Napule

Foro de Convergencia Militante

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“Veo con preocupación y pena que aquí se están cometiendo los mismos errores que llevaron a mi país a la crisis. La solución es un problema político, de quién manda, si las elites o las mayorías. Vencer la pobreza es el imperativo moral de la humanidad, porque por primera vez no es fruto de la escasez de recursos, sino de sistemas excluyentes”.

Rafael Correa al recibir un honoris causa, en Barcelona, esta semana.

 

Las cámaras que reúnen a casi todas las grandes empresas del país presentaron el lunes pasado un útil documento, humildemente titulado “Bases para la formulación de políticas de estado”. Su utilidad deviene de su intencional falta de profundidad, que deja entrever con claridad qué tipo de poder político pretende el poder económico. Se trata de un tipo de poder político que va para el lado opuesto del que le conviene a un pueblo que no sabe ni de lejos lo que es hacer, ni cómo hacer, plata de verdad. Ni tampoco cuanta riqueza se produce realmente cada año en Argentina.

Justifiquemos estas tímidas aseveraciones haciendo primero un punteo y traducción de algunos de los temas tratados en el documento, que a la dirigencia política solicita:

  1. “División de poderes e independencia de jueces y fiscales”

Esto es clave porque en democracias incompletas (como es la argentina y como lo son aun casi todas) el “poder judicial” es uno de los principales mecanismos que permiten a las elites evitar los intentos de cambio estructural en la organización económica y social. De la Corte Suprema para abajo, jueces y juezas actúan -en promedio, pero afortunadamente con un creciente número de excepciones- en defensa de los intereses de los sectores que más poder tienen. El año pasado pudo leerse extensamente a quienes saben bien del tema, luego del veto de la Corte a la reforma propuesta por el gobierno, que hubiera permitido la elección popular de quienes eligen a los jueces –como por supuesto sí sucede con quienes acceden a los principales cargos ejecutivos y legislativos. Al igual que la 125, esta reforma quedó frustrada y truncada. La coincidencia no debe sorprender, dado que también se trató de un ensayo de cambio de verdad en la estructuración del poder democrático. Era, además, una reforma casi inédita en el mundo, hecho que fue mencionado por la Corte Suprema como una de las razones para vetarla -registrando así, suponemos que involuntariamente, una nueva marca en el ranking mundial de mentes colonizadas. Y permítannos profundizar un poco más. Por un lado y como se dijo, lxs Supremxs reconocen haber razonado así: si no lo hicieron en el Norte, no lo vamos a hacer acá, donde nos desgobierna la barbarie. Por otro lado, consideraron “inaplicables” las leyes que los obligan a hacer concursos públicos para el ingreso al tribunal, a publicar sus declaraciones juradas patrimoniales y depositarlas en la Oficina Anticorrupción, y a publicar sus fallos en un portal gratuito accesible por Internet. En fin. Como cantaban los poetas, cuando la mentira es la verdad…

  1. “Libertad de prensa y libre acceso a la información pública”

Si todo esto de la política fuera solo un juego, sería tan divertido. Los muchachos y las pocas muchachas que financian y por lo tanto comandan las megacorporaciones mediáticas, a quienes además tanto les molesta que se les pida acceder a información clave que sus empresas generan, salen a pedir con sus “periodistas”, sus “intelectuales” y sus ONGs, por estas tan reprimidas libertades. De lo mucho que puede decirse con respecto a este “reclamo”, diremos solo esto: a) Sudamérica es la única región con varios gobiernos enfrentados a los monopolios formadores de opinión. Pero estamos aún solo viendo la punta del iceberg: esta es y será una de las grandes luchas de emancipación popular de este siglo que recién empieza, donde Internet juega un rol tan ambiguo como clave. Y nosotrxs, sudacas afortunadxs, la estamos viendo en vivo y en directo (ah, y como siempre un toque bastante tarde, parece que llegó el turno de lxs economistas académicos de reconocer la relevancia política de la propiedad de los medios de comunicación); b) por supuesto que la transparencia en los actos del estado es esencial para lograr una mejor democracia. Por supuesto también que es uno de los ámbitos donde el kirchnerismo tiene más en el debe que en el haber. Pero, además, aspiramos a que las grandes corporaciones también hagan lo que tanto le piden al estado. En otras palabras: vamos por la información que nos permitirá demostrar que “la inflación” es uno de sus tantos grandes negocios y una de sus más eficaces mentiras. Y que los carteles y los oligopolios, por no decir las cuasi mafias multinacionales que no merecen el muy digno nombre de “empresariales”, abundan más que las vacas en estas pampas. Y sepan –bueno, ya lo deben saber- que el aprender a acceder a la información de los formadores de precios recién empieza.

  1. “Estabilidad y formalidad de las reglas del juego”

Punto principal, centro neurálgico de los deseos de las elites, tirado entonces así, como al pasar, como para que entiendan solo quienes deben entender, es decir la dirigencia política y gremial, que no debe nunca olvidar la esencialidad de un pacífico consenso republicano. Pero, ¿qué reglas (de este en realidad no-juego) son las que tanto importan a las grandes empresas a las que les interesa el país? Esto que sigue mejor subrayálo, porque se trata del núcleo disparador del conflicto político en nuestro pagos, el dispositivo basal que tanto nos impide llegar a una sociedad más pacífica, igualitaria y desarrollada: lo único que el capital quiere es poder disponer libremente de sus excedentes. Es decir, quedarse con tanta transpiración del pueblo cómo sea capaz de absorber. Y de fugar -a las guaridas fiscales, tan bien protegidas por lxs grandes capitales. Y cómo la fuga es en dólares, es que necesitan, priorizan, reclaman y demandan la independencia del Banco Central, para que les transforme automáticamente en verdes los castigados pesos que les damos. Y también lo que quieren -en realidad es lo mismo- es que se “libere el cepo”, es decir que se les permita, como hasta hace lamentablemente tan poco, hasta 2012 de hecho, “una generosa capacidad de atesoramiento de dólares, como también un régimen amplio de giro de utilidades de las multinacionales hacia las casas matrices”. Es decir, gente, hasta ayer nomás les regalábamos sin límite alguno los dólares juntados entre todxs. Y así perdimos 25 mil palos de reservas. Entonces, hay que tener claro, que esto es todo lo que importa. No hay nada más. Todo lo otro que leés en sus diarios o ves en la tele es relleno para distraer a la tribuna. Y esto es lo que lamentablemente lxs amigxs troskxs no logran entender: sacarle un mango al capital –o, si preferís, agregarle otro punto del PBI al estado pero financiado sin déficit es decir sin deuda- es más difícil que el sueño de un próximo y merecido Maracanazo. Entonces, mundo trosko, en lugar de pedir la revolución ya (y como si hubiera algo de inteligente, o de cool, en ser impaciente), hay que aguantarse el tedio, el ceder, los errores, las contramarchas, las buenas jugadas del contrario y la bronca por las infinitas injusticias. Y hay que darse cuenta que hay que negociar despacio y civilizadamente con el capital. Porque, ojo, no es que sus integrantes sean malos per se: simplemente no están acostumbrados a ceder, o al menos no con quienes no son de su nivel. Y hay que entender también que todavía no terminan de digerir eso de negociar con la dirigencia de las mayorías, es decir con lxs líderes políticos y gremiales. En otras palabras, no están aún acostumbrados a la democracia -y esto tampoco es raro, dado que la mayoría de la actual dirigencia empresarial mamó la cultura golpista hasta bien entrada su madurez. De lo que hay que tomar conciencia, entonces, es que, al habernos propuesto construir un estado de bienestar en el Sur de Sudamérica, en el baile que en realidad nos metimos es nada menos que en el proceso de educar al soberano (económico). Su resistencia es tan lógica como previsible. No queda otra que ir despacio.

  1. “Garantizar los procesos de formación de precios con el funcionamiento de mercados transparentes, evitando intervenciones distorsivas”

Clásicos entre clásicos, del cual últimamente ya se ha escrito mucho. Así que solo vamos a decir: no. Basta del cuento de hadas de los mercados transparentes, que no existen ni acá ni en Hong Kong ni en Frankfurt ni en Dubai. La economía es una lucha de poder. Y atenti, porque quien se entusiasme en exceso con el muy bienvenido y temprano éxito de Precios Cuidados comete un grave error: los formadores de precios están pisando la pelota -están solo viendo cómo avanzar frente al sorpresivo detente. Y aún si se logra frenar el alza de precios y disminuir fuertemente la devaluación del peso, no hay que olvidar que lo que el capital más quiere es que se levante el cepo remanente, es decir la libre disponibilidad de los dólares del Central para quienes mueven mucho dinero. Y si esto sucede, será una pésima noticia, porque significará, al menos en el corto plazo, que el gobierno está financiándose con endeudamiento en dólares. Y para profundizar en lo dicho en posts anteriores, el problema principal de volvernos a endeudar es que si ocurre el no improbable revés del retorno de un gobierno liberal, les habremos así abierto bien la puerta a una nueva e inevitable fiesta endeudadora, que les permita ganar elecciones mientras vamos a la quiebra. Que por supuesto terminará en tragedia, de la cual seremos corresponsables.

Pero bueno. La agrupación de agrupaciones empresarias que se conformó y emitió este documento está compuesta por clásicos como la Amcham (la cámara de empresas norteamericanas), el archi-conserva Colegio de Abogados de Buenos Aires, todas las asociaciones de bancos y, naturalmente, la reina madre, la Sociedad Rural. Eligieron como nombre el de Foro de Convergencia Empresarial, y según se dice por ahí, hasta tuvieron que falsificar alguna firma para “insuflar densidad”. Pero en fin, somos una democracia aún joven. En todo caso, y para ir cerrando, intentaremos una contra-lista. Una lista que nos resulta algo más subversiva, y que por supuesto es solo un breve componente de lo que debería ser un documento más completo.

Primero, también desde este lado pedimos más información. Mucha más. Necesitamos que el estado informe a la militancia en detalle y diariamente las grandes ventas de dólares del Banco Central. Necesitamos también conocer los resultados precisos del procesamiento de datos que resultará del naciente sistema de información de precios. También reclamamos se distribuyan las bases de datos de este programa, respetando obviamente un piso de privacidad de las empresas, para así multiplicar los estudios entre los millares de nerds de las ciencias sociales que habitan el suelo argentino. Segundo, pedimos un compromiso de profundización del desendeudamiento, incluyendo un plan de mediano plazo para restaurar el superávit fiscal permanente e incrementar estructuralmente los ingresos del estado. Tercero, solicitamos detalladas explicaciones, o más bien justificaciones, sobre los avances de la negociación de “libre comercio” del Mercosur con la Unión Europea (y notarán cuan educadamente lo pedimos, a pesar de la sorpresa que este anuncio ha generado).

Y seguiríamos con la lista, pero no da. Obviamente es necesario meter el tema de la profundización y diversificación de la industrialización, la eliminación del déficit energético, el combate a la fuga grande de capitales, la desoligopolizacion de tantos mercados, etc. Pero vamos a hacer un solo pedido más: que florezcan mil respuestas como la de Jorge Capitanich, que al toque les dijo a los megaempresarios que si les preocupa realmente el país, entonces que ante todo dejen de aumentar precios; o como la de Agustín Rossi, que explica breve y magistralmente y por escrito que “el debate de fondo en Argentina es entre la política y las corporaciones”. Ahora que comienza a terminar el ciclo de Cristina, los grandes capitales quieren marcar la cancha para el nuevo partido. Así que es buen momento para que el peronismo K también marque la suya.

 

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Hacer Negocios

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Nota: este post fue escrito ayer antes de esta desmentida que salió a la tarde, mientras se jugaba el superclásico. Los editores de AP decidimos igual subirlo porque creemos que vale la pena el debate sobre la cuestión.

 

Tantas veces nos emocionamos escuchando a Néstor y a Cristina hablar del desendeudamiento, para tener que llegar a desayunarnos, un domingo de fines de marzo del ‘14, a que el querido Página 12 festeje en nuestra cara que Goldman Sachs va a “reforzar las reservas”, prestándonos mil millones de dólares, a dos años, y a una muy conveniente tasa del 6,5%. Qué fuerte.

La deuda, la eternamente mal llamada “deuda externa”, la deuda del estado, es el más eficiente y brutal mecanismo de abuso de los pueblos, de todos los pueblos, por parte de las elites, es decir de los dueños del dinero grande, o sea del capital. Esto se lo sabe perfectamente. Hay que leer libros como el de Galasso o el de Graeber y, si se sobrevive a la indignación sin fin, pasar entonces a leer, cualquier día de la semana, a El Cronista, o a La Nación, o a tantas otras joyas de la prensa independiente. Y así ver, una y otra vez, a varios ex ministros, o a cien “periodistas”, o a mil econochantas, que nos dicen que no perdamos la oportunidad, que los bancos están listos, golpeando la puerta, preparados y contentos de prestarnos diez mil palos. A buenas tasas, con amables vencimientos, listos para usar y gozar apenas nos decidamos.

Leamos y comentemos cuatro extractos del artículo de Página:

-“Goldman sacó un cuerpo de ventaja (frente a otros bancos) después de haber establecido un vínculo fluido con el Gobierno desde diciembre pasado. El consejo de administración de la entidad estadounidense tomó para esa fecha la decisión de retomar sus operaciones con la Argentina, luego de haberse retirado del mercado local por más de una década”. ¿La decisión la toma Goldman? Parece un detalle, pero no lo es.

-“El Gobierno buscará que el ingreso de esas divisas sea leído como el inicio de un nuevo proceso de recuperación de las reservas”. Difícil que sea leído así. Endeudarse no es recuperar reservas. No hay mejora patrimonial, que es lo que genera reservas, o ahorros, de verdad. Para recuperar reservas hay que mejorar la balanza de pagos. Eso se logra disminuyendo el déficit energético y el de las industrias automotriz, química y electrónica, entre otras. También combatiendo apropiadamente la fuga de capitales, es decir no vendiéndoles más dólares del Banco Central a los ricos, para que se los lleven a las guaridas fiscales (porque atenti: el cepo para pobres, el que hace poco se levantó parcialmente, es decir sólo para quienes están en blanco y hasta dos mil de ahorro por mes, es muy poca plata, son operaciones de promedio 500 verdes, lo que suma unos pocos cientos de millones al mes -mientras que la fuga de los ricos se cuentan de a miles de millones. Y ojo, que esto pasaba ayer nomás: “hasta 2012 se permitía una generosa capacidad de atesoramiento de dólares, como también existía un régimen amplio de giro de utilidades de multinacionales hacia las casas matrices”). Y lo otro que hay que hacer para mejorar la balanza de pagos es, por supuesto, no tener deuda en dólares a pagar. Un endeudamiento, entonces, más que un reforzamiento, es un debilitamiento de reservas.

-“Si ese escenario se concreta tal como lo proyecta el equipo económico, el horizonte cambiario quedaría despejado, lo cual permitiría empezar a bajar las tasas de interés que treparon hasta casi 30% luego de la devaluación de enero”. A ver. Si se bajan las tasas, pueden pasar dos cosas: o que la gente (ojo: la gente que maneja plata, la gente como uno, bah) siga queriendo quedarse con los pesos en el banco, o que se vuelvan a pasar al dólar. Convengamos que esto, lo segundo, bien puede suceder. Y si “la gente” se pasa al dólar, significa que bajan las reservas. Es decir, ¿vamos a endeudar al estado para que las multis y los sojeros se queden con dólares? Y para que enseguida se los lleven afuera, claro. Pero bueno, dirá alguien con resignación, al fin y al cabo es lo que pasó siempre en estas queridas pampas.

-“El interés de las autoridades con todo ello es recuperar el financiamiento internacional desactivado desde la crisis de 2001 (…) En la actualidad, la deuda en dólares con acreedores privados equivale a sólo el 9,5% del PBI, contra el 95,3% de 2002. (…) El contexto actual, como se ve, es distinto del de 2010. El estado ya se desendeudó”. ¿El estado ya se desendeudó? En 2013 pagamos seis mil millones de dólares. Este año vamos a pagar siete mil millones de deuda, y el año que viene se estima pagaremos once mil. ¿Hace falta ponerse a comparar esos montos con lo que invertimos en transporte, en educación o en vivienda?

