Napule

Blue, dipinto di blue

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“Hoy participamos de un desayuno para los países de Latinoamérica que organiza el FMI. Se discutió sobre la necesidad de sostener las respuestas fiscales y mantener las reservas en los bancos centrales. Lo que planteé en esa reunión es que si discutimos sólo esos tópicos, estamos buscando cómo acomodar nuestras políticas a lo que necesitan los países centrales. Yo propuse buscar un camino alternativo, consistente en políticas que sean positivas para nuestra región desde la acción, no desde la reacción. Es el mejor momento para hacerlo porque los amortiguadores que construimos en los últimos ocho años nos dan la posibilidad de buscar nuestro camino. Por ejemplo, más del 30% de la deuda que emite Estados Unidos la tienen los bancos centrales de otros países. Eso quiere decir que esos países estamos financiando a Estados Unidos. Esta es una ventaja que no tiene ninguna otra nación del mundo y una de las vías a través de la cual traslada sus problemas financieros al resto de los países. Frente a eso necesitamos una respuesta sudamericana y lo estamos trabajando en el Consejo de Ministros de Economía y presidentes de bancos centrales de la Unasur”.

Amado Boudou, septiembre de 2011

 

En el cándido y pseudomatemático mundo de la economía liberal, el desarrollo de las naciones depende de la consolidación de instituciones amigables con los mercados, que permitan el libre juego de la oferta y la demanda, para así derivar, algún día, y si el pueblo no peca de impaciencia, en la justicia social.

El tiempo va pasando y a este cuento de hadas le queda, en todo el mundo, poco tiempo. La realidad es algo más dura. El desarrollo tiene en verdad más que ver con la política y la geopolítica, es decir con el control de las aspiraciones más egoístas del alma humana y el fomento de las opuestas. El resto es poco más que cuentas de almacenero. La guerra, la conquista y el saqueo fueron norma hasta ayer nomás en la historia de nuestra especie, y si bien en estos privilegiados y democratizantes tiempos se imponen mayores restricciones al uso de la fuerza, es de notable ingenuidad suponer que las elites mundiales y sus asociados distritales no procuran mantener a raya a las adolescentes sociedades que creen que las reglas están para ser rotas.

Los países en desarrollo viven, hace años, sorprendentes procesos de crecimiento. En medio de la desigualdad y la pobreza remanentes, los shoppings se expanden como hongos en todos los continentes, igual que el consumo de naftas, de cemento, de carnes, de ropa, de celulares y, sobre todo, de préstamos bancarios. Esto genera flujos de ganancias difíciles de concebir -tal es su dimensión-, dirigidos en enorme parte hacia los hoy menos vigorosos países centrales. Más precisamente, el dinero fluye hacia unas pocas manos. Manos expertas, gracias a un siglo y medio de capitalismo globalizado, en el arte y la ciencia de controlar mercados, medios de comunicación y sistemas políticos de débil raigambre democrática. Para luego y en buena y protegida parte terminar, ese infinito dinero que podría cambiar sociedades enteras, en alguna de las 80 guaridas fiscales que gozan del amparo de quienes tienen el poder real. Y allí es donde se esconde de los impuestos, es decir de los estados, el 8% de la riqueza total generada cada año por el planeta.

Llevada esta realidad a la coyuntura 2014 del país de Messi, se observa de inmediato, si se miran las variables relevantes, que la puja es fuerte entre los dueños del capital y el adolescente movimiento político que hace once años dirige al estado nacional. Sólo en los últimos siete años han salido del país cerca de 100 mil millones de dólares entre fuga de capitales y pagos de deuda fraudulenta. La inflación, es decir el accionar de los formadores de precios frente a los intentos distribucionistas y la escasez de dólares, es un vigoroso cáncer que debilita al poder adquisitivo del salario, y así al gobierno que expandió en un tercio al estado. A esto se agrega la recientemente reconfirmada orden del poderío norteamericano para que paguemos, en el supuesto mejor de los casos, quince mil millones más de deuda. Pero que en un análisis más fino, liberado de juvenil optimismo o de independiente “periodismo”, implica más bien pagar 120 mil millones adicionales de deuda. Una locura que, si el mundo no estuviera tan eficazmente colonizado por el sistema propagandístico del capital, un pueblo no podría exigirle a otro más que por las armas.

Frente a la negociación con Estados Unidos –dado que de esto se trata, no de una negociación con los fondos buitres, o con el juez buitre- es relevante entonces preguntarse con que nos amenazan, para el caso en que osemos no arrodillamos frente a su voluntad. Por suerte, un vocero paladar negro de las grandes empresas a las que les interesa el país lo explicó con suma claridad, ayer. Primero dijo que “en círculos diplomáticos y entre los operadores de mercados” se cree que el gobierno hará un buen arreglo. Bueno para esas fuentes, claro, es decir “los bancos Deutsche Bank, UBS, JP Morgan, Morgan Stanley y fondos como el Latan Securities, Gramercy y Fintech”. Veremos.

Segundo y de previsible yapa (ya que nunca hay que perder la oportunidad de desprestigiar la actividad política), cuenta el periodista que un grupo de legisladores, liderado por Elisa Carrió, “va a pedir a la Justicia que investigue si el suministro y la utilización de datos confidenciales (NdR, sobre la negociación en curso) provistos por los funcionarios configura el delito de dar información privilegiada”.

Tercero, se informa al siempre castigado pueblo clarinista que “el tema se habló el miércoles en la Embajada de Estados Unidos, donde se insiste que la negociación puede fracasar sólo por dos motivos: 1) La impericia de los funcionarios argentinos (…); o 2) Una propuesta de los ultra-K que llegó a la Quinta de Olivos y que propone endurecer la negociación con los fondos buitre (…) En esta línea se encuentran algunos dirigentes sociales y otros de La Cámpora. Volvieron a hablar de “malvinizar” el conflicto con los fondos buitre para sacar del foco a la corrupción”.

Y así llegamos al punto que queríamos llegar. ¿Qué pasaría, según ellos, si la propuesta ultra es la que finalmente aplica el gobierno argentino frente a la imposición (reconozcamos que también ultra) del poder norteamericano? Nos responde el veterano vocero de la Corpo: “la ausencia de un acuerdo a fin de julio deteriorará la situación económica y empeorará la imagen de Cristina: habría más recesión y se calcula que el dólar paralelo pegaría un salto a 13,5 pesos, generando escasez de liquidación de exportaciones y nueva caída de reservas”. Ok, muy claro.

Si esta es la amenaza entonces, pensemos como defendernos. Para eso hay que responder antes una pregunta clave: ¿por qué subiría el dólar blue? Los grandes medios dirán, o más bien gritarán, por crisis de confianza. Seguro, ¿pero de quién? ¿Acaso alguien entre lxs desconfiados puede tener tanto poder como para influenciar el precio del dólar? La respuesta es, obviamente, no negativa. Y de hecho, justo la semana pasada, salió una nota que da luz a muchas preguntas de la militancia. Trata de la imputación, por parte de la fiscalía general y la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos (Procelac), ante la Justicia Penal Económica, de seis conocidos bancos y una conocida petrolera, todos fuertes anunciantes de la prensa independiente. La denuncia es por colusión de intereses y maniobras para provocar la devaluación de enero. Y quienes no se especialicen en economía, por favor rellenen ahora el mate o el vaso con lo que sea que estén tomando, para leer con atención lo que en nuestras pampas se hace para hacer volar al dólar, ya sea en su versión oficial o en la versión blue pintado de verde:

-Se investigan 17 operaciones realizadas el 23 de enero en el mercado mayorista, produciendo “un alza drástica de la cotización” hasta cerrar la jornada. “La primera operación inusual ocurrió a las 12.18, cuando uno de los bancos compró un millón a otra entidad a una cotización de 8 pesos. Esa operación fue consolidada por otras operaciones millonarias en cuestión de segundos. A las 12.26, se ofreció 8,25 pesos en una compra de 500.000 dólares y dos minutos después, se vendió un millón a 8,30 pesos por dólar. Y un minuto más tarde, se pagó 8,40 pesos por dólar en otra compra de un millón”

-“A las 12.30 horas, el Banco Central intervino en el mercado vendiendo 4 millones a 8 pesos. Pero cuatro minutos después, uno de los bancos denunciados reinició las operaciones especulativas, con una compra de un millón a 8,40 pesos a otro banco. Al mismo tiempo, se concretó otra operación por 5 millones a 8,50; para ese entonces, el porcentaje (de aumento) acumulado durante el día era de 18%.”

- “Las operaciones realizadas por los bancos denunciados reflejaron un comportamiento anormal que no guarda tampoco al inicio correspondencia con la evolución que presentaba el mercado mayorista de divisas en el correr de la semana ni de la jornada”. (…) “En cuestión de minutos, una corrida cambiaria les significó una ganancia exorbitante”, afirma la presentación. “No sólo hubo compras y ventas de divisas por encima de los valores que en esos momentos regían en el mercado, con la evidente intención de subir la cotización, sino que además esto fue inmediatamente aprovechado para remarcar los precios de insumos para la construcción, alimentos y otros rubros para generar mayores ganancias en las empresas formadoras de precios, lo que ata el origen de un proceso inflacionario con estas maniobras especulativas”.

En resumen, la imputación es “por atentar contra el orden económico al actuar, en conjunto, para generar una drástica suba del dólar”. Están siendo investigados directivos locales de los bancos HSBC, Citibank, BBVA Francés, BNP Paribas, JP Morgan Chase Bank y Galicia, todos de capital extranjero menos el último. También la petrolera Shell, esa vieja enemiga del peronismo. Y también el Banco de la Provincia de Córdoba, en una nueva perla que regala el “compañero” De la Sota a la larga lista de indignidades argentinas.

Y así es entonces que disparás al dólar. Pero ojo, esto es la entrada nomás. El plato fuerte viene después, primero con los sojeros y el oligopolio multinacional comercializador de granos, reteniendo cosecha o evitando cobrar las exportaciones hasta que se devalúe, es decir hasta que reciban más pesos -algo que, como se explicó en el post anterior, fue clave para generar la caída de reservas de 2013. Y luego, el pesado postre: tarde, por supuesto, al dólar llega la manada, el pueblo asustado por la tele y por los diarios. Lo que sigue lo conocemos bien.

Y así se ejecuta el golpe económico. Si no hacemos un buen arreglo con los holdouts, sube el blue. Si sube el blue, aumentan las expectativas inflacionarias. Y así la cosa se le vuelve a complicar al adolescente gobierno de este adolescente y lejano pueblo.

Es importante tomar nota que el otro gran pilar de los golpes económicos, la “inflación”, está algo contenido, gracias a Precios Cuidados. Por supuesto que si logran disparar al dólar enseguida comenzarán con operaciones de desabastecimiento. Sin embargo, no parece arriesgado afirmar que el pueblo argento versión 2014 es bastante menos ingenuo del que hace poco más de una generación, en los alfonsinistas tiempos de Mazzorín, se comió entera la defenestración organizada, por parte del sistema propagandístico del capital, a un funcionario que intentó quebrar un lockout. Lockout liderado por Cargill, que apuntaba a dejar de cuidar el precio de los pollos. Hoy, es de suponer, los señores a cargo de las empresas formadoras de precios van a pensar más de dos veces sus acciones.

Aun así, la suba del blue es desestabilizante. Desordena toda la economía e impide seguir bajando las expectativas inflacionarias. Y nos lleva, claro, derecho a la derrota electoral.

En cuanto a la investigación a los bancos y la petrolera, leemos en la misma nota que “esta es la primera vez que empresas que incurrieron en maniobras especulativas son imputadas ante la Justicia por el intento de manipulación del mercado a su favor”. Excelente noticia, que en un mundo menos cruel hubiera merecido 200 tapas en los diarios. Se trata de un nuevo avance de la democracia argentina, proveniente nada menos que de uno de sus más débiles flancos, el sistema de “justicia”. Es fundamental seguir de cerca esta investigación, dado que, arreglemos o no con Estados Unidos como ellos quieren, este mecanismo será usado una y mil veces más.

 

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Lo que ellos quieren

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Las finanzas son la nueva forma de la guerra –pero sin los gastos de mantener fuerzas armadas ni la incomodidad de ocupar a anfitriones mal predispuestos. Es una competencia de creación de crédito para comprar recursos extranjeros, bienes raíces, infraestructura pública y privada, acciones y deuda de empresas. ¿Quién necesita a un ejército cuando podés lograr el objetivo de siempre (apropiarse de riqueza monetaria o en activos) simplemente utilizando estrategias financieras?

Michael Hudson, Counterpunch, Octubre de 2010

 

En momentos de decisiones difíciles, suele ser útil repasar el listado de los objetivos últimos que se buscan, para desde ahí desarmar y repasar la lógica implícita en nuestro plan de acción vigente. Una vez reevaluadas las premisas, llega el momento de confirmar o de repensar la estrategia. Este es un post largo, pero esperamos que la inversión de tiempo en su lectura redunde, para quienes no se especializan en economía, en comprender la complejidad y la relevancia de la decisión que debe tomar el gobierno frente a la imposición que intenta el poder económico-judicial-militar norteamericano.

1. Los mandamientos populistas

Supongamos –equivocadamente y por un momento- que todo gobierno busca mejorar el estándar de vida de toda la población. Para lograr esto es necesario, ante todo, que el desempleo sea bajo, dado que la escasez de empleados disponibles es el principal determinante de los salarios altos, es decir del poder del trabajo por sobre el del capital. Para lograr bajo desempleo, a su vez, es necesario lograr ciclos prolongados de crecimiento de la economía, es decir de la producción y de la productividad. Hasta acá, digamos con diplomacia, hay un acuerdo generalizado, un consenso republicano.

Pero comienzan ya aquí las diferencias conceptuales entre derecha e izquierda (diferenciando y simplificando con estos conceptos a quienes creen en una menor o mayor intervención del estado en el funcionamiento de la economía). La izquierda postula que una mejor distribución del ingreso lleva a un mayor crecimiento económico – un libro hoy muy de moda sostiene un punto que deriva en este supuesto, y es justo reconocer que el kirchnerismo lo repite, sin tanta prensa, desde hace once años. La izquierda plantea también que el comercio exterior regulado y protegido lleva a mejor empleo, mayor producción y por lo tanto a menor pobreza. La izquierda cree, además, que es esencial un estado fuerte y activo que intervenga en el comercio interior y en la organización de la estructura económica, con el fin de mejorar la diversificación, las desoligopolización y la competitividad de nuestros sectores productivos –es decir, lograr que las empresas que trabajan en Argentina, sean pymes o multis, produzcan más y mejor empleo.

La izquierda, además, postula que es esencial avanzar hacia un estado grande, es decir en torno al 50% del PBI (son muy pocos los países que ya han llegado ahí). Esto con el fin de compensar las desigualdades propias de las sociedades capitalistas. Desigualdades que, ojalá, algún día, serán superadas desde raíz por la difusión de sistemas de organización social libertario-comunistas, verdaderos autogobiernos de las masas. Pero a la humanidad le falta tanto para llegar ahí que detenerse en ello deja de ser acción política, para convertirse en placer reflexivo.

Es relevante apuntar que este objetivo, el de llegar a estados grandes, no se basa exclusivamente en el supuesto ya mencionado, referido a que una mejor distribución del ingreso genera mayor crecimiento. En realidad, la justificación fundamental detrás de la voluntad de un estado grande es, por supuesto, de índole moral. Lo que plantea la izquierda es juntar recursos de quienes más tienen para mejorar la protección y promoción de lxs más débiles. Esta es una idea obvia para muchxs, pero subversiva hasta hacerles doler todo el cuerpo a lxs darwinistas de este mundo. De hecho, este viejo concepto, este potente meme, es el clivaje principal que organiza las identidades políticas de estos tiempos. Casi todo lo demás son detalles.

2. Perspectivas del populismo argento

Dicho esto, repasemos los resultados de los once años de gobierno nestorcristinista. Es un dato innegable e incluso sorprendente el crecimiento del estado, que está en torno a diez puntos del PBI. También son innegables los avances en la tasa de empleo y en el poder adquisitivo de los ingresos de sectores mayoritarios de la población (en buena parte gracias al mayor estado). Lo que también es innegable, sin embargo, es que el crecimiento real de los salarios, jubilaciones y transferencias ha tenido importantes retrocesos desde la disparada inflacionaria de 2011-2013. Esto se reflejó en el lamentable resultado electoral de 2013. Lamentable no por la derrota en sí, dado que el peronismo K bien podría ser suplantado por otro y más eficaz modelo distribucionista, sino porque los tres sectores que quedaron con alguna chance de competir por la Rosada son todas manifestaciones ranciamente liberales, financiadas por el capital y organizadas por sus grandes medios -pero ojo: fortalecidas, hasta tener posibilidad de ganar, por nuestro gran error, el incremento de la inflación.

No es la inflación, claro, nuestro único traspié relevante de estada década y pico de notables avances culturales, políticos y económicos. El déficit energético que nos supimos conseguir ha sido una gran imprevisión en la planificación estratégica que, aun sí en vías de repararse, nos cuesta casi lo que nos ahorramos en pago de intereses gracias al desendeudamiento. Lograr que las industrias automotrices, electrónicas y químicas, entre otras, tengan menos déficit comercial también son cuestiones pendientes que tienen graves consecuencias. En general, puede afirmarse que mejorar la diversificación, desoligopolización y nacionalización de nuestra economía son áreas en los que falta mucho avance. Y que además y como veremos, son generadoras directas del problema más urgente, la escasez de dólares, por lo tanto del problema inflacionario. A pesar de estas falencias, negar la vocación industrialista del kirchnerismo es una tontería o, más a menudo, una intencional desinformación. Además, es evidente que son problemáticas que para ser solucionadas requieren de décadas de trabajo junto a, pero también en contra de, el capital.

De todos modos, hay que saber priorizar. La continuidad de un gobierno intervencionista y distribucionista luego de las elecciones de 2015 no depende directamente del indispensable avance en estos y otros campos, sino del combate a la inflación, es decir a la pérdida del valor real de los salarios. Si no solucionamos este problema, retornará en breve un gobierno que elija la eterna salida del endeudamiento público masivo -salida fácil en el corto plazo, suicida en el largo y cipaya en todos los plazos. Y así pronto –y como quieren los buitres, la corte suprema de Estados Unidos y, como veremos, mucha gente que encuentra prensa en los grandes medios de acá- estaremos emitiendo deuda para pagar deuda. Bien se sabe que esta es la receta del desastre, sea lento o rápido, individual o nacional. Sin embargo -y como duele enterarse de esto- este comportamiento irracional es algo que en estas colonizadas tierras se hizo casi siempre -aunque, vaya, un detalle no menor: no se toma deuda (en dólares) para pagar deuda (en dólares) desde el default de 2001.

Hay que seguir bajando la inflación, a la vez que se mantiene el nivel de empleo que, gracias a varias acciones presentes y pasadas del gobierno, se viene manteniendo, aunque a los golpes, y amenazado. Esto es bien difícil, como veremos, por las condiciones de negociación que quiere imponer el capital. Es que en realidad es conveniente asumir que a ellos, al capital, no les conviene un país normal. En contraste, la inflación es la principal debilidad de los gobiernos distributivos, aquellos que buscan quitar algo a la cima para repartir mucho en la base, o sea aquellos que no creen en las promesas de prosperidad y justicia que postula el libremercadismo.

3. La inflación, parte I

Para pensar una estrategia desinflacionaria es esencial comprender antes que la suba generalizada de precios nominales no inquieta realmente a quienes manejan el dinero grande, es decir a los bancos y las multis (y a los sojeros). La inflación es un gran negocio del capital. Por eso la genera. Sobre todo cuando se siente amenazado, es decir cuando no se lo seduce -como sí lo hacen en cambio, y entre otros, el modelo peruano o el mexicano. Todo el ruido granmediático anti-inflacionario es, primero, para distraer, asustar y enojar a la tribuna, y así hacerla comprar dólares –es decir, lograr que el resto de la manada haga lo que propone el macho alfa. Segundo, lo dicen, o más bien lo gritan, para mantener caliente la cosa, es decir para que nadie se sorprenda mucho cuando los formadores de precios decidan el nuevo “salto inflacionario”, como ese que hubo a fines del año pasado, justo para festejar el retroceso electoral del populismo K.

Precios Cuidados (PC) es una evolución inteligente de los necesarios pero finalmente fallidos controles intentados por Guillermo Moreno. Tiene las características de una gran defensa, siendo su principal pilar (creemos, pronto será testeado) el haber logrado apoyo popular, algo que tiene preocupado al poder económico. Por ahora, el plan antiinflacionario en general, y PC en particular, viene bien. Tengamos presente la serie de inflación mensual desde enero: 3,7; 3,4; 2,6; 1,8 y 1,4. Pero el partido no lleva ni diez minutos. PC puede caer. De hecho, atacar PC es una de las estrategias que pronto intentarán, a través del desabastecimiento -si es que antes no logran instalar una defaultística sensación de caos que les permita una nueva disparada del dólar. O a menos que se dé el escenario que ellos desean, el escenario al cual parecen apostar en estos días, y del cual ya hablaremos.

Si se hace una rápida o crédula lectura de los grandes medios, la inflación -dicen desde siempre lxs infinitos consultores y economistas con prensa- es resultante de la emisión de moneda sin respaldo. Es decir, sin respaldo de algo que para los financistas de esos consultores y para los promotores de esos economistas realmente valga -es decir, y en esta época que nos toca, de dólares, de esos que cuentan con respaldo en Washington. Te muestran entonces gráficos y te dicen, en general de mal tono: ¿ves? A más emisión del BC, más inflación. A lo cual se les responde (pero sin que se entere casi nadie): che, correlación no implica causalidad. Y entonces les citás mil casos presentes y pasados de lentas o rápidas pero siempre enormes expansiones de la masa monetaria, sin inflación. Pero no, tampoco eso convence, ni a ellxs ni a lxs editorxs de los grandes medios.

Sin embargo, esto es interesante, y previsible dada la correlación, algo de cierto hay en el verso eterno. Lo que sí es verdad es que los formadores de precios disparan la inflación porque tienen un exceso de pesos. Bueno, en realidad, esto es así a veces. Otras veces (y muchas por ambas razones en combinación), disparan la inflación como forma de debilitar un proceso político que puja por salarios altos, como demuestra este esencial estudio del Ciges, gracias al cual sabemos de aumentos inexplicables (en tiempos de la 125) de precios base de la economía, bienes que afectan simultáneamente a varias cadenas de producción (en este caso, acero, cemento, aluminio). Aumentos de precios de hasta 350%, emanados de unas pocas y gigantes empresas, con posiciones dominantes en sus mercados.

Sirve insistir: hablamos de los que tienen plata de verdad, los que mueven el amperímetro del mercado de cambio de moneda, es decir las grandes empresas a las que poco les interesa el país, pero que mucho les interesa transformar sus millonarias ganancias en dólares. Para luego transferirla a las casas matrices y/o fugarlas a las más de 80 guaridas fiscales en disponibilidad (el destino final, en todo caso, siempre son las guaridas, donde se estima que hay fondos equivalentes al 8% del PBI mundial, una cifra que, si se lo piensa, es asombrosa).

Es entonces importante, por no decir esencial, acostumbrarse a que cada vez que se lee o se escucha “la inflación seguirá siendo alta”, lo que hay que en realidad leer o escuchar es “sabemos que no les alcanzarán las reservas, los dólares”.

