Mendieta

Abrir la puerta y jugar con todos

Hay un dato interesante para  resaltar en la encuesta que La Nación publicó acá (por supuesto si damos por válida la muestra en sí y el análisis posterior que se desprende de ella. Y no tenemos por qué dudar, verdad?). Es esta frase de Caterberg:
“…se observa un detalle relevante, que es la ausencia de componentes ideológicos. Al Gobierno se le reconocen virtudes o defectos sólo relacionados con medidas. Es un plano muy diferente al de ámbitos políticos, donde se asegura que la variable ideológica es fundamental”.
Por cierto, no nos pongamos en puristas acerca de la imposibilidad de “políticas a-ideológicas”. Dejemos que los analistas sigan autocomprándose ese barbarismo (en el mejor de los casos) o esa operación, precisamente, ideológica. Y lo dejamos puesto que para nuestra hipótesis es (risas) funcional.  
El hecho de que el fuerte de la recuperación de la imagen positiva y, por consiguiente de la intención de voto del oficialismo (aunque nunca debemos dejar de recordar, por San Artemio, que no es una traslación mecánica, eh) están sustentadas principalmente en la gestión del gobierno y en la adopción de medidas “populares”, no es una novedad. Hace rato que muchos dicen y decimos: gestión, gestión, gestión. AFJP, gestión; AUH, gestión; ley de medios, gestión; impulso macro al consumo, gestión; etcétera, gestión.
Sin embargo, no está de más valorar también algunos cambios -sutiles, módicos, paulatinos, progresivos- en el modo de intentar acumular políticamente esas medidas de gobierno. Y esos cambios tienen mucho que ver con lo simbólico, con lo comunicacional (con perdón de esta palabrita tan maltratada). Pareciera que, aunque más no sea embrionariamente, el oficialismo está saliendo del que alguna vez denominamos “mal del colador de fideos”: así como entran los apoyos, se van.  Durante bastante tiempo, el oficialismo kirchnerista pareció sufrir este problema: la necesidad de tirar a la esfera pública medidas cada vez más audaces, cosa de que el chorro de agua de los apoyos crezcan, pero al mismo tiempo crecían los agujeros del colador y siempre hay que volver a empezar de cero.
¿En qué noto estos cambios? Centralmente en un discurso, a grandes rasgos, menos confrontativo. Mayor hincapié en los logros que en los “enemigos”  que los dificultan o los combaten. ¿Se podría mejorar este cuerpo discursivo? Por supuesto: como siempre, la fuerza gobernante sabe contar de dónde venimos, lo que se hizo y lo difícil que fue hacer todo eso, pero sigue adoleciendo de un “horizonte de futuro”, el “queremos ir acá”. Cuando la presidente o Néstor Kirchner dicen “hay que profundizar el modelo” o “falta mucho por hacer” están dando cuenta –por su propia ausencia- de esta falta. Cuando hablan del “fifty-fifty” están un poco más cerca, pero no alcanza.
Bien. Dicho estas cosas quizás sea un momento interesante para volver a reflexionar algo que ya fue dicho varias veces, de diversas maneras y por diversos autores, en este lugar: ¿hay, del 2003 hasta aquí,  avances políticos, económicos, sociales e institucionales que sea quien fuere el próximo gobernante no pueda volver atrás? ¿Cuáles son las “conquistas” del kirchnerismo luego de dos gobiernos?
Y por qué volver con esto? Porque quizá es un buen momento (si creemos en las encuestas) de lanzar esta pregunta más allá de las fronteras del oficialismo y buscar algunos consensos estructurales con otras fuerzas políticas. Una especie de, si me permiten, “Piso de la Moncloa” que sea capaz de establecer algunas cosas como “políticas de estado” hacia adelante más allá de que fuerza sea gobierno (asignación universal por hijo?, política de inclusión previsional?, qué más?)
Algunos podrán decir: ¿pero no es mejor ofrecerse como los únicos capaces de mantener esas conquistas ante el electorado? Y yo podría responder: lo hecho, hecho está. Es tiempo de ofrecer nuevos desafíos superadores y armar una nueva agenda.

Es, como diría Mario Wainfeld, momento de “pasar de pantalla”. Yo prefiero decir “abramos la puerta y vamos a jugar”.

Juicio Político a Macri: ¿se puede?, ¿se debe?

Parece una pregunta tonta. Bueno: lo es. Claro que se puede, más aún luego de la confirmación del procesamiento dispuesto contra Mauricio, iniciarle un juicio político.

Pero empecemos por el principio: acá vamos a escribir sobre si es posible hacerlo o no y cómo se inicia un Juicio Político y casi nada diremos sobre si se debe hacerle juicio político. Esa es una posición, ja, política, y para saber nuestra opinión deberán esperar hasta el final de este post que –sin lugar a dudas- va a entrar en el top five de los posteos más embolantes del mundo. Si el derecho es de por sí medio aburrido, ni te cuento lo que son los reglamentos parlamentarios.

Hasta este momento, casi todos los representantes de la oposición se han pronunciado a favor de la conformación de una Comisión Investigadora Especial (en adelante CIE) que evalúe y profundice (¿?) las responsabilidades en torno del caso de las escuchas ilegales, y hacia ese sentido parecen dirigidas las acciones en la Legislatura.

Algunos legisladores plantean que la CIE es la única opción posible y que no puede intentarse el camino del juicio político al Jefe de Gobierno, en virtud de la composición política del Poder Legislativo de la Ciudad. En criollo: no dan los números.

La pregunta es: ¿Es verdad?

Veamos algunos aspectos concretos del procedimiento de Juicio Político. En los sistemas unicamerales, como el de la Ciudad, el poder legislativo se divide a través de un sorteo en dos partes. La Sala Acusadora (45 miembros) es la que decide iniciar el juicio político y acusar, y equivale a la función que cumple la Cámara de Diputados de la Nación, en este procedimiento. En su seno funciona la Comisión Investigadora de Juicio Político (en adelante CIJP) –de carácter permanente- que equivale a la Comisión de Juicio Político de la Cámara de Diputados. La Sala Juzgadora (15 miembros) sería el reflejo del Senado de la Nación, y cumpliría su función una vez iniciado el juicio político.

Pero el punto que quiero resaltar es el siguiente. Cualquier diputado puede presentar un proyecto solicitando que se inicie la investigación sobre la posible causal de mal desempeño o comisión de delito doloso, y para ello no requiere ninguna mayoría especial. Una vez presentado el proyecto, debe ser girado a la CIJP de la Sala Acusadora -prevista en el artículo 93 de la Constitución de la CABA. Allí, los 13 diputados que la integran, deberán avocarse a su estudio y establecer con amplias facultades de investigación –de acuerdo a lo que establece su propio reglamento, hoy vigente- si hay elementos para elevar a la Sala Acusadora un  dictamen que solicite el inicio del juicio político.

Y es la Sala Acusadora, y no el plenario de toda la Legislatura, la que debe decidir con una mayoría de al menos 30 de sus 45 integrantes, si corresponde acusar. Y entonces, recién ahí, comenzaría el juicio político propiamente dicho, con la suspensión provisoria del acusado en sus funciones.

Insistimos: la Comisión Investigadora Especial que algunos legisladores pretenden crear, está contemplada en el artículo 83 inc. 2 de la Constitución local. Pero previamente debe ser creada por el pleno de la legislatura para comenzar a funcionar y para ello se necesita la mayoría simple de los diputados presentes. Sus decisiones, luego del largo derrotero que insuma la investigación, no serán vinculantes. Dos ejemplos históricos son: la CIE de Lavado de Dinero, que funcionó en el ámbito del Congreso Nacional; y la CIE de Cromañon, en el ámbito local. Esta última investigó previamente el caso referido, emitió un dictamen recomendando el giro del expediente a la CIJP y recién después empezó el camino que culminó con la destitución del Jefe de gobierno de aquel entonces.

Ya sé, es un lío: las dos se llaman Comisiones Investigadoras. Pero son dos cosas diferentes. Y de esta diferenciación necesaria pueden desprenderse caminos con implicancias políticas variadas. Ejemplos: a) La legislatura podría optar por investigar el caso que involucra a Mauricio Macri a partir de la creación de una CIE (con el número de legisladores que decidan integrarla, incluso con una posible mayoría macrista) y luego de finalizada dicha investigación avocarse a la evaluación del inicio de un juicio político en el seno de la CIJP. Hay que destacar que si bien la legislatura puede hacerlo de este modo, el primer paso no es condición para llegar al Juicio Político; los dictámenes que de aquella surjan no serían vinculantes.

b) Otra posibilidad sería que los legisladores, uno o varios, optasen por iniciar una investigación en el seno de la CIJP (que ya cuenta con un Reglamento interno que le otorga amplias facultades para eso) que desembocara en uno o varios dictámenes que propongan, o no, la acusación. En este supuesto, la Sala Acusadora en pleno, con sus 45 diputados, debería decir qué hacer. Para acusar e iniciar el juicio político, repito, requiere el voto afirmativo de 30 diputados, no 40 como suele escucharse o leerse por ahí. Actualmente los legisladores del PRO en esta  Sala son 19. Pero te quiero ver con el proceso iniciado. Ahí hay que tomar lista todos los días.

Dos cosas para terminar este embole:

1.    Señores legisladores de la oposición: La CIPJ todavía no ha sido integrada. Sus 13 miembros deben ser designados, en función de la proporcionalidad política, por la Sala Acusadora. Un rápido conteo arroja como resultado que el PRO contaría tan solo con 5 o 6 diputados y no lograría garantizarse el quórum propio que le permita un manejo autónomo del desarrollo de la investigación en esa estratégica Comisión.

2.    Todo muy lindo, dirán, pero: ¿Usted dice que hay que hacerle Juicio Político a Macri o no? Señora, señor, vecina, vecino: vio como somos los populistas. Adonde nos apuran un poquito nomás, sacamos a relucir que la soberanía primera y última está en el voto popular y que lo que nos gusta es ganar elecciones y no votaciones de comisión. Para eso están los republicanos, tan amigos de los intersticios de las bibliotecas jurídicas. Pero ojo: también sabemos meternos ahí cuando queremos. Y, volviendo al principio: se trata de una decisión política de los legisladores. Y acá no hay ninguno.