Es importante entender esto: la forma de tener una moneda fuerte, es decir inflación baja, es con los famosos superávits gemelos. El de la balanza de pagos -y escuchá bien esto- pasó de un mínimo superávit, 48 palos, en 2012, a un déficit de 4430 millones en 2013. Esto en buena medida fue por el crecimiento imparable de las importaciones de energía, que nos hacen gastar en dólares más o menos los dos puntos del PBI que nos ahorramos por la menor carga de deuda. El otro superávit es el fiscal que, si queremos ser un país en serio, debería ser permanente. Pero hace ya algunos años que no tenemos superávit fiscal. Por eso primero comenzamos a endeudarnos intra-estado, financiándonos con la Anses y el Banco Central. Eso está lejos de ser lo ideal, pero al menos es en pesos –y, sobre todo, el estado puede obviamente refinanciar sus deudas con sí mismo cuando y cuanto quiera.  Y ahora, desde la devaluación, se sumó otra forma de deuda en pesos: para que la gente y los bancos locales no pasen a dólares su dinero excedente, el estado sube las tasas, y ese dinero, el depositado, los bancos se lo prestan al Banco Central, a cambio de bonos –y a cambio de un salado interés, claro. A esto se lo llama déficit cuasi-fiscal, un viejo conocido de las épocas de alta inflación, que tanto dinero les hizo ganar a tan pocos.

Pero esos tipos de endeudamiento no son, obviamente, infinitos. Es entonces que, si no mejorás tu situación fiscal, empezás a escuchar que tampoco es tan malo endeudarse en dólares -si lo hacés bien, claro. Y que si tomás deuda para hacer obras muy grandes, o para lograr mejores condiciones de pago de la deuda que ya tenés, está bien. Y visto así, seguro que no está tan mal. Eso no es lo que se cuestiona. Lo que se cuestiona es que una vez que empezás a tomar deuda, no parás. Eso pasó y volverá a pasar en Argentina. De hecho está pasando, desde el día en que, como decíamos, la Anses y el Banco Central le empezaron a prestar plata al Tesoro, hace pocos años, hasta llegar a varias decenas de dolorosos miles de millones de pesos, el año pasado. Y luego, más precisamente la semana pasada, el Tesoro emite un bono, en pesos -su primer bono de deuda en varios años. Y luego, un domingo, en el día del reposo y el asado (o los ravioles), nos avisan que también nos vamos a endeudar en dólares, nada menos que con el ex dueño de Clarín, y que -si leés el artículo vas a ver que lo dicen bien claro- este es sólo el primer paso.

Es fácil prever que con esto se acaba el ciclo de desendeudamiento, una de las políticas más importantes del kirchnerismo -una de las políticas que más claramente distinguió a este gobierno de los que le precedieron. Se trata de una mala noticia de verdad (que, por lo tanto, será festejada[1] y felicitada por múltiples plumas a buen sueldo en los diarios independientes)[2].

Pero entonces, ¿hay opción a endeudarse? Sí: incrementar los ingresos reales del estado y, como se dijo arriba, mejorar la balanza de pagos. Todo eso, claro, es bien difícil. Es difícil mejorar la calidad de nuestra industrialización, es decir disminuir los vergonzosos déficits de industrias claves. Pero hay que hacerlo. Mucho más difícil aun es lograr romper la fuga, es decir el increíble ciclo por el cual el estado junta dólares para vendérselos a las multis y a los ricos, para que luego se vayan a las guaridas fiscales, sin dejar ya más beneficios ni al estado ni a la sociedad argentina. E igual de difícil a esto, es aumentar los ingresos reales del estado. Alguien dirá, de hecho, que es imposible. Pero no lo es, como quedó demostrado con otra de las grandes medidas que definió a la década kirchnerista, la estatización de las AFJP. Es sólo cuestión de animarse, o de volver a animarse, a eso del nunca menos. Y así atreverse a, por ejemplo, y como se le pide al gobierno una y otra vez, estatizar las rentas del comercio de granos, que se las llevan, tan colonizada-mente, unas pocas empresas, casi todas extranjeras. O también, otro ejemplo, se puede atacar de verdad las transacciones ilegales, es decir la evasión fiscal, pero la de los grandes jugadores, que es muchísima plata.

En otras palabras: si querés un estado de 40 puntos del PBI (que es lo que logró el kirchnerismo), o incluso de un poco bastante más (del 50%, digamos, como en los “países finlandeses”), entonces tenés que tener el coraje para aumentar los ingresos del estado y para arreglar estructuralmente el déficit de balanza de pagos. Y si no te animás, si te vas a endeudar para financiar ese estado, mejor no lo hagas crecer tanto.

Para ir cerrando: alguien dirá, “todos los estados están endeudados”. Primero, no todos. Chile, por ejemplo, no tiene casi deuda pública. Segundo, hay estados del Norte, como el Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Japón o España, que están llegando a niveles insostenibles de deuda. Se tiende a pensar que los estados de estos países son ricos, pero en realidad están quebrados. Y sus default se van pateando para adelante, con emisiones infinitamente irresponsables de más deuda. Y también, y en particular desde 2007 y desde Estados Unidos, se patea el bolonqui para adelante con la emisión sin freno de dinero, que terminará no valiendo nada.

De hecho, gente, es por eso que Goldman presta tan “barato”: desde que comenzó el “quantitative easing” del banco central norteamericano, los dólares no valen nada -aunque la prensa independiente de acá y de allá no te lo diga, claro. Y la plata que emiten termina –por supuesto-  básicamente en manos de los grandes bancos -los mismos que ahora, tan amablemente, nos vienen a ofrecer una mano. Y también prestan “barato”, claro, por el conocido razonamiento que bien podría explicar cualquier dealer principiante de cualquier esquina conurbánica: barato al principio, lo que se me cante después, cuando ya no quieras, ni sepas, ni puedas parar. Y ojalá nos equivoquemos fiero al arriesgar esto, pero en lo referido a crisis de los países del Norte, todavía no vimos nada. Y de ser así, es decir si la deuda termina hundiendo a economías en apariencia hoy poderosas, quedará a nivel global más claro, como triste pero útil yapa, los efectos terriblemente nocivos del endeudamiento público irresponsable (que en Argentina, en cambio, los tenemos por supuesto más frescos).

Por último, dice también el artículo de Página: “La banca internacional está abierta a hacer negocios con Argentina. La clave de la nueva etapa será no repetir la experiencia ruinosa que llevó al país a la situación de 2001”. Y a eso alguien podría agregar: tranqui, che. Ahora no queda otra que volver a hacer negocios, pero apenas estemos más fuertes volvemos a fortalecer de verdad al estado.

Puede ser. De hecho, nos permitimos apostar a que así será. El kirchnerismo ha demostrado que quiere un estado más grande, es decir una sociedad más justa. Más precisamente, y a ver quién corre por izquierda a este dato, el peronismo K ha logrado en diez años más de diez puntos del PBI para el estado. Eso es mucho, de hecho no debe estar muy lejos de quien sea que tenga el récord mundial. Y atención, porque es por esto, y sólo por esto, que el capital y sus medios independientes nos odian tanto. Bueno, no: también nos odian por no endeudarnos con sus megabancos, que es el mejor negocio de los muchos buenos negocios que saben hacer (o nos odiaban hasta hoy -y, para que se entienda, linkeamos de nuevo esta joyita, que seguramente fue escrita antes de la desmentida).

Y es por esto, entonces, que le seguimos poniendo fichas al proyecto K. Y también, hay que decir, son dignos de elogios los complejos esfuerzos que se están haciendo en estos días para no perder más reservas. Esfuerzos que están muy bien, pero que, con la ventaja del diario el lunes, nos gritan bien fuerte y bien claro que así de tacaños tendríamos que haber sido cuando teníamos 52 mil palos en el chanchito, hace tan sólo un poco más de tres años.

Pero bueno. Para cerrar, lo que sí, queremos pedir sólo una cosa, por favor: no festejemos tomar deuda como si fuera una buena noticia. Somos tontxs, pero no tanto.

 

Imagen: http://www.cookingideas.es/tnt-dinamita-20121121.html


[1] Imperdible cierre del editor en el festejo de esa nota linkeada del diario La Nación: “Qué significa (el artículo): el Gobierno dio el primer paso con los anuncios. Ahora debe confirmarlos; los mercados no perdonan la marcha atrás sobre las promesas”.

[2] Y ya que estamos: fíjate primero acá, un poco de historia sobre el cupón PBI, por el cual ya pagamos deuda adicional por 12 mil palos. Fíjate luego acá y acá, las declaraciones de uno de sus creadores. ¿Alguien sabe qué es lo que le sucede a este señor? No pedimos el imposible de sentir culpa pero, ¿es pedir mucho pedir retiro y silencio?

Sobre colonias y sobre naciones

Ayer la Asamblea General de Naciones Unidas realizó una votación relevante para comprender el actual balance de fuerzas en la geopolítica mundial. Es de particular interés para Argentina detenerse a observar el voto de los integrantes de Celac.

La votación fue propuesta por Ucrania con el apoyo de otras cincuenta naciones, con el fin de rechazar la legalidad del referéndum realizado en Crimea el pasado 16 de marzo, por el cual el 97% de quienes votaron apoyaron la reunificación, luego de 60 años, con la Federación Rusa. A diferencia de las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU, que son de (teórico) cumplimiento obligatorio, las votaciones de la Asamblea son no vinculantes y cuentan más que nada como termómetro de la opinión de sus países integrantes.

El voto fue bien relevante, dado que Estados Unidos y la Unión Europea necesitan fortalecer y dar legitimidad al gobierno surgido del golpe de estado que ellos impulsaron en Ucrania, incluyendo por supuesto el rechazo a la pérdida de Crimea (secesión que, por cierto, bien puede ser sólo el comienzo). Se trata de un caso demasiado evidente en su injusticia, por lo que deviene en esencial ver quienes, aun así, deciden seguir la línea señalada desde Washington.

La resolución de rechazo al referéndum fue aprobada con 100 votos a favor, 11 en contra y 58 abstenciones. Entre quienes votaron a favor se encuentra el bloque completo de 28 naciones de la UE, países del G20 como Indonesia, Turquía y Arabia Saudita, otros países petroleros aliados a Occidente como Kuwait y Qatar, y países emergentes relevantes como Nigeria, Túnez y Malasia. También votaron a favor dos países ex soviéticos: Azerbaiyán, que posee bastante petróleo, y Georgia, fuertemente enemistado con Rusia.

Entre quienes votaron no, junto a Rusia, se encuentran las naciones demonizadas por el sistema propagandístico de Occidente, como Corea del Norte, Siria y Zimbabue (Irán no votó). Y metiéndonos ya en lo que más nos interesa, votaron también en contra la mayoría de los países del ALBA: Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua.

Vale destacar que las potencias del BRICS, salvo obviamente Rusia, se abstuvieron (Brasil, China, India y Sudáfrica). Téngase en cuenta que cuando se vota un tema tan “sensible”, un parteaguas geopolítico, la abstención es equivalente a un silencio ensordecedor. Un silencio que en este caso va claramente dirigido a Occidente –es decir, se trata de un negativo, pero dicho con suavidad.

¿Qué sucedió con el resto de los integrantes de Celac? Como es sabido, los otros miembros fundadores del Mercosur nos abstuvimos. También se abstuvieron Ecuador, El Salvador, los dos integrantes no latinoparlantes de Unasur (Guyana y Surinam), Jamaica y varias otras pequeñas naciones del Caribe cuyos nombres comienzan con “Saint” y que suelen intentar posturas independientes frente al muchacho grande del Norte.

Y con el resto… con el resto de Celac hay malas noticias. La aun novedosa y relevante Alianza del Pacifico votó en bloque con Washington, tal como se espera de ellos, que para algo se la armó al fin y al cabo. Esto incluye al querido Chile, y así podemos ir digiriendo un dato clave para nuestro barrio: Nada cambia: 1 – Esperanza que Bachelet haga un real giro a izquierda: 0.

También votaron a favor el resto de Centroamérica, República Dominicana, Haití, Bahamas, Barbados y Trinidad y Tobago. Y mejor entonces tomemos nota, porque las cosas así van quedando claras: trece países de CELAC se siguen sintiendo bien con eso del patio trasero. Dieciocho, en cambio, decimos no, gracias (los dos que faltan, Belice y Granada, no votaron). Y se confirma así lo obvio, que es que Latinoamérica no es hoy un bloque. Y lo mismo se aplica, lamentablemente y como es bien sabido, a la Unasur.

En todo caso, la votación representa un nuevo retroceso del eje Washington-Bruselas. Bastaría contar población o PBI para comprobar que el 100 a 69 es mucho menos de lo que parece. La secesión de Crimea sigue así al bombardeo que no fue a último minuto, en Siria, el año pasado, una derrota histórica de Occidente cuya trascendencia aun no ha sido del todo comprendida. El mundo avanza hacia el multipolarismo, pero lxs latinoamericanxs, por el momento, no estamos para aprovechar este cambio tectónico y conformar uno de esos polos desde un bloque unificado.

 

Oferta Limitada (y un bonus track)

evita con sindicalistas

Va a sonar canchero pero la verdad, la posta, es que Krugman, cuando habla de la Argentina de estos días, verdurea. O sea: tira, pega en el palo, y se va bien afuera. Veamos.

Leemos en el artículo: “las políticas económicas que utilizan grandes déficits fiscales y la impresión de mucho dinero son malas e inflacionarias en economías que están restringidas por una oferta limitada. Son en cambio políticas útiles y buenas cuando el problema de la economía es una persistente demanda débil e inadecuada”.

Por eso –argumenta el famoso bloguero del New York Times- Argentina hizo bien en imprimir mucho dinero en 2002. Y lo mismo se aplica a los Estados Unidos desde el inicio de la Gran Recesión, en 2008. El problema se da cuando se imprime moneda nacional pero la oferta, es decir la producción de las empresas, es limitada. En tal caso, los déficits fiscales y la resultante impresión llevarán al aumento sostenido de precios.

Es correcto que tenemos un problema de oferta limitada. Como es sabido, un supuesto base del modelo kirchnerista es generar crecimiento a través del fortalecimiento del mercado interno (esto porque el movimiento al que pertenece el kirchnerismo, el peronismo, no acepta -ni con la mente ni con el estómago- el tan promovido modelo del derrame). Los populismos más bien se caracterizan -y a muchos así horrorizan- por alimentar con ganas -y directa e indirectamente- los salarios, las jubilaciones, los subsidios y las transferencias de ingresos a los sectores medios y más pobres, y la inversión pública en general. Esto lleva a un continuo aumento de demanda de bienes, especialmente de los bienes básicos, es decir los que oligopolizan los formadores de precios, es decir las más grandes empresas.

Y acá viene lo que el profesor Krugman no ve, tal vez porque no es politólogo, o quizás porque no le tocó nacer en un país que no es un imperio. Esto es: en países pequeños o medianos con monedas débiles (es decir casi todos los países), y cuando se da el democrático milagro de un gobierno populista, el capital opta sistemáticamente por inflacionar y fugar antes que invertir. Invierte, claro, lo necesario para sostener sus oligopolios. Sostiene, claro, sus precios al mínimo posible para evitar la entrada de competidores. A veces inflaciona un poquito, claro, gracias a su posición dominante (construida, hay que decirlo, con admirable paciencia –y con capitales frescos venidos de la casa matriz en el Norte). Pero lo relevante, en realidad, es que el capital inflaciona mucho gracias a su preferencia por no ahorrar en la moneda de la gente que tanta plata les hace ganar. Y a pesar de tanto predicar con eso de que el cliente siempre tiene la razón, tampoco les gusta ahorrar en el país que viven y ahorran sus clientes. Por lo tanto, fugan sus ganancias -en general sin prisa, siempre sin pausa.

O sea: los excedentes que logra el capital, es decir las enormes cantidades de plata que ganan las más grandes empresas, se escapa hacia guaridas fiscales. Pero antes, necesitan convertirlos a dólares. Y, como se explica acá, este preciso mecanismo -que resulta en la estructural debilidad del querido peso argentino- es lo que lleva a los procesos de alta inflación. Como el que lograron disparar a fines de 2013, y del que ahora estamos trabajosamente tratando de salir.

Pero en fin. Buen intento el de Krugman al titular el post: “En Argentina las reglas también aplican”. Le respondemos diciéndole: atenti, Krugman. Y no es que lo decimos porque el Diego y Messi son los dos de acá. Simplemente no estamos tan seguros de eso de las reglas que se aplican. Estas pampas, sabélo, son todo salvo regulables y regulares.

Acá lo que se está intentando, de hecho, es algo bien distinto a lo de Chile, lo de Perú, lo de México o, si es por eso, lo de la Argentina de los noventas, que tan baja inflación tuvo. Lo que se está intentando es distribuir más rápido que en esos países, que tienen salarios vergonzosos, y que suben tan despacio mientras las multis se llevan dinero y más dinero. Queremos que los salarios valgan más, y no aceptamos los tiempos que nos proponen sus académicos, sus periodistas y sus políticos. A esto se lo llama, al menos acá en el Sur, puja distributiva. Y es lo que realmente molesta, a los muchachos de mucha plata, porque implica romper la pétrea regla de que nadie les pone un límite a cuanto ganar (y fugar). Pero el tema, el lío, el bolonqui, Mr. Krugman, es que esta es, precisamente, la regla que queremos dejar de aplicar.