4. El chanchito nac&pop

La clave es entender que pasa con el Banco Central (BC), la alcancía de los estados nacionales. Como decíamos, el problema del capital, y por lo tanto nuestro, es que al BC no le alcanzan los dólares para cambiar todas las ganancias que aquel acumula en pesos. Esta diferencia es la verdadera grieta de la sociedad argentina, la que divide al gobierno electo de las elites que manejan el dinero grande. Y es la verdadera causa de las -en apariencia incomprensibles- furias, injurias y mentiras diarias que emanan innumerables “periodistas” que consiguen laburo en la prensa financiada por el sector privado. Y que así generan –nunca sobra recordarlo- lo que es quizás el problema político esencial de nuestra época, es decir el dificultar una convivencia más pacífica, que permita ir creando un estado grande y fuerte en simultáneo a un crecimiento económico gradual y estable.

Si poder darles todos los dólares que quieren es el precio de la civilidad, mejor ver entonces cómo funcionan las cuentas del BC. Lo primero a comprender es que la cantidad de dólares en el BC es función de la balanza de pagos, es decir del resultado de las transacciones monetarias entre el país y el resto del mundo. Esta balanza, a su vez, depende de varias variables, las principales las veremos a continuación. El resultado final de la cuenta, en un país con tipo de cambio regulado, es siempre cero, lo que significa que un déficit de divisas se verá compensado o por el descenso de la reservas del BC o por el incremento de su deuda. Es decir, el balance del Central es el termómetro de la balanza de pagos. Nos dice, en dólares, cómo nos fue con eso de relacionarnos con el resto del planeta. Pedimos ahora prestados unos gráficos a un blog amigo de la casa para que se comprenda mejor esto.

5. Comportamientos Especulativos

Una primera variable a tener en cuenta es el resultado de la balanza comercial, es decir de la diferencia entre exportaciones e importaciones (y más precisamente, del financiamiento de las operaciones de comercio exterior, el denominado balance comercial cambiario). Si se exporta (y efectivamente entran los dólares cobrados) más de lo que se importa (y efectivamente salen los dólares pagados), el impacto sobre la balanza de pagos, por lo tanto sobre las reservas, será positivo. Como puede verse en las barras verdes del primer gráfico, desde la mega devaluación de 2002 el resultado viene siendo fuertemente positivo, lo cual no sólo se debe al cambio de precios relativos, sino también al aumento de precios de nuestros productos principales -el famoso “viento de cola”, al cual los grandes medios atribuyen la totalidad -y más también- de los méritos de la década ganada.

lo que ellos quieren - bza de pagos

Este superávit ha sido clave para evitar devaluaciones bruscas, al menos hasta la instalación del cepo, a fines de 2011, cuando nació el blue. Y sigue siendo clave para tener alguna chance de ganarle a la inflación. Pero ojo: el superávit comercial viene cayendo fuerte desde 2012. En 2013 fue 3200 millones menos que un año antes. Y en los primeros cinco meses de 2014 hubo un saldo positivo de sólo 2300 millones de dólares, lo que implica una reducción del 41% respecto de igual período del año anterior.

Mientras, e igual de grave, el superávit comercial cambiario “pasó de un positivo de 14.700 millones en 2012 a sólo 1800 millones el año pasado, fruto de una caída en los cobros por exportaciones y un significativo aumento en los pagos por importaciones”. Esto frente a un superávit del comercio de bienes en ese mismo año, e independientemente de si se pagan o cobran, que alcanzó un valor cercano a los 9000 millones. La enorme diferencia entre lo vendido/comprado y lo cobrado/pagado se explica por las expectativas (luego y como siempre autocumplidas) de devaluación. A tal “comportamiento especulativo, que se produjo en el segundo semestre (…) deben sumarse los más de 4500 millones “ahorrados” en granos, guardados en silos y silobolsas”. El profesor Heller le dice comportamiento especulativo. En los blogs se lo tiende a llamar golpe económico –fallido, en este caso, pero quizás sólo por ahora, dado que dejó cuantiosos daños.

Lo del campo, su desaporte a la causa del desarrollo nacional, no es menor: “(frente al boom importador) los productores primarios exportaron en 2013 sólo por la misma cantidad que en 2012. El dato adquiere relevancia si se tiene en cuenta que la cosecha del campo marcó un pico de 105 millones de toneladas el año pasado, contra los 90 millones de la campaña anterior. Así, el complejo agropecuario dejó de exportar oleaginosas (soja) por 6000 millones de dólares, especulando con el valor futuro del tipo de cambio oficial”. O sea, un comportamiento especulativo que nos salió 1500 millones más caro de lo que se estimaba en la cita anterior. Ah, y acá dicen que en total el campo tiene guardados unos 19 mil millones de verdes en granos. Casi el total de nuestra reservas en el chanchito, una vez deducidos los pasivos.

Otros elementos fundamentales del deterioro de la balanza comercial son los ya mencionados grandes déficits de bienes automotores, químicos y electrónicos, fruto del boom de consumo que lleva varios años, pero también de las estructuras productivas que arman las multis, siempre racionalmente orientadas a maximizar el interés de sus pocos y lejanos dueños. A eso hay que sumarle el también ya lamentado déficit energético, con compras de combustible que ascendieron a doce mil millones de dólares el año pasado (fueron 347 millones cinco años atrás), produciendo un déficit de más de la mitad de aquella cifra.

Con los autos el tema es particularmente grave. El balance comercial en 2013 nos dio negativo en nueve mil millones de dólares, una fortuna para nuestra alcancía, y esto a pesar de que somos el veinteavo país que más autos fabrica. Y también a pesar de los varios planes que se vienen implementando para mejorar el porcentaje nacional de autopartes (un buen ejemplo de lo difícil que es torcerle el brazo a las multis). Habrá que ver el impacto del temporario convenio con Brasil, firmado hace unos días, y más aún el del protocolo por cinco años a firmarse dentro de un año. Por último, aquí hay una útil y breve serie de posts que muestran cómo sofisticar la planificación estratégica en el sector minero mejoraría no sólo la calidad del empleo sino también el balance del BC.

6. Colonialism Not Dead

Las barras naranjas del gráfico uno, esas que todas y cada una apuntan para abajo, muestran otro determinante clave de la balanza de pagos. Se trata de una de las fuentes eternas de drenaje de divisas de nuestro país y de tantos otros que tampoco nunca fueron centro de algún imperio: las denominadas rentas de la inversión, o sea el vuelto de la -por los grandes medios y los diarios financieros siempre tan promovida- inversión extranjera.

Algunos datos sobre estas rentas: a) las utilidades remitidas por las multinacionales de América Latina y el Caribe se multiplicó cinco veces y media entre 2002 y 2011; b) en Argentina -ver el gráfico dos, que vale la pena mirar despacio- desde 2003 y hasta 2011, el giro de utilidades ha crecido a un ritmo vertiginoso. El salto más importante se dio durante 2008, el año de la 125, el año que se dieron y nos dimos cuenta que lo de agrandar el estado es agrandar la nación venía bastante en serio; c) el envío de plata a las casas centrales ha superado con creces a las registradas durante la convertibilidad: entre 2003 y 2011 sumaban una salida de más de USD 70.000 millones (3,1% del PBI del período), contra USD 57.500 millones de los 8 años anteriores (2,5% del PBI). Esto a pesar de que “mejoró notablemente el coeficiente de reinversión de utilidades (con respecto al total de ganancias obtenidas) el cual pasó de un paupérrimo 11% de promedio durante la convertibilidad a cerca de 34% en el último bienio”. Y esto a su vez y en parte se explica porque los márgenes de rentabilidad se duplicaron con respecto al período 1996-1998; d) en 2001 y 2002, bienio inolvidable para la argentinidad, donde cada peso servía, se llevaron por estos conceptos (es decir por derecha, ya mencionaremos otros canales) más de quince mil palos. En fin. Say no more. O sí, mejor sí, sigamos procesando datos.

lo que ellos quieren - inv extr y rtas inversion

Respecto de la contracara de las utilidades, la inversión extranjera, si se limpia el pico de 1999 (compra de YPF por Repsol), el promedio de 1992 a 2001 da USD 5.800 millones contra USD 5.400 entre 2003 y 2010. Es decir –y por favor avisenlé a lxs relatistas granmediáticos- sin diferencia relevante. Justamente la YPF de Repsol fue, como sabemos y hasta hace bien poco, el emblema principal del saqueo, llevándose hacia más allá del Atlántico mil millones al año, mientras sin pausa y sin vergüenza disminuía las inversiones. A partir de fines de 2011, luego de la reelección de CFK, comenzaron a introducirse controles, que derivaron en la útil reforma de la Carta Orgánica del BC. Sin embargo, si bien cambió la tendencia desde entonces, los flujos siguen siendo deficitarios, llegando en 2013 a más de tres mil millones de dólares.

Es importante saber que las multis envían, desde ya, mucho más dinero del que declaran oficialmente. Esto se hace a partir de dos mecanismos principales: la “re-facturación, en la que las empresas falsifican documentos para que sus ganancias aparezcan en paraísos fiscales”; y “el llamado precio de transferencia. Las empresas comercian sus productos entre sus propias subsidiarias para pagar en la jurisdicción donde el impuesto es más bajo”. Los precios de transferencia le cuestan a los estados nacionales de este mundo un billón de dólares anuales, casi lo mismo que lo evadido por el mecanismo de refacturación. Es decir y entre los dos dispositivos juntos, más o menos diez veces lo que el todo el estado argentino invierte al año. Algo más: se le pregunta al autor del estudio: “¿Por qué es tan fácil la evasión fiscal?”. Responde: “Porque las reglas de la Organización Mundial del Comercio permiten a los exportadores declarar lo que se les antoja en sus declaraciones aduaneras”. Y explica luego como a ese organismo, al igual que a los otros, lo manejan los países más poderosos.

En todo caso, al régimen amplio de giro de utilidades de multinacionales hacia las casas matrices que tenemos, hay que agregarle que hasta 2012 se permitía una generosa capacidad de atesoramiento de dólares. El famoso cepo, parcial y correctamente levantado a principios de 2014 para aquella parte de la clase media que cumple con dos venturosas condiciones: llegar a ahorrar unos mangos, y moverse en la economía formalizada. Como ya veremos, levantar el (poroso) cepo remanente, el de los ricos, es un punto clave de las demandas del capital.

Por último, es fundamental tomar nota del siguiente mecanismo: cuando los formadores de precios inflacionan, aumentan sus ingresos y, al menos en el corto plazo, sus ganancias en pesos. Y cuando existe un régimen amplio de transferencia de utilidades y una generosa capacidad de atesoramiento, lo que resulta es que los grandes jugadores obtienen más dólares por sus ganancias. Por supuesto, este mecanismo lleva al cantado final de la devaluación. Pero, mientras tanto, mientras quebrás al Central, quien te quita lo bailado. Y lo fugado. Algún día se mirará hacia atrás y se leerá que nuestros estados les daban, sin chistar, cuantos dólares pidieran a los causantes de la inflación. Y no podrán creerlo. Pero llueve sobre mojado- es lo que pasa con las siempre angustiosamente lentas historias de emancipación de los pueblos.

7 – La Deuda Eterna

Los pagos de deuda son, por supuesto, la sangría más clásica de las varias sangrías que caracterizan nuestra economía. En 2013, el sector público realizó pagos por capital e intereses de deuda por 8000 millones de dólares. Durante lo que resta del 2014, “el Gobierno necesitaría divisas para hacer frente a pagos por casi 4.000 millones; para el 2015 subirían a algo menos de USD 11.000 millones, mientras que en el 2016 se reducen a USD 4.600 millones y vuelven a crecer en 2017 hasta 9.000 millones”. A esto hay que agregar que “los nuevos servicios generados por el arreglo con el Club de París y con los bonos otorgados a Repsol por la expropiación de YPF. En conjunto, se estima que ambos acuerdos implicarían pagos de unos USD 900 millones adicionales en 2014, y luego un promedio de USD 2.300 millones más por año en el período 2015-2017”. Si se extiende el plazo hasta 2024, el monto total de recuperar YPF y de pagar las muy viejas deudas del Club de Paris llega a 17.300 millones de dólares. Esto incluye un pago de 650 millones a hacer ahorita nomás, en julio, correspondientes al primer pago cash que se acordó con el Club de París. Gracias, privatizadores y endeudadores seriales de las décadas perdidas.

Cabe aclarar que estas cifras no incluyen eventuales pagos del “cupón PBI” en caso de que la economía crezca fuerte; ni las deudas provinciales (que están en torno a diez mil millones); ni juicios pendientes en el Ciadi; ni por supuesto a la deuda en manos de los holdouts, incluyendo a los buitres. Tampoco los vencimientos de deuda en pesos, que en los próximos tres años serán más de cinco mil millones de dólares, pero que no afectan la balanza de pagos de manera directa.

No debe haber deporte más flagelante que el comparar los pagos de deuda con las expresiones más bellas de la estatalidad. Pero hay que hacerlo, aunque sea un poco, para no perder la perspectiva. Sólo dos ejemplos de políticas anunciadas este año: el Fondear, un gran fideicomiso que tendrá fuerte impacto, lanzado para ampliar y flexibilizar la oferta de créditos para proyectos estratégicos, tecnológicos y economías regionales, contará con un financiamiento aproximado de mil millones de dólares. La nueva moratoria jubilatoria anunciada hace pocos días, que le dará cobertura social a medio millón de personas, le demandará al estado menos de 1500 millones de dólares por año. Si querés llorar, llorá.

En todo caso, es sabido que gracias al fuerte crecimiento y la casi total interrupción de la toma de deuda desde el default de 2001, el endeudamiento público en términos del PBI ha disminuido considerablemente. Un útil gráfico comparativo puede verse aquí, que también muestra el relativo bajo nivel de endeudamiento privado. Sin embargo, es importante comprender que analizar el endeudamiento en términos de PBI es sólo otra más de las infinitas tácticas distractivas que usan, algunas ya desde la escuela, en este caso ya desde la universidad. De hecho, hacer eso es el equivalente a analizar la capacidad de pago de una persona en función de su flujo anual de ingresos, en lugar de su superávit neto. Se puede ganar buen dinero, pero si las cuentas dan negativas, la deuda habrá que pagarla con más deuda. A menos que hayas tenido la previsión de bajar los otros gastos, claro. Como los de educación, salud o esparcimiento, ponéle.

8 – Dilema clave

Repasando: si el balance de divisas da negativo, entonces o disminuyen las reservas del BC o aumenta la deuda. Como ejemplo sirve recordar que el gobierno de Carlos Menem asumió con poco más de tres mil millones de dólares de reservas y una deuda externa de 28 puntos del PBI. Al pasarle el bastón enjoyado a Fernando De la Rúa, las reservas estaban en unos aparentemente saludables 33 mil millones. Pero la deuda superaba 75% del PBI. El trágico vértigo que siguió a esa farsa lo conocemos bien.

Cuando el BC agota sus reservas y no puede o no quiere ya tomar deuda, se ve obligado a desistir de la paridad fija del tipo de cambio. Es decir, debe devaluar. Pero, nada de real hay en ese remedio: “las devaluaciones aplicadas en nuestro país tuvieron consecuencias recesivas en materia de actividad económica y regresivas en términos de distribución del ingreso (…) los episodios fueron respuesta de última instancia, y no lograron corregir los problemas estructurales de la economía. Las crisis en la balanza de pagos siempre tendieron a reaparecer”.

El mismo artículo explica que “las devaluaciones que ocurrieron durante el proceso de la industrialización por sustitución de importaciones fueron precedidas por déficit en la balanza comercial (en 1958, -2,5% del PBI; en 1962, -2,8; y en 1975, -3,7), originados por el deterioro en los términos de intercambio (NdR: los precios de lo que vendemos y compramos). En ninguno de esos tres eventos la carga de los intereses de la deuda era significativa. Las devaluaciones por crisis financieras de la fase neoliberal tuvieron otra dinámica: la salida de capitales por pago de la deuda constituyó el principal factor explicativo de los desequilibrios externos (en 1981 y 1989 fue equivalente a 2,8% del PBI, y en 2002, 5,1%)”.

Ese es nuestro prontuario. En lo referido al presente, las cosas no lucen bien. Vale la pena detenerse en el tercer gráfico aquí abajo, y observar como en los últimos años los pagos de deuda y la fuga de capitales (ya sea por expatriación de ganancias o por atesoramiento), sumados al debilitamiento del balance comercial, desangraron las reservas del BC (una caída de doce mil millones sólo en 2013). En cuanto al presente año, la cuenta corriente registró un déficit de USD 3.300 millones en el primer trimestre. Las reservas hoy realmente disponibles alcanzan para cubrir pagos de deuda por sólo dos años (recordemos que desde el pago al FMI en 2006 hemos utilizado con este fin más de 40 mil millones de la alcancía).

lo que ellos quieren - balance cambiario

Y no podremos profundizar aquí en la cuestión, pero al balance del Central hay que agregarle otro tipo de deuda, que es aquella que toma con los bancos para que estos le entreguen los pesos “sobrantes”. Esto es: si el BC no ofrece un interés lo suficientemente atractivo, esos pesos se van al dólar. Al dólar blue, en nuestro caso, dado el cepo remanente para los poseedores de muchos pesos (y de yapa, por supuesto, se van a depósitos bancarios, tentados por la tasa, muchos pesos clasemedieros que se irían a inversión, generando así menos crecimiento). Ese stock de esta deuda del BC con los bancos ya roza los 200.000 millones en nuestra moneda, cifra que supera en un 84% los $107.000 millones que había hace doce meses. Los intereses de estos papeles rendirán unos 50.000 millones anuales. Que trabajo curioso, ese de ser banquero.

Otra fuente de pesos que necesitarán ser esterilizados son aquellos originados en el déficit fiscal, que ha ido creciendo en los últimos años hasta llegar, en 2013, a 22 mil millones de pesos. No tener superávit fiscal permanente es una de las más grandes debilidades de nuestra economía. Pero visto lo que cuesta expandir al estado en estas pampas, es una ingenuidad gritar indignación frente al deterioro fiscal. Dicho esto, expandir la capacidad de absorber las megarentas de ciertos sectores -como lo fue por ejemplo la estatización de las AFJP- es seguramente la principal materia pendiente, la principal deuda, de la política económica K. Si tuviéramos suficiente superávit, con el sobrante pagaríamos, por ejemplo, la deuda que hemos heredado, sin debilitar así las reservas del Central.

De todos modos, las reservas del BC se debilitan no sólo por deuda sino también, como hemos visto, por su contracara, la fuga de capitales. Que sólo en los primeros cinco años de Cristina fue de 80 mil millones de dolorosos verdes. Y llegamos así entonces al dilema clave de la política económica argenta actual: ¿qué hacer frente a la escasez de las reservas en el BC? ¿Reforzaremos los mecanismos que impiden las transferencias de ganancias al exterior? ¿Mantendremos el cepo a las compras de dólares superiores a los dos mil dólares mensuales? ¿O saldremos, como tantas veces antes, de una crisis de deuda con más endeudamiento?

9 – “Los yanquis nos van a cagar”

Y a todo esto, parió la abuela. Desde el Norte nos avisan que no festejemos tanto eso de que a partir de 2018 mejoran las cuentas: queda mucha deuda por pagar todavía. Pero que no panda el cúnico: cómo nos avisan -diariamente y desde el 16 de junio – las “fuentes” de la “prensa” local, los buitres quieren negociar. Se quieren sentar a tomar un café.

Se está analizando el tema exhaustivamente en estos días, así que sólo repasemos algunos puntos: 1) “el mundo viene preparándose para reestructurar las deudas de muchos países ahogados por el peso de sus pasivos en el marco de una crisis internacional que, a esta altura, ha superado a sus antecesoras con holgura”. Ergo somos la señal de mercado del momento. Qué honor; 2) “las negociaciones se deberían extender (con acuerdo entre las partes) durante seis meses, hasta llegar a enero de 2015, cuando ya no se aplique la cláusula RUFO. Esto es lo que, por ahora y con prudencia, ensaya el Gobierno para la hora de eventualmente tener abierta una rueda de negociaciones” (nota: hoy jueves 26, en 678, Carlos Heller dijo que la ley cerrojo anularía la cláusula RUFO. Si tiene razón, todo este tema luce aún más complicado); 3) “por lo pronto, la cifra en cuestión pasa por los 7.000 millones de dólares, que son los papeles en default que tienen legislación Nueva York. El resto, hasta completar los USD 15.000 millones, se encuentra bajo leyes europeas o japonesas. (…) El pago podría realizarse teniendo en cuenta ese efecto posterior (sobre el precio de los nuevos bonos de deuda). Esto provocaría que la emisión de bonos rondaría los USD 5.000 millones”.

Un par más: 4) Un poco de historia siempre hace bien: “fue así que Argentina se encontró frente a una deuda a causa de la imposibilidad de pagar a los exportadores de Estados Unidos con libras esterlinas, por no contar con su libre disponibilidad por el bloqueo unilateral, decidido por Gran Bretaña a pesar de los tratados que firmó y en los cuales creyó nuestro gobierno. (…) El objetivo era claro: generar una imagen de desprestigio del gobierno argentino, presentándolo como moroso en sus compromisos internacionales y bloquear todo programa de desarrollo en el país, no obstante las libras depositadas que cubrían la totalidad de las compras”; y, para cerrar, 5) “esta situación tiene relación con el hallazgo de Vaca Muerta, porque lo que van a querer comerle el petróleo a la Argentina por nada. Y van a terminar planteando que paguen la deuda con esos recursos naturales. (…) Que el enfrentamiento sea global, con América y no solo con Argentina”.

10. Lo que ellos quieren

Ante todo, y en palabras de un funcionario europeo que vino hace poco a lobear al Río de la Plata, “hay aspectos pendientes a resolver, como los límites impuestos por el gobierno federal a las expatriaciones de ganancias”. Pero, desde ya, él y todos ellos bien saben que “sin cambios en la legislación liberal sobre regulación del capital extranjero es esperable que, ante una eventual flexibilización en el acceso a dólares, la repatriación de utilidades hacia las casas centrales vaya a registrar un alza importante”. Y esa alza importante con algo habrá que financiarla. Veamos que proponen.

“El próximo presidente volverá a tener acceso a los mercados y podrá juntar, entre Nación, provincias y empresas, 60 mil millones de deuda. No puedo imaginarme un mejor trabajo” dice un mediático especialista de la City. Lo que sí, agrega, “levantar los controles de divisas (NdR: el cepo) será esencial para convencer al capital extranjero de retornar al país. (…) Si no lo hace esta administración, debería ser la primera cosa que haga el próximo presidente”. Y Sergio Massa debe leer los cables de Bloomberg, porque al día siguiente dijo que, si llega a ser presidente, unificar el mercado de cambios y levantar el cepo será “una cuestión de semanas”. Y sí. Y si decías en cuestión de horas también te creíamos.

Algo similar parecen pensar los supuestos asesores económicos de un mediático gobernador, que piden “volver a emitir deuda voluntaria a más tardar en febrero/marzo del año que viene. Unos USD 10 a 15 mil millones frescos”. Y un economista de un equipo siempre muy consultado por los medios no le da tantas vueltas: “La solución ideal sería poder patear todo hacia adelante, emitiendo deuda”. Se aprecia la sinceridad, che.