Canción Urgente para Sudáfrica


Hay que apurarse y decirlo. Porque el domingo puede ser tarde. Hay que escribir ahora, con urgencia, pensando en lo que viene mañana. Y la urgencia no permite las largas introducciones ni circunloquios innecesarios (como todo tipo de circunloquio, por cierto). Por eso hay que animarse a decir lo que hace falta decir e ir al punto. O a los puntos, para ser más precisos.
Alguien tiene que hacerlo y acá hay un pecho gaucho dispuesto a bancar la parada.
Hace poco más de un año, luego de las eliminatorias, ya casi nadie daba un peso por el equipo. Los que siempre habían apostado a la caída del cuerpo técnico se solazaban con un rendimiento desparejo, a veces contradictorio e inestable. Tenían como aliados, cuando no como inspiradores, a la enorme mayoría de los periodistas especializados y de sus patrones, los dueños de los medios: sabemos que el éxito vende bien un día, pero el fracaso y la polémica dan para una semana. Algunos desembozadamente, otros por lo bajo, apostaban decididamente a un recambio antes de tiempo.  Incluso los que siempre habían bancado el ciclo actual mascullaban por lo bajo sus resquemores: no alcanza con el resultado, se trata de jugar bien y recuperar una línea clara de juego.
A pesar de este panorama desalentador, en silencio, sin comunicar bien ciertas decisiones o planes para el futuro, apelando siempre a la sorpresa e incluso a la desorientación, la cosa empezó –tibiamente, incipientemente- a darse vuelta. Primero se acomodaron ciertos melones sobre el funcionamiento del cuerpo técnico: tal es manager, tal es DT, estos son los ayudantes. Luego se jugaron algunos partidos que eran mucho más que preparación para el futuro. Esos partidos eran el futuro, puesto que el resultado  de los mismos pasó a ser tan importante como el esquema de juego que se avizoraba.
Justo es recalcar aquí dos factores importantes: la hinchada empezó a identificarse con la propuesta nuevamente, una propuesta que apelaba a la mejor tradición histórica de nuestro país, y empezó a manifestarlo explícitamente.  Y todos sabemos que no hay mejor forma de construir una identidad colectiva que el contagio. También –quien sabe si causa o efecto de lo antedicho- ciertas voces a favor empezaron a escucharse entre la monotonía mediática.
Así fue, sintetizando, como llegamos a este presente diferente. Un presente por el momento venturoso y esperanzador luego de estas últimas victorias y sus correspondientes y justos festejos populares. Carajo: a veces nos merecemos festejar antes de seguir pensando en la próxima ronda. Pero, que siempre hay un pero, esa borrachera momentánea nunca debe impedir que pasada la resaca, a la mañana siguiente, tengamos la suficiente autocrítica para alejarnos un poco de las pasiones desatadas y veamos los riesgos que corremos. Porque hay que decirlo: corremos riesgos.
Corremos el riesgo de los que ahora se suben al carro y les parece todo maravilloso, perfecto, incriticable. Y esos pueden ser muy peligrosos: no hay nada más nocivo, digo diego,  que los chupamedias y los alcahuetes. Más que la necesaria confianza, sus alabanzas desmedidas pueden ocasionar en el plantel una tendencia al autobombo y al aislamiento. Porque una cosa es estar concentrado y otra muy diferente el encierro.
Y dejo por un momento los factores externos y puntualizo en el equipo, que, como todos sabemos, son los que salen a la cancha. Insisto: los riesgos, como las brujas, señoras y señores, existen. Hay momentos del partido  en que se cae en baches de funcionamiento, que las líneas no coordinan bien entre sí, que vuelve a extraviarse el verdadero objetivo: salir campeón, trascender históricamente. Claro que valoramos los jugadores que, huevo, huevo, van al choque, muerden, raspan. Pero qué maravilla cuando hay juego asociado, pelota bajo el pie, cambios de frente, triangulación, buena comunicación. Confieso que en esos reducidos instantes en que hay sutileza en la cancha he llegado a emocionarme. Quizá la emoción esté dada por lo inhabitual de la sutileza: un caño, un taco, la magia de los elegidos. Y sí, parecerá pretencioso lo mío y me dirán: los goles valen siempre uno, se haga de chilena o atropellando y metiéndola con un muslazo. Es verdad, diré. Pero también  vale decir que a la carga Barracas podrás ganar un partido, pero difícilmente un campeonato.
Podría profundizar, puesto que el tema da para mucho más, pero hay códigos en esto. Hay cosas que sólo se hablan en el vestuario, con los muchachos.
Además, francamente, seguir hablando del kirchnerismo y de política cuando en unas horas juega la Selección de Diego los octavos de final en Sudáfrica es un poco desubicado.

Segundo tiempo: Sale Laclau, entra Gramsci

En el número anterior de la revista Debate hay un interesante artículo de su director, Marcelo Capurro, con el sugestivo título de “¿Y si hubiera kirchnerismo para rato?”. La pueden leer, pero la síntesis es más o menos esta: “es razonable que uno se preocupe más por las reacciones mediáticas que por las de cualquier otra clase” en caso de que ganara el kirchnerismo en 2011.

Pero desde hace un par de semanas, y aún más luego de los actos del Bicentenario, vengo pensando en esa hipótesis de continuidad con preocupación por dos motivos:

Primero, porque no soy de aquellos que -motivados por algunas recientes encuestas con cierta suba en la consideración del oficialismo- creen que el triunfo electoral está a la vuelta de la esquina o, mucho menos aún, garantizado.  Esa actitud es el reverso exacto de la moneda de aquellos sectores opositores (y algunos oficialistas) que decretaron el fin del kirchnerismo luego del conflicto por la 125, luego de las legislativas de 2009 y luego de la conformación de las comisiones en Diputados y senadores. Y así como el oficialismo supo, en cada uno  de esas circunstancias, ya sea por aciertos propios o por errores ajenos (¿cuándo aceptarán nuestros analistas y editorialistas esa cosita de la dialéctica y que no hay error propio sin acierto ajeno y viceversa?), encarar medidas de gobierno que lograron cierta recomposición del tablero, nada indica que lo mismo, pero a la inversa, puedan lograr los hasta ahora fragmentados sectores opositores. O sea: recomponerse.

Segundo, porque pensar la política como un partido que se juega día a día puede ser necesario para darse ánimos, generar cierta mística entre los funcionarios y los militantes y hasta para enfrentar con sus propias armas a los medios (si aceptamos que ellos son la principal oposición, cosa en la cual no estoy de acuerdo. Pero esa es otra cuestión: los medios masivos son un entramado de intereses económicos de los cuales forman parte y los exceden). Pero la política es mucho más compleja que una reunión de cierre de tapa o el minuto a minuto del rating de TV.

Varias puntas de análisis podemos abordar de lo escrito en los párrafos anteriores y sólo vamos a dar un somero pantallazo, ya que cada uno de ellos amerita largas reflexiones impropias para un solo post:

-          La centralidad de la disputa oficialismo/medios de comunicación  recorta el campo de análisis estrictamente a la coyuntura, al día a día y, por ende, lo empobrece. Achacarle esto a los medios es banal. Los medios, el periodismo, “es” coyuntura, tanto más debido al empobrecimiento de calidad analítica que sufren la inmensa mayoría de los editorialistas. Si descendés al barro de la batalla no solo te ensuciás sino algo peor: perdés perspectiva. Y así como es inútil pretender una mirada a largo plazo en los medios nunca estará de más reclamárselo, al menos, a los dirigentes políticos. También debiera ser una preocupación de los militantes.

-          El oficialismo es mejor, más inteligente y más audaz cuando está mal que cuando está bien. Tiene más reflejos para el contra ataque que para salir administrar el resultado cuando va ganando. Así fue con la estatización de las AFJP, la Ley de Medios y varios etcéteras similares. Casi podría decirse que es su espíritu fundacional: nada más que el 22%. Es como esos equipos que necesitan que cada tanto le hagan un gol, o incluso hacérselo en contra, para sentir el cachetazo y despertar. Lo cual, ahora que pareciera viene repuntando, no está mal hacer notar críticamente.

-          Cuando, después de cada elección general, hay vencedores y vencidos, cada fuerza política se toma el tiempo del pase de facturas internas. Los ganadores imponen condiciones hacia el resto de sus partidos a quienes habían sido sus rivales internos. Los perdedores van, por cierto que siempre resistiendose, dando lugar a nuevas caras (salvo en el radicalismo, claro, je, donde la renovación de Cobos en provincia de Buenos Aires es Storani y Moreau. Así están). ¿Cómo procesarán los medios masivos opositores una hipotética derrota a manos de Kirchner en 2011? ¿Habrá renovación de sus líneas editoriales? ¿Pasarán a retiro a los Morales Solá, los Grondona, los Van der Koy, los Roa? (estoy hablando de editorialistas, así que ni se les ocurra preguntarme por qué no pongo a Majul en la lista, eh).

¿Por qué escribo estas cosas para que pensemos colectivamente, se preguntarán algunos?

Bueno. Primero porque en el título está mi elección para el segundo tiempo del Mundial. Segundo, porque ya pasaron los festejos del Bicentenario y alguien se tiene que ocupar de empezar a pensar, aunque sea, en el mediano plazo. Cómo van a ser los festejos del Bicentenario de la Independencia en 2016 y quién los va a organizar, ponele.

Bloguerismo zen

Tengo tanto para decir que lo voy a hacer lo más corto posible, pero va a ser un cachivache. Me doy por muy representado, en cuanto a la respuesta de los blogs a ciertas acusaciones que se han puesto de moda, con la columna de Página12 y este post de Artemio.

¿No se dan cuenta que nos reímos de nosotros mismos primero y luego de todos los que repiten como loros esas pavadas?