Bonus track:

Al referirnos en los párrafos de arriba al concepto de “populismo”, adheríamos, sin explicitarlo, a un tipo específico de populismo, aquél que en la academia de la calle suele denominarse, con bella simpleza, “populismo inteligente”. Esta modalidad se caracteriza por ser paciente y largoplacista (“paso a paso”), por cuidar siempre las defensas y las reservas (“bilardismo”) y por no hacer demasiado bardo en un ambiente que, ya de por sí, es bastante complejo (“silenzio stampa”).

¿Es la variante argenta un populismo inteligente? La pregunta viene justo, porque está quien dice que su carácter y por lo tanto su destino están por resolverse en estos mismos días. Y mucho -por no decir casi todo- depende, básicamente, de los compañeros y las compañeras sindicalistas. O sea, de su comportamiento estratégico. Y de su trabajo mancomunado con la dirigencia política.

La inteligencia del liderazgo sindical argentino se mostrará, o no, en las paritarias de éste y de los próximos años. Reside allí buena parte de la posibilidad de comenzar a frenar ahora las presiones inflacionarias del capital, que ya tanto daño hicieron en los últimos cinco años.

Y pueden escribirse veinte páginas más sobre las paritarias 2014 y lo importantes que son, pero sería complicarla de gusto. Es todo bastante obvio, en realidad. Basta ver los medios del gran capital, como quieren instalar el descontrol y el conflicto. Pero bueno. Vienen ya las paritarias docentes. Ojalá nuestrxs maestrxs nos den una linda clase.

Imagen: http://evita3.marianobayona.com/evi30mar.html

Stalingrado

Stalingrado imagen

Llego el momento previsto, por mucha gente esperado. La guerra lleva sus años y se siente en todas las espaldas. Las fuerzas del capital han logrado penetrar profundo en territorio populista, acechando sus principales bastiones, amenazando con la victoria total, festejando por adelantado para mantener caliente a su emocional platea. Pero, a la vez, están en realidad alertas, conscientes que, lejos de tenerla ganada, se enfrentan con un caso difícil. Desde la lejana victoria populista del 54%, se ha intensificado sin prisa pero sin pausa la escalada de quienes, disponiendo de muchos recursos de poder, se oponen y se opondrán a la dirección, al modelo, a las políticas, al “relato” elegido por el gobierno argentino desde 2003. El capital anda con viento a favor, y viene por más.

De hecho, una dékada después del inesperado inicio de la anomalía populista, el verano 2013-2014 presenta todas las características de una temporada estival de esas que, por traumáticas, nada extrañábamos. Con una manito del calentamiento global, quienes manejan los precios y los medios (más alguna importante ayuda de nuestro lado) lograron generar algo mucho mayor a una sensación de caos. Algo más bien parecido al infierno, de hecho. El caos: ese feo momento que tan bien conocemos en Argentina, y que tan bien sabe generar la gente de, por y para el poder.

En efecto, años de planificación y de inteligente lento accionar hacen parecer desconectados e inocentes los lejanos movimientos disparadores del desorden social. Décadas, o más bien siglos, de exitosa experiencia los lleva a siempre perfeccionar un poco más sus técnicas de dominación. Pero con el tiempo todo llega: el caos, en nuestras tierras, en este comienzo de verano, existe. Llevó tiempo llegar a la batalla en curso. Y esta batalla –cuyo inicio más o menos coincidió con el treintavo aniversario de la querida democracia- tiene toda la pinta de ser definitiva. Quien pierda ahora, pierde todo, o al menos mucho.

Las fuerzas del capital, es decir las conservadoras y las liberales, sienten que el más exitoso experimento populista desde que tuvieron que tirar bombas en la Plaza está al borde de la caída estrepitosa por la que tan hábil y tenazmente han trabajado durante largos años. Y encima, no falta quién, desde el otro lado -desde este lado-, manda avisos de que hay que seguir a los muchos que ya saltaron el charco. O sea: dicen, nos dicen, que ahora hay que dejarse de joder, y dejar -como tantas veces dejaron antes gobiernos argentinos y latinoamericanos- que los grandes capitales vuelvan a definir la política económica.

Pero un pequeño detalle que las personas con más poder, y sus plumas en los grandes medios, tienden a olvidar es que, aunque quieran, aunque insistan con tapar el Sol con la mano, y se digan mil veces que esto ya está resuelto, y que aseguren diariamente que cualquier posibilidad de recuperación populista es una no-verdad, una ingenua ilusión pasajera, un sueño intoxicado, por más que digan eso y más, en realidad, somos muchxs -muchxs de verdad- lxs que seguimos cinchando desde en el bando peronista-kirchnerista. Y estamos dispuestos a aguantar. A seguir aguantando. Y a seguir aguantando de múltiples maneras. Por ejemplo, discutiendo de plata. Y ahora que ya se formalizó la tan anunciada y deseada y hábilmente provocada devaluación,  proponemos, más precisamente, debatir de precios, en pesos. Y de salarios. También en pesos.

He aquí un importante factor que algunos en el capital bien saben, pero bien se cuidan de avisarles a sus siempre locuaces periodistas-estrellas. El detalle es que el bando populista – lxs estatistas (de mercado) y lxs distribucionistas- nos paramos ahora, luego de meses en extremo aciagos, con bastante más experiencia que hace no tanto tiempo atrás. Y con mejor relación reservas/base monetaria. Y esto dicho sin negar ni olvidar que los últimos rounds los vienen ganando los que manejan la plata y los medios, esos que tanto quieren un estado chico -bien chico, digamos diez puntos menos del PBI, como era antes. Y que han logrado convencer a parte importante de la población que, otra vez, la culpa es de los políticos. Que son tan ineficientes, y tan corruptos. Y tan estatistas.

Lo que seguirá en la política nacional en las próximas semanas definirá el curso de esta larga guerra. Hay que seguirla con atención, día a día. Y conviene entonces repasar brevemente como la argentinidad llegó, como varias veces antes, hasta acá.

El conflicto sin vuelta atrás comenzó en 2007, con la elección de CFK, o sea la reelección kirchnerista. Hasta entonces y desde 2003 hubo, como sabemos, pujas y tensiones varias, pero el capital todavía elegía -en aquellos inocentes tiempos- ilusionarse con una pronta y más o menos limpia derrota K –o alternativamente, y casi igual de útil, con su transformación en una moderada y civilizada socialdemocracia frenteamplista, a la uruguaya.

Pero no sólo esas modestas previsiones del capital se vieron frustradas, sino que poco a poco, y con estratégica habilidad, el generalato pingüinero fue mostrando que lo suyo no es hacer la plancha, y que ya que está en el gobierno, le gusta avanzar, siempre, un paso más.  Y así fue que por parte de los grandes ganadores de dinero del país lo primero que siguió a esta revelación -a esta verdadera mala noticia-, fue el inicio de una por momentos lenta, pero casi siempre continua, y siempre masiva fuga de capitales.

Poco después, a principios de 2008, el kirchnerismo tuvo la insólita idea de querer cobrar impuestos de verdad al variado, pujante, a veces creativo, y casi siempre creído sector pampahumedístico -el querido y admirado campo argentino, y lo decimos de verdad, y a pesar de tanto. Y por más que incontables plumas de los grandes medios -y de la neurótica “izquierda” no peronista- quieran ignorarlo o negarlo, el hecho es que la 125 fue el gran evento divisorio de aguas de estos tiempos, el hecho que dio origen al proceso macropolítico en el que vivimos, y que es tan difícil predecir como evolucionará. La 125 le hizo ver al capital local y extranjero que, en la Argentina, los populistas, otra vez, venían en serio. Y le mostró, o más bien le terminó de mostrar, a un pueblo con genes irremediablemente distribucionistas, que algo de verdad se movía, finalmente, otra vez, después de tanto tiempo, en el sillón de Perón.

Y así fue que, hace ya más de cinco años, quienes de verdad mueven plata en nuestra patria determinaron el inicio de las alzas continuas de precios. Hablamos de la capacidad de acción de muy pocas personas, de agentes muy precisos: las grandes empresas, pero las grandes de verdad, las que pertenecen a los ricos de verdad, las proveedoras de todo, es decir las -por suerte cada vez más famosas- formadoras de precios. Y la clave es comprender que estos incrementos continuos de los precios basales de la economía –que es el proceso disparador real, concreto, preciso, y poco conocido de la “inflación” (ese fenómeno que tanto les gusta a sus “periodistas” mencionar así, como si fuera una fuerza de Dios)- no se explican por razones monetarias y/o de mercado, como les gusta mentir -perdón, como les gusta insistir a los “economistas” que viven de los altos sueldos del capital. Es decir: las razones del disparo inicial de la inflación son de naturaleza política. O sea: aumentan porque se les canta.

Para ser más claros: la fuga de capitales y los procesos inflacionarios son dos de las patas del trípode de destrucción masiva que usan las elites mundiales cada vez que se encuentran con  gobiernos con aspiraciones distributivas (la tercer pata es, por supuesto, el sistema mediático, al que ya volveremos). Para ser aun más claros: el trípode se pone en acción cuando las elites -siempre algo sorprendidas con el atrevimiento de las desafortunadas almas inferiores – se cruzan con gobiernos con pretensiones no sólo de incrementar la participación del estado en la economía sino que también –e igual o aun más inaceptable para quienes manejan el dinero grande- con aspiraciones de introducir regulaciones de verdad al uso del capital excedente. Entonces, con algo de desdén y mucha violencia -verbal y de la otra- las elites responden, acá y en todo lugar dónde se ejecute similar intento, atacando con admirable constancia, y desde todo flanco. Y, concretamente, lo que dicen, en diversos idiomas, y a través de los más conocidos y poderosos medios de comunicación de este pequeño mundo (esos que la gente que los lee se cree inteligente), es algo así: “ustedes, populistas, hagan lo que quieran, suban impuestos, regulen, legislen, incluso anuncien la revolución… igual, la plata es fácil llevársela, y nos llevaremos hasta el ultimo peso que podamos. Ah: y olvídense que invirtamos más que lo indispensable, es decir más que las pocas monedas que tenemos que invertir para mantener firmes nuestros oligopolios”. Entonces, atención: invierten sólo y solamente lo estrictamente básico para poder seguir saqueando. ¿Innovación, investigación? Olvidáte, eso no es para las colonias. Y ni debería ser necesario tener que aclararlo.

Y esto es lo que de hecho hizo, la gente de mucha plata, aunque suene exagerado. La fuga de capitales nos debilitó seriamente los fondos ahorrados en el Banco Central (BC), especialmente durante la recuperación económica de 2003-2007. Recordemos que el BC es el que transforma en fugable rúcula los tantos pesos excedentes de los grandes capitalistas (así como permite el comercio exterior y canaliza los excedentes de la clase media que se van a ahorro).  Y, por si hace falta, agregamos: otros sesenta mil palos o más los perdimos por pago de deuda contraída en décadas anteriores, en particular desde que se liberó el recordado combate, también veraniego, y ojo que fue sólo para lo obvio, es decir para para poder utilizar el chanchito del BC para pagos de deuda, es decir no sólo para financiar el cambio a dólares de las múltiples ganancias de las multis, esas empresas que hacen tan ricas a tan pocas personas.

Y olvidar esto, gente, es olvidar que distinto sería todo si pudiéramos haber guardado o en parte gastado esos sesenta mil palos. Por empezar, no habría corrida contra el peso, no habría dólar blue, no habría cepo. Y sin embargo, ¿por qué lo olvidamos? Porque “olvidar” este factor esencial de nuestra política económica es parte clave de la función de dominación social de los grandes medios, los que financia el capital. Por eso, salvo unxs pocxs nerds u obses o zurdxs, nadie es demasiado consciente de cuánto pagamos. Porque lo invisibilizan o, como mucho, lo distorsionan en su naturaleza y en su alta importancia. Y olvidar cuánto pagamos de deuda, y dónde y cuándo y cómo se originó esa deuda, es hacer política en broma. Una costosísima broma.  Para nosotrxs y para las futuras generaciones. (Y, ya que estamos: un sentido gracias de parte de las ex futuras generaciones a quienes nos endeudaron hasta la médula).

Por su parte, la inflación genera un exceso de pesos –fruto del aumento nominal de salarios (es decir en cantidad, pero no real en poder de compra). Es importante comprender que los salarios suben porque antes subieron los precios base, los que manejan las multis. Es decir (y atenti, porque esto no te lo van a contar en el Cronista): la famosa puja distributiva la inician las formadoras de precios. Ellas inician la disparada y luego simplemente confían en la irracionalidad colectiva, tan mágicamente argenta, de creer que tu sueldo puede aumentar un 25% real al año. Así, suben en general los salarios nominales en pesos, crece el excedente de pesos –los que no van a consumo ni inversión sino a ahorro- y luego se van derecho al dólar.

Como sabemos, cuando la gente compra dólares, en un sistema sin cepo, es porque se los está vendiendo, en última instancia, el BC. Entonces, y para ir comprendiendo como trabajan las elites: juntás a ambos fenómenos –la fuga del gran dinero y el aumento sostenido de los precios base que manejan las muy pocas y más grandes empresas- y, con el tiempo, como el BC se va quedando sin dólares, o caés en el endeudamiento, es decir le pedís plata a ellos (como sucedió durante el menemismo y la dictadura, por ejemplo) o, si elegís no endeudarte, como intentó bastante bien el kirchnerismo, no te queda otra que caer en el cepo cambiario, es decir en el límite para comprar dólares, que acá en Argentina implementamos en lo que resultó ser un olvidable día de fines de 2011. He aquí, estimadxs, la famosa “restricción externa” que tantos problemas nos genera.

Y entonces sucede algo importante, algo con efectos políticos. De la fuga de capitales se enteran sólo los ricos y los nerds de la economía. Pero de la inflación nos enteramos todxs. Y del límite a la compra de dólares se enteran hasta los parientes ya fallecidos. Y así, y como dura, reciente y merecidamente aprendió el bando populista, podés perder casi 25 puntos de votos en sólo dos años. Un desastre.

Es importante comprender bien que cuando creás un cepo se crea de inmediato demanda para un dólar que ya no te lo vende el BC, sino los privados. Y ahí sí: el capital y sus grandes medios te mueven su cotización con harta facilidad, siempre hacia arriba -es decir nuestra moneda hacia abajo. Porque, he aquí el punto central, el que hay que retener: lo que no quieren son nuestros pesos. Quieren dólares para llevarlos a las tantas guaridas fiscales que ni Washington ni Londres ni nadie con poder realmente combate –aunque, curiosamente, se trata de estados débiles, sin armas casi. Y así, urbi et orbi, y a través de su autoalimentadamente poderoso sistema de medios “prestigiosos” (el New York Times, ponéle[1]), declaran que el peso argentino no sirve (es junk, basura, te dicen, infinitamente, sus infinitos opinadores).

Y así es como funciona, gente, la guerra entre las elites y los estados -al menos desde que se esparció entre las desunidas masas del mundo el meme marxista. “Ante todo, despreciás su moneda”, dicen sus manuales, que te hacen leer en la facultad. Y así aprendés, de chicx, cómo se domina a los demás. Suena exagerado, pero funciona exactamente así.

Porque como decía Guillermo Moreno hace poco, el valor del dólar es el único precio que importa en la Argentina. Es clave entender esto para entender todo el modelo. Al volverse de a poco cada vez más caro el dólar, la inflación cesa de ser un accionar dirigido por las elites oligopólicas para convertirse en un masivo y racional acto de protección del capital por parte de millones de individuos que tienen pequeños excedentes. Y atención, porque en ese momento y bajo esa situación –o sea cuando el pueblo, el 99%, comienza a caminar primero, para luego correr al dólar- es que finalmente el famoso “la emisión causa inflación” se hace cierto.

O sea: no entender que la corrida al dólar la crean las elites, es no entender la irrelevancia y falsedad de suponer que la emisión causa directamente inflación. Hay múltiples ejemplos de países que emiten o emitieron muchísimo más que el estado argentino, pero no tienen inflación. La diferencia es que sus pueblos no huyen de su moneda. Y esto es porque no son pueblos dominados. No son dominados mentalmente.