El tema de los buitres, por supuesto, va incluido en el paquete: “Argentina podría normalizar su situación con los tenedores de los bonos en default sin gastar un dólar de las reservas del BC. Podría ofrecer saldar las deudas con nuevos bonos (…) lo que le permitiría al país continuar su reinserción en el mercado internacional”.

Muchxs hablan de la buena tasa que ofrecen los mercados, tasas bajas. En fin, parece que hace falta recordarles que, en los setentas, “en un contexto de petrodólares, los bancos internacionales ofrecían créditos a tasas bajas, y la deuda externa de estos años se tomó a una tasa de interés menor al 6%, que a comienzos de los ochenta subió a más del 16% debido a cambios en la economía mundial”. Dicho sea de paso, son unos cuantos los que predicen suba de tasas mundiales a partir de 2015 (aunque luce difícil, en realidad, dada la profundidad de la crisis).

Y después, están quienes son incluso menos sutiles. Primero, un protagonista habitual de los medios, que se pregunta: “¿qué le hace una mancha más al tigre y emitir otra vez deuda externa por otros USD 15.000 millones? Total, ahora los que nos prestan son buitres buenos…hasta que algún día por el malgasto público, no podamos pagarles, y sean buitres a secas”. Y segundo, una nueva imperdible editorial de La Naci que, sin mencionar una sola vez el lado oscuro del endeudamiento público, dice que este es el camino a elegir, “una sana política que recupere las condiciones para reponer reservas”.

Tomar deuda para reponer las reservas, nos dicen. Porque, aclara un prestigioso economista, “la futura devaluación hasta el final del mandato de Cristina dependerá de cuántos dólares puedan conseguir afuera para financiar el déficit”. O, si por razones ideológicas se prefieren las palabras de un ex ministro de la Alianza, “cualquier situación que coquetee con el default aumentará el desempleo y la pobreza, por la escasez de dólares, y elevará la inflación y profundizará la recesión”. Y agrega, en la misma entrevista: “está amenazado un récord de doce años consecutivos sin crisis violentas, récord que no se registra en el país desde hace cuarenta años”. Quién hubiera dicho, che, que ese record está amenazado. Parece que es bien grave lo de la escasez de dólares nomás.

Lo que sí, el economista del mes de Ámbito tiene que revisar sus técnicas de interpretación de discursos. Dice: “Y mágicamente, el Banco Central pasó de vendedor a comprador de divisas en el mercado cambiario. Parece ser que, al final, los ocho ataques contra las reservas que denunciaba Cristina que había sufrido durante su gestión eran un problema de tasas de interés y exceso de pesos, no una conspiración. Pero, amigazo, si justamente de esa “conspiración” hablaba la compañera Presidenta.

11. Intangible Apetito

Un “economista para América Latina” de la calificadora de riesgo Standard & Poor’s –también Subsecretario de Financiamiento en Argentina en los 90 y luego integrante de varias firmas de Wall Street- argumenta: “no se podrá volver a crecer con fuerza si no se adopta una reforma fiscal que incluya reducciones del gasto público y de la carga tributaria. Aun si la economía, por el lado de la demanda, pudiera repuntar, uno no puede esperar una gran adición al crecimiento, ya que eso depende de las condiciones de negocios. (…) El problema más importante no es la capacidad de financiar los déficits, un tema que se arregla amigándose con el mundo y abriendo la frontera a los organismos de crédito, sino bajando el tamaño del gasto público, que aumentó 13 puntos porcentuales y que hay que reducirlo a la mitad”.

Le preguntan entonces, ¿bajar la inflación depende de una cuestión fiscal? “Sí, y lamentablemente eso derivará en un atraso de los salarios, las jubilaciones y la inversión pública”. Y le vuelven a preguntar: “Porque parece haber apetito de inversores extranjeros…”. Responde: “Sí, porque hay apetito para renovar la deuda existente, por sus altos rendimientos”.

Y con esto podemos saltar brevemente a la geopolítica y finalmente comprender que es lo que realmente separa a los dos modelos sudacas en vibrante pugna: “La Alianza del Pacífico está demostrando ser más resistente a las crisis, refleja un compromiso firme con el modelo de libre mercado que ha adoptado y, sobre todo, goza de un intangible, que es la credibilidad. El Mercosur puede cambiar dentro de un tiempo y abrirse más a los mercados internacionales, pero va bastante rezagado”.

12. La inflación, parte 2

Primero. La principal causa de la inflación es la escasez de dólares para las elites. Estaría bueno entonces que no sigan abundando lo “análisis desde la izquierda”, que una y otra vez repiten (a menudo tan cínicamente cómodos, ahí en TN o en Infobae), que “las inyecciones de dinero presionan sobre los precios”. Es obvio que se puede correr al kirchnerismo por izquierda. Pero es útil sólo si se lo hace con la verdad.

Segundo. Un economista clarinista argumenta que nada cambió realmente en el modelo económico desde la devalueta de enero. Y dice: “parece necesario que se nos explique lo siguiente: si la maxi devaluación de enero puso en evidencia que la estrategia de política económica que se venía siguiendo estaba agotada, ¿qué ocurrió desde enero hasta ahora que hizo que esa estrategia volviera a ser viable?”. Mirá, licenciado, la respuesta te va a (falsamente) sorprender: lo que más cambió, en realidad, y al menos hasta ahora, es la aparición de Precios Cuidados.

Tercero. Por eso, si no tomamos deuda, irán por ellos, los PC. Y no es raro que empiecen con los medicamentos, producto de demanda inelástica si los hay. Ya hace unos meses nos enterábamos que “los medicamentos aumentaron hasta 160% en marzo respecto del mismo mes del 2013 (…) Los que más subieron son los más demandados”. Más precisamente: “los que mayores incrementos tuvieron en sus tarifas fueron Decadrón, Nopucid y Amoxidal. En el primer caso, el remedio pasó de costar $ 27 a $ 70, lo cual representa un aumento del 160%, mientras que en el segundo, la suba fue del 150%, ya que un año atrás costaba $20 y actualmente $50. El Amoxidal, por su parte, tuvo un aumento del 130%, debido a que en marzo de 2013 costaba $ 26 y ahora, $ 60”. Y parece que el envión del golpe inflacionario de fines del ’13 a los laboratorios les pegó fuerte: en el primer bimestre del año, el podio de aumentos fue para medicamentos, con 22%. Y luego, unas semanas después, esta misma semana de hecho, la Presidenta denuncia que “los aumentos de precios de medicamentos de las últimas semanas no estuvieron justificados por el alza de los costos en la cadena productiva”. Y agregó que “entre el 13 y el 26 de mayo, 39 de los 45 laboratorios más importantes del país registraron aumentos similares y simultáneos“. Es que es la emisión, vistes.

13. ¿Qué hacer?

Qué pregunta, qué difícil. Podemos comenzar haciéndonos algunas preguntas. Hace unos días el ministro Axel Kicillof dijo que “entre las medidas que se tomaron fue modificar la posibilidad de los bancos de tener una cartera en dólares muy grande”. La primera pregunta entonces es, y sin dejar de reconocer el mérito de la medida, ¿cómo pudimos tardar tanto en cambiar esto? Algo que además les dejó una ganancia a los bancos de seis mil millones de pesos. Otra, nos dice el gran Kici, en la misma entrevista: “este año la cosecha viene bien, las liquidaciones también… No hay un terreno fértil para intentos desestabilizadores”. Pero la prensa independiente avisa esta semana: “Soja: retienen sin vender el 60% de la cosecha récord”. Aunque también es cierto que el artículo concluye así: “quizás sea una buena noticia para el Gobierno. La Fundación Mediterránea estimó que las ventas de soja se reactivarán durante el segundo semestre del año”. Época tradicionalmente escasa de dólares de exportaciones. Veremos.

Otra cosa que puede hacerse es no continuar repitiendo argumentos como “incrementar el consumo popular e incluir a los humildes tiene un inevitable costo inflacionario”. Cómo intentamos argumentar aquí, no es inevitable. Lo que sí, es bien difícil. Casi lo más difícil que, al menos en estos tiempos y en estos pagos,  puede intentar la gente elegida por medio del voto para mejorar las condiciones de vida del pueblo. Para aclarar el punto, permítase una digresión, este diálogo con el Pepe Mujica:

–“¿Quién manda entonces? – le preguntan.

–Los grandes poderes financieros. Ya no es el perro el que mueve la cola, sino la cola la que mueve al perro.

–¿Y usted le dice esto a los jefes de Estado o los presidentes con los que se reúne?

–Sí.

–¿Y qué le dicen?

–Me dan la razón, pero miran para otro lado. Cultivan la ilusión de volver a ser presidentes, no se atreven a pegarle al enemigo más fuerte que existe. Disimulan, pero somos juguetes”.

Claro que podría decírsele al viejo sabio que su gobierno no expandió mucho que digamos al estado. Pero ya, alguien seguro va a decir ahora que no todo en la vida es verde dólar.

Otra cosa. Parece clave establecer un Precios Cuidados de Insumos Difundidos. Esos “precios que no se ven, los precios que están detrás de los precios que vemos”.

Lo de los buitres enseña que hay que “revisar los Tratados Bilaterales de Inversión firmados con 59 países, que significaron también una cesión de soberanía jurídica a favor del Ciadi, tribunal arbitral dependiente del Banco Mundial, en litigios con multinacionales”.

Y perdón, ¿es muy ingenuo plantear que los futuros acuerdos en Vaca Muerta no se hagan con jurisdicción foránea? Y ya sabemos que opinan lxs liberales al respecto. Es al kirchnerismo que interpelamos: ¿realmente no estamos en posición de negociar eso? Y lo mismo con las emisiones de deuda. Además, en realidad, si lo pensamos, ambas medidas fortalecerían al peso.

Más preguntas difíciles, pero la política es difícil, a menos que te haya tocado ser luxemburgués/a. ¿Cómo es posible esto?: “hasta el año pasado, un convenio de doble tributación ofrecía zonas grises para que grandes empresas como Massalin Particulares (la subsidiaria de la tabacalera norteamericana que produce y comercializa las marcas Philip Morris y Marlboro), eludieran el pago de impuestos en Argentina y maximizaran su rentabilidad”.

Y vamos más profundo. Una compañera nos contaba cosas de los países finlandeses: “Ayer leí que Suecia fija precios con una cadena estatal de supermercados. Eso sin mencionar que la venta de alcohol y medicamentos la monopoliza el estado, y los alquileres están absolutamente regulados”. Y agregaba, sospechamos y esperamos que con comprensible exceso de pesimismo: “El problema es que la clase media en este país se tira en contra absolutamente de las regulaciones, como pasa con Precios Cuidados”. En todo caso, de eso, y de pocas cosas más que eso, se trata la batalla cultural.

Para cerrar, decía el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, hace unos días: “hoy en Argentina hay una contradicción fundamental: democracia vs. corporaciones. (…) Hay un país visible y uno invisible. El visible es la democracia, el surgido por voluntad popular, y el invisible se da a través de las corporaciones que buscan condicionar corporativamente al Poder Judicial y a los gobiernos. Un dirigente con coraje rinde cuentas al pueblo que lo vota y no a las corporaciones”.

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+ Bonus track #1: Ellos

a)      “Las instituciones de América Latina son precisamente el resultado de inequidades de la época colonial y la exitosa puja de elites muy minoritarias para mantener sus privilegios. Los datos muestran, por ejemplo, una clara relación inversa entre la desigualdad y los años en los que el derecho al voto se extiende a toda la población. Las temerosas elites no invierten en capital humano. De hecho, en realidad suprimen todo peligroso intento de acumulación de capital humano entre las masas. La persistencia de la desigualdad es, de acuerdo a este modelo, el resultado esperado de las elites actuando para mantener sus privilegios a lo largo de las décadas, incluso de los siglos”.

b)      “Las causas del atraso estuvieron -y están todavía- en el maridaje de las clases dominantes tradicionales con la subordinación externa y con la explotación clasista interna. Ellas lucraban con la asociación a intereses extranjeros, y con la apropiación de los excedentes producidos por los trabajadores, no dejando a éstos sino un mínimo indispensable para reponer su capacidad laboral [...] Nuestra primera tarea es deshacer esta estructura constructiva que sólo genera un crecimiento deformado.”

c)       “Los bancos centrales en general operan en secreto. No podemos mirar sus libros de contabilidad. Reuters tuvo que hacer un gran juicio para para que la Fed (NdR, el banco central de USA) revele los 16 billones de dólares que prestó a los bancos y las empresas más grandes desde 2008. (…) En la página de la Fed, podemos ver que se autopresenta así: “A la Fed se la considera una banca independiente porque sus políticas monetarias no tienen que ser aprobadas ni por el Presidente ni por nadie. No recibe fondos del Congreso, y los mandatos de sus integrantes de la Junta Directiva van mucho más allá de los mandatos presidenciales y legislativos””. Ok. Say no more, Fed.

d)      El que sí dijo algo más fue Alan Greenspan, jefe de la Fed por largos años, y uno de los principales responsables de que, cuando al principio del gobierno de Bush hijo la economía necesitaba un suave descanso, para beneficiar a los republicanos bajaran las tasas, inflando así los precios de todo. Y llevando así (también gracias a los cambios de reglas financieras de un poco antes) primero a las burbujas, luego a la implosión de 2007, y ahora a los actuales y pronto a los próximos colapsos de deuda de tres cuartos del mundo desarrollado -mundo hoy efectivamente quebrado por impagables deudas públicas y privadas, por ahora sostenido a flote con emisión de moneda espuria. Cuestión que dijo, el señor Greenspan: “para ser sincero, en lo que concierne a la Fed, no importa quien está en la Casa Blanca. No hay agencias del estado que puedan torcer nuestras decisiones”.

e)      Pero ya hacia 2013, el señor Greenspan luce algo arrepentido. Dijo: “El modelo falló. El modelo de la Fed falló, el del FMI falló, estoy seguro de que el del Goldman Sachs también se equivocó. (…) Hay un problema tramposo que no sabemos cómo solucionar, y sobre el que ni siquiera hablamos, que es el ascenso inexorable de lo que significan las finanzas, y los seguros sobre las finanzas, sobre el producto bruto”.

f)       Es bueno saber que, en estos días que los dólares y los yenes y los euros en realidad no valen nada, los bancos centrales invierten sus monedas con la misma lógica de cualquier hijx de vecinx: “el banco central suizo tiene 15% de sus reservas extranjeras, o sea 72 mil millones de dólares, invertidas en acciones de empresas”. Empresas: eso sí vale algo. Casi tanto como el gas de Vaca Muerta.

g)      “La clave para su éxito es que controlarían y manipularían los sistemas monetarios de otras naciones, a la vez que hacían parecer que esos sistemas estaban en realidad bajo control de los gobiernos. (…) La mayor parte de las disparadas inflacionarias de las “banana republics” fue causada no por gobiernos nacionales imprimiendo moneda para las necesidades de sus países, sino por especuladores globales que atacan las monedas, devaluándolas en los mercados internacionales”.

h)      Allá por los años 20, New York tuvo un alcalde bastante populista. Le decían Red Mike, o Miguelito el Rojo. Dijo una vez: “los banqueros internacionales crearon los bancos centrales. Los usan para meter a los estados en ciclos infinitos de endeudamiento, del cual no hay escape. La deuda pública es una manera de sacarnos dinero a todxs de manera legítima, para de ahí transferirla al gobierno, y de ahí a los bolsillos de los ultra-ricos”. Exacto, Miguelito. Y podría entonces decirse que lo que anda pasando es que las democracias vienen buscando apropiarse de las rentas que dejan los bancos centrales. Y de su contracara, que es tener una moneda estable y fuerte. En eso estamos hace rato, y por largo rato estaremos. Pero atenti, porque allá en el Norte, allá donde tienen los fierros, el banco central es totalmente independiente.

 

+ Bonus track #2: En la facultad

Al ser consultado sobre la postura del Gobierno, que acusa a las grandes empresas de ser las culpables de la inflación, el presidente de Unilever dijo: “Creo que no. Estudié en la facultad que la inflación es producto de la cantidad de circulante en el mercado dividido la cantidad de bienes. Yo no cambié rotundamente la cantidad de bienes y no emito dinero”.

Nos preguntamos qué dirán en su facultad con respecto a las infinitas emisiones de dólares, yenes y ahora también euros, sin inflación. Pero no hace falta. Sospechamos que la respuesta real está acá, un poco más adelante en la entrevista: “Es una combinación de factores el producto de la inflación que tenemos hoy, producto de un modelo que apuntala hacia el consumo y, en algún momento, se empiezan a disparar las cifras”.

Con eso sí estamos de acuerdo.

 

+ Bonus track #3: La Cultura del Trabajo y de la Educación

Hace poco entrevistaron al último candidato a vicepresidente de la UCR. La entrevista, titulada “Hay que eliminar el cepo para minimizar la recesión”, sirve de resumen para lo argumentado en este post. Lo que sigue es todo textual:

. Si insisten con armar una fiesta de consumo, vamos a armar una especulación cambiaria;

. Hay que bajar las retenciones, y también el IVA. Y para mantener la brecha fiscal mientras el gasto público sigue siendo muy alto, hay que aprovechar el bajísimo nivel de endeudamiento para financiarla. Si la Argentina tuviera una relación deuda PBI del 30% con los privados, en vez del 10%, significaría que podríamos tener USD 80.000 millones de deuda en los próximos años; si estuviera ese dinero, nadie estaría hablando del dólar.

. Me gustaría que el ministro, en vez de quejarse de los que criticamos los Precios Cuidados, diga cuál es su meta de inflación para este año. (NdR: es decir, cuanto están autorizados a inflacionar los formadores de precios, este año).

. Después de 2015 será sumamente manejable la macroeconomía, pero complicado en términos sociales, porque hay una población que cree que se puede comer sin trabajar, así que el desafío es recrear la cultura del trabajo, y de la educación.

 

Imagen: http://en.wikipedia.org/wiki/Dollar_coin_(United_States)#mediaviewer/File:LineartPresRev.png

 

 

Foro de Convergencia Militante

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“Veo con preocupación y pena que aquí se están cometiendo los mismos errores que llevaron a mi país a la crisis. La solución es un problema político, de quién manda, si las elites o las mayorías. Vencer la pobreza es el imperativo moral de la humanidad, porque por primera vez no es fruto de la escasez de recursos, sino de sistemas excluyentes”.

Rafael Correa al recibir un honoris causa, en Barcelona, esta semana.

 

Las cámaras que reúnen a casi todas las grandes empresas del país presentaron el lunes pasado un útil documento, humildemente titulado “Bases para la formulación de políticas de estado”. Su utilidad deviene de su intencional falta de profundidad, que deja entrever con claridad qué tipo de poder político pretende el poder económico. Se trata de un tipo de poder político que va para el lado opuesto del que le conviene a un pueblo que no sabe ni de lejos lo que es hacer, ni cómo hacer, plata de verdad. Ni tampoco cuanta riqueza se produce realmente cada año en Argentina.

Justifiquemos estas tímidas aseveraciones haciendo primero un punteo y traducción de algunos de los temas tratados en el documento, que a la dirigencia política solicita:

  1. “División de poderes e independencia de jueces y fiscales”

Esto es clave porque en democracias incompletas (como es la argentina y como lo son aun casi todas) el “poder judicial” es uno de los principales mecanismos que permiten a las elites evitar los intentos de cambio estructural en la organización económica y social. De la Corte Suprema para abajo, jueces y juezas actúan -en promedio, pero afortunadamente con un creciente número de excepciones- en defensa de los intereses de los sectores que más poder tienen. El año pasado pudo leerse extensamente a quienes saben bien del tema, luego del veto de la Corte a la reforma propuesta por el gobierno, que hubiera permitido la elección popular de quienes eligen a los jueces –como por supuesto sí sucede con quienes acceden a los principales cargos ejecutivos y legislativos. Al igual que la 125, esta reforma quedó frustrada y truncada. La coincidencia no debe sorprender, dado que también se trató de un ensayo de cambio de verdad en la estructuración del poder democrático. Era, además, una reforma casi inédita en el mundo, hecho que fue mencionado por la Corte Suprema como una de las razones para vetarla -registrando así, suponemos que involuntariamente, una nueva marca en el ranking mundial de mentes colonizadas. Y permítannos profundizar un poco más. Por un lado y como se dijo, lxs Supremxs reconocen haber razonado así: si no lo hicieron en el Norte, no lo vamos a hacer acá, donde nos desgobierna la barbarie. Por otro lado, consideraron “inaplicables” las leyes que los obligan a hacer concursos públicos para el ingreso al tribunal, a publicar sus declaraciones juradas patrimoniales y depositarlas en la Oficina Anticorrupción, y a publicar sus fallos en un portal gratuito accesible por Internet. En fin. Como cantaban los poetas, cuando la mentira es la verdad…

  1. “Libertad de prensa y libre acceso a la información pública”

Si todo esto de la política fuera solo un juego, sería tan divertido. Los muchachos y las pocas muchachas que financian y por lo tanto comandan las megacorporaciones mediáticas, a quienes además tanto les molesta que se les pida acceder a información clave que sus empresas generan, salen a pedir con sus “periodistas”, sus “intelectuales” y sus ONGs, por estas tan reprimidas libertades. De lo mucho que puede decirse con respecto a este “reclamo”, diremos solo esto: a) Sudamérica es la única región con varios gobiernos enfrentados a los monopolios formadores de opinión. Pero estamos aún solo viendo la punta del iceberg: esta es y será una de las grandes luchas de emancipación popular de este siglo que recién empieza, donde Internet juega un rol tan ambiguo como clave. Y nosotrxs, sudacas afortunadxs, la estamos viendo en vivo y en directo (ah, y como siempre un toque bastante tarde, parece que llegó el turno de lxs economistas académicos de reconocer la relevancia política de la propiedad de los medios de comunicación); b) por supuesto que la transparencia en los actos del estado es esencial para lograr una mejor democracia. Por supuesto también que es uno de los ámbitos donde el kirchnerismo tiene más en el debe que en el haber. Pero, además, aspiramos a que las grandes corporaciones también hagan lo que tanto le piden al estado. En otras palabras: vamos por la información que nos permitirá demostrar que “la inflación” es uno de sus tantos grandes negocios y una de sus más eficaces mentiras. Y que los carteles y los oligopolios, por no decir las cuasi mafias multinacionales que no merecen el muy digno nombre de “empresariales”, abundan más que las vacas en estas pampas. Y sepan –bueno, ya lo deben saber- que el aprender a acceder a la información de los formadores de precios recién empieza.