Quienes simpatizamos o somos militantes políticos que vemos que el gobierno nacional nos representa tenemos una obligación política muy importante en esta etapa: ser inteligentes. No entrar en las provocaciones ni, muchísimo menos, generarlas. El gobierno nacional tiene una responsabilidad aún mayor: condenar muy fuertemente todo tipo de manifestación agresiva que se haga en su defensa.

Y lo voy a decir con todas las letras: no importa demasiado (para la opinión pública) si el “escrache” en la Feria del Libro fue hecho por militantes oficialistas o una operación de inteligencia de alguien que quiere cargarle el sayo al oficialismo. Lo que importa es repudiar esas prácticas de modo tan tajante que ningún despistado ignore que, si hay alguien que se perjudica con eso, es, precisamente, el gobierno nacional.

Similar actitud de repudio merecen los “afiches” contra los “periodistas independientes de Clarín”. Los haya hecho quien los haya hecho flaco favor le hacen a la causa nacional y popular. (Dar en este momento, la batalla cultural acerca de si esos afiches constituyen una agresión o amedrentación -tal la posición inteligentemente asumida por los voceros de Clarín- es inútil. El sentido común no está de este lado y es jodido de revertir. Nadie politizado seriamente se cree “el miedo” de algunos periodistas o dirigentes políticos, cual si estuviéramos en la antesala del nazismo. Es pour la galerie. El problema es que se lo pueden llegar a creer muchos ciudadanos “de a pie”. Y eso no está bueno.

Por último: un párrafo acerca del “juicio popular” organizado por las Madres para hoy a algunos “comunicadores”: (me es tan difícil escribir esto y criticar a las Madres) Me parece políticamente un error. Porque así como tienen todo el derecho del mundo, en virtud –precisamente- de algo llamado libertad de expresión, de realizar un acto político como quieran y donde quieran, también es cierto que no colabora esa movida con la necesidad de que todos bajemos un par de cambios.
Un dato al pasar: este acto de hoy de las Madres pone muy de manifiesto la falsedad de que “los organismos de derechos humanos fueron cooptados por el gobierno”. Los organismos de derechos humanos tienen una trayectoria histórica por demás importante como para que se los acuse así tan livianamente. Acá un ejemplo: hacen algo que perjudica al gobierno en amplísimos sectores de la sociedad.

Somos nosotros, los execrables oficialistas, quienes debemos ser muy tajantes en cortar esta escalada de crispación. En esto soy muy primario, muchachos. Una especie de abominable pragmático: ¿a quién le hace mal estas cosas? Claro, al Gobierno. Listo.

Por último. Y para todos los que dicen huevadas acerca de que estamos condicionados para escribir en los blogs por ser “oficialistas”. Los desafío a que me muestren un blog macrista o de Carrió en donde se haga una crítica del gobierno de Macri o a Lilita. O un diario en donde se critique la línea editorial del mismo.

24 de Marzo: Reconciliación ya!

Se cumplen hoy 34 años del último golpe de Estado que sufriera nuestro país. 34 años del inicio de la más sangrienta y asesina dictadura militar que nos tocó vivir. Y nos tocaron varias, eh.

34 años. Mucho tiempo transcurrido, mucha agua bajo el  puente. Muchos eslabones –quienes esto leen seguramente saben de cuáles hablo- que fueron construyendo la historia de estas tres décadas de democracia.

Últimamente han aflorado algunas voces que reclaman, por el bien del país, mirar al futuro y postular una “reconciliación”.

Desde aquí queremos darles la razón y decir:

Reconciliación ya con la memoria!

Reconciliación ya con la Verdad!

Reconciliación ya con la Justicia!

Reconciliación ya, y para siempre, con la vida.

Eso sí: no cuenten con nosotros para reconciliarnos con la muerte y el terror. A esos, por un Bicentenario sin impunidad, Juicio y Castigo, ya!

Precisamente, porque  estamos construyendo, con memoria, verdad y justicia, el futuro de nuestro país.

Yo no canto por vos, le canto a la zamba

Hoy por hoy, se hace difícil separar la paja del trigo. Si estamos condenados a seguir la actualidad política a través de los medios masivos, vivimos un momento en que poder discernir entre qué cosa es información cruda, qué cosa es simple especulación, cuál una operación y cuál no es más que humanísimo deseo de los editorialistas, se torna complicado. Una tarea titánica para los sufridos lectores. Por ende, es bastante probable que lo que reflexionemos tienda a estar equivocado. Pero qué tanto, acá no somos tan serios como ellos y vamos igual con algunos apuntes y especulaciones:

- El momento es de clara zozobra para el oficialismo. Pareciera que se encamina a perder la mayoría en el Senado de la Nación al igual que perdiera la superioridad en diputados (por cierto, resulta que ahora el Congreso no es más “una escribanía” y que pusieron una sucursal de algún parlamento nórdico o británico. Ah, no. Cierto que el británico siempre es oficialista, perdón).

- La oposición seria verdaderamente existente –que no es precisamente la política, sino la corporativa de distinta laya, AEA, Mesa de Enlace, UIA, etc. y es seria precisamente porque tiene poder real- toma nota de que todos los indicadores apuntan a un repunte de la economía durante 2010. Por ende, parecieran dispuestos a desgastar aún más al gobierno ahora que está débil. No sea cosa que estos guachos se recuperen. El objetivo es bastante transparente (y aquí es donde hay coincidencias objetivas con la inmensa mayoría de la oposición política “por derecha”): que sea este gobierno el que haga el trabajo sucio del ajuste antes de 2011. Al menos así es como yo entiendo las trabas puestas desde ese lado a la aprobación del Fondo del Bicentenario: así que quieren esa guita para seguir inyectando fondos a la economía? Je, minga.

- En paralelo, la historia conocida de nuestro país: el reparto de la torta se dirime a través de la inflación. Así que Subsidio Universal de 180 mangos?, así que hay paritarias de vuelta? Je, vení, gastalos en carne mami.

Antes que salten diciendo que no soy “objetivo”: el gobierno parece en una encrucijada donde no queda claro si es su accionar político equívoco el que horada su gestión cotidiana o es al revés. Como sea, discutir o debatir si ese desgaste es por errores propios o por avances de las múltiples oposiciones no es el objeto de este post: hay ríos de tinta que se dedican a hacer la preautopsia del kirchnerismo así que se los dejo a ellos. Pueden consultar a Van der Kooy, Majul, Bonelli, Moralés Solá o Mariano Grondona (por cierto Mariano, “queridísimo amigo”, me llegó una carta tuya al laburo que me muero de ganas de contestar, pero soy un caballero). Aunque si es por mí, me sigo quedando –en especial para ver críticas sensatas al oficialismo- con Verbistsky o Mario W. Sólo voy a decir dos cosas: a) se diluyen sin pena ni gloria –en términos de acumulación de consenso social- ciertos espasmos bien audaces de reacción política del segundo semestre de 2009 al no poder articular un sendero discursivo comprensible para las mayorías populares ni tan siquiera para sus propios simpatizantes, militantes y adherentes. Esto se escucha por ahí: “y qué se yo, no entiendo nada ni para dónde vamos”; b) Cada quien pondrá en los platos de la balanza su propia subjetividad y yo solo diré que en política –como en la vida- nada es nunca por una sola razón.

Por el lado del combo radicalismo-cobismo- coalición cívica la patética imagen del posicionamiento de cortísimo vuelo, con el cruce cotidiano de declaraciones en donde Cobos es mimado por la UCR, pero atacado por Carrió, pero cruzado por Ricardo Alfonsín, pero defendido por Aguad y así sigue la ruleta de la santa gacetilla de cada día, todo como un adelanto de las inmensas dificultades que tendrán a la hora de dotarse de cierta mínima organización que les permita competir dignamente en la próxima elección presidencial. Pero ojo: no estoy diciendo que no puedan lograr un armado conjunto (aquí pongo mis fichas en una obviedad: Cobos candidato por la UCR y los radicales descontentos con el traidor de Cobos esperando lo que mejor saben hacer: empezar a hacerle la interna el día antes de que sea ungido candidato).

Similar hoguera de vanidades se visualiza en el peronismo disidente. Que Duhalde candidato, que Solá apurando a Lole, que De Narvaez (interesante como Clarín empezó a hablar del “diputado peronista”) a presidente, que si  él va yo sí voy también pero más a menos. Lo único que pareciera quedar claro hoy por hoy -claro que hoy por hoy no es gran cosa- es que la candidatura de Reutemann  es la única que sí podría ordenar este conglomerado del PJ disidente con potencia e incluso mover los cimientos del PJ “oficial”: Lole, Solá de vice, De Narvaez gobernador, Macri por la reelección en la ciudad.

Eso sí: en ninguno de los dos polos previamente descritos, nada que se asemeje a algún esbozo de proyecto de país para ofrecerle a la ciudadanía. Sólo la más rancia oposición al oficialismo gobernante y el seguidismo rastrero de la agenda impuesta por los multimedios formadores de opinión. Es más: si el kirchnerismo no existiera tendrían un problema monumental -parezco López Murphy, mo-nu-men-tal-y debieran destinar todos sus esfuerzos en inventarlo.

Por último, un párrafo para la centroizquierda, tanto la más cercana al gobierno como la opositora: así como la figura de Reutemann es aquella de la que podrían depender para su organización en el centroderecha, es la decisión que tome o deje de tomar Néstor Kirchner la que influirá decisivamente la centroziquierda en el camino que deban elegir hacia 2011. Y acá insisto en que es la fuerza política de Sabatella quien mejor sigue expresando el estrechísimo y peligroso sendero de la autonomía y la independencia. Apuesta riesgosa por demás, pero apuesta de mediano plazo que merece ser resaltada por su coherencia en medio de tantos cultores del minuto a minuto de los estudios de TN.