Pero lo de “mentalmente”, sabemos, suele sonar a cháchara. Entonces, ¿qué quiere decir no estar dominados, pero traducido a verdes? Significa que la mayor parte de las rentas generadas –la riqueza de la tierra y del mar, y la riqueza producto del trabajo del pueblo- queda en sus países. Y estas riquezas, a su vez, –y atenti que esto Clarínlanación te lo va a contar al revés- son repartidas internamente con criterios más altruistas. Pero no por buenxs que son, sino porque les conviene. Conviene para tener paz social y para tener un mercado interno robusto, ergo una industria fuerte. Y eso es exactamente una sociedad que, hasta donde la condición humana permite, mas o menos funciona. Y que no está dominada, o al menos no brutalmente dominada (y por si alguien no está al tanto: esas naciones son muy pocas).

Entonces: al quedar la mayoría de las riquezas en casa, el BC no se vacía de dólares -al contrario, se llena. Entonces, el estado no necesita contraer deuda, ni poner un cepo. Además, no bajaría el peso. Entonces, y además de que sería barato viajar a Europa, la gente ahorraría en pesos. Luego, el estado puede seguir emitiendo racionalmente (como en realidad lo hace el estado argentino), pero sin inflación.

En esto estamos. Sólo el accionar valiente del estado puede generar las condiciones para continuar el crecimiento y mejorar la equidad sin inflación. Pero, hasta ahora y cómo sabemos, la estrategia de fuga de capitales e inflacionaria implementada por el capital ha dado notables éxitos, y en escasos cinco años de continuo accionar. Y así tuvimos que ir aceptando retroceder, llevando al final el dólar a ocho, que en realidad es nueve sesenta. Es decir, nuestra moneda vale menos de la mitad que al comienzo del conflicto. En poco tiempo se perdió mucho de lo ganado en la década pasada.

Y ahora, con el peso ya devaluado, con la presión del blue que no se extingue ni se extinguirá a la brevedad, con las multis y sus medios que gritan inflación con todo pero todo su poder de fuego -y si sos tan cipayo, anunciás incluso cosas peores- llegamos así al momento clave. Y si bien se escucha algún lamentablemente sensato pronóstico de una larga, muy dura batalla, es evidente que el gran dinero se siente ganador. Sus medios no quieren o no pueden o no saben ocultar que están en estos días tomando fuerza, charlando en la playa, para decirse, y para dentro de poco decirnos: bueno, ahora sí, vamos por todo. Vamos por el definitivo golpe (inflacionario).

Pero si por alguna razón las cosas les salen mal, y el populismo sale, otra vez, y como en 2008 y 2009, victorioso, es importante tener en cuenta por qué esto sucederá. Que sería, exactamente, esto: lo esencial es evitar, en el resto de este verano, pero también en el otoño, y también en el invierno y la primavera de 2014, y también en las estaciones que sigan por varios años más, los aumentos de precios post-devaluatorios, y el desabastecimiento de productos. Que son los dos principales cañones que tienen y van a querer usar una y otra vez.  Más veces de lo que da siquiera ganas de pensar.

Va a ser, de hecho es, bien duro. Y venimos de perder, en estos años y ayer nomás también, este mismo combate, el de los aumentos de precios. Y es cierto: vista la historia, luce imposible ganarles. Tantas veces populismos peronistas o radicales han intentado congelar precios, para poco después tener que entregar las armas. Y además, hay tantos frentes más, incontables realmente, varios de los cuales están flojos por nuestra propia responsabilidad. Un ejemplo, uno particularmente importante, es si sabremos aprender colectivamente que los aumentos salariales ilógicos existen sólo porque son nominales, duran sólo unos años, y luego llevan al proceso inflacionario que mata al poder adquisitivo real. Vivir con un poquito de inflación es un truco con el que nos hipnotizan. Hay que ganarle la puja distributiva al capital con inflación bien baja.

Pero bueno. Para cerrar queremos decir algo que a (algunxs de) ustedes los hará reír, pero lo decimos igual. Se va siguiendo la cosa, se va comprendiendo de a poco lo difícil que es todo, lo difícil que es estar en la cima del estado. Pero se está mas o menos tranca, porque, después de una década, mas o menos bien se saben ya al menos dos cosas. Una, que tenemos a gente confiable, a Cristina, a Axel, al Coqui y a tantxs más, al comando del aguante. Y dos, está quien dice que lxs argentinxs aprendimos bastante desde la victoria del 54%, que, hay que reconocerlo, nos achanchó un poco. Pero bueno. En todo caso, los partidos van y vienen. Y, cómo es sabido, el partido no termina hasta que chifla el referí.

Imágen: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c0/RIAN_archive_602161_Center_of_Stalingrad_after_liberation.jpg


[1] Fijáte en esa editorial del NYT, de estos días. Nos dicen que nos equivocamos en: 1) aumentar la inversión pública; 2) negociar fuerte con los grupos económicos; 3) nacionalizar empresas estratégicas. Es decir, nos dicen que nos equivocamos en no aceptar ser una colonia, un territorio de saqueo. Atención entonces para quienes aun creen que el NYT y tantos más son sólo algo más que un poco mejor elaboradas expresiones de la derecha.

Que florezcan mil medios

 

Television_challenge

Pocas semanas atrás entrevistábamos en la ciudad de Guatemala a un legislador democristiano. En respuesta a nuestra pregunta de por qué en sus pagos no surge algún populismo irresponsable que proponga agrandar el estado para agrandar la nación, nos explicaba cómo casi la totalidad de la televisión de ese país está en manos de un solo grupo -cuya cabeza, o más bien cuyo enriquecido testaferro, es este señor (que, dicho sea de paso, también tiene poder mediático en nuestro país, y de quien su referencia en Wikipedia se hace cada semana un poco más breve). Agregaba luego, nuestro interlocutor, bajando un poco la voz, que el mexicano lanzó su paciente construcción en los ya lejanos años ochenta, y que es “un secreto a voces” que todo político guatemalteco con ansias de crecimiento debe hacer un peregrinaje a su mansión en Miami antes de hacer públicas sus ambiciones y propuestas.

Nada nuevo, por supuesto, ni en Centroamérica ni en ningún lado. Y ya podemos, claro, escuchar desde acá los sarcásticos comentarios de quienes se permiten mirar a este duro mundo desde la cima de su sabiduría, para decirnos que es obvio que los medios influyen, que siempre lo hicieron, y que siempre lo harán. Y hasta ahí llegan, satisfechos. Como sabemos, no son ell@s los indispensables.

Indispensables son las decenas de miles de personas que han empujado este proceso, en particular desde que el liderazgo político argentino –y muchos millones de su mano- terminó de darse cuenta que el periodismo independiente no tiene códigos democráticos, lo que impide la sincera negociación del camino hacia un país más justo. Y ni hablar de la valía de quienes empujaban la cuestión ya de antes de 2008 -por ejemplo, y bastante antes, el diputado radical Ricardo Laferriere, que “pagó con su desaparición de los medios la patriótica decisión de presentar, en tiempos de Alfonsín, un proyecto regulador”.

Luego del fallo de ayer de la CSJ, el país politizado se encuentra en lógica ebullición. El siguiente punteo surge, algo desordenado, de tal momento.

Primero, lo principal: en privilegiados tiempos donde el poder político local viene decidiendo –haciendo así punta en el mundo- que hay que ponerle límites de verdad a las corporaciones mediáticas, es necesario seguir meditando, profundizando y aprendiendo diariamente en la compresión del poder real de estas empresas a las que tanto les gusta llorar debilidad. Los medios son, para las grandes mayorías no especializadas, inconscientes e influyentes amigos, compañeros de desayunos y de soledades, de anuncios de matrimonios y de fallecimientos, de humor, de tristezas y de juegos. Los medios somos nosotr@s, cada día, y están tan metidos en nuestras vidas como los colores del cuadro del cual somos hinchas. Como nos decía un amigo apolitizado que sin emoción votó a CFK en 2011 y a Massa en 2013: “¿cómo voy a dejar de comprar Clarín? Mi viejo lo leyó toda la vida. Es una tradición que no puedo romper”.

Segundo, y sólo para quienes aún se pronuncian escépticos del poder de quienes comunican, una simple reflexión -aunque, seguramente, resultará insuficiente para convencer. Si nadie nos hubiera dicho nunca –si nadie nos hubiera comunicado nunca- que no es el Sol el que gira en torno a la Tierra, sino viceversa: ¿hubiéramos podido deducirlo por cuenta propia? Quizás el exceso no está en decir que quienes comunican condicionan nuestra visión del mundo, sino en el negar la posibilidad de ser víctimas de la desinformación semi-organizada.

Tercero, y sólo para quienes se emocionan con los papers, las citas y los púlpitos universitarios. En la academia, gente, el tema está saldado –aunque por supuesto nadie con poder masivo de comunicar haga el esfuerzo para que nos enteremos. Desde que en 1988 Herman y Chomsky publicaron su modelo propagandístico, ha quedado demostrada la metodología por la cual las elites logran “fabricar consensos, para sostener las estrategias por las cuales el dinero y el poder son capaces de filtrar las noticias aceptables de ser publicadas, y así lograr que los intereses privados dominantes se instalen en el público[1]. Los “estudios” que pretendieron rebatir este modelo fueron baratas propagandas, financiadas (y muy difundidas) por el gran capital, y que no han logrado alguna trascendencia. En contraste, la larga lista de estudios serios derivados de aquel modelo va llenando las bibliotecas de las facultades de política y de comunicación de todo el mundo, a partir de su aplicación en múltiples escenarios -nacionales, internacionales y subnacionales- y en distintas épocas.

Cuarto, y por lo tanto: pretender comprender la política, o la geopolítica, sin tener en cuenta como los factores de poder real moldean las noticias y sus interpretaciones, es como querer cosechar sin haber transpirado la siembra. Y esto viene de hace rato. Un ejemplo lo contaba el escritor Ítalo Calvino, luego de su tour norteamericano. En 1959, en una visita al ministerio de relaciones exteriores de Estados Unidos, un funcionario, jefe de relaciones públicas, le explicaba su trabajo: “nuestra tarea es crear noticias y lograr que se publiquen. En la oficina de al lado hay otra agencia, cuya tarea es prevenir y reducir el impacto de noticias desfavorables”. Gracias, say no more.

Quinto, un tema sensible, porque afecta al orgullo, ese bicho malo que tod@s llevamos adentro. No son pocos quienes parecen resistirse a aceptar el poder de los medios para influir la política por el simple hecho de que no la vieron antes. Hablamos, en general, de apreciad@s colegas de la generación setentista, que han hecho una vida de militancia y/o análisis en pos de la justicia social, pero sin cuestionar fuerte o permanentemente la estructura comunicacional. Creemos que la respuesta a tal inquietud es la siguiente: nadie, por si sólo/a, puede ver o saber nada. Siempre se nos pasan fenómenos relevantes, que algún día serán obvios. Todos los procesos democratizadores son lentos e inconscientes despertares colectivos, aun cuando por supuesto haya algún lugar para las vanguardias jauretchianas. Hoy se masifica la comprensión de la habilidad del capital para usar a los medios. En un par de generaciones nos indicarán aspectos de la dinámica política y económica que hoy nos somos capaces de ver o comprender en su cabal relevancia. Y así sucesivamente.

Sexto. El fallo de la CSJ no es la conclusión de ninguna lucha, sino el comienzo del fin del comienzo: “incluso con la aplicación completa de la ley, el tope amplio de 35 por ciento para cada actor no impedirá que el Grupo Clarín sea el actor mediático más poderoso del país”. La política comunicacional democratizadora apenas ha comenzado (como bien indican analistas opositores o neo opositores), y excede, por mucho, a los medios audiovisuales. Ahora, hay que “marchar en lo más complicado: la instrumentación de la ley tanto para los de arriba como para los de abajo. Seamos capaces de generar las condiciones para que se pueda desenvolver una comunicación de distinto tipo, donde no se trabaje dependiendo de la publicidad o el subsidio”. Y no olvidemos que cada punto de rating que ganemos implicará haber tenido que rebatir a las innumerables horas y líneas de tribuna de las que dispone, por ejemplo, tanto “abogado constitucionalista”.

Séptimo, todo esto viene dicho suponiendo que se logra avanzar en la aplicación real de la ley votada el 10 de octubre de 2009 (un probable futuro feriado). Como nos explican los especialistas, el fallo de ayer “le otorga un premio consuelo (al Grupo Clarín) y le da una base para judicializar los actos administrativos”. Y agrega: “excluyo de este escenario a las eventuales presentaciones (no apelaciones) en “tribunales internacionales”, que no tienen chance alguna de ser admitidas”. Ojalá, pero enemigos foráneos poderosos sabemos que no le faltan a esta nerdística ley votada por un Parlamento del sur de Sudamérica.

Octavo, y a pedido del público que sabe (y que nos enseña). Una apelación a la política real, la callejera: “esta oportunidad puede convertirse en un problema si el kirchnerismo elige sólo concentrarse en la batalla con Clarín que, no se encuentra en la agenda de la mayoría de la gente. Creer que este fallo modifica el escenario electoral o sustituye la imperiosa necesidad del cristinismo de articular nuevas políticas y alianzas, puede ser mortal”.

Y noveno, unas arriesgadas palabras sobre la Corte Suprema de Justicia. Creemos que hay una posibilidad que l@s suprem@s hayan manejado los tiempos políticos con notable habilidad. Quizás tenemos que aceptar que nos dan así, a quienes aún hemos vivido menos inviernos, este mensaje, esta lección: si vas a intentar cambios profundos, hacélo despacio, escuchá a las partes, aceptá los tiempos procesales. Puede ser. Pero quizás esta interpretación es ingenua y/o emocional, y son otros los factores en juego más relevantes. Pero bueno, para tratar de entender es que debatimos.

Por último: lo que está sucediendo, creemos, es una profundización de la democratización de la sociedad argentina. Justo en el aniversario de la democracia. Y encima, se suele escuchar, la de la treintena es una década decisiva. Y, de hecho, todo indica que hay una generación de polític@s que, junto a la sociedad, parece haber aprendido algunas cosas relevantes desde 1983. Lo que nos deja mejor parados para esta nueva década. Una decisión o aprendizaje, por ejemplo, es que sus jefes no son ya los empresarios mediáticos (y sus financistas), sino el pueblo que les dio el voto (hay excepciones, claro[2]). Y otro –creemos, esperamos, y apostamos- es que también hemos aprendido que no nos convienen medios que digan todos lo mismo. Hay que financiar mucha comunicación, de distintas vertientes, y no volver a permitir el surgimiento de una orwelliana corporación que da para quitar mucho más, y que se ha permitido (le hemos permitido) conductas monopolistas inaceptables –entre otros, con sus pares, es decir con otros medios.

Si logramos en las próximas décadas armar un sistema mediático realmente más democrático, estaremos entre los primeros de una tendencia reformista que ya se insinúa en todo el mundo, especialmente en Sudamérica. Pero no será esto algo que permita ningún milagro, ni rápida revolución, sino que simplemente implicará haber abierto el espacio para que podamos seguir aprendiendo, lentamente y en conjunto, a través del inevitable, humano y permanente prueba y error que permite la democracia.

 


[1]Herman y Chomsky, “Manufacturing consent”, 1988. p. 2.

[2] No se pierdan esta foto de ayer, de antes del fallo, de Sergio Massa respondiendo el celu, tomando mate, y leyendo “los diarios”: http://www.clarin.com/politica/Massa-repetira-formula-intendentes-interior_0_1019898014.html

Foto.

Combatiendo al capital


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Miguel Braun es economista, doctorado en Harvard, uno de los principales referentes económicos del macrismo y, además, un viejo y cercano amigo. El sábado pasado publicó un interesante artículo en el Buenos Aires Herald, donde con buen nivel de datos, análisis y prosa, expuso la visión de quienes creen que la calidad de vida de la población argentina mejorará con la implementación de políticas económicas pro-mercado[1]. En este post nos proponemos rebatir esas ideas, esperando en cambio que lo que siga -no sólo a 2015, sino ya desde el corriente año- sea un afinamiento y una nueva profundización del modelo económico iniciado en 2003.

Basado en los resultados de las internas de agosto, Miguel postula que estamos frente al “fin de una era política”. Esto lo invita a ser optimista: “el (actual) desolador escenario puede rápidamente convertirse en una primavera económica.” Más precisamente, dada nuestra condición de “paraíso de recursos naturales”, y con la implementación de políticas distintas, “la economía va a dispararse”, en particular gracias al enorme potencial de los negocios agrícolas, mineros y energéticos. Para comprender mejor esto invita a mirar el ejemplo de Australia, uno de los países de mayor crecimiento en las últimas décadas, y también propone observar el “éxito de otros países latinoamericanos como Chile, Colombia y Perú, que han implementado políticas razonables”.