  1. “Estabilidad y formalidad de las reglas del juego”

Punto principal, centro neurálgico de los deseos de las elites, tirado entonces así, como al pasar, como para que entiendan solo quienes deben entender, es decir la dirigencia política y gremial, que no debe nunca olvidar la esencialidad de un pacífico consenso republicano. Pero, ¿qué reglas (de este en realidad no-juego) son las que tanto importan a las grandes empresas a las que les interesa el país? Esto que sigue mejor subrayálo, porque se trata del núcleo disparador del conflicto político en nuestro pagos, el dispositivo basal que tanto nos impide llegar a una sociedad más pacífica, igualitaria y desarrollada: lo único que el capital quiere es poder disponer libremente de sus excedentes. Es decir, quedarse con tanta transpiración del pueblo cómo sea capaz de absorber. Y de fugar -a las guaridas fiscales, tan bien protegidas por lxs grandes capitales. Y cómo la fuga es en dólares, es que necesitan, priorizan, reclaman y demandan la independencia del Banco Central, para que les transforme automáticamente en verdes los castigados pesos que les damos. Y también lo que quieren -en realidad es lo mismo- es que se “libere el cepo”, es decir que se les permita, como hasta hace lamentablemente tan poco, hasta 2012 de hecho, “una generosa capacidad de atesoramiento de dólares, como también un régimen amplio de giro de utilidades de las multinacionales hacia las casas matrices”. Es decir, gente, hasta ayer nomás les regalábamos sin límite alguno los dólares juntados entre todxs. Y así perdimos 25 mil palos de reservas. Entonces, hay que tener claro, que esto es todo lo que importa. No hay nada más. Todo lo otro que leés en sus diarios o ves en la tele es relleno para distraer a la tribuna. Y esto es lo que lamentablemente lxs amigxs troskxs no logran entender: sacarle un mango al capital –o, si preferís, agregarle otro punto del PBI al estado pero financiado sin déficit es decir sin deuda- es más difícil que el sueño de un próximo y merecido Maracanazo. Entonces, mundo trosko, en lugar de pedir la revolución ya (y como si hubiera algo de inteligente, o de cool, en ser impaciente), hay que aguantarse el tedio, el ceder, los errores, las contramarchas, las buenas jugadas del contrario y la bronca por las infinitas injusticias. Y hay que darse cuenta que hay que negociar despacio y civilizadamente con el capital. Porque, ojo, no es que sus integrantes sean malos per se: simplemente no están acostumbrados a ceder, o al menos no con quienes no son de su nivel. Y hay que entender también que todavía no terminan de digerir eso de negociar con la dirigencia de las mayorías, es decir con lxs líderes políticos y gremiales. En otras palabras, no están aún acostumbrados a la democracia -y esto tampoco es raro, dado que la mayoría de la actual dirigencia empresarial mamó la cultura golpista hasta bien entrada su madurez. De lo que hay que tomar conciencia, entonces, es que, al habernos propuesto construir un estado de bienestar en el Sur de Sudamérica, en el baile que en realidad nos metimos es nada menos que en el proceso de educar al soberano (económico). Su resistencia es tan lógica como previsible. No queda otra que ir despacio.

  1. “Garantizar los procesos de formación de precios con el funcionamiento de mercados transparentes, evitando intervenciones distorsivas”

Clásicos entre clásicos, del cual últimamente ya se ha escrito mucho. Así que solo vamos a decir: no. Basta del cuento de hadas de los mercados transparentes, que no existen ni acá ni en Hong Kong ni en Frankfurt ni en Dubai. La economía es una lucha de poder. Y atenti, porque quien se entusiasme en exceso con el muy bienvenido y temprano éxito de Precios Cuidados comete un grave error: los formadores de precios están pisando la pelota -están solo viendo cómo avanzar frente al sorpresivo detente. Y aún si se logra frenar el alza de precios y disminuir fuertemente la devaluación del peso, no hay que olvidar que lo que el capital más quiere es que se levante el cepo remanente, es decir la libre disponibilidad de los dólares del Central para quienes mueven mucho dinero. Y si esto sucede, será una pésima noticia, porque significará, al menos en el corto plazo, que el gobierno está financiándose con endeudamiento en dólares. Y para profundizar en lo dicho en posts anteriores, el problema principal de volvernos a endeudar es que si ocurre el no improbable revés del retorno de un gobierno liberal, les habremos así abierto bien la puerta a una nueva e inevitable fiesta endeudadora, que les permita ganar elecciones mientras vamos a la quiebra. Que por supuesto terminará en tragedia, de la cual seremos corresponsables.

Pero bueno. La agrupación de agrupaciones empresarias que se conformó y emitió este documento está compuesta por clásicos como la Amcham (la cámara de empresas norteamericanas), el archi-conserva Colegio de Abogados de Buenos Aires, todas las asociaciones de bancos y, naturalmente, la reina madre, la Sociedad Rural. Eligieron como nombre el de Foro de Convergencia Empresarial, y según se dice por ahí, hasta tuvieron que falsificar alguna firma para “insuflar densidad”. Pero en fin, somos una democracia aún joven. En todo caso, y para ir cerrando, intentaremos una contra-lista. Una lista que nos resulta algo más subversiva, y que por supuesto es solo un breve componente de lo que debería ser un documento más completo.

Primero, también desde este lado pedimos más información. Mucha más. Necesitamos que el estado informe a la militancia en detalle y diariamente las grandes ventas de dólares del Banco Central. Necesitamos también conocer los resultados precisos del procesamiento de datos que resultará del naciente sistema de información de precios. También reclamamos se distribuyan las bases de datos de este programa, respetando obviamente un piso de privacidad de las empresas, para así multiplicar los estudios entre los millares de nerds de las ciencias sociales que habitan el suelo argentino. Segundo, pedimos un compromiso de profundización del desendeudamiento, incluyendo un plan de mediano plazo para restaurar el superávit fiscal permanente e incrementar estructuralmente los ingresos del estado. Tercero, solicitamos detalladas explicaciones, o más bien justificaciones, sobre los avances de la negociación de “libre comercio” del Mercosur con la Unión Europea (y notarán cuan educadamente lo pedimos, a pesar de la sorpresa que este anuncio ha generado).

Y seguiríamos con la lista, pero no da. Obviamente es necesario meter el tema de la profundización y diversificación de la industrialización, la eliminación del déficit energético, el combate a la fuga grande de capitales, la desoligopolizacion de tantos mercados, etc. Pero vamos a hacer un solo pedido más: que florezcan mil respuestas como la de Jorge Capitanich, que al toque les dijo a los megaempresarios que si les preocupa realmente el país, entonces que ante todo dejen de aumentar precios; o como la de Agustín Rossi, que explica breve y magistralmente y por escrito que “el debate de fondo en Argentina es entre la política y las corporaciones”. Ahora que comienza a terminar el ciclo de Cristina, los grandes capitales quieren marcar la cancha para el nuevo partido. Así que es buen momento para que el peronismo K también marque la suya.

 

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Hacer Negocios

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Nota: este post fue escrito ayer antes de esta desmentida que salió a la tarde, mientras se jugaba el superclásico. Los editores de AP decidimos igual subirlo porque creemos que vale la pena el debate sobre la cuestión.

 

Tantas veces nos emocionamos escuchando a Néstor y a Cristina hablar del desendeudamiento, para tener que llegar a desayunarnos, un domingo de fines de marzo del ‘14, a que el querido Página 12 festeje en nuestra cara que Goldman Sachs va a “reforzar las reservas”, prestándonos mil millones de dólares, a dos años, y a una muy conveniente tasa del 6,5%. Qué fuerte.

La deuda, la eternamente mal llamada “deuda externa”, la deuda del estado, es el más eficiente y brutal mecanismo de abuso de los pueblos, de todos los pueblos, por parte de las elites, es decir de los dueños del dinero grande, o sea del capital. Esto se lo sabe perfectamente. Hay que leer libros como el de Galasso o el de Graeber y, si se sobrevive a la indignación sin fin, pasar entonces a leer, cualquier día de la semana, a El Cronista, o a La Nación, o a tantas otras joyas de la prensa independiente. Y así ver, una y otra vez, a varios ex ministros, o a cien “periodistas”, o a mil econochantas, que nos dicen que no perdamos la oportunidad, que los bancos están listos, golpeando la puerta, preparados y contentos de prestarnos diez mil palos. A buenas tasas, con amables vencimientos, listos para usar y gozar apenas nos decidamos.

Leamos y comentemos cuatro extractos del artículo de Página:

-“Goldman sacó un cuerpo de ventaja (frente a otros bancos) después de haber establecido un vínculo fluido con el Gobierno desde diciembre pasado. El consejo de administración de la entidad estadounidense tomó para esa fecha la decisión de retomar sus operaciones con la Argentina, luego de haberse retirado del mercado local por más de una década”. ¿La decisión la toma Goldman? Parece un detalle, pero no lo es.

-“El Gobierno buscará que el ingreso de esas divisas sea leído como el inicio de un nuevo proceso de recuperación de las reservas”. Difícil que sea leído así. Endeudarse no es recuperar reservas. No hay mejora patrimonial, que es lo que genera reservas, o ahorros, de verdad. Para recuperar reservas hay que mejorar la balanza de pagos. Eso se logra disminuyendo el déficit energético y el de las industrias automotriz, química y electrónica, entre otras. También combatiendo apropiadamente la fuga de capitales, es decir no vendiéndoles más dólares del Banco Central a los ricos, para que se los lleven a las guaridas fiscales (porque atenti: el cepo para pobres, el que hace poco se levantó parcialmente, es decir sólo para quienes están en blanco y hasta dos mil de ahorro por mes, es muy poca plata, son operaciones de promedio 500 verdes, lo que suma unos pocos cientos de millones al mes -mientras que la fuga de los ricos se cuentan de a miles de millones. Y ojo, que esto pasaba ayer nomás: “hasta 2012 se permitía una generosa capacidad de atesoramiento de dólares, como también existía un régimen amplio de giro de utilidades de multinacionales hacia las casas matrices”). Y lo otro que hay que hacer para mejorar la balanza de pagos es, por supuesto, no tener deuda en dólares a pagar. Un endeudamiento, entonces, más que un reforzamiento, es un debilitamiento de reservas.

-“Si ese escenario se concreta tal como lo proyecta el equipo económico, el horizonte cambiario quedaría despejado, lo cual permitiría empezar a bajar las tasas de interés que treparon hasta casi 30% luego de la devaluación de enero”. A ver. Si se bajan las tasas, pueden pasar dos cosas: o que la gente (ojo: la gente que maneja plata, la gente como uno, bah) siga queriendo quedarse con los pesos en el banco, o que se vuelvan a pasar al dólar. Convengamos que esto, lo segundo, bien puede suceder. Y si “la gente” se pasa al dólar, significa que bajan las reservas. Es decir, ¿vamos a endeudar al estado para que las multis y los sojeros se queden con dólares? Y para que enseguida se los lleven afuera, claro. Pero bueno, dirá alguien con resignación, al fin y al cabo es lo que pasó siempre en estas queridas pampas.

-“El interés de las autoridades con todo ello es recuperar el financiamiento internacional desactivado desde la crisis de 2001 (…) En la actualidad, la deuda en dólares con acreedores privados equivale a sólo el 9,5% del PBI, contra el 95,3% de 2002. (…) El contexto actual, como se ve, es distinto del de 2010. El estado ya se desendeudó”. ¿El estado ya se desendeudó? En 2013 pagamos seis mil millones de dólares. Este año vamos a pagar siete mil millones de deuda, y el año que viene se estima pagaremos once mil. ¿Hace falta ponerse a comparar esos montos con lo que invertimos en transporte, en educación o en vivienda?

Es importante entender esto: la forma de tener una moneda fuerte, es decir inflación baja, es con los famosos superávits gemelos. El de la balanza de pagos -y escuchá bien esto- pasó de un mínimo superávit, 48 palos, en 2012, a un déficit de 4430 millones en 2013. Esto en buena medida fue por el crecimiento imparable de las importaciones de energía, que nos hacen gastar en dólares más o menos los dos puntos del PBI que nos ahorramos por la menor carga de deuda. El otro superávit es el fiscal que, si queremos ser un país en serio, debería ser permanente. Pero hace ya algunos años que no tenemos superávit fiscal. Por eso primero comenzamos a endeudarnos intra-estado, financiándonos con la Anses y el Banco Central. Eso está lejos de ser lo ideal, pero al menos es en pesos –y, sobre todo, el estado puede obviamente refinanciar sus deudas con sí mismo cuando y cuanto quiera.  Y ahora, desde la devaluación, se sumó otra forma de deuda en pesos: para que la gente y los bancos locales no pasen a dólares su dinero excedente, el estado sube las tasas, y ese dinero, el depositado, los bancos se lo prestan al Banco Central, a cambio de bonos –y a cambio de un salado interés, claro. A esto se lo llama déficit cuasi-fiscal, un viejo conocido de las épocas de alta inflación, que tanto dinero les hizo ganar a tan pocos.

Pero esos tipos de endeudamiento no son, obviamente, infinitos. Es entonces que, si no mejorás tu situación fiscal, empezás a escuchar que tampoco es tan malo endeudarse en dólares -si lo hacés bien, claro. Y que si tomás deuda para hacer obras muy grandes, o para lograr mejores condiciones de pago de la deuda que ya tenés, está bien. Y visto así, seguro que no está tan mal. Eso no es lo que se cuestiona. Lo que se cuestiona es que una vez que empezás a tomar deuda, no parás. Eso pasó y volverá a pasar en Argentina. De hecho está pasando, desde el día en que, como decíamos, la Anses y el Banco Central le empezaron a prestar plata al Tesoro, hace pocos años, hasta llegar a varias decenas de dolorosos miles de millones de pesos, el año pasado. Y luego, más precisamente la semana pasada, el Tesoro emite un bono, en pesos -su primer bono de deuda en varios años. Y luego, un domingo, en el día del reposo y el asado (o los ravioles), nos avisan que también nos vamos a endeudar en dólares, nada menos que con el ex dueño de Clarín, y que -si leés el artículo vas a ver que lo dicen bien claro- este es sólo el primer paso.

Es fácil prever que con esto se acaba el ciclo de desendeudamiento, una de las políticas más importantes del kirchnerismo -una de las políticas que más claramente distinguió a este gobierno de los que le precedieron. Se trata de una mala noticia de verdad (que, por lo tanto, será festejada[1] y felicitada por múltiples plumas a buen sueldo en los diarios independientes)[2].

Pero entonces, ¿hay opción a endeudarse? Sí: incrementar los ingresos reales del estado y, como se dijo arriba, mejorar la balanza de pagos. Todo eso, claro, es bien difícil. Es difícil mejorar la calidad de nuestra industrialización, es decir disminuir los vergonzosos déficits de industrias claves. Pero hay que hacerlo. Mucho más difícil aun es lograr romper la fuga, es decir el increíble ciclo por el cual el estado junta dólares para vendérselos a las multis y a los ricos, para que luego se vayan a las guaridas fiscales, sin dejar ya más beneficios ni al estado ni a la sociedad argentina. E igual de difícil a esto, es aumentar los ingresos reales del estado. Alguien dirá, de hecho, que es imposible. Pero no lo es, como quedó demostrado con otra de las grandes medidas que definió a la década kirchnerista, la estatización de las AFJP. Es sólo cuestión de animarse, o de volver a animarse, a eso del nunca menos. Y así atreverse a, por ejemplo, y como se le pide al gobierno una y otra vez, estatizar las rentas del comercio de granos, que se las llevan, tan colonizada-mente, unas pocas empresas, casi todas extranjeras. O también, otro ejemplo, se puede atacar de verdad las transacciones ilegales, es decir la evasión fiscal, pero la de los grandes jugadores, que es muchísima plata.

En otras palabras: si querés un estado de 40 puntos del PBI (que es lo que logró el kirchnerismo), o incluso de un poco bastante más (del 50%, digamos, como en los “países finlandeses”), entonces tenés que tener el coraje para aumentar los ingresos del estado y para arreglar estructuralmente el déficit de balanza de pagos. Y si no te animás, si te vas a endeudar para financiar ese estado, mejor no lo hagas crecer tanto.

Para ir cerrando: alguien dirá, “todos los estados están endeudados”. Primero, no todos. Chile, por ejemplo, no tiene casi deuda pública. Segundo, hay estados del Norte, como el Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Japón o España, que están llegando a niveles insostenibles de deuda. Se tiende a pensar que los estados de estos países son ricos, pero en realidad están quebrados. Y sus default se van pateando para adelante, con emisiones infinitamente irresponsables de más deuda. Y también, y en particular desde 2007 y desde Estados Unidos, se patea el bolonqui para adelante con la emisión sin freno de dinero, que terminará no valiendo nada.

De hecho, gente, es por eso que Goldman presta tan “barato”: desde que comenzó el “quantitative easing” del banco central norteamericano, los dólares no valen nada -aunque la prensa independiente de acá y de allá no te lo diga, claro. Y la plata que emiten termina –por supuesto-  básicamente en manos de los grandes bancos -los mismos que ahora, tan amablemente, nos vienen a ofrecer una mano. Y también prestan “barato”, claro, por el conocido razonamiento que bien podría explicar cualquier dealer principiante de cualquier esquina conurbánica: barato al principio, lo que se me cante después, cuando ya no quieras, ni sepas, ni puedas parar. Y ojalá nos equivoquemos fiero al arriesgar esto, pero en lo referido a crisis de los países del Norte, todavía no vimos nada. Y de ser así, es decir si la deuda termina hundiendo a economías en apariencia hoy poderosas, quedará a nivel global más claro, como triste pero útil yapa, los efectos terriblemente nocivos del endeudamiento público irresponsable (que en Argentina, en cambio, los tenemos por supuesto más frescos).

Por último, dice también el artículo de Página: “La banca internacional está abierta a hacer negocios con Argentina. La clave de la nueva etapa será no repetir la experiencia ruinosa que llevó al país a la situación de 2001”. Y a eso alguien podría agregar: tranqui, che. Ahora no queda otra que volver a hacer negocios, pero apenas estemos más fuertes volvemos a fortalecer de verdad al estado.

Puede ser. De hecho, nos permitimos apostar a que así será. El kirchnerismo ha demostrado que quiere un estado más grande, es decir una sociedad más justa. Más precisamente, y a ver quién corre por izquierda a este dato, el peronismo K ha logrado en diez años más de diez puntos del PBI para el estado. Eso es mucho, de hecho no debe estar muy lejos de quien sea que tenga el récord mundial. Y atención, porque es por esto, y sólo por esto, que el capital y sus medios independientes nos odian tanto. Bueno, no: también nos odian por no endeudarnos con sus megabancos, que es el mejor negocio de los muchos buenos negocios que saben hacer (o nos odiaban hasta hoy -y, para que se entienda, linkeamos de nuevo esta joyita, que seguramente fue escrita antes de la desmentida).

Y es por esto, entonces, que le seguimos poniendo fichas al proyecto K. Y también, hay que decir, son dignos de elogios los complejos esfuerzos que se están haciendo en estos días para no perder más reservas. Esfuerzos que están muy bien, pero que, con la ventaja del diario el lunes, nos gritan bien fuerte y bien claro que así de tacaños tendríamos que haber sido cuando teníamos 52 mil palos en el chanchito, hace tan sólo un poco más de tres años.

Pero bueno. Para cerrar, lo que sí, queremos pedir sólo una cosa, por favor: no festejemos tomar deuda como si fuera una buena noticia. Somos tontxs, pero no tanto.

 

Imagen: http://www.cookingideas.es/tnt-dinamita-20121121.html


[1] Imperdible cierre del editor en el festejo de esa nota linkeada del diario La Nación: “Qué significa (el artículo): el Gobierno dio el primer paso con los anuncios. Ahora debe confirmarlos; los mercados no perdonan la marcha atrás sobre las promesas”.

[2] Y ya que estamos: fíjate primero acá, un poco de historia sobre el cupón PBI, por el cual ya pagamos deuda adicional por 12 mil palos. Fíjate luego acá y acá, las declaraciones de uno de sus creadores. ¿Alguien sabe qué es lo que le sucede a este señor? No pedimos el imposible de sentir culpa pero, ¿es pedir mucho pedir retiro y silencio?

Sobre colonias y sobre naciones

Ayer la Asamblea General de Naciones Unidas realizó una votación relevante para comprender el actual balance de fuerzas en la geopolítica mundial. Es de particular interés para Argentina detenerse a observar el voto de los integrantes de Celac.

La votación fue propuesta por Ucrania con el apoyo de otras cincuenta naciones, con el fin de rechazar la legalidad del referéndum realizado en Crimea el pasado 16 de marzo, por el cual el 97% de quienes votaron apoyaron la reunificación, luego de 60 años, con la Federación Rusa. A diferencia de las decisiones del Consejo de Seguridad de la ONU, que son de (teórico) cumplimiento obligatorio, las votaciones de la Asamblea son no vinculantes y cuentan más que nada como termómetro de la opinión de sus países integrantes.

El voto fue bien relevante, dado que Estados Unidos y la Unión Europea necesitan fortalecer y dar legitimidad al gobierno surgido del golpe de estado que ellos impulsaron en Ucrania, incluyendo por supuesto el rechazo a la pérdida de Crimea (secesión que, por cierto, bien puede ser sólo el comienzo). Se trata de un caso demasiado evidente en su injusticia, por lo que deviene en esencial ver quienes, aun así, deciden seguir la línea señalada desde Washington.

La resolución de rechazo al referéndum fue aprobada con 100 votos a favor, 11 en contra y 58 abstenciones. Entre quienes votaron a favor se encuentra el bloque completo de 28 naciones de la UE, países del G20 como Indonesia, Turquía y Arabia Saudita, otros países petroleros aliados a Occidente como Kuwait y Qatar, y países emergentes relevantes como Nigeria, Túnez y Malasia. También votaron a favor dos países ex soviéticos: Azerbaiyán, que posee bastante petróleo, y Georgia, fuertemente enemistado con Rusia.

Entre quienes votaron no, junto a Rusia, se encuentran las naciones demonizadas por el sistema propagandístico de Occidente, como Corea del Norte, Siria y Zimbabue (Irán no votó). Y metiéndonos ya en lo que más nos interesa, votaron también en contra la mayoría de los países del ALBA: Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua.

Vale destacar que las potencias del BRICS, salvo obviamente Rusia, se abstuvieron (Brasil, China, India y Sudáfrica). Téngase en cuenta que cuando se vota un tema tan “sensible”, un parteaguas geopolítico, la abstención es equivalente a un silencio ensordecedor. Un silencio que en este caso va claramente dirigido a Occidente –es decir, se trata de un negativo, pero dicho con suavidad.

¿Qué sucedió con el resto de los integrantes de Celac? Como es sabido, los otros miembros fundadores del Mercosur nos abstuvimos. También se abstuvieron Ecuador, El Salvador, los dos integrantes no latinoparlantes de Unasur (Guyana y Surinam), Jamaica y varias otras pequeñas naciones del Caribe cuyos nombres comienzan con “Saint” y que suelen intentar posturas independientes frente al muchacho grande del Norte.

Y con el resto… con el resto de Celac hay malas noticias. La aun novedosa y relevante Alianza del Pacifico votó en bloque con Washington, tal como se espera de ellos, que para algo se la armó al fin y al cabo. Esto incluye al querido Chile, y así podemos ir digiriendo un dato clave para nuestro barrio: Nada cambia: 1 – Esperanza que Bachelet haga un real giro a izquierda: 0.

También votaron a favor el resto de Centroamérica, República Dominicana, Haití, Bahamas, Barbados y Trinidad y Tobago. Y mejor entonces tomemos nota, porque las cosas así van quedando claras: trece países de CELAC se siguen sintiendo bien con eso del patio trasero. Dieciocho, en cambio, decimos no, gracias (los dos que faltan, Belice y Granada, no votaron). Y se confirma así lo obvio, que es que Latinoamérica no es hoy un bloque. Y lo mismo se aplica, lamentablemente y como es bien sabido, a la Unasur.

