Residential home, War-Industry of Gettysburg, July, 1863 would possibly that is why be observed as information other than commentary. Compared to a number of Gardner’s other “sketches,” this imagine involves no beautifully placed rifles, no artistically angled stream, no well-posed adult males in standard-truly, no individuals after all. The photograph’s composition could scarcely become more prosaic; the horizon slashes the photo by 50 %, additionally, the subject matter, a white colonial-fashion household, is found smack through the centre. To date this simple, approximately naive standpoint collections the viewer up in the photograph’s stealthy scary. Initially, the photo seems to be a portrait connected with a house, possibly even an inadequate portrait to a apartment; from a Osketch bookO of conflict, a particular might turn appropriate by it in to the gory pictures pre and post. Although the terror in that photo is based on its overdue shock, the gut-wrenching astonishment whenever the lumination on the apartment leads the attention in to the soft on the fence as well as viewer notices how the lawn fencing is shattered, and next thatthe garden is usually a chaos, littered with-what exactly many?-horses, departed horses, twelve deceased horses. What must have came about custom writing co uk to topple a dozen nine-hundreds-lb horses, and whereby are the people who rode them? Crushed under? The viewer doesn’t know, given that Gardner’s picture doesn’t tell us. All we notice is really a dwelling, a harmed fence, 12 gone horses, in addition to an vacant skies.

Some Cautions

Remember the fact that an essay that argues (instead of just quite simply clarifies) purposes bottom line only sparingly, to remind people regularly of fundamental tips. Summing up must always improve your discussion. When lecturers generate “an excessive amount of brief summary-far more assessment needed” with the margin, ordinarily they signify the essay stories what you’ve studied rather than argues a product to fix it. Two related dilemmas produce this case. The first is a thesis that isn’t a real thesis instead a statement of a little something very clear relating to your content-a outline. (The obvious can not be stated.) An announcement in the visible is likely to energy more deeply detailed description, which results in the actual 2nd dilemma, a format that sometimes follows the chronology within the provider sms from beginning to end or maybe just databases instances coming from the foundation. Not procedure builds an argument.

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En todo estás vos

globo

Escribimos Mariano Fraschini y Nicolás Tereschuk

En el primer balotaje de la historia argentina el candidato de la Alianza Cambiemos Mauricio Macri derrotó por escaso 2,8% de los sufragios  al oficialista Daniel Scioli. La diferencia de 700.000 votos a favor de candidato amarillo muestra lo reñida de la elección y la paridad que tuvo esta compulsa evidencia que la legitimidad de origen del nuevo presidente es más acotada que lo que preanunciaban las encuestas y los boca de urna difundidos en  las horas posteriores al comicio. A las 19.30 se dieron los primeros datos, como se había prometido, y con una tendencia irreversible, el candidato oficialista reconoció su derrota dos horas después. Por primera vez en la historia, una agrupación política con los colores y la ideología de centro derecha llega al gobierno con mayoría de votos. Estos es un dato en sí mismo. A continuación, observamos estos otros:

Comienza una nueva etapa política en el país. Un nuevo ciclo.  Y nos siguen quedando preguntas de cara al pasado reciente y el futuro. Sobre todo en un país en el que, entre otras cosas, lo que se vota es “capacidad de gobierno”. ¿Estaba el Frente para la Victoria en condiciones de gobernar cuatro años más? ¿No estábamos ya algo cansados de la dinámica de “bancar” (que es lo que hace un oficialismo) ¿No estábamos un poco desgastados de administrar y gobernar conflictos? ¿No sería bueno poder recuperar un poco más la dinámica de militar las calles, los barrios, las charlas, las plazas y los conflictos vistos del otro lado del mostrador? Si la respuesta es “no”, el país y la Historia nos ponen igual nuevamente en ese lugar. La hoja de ruta será esa. No hay que romperse mucho la cabeza. No hay mucho más para dudar. Como dijo alguien alguna vez “mi empresa es alta y clara mi divisa; mi causa es la causa del pueblo”.
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El domingo, Daniel Scioli

Daniel_Scioli_2015

 

Porque están los trabajadores.

Porque están los sindicatos.

Porque están los estudiantes.

Porque están las universidades nacionales.

Porque están los científicos.

Porque están las pymes.

Porque están los artistas.

Porque están los “sueltos”.

Porque están los organismos de derechos humanos.

Porque está el apoyo de los presidentes de nuestra región.

Porque están los peronistas que advierten que es “muy difícil” votar al otro candidato.

Porque está la izquierda y los defensores de “nuevos derechos” que no creen que cuanto peor mejor.

Porque está el mercado interno y una presencia del Estado que no conocimos cuando éramos jóvenes.

Porque no tenemos miedo de los 90s, pero tenemos memoria y ahora tenemos hijos.

Porque estamos juntos ahora y vamos a seguir juntos.

Porque esta es nuestra casa, nuestra identidad, nuestro único hogar.

Por todo eso, el domingo, Daniel Scioli.