Miguel afirma que la economía argentina “es como un corcho sostenido bajo el agua”, que presenta un crecimiento anémico y selectivo, con empleo y salario real estancados. La causa principal es un “modelo económico inconsistente, que inhibe la inversión y la innovación”, donde la inflación es “dejada sin control” y el gasto público (es decir la inversión pública) y la presión impositiva han llegado a niveles inédita y sofocantemente altos.  A esto debe agregarse una “política energética populista”, que desalienta la inversión en el sector y que genera un grave drenaje de divisas y de recursos fiscales.

¿Qué propone hacer? En el corto plazo, “bajar la inflación, liberar el tipo de cambio, eliminar las intervenciones estatales arbitrarias al comercio internacional, y restablecer relaciones normales con la comunidad financiera internacional”. En el mediano plazo, invertir en transporte (en particular en ferrocarriles), disminuir la presión impositiva, y aumentar el crédito bancario a las empresas.

Ok. Ante todo, los puntos de coincidencia. Es imprescindible bajar los costos de transporte, particularmente invirtiendo mucho más en ferrocarriles. El déficit energético es un gran problema (aunque, postulamos, en vías de lenta solución). También coincidimos en que tenemos la enorme fortuna de ser un paraíso de recursos naturales, y que en los sectores agrícolas, mineros y energéticos hay un notable potencial de crecimiento de largo plazo.

En segundo lugar, los argumentos que creemos requieren más cautela. ¿Los países de la Alianza del Pacifico son ejemplos a mirar? Estimamos que se necesitan al menos un par de décadas más para evaluar los resultados de la notable división ideológica que recorre a Sudamérica. Hoy por hoy, hay datos para argumentar tanto a favor de un lado como del otro. En cuanto al crecimiento “anémico” y el empleo y salario real “estancados”, también creemos que hay datos que refutan tales valoraciones, al igual que con respecto a la inversión (ver por ejemplo el tercer grafico acá). Pero elegimos no profundizar en estas cuestiones, para poder centrar el debate en donde creemos que más vale la pena hacerlo.

Entonces, a los bifes. Creemos que “bajar la inflación, liberar el tipo de cambio, eliminar las intervenciones estatales arbitrarias en el comercio internacional, y restablecer relaciones normales con la comunidad financiera internacional”, más la baja en la presión impositiva, serían todas medidas contraproducentes para el bienestar de las mayorías (sobre el primer punto, bajar la inflación, nos referimos obviamente a hacerlo a través de las estrategias monetaristas ortodoxas). Pero atención. Lo dicho no implica que de implementarse este menú de políticas no redunde en un aumento de la inversión de las más grandes empresas, sobre todo aquellas trasnacionales (o, como venimos viendo en las últimas semanas -gracias a los inversores que también intuyen una primavera en ciernes- en el valor de las empresas que cotizan en la bolsa de comercio).

Las medidas propuestas por Miguel son parte del intenso debate de estos días, con lo cual creemos que, a fin de poder elaborar nuestro principal punto, no es necesario detenerse en los conocidos argumentos en contra de tales políticas (aun así, aprovechamos para proponerle al Parlamento, o más bien para rogarle, que antes de 2015 legisle la equiparación del volver a endeudar al estado con acreedores externos -para todo destino que no sea inversión de capital- con el delito de traición a la patria. Gente: puede sonar exagerado, pero si nos vuelven a endeudar, todo habrá sido en vano).

Inversión e innovación queremos tod@s. Altos niveles de empleo y de salario real también quieren, incluso, unos cuantos liberales. El tema es cómo lograr esos objetivos. El debate es obviamente complejo y en realidad no está saldado, ni en Argentina ni en ningún lado. La humanidad está aún aprendiendo cómo combinar estado y mercado, y partir de esta humilde premisa le haría muy bien al debate democrático. Pero esto no es algo que se reconozca, acá y en todos lados, desde la predominante academia pro-capital -y ni hablar del masivamente liberal “periodismo”. Así, nos dicen, más o menos explícitamente, que la razonabilidad sólo está de su lado, y surge rápida y crispada la acusación de autoritarismo frente a los intentos intervencionistas del estado. Sería un gran avance que, en cambio, reconozcamos que, además de la falta de certezas, hay un supuesto o actitud política básica a partir de la cual se originan las diferencias.

La cuestión de fondo reside en cómo nos paramos frente al poder, es decir frente a los grandes capitales. Las propuestas liberales se basan en atraer o seducir al capital, ofreciéndole seguridad y previsibilidad. Esto es, por sobre todas las cosas, seguridad de que los márgenes de ganancia a los que están acostumbrados no sean cuestionados o afectados. Si se dan tales condiciones, supone el modelo, el crecimiento económico será gradual e inevitable, y por lo tanto también los beneficios sociales que éste trae aparejado. En otras palabras, hablamos de la vieja y siempre renaciente teoría del goteo o trickle-down economics que, como puede leerse en el link, plantea que “el progreso económico depende del ahorro y la innovación, y estos a su vez dependen de la libertad de obtener grandes ganancias y de acumular enormes riquezas”.

La izquierda –o, si se prefiere, la heterodoxia, el peronismo verdadero, el kirchnerismo, etc.- lo ve distinto. Pero ojo: el punto esencial de disidencia no es la invalidez total del argumento liberal, sino su inaceptabilidad ética. La seducción del capital trae crecimiento, el problema es que es crecimiento injusto, en sus tiempos y en sus formas. Es crecimiento para pocos y pocas, y lento goteo para el resto. Basta cruzar la cordillera para ver a una hermana nación que lleva tres décadas de prolija apuesta a tales ideas, y que junto a sus numerosas e impactantes islas primermundistas muestra índices de desigualdad con pocos parangones mundiales. El planteo pro-capital implica, por sobre todo lo demás, aceptar las condiciones que el poder pretende para invertir.

Desde el otro lado, en cambio, se busca torcer el brazo del capital, obligándolo a aceptar menores márgenes de ganancia. Por supuesto, se acusará ingenuidad. El mundo es un lugar difícil, y quienes tienen el poder establecen las reglas del juego. Y si no las aceptás, tendrás que aceptar que se te fuguen 20 mil millones, como explica Miguel que sucedió luego de la reelección de Cristina, o –lo mismo pero desde un punto de vista global- 21 trillones hacia las guaridas fiscales que tan bien protegen los estados más poderosos. Y bueno. Es que es una historia tan antigua como el ser humano, eso de elegir cómo pararte frente al poder. Pero en fin, como nos avisan algunos valientes que dicen enfrentar a Goliat, en la vida hay que saber elegir.

Para ir cerrando, algunas precisiones adicionales. Acá se planteó lo que entendemos es el núcleo de la división de los paradigmas liberal e intervencionista. Pero se trata sólo de eso, del núcleo. El debate político es hipercomplejo y presenta cuasi infinitas facetas, derivadas de esa disyuntiva inicial. Un ejemplo claro y relevante es la inflación. Dice Miguel: “la impresión de dinero explica el 25% de inflación”. Este argumento, repetido ad infinitum desde pulpitos académicos y mediáticos desde hace décadas, parece hoy una verdad irrefutable. Sin embargo, es una simple y potente falacia. Más aun, en nuestros países, y en particular desde que se les complicó usar los bombardeos de plazas o las desapariciones, la inflación es una de las dos principales armas que tiene el capital para derrotar al populismo. Y de hecho están, una vez más, ganando el partido: el aumento sostenido de precios lleva a las tensiones devaluatorias, alimenta los problemas de balanza de pagos y debilita el apoyo popular al gobierno. No lograr impedir el lento, oculto y continuo accionar de los formadores de precios es seguramente el principal fracaso de los diez años kirchneristas (y reconocer esto no implica dejar de valorar el esfuerzo de quienes les toca enfrentar ésta, una de las más difíciles batallas). Y para que quede bien claro: la “inflación” es sólo una manifestación más del conflicto entre capital y trabajo. Parece mentira, pero la propaganda es tan poderosa que es necesario aclararlo: las empresas más grandes remarcan porque pretender mantener o aumentar sus márgenes, no porque sus gerentes, junto al café de la mañana, chequearon la evolución de la emisión monetaria.

¿Y cuál es la otra arma principal con la que cuenta el capital? El sistema mediático, por supuesto, que incluye a su bien cuidado generador de contenidos, la “academia”. Nada, salvo quizás la inflación, es más efectivo para los intereses de las elites. Es por eso notable escuchar voces desde el campo nac&pop proponiendo no insistir con esta batalla. ¿De verdad no se dan cuenta? ¿Realmente no perciben cómo son los procesos de formación de ideas políticas de la gente no especializada? Y del impacto que esto tiene sobre la dinámica democrática, gracias a millones de personas que acaban por interpretar la política de forma opuesta a sus intereses.

Pero en fin, meternos ahora en la principal batalla cultural haría demasiado extenso el post. Creemos que el artículo de Miguel es una exposición seria y precisa de la visión liberal. Por eso este intento de respuesta, aun reconociendo que, luego de las PASO, el pesimismo de la razón tiene contra la cuerdas al optimismo de la voluntad.


[1] Nota al pie: proponemos que la instalada caracterización “pro-mercado” para las políticas liberales es imprecisa. Es evidente que el modelo económico del último decenio no niega la relevancia (o la inevitabilidad) de los mecanismos de mercado. Más preciso seria hablar de políticas pro-capital, frente al modelo vigente que intenta priorizar, a través de la intervención estatal, altos niveles de empleo, gradual redistribución de la riqueza y expansión de la red de protección social.

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Our boy in the Pampas

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Presenciábamos hace algunos años una teleconferencia. Exponía un alto ejecutivo de una de las más grandes multis del planeta. Hablamos de una de esas megacorporaciones de dimensiones suficientes como para repartirse con su (supuesta) competidora varios pasillos de las góndolas de los híper y supermercados del mundo occidentalizado. El expositor comentaba, como al pasar, lo fácil que en realidad resulta fabricar jabón en polvo. Fue entonces que, desde este lado del Atlántico, alguien levantó ansiosa e ingenuamente la mano, para preguntar cómo era posible que, si es tan fácil la fabricación del producto limpiador, sólo esa empresa y su (supuesta) competidora se repartieran prácticamente todo el mercado. El alto ejecutivo miró entonces, desde allá lejos y por un instante, fijo a la pantalla. Esbozó luego una leve y sincera sonrisa y, con las cejas arqueadas y la mirada brillante, respondió con una sola y potente palabra: “marketing”.

Que interesante. Pero, ¿será entonces que no es tan cierto eso del libre juego de la oferta y la demanda, o la resultante destrucción creativa shumpeteriana? Puede ser pero, de todos modos, reconozcamos algo: tampoco podés bimonopolizar el mercado del jabón en polvo si el producto no tiene algunos méritos propios. Y coincidirás que lo mismo podrían argumentar lxs fans de Sergio Massa: ¿cómo que Massa es un invento? Informáte un poco antes de hablar. Massa condujo la Anses hacia su notable recuperación. Massa fue jefe de gabinete en lo agrios días que siguieron a la 125. Massa es un intendente excepcional: adicto al trabajo, no deja mail o carta de abuela sin responder. Así como el Néstor del ‘88 se subía al camión limpianieve a la hora en que los mortales más normales recién empiezan a calentar la pava del mate, Massa no ha dejado cuadra de Tigre sin atender. Su éxito electoral dice todo lo demás: Massa es una masa, y su proyección nacional era simplemente inevitable.

Bueno, no. No estamos de acuerdo. O sea: sí, aceptamos las premisas. Pero no la conclusión. Su proyección nacional no era inevitable. Intendentxs capaces y laburantes no faltan. De hecho, también hay varixs gobernadorxs que cumplen, trancas, con esos méritos. Y un respetable número también puede mostrar pergaminos nacionales previos. Sin embargo, casi nadie logra trascender su terruño y proximidades por sí solo, es decir sin la ayuda de -por decir un ejemplo- un cabezón algo flojito jugando al ajedrez. Pero, ¿por qué Massa sí lo ha logrado? Esta, proponemos, es una pregunta esencial. Esencial para comprender un elemento nuclear de la política argentina y latinoamericana. O, si preferís: entender cómo lograron hacer de Massa alguien conocido y simpático para una relevante parte del pueblo no politizado es fundamental para intentar comprender como instalan candidatos quienes tienen poder de verdad.

La pregunta es interesante más por lo que no sabemos que por lo que sabemos. Hay que ir armando la respuesta, juntando piezas de a poquito. Sabemos, por ejemplo, que el intendente de Tigre ha realizado masivas inversiones en periódicos zonales de la PBA, muy leídos por su primera constituency, es decir aquellxs que han superado los 60 inviernos. Bien sabemos también -y digámoslo citando palabras de una de las plumas más renombradas de la prensa independiente- que “Massa siempre se mostró agradecido con los dueños de los medios que, considera, lo ayudaron”.

Todo esto sirve para ir intentando la deconstrucción de la proyección de Massa (proyección que, vale resaltar, no es relevante para este análisis en su dimensión actual, sino en los guarismos que ya lograba hacia mediados del año pasado, antes de oficializarse la coronación mediática). Hay además otro episodio que, aun si se trata también de sólo un ingrediente, es quizás aún más útil para intentar comprender las estrategias que utilizan los que saben. Nos referimos a aquel famoso Gran Cuñado, de Marcelo Hugo Tinelli, aquella obra de arte de la propaganda política que, con sus 46 puntos de rating, hizo posible el alica-alicate del 2009. Quizás es difícil acordarse ahora pero, para aquellxs con buena memoria: ¿no recuerdan haberse sorprendido un poco al escuchar que en la lista de “invitados” estaba el entonces jefe de gabinete? Es como si en una edición 2013 estuviera el compañero Abal Medina. Raro. Tan raro como efectivo para incrementar el conocimiento popular de Sergio Massa.

Pero como no somos especialistas en TV argenta, más no podemos agregar, salvo señalar la convicción de que este cauce mediático es todavía el que más pega, por lo tanto el que más les sirve, el que más usan, el que más les importa. Y resumiendo, entonces, ¿cómo logra un joven talento, uno entre tantxs, ser protagonista tinelliano, tener tanto dinero para financiar periodismo independiente, o salir durante años en cuanto noticiero exista? A riesgo de caer en excesos conspiracionistas, y abriendo a desgano las puertas a la golpiza, postulamos: esto viene siendo armado, planeado y ejecutado hace rato. Massa es una operación, hasta ahora exitosa. Con un ancho falso lograron llegar al vale cuatro. Y hasta por ahí ganan los puntos de esta mano.

Y si no los ganan, mañana se hará otro intento. Lo trascendente, igual, no son los nombres propios, que en pocos años se vuelven irrelevantes. Lo importante es lo que no cambia, que en este caso es el poco conocido hecho de que hay muy poquita gente que, desde el otro hemisferio, maneja los últimos hilos de enormes y multidimensionales arenas mediáticas. Gente que sabe de comunicación mucho más allá de lo que la mayoría podemos siquiera imaginar. Y que labura con paciencia y habilidad, mientras por acá nos distraemos con irrelevantes divisiones, por cierto típicas de pueblos desunidos y desorganizados. Y que están siempre –siempre, en sus pagos y en los nuestros- a la búsqueda de candidatxs potencialmente carismáticos a quienes el statu quo no les produzca dolor de estómago. Hablamos de gente que, insistimos, ejecuta hace rato y con efectividad idénticos laburos pero en mercados mucho más grandes, más antiguos, más controlados. Gente que oligopoliza las góndolas haciéndonos creer que tenemos elección. Gente que sabe mucho de marketing. Y más aún de política[1].

 


[1] Y cambiando (sólo un poco) de tema, y porque no podemos o no sabemos o no queremos contenernos: ¡qué bien saliste en la tapa del diario, Lorenzo! Felicitaciones desde la balaustrada. Nos comprometemos con vos a hacer lo posible para que las futuras generaciones no olviden esta imagen -ni su historia, ni sus consecuencias.

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Las décadas ganadas

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Más que una década ganada, llevamos tres. Desde 1983 a la fecha nos hemos convertido en una democracia consolidada, promotora incansable de la integración regional, pacifista y desmilitarizada como pocas. La Argentina es hoy una de las naciones más innovadoras del mundo, que con tal vez joven y/o frustrada prisa, pero sin pausa, expande derechos y expande su estado hacia lxs más débiles. Más aún: este lejano rincón del planeta viene enfrentando, como en pocos lugares, a sus elites dominantes, que aquí, como en casi todo el mundo, se habían ya acostumbrado a la eficaz domesticación de las mayorías atontadas. Un análisis con suficiente perspectiva temporal debería enorgullecernos. Esto dicho sin dejar de reconocer que el camino ha estado –inevitablemente, y en cada una de las tres décadas- lleno de errores. Ni tampoco pretendiendo ignorar que todavía estamos marcados por profundas y vergonzantes heridas. El paraíso está lejos, pero el infierno que se vivió hace menos de dos generaciones parece aún más distante.