En todo caso, la votación representa un nuevo retroceso del eje Washington-Bruselas. Bastaría contar población o PBI para comprobar que el 100 a 69 es mucho menos de lo que parece. La secesión de Crimea sigue así al bombardeo que no fue a último minuto, en Siria, el año pasado, una derrota histórica de Occidente cuya trascendencia aun no ha sido del todo comprendida. El mundo avanza hacia el multipolarismo, pero lxs latinoamericanxs, por el momento, no estamos para aprovechar este cambio tectónico y conformar uno de esos polos desde un bloque unificado.

 

Oferta Limitada (y un bonus track)

evita con sindicalistas

Va a sonar canchero pero la verdad, la posta, es que Krugman, cuando habla de la Argentina de estos días, verdurea. O sea: tira, pega en el palo, y se va bien afuera. Veamos.

Leemos en el artículo: “las políticas económicas que utilizan grandes déficits fiscales y la impresión de mucho dinero son malas e inflacionarias en economías que están restringidas por una oferta limitada. Son en cambio políticas útiles y buenas cuando el problema de la economía es una persistente demanda débil e inadecuada”.

Por eso –argumenta el famoso bloguero del New York Times- Argentina hizo bien en imprimir mucho dinero en 2002. Y lo mismo se aplica a los Estados Unidos desde el inicio de la Gran Recesión, en 2008. El problema se da cuando se imprime moneda nacional pero la oferta, es decir la producción de las empresas, es limitada. En tal caso, los déficits fiscales y la resultante impresión llevarán al aumento sostenido de precios.

Es correcto que tenemos un problema de oferta limitada. Como es sabido, un supuesto base del modelo kirchnerista es generar crecimiento a través del fortalecimiento del mercado interno (esto porque el movimiento al que pertenece el kirchnerismo, el peronismo, no acepta -ni con la mente ni con el estómago- el tan promovido modelo del derrame). Los populismos más bien se caracterizan -y a muchos así horrorizan- por alimentar con ganas -y directa e indirectamente- los salarios, las jubilaciones, los subsidios y las transferencias de ingresos a los sectores medios y más pobres, y la inversión pública en general. Esto lleva a un continuo aumento de demanda de bienes, especialmente de los bienes básicos, es decir los que oligopolizan los formadores de precios, es decir las más grandes empresas.

Y acá viene lo que el profesor Krugman no ve, tal vez porque no es politólogo, o quizás porque no le tocó nacer en un país que no es un imperio. Esto es: en países pequeños o medianos con monedas débiles (es decir casi todos los países), y cuando se da el democrático milagro de un gobierno populista, el capital opta sistemáticamente por inflacionar y fugar antes que invertir. Invierte, claro, lo necesario para sostener sus oligopolios. Sostiene, claro, sus precios al mínimo posible para evitar la entrada de competidores. A veces inflaciona un poquito, claro, gracias a su posición dominante (construida, hay que decirlo, con admirable paciencia –y con capitales frescos venidos de la casa matriz en el Norte). Pero lo relevante, en realidad, es que el capital inflaciona mucho gracias a su preferencia por no ahorrar en la moneda de la gente que tanta plata les hace ganar. Y a pesar de tanto predicar con eso de que el cliente siempre tiene la razón, tampoco les gusta ahorrar en el país que viven y ahorran sus clientes. Por lo tanto, fugan sus ganancias -en general sin prisa, siempre sin pausa.

O sea: los excedentes que logra el capital, es decir las enormes cantidades de plata que ganan las más grandes empresas, se escapa hacia guaridas fiscales. Pero antes, necesitan convertirlos a dólares. Y, como se explica acá, este preciso mecanismo -que resulta en la estructural debilidad del querido peso argentino- es lo que lleva a los procesos de alta inflación. Como el que lograron disparar a fines de 2013, y del que ahora estamos trabajosamente tratando de salir.

Pero en fin. Buen intento el de Krugman al titular el post: “En Argentina las reglas también aplican”. Le respondemos diciéndole: atenti, Krugman. Y no es que lo decimos porque el Diego y Messi son los dos de acá. Simplemente no estamos tan seguros de eso de las reglas que se aplican. Estas pampas, sabélo, son todo salvo regulables y regulares.

Acá lo que se está intentando, de hecho, es algo bien distinto a lo de Chile, lo de Perú, lo de México o, si es por eso, lo de la Argentina de los noventas, que tan baja inflación tuvo. Lo que se está intentando es distribuir más rápido que en esos países, que tienen salarios vergonzosos, y que suben tan despacio mientras las multis se llevan dinero y más dinero. Queremos que los salarios valgan más, y no aceptamos los tiempos que nos proponen sus académicos, sus periodistas y sus políticos. A esto se lo llama, al menos acá en el Sur, puja distributiva. Y es lo que realmente molesta, a los muchachos de mucha plata, porque implica romper la pétrea regla de que nadie les pone un límite a cuanto ganar (y fugar). Pero el tema, el lío, el bolonqui, Mr. Krugman, es que esta es, precisamente, la regla que queremos dejar de aplicar.

Bonus track:

Al referirnos en los párrafos de arriba al concepto de “populismo”, adheríamos, sin explicitarlo, a un tipo específico de populismo, aquél que en la academia de la calle suele denominarse, con bella simpleza, “populismo inteligente”. Esta modalidad se caracteriza por ser paciente y largoplacista (“paso a paso”), por cuidar siempre las defensas y las reservas (“bilardismo”) y por no hacer demasiado bardo en un ambiente que, ya de por sí, es bastante complejo (“silenzio stampa”).

¿Es la variante argenta un populismo inteligente? La pregunta viene justo, porque está quien dice que su carácter y por lo tanto su destino están por resolverse en estos mismos días. Y mucho -por no decir casi todo- depende, básicamente, de los compañeros y las compañeras sindicalistas. O sea, de su comportamiento estratégico. Y de su trabajo mancomunado con la dirigencia política.

La inteligencia del liderazgo sindical argentino se mostrará, o no, en las paritarias de éste y de los próximos años. Reside allí buena parte de la posibilidad de comenzar a frenar ahora las presiones inflacionarias del capital, que ya tanto daño hicieron en los últimos cinco años.

Y pueden escribirse veinte páginas más sobre las paritarias 2014 y lo importantes que son, pero sería complicarla de gusto. Es todo bastante obvio, en realidad. Basta ver los medios del gran capital, como quieren instalar el descontrol y el conflicto. Pero bueno. Vienen ya las paritarias docentes. Ojalá nuestrxs maestrxs nos den una linda clase.

Imagen: http://evita3.marianobayona.com/evi30mar.html

Stalingrado

Stalingrado imagen

Llego el momento previsto, por mucha gente esperado. La guerra lleva sus años y se siente en todas las espaldas. Las fuerzas del capital han logrado penetrar profundo en territorio populista, acechando sus principales bastiones, amenazando con la victoria total, festejando por adelantado para mantener caliente a su emocional platea. Pero, a la vez, están en realidad alertas, conscientes que, lejos de tenerla ganada, se enfrentan con un caso difícil. Desde la lejana victoria populista del 54%, se ha intensificado sin prisa pero sin pausa la escalada de quienes, disponiendo de muchos recursos de poder, se oponen y se opondrán a la dirección, al modelo, a las políticas, al “relato” elegido por el gobierno argentino desde 2003. El capital anda con viento a favor, y viene por más.

De hecho, una dékada después del inesperado inicio de la anomalía populista, el verano 2013-2014 presenta todas las características de una temporada estival de esas que, por traumáticas, nada extrañábamos. Con una manito del calentamiento global, quienes manejan los precios y los medios (más alguna importante ayuda de nuestro lado) lograron generar algo mucho mayor a una sensación de caos. Algo más bien parecido al infierno, de hecho. El caos: ese feo momento que tan bien conocemos en Argentina, y que tan bien sabe generar la gente de, por y para el poder.

En efecto, años de planificación y de inteligente lento accionar hacen parecer desconectados e inocentes los lejanos movimientos disparadores del desorden social. Décadas, o más bien siglos, de exitosa experiencia los lleva a siempre perfeccionar un poco más sus técnicas de dominación. Pero con el tiempo todo llega: el caos, en nuestras tierras, en este comienzo de verano, existe. Llevó tiempo llegar a la batalla en curso. Y esta batalla –cuyo inicio más o menos coincidió con el treintavo aniversario de la querida democracia- tiene toda la pinta de ser definitiva. Quien pierda ahora, pierde todo, o al menos mucho.

Las fuerzas del capital, es decir las conservadoras y las liberales, sienten que el más exitoso experimento populista desde que tuvieron que tirar bombas en la Plaza está al borde de la caída estrepitosa por la que tan hábil y tenazmente han trabajado durante largos años. Y encima, no falta quién, desde el otro lado -desde este lado-, manda avisos de que hay que seguir a los muchos que ya saltaron el charco. O sea: dicen, nos dicen, que ahora hay que dejarse de joder, y dejar -como tantas veces dejaron antes gobiernos argentinos y latinoamericanos- que los grandes capitales vuelvan a definir la política económica.

Pero un pequeño detalle que las personas con más poder, y sus plumas en los grandes medios, tienden a olvidar es que, aunque quieran, aunque insistan con tapar el Sol con la mano, y se digan mil veces que esto ya está resuelto, y que aseguren diariamente que cualquier posibilidad de recuperación populista es una no-verdad, una ingenua ilusión pasajera, un sueño intoxicado, por más que digan eso y más, en realidad, somos muchxs -muchxs de verdad- lxs que seguimos cinchando desde en el bando peronista-kirchnerista. Y estamos dispuestos a aguantar. A seguir aguantando. Y a seguir aguantando de múltiples maneras. Por ejemplo, discutiendo de plata. Y ahora que ya se formalizó la tan anunciada y deseada y hábilmente provocada devaluación,  proponemos, más precisamente, debatir de precios, en pesos. Y de salarios. También en pesos.

He aquí un importante factor que algunos en el capital bien saben, pero bien se cuidan de avisarles a sus siempre locuaces periodistas-estrellas. El detalle es que el bando populista – lxs estatistas (de mercado) y lxs distribucionistas- nos paramos ahora, luego de meses en extremo aciagos, con bastante más experiencia que hace no tanto tiempo atrás. Y con mejor relación reservas/base monetaria. Y esto dicho sin negar ni olvidar que los últimos rounds los vienen ganando los que manejan la plata y los medios, esos que tanto quieren un estado chico -bien chico, digamos diez puntos menos del PBI, como era antes. Y que han logrado convencer a parte importante de la población que, otra vez, la culpa es de los políticos. Que son tan ineficientes, y tan corruptos. Y tan estatistas.

Lo que seguirá en la política nacional en las próximas semanas definirá el curso de esta larga guerra. Hay que seguirla con atención, día a día. Y conviene entonces repasar brevemente como la argentinidad llegó, como varias veces antes, hasta acá.

El conflicto sin vuelta atrás comenzó en 2007, con la elección de CFK, o sea la reelección kirchnerista. Hasta entonces y desde 2003 hubo, como sabemos, pujas y tensiones varias, pero el capital todavía elegía -en aquellos inocentes tiempos- ilusionarse con una pronta y más o menos limpia derrota K –o alternativamente, y casi igual de útil, con su transformación en una moderada y civilizada socialdemocracia frenteamplista, a la uruguaya.

Pero no sólo esas modestas previsiones del capital se vieron frustradas, sino que poco a poco, y con estratégica habilidad, el generalato pingüinero fue mostrando que lo suyo no es hacer la plancha, y que ya que está en el gobierno, le gusta avanzar, siempre, un paso más.  Y así fue que por parte de los grandes ganadores de dinero del país lo primero que siguió a esta revelación -a esta verdadera mala noticia-, fue el inicio de una por momentos lenta, pero casi siempre continua, y siempre masiva fuga de capitales.

Poco después, a principios de 2008, el kirchnerismo tuvo la insólita idea de querer cobrar impuestos de verdad al variado, pujante, a veces creativo, y casi siempre creído sector pampahumedístico -el querido y admirado campo argentino, y lo decimos de verdad, y a pesar de tanto. Y por más que incontables plumas de los grandes medios -y de la neurótica “izquierda” no peronista- quieran ignorarlo o negarlo, el hecho es que la 125 fue el gran evento divisorio de aguas de estos tiempos, el hecho que dio origen al proceso macropolítico en el que vivimos, y que es tan difícil predecir como evolucionará. La 125 le hizo ver al capital local y extranjero que, en la Argentina, los populistas, otra vez, venían en serio. Y le mostró, o más bien le terminó de mostrar, a un pueblo con genes irremediablemente distribucionistas, que algo de verdad se movía, finalmente, otra vez, después de tanto tiempo, en el sillón de Perón.

Y así fue que, hace ya más de cinco años, quienes de verdad mueven plata en nuestra patria determinaron el inicio de las alzas continuas de precios. Hablamos de la capacidad de acción de muy pocas personas, de agentes muy precisos: las grandes empresas, pero las grandes de verdad, las que pertenecen a los ricos de verdad, las proveedoras de todo, es decir las -por suerte cada vez más famosas- formadoras de precios. Y la clave es comprender que estos incrementos continuos de los precios basales de la economía –que es el proceso disparador real, concreto, preciso, y poco conocido de la “inflación” (ese fenómeno que tanto les gusta a sus “periodistas” mencionar así, como si fuera una fuerza de Dios)- no se explican por razones monetarias y/o de mercado, como les gusta mentir -perdón, como les gusta insistir a los “economistas” que viven de los altos sueldos del capital. Es decir: las razones del disparo inicial de la inflación son de naturaleza política. O sea: aumentan porque se les canta.

Para ser más claros: la fuga de capitales y los procesos inflacionarios son dos de las patas del trípode de destrucción masiva que usan las elites mundiales cada vez que se encuentran con  gobiernos con aspiraciones distributivas (la tercer pata es, por supuesto, el sistema mediático, al que ya volveremos). Para ser aun más claros: el trípode se pone en acción cuando las elites -siempre algo sorprendidas con el atrevimiento de las desafortunadas almas inferiores – se cruzan con gobiernos con pretensiones no sólo de incrementar la participación del estado en la economía sino que también –e igual o aun más inaceptable para quienes manejan el dinero grande- con aspiraciones de introducir regulaciones de verdad al uso del capital excedente. Entonces, con algo de desdén y mucha violencia -verbal y de la otra- las elites responden, acá y en todo lugar dónde se ejecute similar intento, atacando con admirable constancia, y desde todo flanco. Y, concretamente, lo que dicen, en diversos idiomas, y a través de los más conocidos y poderosos medios de comunicación de este pequeño mundo (esos que la gente que los lee se cree inteligente), es algo así: “ustedes, populistas, hagan lo que quieran, suban impuestos, regulen, legislen, incluso anuncien la revolución… igual, la plata es fácil llevársela, y nos llevaremos hasta el ultimo peso que podamos. Ah: y olvídense que invirtamos más que lo indispensable, es decir más que las pocas monedas que tenemos que invertir para mantener firmes nuestros oligopolios”. Entonces, atención: invierten sólo y solamente lo estrictamente básico para poder seguir saqueando. ¿Innovación, investigación? Olvidáte, eso no es para las colonias. Y ni debería ser necesario tener que aclararlo.

Y esto es lo que de hecho hizo, la gente de mucha plata, aunque suene exagerado. La fuga de capitales nos debilitó seriamente los fondos ahorrados en el Banco Central (BC), especialmente durante la recuperación económica de 2003-2007. Recordemos que el BC es el que transforma en fugable rúcula los tantos pesos excedentes de los grandes capitalistas (así como permite el comercio exterior y canaliza los excedentes de la clase media que se van a ahorro).  Y, por si hace falta, agregamos: otros sesenta mil palos o más los perdimos por pago de deuda contraída en décadas anteriores, en particular desde que se liberó el recordado combate, también veraniego, y ojo que fue sólo para lo obvio, es decir para para poder utilizar el chanchito del BC para pagos de deuda, es decir no sólo para financiar el cambio a dólares de las múltiples ganancias de las multis, esas empresas que hacen tan ricas a tan pocas personas.

Y olvidar esto, gente, es olvidar que distinto sería todo si pudiéramos haber guardado o en parte gastado esos sesenta mil palos. Por empezar, no habría corrida contra el peso, no habría dólar blue, no habría cepo. Y sin embargo, ¿por qué lo olvidamos? Porque “olvidar” este factor esencial de nuestra política económica es parte clave de la función de dominación social de los grandes medios, los que financia el capital. Por eso, salvo unxs pocxs nerds u obses o zurdxs, nadie es demasiado consciente de cuánto pagamos. Porque lo invisibilizan o, como mucho, lo distorsionan en su naturaleza y en su alta importancia. Y olvidar cuánto pagamos de deuda, y dónde y cuándo y cómo se originó esa deuda, es hacer política en broma. Una costosísima broma.  Para nosotrxs y para las futuras generaciones. (Y, ya que estamos: un sentido gracias de parte de las ex futuras generaciones a quienes nos endeudaron hasta la médula).

Por su parte, la inflación genera un exceso de pesos –fruto del aumento nominal de salarios (es decir en cantidad, pero no real en poder de compra). Es importante comprender que los salarios suben porque antes subieron los precios base, los que manejan las multis. Es decir (y atenti, porque esto no te lo van a contar en el Cronista): la famosa puja distributiva la inician las formadoras de precios. Ellas inician la disparada y luego simplemente confían en la irracionalidad colectiva, tan mágicamente argenta, de creer que tu sueldo puede aumentar un 25% real al año. Así, suben en general los salarios nominales en pesos, crece el excedente de pesos –los que no van a consumo ni inversión sino a ahorro- y luego se van derecho al dólar.

Como sabemos, cuando la gente compra dólares, en un sistema sin cepo, es porque se los está vendiendo, en última instancia, el BC. Entonces, y para ir comprendiendo como trabajan las elites: juntás a ambos fenómenos –la fuga del gran dinero y el aumento sostenido de los precios base que manejan las muy pocas y más grandes empresas- y, con el tiempo, como el BC se va quedando sin dólares, o caés en el endeudamiento, es decir le pedís plata a ellos (como sucedió durante el menemismo y la dictadura, por ejemplo) o, si elegís no endeudarte, como intentó bastante bien el kirchnerismo, no te queda otra que caer en el cepo cambiario, es decir en el límite para comprar dólares, que acá en Argentina implementamos en lo que resultó ser un olvidable día de fines de 2011. He aquí, estimadxs, la famosa “restricción externa” que tantos problemas nos genera.

Y entonces sucede algo importante, algo con efectos políticos. De la fuga de capitales se enteran sólo los ricos y los nerds de la economía. Pero de la inflación nos enteramos todxs. Y del límite a la compra de dólares se enteran hasta los parientes ya fallecidos. Y así, y como dura, reciente y merecidamente aprendió el bando populista, podés perder casi 25 puntos de votos en sólo dos años. Un desastre.

Es importante comprender bien que cuando creás un cepo se crea de inmediato demanda para un dólar que ya no te lo vende el BC, sino los privados. Y ahí sí: el capital y sus grandes medios te mueven su cotización con harta facilidad, siempre hacia arriba -es decir nuestra moneda hacia abajo. Porque, he aquí el punto central, el que hay que retener: lo que no quieren son nuestros pesos. Quieren dólares para llevarlos a las tantas guaridas fiscales que ni Washington ni Londres ni nadie con poder realmente combate –aunque, curiosamente, se trata de estados débiles, sin armas casi. Y así, urbi et orbi, y a través de su autoalimentadamente poderoso sistema de medios “prestigiosos” (el New York Times, ponéle[1]), declaran que el peso argentino no sirve (es junk, basura, te dicen, infinitamente, sus infinitos opinadores).

Y así es como funciona, gente, la guerra entre las elites y los estados -al menos desde que se esparció entre las desunidas masas del mundo el meme marxista. “Ante todo, despreciás su moneda”, dicen sus manuales, que te hacen leer en la facultad. Y así aprendés, de chicx, cómo se domina a los demás. Suena exagerado, pero funciona exactamente así.

Porque como decía Guillermo Moreno hace poco, el valor del dólar es el único precio que importa en la Argentina. Es clave entender esto para entender todo el modelo. Al volverse de a poco cada vez más caro el dólar, la inflación cesa de ser un accionar dirigido por las elites oligopólicas para convertirse en un masivo y racional acto de protección del capital por parte de millones de individuos que tienen pequeños excedentes. Y atención, porque en ese momento y bajo esa situación –o sea cuando el pueblo, el 99%, comienza a caminar primero, para luego correr al dólar- es que finalmente el famoso “la emisión causa inflación” se hace cierto.

O sea: no entender que la corrida al dólar la crean las elites, es no entender la irrelevancia y falsedad de suponer que la emisión causa directamente inflación. Hay múltiples ejemplos de países que emiten o emitieron muchísimo más que el estado argentino, pero no tienen inflación. La diferencia es que sus pueblos no huyen de su moneda. Y esto es porque no son pueblos dominados. No son dominados mentalmente.

Pero lo de “mentalmente”, sabemos, suele sonar a cháchara. Entonces, ¿qué quiere decir no estar dominados, pero traducido a verdes? Significa que la mayor parte de las rentas generadas –la riqueza de la tierra y del mar, y la riqueza producto del trabajo del pueblo- queda en sus países. Y estas riquezas, a su vez, –y atenti que esto Clarínlanación te lo va a contar al revés- son repartidas internamente con criterios más altruistas. Pero no por buenxs que son, sino porque les conviene. Conviene para tener paz social y para tener un mercado interno robusto, ergo una industria fuerte. Y eso es exactamente una sociedad que, hasta donde la condición humana permite, mas o menos funciona. Y que no está dominada, o al menos no brutalmente dominada (y por si alguien no está al tanto: esas naciones son muy pocas).

Entonces: al quedar la mayoría de las riquezas en casa, el BC no se vacía de dólares -al contrario, se llena. Entonces, el estado no necesita contraer deuda, ni poner un cepo. Además, no bajaría el peso. Entonces, y además de que sería barato viajar a Europa, la gente ahorraría en pesos. Luego, el estado puede seguir emitiendo racionalmente (como en realidad lo hace el estado argentino), pero sin inflación.

En esto estamos. Sólo el accionar valiente del estado puede generar las condiciones para continuar el crecimiento y mejorar la equidad sin inflación. Pero, hasta ahora y cómo sabemos, la estrategia de fuga de capitales e inflacionaria implementada por el capital ha dado notables éxitos, y en escasos cinco años de continuo accionar. Y así tuvimos que ir aceptando retroceder, llevando al final el dólar a ocho, que en realidad es nueve sesenta. Es decir, nuestra moneda vale menos de la mitad que al comienzo del conflicto. En poco tiempo se perdió mucho de lo ganado en la década pasada.

Y ahora, con el peso ya devaluado, con la presión del blue que no se extingue ni se extinguirá a la brevedad, con las multis y sus medios que gritan inflación con todo pero todo su poder de fuego -y si sos tan cipayo, anunciás incluso cosas peores- llegamos así al momento clave. Y si bien se escucha algún lamentablemente sensato pronóstico de una larga, muy dura batalla, es evidente que el gran dinero se siente ganador. Sus medios no quieren o no pueden o no saben ocultar que están en estos días tomando fuerza, charlando en la playa, para decirse, y para dentro de poco decirnos: bueno, ahora sí, vamos por todo. Vamos por el definitivo golpe (inflacionario).