Dicho todo esto, que no es más que un esbozo desordenado sobre el mapa político actual. ¿debiéramos tener alguna preocupación? Bien, esbozaré la mía: no se trata aquí solamente de si el próximo gobierno gira a la derecha, al institucionalismo, al republicanismo, a la reafirmación del proyecto existente o al carajo. Se trata de que, sea el que sea, llegará montado sobre una nueva oleada de escepticismo sobre la capacidad de la política –y de los políticos- de dotar de respuestas a las demandas populares.

Y eso, para los que tenemos la convicción de que sólo la política es instrumento de cambio en democracia, siempre es una mala noticia.

¿Y si Mauricio no fuera un boludo?

En estos días se han tejido más de una hipótesis en busca de una explicación a ciertas decisiones políticas que ha tomado Mauricio Macri. Ya sea con respecto al escándalo de las escuchas ilegales emanadas de la nonata Policía Metropolitana, ya sea del flamante nombramiento de Abel Posse como ministro de Educación de la Ciudad.

En general, todas ellas se pueden circunscribir a diversas variantes de un mismo diagnóstico de base: Mauricio es torpe, se equivoca, no entiende de política, etcétera.

Sin embargo, me parece erróneo homologar los dos hechos. Mientras el tema de Ciro James saltó a la luz pública contra su propia voluntad –o al menos así lo indica lo conocido hasta el momento-, el impulsar a Posse como funcionario y sostenerlo a pesar de la oleada de críticas recibidas es, sin lugar a dudas, una decisión meditada.

Si bien podemos especular con que Macri desconocía los lineamientos ideológicos del ex embajador –reforzando así la teoría del Mauricio nabo-, quisiera ahondar en otra perspectiva.

Como bien hace notar Mario Wainfeld en su columna del domingo, la estrategia de posicionamiento electoral del macrismo fue inaugurar en nuestro país “una derecha cool, que hablaba en lenguaje llano, tuteaba a todo el mundo, usaba el nombre de pila propio para identificarse, tomaba giros de la verba adolescente…”. O lo que es lo mismo: una derecha que niega ser derecha, una derecha orgullosa de su anti-política, una derecha de la blanca primacía de lo técnico sobre la negrura de la rosca y de lo partidocrático, una derecha que viene –muy moderna, aunque un par de lustros tarde- a anunciar el fin de las ideologías. El macrismo original fue –a pesar del mismo Mauricio, que sí es auténticamente de derecha en sus “íntimas convicciones”- una inteligente construcción “centrista” en lo ideológico, “transversal” en lo partidario, políticamente correcta en términos de la identidad cultural que se ofreció a los votantes (recordemos la Gabi MIchetti “progresista” que hizo sus primeros palotes en la Fundación Auyero) y con una marcada apelación a la fuerte desconfianza que nuestra sociedad tiene respecto de los “políticos tradicionales” a la hora de gestionar. “Somos empresarios, por eso sabemos hacer y vamos a hacer” era una red que sabía que pescados iba a recoger.

El único problema de toda esta, repito, inteligente construcción electoral, es que ganó. Y una vez que ganas tenés que gestionar de verdad. Y ahí se van acabando los slogans a la misma velocidad con que la sociedad porteña ve como todo sigue igual o peor. Para colmo, la primer apuesta realmente fuerte y osada de gestión de 2007 a esta parte,  la creación de la Policía Metropolitana, resultó un fiasco y una enorme oportunidad perdida para las instituciones porteñas. Con lo maravilloso que es tener la posibilidad de crear desde cero algo en el Estado (porque administrar el Estado es, en el 90% de las cosas, administrar las continuidades, y para ello basta con ver los presupuestos por jurisdicciones), chocaron el patrullero antes de arrancar, preocupados por las tajadas de las compras y las escuchas telefónicas, mucho más dignas de  un programa de chimentos de la tarde que de un servicio de inteligencia.

Pero volvamos a Posse, a las razones de la designación de Posse, que de eso se trata este post. Cuesta creer que Macri, o al menos alguien de su círculo de confianza, no supiera que se trata de un, otra vez Mario, “homófobo, racista, misógino, autoritario, apologista de dictaduras y represores”. ¿Y entonces por qué?

He aquí la otra hipótesis: hasta hace algunos años, de la derrota de los carapintadas para acá, digamos, todo tipo de reivindicación de la dictadura y del proceso militar era automáticamente censurado por “la opinión pública” sin remilgos. No había margen, en esos años en que Grondona se hizo democrático, para un discurso de ese tipo por fuera de pequeñísimos círculos. E incluso ahí había que decirlo en voz baja, como quien pide perdón por la guarangada que está a punto de decir.

Lamentablemente, estimo que eso está cambiando. Clima de crispación mediante, absurda homologación del gobierno nacional con los Montoneros (absurdos quienes homologan desde la oposición y absurdos quienes homologan desde el oficialismo, claro) y, sobre todo, la concreción de algunas políticas judiciales y públicas que, aún tibiamente, demasiado tibiamente, intentan modificar el modelo de país consolidado desde 1976 hacia acá (Aclaración para lectores con un solo ojo: dije “concreción”, no “intención”. Alfonsín lo intentó al principio. Menem también y rapidito “acentuó”, etc.)
Bien. Yo creo que Macri, obturado el camino por el PJ disidente por los sucesivos desencuentros y temoroso del reverdecer radical con Cobos, está buscando el único nicho que le queda: la derecha. Y ojo: el combo antipolítica más derecha no creo que sea para despreciar en términos de caudal electoral.

Si esta hipótesis fuese aunque sea parcialmente cierta podemos verlo de dos maneras: la mala es que, a pesar de años de una supuesta hegemonía democrática y pluralista, el germen de lo autoritario está aún fuerte entre nosotros. La buena es que la derecha-derecha nunca tuvo en la Argentina expresión electoral. Y por eso hacían golpes de Estado.

Ojalá en 2011 saquen la suficiente cantidad de votos como para que pierdan y la suficiente cantidad de votos para que sigan participando.

Las críticas: ¿Cuánto quieren jugar?

Ya los olfateo.

Van a venir por acá:

- No es verdaderamente “universal” porque no es para todos los chicos, si no para aquellos que por ser hijos de desempleados y empleados en negro no cobran asignación.

Lo cual puede derivar en una discusión filosófica del tipo “el sexo de los ángeles” o la más existencial “el huevo o la gallina”.  En este caso tiene una respuesta un tanto obvia: todo pibe menor de 18 años lo cobrará, ya sea por recibirlo a través de la asignación salarial de sus padres, ya sea por el plan anunciado. Si esto no es universal, llamen a la Paramount.

- El financiamiento con fondos de la ANSES no es sustentable y le sacan la plata a los jubilados.

Oj. Desconozco como para hablar con propiedad. Si es cierto que se pierde una magnífica oportunidad para intentar alguna reforma tributaria de tipo progresiva. Aunque estoy seguro que después de diciembre van a sobrar los brazos de los diputados para gravar la renta financiera, poner impuesto a la herencia, morigerar la reducción de aportes patronales de los 90 y obligar a jueces y obispos que tributen ganancias. Ah, ¿no es seguro eso? Bue, lo del Anses sí. Y los millones de pibes que pasan a cobrar esto y sus papás capaz convencen a algún legislador.

- Desconocen las instituciones y lo sacan por decreto en vez de que salga por el Congreso.

Bue. Digamos que la  institución “decreto presidencial” existe. Y que la oposición decía, con mucha razón, que esto era urgente y que no podía esperar. Y sospecho -sospecho eh- que estuvieron sondeando números en el Congreso, tratando de armar algún proyecto que consiguiera muchos votitos y que cada uno se empecinaba en su propio proyecto, y entonces, bue, sale por decreto. Porque el consenso existía, claro. Lástima que no podía avanzar más allá de los títulos y las buenas intenciones.

- Por qué esperaron hasta ahora, eh? Si ni siquiera lo habían presupuestado para el año que viene. Esto es una clara demostración de que es una medida que no querían y se vieron obligados a tomar.

Ajá. Sí. Pero la tomaron. Cosa que ningún gobierno había hecho antes.

- Esto va  a hacer que esos negros de mierda tengan hijos como conejos para cobrar guita sin laburar.

Cría hijos así Clarín (lo digo por esa nota de “Fábrica de hijos”, recuerdan) y tendrás este tipo de pelotudeces. A ellos, manga de ignorantes racistas, un sonoro y explicativo  “vayansé a la reconcha de sus putas madres” de mi parte.

¿Cuándo nos juntamos a festejar y dónde?

Nosotros y Lo Otro

Hemos aprendido, con los años y la historia y las derrotas, las putas derrotas y los conchudos empates, tristemente hemos aprendido, que no hay revolución posible que cambie de un día para otro todo los que nos jode de nuestro país. Y, como dicen los Calle 13, “digo 50 malas palabras por segundo, porque la verdad es que me gustaría cambiar este puto mundo”.

Y no tengan empacho en correrme por izquierda y acusarme de quebrado, de desilusionado, de derrotado por negar la “posibilidad revolucionaria”. Háganlo. Me chupa un huevo. O los dos, en verdad.

Porque aprendimos que los cambios son lentos, muy lentos, mucho más lentos de los que nos gustaría. Que no todos los cambios siempre son para adelante, que no hay destino prefijado, que no hay “motor de la historia”, que no estamos “condenados al éxito”. Que las cosas cuestan y cuestan mucho. Que cuestan mucho tiempo, mucho esfuerzo, mucha saliva, muchas letras. Y, lo peor de todo, que no tenemos garantías de nada. Aprendimos que a veces avanzamos un paso y retrocedemos dos. Aprendimos que no hay manuales, que no hay vanguardias iluminadas y, sobre todo, que no queremos creer que está bueno formar parte de ellas.

También aprendimos a valorar las cosas chiquitas. Las que se escapan de los libros y las academias. Las que algunos a veces tenemos: un laburo, una semanita de vacaciones, una obra social para cuando a tu pibe le duele la panza, un asado con los amigos, el asfalto, la cloaca, el bondi que te lleve a tiempo, las macetas en flor, la ilusión de un amor. Tanto aprendimos a valorarlas que nos pusimos pretensiosos y queremos mucho y aspiramos a mucho: que todos puedan tenerlas.