Frente a esta situación, seria dable esperar encontrarse con una sociedad enfocada en seguir mejorando, enfrentando unificadamente los complejos desafíos del desarrollo. Mejorar las escuelas, humanizar el sistema penitenciario, profundizar la incipiente industrialización pero mejorando a la vez el cuidado de nuestro privilegiado medio ambiente –estas son las cuestiones que deberían ocupar las tapas de diarios, las disputas en las redes sociales o los omnipresentes noticieros en los bares urbanos. Sin embargo, un simple asomarse al debate público da cuenta de una sociedad nerviosamente agitada, polarizada, enemistada. La temperatura reinante es la de una sociedad agriamente fracasada. Quienes no se sienten representadxs por el partido gobernante parecen, en su mayoría, odiarlo. La Argentina va hacia el abismo, argumentan. Somos una dictadura en ciernes, una cletocracia –perdón, una cleptocracia, gobernada por incurables y deshonestos fascistas.

¿Cómo es esto posible? ¿Qué le pasa a la querida Argentina, que no logra percibir que merece acariciar y elogiar, al menos un poco, su lastimada alma? Acá va una hipótesis: buena parte del problema está en el origen. Al igual que nuestros países hermanos, somos producto de una compleja mezcla. El europeo vino a conquistar, depredar, esclavizar. Pero, y a diferencia de la mayoría de nuestros hermanos, más tarde vinieron tantos desde el Viejo Continente, que buena parte de esa parte se creyó eternamente parte del él. La Argentina es blanca, linda y ordenada, y guarda con pretender lo contrario. Y fue así que se consiguió un nutrido y voluntario ejército, siempre a disposición de quienes viven (generalmente afuera) de llevarse la plata, o la soja, o las ganancias extraordinarias – ganancias resultantes, a todo esto, de márgenes muy poco ordinarios.

Claro que, cuando por milagros de la democracia, y no más de tres o cuatro veces por siglo, aparecen líderes que ayudan al pueblo a despertarse, hay que ponerse a laburar un rato. Antes era bastante más simple: se aceitaban rifles y cañoneras, y se ponían rápidamente, y con poco más que un golpecito, las cosas en su lugar. Pero como parece que la humanidad, a pesar de todo, un poco avanza, llegó un punto que esto se hizo más complicado. Fue ahí que los medios de comunicación masiva se hicieron esenciales. Dame una CNN (y repetidoras) y tendré al patio trasero bien dominado. Dirás que hará falta mucha gente para llenar páginas y pantallas. Don’t worry, y releé el párrafo de arriba: siempre habrá un nuevo soldado al servicio de la prensa libre e independiente, sinceramente convencido de nuestra causa. Y a lxs mejores, aun si intragantablemente impresentables, les darás infinita pantalla.

¿Qué hacer frente a tan desolador panorama? Lo más inteligente sería, por supuesto, rendirse y disfrutar de la buena vida, y de una cómoda cama. Pero como si llegaste a este párrafo seguro no te toco ese buen karma, busquemos alternativas. Antes que nada, estudiemos sus fuerzas. Hay dos componentes básicos en la soldadesca antitotalitaria. Por un lado, los espíritus de derecha. Con ellos, creemos, no hay mucho que hacer, más que aceptarlos como parte insondable del misterio cósmico. Y si alguien tiene la fórmula de cómo cambiar a alguien que, por ejemplo, cree que tiene el derecho a impedir el matrimonio de dos chicxs que se aman, por favor que chifle, o al menos que publique un paper en alguna prestigiosa revista especializada.

Lo que nos interesa es la otra parte. Hablamos de esa linda gente, tan buena como apolitizada, que transpira cada mañana en el bondi o en el tren o hasta en su auto modelo 2011, y que quiere conocer o volver a ver a Barcelona y a Venecia, y que, que te parió, pide que no le vuelvas a hablar de tu puta revolución. Hablamos de una parte relevante de la querida y muchas veces injustamente denostada clase media-media argenta, fuente de vertientes culturales y de hábiles deportistas que darán bastante que hablar en los siglos venideros. Hablamos de, ponéle y siendo cautos, un diez por ciento de la argentinidad. Un diez por ciento que si en vez de bardearlo lo logramos conquistar, hasta por ahí si se termina de hacer carne ese viejo sueño de la liberación e independencia.

Imposible, dirás vos. No. Es cuestión de plata. Y no es por denostar. La plata nos gusta a todxs. Y permitínos no desarrollar esa premisa, para ir directamente a los bifes. ¿De cuántos dólares blue estamos hablando? Ponéle que tres o cuatro puntos de PBI. Muchísimo, más o menos lo que hoy juntamos con las retenciones. ¿Y en que usarías esa plata? En subsidiar masivamente educación y salud privada. Y en crear, de una vez, sistemas de transporte público que se parezcan a los de Alemania. O sea: en ahorrarles plata y denigración a varios millones de pacíficos compatriotas. ¿Vale la pena, realmente? Claro, ¿o acaso querés ganar en 2015 como el compañero Maduro, con un magro porcentaje que le dará aire al cantado canto de escandaloso fraude? Necesitamos llegar al 60%. Y si es un poco más, mejor.

Si compraste el argumento, o estás cerca, viene lo más difícil, e importante: ¿de dónde sacamos los recursos? Volvé al final del quinto párrafo, contando desde acá. O, si te da fiaca, repetimos: de los que se llevan casi infinita plata. Hablamos de las multis: mineras, bancos, laboratorios, hipermercados, y la lista sigue. Y sigue. Hablamos de consolidar el camino que el gobierno de Cristina viene valientemente insinuando. Hablamos de impedirles, pero de verdad, que sigan subiendo precios cuando logramos hacer subir los salarios. Hablamos de gente que, insistimos, en su gran mayoría no vive acá, y que cuenta con el sistema de medios internacional para “fabricar consensos, para sostener estrategias por las cuales el dinero y el poder son capaces de filtrar las noticias aceptables de ser publicadas, y así lograr que los intereses privados dominantes se instalen en el público”[1].

Y sobre cómo lograr esto podrían escribirse cien posts más. Pero resumámoslo así: hay que sacarle plata a los ricos-ricos, para dársela a la clase media-media. Y así seguir acumulando décadas ganadas.

 

 


[1] Herman y Chomsky, “Manufacturing consent”, 1988. p. 2.

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Resumen del domingo

Mientras hace ingreso a la infinita Internet este finito Resumen de Mediodía, van cerrando los comicios allá en Grecia. Y por si necesitás data para quedar bien en alguna conversación dominguera, aquí algunos números grecianos: la recaudación bajó 20 mil millones de euros en los últimos doce meses; sólo se están pagando jubilaciones y sueldos públicos (y se prevée que ni eso será posible dentro de un mes); se han vaciado los bancos (hasta 800 millones por día retirados en las últimas semanas, 50 mil millones desde el comienzo de la crisis); el PIB cae un 7%; la deuda está por los 530.000 millones de dólares; el desempleo en 22% y la pobreza ha llegado, rápida y lamentablemente, al 28%. Mamma mía.

Ya que estamos: medio billón de verdes es mucha plata, pero ojo que es lo que la Administración Bush acostumbraba agregar a la deuda pública de su país cada año (y fijáte el resultante paquetito le dejó al tibio de Obama). Por lo que no deberíamos sorprendernos mucho si la Grecia de junio de 2012 es el Estados Unidos de… Completálo vos, pero mejor si después de ver estos gráficos, y leer este post.

Pero, por ahora, el lío grande está en Europa. Leímos: los bonos alemanes pagan las menores tasas en 500 años; pero en breve un motor importante de la fuerza germánica puede averiarse (sus exportaciones a China).

Mientras, la deuda española supera el 70% del PBI, casi €800 mil palos. Y lo peor está por venir: para fines de año estará ya en el 84%, con 45 mil palos nuevos. Y estos números son anteriores al salvataje bancario de la semana pasada. Y justo Lorenzino decía anteayer: “por nuestra propia experiencia, cuando la deuda de un país supera el umbral del 30% de su PBI ya no se puede hablar de deuda soberana”.

En Roma manifestaron entre 100 y 200 mil personas llegadas de toda la península, en encuentro organizado por los tres principales sindicatos. En tanto, están por poner en venta a las primeras joyas de la abuela, como Finmeccanica. Ponéle que para el 2021 la estén renacionalizando.

Y los franceses concurren hoy a las urnas para renovar la totalidad de la Asamblea Nacional. El resultado determinará si el nuevo presidente socialista tendrá o no mayoría legislativa.

Que buen momento para ser de Argentina. Acá las noticias son de otro tono. Por ejemplo, nuestra situación de deuda pública, a diez años del default, es de 33,4% del PIB. Y mejor aun si lo miramos así: “La economía está expuesta a una nueva crisis internacional, no obstante tiene dos notables activos a su favor: el nivel de reservas internacionales (10% del PBI) y el bajo nivel de endeudamiento en moneda extranjera (8%)”.

Pero parece que esto le molesta a lxs integrantes de la Corte Suprema de Justicia, que pretende que la Anses gaste 21 mil palos mas por año para compensar a los jubilados más ricos (y 43 mil palos más en un único pago). Todo indica que la CSJ no logra interpretar que le ha tocado una época donde se aprendió a priorizar a los más pobres, a la vez que a la solidez fiscal. La cosa es paso a paso, y en esos años no se podía aumentar a todos. Es puro sentido común, pero habrá que explicárselo. Y jóvenes radicales, por favor: hablen con quienes hablan en ese artículo.

Puja estado-grandes empresas. Ejemplos de esta semana:

-Tras constatar irregularidades en la liquidación de divisas, la AFIP suspendió el beneficio del reintegro aduanero a más de 100 mil operaciones.

- ARBA responsabilizó a 133 grandes empresasde CABA y GBA por evadir Ingresos Brutos por $ 160 millones.

-Gracias a las medidas de control, la salida de divisas a través del contado con liquidación bajó de un promedio mensual de USD 572 millones en el año pasado a USD 38 millones en mayo de este año.

Recordemos que la receta del golpismo económico “es muy sencilla: lograr que la demanda de dólares sea máxima, y la oferta mínima”. Y el procedimiento “es más sencillo: se juntan unos cuantos amigos en el confortable comedor de alguna casa y acuerdan no vender esa divisa. Y listo.

Pero hay avances: “desde que se impusieron las restricciones, el Banco Central pasó de perder reservas a acumular reservas, los cinco meses previos a las restricciones se habían perdido 5000 millones de dólares, pasó a acumular 5.600 millones de dólares. O sea, recuperó y ganó”.

Pero hay retrocesos: el economista Weisbrot, fan argento, decía que “la inflación en Argentina obedece principalmente a problemas del lado de la oferta, se puede reducir en el tiempo incrementando la productividad y la competencia en algunas áreas donde hay demasiado poder monopólico”. Por eso no podemos entender porque el gobierno autorizó la compra de EKI por parte de Carrefour. Ni tampoco entendemos porque este tema no es tema prioritario en Página, Tiempo o Miradas.

Más cuando, “según un estudio de la UBA, el margen neto promedio sobre facturación de las cadenas de supermercados en Europa y Estados Unidos es del 1,5 por ciento. En Argentina ya alcanza el 3,8 por ciento”. Más del doble de lo que ganan allá. Adiviná quien garpa la diferencia.

Elogios. Se sigue inyectando plata en la economía, por ejemplo, “el nuevo directorio de YPF decidió que destinará recursos por unos 16 mil millones de pesos en este año para ampliar la producción de hidrocarburos. Fondos que el anterior accionista controlante pretendía distribuir entre los socios sin ningún impacto positivo en la actividad doméstica”.

Y también, claro, el programa Pro.cre.ar, sobre el que leímos: a) los que posean un terreno, podrán a partir de mañana iniciar los trámites para los créditos; 2) es “de las medidas más fuertes que impulsó CFK en sus dos gobiernos, ya que se está inyectando casi un punto del PBI”; 3) “puede ser un puntapié para pensar en otras herramientas, como un banco de tierras en donde el estado salga a capturar inmuebles que están vacíos y destinados puramente a la especulación”.

También leímos que desde Santa Fe se aportarán 3000 terrenos; y que de las 1820 hectáreas en manos del Estado que se abren ahora, sólo 700 están bajo la órbita de Defensa. Esto porque no incluye al ya famoso golf de Pacheco –ni casi nada en realidad de las 884 mil hectáreas que tienen las Fuerzas Armadas. Hay que avanzar más por ahí, hay muchísima tierra urbana subaprovechada.

Quizás lo leyeron en otro lado, nosotros nos enteramos acá: el sciolismo votó con Franja Morada y la izquierda no peronista para vencer al kirchnerismo en el Congreso de la FUA. Quizás es porque: “necesitamos ya 2800 millones” para afrontar en tiempo y forma sueldos y aguinaldos de 550.000 empleados bonaerenses, de los cuales 230.000 son docentes (y de acá a fin de año, necesitarán financiamiento por $ 10.000 millones). Si querés saber porque la PBA vive quebrada, podés leer este buen artículo.

Más de política: un líder gremial “recibió amenazas de bomba y llamados intimidatorios luego de alejarse del espacio que lidera Hugo Moyano”.

Breves:

-Internet: “los gigantes de la red -Google, Facebook, Apple y Amazon- están construyendo inmensos centros de datos en las zonas áridas”. Y la NSA (National Security Agency, agencia de espionaje desde Estados Unidos hacia afuera) también está guardándolo todo,en el backup más ambicioso del planeta”.

-Internet II. Dice la directora ejecutiva de Wikimedia: “La preocupación es si las condiciones que permitieron la existencia de Wikipedia van a seguir estando dentro de diez años (…) Internet es un nuevo entorno donde la gente puede operar mucho más rápido y de manera más inteligente. Pero también hay muchas personas con poder de decisión que no saben qué hacer con eso y los atemoriza”.

-Calidad de vida. Buen post en Hache, fijáte en la primera tabla: acceso al agua potable: un cuarto de los hogares no lo tienen en el NEA y en el GBA. Por eso, lo de AySA es fundamental.

-El ausentismo docente en las escuelas secundarias alcanza niveles de entre el 18 y el 25%. Lanzan un plan con apoyo de Ctera.

-Aerolineas: incorporó su 19° avión nuevo desde la estatización.

-Medios, primero en USA: la CNN tiene su rating más bajo en 20 años porque “los estadounidenses han comprendido que los grandes medios, sometidos al control de grupos empresariales, manipulan las informaciones”.

-Medios, segundo en México: “si bien el movimiento #YoSoy132 se declara apartidario (…) se combina con una crítica a los medios de comunicación concentrados. En ese sentido, México deja a la Argentina como el paraíso de la pluralidad informativa: Televisa y TV Azteca concentran el 95% de las concesiones de televisión”.

-Matanza en Paraguay. Quizás esto recién empieza: el próximo presidente podría ser colorado y terrateniente.

-Biolcati. Luego de reunirse con el nuncio apostólico, explicó que el lock out  que terminó el martes “fue un paro destinado a los que saben leer entre líneas y espero que lo sepan”.

-Comienzan, finalmente, las obras para soterrar al tren Sarmiento.

-Si tenés ganas de reírte, poné esta música y luego leé despacio, con unos carilina a mano, esta columna de Ferreres (en Brasil “todos se sienten identificados si algún empresario figura entre los más ricos”).

-Egipto. Acá alertan que puede convertirse en lo que fue Argelia luego de la cancelación de las elecciones de 1991. Ojalá que no.

-CFK, en la ONU: “Naciones Unidas parece tener un doble estándar, que depende de si uno es o no miembro del Consejo de Seguridad”.

Para cerrar. Cuando algún día tengamos que explicar que hicieron Clarín y La Nación durante el resurgimiento de la Argentina, usaremos quizás esta cita. La Nación preguntándole con inocencia a alguien que odia al oficialismo: “¿Y no le preocupa que ese clima derive en una ruptura social grave del tipo peronistas-antiperonistas, federales-unitarios…?”.

Y mientras, nuestra querida amiga M., gran madre, ciudadana y laburante, que le interesa muy poco la política y sólo consume TN y Clarín (si, quedan millones), nos manda por mensaje de facebook y junto con el videíto pro cacerolismo, un mensaje indignado, pero a la vez esperanzado, dado que estaba segura que esta vez le daríamos, finalmente, la razón: “Y, siguen siendo K todavía?!”. Esto sólo para intentar aportar en lo del tema de las audiencias redundantes que viene proponiendo Artemio. Es que sería un error subestimar la capacidad remanente de propagación del virus G.