Pero si por alguna razón las cosas les salen mal, y el populismo sale, otra vez, y como en 2008 y 2009, victorioso, es importante tener en cuenta por qué esto sucederá. Que sería, exactamente, esto: lo esencial es evitar, en el resto de este verano, pero también en el otoño, y también en el invierno y la primavera de 2014, y también en las estaciones que sigan por varios años más, los aumentos de precios post-devaluatorios, y el desabastecimiento de productos. Que son los dos principales cañones que tienen y van a querer usar una y otra vez.  Más veces de lo que da siquiera ganas de pensar.

Va a ser, de hecho es, bien duro. Y venimos de perder, en estos años y ayer nomás también, este mismo combate, el de los aumentos de precios. Y es cierto: vista la historia, luce imposible ganarles. Tantas veces populismos peronistas o radicales han intentado congelar precios, para poco después tener que entregar las armas. Y además, hay tantos frentes más, incontables realmente, varios de los cuales están flojos por nuestra propia responsabilidad. Un ejemplo, uno particularmente importante, es si sabremos aprender colectivamente que los aumentos salariales ilógicos existen sólo porque son nominales, duran sólo unos años, y luego llevan al proceso inflacionario que mata al poder adquisitivo real. Vivir con un poquito de inflación es un truco con el que nos hipnotizan. Hay que ganarle la puja distributiva al capital con inflación bien baja.

Pero bueno. Para cerrar queremos decir algo que a (algunxs de) ustedes los hará reír, pero lo decimos igual. Se va siguiendo la cosa, se va comprendiendo de a poco lo difícil que es todo, lo difícil que es estar en la cima del estado. Pero se está mas o menos tranca, porque, después de una década, mas o menos bien se saben ya al menos dos cosas. Una, que tenemos a gente confiable, a Cristina, a Axel, al Coqui y a tantxs más, al comando del aguante. Y dos, está quien dice que lxs argentinxs aprendimos bastante desde la victoria del 54%, que, hay que reconocerlo, nos achanchó un poco. Pero bueno. En todo caso, los partidos van y vienen. Y, cómo es sabido, el partido no termina hasta que chifla el referí.

Imágen: http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/c/c0/RIAN_archive_602161_Center_of_Stalingrad_after_liberation.jpg


[1] Fijáte en esa editorial del NYT, de estos días. Nos dicen que nos equivocamos en: 1) aumentar la inversión pública; 2) negociar fuerte con los grupos económicos; 3) nacionalizar empresas estratégicas. Es decir, nos dicen que nos equivocamos en no aceptar ser una colonia, un territorio de saqueo. Atención entonces para quienes aun creen que el NYT y tantos más son sólo algo más que un poco mejor elaboradas expresiones de la derecha.

Que florezcan mil medios

 

Television_challenge

Pocas semanas atrás entrevistábamos en la ciudad de Guatemala a un legislador democristiano. En respuesta a nuestra pregunta de por qué en sus pagos no surge algún populismo irresponsable que proponga agrandar el estado para agrandar la nación, nos explicaba cómo casi la totalidad de la televisión de ese país está en manos de un solo grupo -cuya cabeza, o más bien cuyo enriquecido testaferro, es este señor (que, dicho sea de paso, también tiene poder mediático en nuestro país, y de quien su referencia en Wikipedia se hace cada semana un poco más breve). Agregaba luego, nuestro interlocutor, bajando un poco la voz, que el mexicano lanzó su paciente construcción en los ya lejanos años ochenta, y que es “un secreto a voces” que todo político guatemalteco con ansias de crecimiento debe hacer un peregrinaje a su mansión en Miami antes de hacer públicas sus ambiciones y propuestas.

Nada nuevo, por supuesto, ni en Centroamérica ni en ningún lado. Y ya podemos, claro, escuchar desde acá los sarcásticos comentarios de quienes se permiten mirar a este duro mundo desde la cima de su sabiduría, para decirnos que es obvio que los medios influyen, que siempre lo hicieron, y que siempre lo harán. Y hasta ahí llegan, satisfechos. Como sabemos, no son ell@s los indispensables.

Indispensables son las decenas de miles de personas que han empujado este proceso, en particular desde que el liderazgo político argentino –y muchos millones de su mano- terminó de darse cuenta que el periodismo independiente no tiene códigos democráticos, lo que impide la sincera negociación del camino hacia un país más justo. Y ni hablar de la valía de quienes empujaban la cuestión ya de antes de 2008 -por ejemplo, y bastante antes, el diputado radical Ricardo Laferriere, que “pagó con su desaparición de los medios la patriótica decisión de presentar, en tiempos de Alfonsín, un proyecto regulador”.

Luego del fallo de ayer de la CSJ, el país politizado se encuentra en lógica ebullición. El siguiente punteo surge, algo desordenado, de tal momento.

Primero, lo principal: en privilegiados tiempos donde el poder político local viene decidiendo –haciendo así punta en el mundo- que hay que ponerle límites de verdad a las corporaciones mediáticas, es necesario seguir meditando, profundizando y aprendiendo diariamente en la compresión del poder real de estas empresas a las que tanto les gusta llorar debilidad. Los medios son, para las grandes mayorías no especializadas, inconscientes e influyentes amigos, compañeros de desayunos y de soledades, de anuncios de matrimonios y de fallecimientos, de humor, de tristezas y de juegos. Los medios somos nosotr@s, cada día, y están tan metidos en nuestras vidas como los colores del cuadro del cual somos hinchas. Como nos decía un amigo apolitizado que sin emoción votó a CFK en 2011 y a Massa en 2013: “¿cómo voy a dejar de comprar Clarín? Mi viejo lo leyó toda la vida. Es una tradición que no puedo romper”.

Segundo, y sólo para quienes aún se pronuncian escépticos del poder de quienes comunican, una simple reflexión -aunque, seguramente, resultará insuficiente para convencer. Si nadie nos hubiera dicho nunca –si nadie nos hubiera comunicado nunca- que no es el Sol el que gira en torno a la Tierra, sino viceversa: ¿hubiéramos podido deducirlo por cuenta propia? Quizás el exceso no está en decir que quienes comunican condicionan nuestra visión del mundo, sino en el negar la posibilidad de ser víctimas de la desinformación semi-organizada.

Tercero, y sólo para quienes se emocionan con los papers, las citas y los púlpitos universitarios. En la academia, gente, el tema está saldado –aunque por supuesto nadie con poder masivo de comunicar haga el esfuerzo para que nos enteremos. Desde que en 1988 Herman y Chomsky publicaron su modelo propagandístico, ha quedado demostrada la metodología por la cual las elites logran “fabricar consensos, para sostener las estrategias por las cuales el dinero y el poder son capaces de filtrar las noticias aceptables de ser publicadas, y así lograr que los intereses privados dominantes se instalen en el público[1]. Los “estudios” que pretendieron rebatir este modelo fueron baratas propagandas, financiadas (y muy difundidas) por el gran capital, y que no han logrado alguna trascendencia. En contraste, la larga lista de estudios serios derivados de aquel modelo va llenando las bibliotecas de las facultades de política y de comunicación de todo el mundo, a partir de su aplicación en múltiples escenarios -nacionales, internacionales y subnacionales- y en distintas épocas.

Cuarto, y por lo tanto: pretender comprender la política, o la geopolítica, sin tener en cuenta como los factores de poder real moldean las noticias y sus interpretaciones, es como querer cosechar sin haber transpirado la siembra. Y esto viene de hace rato. Un ejemplo lo contaba el escritor Ítalo Calvino, luego de su tour norteamericano. En 1959, en una visita al ministerio de relaciones exteriores de Estados Unidos, un funcionario, jefe de relaciones públicas, le explicaba su trabajo: “nuestra tarea es crear noticias y lograr que se publiquen. En la oficina de al lado hay otra agencia, cuya tarea es prevenir y reducir el impacto de noticias desfavorables”. Gracias, say no more.

Quinto, un tema sensible, porque afecta al orgullo, ese bicho malo que tod@s llevamos adentro. No son pocos quienes parecen resistirse a aceptar el poder de los medios para influir la política por el simple hecho de que no la vieron antes. Hablamos, en general, de apreciad@s colegas de la generación setentista, que han hecho una vida de militancia y/o análisis en pos de la justicia social, pero sin cuestionar fuerte o permanentemente la estructura comunicacional. Creemos que la respuesta a tal inquietud es la siguiente: nadie, por si sólo/a, puede ver o saber nada. Siempre se nos pasan fenómenos relevantes, que algún día serán obvios. Todos los procesos democratizadores son lentos e inconscientes despertares colectivos, aun cuando por supuesto haya algún lugar para las vanguardias jauretchianas. Hoy se masifica la comprensión de la habilidad del capital para usar a los medios. En un par de generaciones nos indicarán aspectos de la dinámica política y económica que hoy nos somos capaces de ver o comprender en su cabal relevancia. Y así sucesivamente.

Sexto. El fallo de la CSJ no es la conclusión de ninguna lucha, sino el comienzo del fin del comienzo: “incluso con la aplicación completa de la ley, el tope amplio de 35 por ciento para cada actor no impedirá que el Grupo Clarín sea el actor mediático más poderoso del país”. La política comunicacional democratizadora apenas ha comenzado (como bien indican analistas opositores o neo opositores), y excede, por mucho, a los medios audiovisuales. Ahora, hay que “marchar en lo más complicado: la instrumentación de la ley tanto para los de arriba como para los de abajo. Seamos capaces de generar las condiciones para que se pueda desenvolver una comunicación de distinto tipo, donde no se trabaje dependiendo de la publicidad o el subsidio”. Y no olvidemos que cada punto de rating que ganemos implicará haber tenido que rebatir a las innumerables horas y líneas de tribuna de las que dispone, por ejemplo, tanto “abogado constitucionalista”.

Séptimo, todo esto viene dicho suponiendo que se logra avanzar en la aplicación real de la ley votada el 10 de octubre de 2009 (un probable futuro feriado). Como nos explican los especialistas, el fallo de ayer “le otorga un premio consuelo (al Grupo Clarín) y le da una base para judicializar los actos administrativos”. Y agrega: “excluyo de este escenario a las eventuales presentaciones (no apelaciones) en “tribunales internacionales”, que no tienen chance alguna de ser admitidas”. Ojalá, pero enemigos foráneos poderosos sabemos que no le faltan a esta nerdística ley votada por un Parlamento del sur de Sudamérica.

Octavo, y a pedido del público que sabe (y que nos enseña). Una apelación a la política real, la callejera: “esta oportunidad puede convertirse en un problema si el kirchnerismo elige sólo concentrarse en la batalla con Clarín que, no se encuentra en la agenda de la mayoría de la gente. Creer que este fallo modifica el escenario electoral o sustituye la imperiosa necesidad del cristinismo de articular nuevas políticas y alianzas, puede ser mortal”.

Y noveno, unas arriesgadas palabras sobre la Corte Suprema de Justicia. Creemos que hay una posibilidad que l@s suprem@s hayan manejado los tiempos políticos con notable habilidad. Quizás tenemos que aceptar que nos dan así, a quienes aún hemos vivido menos inviernos, este mensaje, esta lección: si vas a intentar cambios profundos, hacélo despacio, escuchá a las partes, aceptá los tiempos procesales. Puede ser. Pero quizás esta interpretación es ingenua y/o emocional, y son otros los factores en juego más relevantes. Pero bueno, para tratar de entender es que debatimos.

Por último: lo que está sucediendo, creemos, es una profundización de la democratización de la sociedad argentina. Justo en el aniversario de la democracia. Y encima, se suele escuchar, la de la treintena es una década decisiva. Y, de hecho, todo indica que hay una generación de polític@s que, junto a la sociedad, parece haber aprendido algunas cosas relevantes desde 1983. Lo que nos deja mejor parados para esta nueva década. Una decisión o aprendizaje, por ejemplo, es que sus jefes no son ya los empresarios mediáticos (y sus financistas), sino el pueblo que les dio el voto (hay excepciones, claro[2]). Y otro –creemos, esperamos, y apostamos- es que también hemos aprendido que no nos convienen medios que digan todos lo mismo. Hay que financiar mucha comunicación, de distintas vertientes, y no volver a permitir el surgimiento de una orwelliana corporación que da para quitar mucho más, y que se ha permitido (le hemos permitido) conductas monopolistas inaceptables –entre otros, con sus pares, es decir con otros medios.

Si logramos en las próximas décadas armar un sistema mediático realmente más democrático, estaremos entre los primeros de una tendencia reformista que ya se insinúa en todo el mundo, especialmente en Sudamérica. Pero no será esto algo que permita ningún milagro, ni rápida revolución, sino que simplemente implicará haber abierto el espacio para que podamos seguir aprendiendo, lentamente y en conjunto, a través del inevitable, humano y permanente prueba y error que permite la democracia.

 


[1]Herman y Chomsky, “Manufacturing consent”, 1988. p. 2.

[2] No se pierdan esta foto de ayer, de antes del fallo, de Sergio Massa respondiendo el celu, tomando mate, y leyendo “los diarios”: http://www.clarin.com/politica/Massa-repetira-formula-intendentes-interior_0_1019898014.html

Foto.

Combatiendo al capital


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Miguel Braun es economista, doctorado en Harvard, uno de los principales referentes económicos del macrismo y, además, un viejo y cercano amigo. El sábado pasado publicó un interesante artículo en el Buenos Aires Herald, donde con buen nivel de datos, análisis y prosa, expuso la visión de quienes creen que la calidad de vida de la población argentina mejorará con la implementación de políticas económicas pro-mercado[1]. En este post nos proponemos rebatir esas ideas, esperando en cambio que lo que siga -no sólo a 2015, sino ya desde el corriente año- sea un afinamiento y una nueva profundización del modelo económico iniciado en 2003.

Basado en los resultados de las internas de agosto, Miguel postula que estamos frente al “fin de una era política”. Esto lo invita a ser optimista: “el (actual) desolador escenario puede rápidamente convertirse en una primavera económica.” Más precisamente, dada nuestra condición de “paraíso de recursos naturales”, y con la implementación de políticas distintas, “la economía va a dispararse”, en particular gracias al enorme potencial de los negocios agrícolas, mineros y energéticos. Para comprender mejor esto invita a mirar el ejemplo de Australia, uno de los países de mayor crecimiento en las últimas décadas, y también propone observar el “éxito de otros países latinoamericanos como Chile, Colombia y Perú, que han implementado políticas razonables”.

Miguel afirma que la economía argentina “es como un corcho sostenido bajo el agua”, que presenta un crecimiento anémico y selectivo, con empleo y salario real estancados. La causa principal es un “modelo económico inconsistente, que inhibe la inversión y la innovación”, donde la inflación es “dejada sin control” y el gasto público (es decir la inversión pública) y la presión impositiva han llegado a niveles inédita y sofocantemente altos.  A esto debe agregarse una “política energética populista”, que desalienta la inversión en el sector y que genera un grave drenaje de divisas y de recursos fiscales.

¿Qué propone hacer? En el corto plazo, “bajar la inflación, liberar el tipo de cambio, eliminar las intervenciones estatales arbitrarias al comercio internacional, y restablecer relaciones normales con la comunidad financiera internacional”. En el mediano plazo, invertir en transporte (en particular en ferrocarriles), disminuir la presión impositiva, y aumentar el crédito bancario a las empresas.

Ok. Ante todo, los puntos de coincidencia. Es imprescindible bajar los costos de transporte, particularmente invirtiendo mucho más en ferrocarriles. El déficit energético es un gran problema (aunque, postulamos, en vías de lenta solución). También coincidimos en que tenemos la enorme fortuna de ser un paraíso de recursos naturales, y que en los sectores agrícolas, mineros y energéticos hay un notable potencial de crecimiento de largo plazo.

En segundo lugar, los argumentos que creemos requieren más cautela. ¿Los países de la Alianza del Pacifico son ejemplos a mirar? Estimamos que se necesitan al menos un par de décadas más para evaluar los resultados de la notable división ideológica que recorre a Sudamérica. Hoy por hoy, hay datos para argumentar tanto a favor de un lado como del otro. En cuanto al crecimiento “anémico” y el empleo y salario real “estancados”, también creemos que hay datos que refutan tales valoraciones, al igual que con respecto a la inversión (ver por ejemplo el tercer grafico acá). Pero elegimos no profundizar en estas cuestiones, para poder centrar el debate en donde creemos que más vale la pena hacerlo.

Entonces, a los bifes. Creemos que “bajar la inflación, liberar el tipo de cambio, eliminar las intervenciones estatales arbitrarias en el comercio internacional, y restablecer relaciones normales con la comunidad financiera internacional”, más la baja en la presión impositiva, serían todas medidas contraproducentes para el bienestar de las mayorías (sobre el primer punto, bajar la inflación, nos referimos obviamente a hacerlo a través de las estrategias monetaristas ortodoxas). Pero atención. Lo dicho no implica que de implementarse este menú de políticas no redunde en un aumento de la inversión de las más grandes empresas, sobre todo aquellas trasnacionales (o, como venimos viendo en las últimas semanas -gracias a los inversores que también intuyen una primavera en ciernes- en el valor de las empresas que cotizan en la bolsa de comercio).

Las medidas propuestas por Miguel son parte del intenso debate de estos días, con lo cual creemos que, a fin de poder elaborar nuestro principal punto, no es necesario detenerse en los conocidos argumentos en contra de tales políticas (aun así, aprovechamos para proponerle al Parlamento, o más bien para rogarle, que antes de 2015 legisle la equiparación del volver a endeudar al estado con acreedores externos -para todo destino que no sea inversión de capital- con el delito de traición a la patria. Gente: puede sonar exagerado, pero si nos vuelven a endeudar, todo habrá sido en vano).

Inversión e innovación queremos tod@s. Altos niveles de empleo y de salario real también quieren, incluso, unos cuantos liberales. El tema es cómo lograr esos objetivos. El debate es obviamente complejo y en realidad no está saldado, ni en Argentina ni en ningún lado. La humanidad está aún aprendiendo cómo combinar estado y mercado, y partir de esta humilde premisa le haría muy bien al debate democrático. Pero esto no es algo que se reconozca, acá y en todos lados, desde la predominante academia pro-capital -y ni hablar del masivamente liberal “periodismo”. Así, nos dicen, más o menos explícitamente, que la razonabilidad sólo está de su lado, y surge rápida y crispada la acusación de autoritarismo frente a los intentos intervencionistas del estado. Sería un gran avance que, en cambio, reconozcamos que, además de la falta de certezas, hay un supuesto o actitud política básica a partir de la cual se originan las diferencias.

La cuestión de fondo reside en cómo nos paramos frente al poder, es decir frente a los grandes capitales. Las propuestas liberales se basan en atraer o seducir al capital, ofreciéndole seguridad y previsibilidad. Esto es, por sobre todas las cosas, seguridad de que los márgenes de ganancia a los que están acostumbrados no sean cuestionados o afectados. Si se dan tales condiciones, supone el modelo, el crecimiento económico será gradual e inevitable, y por lo tanto también los beneficios sociales que éste trae aparejado. En otras palabras, hablamos de la vieja y siempre renaciente teoría del goteo o trickle-down economics que, como puede leerse en el link, plantea que “el progreso económico depende del ahorro y la innovación, y estos a su vez dependen de la libertad de obtener grandes ganancias y de acumular enormes riquezas”.

La izquierda –o, si se prefiere, la heterodoxia, el peronismo verdadero, el kirchnerismo, etc.- lo ve distinto. Pero ojo: el punto esencial de disidencia no es la invalidez total del argumento liberal, sino su inaceptabilidad ética. La seducción del capital trae crecimiento, el problema es que es crecimiento injusto, en sus tiempos y en sus formas. Es crecimiento para pocos y pocas, y lento goteo para el resto. Basta cruzar la cordillera para ver a una hermana nación que lleva tres décadas de prolija apuesta a tales ideas, y que junto a sus numerosas e impactantes islas primermundistas muestra índices de desigualdad con pocos parangones mundiales. El planteo pro-capital implica, por sobre todo lo demás, aceptar las condiciones que el poder pretende para invertir.

Desde el otro lado, en cambio, se busca torcer el brazo del capital, obligándolo a aceptar menores márgenes de ganancia. Por supuesto, se acusará ingenuidad. El mundo es un lugar difícil, y quienes tienen el poder establecen las reglas del juego. Y si no las aceptás, tendrás que aceptar que se te fuguen 20 mil millones, como explica Miguel que sucedió luego de la reelección de Cristina, o –lo mismo pero desde un punto de vista global- 21 trillones hacia las guaridas fiscales que tan bien protegen los estados más poderosos. Y bueno. Es que es una historia tan antigua como el ser humano, eso de elegir cómo pararte frente al poder. Pero en fin, como nos avisan algunos valientes que dicen enfrentar a Goliat, en la vida hay que saber elegir.

Para ir cerrando, algunas precisiones adicionales. Acá se planteó lo que entendemos es el núcleo de la división de los paradigmas liberal e intervencionista. Pero se trata sólo de eso, del núcleo. El debate político es hipercomplejo y presenta cuasi infinitas facetas, derivadas de esa disyuntiva inicial. Un ejemplo claro y relevante es la inflación. Dice Miguel: “la impresión de dinero explica el 25% de inflación”. Este argumento, repetido ad infinitum desde pulpitos académicos y mediáticos desde hace décadas, parece hoy una verdad irrefutable. Sin embargo, es una simple y potente falacia. Más aun, en nuestros países, y en particular desde que se les complicó usar los bombardeos de plazas o las desapariciones, la inflación es una de las dos principales armas que tiene el capital para derrotar al populismo. Y de hecho están, una vez más, ganando el partido: el aumento sostenido de precios lleva a las tensiones devaluatorias, alimenta los problemas de balanza de pagos y debilita el apoyo popular al gobierno. No lograr impedir el lento, oculto y continuo accionar de los formadores de precios es seguramente el principal fracaso de los diez años kirchneristas (y reconocer esto no implica dejar de valorar el esfuerzo de quienes les toca enfrentar ésta, una de las más difíciles batallas). Y para que quede bien claro: la “inflación” es sólo una manifestación más del conflicto entre capital y trabajo. Parece mentira, pero la propaganda es tan poderosa que es necesario aclararlo: las empresas más grandes remarcan porque pretender mantener o aumentar sus márgenes, no porque sus gerentes, junto al café de la mañana, chequearon la evolución de la emisión monetaria.

¿Y cuál es la otra arma principal con la que cuenta el capital? El sistema mediático, por supuesto, que incluye a su bien cuidado generador de contenidos, la “academia”. Nada, salvo quizás la inflación, es más efectivo para los intereses de las elites. Es por eso notable escuchar voces desde el campo nac&pop proponiendo no insistir con esta batalla. ¿De verdad no se dan cuenta? ¿Realmente no perciben cómo son los procesos de formación de ideas políticas de la gente no especializada? Y del impacto que esto tiene sobre la dinámica democrática, gracias a millones de personas que acaban por interpretar la política de forma opuesta a sus intereses.

Pero en fin, meternos ahora en la principal batalla cultural haría demasiado extenso el post. Creemos que el artículo de Miguel es una exposición seria y precisa de la visión liberal. Por eso este intento de respuesta, aun reconociendo que, luego de las PASO, el pesimismo de la razón tiene contra la cuerdas al optimismo de la voluntad.