Porque si algo nos gusta y es nuestro norte, nuestro sur y todos los puntos cardinales en un mundo que no se sabe para dónde va, si es que alguna vez decidiera ir para alguna parte, es que todos tengamos nuestra quintita de felicidad.

Se supone que esta columna iba a ser sobre el tratamiento de la Ley de Servicios de Comunicacion Audiovisual. que hoy se debate en el Senado. Pero quise escribir esto. Quise escribir que, para muchos de nosotros, los medios -esos medios que tanto nos preocupan y nos ocupan- son medios, ni más ni menos.

Para nosotros lo verdaderamente importante es lo otro. Pero también está bueno que los medios –algunos medios, una parte de los medios, un cacho de los medios- puedan tener estos fines.

Y eso es un lindo principio.

La intelectualidad al palo

El siguiente mini post, chapucero, desprolijo, provisional, surge de un debate on-line entre diversos editores de AP en la mañana del domingo. Cada uno de nosotros nos inspiramos sentados en los cordones, tomando vino en tetra y eructando a las señoras que volvían de misa rumbo a la panadería. Sepan disculpar tanta enorme acumulación de ignorancia.

Escriba: La nota de Sarlo de hoy es insultante desde tantos puntos de vista que no sé bien qué hacer. ¿Cómo hacemos para debatir bien con esta señora? ¿Cómo hacemos? Estoy podrido, impotentemente repodrido, de los que me quieren explicar que en realidad soy un idiota pero no me doy cuenta. Cuánta negación de la política democrática, verdad? Porque la política es lo que nos iguala a todos, hayamos leído a o no a Umberto Eco, aunque nunca hayamos pisado Puán.

Tomás: lamento pincharle el globo. Esta gente no quiere debatir democráticamente. La primera condición para debatir democráticamente es un mutuo pacto de asumir como un igual/distinto a tu adversario. Y ellos consideran que son “más iguales” que nosotros.

Mendieta: ¿Existe el concepto de “elitismo moral”?

Eso, justamente eso, es lo que hablábamos ayer y tanto nos jode por parte de estos fulanos.
Ese punto medio entre únicos poseedores de la moral, la verdad y el saber. Esa impostura de superioridad, tan elitista y, sobre todo, tan llena de “absolutos”. De certezas, de “seguridades”. Para colmo de males, absolutamente funcionales a lo existente.
Que paradoja, verdad? Uno sigue teniendo en mente la figura de un intelectual con apetencia de plantearse interrogantes más que de ofrecer respuestas. Uno sigue teniendo como mito, sacrosanto mito, el intelectual capaz de enfrentar con deseo vital a las incertezas, las dudas, las preguntas, lo inacabado.
Sin embargo, vemos que prima en la esfera pública, por parte de determinados sectores de la intelectualidad argentina, exactamente lo contrario: los absolutos. Es una operación discursiva que no deja de sorprenderme: encarnan, precisamente, todo aquello con lo que vienen a alertarnos. La intolerancia al que piensa diferente (a veces, incluso, disfrazada de una mezcla de sutil desprecio a “aquellos que no son capaces de ver aún”); el discurso único; el autoritarismo.

Quizás, a fuerza de no contradecirme intelectualmente o políticamente, que para mí vienen a ser sinónimos, les asista a ellos “la razón”. Porque efectivamente los que defendemos el “pluralismo ideológico” tenemos de que preocuparnos. De escritos como el que inició este intercambio, por ejemplo.

¿O será, simplemente que sus ideas, sus anhelos, sus pulsiones, sus sentimientos, sus lugares en el mundo, están viejos como las vanguardias y temen no ser protagonistas de lo nuevo?

Discurso de la Dip. Carolina Moisés (linda ella, lindo él)

Sra. Presidenta (Vaca Narvaja).- El cuerpo quiere agradecer a las señoras diputadas Damilano Grivarello, Leverberg y Llanos que también dejaron sus lugares en la lista de oradores.

Tiene la palabra la señora diputada por Jujuy.

Sra. Moisés.- Señora presidenta: en primer lugar quiero agradecer a todos y cada uno de los actores sociales de los argentinos y argentinas que participaron en las audiencias públicas en todo el país, y especialmente en el Congreso de la Nación, a quienes hemos escuchado durante toda la semana pasada. Creo que hemos dado un ejemplo más de cómo cuando la política y las instituciones les abrimos la puerta a la gente y a la participación popular, nos beneficiamos absolutamente todos y, en especial, la República.

En todas las argumentaciones se ha hablado mucho de cuatro conceptos: libertad de expresión, libertad de prensa, libertad de empresa y derecho a la información. Estos cuatro derechos están totalmente tutelados en esta ley en profundidad, pero a pesar de lo que han expresado gran parte de la oposición y de los medios de comunicación, en realidad los verdaderos enemigos de estos cuatro derechos no son ni el Estado, ni el gobierno, ni esta ley. Hay muchos otros enemigos que acechan a cada uno de estos derechos; quizás es contra ellos específicamente que nosotros queremos ir con esta ley. Esto no lo dice una diputada del oficialismo: lo dice todo el conjunto de las ciencias sociales en la Argentina, Latinoamérica y el resto del mundo. Mac Luhan, Umberto Eco, Giovanni Sartori, una infinidad de intelectuales han escrito sobre estos enemigos.

Hoy la libertad de expresión no está amenazada por el poder militar, por la censura del autoritarismo. Hoy la libertad de expresión está amenazada por los dueños de los medios de comunicación grandes, pequeños y medianos. (Aplausos en las bancas y en las galerías.) Porque la censura para decidir quién habla y quién no en un medio de comunicación la tienen los dueños; esa es la verdad, sea uno, sean varios o sea un cuerpo de accionistas, y los intereses que esos dueños representan. El enemigo de la libertad de prensa –a la que nosotros queremos tutelar fundamentalmente- es la falta de libertad que tienen los comunicadores sociales que deben ejercer esa libertad de prensa… (Aplausos en las bancas y en las galerías.) …porque tienen intereses y porque dependen de quienes los emplean y desde dónde van a escribir.

Hoy los enemigos de la libertad de empresa son los monopolios. Hemos escuchado a muchos canales del interior y a pequeñas radios FM que han sobrevivido a la dictadura militar, que empezaron con la radiodifusión en este país. Hago honor y nombro personalmente a un sampedreño, Luis Garay, que ha sido uno de los promotores de la radiodifusión en la provincia de Jujuy. Como decían muchos de los que hablamos y compartimos las audiencias públicas, en la época de los militares tenían que estar escondidos poniendo antenas para poder expresarse.

Lo mismo hicieron muchos técnicos y cable operadores del interior del país, algunos de los cuales sobrevivieron al monopolio de medios de comunicación que a través del chantaje del negocio del fútbol vieron a esas pequeñas y medianas empresas cerrar sus puertas. Esos son los enemigos de la libertad de prensa: el monopolio y el oligopolio.

A mi juicio, lo fundamental de este debate es el derecho a la información que tenemos todos los argentinos y las argentinas. Hoy el concepto de información está totalmente modificado por la modernidad y la globalización. No es la información de hace veinte o treinta años.

En la actualidad la superabundancia de información hace que todos estemos poco y muy mal informados. La celeridad de la información motiva que aquellas cosas que son importantes para la comunidad o para los dueños de los medios sean las reiteradas una y mil veces o las escondidas una y mil veces.

Además existe la mercantilización de la información, que hoy no tiene valor en sí misma como un elemento fundante de la conciencia ciudadana. La información es una mercancía y un instrumento para algunos factores de poder.

Esta transformación propia del concepto de información no es de esta diputada sino de las ciencias políticas, y solicito la inserción en el Diario de Sesiones de los nombres de todos los intelectuales que sostienen estas definiciones.

Esto ha generado la transformación del principio de la actualidad de la información y del concepto de verdad. En este punto hago mías las palabras del señor diputado Morgado, quien fue sumamente solvente al señalar cómo se maneja la verdad a través de los medios de comunicación.

Sólo agregaría algo a sus expresiones. Cuando todos los medios de comunicación dicen lo mismo, ¿cómo contrasta la gente si lo que dicen no sólo lo muestran con una imagen, con el saber de quienes tienen la solvencia intelectual… (Aplausos en las bancas y en las galerías.) …sino que cada vez que cambia de canal ve exactamente lo mismo? (Aplausos en las bancas y en las galerías.) ¿Qué poder tiene la gente si cada vez que cambia de canal ve exactamente la misma información con la solvencia de saber, como bien lo dijo el diputado Morgado, y con una imagen que se reitera mil veces y quizá es una pequeña porción de la realidad y no toda la realidad?

Queremos equilibrar estos cuatro derechos y controlar los enemigos que yo enumero. No queremos mordaza sino que suscribimos una afirmación de uno de los juristas más importantes de este país, en el libro titulado La omnipotencia de la prensa: “Esto convierte a la televisión en un eficaz instrumento de control social en garantía de la conservación del orden, a través de la repetición de opiniones, convenientemente simplificadas, que se consideran aptas para mantener el status quo.” En este país ese status quo muchas veces nos quiere convencer de que no podemos cambiar nada, y nada vamos a cambiar mientras esas bancas estén vacías. (Aplausos en las bancas y en las galerías.) No vamos a cambiar muchas cosas mientras algunos estén de rodillas. (Aplausos en las bancas y en las galerías.) No vamos a cambiar nada si no fortalecemos realmente y consolidamos esta democracia, y esto sólo lo lograremos fortaleciendo a la clase política, peronista, radical, socialista o de los partidos pequeños. Solamente fortaleciéndonos como representantes de la voluntad popular podremos fortalecer esta democracia, y no debilitándola y devaluándola como hizo cierta parte de la oposición desde el día en que comenzó este debate. (Aplausos en las bancas y en las galerías.)