Y hablando de eso y aprovechando que fue el aniversario del bombardeo de la Plaza, a quienes les interese pueden leer esta carta, y este post (el primer discurso, imperdible). Y así recordar -bien viene en estos tiempos-, que cuando a la violencia se la responde con violencia, ganan los violentos (gran error de Perón el que se escucha en el discurso).

Pero no ganarán. Esto -hay quienes dicen y cantan- porque todo, eventualmente, va cayendo en su lugar. Feliz día a los padres detrás de la pantalla.

Vamos por más

La estatización de YPF no garantiza que lograremos terminar con el déficit energético. Tampoco  asegura la optimización de nuestra matriz energética a partir de la incorporación de más energías renovables. Ni siquiera confirma la ampliación de la producción de hidrocarburos. Todo esto es probable, pero dependerá de la capacidad del gobierno de mejorar globalmente la política energética -para lo cual, claro, se ha dado el lunes 16 un paso esencial.

El principal dato que deja la recuperación de YPF no tiene de hecho que ver con la política energética, sino con la política en general. Esto es: la dirigencia política argentina se anima. Se anima a mejorar -corrigiendo errores del pasado- y a innovar –al punto de que hay hoy muy pocos países que  puedan mostrar el nivel de profundización de políticas de cambio estructural como el que se ve en el  nuestro.

Y decimos con claridad “dirigencia política”, en lugar de peronismo o kirchnerismo, porque es cada vez más evidente que la mejora supera al legado de Néstor o al liderazgo de Cristina. En efecto, las principales políticas que se han implementado desde 2003 –derechos humanos, deuda pública, estatizaciones, ley de medios- han contado con un creciente apoyo pluripartidario. Y la recuperación de YPF trae una gran noticia adicional: el apoyo de la Unión Cívica Radical.

No es común, en ningún país, que surja una clase política que se atreva a enfrentar a los verdaderos poderes de este mundo, es decir quienes mueven el dinero grande, las armas, los medios. Pero tampoco es común la historia reciente de nuestro país que, por caer tan bajo, aparentemente ha permitido el surgimiento de un excepcional espíritu de autoregeneración. Por supuesto que hemos tenido algo de suerte –los términos de intercambio en particular- pero todo indica que se trata de un fenómeno de maduración colectiva, que se trasluce especialmente en las nuevas generaciones, politizadas y demandantes, pero a la vez realistas en su ambición.

Necesitamos entonces aprovechar de este momento único para, más que nada, extenderlo en el tiempo. Sabemos bien que el proceso de transformación del país necesita, como mínimo, de dos décadas más de políticas de cambio estructural. La pregunta entonces es, ¿cómo logramos profundizar el modelo?

Hay dos planos en la respuesta. El primero, esencial, tiene que ver con las políticas económicas. Necesitamos mantener los superávits gemelos –hoy amenazados-  pero manteniendo a la vez la notable expansión que se da desde 2003 en la inversión social y en obra pública. Además, necesitamos institucionalizar la política comercial proteccionista; mejorar –mucho- la matriz energética;  desarrollar –mucho- la infraestructura productiva; y, quizás lo más difícil, terminar con la “cultura” inflacionaria de las corporaciones con capacidad de afectar precios, que son principalmente agentes del poder multinacional.

Lograr desarrollar estas políticas implica de hecho profundizar el conflicto con las corporaciones trasnacionales, ya sea para evitar los abusivas remarcaciones de precios o para apropiarnos de las, también abusivas, transferencias de ganancias a sus casas matrices.

Es fundamental entonces comprender que lo de Repsol no es nada. Lo más difícil está por venir. Y las puteadas que nos estamos comiendo estos días tampoco son nada. Van a ir in crescendo, justamente porque se están dando cuenta que en la Argentina está naciendo algo que, si no en fondo al menos en forma, es más presentable que el caribeño modelo bolivariano. Ergo, más amenazante.

Y esto nos lleva entonces a la segunda parte de la respuesta a la pregunta de cómo profundizar el proceso de cambio. Lo interesante es que esta segunda parte no tiene que ver con la economía, sino con la política. La única manera que el estado argentino podrá enfrentar con alguna chance de éxito a los factores de poder trasnacional –aquellos que les dan ordenes a Obama, Rajoy, Monti, etc.-  es haciendo lo que está pasando en estos días: trabajando en equipo, superando las –siempre algo artificiales- fronteras partidarias.

En otras palabras: la coalición multipartidaria que apoya la estatización de YPF debe hacerse estructural. Y, para esto, el gobierno de Cristina tiene que hacer lugar. Sería iluso pretender que radicales y socialistas nos apoyen si no les damos espacios de poder real –cargos ejecutivos, para ser más claros.

Estamos acostumbrados a pensar en gobiernos de unidad nacional para los momentos de crisis. Pero es al revés: necesitamos de la unidad para poder profundizar el éxito, es decir las políticas económicas que vienen demostrando que dan resultado en la lucha contra la pobreza y la desigualdad.

Lo dicho no quita que siempre habrá quienes no quieran integrar esta coalición: los liberales, que creen en otro modelo de desarrollo; los conservadores, que, bueno, son conservadores; los medios más poderosos, que son financiados por el gran capital; y –lo más triste- los dirigentes políticos y sociales cuyo ego es tan antiguamente grande que si no se les da lo que ellos consideran merecer (muchas veces con justicia) se enojan, restando apoyo a políticas con las que están en realidad de acuerdo. Pero no importa: quienes quedamos fuera de esas cuatro categorías somos, por supuesto, muchos más.

Resumiendo: la Argentina está aprendiendo. Por eso nos ladran, porque cabalgamos.  Pero no vimos nada aun, nos van a querer echar del G20 y mucho más. Es lógico, así funciona el mundo. Pero la Argentina, junto a buena parte de Sudamérica, se rebela. Nos rebelamos porque aprendimos. Nos rebelamos porque tenemos las riquezas para no tener pobreza.  Y nos rebelamos juntos, en equipo, porque sabemos que los que están del otro lado tienen mucho más poder que nosotros.

Compañera Presidenta, solidificar la coalición que se ve en estos días en el Congreso está en sus manos. En la compleja etapa que sigue, en la cual se profundizará el conflicto con el poder verdadero, el peronismo probablemente no va a poder por sí sólo. De más está decir que confiamos en usted.

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Resumen de Mediodía – 04/03/12

Hoy, en el día del reposo y el asado (o los ravioles), quienes gozamos del arte de la política buscamos, frente a tanto vértigo noticioso, algún lugar de donde agarrarnos. Pero ya nos venían avisando, hace varios siglos de hecho, que el 2012 fue, es y será movidito.

Comencemos por lo más duro, la tragedia de Once. Mientras se esperan los resultados de las pericias, aquí algunas preguntas relevantes. El panorama luce complicado para TBA, que además estuvo ofreciendo acuerdos a los familiares, pero que también hace rato avisaba (y se auto-avisaba) de los muchos problemas de los trenes metropolitanos. Esta semana se implementaría lo de los colectivos suplementarios. Acá una entrevista al secretario general de la Fraternidad Ferroviaria.

El discurso de apertura de sesiones de la Presidenta dejó varios temas para el debate. Empecemos con uno bien relevante: se modificará la Carta Orgánica del Banco Central, es decir una de las principales fuentes de financiamiento del estado. Leemos: “La decisión no implica que el BCRA dejará de “preocuparse” por la inflación, sino más bien se deshace de la visión monetarista del fenómeno, donde el único causante de los aumentos de precios es la emisión monetaria y un exceso de la demanda. En cambio, reconoce que el Banco Central y su accionar no sólo afectan los precios sino también, y fundamentalmente, la economía real. A su vez, permite realizar un abordaje de la inflación más complejo donde inciden distintos factores, como la puja distributiva y el sector externo”. Y en el mismo artículo, también leemos: “En el BCRA señalan que la iniciativa potencia el rol del organismo encargado de supervisar y auditar todo el sistema bancario (…) Si bien en el BCRA no lo reconocen, la Superintendencia se convirtió en un nicho de negocios financieros. A comienzos del año pasado (…) autorizó a un conjunto de bancos extranjeros a distribuir dividendos, que fueron girados al exterior, por una cifra cercana a los 800 millones de dólares, sin consultar a las autoridades del BCRA.”

Sobre el mismo tema, Calcagno nos recuerda: “buena parte del problema de la zona euro se debe a que el Banco Central Europeo no puede financiar directamente a los estados, y por consiguiente no consiguen evitar el riesgo de contagio; inventan fondos que se sabe son insuficientes, cuando bastaría con anunciar que el BCE no dejará que ningún Estado de la zona euro caiga en default para que la especulación contra ellos se desvanezca, y dejen de pagar tasas de interés usurarias, que finalmente causarán el default que recelan. La deuda pública de Estados Unidos, Reino Unido y Japón es mayor a la de buena parte de los países de la zona euro, y sin embargo pueden seguir financiándose a tasas mucho más bajas, porque cuentan con un verdadero prestamista de última instancia que, en caso de necesidad, sostendrá las políticas definidas por su propio gobierno”. También leemos a Heller, que dice que “seguirá trabajando para que la actividad bancaria sea considerada desde el punto de vista legal como un servicio público”. Y dice además:”apoyaremos el proyecto del Gobierno, pero vamos por más”.

Otro tema importante, la reforma, actualización y unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación. Aquí dicen: “con ese paso, el gobierno nacional estará produciendo la más importante transformación de las leyes que rigen la vida cotidiana”. Pero desde la vereda de enfrente, avisan: “La reforma que el oficialismo proyecta en el Código Civil, para dar sustento jurídico a la reproducción humana asistida, los contratos prenupciales, el divorcio exprés y la gestación por sustitución, traducida como “alquiler de vientres”, amenaza con reflotar el conflicto del Gobierno con la Iglesia”.

Sobre el conflicto con sindicatos docentes, dice el ministro Sileoni: “las organizaciones gremiales no leyeron bien la realidad y el momento que estamos pasando. El año pasado obtuvieron un aumento del 27 por ciento y aún la pauta inflacionaria de la oposición es del 22 y pico por ciento. Este año hay una crisis internacional y es un año para tener mayor cuidado; es eso sólo lo que pedimos. Como ministro debo atender tres aspectos: los recursos del estado nacional, las demandas gremiales y las posibilidades que tienen las provincias, porque en muchas de ellas los docentes son el 50 o 60 por ciento de los agentes públicos y atrás de la paritaria docente hay un encadenamiento de las paritarias de los empleados públicos”.

Sobre la política energética, leemos: “Hay una preocupación real del Gobierno por las restricciones de la oferta energética, altamente dependiente de los recursos hidrocarburíferos, pero hasta ahora la única línea de acción claramente definida desde el oficialismo es la ofensiva de los gobiernos provinciales -dueños del subsuelo desde la reforma constitucional de 1994 –sobre las productoras petroleras, YPF en particular, para que presenten en forma urgente un plan de inversiones o bien se atengan a una inmediata devolución de las áreas”.

También leemos: “durante la década del ’80, a pesar del vaciamiento que había hecho la dictadura usando YPF para conseguir créditos en el exterior, Argentina tuvo en promedio 117 pozos de exploración de hidrocarburos por año. El 90% era de la empresa estatal. En el año 2010 (último dato disponible), los pozos de exploración en todo el país habían bajado a 26 y sólo ocho pertenecían a Repsol-YPF. (…) “Los números indican que la estrategia de YPF una vez que se privatizó fue maximizar las ganancias reduciendo las inversiones de riesgo, que son justamente los pozos de exploración””.

Acá dicen que discutir si YPF debe ser privada o estatal es poner el carro delante del caballo. Lozano critica: “Todavía no se ha replanteado el modelo de hidrocarburos que dejó el menemismo, entre otras cosas con la desregulación del sector y la libre disponibilidad de los recursos por parte de los privados. Este esquema se profundizó en 2006, cuando el Estado Nacional impulsó la Ley Corta, que completó la transferencia de los yacimientos a las provincias”. Pero parece contradecirlo el hecho de que: “el gobierno de Santa Cruz le dio cinco días a la petrolera YPF para justificar “la falta de inversiones” en esa provincia bajo la amenaza de retirarle la concesión en más de 20 yacimientos” -sumándose así a la casi idéntica movida de Chubut, cuyo gobernador nos robó una amplia sonrisa aprobatoria cuando leímos que le dijo al señor Juan Carlos: “el de YPF y el petróleo es un problema de los argentinos. El reinado de España que se ocupe de sus cuestiones monárquicas ”. Y ya que estamos, algo que parece bien encaminado sobre energías renovables.

Sobre las políticas industrialistas-proteccionistas, salió hoy algo muy interesante. De los informes que Wikileaks le dio acceso a Página 12, surge que en la empresa de inteligencia Stratfor varios creen que las multis exportadoras de cereales (ADM, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus) juegan para China en el tema de industrializar la soja. Que interesante: estamos hablando de empresas que están entre las que se llevan más plata cada año de la Argentina. ¿Será momento de recordar que en Australia y Canadá el comercio exterior de granos está estatizado, o es armar demasiado bardo?

Sobre las políticas de democratización de medios, leemos sobre los avances que de a poco se van logrando (y de cómo le está costando a Brasil). También recordamos que el otro día asumió un nuevo presidente en el AFSCA. Y una útil nota sobre el intenso trabajo que se viene en la Corte Suprema: pueblos originarios, minería, aborto, derecho a la vivienda, entre otros. Y también el art. 161 de la Ley de Medios, claro. Don Wainfeld lo explica suavemente; nosotrxs, que a esta hora ya tenemos hambre, lo decimos así: si la CSJ privilegia a Clarín, va a haber quilombo.

Sobre la extranjerización de las tierras, el goberna de Río Negro “pateó el tablero y aseguró que se avanzará en la recuperación de tierras públicas que se entregaron “al capital extranjero y a los amigos del poder””. Y fijáte acá los precios por hectárea que algunos afortunados han pagado para tener su chacrita patagonica.

También sobre las tierras, “hay seis proyectos de ley para reconocer las tierras indígenas como propiedades comunitarias. Esto es, crear un nuevo tipo de propiedad, privada pero no individual.” Y parece que hay un interesante antecedente ya aplicado en el Parque Nacional Lanín.

La primera hora del discurso de CFK del miércoles fue para defender el modelo económico. Creemos que se destaca un punto: a esta altura hablar de viento de cola es ingenuidad o mala fe. Aunque también están los que, escuchando la “desordenada, desprolija y hasta, sin exagerar, irrespetuosa exposición de la Presidenta”, concluyen cosas muy distintas.

Si andan con tiempo y ganas para seguir leyendo, algunas noticias más que se destacan en los diarios de hoy y de la semana que pasó:

- En tres operativos realizados en San Luis, pudieron ser rescatadas 41 mujeres que eran sometidas a explotación sexual en prostíbulos. La mayoría de las víctimas son de nacionalidad dominicana, hay varias paraguayas, dos argentinas y una brasileña.

- Un chico denuncia haber sido violado en una comisaría de Grand Bourg. Dice su abogado: “Este pibe forma parte de los marginados del Conurbano. Hacía meses que venía sufriendo un verdadero hostigamiento (…) Apenas lo veían, lo corrían. Es el trabajo que habitualmente realiza la policía con chicos vulnerables para que trabajen para ellos. Es una forma de amedrentarlos”.

- Estados Unidos ya tendría preparados cargos por si logra extraditar a Assange. Y recordemos que esta semana hubieron supuestas, multinacionales y simultáneas detenciones a militantes de Anonymous (que luego lo negó).

- Hubo un interesante fallo por la libertad religiosa en la enseñanza pública en Salta.

- Se dio fin a las pensiones graciables (y un tema del que nos gustaría saber más, mencionado por CFK en el discurso: las jubilaciones de 95 lucas. No vimos notas al respecto).

- Greenpeace dice que la nueva semilla (la resistente a la sequía) es un problema.

- Para lxs que piensan que el avance del estado es sólo un tema de las democracias emergentes, pueden leer esto (y ojo con las palabritas “oligarchs” y “class warfare”).

- Si andás en busca de emociones fuertes, podés ver online las elecciones en Rusia (aguante Internet).

- Una gran candidata a frase de la semana: “Conclusión: un cigarrillo y una Crisis Orgánica, en este país, no se le niegan a nadie”.

- Ah: si vas al casino, lleváte el celular (o una máquina de fotos).

Para cerrar, primero: fijate esta tapa de Perfil y este artículo de Clarín (y satélite). Por eso tendemos a coincidir cuando leemos que “Macri y sus aliados mediáticos han decidido jugar su suerte a la creación de una atmósfera de sospecha, miedo y odio” (pero, dicho esto, una autocrítica: estaría bueno que cuando se informa sobre el tema de los subtes se aclare mejor que no toda la plata fue transferida –estaría bueno no sólo para mejorar el debate, sino también para no hacer los mismos errores que criticamos y así perder legitimidad).