[1] Nota al pie: proponemos que la instalada caracterización “pro-mercado” para las políticas liberales es imprecisa. Es evidente que el modelo económico del último decenio no niega la relevancia (o la inevitabilidad) de los mecanismos de mercado. Más preciso seria hablar de políticas pro-capital, frente al modelo vigente que intenta priorizar, a través de la intervención estatal, altos niveles de empleo, gradual redistribución de la riqueza y expansión de la red de protección social.

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Our boy in the Pampas

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Presenciábamos hace algunos años una teleconferencia. Exponía un alto ejecutivo de una de las más grandes multis del planeta. Hablamos de una de esas megacorporaciones de dimensiones suficientes como para repartirse con su (supuesta) competidora varios pasillos de las góndolas de los híper y supermercados del mundo occidentalizado. El expositor comentaba, como al pasar, lo fácil que en realidad resulta fabricar jabón en polvo. Fue entonces que, desde este lado del Atlántico, alguien levantó ansiosa e ingenuamente la mano, para preguntar cómo era posible que, si es tan fácil la fabricación del producto limpiador, sólo esa empresa y su (supuesta) competidora se repartieran prácticamente todo el mercado. El alto ejecutivo miró entonces, desde allá lejos y por un instante, fijo a la pantalla. Esbozó luego una leve y sincera sonrisa y, con las cejas arqueadas y la mirada brillante, respondió con una sola y potente palabra: “marketing”.

Que interesante. Pero, ¿será entonces que no es tan cierto eso del libre juego de la oferta y la demanda, o la resultante destrucción creativa shumpeteriana? Puede ser pero, de todos modos, reconozcamos algo: tampoco podés bimonopolizar el mercado del jabón en polvo si el producto no tiene algunos méritos propios. Y coincidirás que lo mismo podrían argumentar lxs fans de Sergio Massa: ¿cómo que Massa es un invento? Informáte un poco antes de hablar. Massa condujo la Anses hacia su notable recuperación. Massa fue jefe de gabinete en lo agrios días que siguieron a la 125. Massa es un intendente excepcional: adicto al trabajo, no deja mail o carta de abuela sin responder. Así como el Néstor del ‘88 se subía al camión limpianieve a la hora en que los mortales más normales recién empiezan a calentar la pava del mate, Massa no ha dejado cuadra de Tigre sin atender. Su éxito electoral dice todo lo demás: Massa es una masa, y su proyección nacional era simplemente inevitable.

Bueno, no. No estamos de acuerdo. O sea: sí, aceptamos las premisas. Pero no la conclusión. Su proyección nacional no era inevitable. Intendentxs capaces y laburantes no faltan. De hecho, también hay varixs gobernadorxs que cumplen, trancas, con esos méritos. Y un respetable número también puede mostrar pergaminos nacionales previos. Sin embargo, casi nadie logra trascender su terruño y proximidades por sí solo, es decir sin la ayuda de -por decir un ejemplo- un cabezón algo flojito jugando al ajedrez. Pero, ¿por qué Massa sí lo ha logrado? Esta, proponemos, es una pregunta esencial. Esencial para comprender un elemento nuclear de la política argentina y latinoamericana. O, si preferís: entender cómo lograron hacer de Massa alguien conocido y simpático para una relevante parte del pueblo no politizado es fundamental para intentar comprender como instalan candidatos quienes tienen poder de verdad.

La pregunta es interesante más por lo que no sabemos que por lo que sabemos. Hay que ir armando la respuesta, juntando piezas de a poquito. Sabemos, por ejemplo, que el intendente de Tigre ha realizado masivas inversiones en periódicos zonales de la PBA, muy leídos por su primera constituency, es decir aquellxs que han superado los 60 inviernos. Bien sabemos también -y digámoslo citando palabras de una de las plumas más renombradas de la prensa independiente- que “Massa siempre se mostró agradecido con los dueños de los medios que, considera, lo ayudaron”.

Todo esto sirve para ir intentando la deconstrucción de la proyección de Massa (proyección que, vale resaltar, no es relevante para este análisis en su dimensión actual, sino en los guarismos que ya lograba hacia mediados del año pasado, antes de oficializarse la coronación mediática). Hay además otro episodio que, aun si se trata también de sólo un ingrediente, es quizás aún más útil para intentar comprender las estrategias que utilizan los que saben. Nos referimos a aquel famoso Gran Cuñado, de Marcelo Hugo Tinelli, aquella obra de arte de la propaganda política que, con sus 46 puntos de rating, hizo posible el alica-alicate del 2009. Quizás es difícil acordarse ahora pero, para aquellxs con buena memoria: ¿no recuerdan haberse sorprendido un poco al escuchar que en la lista de “invitados” estaba el entonces jefe de gabinete? Es como si en una edición 2013 estuviera el compañero Abal Medina. Raro. Tan raro como efectivo para incrementar el conocimiento popular de Sergio Massa.

Pero como no somos especialistas en TV argenta, más no podemos agregar, salvo señalar la convicción de que este cauce mediático es todavía el que más pega, por lo tanto el que más les sirve, el que más usan, el que más les importa. Y resumiendo, entonces, ¿cómo logra un joven talento, uno entre tantxs, ser protagonista tinelliano, tener tanto dinero para financiar periodismo independiente, o salir durante años en cuanto noticiero exista? A riesgo de caer en excesos conspiracionistas, y abriendo a desgano las puertas a la golpiza, postulamos: esto viene siendo armado, planeado y ejecutado hace rato. Massa es una operación, hasta ahora exitosa. Con un ancho falso lograron llegar al vale cuatro. Y hasta por ahí ganan los puntos de esta mano.

Y si no los ganan, mañana se hará otro intento. Lo trascendente, igual, no son los nombres propios, que en pocos años se vuelven irrelevantes. Lo importante es lo que no cambia, que en este caso es el poco conocido hecho de que hay muy poquita gente que, desde el otro hemisferio, maneja los últimos hilos de enormes y multidimensionales arenas mediáticas. Gente que sabe de comunicación mucho más allá de lo que la mayoría podemos siquiera imaginar. Y que labura con paciencia y habilidad, mientras por acá nos distraemos con irrelevantes divisiones, por cierto típicas de pueblos desunidos y desorganizados. Y que están siempre –siempre, en sus pagos y en los nuestros- a la búsqueda de candidatxs potencialmente carismáticos a quienes el statu quo no les produzca dolor de estómago. Hablamos de gente que, insistimos, ejecuta hace rato y con efectividad idénticos laburos pero en mercados mucho más grandes, más antiguos, más controlados. Gente que oligopoliza las góndolas haciéndonos creer que tenemos elección. Gente que sabe mucho de marketing. Y más aún de política[1].

 


[1] Y cambiando (sólo un poco) de tema, y porque no podemos o no sabemos o no queremos contenernos: ¡qué bien saliste en la tapa del diario, Lorenzo! Felicitaciones desde la balaustrada. Nos comprometemos con vos a hacer lo posible para que las futuras generaciones no olviden esta imagen -ni su historia, ni sus consecuencias.

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Las décadas ganadas

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Más que una década ganada, llevamos tres. Desde 1983 a la fecha nos hemos convertido en una democracia consolidada, promotora incansable de la integración regional, pacifista y desmilitarizada como pocas. La Argentina es hoy una de las naciones más innovadoras del mundo, que con tal vez joven y/o frustrada prisa, pero sin pausa, expande derechos y expande su estado hacia lxs más débiles. Más aún: este lejano rincón del planeta viene enfrentando, como en pocos lugares, a sus elites dominantes, que aquí, como en casi todo el mundo, se habían ya acostumbrado a la eficaz domesticación de las mayorías atontadas. Un análisis con suficiente perspectiva temporal debería enorgullecernos. Esto dicho sin dejar de reconocer que el camino ha estado –inevitablemente, y en cada una de las tres décadas- lleno de errores. Ni tampoco pretendiendo ignorar que todavía estamos marcados por profundas y vergonzantes heridas. El paraíso está lejos, pero el infierno que se vivió hace menos de dos generaciones parece aún más distante.

Frente a esta situación, seria dable esperar encontrarse con una sociedad enfocada en seguir mejorando, enfrentando unificadamente los complejos desafíos del desarrollo. Mejorar las escuelas, humanizar el sistema penitenciario, profundizar la incipiente industrialización pero mejorando a la vez el cuidado de nuestro privilegiado medio ambiente –estas son las cuestiones que deberían ocupar las tapas de diarios, las disputas en las redes sociales o los omnipresentes noticieros en los bares urbanos. Sin embargo, un simple asomarse al debate público da cuenta de una sociedad nerviosamente agitada, polarizada, enemistada. La temperatura reinante es la de una sociedad agriamente fracasada. Quienes no se sienten representadxs por el partido gobernante parecen, en su mayoría, odiarlo. La Argentina va hacia el abismo, argumentan. Somos una dictadura en ciernes, una cletocracia –perdón, una cleptocracia, gobernada por incurables y deshonestos fascistas.

¿Cómo es esto posible? ¿Qué le pasa a la querida Argentina, que no logra percibir que merece acariciar y elogiar, al menos un poco, su lastimada alma? Acá va una hipótesis: buena parte del problema está en el origen. Al igual que nuestros países hermanos, somos producto de una compleja mezcla. El europeo vino a conquistar, depredar, esclavizar. Pero, y a diferencia de la mayoría de nuestros hermanos, más tarde vinieron tantos desde el Viejo Continente, que buena parte de esa parte se creyó eternamente parte del él. La Argentina es blanca, linda y ordenada, y guarda con pretender lo contrario. Y fue así que se consiguió un nutrido y voluntario ejército, siempre a disposición de quienes viven (generalmente afuera) de llevarse la plata, o la soja, o las ganancias extraordinarias – ganancias resultantes, a todo esto, de márgenes muy poco ordinarios.

Claro que, cuando por milagros de la democracia, y no más de tres o cuatro veces por siglo, aparecen líderes que ayudan al pueblo a despertarse, hay que ponerse a laburar un rato. Antes era bastante más simple: se aceitaban rifles y cañoneras, y se ponían rápidamente, y con poco más que un golpecito, las cosas en su lugar. Pero como parece que la humanidad, a pesar de todo, un poco avanza, llegó un punto que esto se hizo más complicado. Fue ahí que los medios de comunicación masiva se hicieron esenciales. Dame una CNN (y repetidoras) y tendré al patio trasero bien dominado. Dirás que hará falta mucha gente para llenar páginas y pantallas. Don’t worry, y releé el párrafo de arriba: siempre habrá un nuevo soldado al servicio de la prensa libre e independiente, sinceramente convencido de nuestra causa. Y a lxs mejores, aun si intragantablemente impresentables, les darás infinita pantalla.

¿Qué hacer frente a tan desolador panorama? Lo más inteligente sería, por supuesto, rendirse y disfrutar de la buena vida, y de una cómoda cama. Pero como si llegaste a este párrafo seguro no te toco ese buen karma, busquemos alternativas. Antes que nada, estudiemos sus fuerzas. Hay dos componentes básicos en la soldadesca antitotalitaria. Por un lado, los espíritus de derecha. Con ellos, creemos, no hay mucho que hacer, más que aceptarlos como parte insondable del misterio cósmico. Y si alguien tiene la fórmula de cómo cambiar a alguien que, por ejemplo, cree que tiene el derecho a impedir el matrimonio de dos chicxs que se aman, por favor que chifle, o al menos que publique un paper en alguna prestigiosa revista especializada.

Lo que nos interesa es la otra parte. Hablamos de esa linda gente, tan buena como apolitizada, que transpira cada mañana en el bondi o en el tren o hasta en su auto modelo 2011, y que quiere conocer o volver a ver a Barcelona y a Venecia, y que, que te parió, pide que no le vuelvas a hablar de tu puta revolución. Hablamos de una parte relevante de la querida y muchas veces injustamente denostada clase media-media argenta, fuente de vertientes culturales y de hábiles deportistas que darán bastante que hablar en los siglos venideros. Hablamos de, ponéle y siendo cautos, un diez por ciento de la argentinidad. Un diez por ciento que si en vez de bardearlo lo logramos conquistar, hasta por ahí si se termina de hacer carne ese viejo sueño de la liberación e independencia.

Imposible, dirás vos. No. Es cuestión de plata. Y no es por denostar. La plata nos gusta a todxs. Y permitínos no desarrollar esa premisa, para ir directamente a los bifes. ¿De cuántos dólares blue estamos hablando? Ponéle que tres o cuatro puntos de PBI. Muchísimo, más o menos lo que hoy juntamos con las retenciones. ¿Y en que usarías esa plata? En subsidiar masivamente educación y salud privada. Y en crear, de una vez, sistemas de transporte público que se parezcan a los de Alemania. O sea: en ahorrarles plata y denigración a varios millones de pacíficos compatriotas. ¿Vale la pena, realmente? Claro, ¿o acaso querés ganar en 2015 como el compañero Maduro, con un magro porcentaje que le dará aire al cantado canto de escandaloso fraude? Necesitamos llegar al 60%. Y si es un poco más, mejor.

Si compraste el argumento, o estás cerca, viene lo más difícil, e importante: ¿de dónde sacamos los recursos? Volvé al final del quinto párrafo, contando desde acá. O, si te da fiaca, repetimos: de los que se llevan casi infinita plata. Hablamos de las multis: mineras, bancos, laboratorios, hipermercados, y la lista sigue. Y sigue. Hablamos de consolidar el camino que el gobierno de Cristina viene valientemente insinuando. Hablamos de impedirles, pero de verdad, que sigan subiendo precios cuando logramos hacer subir los salarios. Hablamos de gente que, insistimos, en su gran mayoría no vive acá, y que cuenta con el sistema de medios internacional para “fabricar consensos, para sostener estrategias por las cuales el dinero y el poder son capaces de filtrar las noticias aceptables de ser publicadas, y así lograr que los intereses privados dominantes se instalen en el público”[1].

Y sobre cómo lograr esto podrían escribirse cien posts más. Pero resumámoslo así: hay que sacarle plata a los ricos-ricos, para dársela a la clase media-media. Y así seguir acumulando décadas ganadas.

 

 


[1] Herman y Chomsky, “Manufacturing consent”, 1988. p. 2.

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Resumen del domingo

Mientras hace ingreso a la infinita Internet este finito Resumen de Mediodía, van cerrando los comicios allá en Grecia. Y por si necesitás data para quedar bien en alguna conversación dominguera, aquí algunos números grecianos: la recaudación bajó 20 mil millones de euros en los últimos doce meses; sólo se están pagando jubilaciones y sueldos públicos (y se prevée que ni eso será posible dentro de un mes); se han vaciado los bancos (hasta 800 millones por día retirados en las últimas semanas, 50 mil millones desde el comienzo de la crisis); el PIB cae un 7%; la deuda está por los 530.000 millones de dólares; el desempleo en 22% y la pobreza ha llegado, rápida y lamentablemente, al 28%. Mamma mía.

Ya que estamos: medio billón de verdes es mucha plata, pero ojo que es lo que la Administración Bush acostumbraba agregar a la deuda pública de su país cada año (y fijáte el resultante paquetito le dejó al tibio de Obama). Por lo que no deberíamos sorprendernos mucho si la Grecia de junio de 2012 es el Estados Unidos de… Completálo vos, pero mejor si después de ver estos gráficos, y leer este post.

Pero, por ahora, el lío grande está en Europa. Leímos: los bonos alemanes pagan las menores tasas en 500 años; pero en breve un motor importante de la fuerza germánica puede averiarse (sus exportaciones a China).

Mientras, la deuda española supera el 70% del PBI, casi €800 mil palos. Y lo peor está por venir: para fines de año estará ya en el 84%, con 45 mil palos nuevos. Y estos números son anteriores al salvataje bancario de la semana pasada. Y justo Lorenzino decía anteayer: “por nuestra propia experiencia, cuando la deuda de un país supera el umbral del 30% de su PBI ya no se puede hablar de deuda soberana”.

En Roma manifestaron entre 100 y 200 mil personas llegadas de toda la península, en encuentro organizado por los tres principales sindicatos. En tanto, están por poner en venta a las primeras joyas de la abuela, como Finmeccanica. Ponéle que para el 2021 la estén renacionalizando.

Y los franceses concurren hoy a las urnas para renovar la totalidad de la Asamblea Nacional. El resultado determinará si el nuevo presidente socialista tendrá o no mayoría legislativa.

Que buen momento para ser de Argentina. Acá las noticias son de otro tono. Por ejemplo, nuestra situación de deuda pública, a diez años del default, es de 33,4% del PIB. Y mejor aun si lo miramos así: “La economía está expuesta a una nueva crisis internacional, no obstante tiene dos notables activos a su favor: el nivel de reservas internacionales (10% del PBI) y el bajo nivel de endeudamiento en moneda extranjera (8%)”.

Pero parece que esto le molesta a lxs integrantes de la Corte Suprema de Justicia, que pretende que la Anses gaste 21 mil palos mas por año para compensar a los jubilados más ricos (y 43 mil palos más en un único pago). Todo indica que la CSJ no logra interpretar que le ha tocado una época donde se aprendió a priorizar a los más pobres, a la vez que a la solidez fiscal. La cosa es paso a paso, y en esos años no se podía aumentar a todos. Es puro sentido común, pero habrá que explicárselo. Y jóvenes radicales, por favor: hablen con quienes hablan en ese artículo.

Puja estado-grandes empresas. Ejemplos de esta semana:

-Tras constatar irregularidades en la liquidación de divisas, la AFIP suspendió el beneficio del reintegro aduanero a más de 100 mil operaciones.

- ARBA responsabilizó a 133 grandes empresasde CABA y GBA por evadir Ingresos Brutos por $ 160 millones.

-Gracias a las medidas de control, la salida de divisas a través del contado con liquidación bajó de un promedio mensual de USD 572 millones en el año pasado a USD 38 millones en mayo de este año.

Recordemos que la receta del golpismo económico “es muy sencilla: lograr que la demanda de dólares sea máxima, y la oferta mínima”. Y el procedimiento “es más sencillo: se juntan unos cuantos amigos en el confortable comedor de alguna casa y acuerdan no vender esa divisa. Y listo.

Pero hay avances: “desde que se impusieron las restricciones, el Banco Central pasó de perder reservas a acumular reservas, los cinco meses previos a las restricciones se habían perdido 5000 millones de dólares, pasó a acumular 5.600 millones de dólares. O sea, recuperó y ganó”.

Pero hay retrocesos: el economista Weisbrot, fan argento, decía que “la inflación en Argentina obedece principalmente a problemas del lado de la oferta, se puede reducir en el tiempo incrementando la productividad y la competencia en algunas áreas donde hay demasiado poder monopólico”. Por eso no podemos entender porque el gobierno autorizó la compra de EKI por parte de Carrefour. Ni tampoco entendemos porque este tema no es tema prioritario en Página, Tiempo o Miradas.

Más cuando, “según un estudio de la UBA, el margen neto promedio sobre facturación de las cadenas de supermercados en Europa y Estados Unidos es del 1,5 por ciento. En Argentina ya alcanza el 3,8 por ciento”. Más del doble de lo que ganan allá. Adiviná quien garpa la diferencia.

Elogios. Se sigue inyectando plata en la economía, por ejemplo, “el nuevo directorio de YPF decidió que destinará recursos por unos 16 mil millones de pesos en este año para ampliar la producción de hidrocarburos. Fondos que el anterior accionista controlante pretendía distribuir entre los socios sin ningún impacto positivo en la actividad doméstica”.

Y también, claro, el programa Pro.cre.ar, sobre el que leímos: a) los que posean un terreno, podrán a partir de mañana iniciar los trámites para los créditos; 2) es “de las medidas más fuertes que impulsó CFK en sus dos gobiernos, ya que se está inyectando casi un punto del PBI”; 3) “puede ser un puntapié para pensar en otras herramientas, como un banco de tierras en donde el estado salga a capturar inmuebles que están vacíos y destinados puramente a la especulación”.

También leímos que desde Santa Fe se aportarán 3000 terrenos; y que de las 1820 hectáreas en manos del Estado que se abren ahora, sólo 700 están bajo la órbita de Defensa. Esto porque no incluye al ya famoso golf de Pacheco –ni casi nada en realidad de las 884 mil hectáreas que tienen las Fuerzas Armadas. Hay que avanzar más por ahí, hay muchísima tierra urbana subaprovechada.

Quizás lo leyeron en otro lado, nosotros nos enteramos acá: el sciolismo votó con Franja Morada y la izquierda no peronista para vencer al kirchnerismo en el Congreso de la FUA. Quizás es porque: “necesitamos ya 2800 millones” para afrontar en tiempo y forma sueldos y aguinaldos de 550.000 empleados bonaerenses, de los cuales 230.000 son docentes (y de acá a fin de año, necesitarán financiamiento por $ 10.000 millones). Si querés saber porque la PBA vive quebrada, podés leer este buen artículo.

Más de política: un líder gremial “recibió amenazas de bomba y llamados intimidatorios luego de alejarse del espacio que lidera Hugo Moyano”.

Breves:

-Internet: “los gigantes de la red -Google, Facebook, Apple y Amazon- están construyendo inmensos centros de datos en las zonas áridas”. Y la NSA (National Security Agency, agencia de espionaje desde Estados Unidos hacia afuera) también está guardándolo todo,en el backup más ambicioso del planeta”.

-Internet II. Dice la directora ejecutiva de Wikimedia: “La preocupación es si las condiciones que permitieron la existencia de Wikipedia van a seguir estando dentro de diez años (…) Internet es un nuevo entorno donde la gente puede operar mucho más rápido y de manera más inteligente. Pero también hay muchas personas con poder de decisión que no saben qué hacer con eso y los atemoriza”.

-Calidad de vida. Buen post en Hache, fijáte en la primera tabla: acceso al agua potable: un cuarto de los hogares no lo tienen en el NEA y en el GBA. Por eso, lo de AySA es fundamental.

-El ausentismo docente en las escuelas secundarias alcanza niveles de entre el 18 y el 25%. Lanzan un plan con apoyo de Ctera.

-Aerolineas: incorporó su 19° avión nuevo desde la estatización.

-Medios, primero en USA: la CNN tiene su rating más bajo en 20 años porque “los estadounidenses han comprendido que los grandes medios, sometidos al control de grupos empresariales, manipulan las informaciones”.

-Medios, segundo en México: “si bien el movimiento #YoSoy132 se declara apartidario (…) se combina con una crítica a los medios de comunicación concentrados. En ese sentido, México deja a la Argentina como el paraíso de la pluralidad informativa: Televisa y TV Azteca concentran el 95% de las concesiones de televisión”.

-Matanza en Paraguay. Quizás esto recién empieza: el próximo presidente podría ser colorado y terrateniente.

-Biolcati. Luego de reunirse con el nuncio apostólico, explicó que el lock out  que terminó el martes “fue un paro destinado a los que saben leer entre líneas y espero que lo sepan”.

-Comienzan, finalmente, las obras para soterrar al tren Sarmiento.

-Si tenés ganas de reírte, poné esta música y luego leé despacio, con unos carilina a mano, esta columna de Ferreres (en Brasil “todos se sienten identificados si algún empresario figura entre los más ricos”).

-Egipto. Acá alertan que puede convertirse en lo que fue Argelia luego de la cancelación de las elecciones de 1991. Ojalá que no.