En nombre de la República y de las instituciones se ha devaluado a toda la clase política, se han deslegitimado nuestros propios mandatos, se ha subestimado la representación que ejercemos de la gente, se ha menospreciado la inteligencia del pueblo de la Nación argentina y se ha negado la pertenencia de muchos de ellos a la propia clase política con un descaro total. Desde el día en que nos sentamos en estas bancas, seamos lo que seamos, vengamos de dónde vengamos, geográfica o ideológicamente, pasamos a pertenecer a la clase política. Y a esa clase debemos honrar para que ser mejores, para que la gente nos controle más y para acercarnos a la realidad.

Yo vengo de una provincia del norte, de un norte pobre. Por lo tanto, también represento un norte pobre, porque el poder económico tiene mucho que ver con el poder ideológico y con el poder de representación que ejercemos.

Sin embargo, estoy orgullosa de representar a muchos jujeños. No me voy a poner de rodillas delante del poder de nadie, porque me respalda el poder de esos jujeños. Si yo me pongo de rodillas, también se ponen de rodillas todos aquellos que me votaron, y a los que represento. (Aplausos y manifestaciones en las bancas y en las galerías.)

Estoy convencida de que la futura ley es urgente en este país. Estoy también convencida de que muy poco honor le hacen a la democracia, a las instituciones y a la República los que se llenaron la boca hablando de todo esto, y hoy están de rodillas, allá, frente a las cámaras de televisión. (Aplausos y manifestaciones en las bancas y en las galerías. Varios señores diputados rodean y felicitan a la oradora.)…

¿Quién quiere una nueva Ley de Medios?

Así como es fruto de un reduccionismo in extremis afirmar que el proyecto de reforma de la Ley de Radiodifusión es una ley exclusivamente K, también resulta simplificador afirmar lo contrario: no todos los que se oponen a la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual son defensores de los monopolios mediáticos. Es más, algunos que se oponen, en verdad no se oponen. Así como algunos que apoyan, en el fondo no apoyan.

Ay, la realidad. Portadora de esos matices tan grises, tan intrincados, tan difíciles de reducir a volanta, título y bajada.

Veamos:

El eje elegido para oponerse al citado proyecto –en esto Clarín se lleva las palmas- ha sido presentarlo como la “Ley de Medios K”, ignorando olímpicamente que hace al menos veinticinco años una enorme cantidad de académicos, periodistas, entidades sindicales del sector, organizaciones de la sociedad civil, estudiantes y políticos (sí, también políticos) vienen luchando por una nueva legislación en el campo. Por cierto: ha sido funcional a esta operación “de sentido” cierto discurso del propio oficialismo, empezando por la mismísima Presidenta el día en que anunció el envío del proyecto al Congreso al afirmar, equivocadamente, que era la primera vez que un Ejecutivo tomaba tamaña decisión.

Resulta totalmente comprensible, a la par que totalmente falso, plantear la batalla en estos términos. Es sencillo: reconocer este entramado social detrás de la iniciativa impediría polarizar la discusión ante la opinión pública y obtener ventajas posicionales, precisamente, porque en la opinión pública el oficialismo está en un momento de descrédito en su capacidad enunciativa.

Ahora bien: así como el “frente” que apoya esta iniciativa es bastante más amplio que “el kirchnerismo” a secas, el frente opositor es bastante más heterogéneo de lo que se lo pretende mostrar en, ay, que loco, los medios masivos de comunicación. Distintos son los motivos que llevan a esta oposición ya sea se trate de las empresas comunicacionales o sus voceros o bien se trate de dirigentes políticos de los diferentes partidos (?) (Dicho al pasar, otro reduccionismo: los multimedios constituidos en nuestro país son mucho más que empresas “periodísticas”. Basta ver el porcentaje de contenidos tanto en los canales de aire como en los de cable. Una perogrullada, ¿verdad?, aunque pocas veces resaltada en los días que corren). Las empresas mediáticas, en su esperable afán de conservar los negocios que les permite la legislación vigente, han cerrado filas superando incluso viejas disputas. Por caso: los grupos Clarín y Vila. Otra conducta “racional”: si nos atacan desde afuera, pongamos bajo un paraguas nuestras diferencias secundarias, porque incluso para seguir con la batalla por el mercado de las comunicaciones, lo primero en garantizar la supervivencia.

No resulta así de “corporativa”, y bienvenido que así sea, la posición de la “clase política”. Así que detengámonos un instante en cómo viene la oposición a la nueva ley por parte de los “políticos”. Algo los une a todos: aprovechar el momento para ganar mucha pantalla y mucho centimetraje a favor por parte de las empresas mediáticas que se oponen al proyecto. El carnaval de los prenseros: una columnita en contra de la ley y te meto en Opinión de Clarín y te llevo de gira por el cable!

Acá se acaba la unidad. Porque están aquellos cuyo interés por lo público y por lo político pareciera ser una nueva “unidad de negocios” de sus empresas. Sí, De Narváez. Están aquellos que se oponen por “convicción ideológica”: el Estado no debe regular nunca nada. Sí, Macri. Están aquellos que se oponen para diferenciarse del oficialismo (dando por sentada la operación discursiva con la que iniciamos este post): si la Ley es la Ley K, nos oponemos porque nos oponemos a K. Estos la tienen más difícil, ya que si se concretaran las modificaciones que vienen reclamando no tendrán excusas para no votar a favor y pagarán un costo político con aquellos ciudadanos que les tienen simpatía por su oposición al Gobierno. Y también pagarían un costo si no acompañan una vez que “impusieron” sus modificaciones. Sí, Solanas, Lozano.

Están los que han demostrado un accionar legislativo serio y “autónomo”. La ley debe ser tratada y reformada, pero queremos esto y aquello para “mejorarla”. Sí, el SI, la centroizquierda dispersa, atisbos de Stolbizer en este sentido.

Y están los más vivos de todos y los más hipócritas: en su fuero interno están a favor de la ley, porque saben que resulta necesario modificar la actual estructura de propiedad mediática y “desembarazarse” de la cada vez más enorme “espada de Damocles” que se cierne sobre la mismísima actividad política. Estos últimos son los que, a la noche, en los pasillos de Diputados y Senadores, lejos de los micrófonos, piensan: garpen el costo político ustedes muchachos, que están de salida. Mientras tanto nosotros ahora quedamos bien con “lagente” y subimos en las encuestas y mañana, cuando seamos gobierno, bridaremos a vuestra salud.

Sí, pienso en un Cobos.

Exclusivo: Informe de la CIDH sobre Honduras

Una de las ventajas de Internet es que la información está. Hay que buscarla, pero en algún lado está. Incluso a veces pasa que, como la carta robada de Poe, está en el lugar más visible.
Múltiples son los blogs que, en estas semanas que pasaron pusieron su atención sobre el golpe de estado sufrido en Honduras. Y también numerosos los informes al respecto en la prensa tradicional.

Sin embargo, hubo algo que pasó misteriosamente desapercibido este fin de semana. Me refiero al Informe Preliminar que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) elaborara luego de su visita -del 17 al 21 de agosto- a la mismísima Honduras.

Aquí encontrarán un enlace al trabajo completo publicado en la página oficial de la CIDH que fue casi literalmente ignorado –hasta este momento- por la mayoría de los medios de comunicación.
Vale la pena resaltar dos cuestiones en el marco de este post: por un lado, el siguiente párrafo referido, precisamente, a la libertad de expresión y el rol de los medios: “La CIDH ha podido advertir que tras el golpe de Estado, los medios de comunicación de Honduras se han polarizado. Los medios de propiedad pública, por su inadecuado diseño institucional no tienen independencia del Poder Ejecutivo y, como consecuencia de ello, están abiertamente parcializados a favor del gobierno de facto. Los comunicadores y medios de comunicación que son percibidos como afines al gobierno de facto, han sido blanco de fuertes agresiones, presuntamente, por parte de opositores al golpe de Estado. Otros medios de comunicación que son percibidos como promotores del movimiento de resistencia, han visto constantemente afectada su labor periodística tanto por agentes del Estado como por particulares que restringen la labor informativa. Son pocos los medios de comunicación que en el agudo ambiente de polarización, se han comprometido públicamente con organizaciones civiles a presentar información plural sin que su posición editorial afecte la labor informativa. Sin embargo, la tarea de informar libremente no es fácil de sostener, pues el gobierno de facto cuenta con mecanismos poderosos de injerencia e intimidación que pueden ser empleados de manera abierta o encubierta, bajo la excusa de aplicación formal de las leyes preexistentes. De otra parte, las amenazas y violentos ataques de particulares han dificultado seriamente el ejercicio de la profesión”.

Por otra parte, me permito cortar y pegar parte de las conclusiones de la citada comisión:
“La Comisión constató durante esta visita que el golpe de Estado del 28 de junio ha creado una situación de ilegitimidad democrática que tiene un impacto negativo sobre la vigencia de los derechos humanos de todos los habitantes de Honduras.

La Comisión comprobó la existencia de un patrón de uso desproporcionado de la fuerza pública por parte de fuerzas policiales y militares, detenciones arbitrarias, y control de la información dirigido a limitar la participación política de un sector de la ciudadanía, que tuvo como consecuencia la muerte de por lo menos cuatro personas, decenas de heridos, miles de detenciones arbitrarias, cierre temporal de canales de televisión y amenazas y agresiones a periodistas.

La Comisión verificó la existencia de una aguda polarización que ha incidido en los medios de comunicación y que afecta el flujo libre de la información y la posibilidad de que exista un debate vigoroso y desinhibido sobre los asuntos relacionados con la ruptura del orden institucional. Asimismo, pudo comprobar la existencia de serias restricciones del ejercicio a la libertad de expresión provenientes del gobierno de facto, que han generado un ambiente de intimidación que inhibe el libre ejercicio de la libertad de expresión. Finalmente, pudo comprobar la existencia de amenazas de muerte y ataques violentos a periodistas y medios de comunicación en razón de su línea editorial, provenientes de distintos sectores”.