Segundo: a la oposición progresista (o así autodefinida al menos) queremos avisarle, por si hace falta, que cada cosita que digan será magnificada por la prensa opositora. Ergo le pedimos por favor que escuchen, mastiquen y luego levanten la apuesta que les hizo CFK el miércoles, cuando cerró el discurso diciendo: “lo que es importante es seguir acercando ideas, lo que es importante es que no dejemos manejar la agenda por tres o cuatro monopolios que les importa un corno ustedes, y la Argentina”.

 

Que sesenta años no son nada

Una de las características estructurales del modelo de gobierno iniciado en 2003 es la continua expansión del gasto público, que acumula desde entonces un notable crecimiento anual promedio de cerca del 1% del PBI. Se defenderán aquí tres argumentos: 1) mantener esta tendencia es uno de los objetivos más importantes a cumplir durante un tercer mandato kirchnerista; 2) lograr seguir ampliando los recursos fiscales implicará avanzar sobre los sectores más poderosos del sistema económico, aquellos que se sustentan en plataformas político-corporativas transnacionales; y 3) en consecuencia, el camino a andar será difícil, pero presenta una oportunidad excepcional para que la Argentina se siga consolidando como democracia innovadora que muestra avances concretos en la ampliación de los derechos ciudadanos.

Siempre enmarcado en una responsable e inteligente política fiscal y de desendeudamiento, el incremento de la inversión pública de los últimos años incluye incluso una etapa fuertemente expansionista, que siguió a la crisis mundial iniciada en 2007 y que ya ha demostrado contundentes resultados positivos. Sin este aspecto troncal de la política económica kirchnerista, no podría explicarse la casi duplicación de la cobertura jubilatoria, los records de inversión en educación y ciencia, la asignación universal por hijo o, en general, la expansión de la inversión pública en todos los niveles del estado. Los mejores resultados se perciben –aunque no a través de la prensa aun predominante, claro- allí donde son más prioritarios, es decir en las zonas urbanas más degradas del país, que muestran un todavía insuficiente pero intenso ritmo de expansión en el acceso a los servicios básicos.

La contratara del incremento del gasto público es, naturalmente, la creciente presión fiscal. Al respecto es clave notar que, más allá del crecimiento económico, las mejoras en la administración tributaria y de algunos cambios menores en la estructura tributaria, fue la introducción de las retenciones a las exportaciones de las commodities lo que, por lejos, explica el incremento de la base tributaria desde 2003. El kirchnerismo no introdujo las retenciones, aunque sí las aumentó. Pero fue sólo a principios de 2008 que hizo su principal intento en política tributaria, a través de la luego famosamente frustrada Resolución 125, que pretendió introducir retenciones móviles.

Dos aspectos, a veces subestimados, valen resaltar de este hecho crucial de la dinámica política reciente: primero, que se trató de un intento de introducir un esquema impositivo innovador incluso a nivel mundial, innegablemente socialista, dado que el estado podía llegar a percibir, de acuerdo a la evolución de los precios, hasta el 90% de la renta originada en las commodities. Segundo, que el intento destituyente que siguió a la Resolución 125 dio el impulso definitivo al nacimiento del kirchnerismo como movimiento político masivo, sustentado en una ideología cada vez más identificable.

Está claro que el kirchnerismo es mucho más que la expansión del gasto público. La ley de medios, el matrimonio para todos y la política de derechos humanos muestran que la Argentina, al menos en esas áreas, está entre las democracias más innovadoras del momento. Incluso en lo circunscripto a la política económica se constatan otros elementos estructurales. Por ejemplo, la consistente decisión de privilegiar el resurgimiento de la industria nacional, algo que -como bien muestra la relación con nuestro socio Brasil- no es fácil de sostener para un país mediano en el (no es exagerado el adjetivo) feroz mundo globalizado.

Sin embargo, es esencial no perder el foco en cuanto a que la continuidad de la expansión de la inversión pública es un condimento indispensable para poder mantener el rumbo trazado primero con Néstor y ahora con Cristina como presidentes. Para esto, será necesario aumentar la capacidad del estado para apropiarse de la renta privada. Este desafío es clave no sólo por su propia relevancia, sino también por la complejidad que implica avanzar de manera tal que no se comentan dos errores que tendrían graves consecuencias políticas y económicas: por un lado, afectar a los sectores medios –a los cuales no se les debe aumentar la presión impositiva-; y, por otro, desincentivar la innovación empresarial, base esencial de la prosperidad.

Es necesario entonces afinar –y mucho- la puntería, avanzando casi exclusivamente sobre los sectores que generan excesos inaceptables de renta. Esto implica animarse a proponer un modelo de organización político-social que muy pocos países han logrado aun implementar (esas naciones del norte siempre elogiadas desde la “prensa independiente”, pero cuyas políticas troncales jamás sus editorialistas aceptarían para la Argentina).
Necesitamos varios puntos más del PBI de recaudación para poder avanzar hacia escuelas, hospitales, subsidios y demás responsabilidades del estado que se asemejen a los del “primer mundo”. Y esto puede hacerse sólo si se cuestiona un orden fáctico con profundas raíces no solamente en nuestro país, sino que en casi todo el mundo. De avanzarse en esta dirección, de hecho, se estará cuestionando una forma de organización social que permite convivir a empresas que se llevan decenas, cientos y hasta miles de millones de dólares del país cada año, con una sociedad y un estado aún pobres.

Hay que tener en claro que los actores que se verían afectados por este rumbo sólo de manera minoritaria corresponden a capitales locales. Los sectores generadores de rentas extraordinarias –es decir aquellas empresas que logran ganancias extramillonarias- están fundamentalmente en manos de enormes conglomerados trasnacionales. Esencial es entonces no subestimar su capacidad de resistencia: cuentan a su favor no solo con los obvios instrumentos de las embajadas y los organismos internacionales, sino también, y como viene observándose, con los más sutiles y poderosos mecanismos de influencia que derivan de su disponibilidad de grandes cantidades de capital y de su capacidad de afectar el nivel de los precios de gamas completas de bienes fundamentales.

Avanzar sobre los más poderosos –y no sobre los “perejiles” de clase media alta, por ejemplo (y si alguien tiene dudas sobre esto, permítase sugerir la tragicomedia “Dick y Jane”)- puede parecer una quimera. Pero las buenas noticias de estos tiempos son contundentes: por un lado, una porción significativa de la población parece creer que se pueden lograr cambios relevantes en el modelo de organización social; por otro, va quedando claro que, más allá de las inevitables desprolijidades y de los muchos “infiltrados”, el movimiento kirchnerista/peronista cuenta con líderes que vienen demostrando que, aunados por una ideología orientadora, saben trabajar en equipo. En este equipo destaca, por supuesto, la presidenta Cristina quien, con su capacidad oratoria, puede dar forma adecuada al discurso, presentando sin vueltas a la sociedad esta potencial profundización del modelo.

En resumen, se propone aquí que un tercer mandato kirchnerista sea aquel que se anime a plantear, sin disimulos pero por supuesto con humildad, el objetivo de implementar aquí, en el lejano sur y como se ha logrado sólo en contadas naciones, esos modelos nórdicos-escandinavos-socialdemócratas que ya parecen gastados de tanto ser usados como ejemplos. Diez años después de su crisis casi terminal, la Argentina puede así seguir consolidándose como democracia innovadora, que finalmente logra mostrar avances concretos hacia una sociedad más justa.

Por último y frente al inevitable escepticismo, permítase postular que tampoco sería tan extraño que sea en la Argentina donde se avance en una dirección que puede resultar todavía irrealista para un país latinoamericano. Al fin y al cabo, de plantear sin medias tintas y avanzar en este camino, Cristina no estaría haciendo más que retomar lo mejor del modelo que, hace ya bastante más de medio siglo -y con gran visión y la fogosidad propia de la época- Eva Perón le planteó a la sociedad argentina a través de varios inolvidables discursos.

Posdata: es necesario también ir poniendo en agenda un peligro de mediano plazo que acechará a la economía argentina de continuar las altas tasas de crecimiento. Como muestran hoy Irlanda, Gran Bretaña o España, puede crecerse muchos años con responsabilidad fiscal y aún así quebrar la economía como consecuencia de una burbuja crediticia. El crédito todavía es poco relevante en la Argentina; sin embargo, está creciendo a tasas muy altas. Tomando ya las riendas en el asunto puede evitarse un problema mayor dentro de pocos años.

Idas y vueltas

En dos semanas, Diputados tratará el presupuesto, la ley que más le importa al Gobierno para su gestión. El Senado quedará muy apretado de tiempo para su aprobación. El conglomerado opositor tiene estrategias diferentes entre sus miembros. Idas y vueltas del socialismo.” (Encabezado de un artículo de Página 12, 4 de noviembre de 2010)

Desde la radicalización de la puja política que siguió a la Resolución 125, el accionar del más que centenario Partido Socialista se ha caracterizado por zigzagueantes movimientos que han por momentos desconcertado a propios y extraños. Aún cuando una minoría de sus parlamentarios, dirigentes y militantes ha consistentemente apoyado las políticas del oficialismo, la gran mayoría del PS ha optado por mantenerse como uno de los pilares de la oposición. El socialismo, más que ninguna otra fuerza, le ha permitido al Grupo A mostrarse como una alianza heterogénea que logra dar cabida a la centroizquierda. De hecho, la relevancia del PS en el conglomerado opositor es tal que es altamente probable que, así como vienen las cosas, la principal formula opositora de 2011 incluya al gobernador Hermes Binner, su máximo referente nacional.
Sin embargo, es dable imaginar que no será ni tan fácil ni tan lineal el camino a seguir en los próximos meses para el partido de Palacios, Justo, Moreau, Estévez Boero y Bravo. Ya antes del voto no positivo, el kirchnerismo podía hacer gala de su política de derechos humanos, de la expansión inédita de la inversión social, de la duplicación de la cobertura previsional y de una política exterior autónoma y sudamericanista. Pero a partir de entonces y, más aun, desde de la derrota en las elecciones parlamentarias de junio de 2009, el gobierno de CFK ha profundizado decisivamente su carácter progresista. La prueba incontrastable es que el PS ha apoyado alguna de las leyes más importantes del gobierno de Cristina, como la estatización de las AFJP o la Ley de Medios.
El fallecimiento de Néstor Kirchner conmovió de varias maneras el escenario político argentino. Una de las novedades más relevantes es quizás que ha quedado finalmente evidenciado el masivo sostén popular al gobierno – un apoyo que durante tanto tiempo, y a veces tan efectivamente, fue sistemáticamente ocultado por la cadena privada de medios. Pero ¿quién puede ahora hacerse el distraído y negar que este es un gobierno que, con sus más y sus menos, privilegia los intereses del pueblo? Lxs lectores sabrán disculpar si uno peca entonces de ingenuidad al preguntarse que más necesita la dirigencia del Partido Socialista para decidirse a apoyar de una vez al gobierno de Cristina.
Permítaseme imaginar dos respuestas posibles a la cándida pregunta, de manera de presentar a su vez los contraargumentos. Primera respuesta posible: “el kirchnerismo es corrupto”. Contraargumento (en forma de preguntas): a) ¿es la corrupción un problema de este gobierno, o es un mal de época que llevará largo tiempo erradicar?; y b) ¿alguien realmente se siente en este aspecto tan libre de pecados como para arrojar la primera piedra?
Segunda respuesta posible: “este gobierno sólo enfrenta a algunas corporaciones, pero deja a tantas otras enriquecerse impúdicamente”. He aquí un buen argumento. Todo indica que, efectivamente, el gobierno no ha sido parejo en la política de apropiación pública de las ganancias extraordinarias. Pero entonces, cabe preguntarse (y esto también se aplica al punto anterior): ¿no es acaso desde adentro, conformando una coalición, que el socialismo podría ser más efectivo para cambiar el rumbo de gobierno ahí donde sea necesario?
Seguramente algún lector/a de raigambre peronista sonría frente a este discurrir de ideas, en su certeza de que el socialismo argentino contiene un irredimible gen gorila que no podrá jamás ser extraído. Puede ser, pero ojalá tal lector/a se equivoque. Muchas democracias han ya mostrado que los gobiernos de coalición pueden ser efectivos sin por eso dejar de lado su diversidad. Pluralidad que, por otra parte, no hace más que reflejar la rica heterogeneidad de las sociedades que gobiernan.
Un PS críticamente aliado al gobierno de Cristina podría enriquecer poderosamente el diálogo político argentino, a la vez que permitiría que se avance en el Parlamento con más y mejor fuerza en la agenda de reformas. El PS se distinguió nítidamente de otras fuerzas opositoras al no venderse al monopolio mediático. Eso le ganó un valioso capital intangible, que puede y debe saber usar.
No es que sorprenda que la dirigencia socialista parezca decidida a sellar una alianza con ese pequeño sector de izquierda que tiene el radicalismo. Una formula Alfonsín – Binner (o viceversa) enriquecería a la democracia y dará lugar a un rico debate electoral con la fórmula oficialista. Pero quizás es momento de ir por más, de ir por el camino que vienen proponiendo Jorge Rivas, Ariel Basteiro, Oscar González y tantos otros. Sin embargo, permítaseme concluir con la intuición de que, si tal cambio de rumbo se da, no será liderado por quienes hoy conducen al PS, sino por las juventudes militantes que sienten y piensan que otra Argentina está naciendo.

Ceder es fortalecerse

La pronta reacción del Jefe de Gobierno de la Ciudad, que calificó de fascista al gobierno, y los comentarios de los formadores de opinión de los dos principales medios gráficos de Buenos Aires, que ya desenfrenadamente intentan deslegitimar el sustento democrático de la administración CFK, son claros signos de que con la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual se afectarán intereses concretos y relevantes de la derecha argentina.

De cumplirse con la transferencia de propiedad de cientos de medios en el próximo año, será difícil que la agenda pública vuelva a ser tan evidentemente encauzada por las visiones y los intereses de los grupos de poder conservadores. Esto es una verdadera mala noticia para quienes están acostumbrados a que millones de argentinos rápidamente adopten como propias las campañas en defensa de sus intereses. Por lo tanto, subestimar su inevitable contraataque sería un grave error, que puede llevar al fracaso de la implementación de la nueva ley. Es necesario leer atentamente la experiencia de Honduras, que muestra que los límites se van corriendo en los intentos por frenar los avances progresistas de la región.

Entre varias novedades relevantes, la aprobación en Diputados de la Ley de SCA deja una gran noticia o, más bien, deja plantada la semilla de una gran noticia. El kirchnerismo parece finalmente haber tomado nota que saber ceder es hacerse más fuerte, logrando así el apoyo masivo del centroizquierda, incluyendo al Partido Socialista y a varios radicales. Lo más relevante, sin embargo, es que el sostenimiento y profundización de esta coalición, que ya tiene antecedentes en la estatización de las AFJP y de Aerolíneas, es quizás el único camino viable para evitar el triunfo del cobismo o del peronismo de derecha en 2011.

Pero es evidente que se está aun muy lejos de concretar tal alianza. Para lograrlo, Cristina y Néstor Kirchner deben decidirse a conducir sin tapujos la consolidación de un proyecto de centroizquierda. Esa es la principal herramienta disponible para hacer más nítidas las divisiones internas del peronismo, del radicalismo, del socialismo y de la propia izquierda, y así avanzar en el reordenamiento post-crisis del sistema de partidos. Pero para lograr tal impulso deberán propulsar reformas realmente transformadoras, como lo es la Ley de SCA, que demuestren una sincera capacidad de autocrítica y de superación. También deberán abrirse a aceptar los caminos propuestos por los nuevos aliados, lo que debe complementarse con una generosa apertura de espacios de poder. Sin autocrítica, creatividad y generosidad, el kirchnerismo no logrará sobrevivir.

Pero si, en cambio, se profundiza el proceso inclusivo, ejemplificado tan claramente en la incorporación de dos millones de nuevos jubilados; se avanza en la distribución del ingreso, aumentando por ejemplo la apropiación estatal de la renta de las industrias extractivas; y se logran mejoras reales en la transparencia en el manejo del Estado, puede lograrse que, junto con los nuevos aliados, millones de argentinos que votaron por la oposición el 28 de junio consideren en 2011 apostar a la continuidad del proceso iniciado en 2003.

De concretarse el escenario planteado, la feroz reacción conservadora del último año y medio habrá dado a luz, a su pesar y quizás inesperadamente, a la tan postergada convergencia entre el ideario peronista y el progresista. La oportunidad no parece esta vez tan lejana.