Una brevísima reflexión y un pedido: lamentablemente, en los últimos tiempos hemos observado de qué manera se banalizan –en la política nacional- algunos términos que debieran ser preservados y, por ende, todos cuidarnos de no utilizarlos de manera superficial. No toda matanza es un “genocidio”, ni todo conflicto con la prensa es “censura”, ni un conflicto de intereses o de poder es una manifestación de “hegemonía” ni las imágenes secuestradas son como “personas secuestradas”. Tenemos la obligación, se esté donde se esté, de ser responsables y respetuosos de éstas palabras, tristes tesoros que nuestra historia nos hizo cosechar con mucha sangre derramada, mucho dolor y muchas heridas aún abiertas.

Pero dónde hay un golpe de Estado, hay un golpe de Estado. Y dónde asoma una dictadura, asoma una dictadura. Y acá si que no debiera haber medias tintas.

Por último: invitamos a quienes lo deseen que linqueen el informe de la CIDH y albergamos la esperanza de poder verlo en algún diario o escucharlo en alguna radio un día de estos.

¿Autopsia o diagnóstico?

En el post anterior me preguntaba desde dónde pensar la autocrítica por la derrota del kirchnerismo en provincia de Buenos Aires.

Ahora me pregunto desde dónde escribir esto que voy a escribir. ¿Desde el lugar de analista? ¿Desde el lugar de simpatizante del “proyecto”? ¿Desde el lugar de funcionario de cuarta línea? ¿Desde el rol de bloguero?

Y una pregunta más incómoda aún: ¿se puede escribir, de manera intelectualmente honesta, diferenciando estos roles? ¿O simplemente hay que aceptar y aceptarse que uno es todas esas cosas juntas y que, aunque incluso uno quisiera escindirlas, es fácticamente imposible?

Como sea. Mezclaremos todo: análisis, proyecciones, deseos y temores.

Empecemos por el principio, que en este caso es el final: el resultado.

No es lo mismo realizar un análisis sobre el resultado electoral que sobre las razones y motivos que condujeron a ese resultado. Algunos preferirán dedicar horas a un pormenorizado recuento de los votos por distrito, por secciones, por corte o por ausentismo. Es un trabajo necesario, pero estimo que secundario dadas las circunstancias. Hacer esto es hacer la autopsia del comicio, cuando en realidad considero más rico y útil ir a revisar las probables causas de la enfermedad que nos condujeron al horno.

(Paréntesis aclaratorio, antes de que me empiecen a putear: no doy por hecho que el proceso político que supo encarnar el kirchnerismo esté muerto ni agotado. No saco los pies del plato ni mucho menos. Pero no cuenten conmigo para echar culpas hacia fuera como toda explicación. ¿Está claro? Y otra cosa: todo lo que va a continuación son sospechas, hipótesis e intuiciones, puntas para pensar. Ni ahí me considero dueño de ninguna verdad revelada. Sigo.)

En primer lugar, considero que la oposición tuvo un acierto comunicacional clave a la hora de hacer campañas políticas en los tiempos que corren. Planteó la escena en el campo de lo simbólico, dando cuenta del desgaste de credibilidad del oficialismo en amplias franjas sociales. Las publicidades de De Narváez son más que ilustrativas en este aspecto. Apelaban a los mitos y los miedos que, con inteligencia y persistencia, fueron instalando –fundamentalmente a través de los medios- en el último año y medio. (Paradoja: no pensaban realmente en ganar, y por eso la cantinela del fraude. El objetivo de máxima era hacer una muy buena elección que permitiera seguir deslegitimando al gobierno con las denuncias de “no ganaron, nos afanaron”). Contra este campo de lo simbólico, el oficialismo tuvo como estrategia contraponer el campo de “lo hecho”, la “realidad”, la “verdad”: cloacas, escuelas, asfalto.

Bien. Primer problema: en tiempos de descreimiento en la política como “hacedora” de soluciones, siempre es más potente la apelación a lo simbólico, sobre todo si es montado el discurso en la descalificación del adversario. Esto es tan sencillo como los culebrones de barrio: basta acusar a algún vecino de “algo malo” para que éste tenga que salir, con mucho esfuerzo, a tratar de desmentirlo.

Insisto: los miedos, apelar a los miedos. El miedo es, hoy por hoy, “el” relato por excelencia en las sociedades neo-post-modernas. Miedo a la inseguridad, miedo al extraño, miedo a salir a la calle (lo público), miedo a los otros.

Y ojo: la campaña publicitaria de Kirchner-Scioli era muy buena, pero como primer etapa. Faltó un mayor hincapié en “hicimos esto, y ahora vamos a hacer esto”.

Me aburrí. Hasta acá me da el cuero post atragantamiento.
Pero hasta acá por ahora. Queda en el tintero: de cómo podría llegar a evolucionar el sistema político, la arena. De cómo lograr, o mejor dicho, quién logrará organizar la inmensa masa de pre-militantes hijos del kirchnerismo (y digo pre-militantes porque para ser militante debe existir una organización y eso por ahora brilla por su ausencia) y varias cosillas más.

Elogio y anhelo de tranquilidad

Vamos con una hipótesis de lo más endeble y subjetiva. Como todas las hipótesis, en verdad. A ver si nos sale.

Estoy convencido que todos los candidatos de la oposición que participan en la actual campaña electoral dedican su “cuerpo discursivo” y, por ende, sus posicionamientos estratégicos, estrictamente a la clase media.

¿Y por qué dice eso Mendieta? Porque son prisioneros y tributarios del “cuerpo discursivo” de los mass-media. Es decir: así como sabemos, desde que la prensa es prensa, que la noticia es el avión que se cae y no los que llegan, la centralidad que los medios han ido tomando en la conformación de la opinión pública es tal –precisamente, entre otras razones, por la retirada de “los políticos”-, que los candidatos parecieran dar por sentado que no se puede “decir otra cosa” que lo que los medios dicen y quieren decir.

Y lo que los medios nos dicen, en parte porque es su sentido de existencia y en parte porque se han cebado, es que todo se reduce a un presente perpetuo, amenazador y angustiante. Ay, las “malas noticias”.

Y es así como vemos que todas las campañas, en diversos grados y con diversos artificios, parecen decirnos: “está todo mal, en quince días se acaba el mundo, no se puede seguir así, esto no da para más”. Incluso van más allá: el trasfondo de esas apelaciones ni siquiera nos auguran un mejor destino en el caso de que alguno de ellos ganaran. Las menciones a potenciales fraudes y destrucciones de la República, son un ejemplo palpable y evidente.

En síntesis: no nos ofrecen esperanza alguna de futuro mejor. Y ésta fue, es y será, el basamento de la acción política. Esa es su misión: esperanzar. Mentime un futuro mejor, yo te creo y lo hacemos.

Nosotros, la clase media, con sobredosis de angustias mediatizadas, somos los únicos capaces de ser interpelados por discursos de este tipo. Las clases populares no necesariamente sufren similar alienación: sus necesidades, problemas y sufrimientos son de un orden más concreto y cercano. Les decís República y piensan en cloacas, asfalto y apertura de calles, los guachos.

Ni siquiera el propio oficialismo ha sido capaz de evitar del todo este posicionamiento cuando el propio Kirchner deslizó el “nosotros o el caos”.

Y no. No.

Si se preguntan porque no pueden entrar al segundo cordón con fuerza el PRO o la Coalición, respóndanse: porque no ofrecen esperanza. Porque no dicen que si ellos ganan las cosas serán mejor que ahora, que aumentarán los sueldos, que la escuela estará más linda, la salita con guardia las 24 horas. Porque no prometen trabajo con vacaciones pagas, aguinaldos, derechos.

Prometen tempestades y nosotros, lo que de verdad queremos, es vivir tranquilos.

Kirchnerismo: anti, post y para K

Hay veces en que lo obvio está oculto tras un manto de neblina. La voces discordantes, el ruido, la confusión, la acumulación de noticias y análisis –con esa  particularidad de los tiempos que corren, cada vez más rápido corre el tiempo, en donde lo dicho anteayer es tapado por lo analizado ayer y olvidado hoy- nos ponen frente al riesgo de perder de vista lo importante y lo trascendente.
Lo primero que hay que recordar es que el oficialismo nacional sigue siendo el actor central de la política argentina. Esto no debiera ser novedad: todo oficialismo, en cualquier tiempo y lugar, es el pivot alrededor del cual se ordenan las demás piezas del tablero. Sin embargo, la proliferación de operaciones discursivas tendientes a instalar la noción de que el kirchnerismo se bate en retirada, obliga a volver a dibujar los palotes. Hay que empezar por el principio.

Esas operaciones discursivas y analíticas se leen como un magma difuso, cual si todas fueran parte de la misma operación y tendieran a los mismos objetivos. Y no. Pensar, desear, planificar,  hoy, el post-kirchnerismo no es lo mismo. Lo único que iguala y, de algún modo, achata, esta moda es su transmisión mediática. Quizás por eso Néstor Kirchner haya deslizado que su principal oposición actual son algunos medios de comunicación masiva. Insisto: muchos medios y analistas igualan lo que no es igual,  practicando una especie de socialismo berreta, desconocedor de la condición humana: ni todos somos iguales, ni cualquiera es mejor que esto.

Aquí un breve paréntesis: todas, repito, todas, las operaciones y acciones tendientes a decretar el fin del kirchnerismo son legítimas. Incluso las de tinte “destituyente”, mientras estén confinadas al campo de lo discursivo y de la acción política. Del mismo modo, todas, repito, todas las acciones del kirchnerismo destinadas a mantenerse en el poder lo son mientras se mantengan dentro de la misma esfera. Claro, me dirán: Si Grondona y Biolcatti chancean con un Cobos presidente el 29 de Junio está bien, si alguien sospechado de oficialista deslizara la posibilidad de denunciarlos por apología del delito sería crucificado en el ágora mediático. Y sí, ahí perdemos, qué vamos a hacer.

Volviendo. No es lo mismo pensar la posibilidad y los modos del post-kirchnerismo siendo de la oposición que siendo parte del oficialismo. Es más: no es lo mismo pensarlo siendo de la Coalición Cívica, que del PRO, que desde la centroizquierda no peronista. Tampoco es lo mismo pensarlo siendo del PJ que de la transversalidad.

Dichas todas estas obviedades, quizá haya un aspecto de este tópico que está siendo ignorado en el debate político: quien primero comenzó a pensar el post-kircherismo y a planificarlo es el mismísimo Néstor Kirchner, allá por principios de 2008, al asumir la conducción del Partido Justicialista. Podemos decir, a riesgo de que se enojen unos cuantos amigos, que el kirchnerismo pasó de ser –ante la opinión pública, al menos- el embrión del tercer movimiento histórico a una fracción interna del Partido Justicialista.

Resumiendo a las apuradas, que se hace largo y tedioso:

-La oposición pan-radical no hace post-kirchnerismo. Hace anti-kirchnerismo. Al igual que Reutemann. Y está bien, para algo son oposición.
- El PRO hace una mezcla de post-kircherismo con anti-kirchnerismo. Al igual que Reutemann. Y está bien. Para algo son oposición.
-El PJ hace post-kirchnerismo mezclado con kirchnerismo explícito. Y está bien. ¿O no hay que defender la existencia de los partidos en democracia?
- El kirchnerismo hace todo el kirchnerismo que puede y piensa el post-kirchnerismo que debe. Y está bien. La primera condición para su existencia es seguir existiendo.
- La centroizquierda no kirchnerista hace post-kirchnerismo. Y está mal: debieran estar haciendo para-kirchnerismo. Porque si el kirchnerismo desapareciera, no heredarán las flores, si no las deudas. Y no creo que Carrió, ni Macri, ni De Narvaez, ni Morales, ni Alfonsín, estén dispuestos a salir de garantes para levantar los muertos.

Carta Abierta

Hoy escribí esto.

Pocas palabras, mucha acción

Este va a ser un post diferente en Artepolitica. En general, a diferencia de nuestros blogs personales, acá escribimos largo y con pretensiones de fundamentar lo que se dice.

Bien. No es el caso.Será una brevísima y subjetiva crónica sobre el acto de presentación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual realizado anoche en la ciudad de La Plata.

En los palcos, muchos funcionarios, diputados, ministros, embajadores, gobernas, intendentes y dirigentes sociales. Las Madres y las Abuelas, Hugo de la CGT y Hugo de la CTA (!el Frente Nacional y Popular!). Uy, y me olvidaba de Néstor, sonriendo y sonriendo. Presencias inesperadas: diputados provinciales de Binner (sí, de Binner). Ausencias esperadas: ¿qué pasó Sabatella?, ¿me imagino que ésta la vas a bancar, no?.

En la platea: el seleccionado “comunicacional” que armó Mariotto. Cientos de caras conocidas para quienes trajinamos las facultades de Comunicación: profesores, decanos, ex compañeros de cursadas y de militancia y hoy escribas del proyecto presentado. Uno se sentía como en casa y con un leve temor a volver a reprobar Semiótica II.

En el escenario: el primero en hablar fue Massita, al que se notaba un tanto incómodo y fuera de ambiente. No, Sergio, no era el Coloquio de IDEA y acá la SIP no le mueve el amperímetro a nadie.

El segundo en tomar el micrófono fue Gabriel Mariotto, titular del COMFER. La rompió Gabriel: en siete minutos explicó el por qué, el cómo, el cuando y el para qué de esta ley. Y se la dedicó a Margarita Graziano y yo, que me estoy poniendo viejo, le abrí la puerta a la nostalgia.

El tercero fue Pepe Albistur. Así como los jueces hablan por sus sentencias, Pepe habla por sus videos. O sea: no habló, pero pasaron un video que seguramente será el puntapié inicial de cada foro de debate del proyecto de ley.

Y cerró la Presidenta. Que estuvo realmente muy bien. Hoy trataré de conseguir su discurso entero para colgarlo en la Comunidad [ahí está]. Vale la pena repasarlo con atención, sobre todo para contrapesarlo a la cadena oficial de medios privados que desde esta madrugada se ha desatado.

Dije que iba a ser corto y lo es por una sencilla razón: acá está lo que hay que leer, estudiar, mejorar y, como dicen los pibes de Un Día Peronista, militar.

Que sea.


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Chau Frente para la Victoria, Hola FNP

“..en mi corazón todavía queda

tanto por decir/no me voy…me quedo aquí.

Y si no, no aprendimos la lección”

Me quedo aquí. Gustavo Cerati

Ay. Me voy a meter en camisas de once varas.

Todo análisis sobre una situación política dada tiene, siempre, al menos dos modos de ser encarado. Una manera es -aún asumiendo que no somos neutros, ni objetivos, ni pre-ideológicos, ni pechofríos- intentar un máximo nivel de neutralidad y objetividad ante nuestro objeto de análisis, describirlo y, por último, esbozar algunos probables e hipotéticos escenarios futuros acordes con la situación actual. Digamos que un análisis así planteado puede llegar a ser un buen editorial. Bah, al menos a mí me gusta cuando leo algo de este tenor.

La otra manera es –por sobre todo asumiendo que no somos neutros, ni objetivos, ni pre-ideológicos, ni pechofríos- intentar un máximo nivel de neutralidad y objetividad ante nuestro objeto de análisis, describirlo y, por último, plantear un hipotético escenario futuro ¡que nos gustaría ver realizado!

Podríamos simplificar y decir que el acercamiento a) es propio de los analistas y editorialistas y el b) es el acercamiento característico de los dirigentes políticos.

Ay otra vez, ojalá fuera así. Si no me creen, lean esto, como un ejemplo de un tipo que “es” a) “haciendo” b). Para el ejemplo inverso…, bue, hay como millones de diputados, senadores, ministros y consejeros escolares que repiten discursos a) siendo ellos b).

¿A qué viene todo este introito? Viene a justificar el por qué de lo que van a leer más abajo. Nosotros (o sea Mendieta) no quiere ser un mero comentarista de la política, si no que es más ambicioso (y más masoquista) y pretende no sólo analizar lo existente si no también tratar de modificarlo. O sea: no quiere ser periodista, ni analista (al menos gratis). Quiere, luego de analizar, tirar propuestas, más no sea al viento de la blogosfera. Así que, no digan que no les avisé, ahí va.

Tesis 1: La tan meneada “pejotización” de Kirchner sólo existió como mecanismo defensivo. Esto siempre fue kirchnerismo con sus puntos fuertes y débiles. Sí, Kirchner pasó a presidir el PJ y desde ahí pensaba construir, pero más o menos con la misma lógica de siempre. El tema es que en los hechos no hubo construcción “kirchnerista” exitosa en los distritos.

Tesis 2: Desde la crisis del agro, por H o por B hay dirigentes que se van del kirchnerismo, por “izquierda” o por “derecha”. Las razones son variadas pero van desde “me quedé sin lugar en la lista” a “presiento un fin de época, hay olor a calas, rajemos”.

Ergo: El kirchnerismo, como la mayor expresión realmente existente (insisto, realmente existente, porque digamos que yo pondría más huevo que Mercado como 6 de Racing y sería más prolijo en mi estampa, pero dudo que alguna vez llegue a estar entre los 11) tiene que crear un espacio nuevo.

Por un lado, por una cuestión estructural: con la UCR-CC (+Cobos?) tenemos un panradicalismo, con Macri-Solá-De narváez (+Cobos?) un peronismo de centroderecha derecha, con todos los sellos y sellitos que ya sabemos tenemos un centroizquierda autodestructor y… (sí, lo digo) también tenemos un espacio Nacional y Popular donde entran todos-los-que-no-tienen-ganas-ahora-de-criticar-al-gobierno porque nos da mucho miedo para dónde soplan los vientos de cambio.

A ver, agucemos el oído entre las puteadas de todos los colores: allá escucho el silencio, por allá también, por allá también. Bueno, señor Néstor: a todos esos hay que juntar. Bueno, señores “sueltos”: tenemos que dejarnos ser juntados.

¿Qué significa en política crear un espacio nuevo? Desgraciadamente, de los 90 para acá, crear un espacio nuevo significa salir a mostrar gente nueva y/o mostrar gente que puede no ser nueva pero en funciones novedosas.

No se trata de remedar la “transversalidad” -que era más bien la forma que tenían los No-PJ de colgarse de algunos cargos en el momento de auge y la apuesta fallida de Kirchner a que le atrajeran algunos votos o amor de ciertos sectores medios- sino algo realmente nuevo. Más gente que le permita hechos concretos. Si querés: volver a tener Ministros (de Educación, de Desarrollo Social) y Secretarios (de Cultura, de Medios, de lo que quieras).

Tiene que ser un poco como cuando Menem se quedó sin gente para las elecciones de gobernador e “inventó” a Palito Ortega, Scioli y (ay) Reutemann. Claro que a mí me gustaría que Kirchner invente con otro perfil.

Tiene que ser como cuando en enero de 1999 ¿o fue en el 98? Cuando de lo único que se hablaba era de re-reelección sí o no y de la Alianza y el menemismo inventó un tema que era, creo, alguna medida para hacer más difícil el ingreso de inmigrantes de países limítrofes. Claro que, de vuelta, con otro perfil.

La pregunta es ¿existe esa gente?  Yo no sé, pero creo que sí. Primero haría un casting entre los que fueron a las plazas de la 125. Y si no existen, hay que inventarlos. Hay que inventarlos para darle aire a todo esto.

En síntesis, como me explicó Durán Barbas que hay que hacer: Adiós Frente para la Victoria, hola Frente Nacional y Popular.

Hagamos la coalición Nacional y Popular. El cuadrante Nacional y Popular del espacio político. Nacional y Popular. Curto y Sabbatella. Moyano y Yasky. Díaz Bancalari y Basteiro. Si ellos pueden hacer López Murphy y los Socialistas, ¿desde cuándo tenemos tantos pruritos nosotros?

¿O no dicen que somos populistas? Bueno: seámoslo.