-CFK, en la ONU: “Naciones Unidas parece tener un doble estándar, que depende de si uno es o no miembro del Consejo de Seguridad”.

Para cerrar. Cuando algún día tengamos que explicar que hicieron Clarín y La Nación durante el resurgimiento de la Argentina, usaremos quizás esta cita. La Nación preguntándole con inocencia a alguien que odia al oficialismo: “¿Y no le preocupa que ese clima derive en una ruptura social grave del tipo peronistas-antiperonistas, federales-unitarios…?”.

Y mientras, nuestra querida amiga M., gran madre, ciudadana y laburante, que le interesa muy poco la política y sólo consume TN y Clarín (si, quedan millones), nos manda por mensaje de facebook y junto con el videíto pro cacerolismo, un mensaje indignado, pero a la vez esperanzado, dado que estaba segura que esta vez le daríamos, finalmente, la razón: “Y, siguen siendo K todavía?!”. Esto sólo para intentar aportar en lo del tema de las audiencias redundantes que viene proponiendo Artemio. Es que sería un error subestimar la capacidad remanente de propagación del virus G.

Y hablando de eso y aprovechando que fue el aniversario del bombardeo de la Plaza, a quienes les interese pueden leer esta carta, y este post (el primer discurso, imperdible). Y así recordar -bien viene en estos tiempos-, que cuando a la violencia se la responde con violencia, ganan los violentos (gran error de Perón el que se escucha en el discurso).

Pero no ganarán. Esto -hay quienes dicen y cantan- porque todo, eventualmente, va cayendo en su lugar. Feliz día a los padres detrás de la pantalla.

Vamos por más

La estatización de YPF no garantiza que lograremos terminar con el déficit energético. Tampoco  asegura la optimización de nuestra matriz energética a partir de la incorporación de más energías renovables. Ni siquiera confirma la ampliación de la producción de hidrocarburos. Todo esto es probable, pero dependerá de la capacidad del gobierno de mejorar globalmente la política energética -para lo cual, claro, se ha dado el lunes 16 un paso esencial.

El principal dato que deja la recuperación de YPF no tiene de hecho que ver con la política energética, sino con la política en general. Esto es: la dirigencia política argentina se anima. Se anima a mejorar -corrigiendo errores del pasado- y a innovar –al punto de que hay hoy muy pocos países que  puedan mostrar el nivel de profundización de políticas de cambio estructural como el que se ve en el  nuestro.

Y decimos con claridad “dirigencia política”, en lugar de peronismo o kirchnerismo, porque es cada vez más evidente que la mejora supera al legado de Néstor o al liderazgo de Cristina. En efecto, las principales políticas que se han implementado desde 2003 –derechos humanos, deuda pública, estatizaciones, ley de medios- han contado con un creciente apoyo pluripartidario. Y la recuperación de YPF trae una gran noticia adicional: el apoyo de la Unión Cívica Radical.

No es común, en ningún país, que surja una clase política que se atreva a enfrentar a los verdaderos poderes de este mundo, es decir quienes mueven el dinero grande, las armas, los medios. Pero tampoco es común la historia reciente de nuestro país que, por caer tan bajo, aparentemente ha permitido el surgimiento de un excepcional espíritu de autoregeneración. Por supuesto que hemos tenido algo de suerte –los términos de intercambio en particular- pero todo indica que se trata de un fenómeno de maduración colectiva, que se trasluce especialmente en las nuevas generaciones, politizadas y demandantes, pero a la vez realistas en su ambición.

Necesitamos entonces aprovechar de este momento único para, más que nada, extenderlo en el tiempo. Sabemos bien que el proceso de transformación del país necesita, como mínimo, de dos décadas más de políticas de cambio estructural. La pregunta entonces es, ¿cómo logramos profundizar el modelo?

Hay dos planos en la respuesta. El primero, esencial, tiene que ver con las políticas económicas. Necesitamos mantener los superávits gemelos –hoy amenazados-  pero manteniendo a la vez la notable expansión que se da desde 2003 en la inversión social y en obra pública. Además, necesitamos institucionalizar la política comercial proteccionista; mejorar –mucho- la matriz energética;  desarrollar –mucho- la infraestructura productiva; y, quizás lo más difícil, terminar con la “cultura” inflacionaria de las corporaciones con capacidad de afectar precios, que son principalmente agentes del poder multinacional.

Lograr desarrollar estas políticas implica de hecho profundizar el conflicto con las corporaciones trasnacionales, ya sea para evitar los abusivas remarcaciones de precios o para apropiarnos de las, también abusivas, transferencias de ganancias a sus casas matrices.

Es fundamental entonces comprender que lo de Repsol no es nada. Lo más difícil está por venir. Y las puteadas que nos estamos comiendo estos días tampoco son nada. Van a ir in crescendo, justamente porque se están dando cuenta que en la Argentina está naciendo algo que, si no en fondo al menos en forma, es más presentable que el caribeño modelo bolivariano. Ergo, más amenazante.

Y esto nos lleva entonces a la segunda parte de la respuesta a la pregunta de cómo profundizar el proceso de cambio. Lo interesante es que esta segunda parte no tiene que ver con la economía, sino con la política. La única manera que el estado argentino podrá enfrentar con alguna chance de éxito a los factores de poder trasnacional –aquellos que les dan ordenes a Obama, Rajoy, Monti, etc.-  es haciendo lo que está pasando en estos días: trabajando en equipo, superando las –siempre algo artificiales- fronteras partidarias.

En otras palabras: la coalición multipartidaria que apoya la estatización de YPF debe hacerse estructural. Y, para esto, el gobierno de Cristina tiene que hacer lugar. Sería iluso pretender que radicales y socialistas nos apoyen si no les damos espacios de poder real –cargos ejecutivos, para ser más claros.

Estamos acostumbrados a pensar en gobiernos de unidad nacional para los momentos de crisis. Pero es al revés: necesitamos de la unidad para poder profundizar el éxito, es decir las políticas económicas que vienen demostrando que dan resultado en la lucha contra la pobreza y la desigualdad.

Lo dicho no quita que siempre habrá quienes no quieran integrar esta coalición: los liberales, que creen en otro modelo de desarrollo; los conservadores, que, bueno, son conservadores; los medios más poderosos, que son financiados por el gran capital; y –lo más triste- los dirigentes políticos y sociales cuyo ego es tan antiguamente grande que si no se les da lo que ellos consideran merecer (muchas veces con justicia) se enojan, restando apoyo a políticas con las que están en realidad de acuerdo. Pero no importa: quienes quedamos fuera de esas cuatro categorías somos, por supuesto, muchos más.

Resumiendo: la Argentina está aprendiendo. Por eso nos ladran, porque cabalgamos.  Pero no vimos nada aun, nos van a querer echar del G20 y mucho más. Es lógico, así funciona el mundo. Pero la Argentina, junto a buena parte de Sudamérica, se rebela. Nos rebelamos porque aprendimos. Nos rebelamos porque tenemos las riquezas para no tener pobreza.  Y nos rebelamos juntos, en equipo, porque sabemos que los que están del otro lado tienen mucho más poder que nosotros.

Compañera Presidenta, solidificar la coalición que se ve en estos días en el Congreso está en sus manos. En la compleja etapa que sigue, en la cual se profundizará el conflicto con el poder verdadero, el peronismo probablemente no va a poder por sí sólo. De más está decir que confiamos en usted.

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Resumen de Mediodía – 04/03/12

Hoy, en el día del reposo y el asado (o los ravioles), quienes gozamos del arte de la política buscamos, frente a tanto vértigo noticioso, algún lugar de donde agarrarnos. Pero ya nos venían avisando, hace varios siglos de hecho, que el 2012 fue, es y será movidito.

Comencemos por lo más duro, la tragedia de Once. Mientras se esperan los resultados de las pericias, aquí algunas preguntas relevantes. El panorama luce complicado para TBA, que además estuvo ofreciendo acuerdos a los familiares, pero que también hace rato avisaba (y se auto-avisaba) de los muchos problemas de los trenes metropolitanos. Esta semana se implementaría lo de los colectivos suplementarios. Acá una entrevista al secretario general de la Fraternidad Ferroviaria.

El discurso de apertura de sesiones de la Presidenta dejó varios temas para el debate. Empecemos con uno bien relevante: se modificará la Carta Orgánica del Banco Central, es decir una de las principales fuentes de financiamiento del estado. Leemos: “La decisión no implica que el BCRA dejará de “preocuparse” por la inflación, sino más bien se deshace de la visión monetarista del fenómeno, donde el único causante de los aumentos de precios es la emisión monetaria y un exceso de la demanda. En cambio, reconoce que el Banco Central y su accionar no sólo afectan los precios sino también, y fundamentalmente, la economía real. A su vez, permite realizar un abordaje de la inflación más complejo donde inciden distintos factores, como la puja distributiva y el sector externo”. Y en el mismo artículo, también leemos: “En el BCRA señalan que la iniciativa potencia el rol del organismo encargado de supervisar y auditar todo el sistema bancario (…) Si bien en el BCRA no lo reconocen, la Superintendencia se convirtió en un nicho de negocios financieros. A comienzos del año pasado (…) autorizó a un conjunto de bancos extranjeros a distribuir dividendos, que fueron girados al exterior, por una cifra cercana a los 800 millones de dólares, sin consultar a las autoridades del BCRA.”

Sobre el mismo tema, Calcagno nos recuerda: “buena parte del problema de la zona euro se debe a que el Banco Central Europeo no puede financiar directamente a los estados, y por consiguiente no consiguen evitar el riesgo de contagio; inventan fondos que se sabe son insuficientes, cuando bastaría con anunciar que el BCE no dejará que ningún Estado de la zona euro caiga en default para que la especulación contra ellos se desvanezca, y dejen de pagar tasas de interés usurarias, que finalmente causarán el default que recelan. La deuda pública de Estados Unidos, Reino Unido y Japón es mayor a la de buena parte de los países de la zona euro, y sin embargo pueden seguir financiándose a tasas mucho más bajas, porque cuentan con un verdadero prestamista de última instancia que, en caso de necesidad, sostendrá las políticas definidas por su propio gobierno”. También leemos a Heller, que dice que “seguirá trabajando para que la actividad bancaria sea considerada desde el punto de vista legal como un servicio público”. Y dice además:”apoyaremos el proyecto del Gobierno, pero vamos por más”.

Otro tema importante, la reforma, actualización y unificación de los Códigos Civil y Comercial de la Nación. Aquí dicen: “con ese paso, el gobierno nacional estará produciendo la más importante transformación de las leyes que rigen la vida cotidiana”. Pero desde la vereda de enfrente, avisan: “La reforma que el oficialismo proyecta en el Código Civil, para dar sustento jurídico a la reproducción humana asistida, los contratos prenupciales, el divorcio exprés y la gestación por sustitución, traducida como “alquiler de vientres”, amenaza con reflotar el conflicto del Gobierno con la Iglesia”.

Sobre el conflicto con sindicatos docentes, dice el ministro Sileoni: “las organizaciones gremiales no leyeron bien la realidad y el momento que estamos pasando. El año pasado obtuvieron un aumento del 27 por ciento y aún la pauta inflacionaria de la oposición es del 22 y pico por ciento. Este año hay una crisis internacional y es un año para tener mayor cuidado; es eso sólo lo que pedimos. Como ministro debo atender tres aspectos: los recursos del estado nacional, las demandas gremiales y las posibilidades que tienen las provincias, porque en muchas de ellas los docentes son el 50 o 60 por ciento de los agentes públicos y atrás de la paritaria docente hay un encadenamiento de las paritarias de los empleados públicos”.

Sobre la política energética, leemos: “Hay una preocupación real del Gobierno por las restricciones de la oferta energética, altamente dependiente de los recursos hidrocarburíferos, pero hasta ahora la única línea de acción claramente definida desde el oficialismo es la ofensiva de los gobiernos provinciales -dueños del subsuelo desde la reforma constitucional de 1994 –sobre las productoras petroleras, YPF en particular, para que presenten en forma urgente un plan de inversiones o bien se atengan a una inmediata devolución de las áreas”.

También leemos: “durante la década del ’80, a pesar del vaciamiento que había hecho la dictadura usando YPF para conseguir créditos en el exterior, Argentina tuvo en promedio 117 pozos de exploración de hidrocarburos por año. El 90% era de la empresa estatal. En el año 2010 (último dato disponible), los pozos de exploración en todo el país habían bajado a 26 y sólo ocho pertenecían a Repsol-YPF. (…) “Los números indican que la estrategia de YPF una vez que se privatizó fue maximizar las ganancias reduciendo las inversiones de riesgo, que son justamente los pozos de exploración””.

Acá dicen que discutir si YPF debe ser privada o estatal es poner el carro delante del caballo. Lozano critica: “Todavía no se ha replanteado el modelo de hidrocarburos que dejó el menemismo, entre otras cosas con la desregulación del sector y la libre disponibilidad de los recursos por parte de los privados. Este esquema se profundizó en 2006, cuando el Estado Nacional impulsó la Ley Corta, que completó la transferencia de los yacimientos a las provincias”. Pero parece contradecirlo el hecho de que: “el gobierno de Santa Cruz le dio cinco días a la petrolera YPF para justificar “la falta de inversiones” en esa provincia bajo la amenaza de retirarle la concesión en más de 20 yacimientos” -sumándose así a la casi idéntica movida de Chubut, cuyo gobernador nos robó una amplia sonrisa aprobatoria cuando leímos que le dijo al señor Juan Carlos: “el de YPF y el petróleo es un problema de los argentinos. El reinado de España que se ocupe de sus cuestiones monárquicas ”. Y ya que estamos, algo que parece bien encaminado sobre energías renovables.

Sobre las políticas industrialistas-proteccionistas, salió hoy algo muy interesante. De los informes que Wikileaks le dio acceso a Página 12, surge que en la empresa de inteligencia Stratfor varios creen que las multis exportadoras de cereales (ADM, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus) juegan para China en el tema de industrializar la soja. Que interesante: estamos hablando de empresas que están entre las que se llevan más plata cada año de la Argentina. ¿Será momento de recordar que en Australia y Canadá el comercio exterior de granos está estatizado, o es armar demasiado bardo?

Sobre las políticas de democratización de medios, leemos sobre los avances que de a poco se van logrando (y de cómo le está costando a Brasil). También recordamos que el otro día asumió un nuevo presidente en el AFSCA. Y una útil nota sobre el intenso trabajo que se viene en la Corte Suprema: pueblos originarios, minería, aborto, derecho a la vivienda, entre otros. Y también el art. 161 de la Ley de Medios, claro. Don Wainfeld lo explica suavemente; nosotrxs, que a esta hora ya tenemos hambre, lo decimos así: si la CSJ privilegia a Clarín, va a haber quilombo.

Sobre la extranjerización de las tierras, el goberna de Río Negro “pateó el tablero y aseguró que se avanzará en la recuperación de tierras públicas que se entregaron “al capital extranjero y a los amigos del poder””. Y fijáte acá los precios por hectárea que algunos afortunados han pagado para tener su chacrita patagonica.

También sobre las tierras, “hay seis proyectos de ley para reconocer las tierras indígenas como propiedades comunitarias. Esto es, crear un nuevo tipo de propiedad, privada pero no individual.” Y parece que hay un interesante antecedente ya aplicado en el Parque Nacional Lanín.

La primera hora del discurso de CFK del miércoles fue para defender el modelo económico. Creemos que se destaca un punto: a esta altura hablar de viento de cola es ingenuidad o mala fe. Aunque también están los que, escuchando la “desordenada, desprolija y hasta, sin exagerar, irrespetuosa exposición de la Presidenta”, concluyen cosas muy distintas.

Si andan con tiempo y ganas para seguir leyendo, algunas noticias más que se destacan en los diarios de hoy y de la semana que pasó:

- En tres operativos realizados en San Luis, pudieron ser rescatadas 41 mujeres que eran sometidas a explotación sexual en prostíbulos. La mayoría de las víctimas son de nacionalidad dominicana, hay varias paraguayas, dos argentinas y una brasileña.

- Un chico denuncia haber sido violado en una comisaría de Grand Bourg. Dice su abogado: “Este pibe forma parte de los marginados del Conurbano. Hacía meses que venía sufriendo un verdadero hostigamiento (…) Apenas lo veían, lo corrían. Es el trabajo que habitualmente realiza la policía con chicos vulnerables para que trabajen para ellos. Es una forma de amedrentarlos”.

- Estados Unidos ya tendría preparados cargos por si logra extraditar a Assange. Y recordemos que esta semana hubieron supuestas, multinacionales y simultáneas detenciones a militantes de Anonymous (que luego lo negó).

- Hubo un interesante fallo por la libertad religiosa en la enseñanza pública en Salta.

- Se dio fin a las pensiones graciables (y un tema del que nos gustaría saber más, mencionado por CFK en el discurso: las jubilaciones de 95 lucas. No vimos notas al respecto).

- Greenpeace dice que la nueva semilla (la resistente a la sequía) es un problema.

- Para lxs que piensan que el avance del estado es sólo un tema de las democracias emergentes, pueden leer esto (y ojo con las palabritas “oligarchs” y “class warfare”).

- Si andás en busca de emociones fuertes, podés ver online las elecciones en Rusia (aguante Internet).

- Una gran candidata a frase de la semana: “Conclusión: un cigarrillo y una Crisis Orgánica, en este país, no se le niegan a nadie”.

- Ah: si vas al casino, lleváte el celular (o una máquina de fotos).

Para cerrar, primero: fijate esta tapa de Perfil y este artículo de Clarín (y satélite). Por eso tendemos a coincidir cuando leemos que “Macri y sus aliados mediáticos han decidido jugar su suerte a la creación de una atmósfera de sospecha, miedo y odio” (pero, dicho esto, una autocrítica: estaría bueno que cuando se informa sobre el tema de los subtes se aclare mejor que no toda la plata fue transferida –estaría bueno no sólo para mejorar el debate, sino también para no hacer los mismos errores que criticamos y así perder legitimidad).

Segundo: a la oposición progresista (o así autodefinida al menos) queremos avisarle, por si hace falta, que cada cosita que digan será magnificada por la prensa opositora. Ergo le pedimos por favor que escuchen, mastiquen y luego levanten la apuesta que les hizo CFK el miércoles, cuando cerró el discurso diciendo: “lo que es importante es seguir acercando ideas, lo que es importante es que no dejemos manejar la agenda por tres o cuatro monopolios que les importa un corno ustedes, y la Argentina”.

 

Que sesenta años no son nada

Una de las características estructurales del modelo de gobierno iniciado en 2003 es la continua expansión del gasto público, que acumula desde entonces un notable crecimiento anual promedio de cerca del 1% del PBI. Se defenderán aquí tres argumentos: 1) mantener esta tendencia es uno de los objetivos más importantes a cumplir durante un tercer mandato kirchnerista; 2) lograr seguir ampliando los recursos fiscales implicará avanzar sobre los sectores más poderosos del sistema económico, aquellos que se sustentan en plataformas político-corporativas transnacionales; y 3) en consecuencia, el camino a andar será difícil, pero presenta una oportunidad excepcional para que la Argentina se siga consolidando como democracia innovadora que muestra avances concretos en la ampliación de los derechos ciudadanos.

Siempre enmarcado en una responsable e inteligente política fiscal y de desendeudamiento, el incremento de la inversión pública de los últimos años incluye incluso una etapa fuertemente expansionista, que siguió a la crisis mundial iniciada en 2007 y que ya ha demostrado contundentes resultados positivos. Sin este aspecto troncal de la política económica kirchnerista, no podría explicarse la casi duplicación de la cobertura jubilatoria, los records de inversión en educación y ciencia, la asignación universal por hijo o, en general, la expansión de la inversión pública en todos los niveles del estado. Los mejores resultados se perciben –aunque no a través de la prensa aun predominante, claro- allí donde son más prioritarios, es decir en las zonas urbanas más degradas del país, que muestran un todavía insuficiente pero intenso ritmo de expansión en el acceso a los servicios básicos.

La contratara del incremento del gasto público es, naturalmente, la creciente presión fiscal. Al respecto es clave notar que, más allá del crecimiento económico, las mejoras en la administración tributaria y de algunos cambios menores en la estructura tributaria, fue la introducción de las retenciones a las exportaciones de las commodities lo que, por lejos, explica el incremento de la base tributaria desde 2003. El kirchnerismo no introdujo las retenciones, aunque sí las aumentó. Pero fue sólo a principios de 2008 que hizo su principal intento en política tributaria, a través de la luego famosamente frustrada Resolución 125, que pretendió introducir retenciones móviles.

Dos aspectos, a veces subestimados, valen resaltar de este hecho crucial de la dinámica política reciente: primero, que se trató de un intento de introducir un esquema impositivo innovador incluso a nivel mundial, innegablemente socialista, dado que el estado podía llegar a percibir, de acuerdo a la evolución de los precios, hasta el 90% de la renta originada en las commodities. Segundo, que el intento destituyente que siguió a la Resolución 125 dio el impulso definitivo al nacimiento del kirchnerismo como movimiento político masivo, sustentado en una ideología cada vez más identificable.

Está claro que el kirchnerismo es mucho más que la expansión del gasto público. La ley de medios, el matrimonio para todos y la política de derechos humanos muestran que la Argentina, al menos en esas áreas, está entre las democracias más innovadoras del momento. Incluso en lo circunscripto a la política económica se constatan otros elementos estructurales. Por ejemplo, la consistente decisión de privilegiar el resurgimiento de la industria nacional, algo que -como bien muestra la relación con nuestro socio Brasil- no es fácil de sostener para un país mediano en el (no es exagerado el adjetivo) feroz mundo globalizado.

Sin embargo, es esencial no perder el foco en cuanto a que la continuidad de la expansión de la inversión pública es un condimento indispensable para poder mantener el rumbo trazado primero con Néstor y ahora con Cristina como presidentes. Para esto, será necesario aumentar la capacidad del estado para apropiarse de la renta privada. Este desafío es clave no sólo por su propia relevancia, sino también por la complejidad que implica avanzar de manera tal que no se comentan dos errores que tendrían graves consecuencias políticas y económicas: por un lado, afectar a los sectores medios –a los cuales no se les debe aumentar la presión impositiva-; y, por otro, desincentivar la innovación empresarial, base esencial de la prosperidad.

Es necesario entonces afinar –y mucho- la puntería, avanzando casi exclusivamente sobre los sectores que generan excesos inaceptables de renta. Esto implica animarse a proponer un modelo de organización político-social que muy pocos países han logrado aun implementar (esas naciones del norte siempre elogiadas desde la “prensa independiente”, pero cuyas políticas troncales jamás sus editorialistas aceptarían para la Argentina).
Necesitamos varios puntos más del PBI de recaudación para poder avanzar hacia escuelas, hospitales, subsidios y demás responsabilidades del estado que se asemejen a los del “primer mundo”. Y esto puede hacerse sólo si se cuestiona un orden fáctico con profundas raíces no solamente en nuestro país, sino que en casi todo el mundo. De avanzarse en esta dirección, de hecho, se estará cuestionando una forma de organización social que permite convivir a empresas que se llevan decenas, cientos y hasta miles de millones de dólares del país cada año, con una sociedad y un estado aún pobres.

Hay que tener en claro que los actores que se verían afectados por este rumbo sólo de manera minoritaria corresponden a capitales locales. Los sectores generadores de rentas extraordinarias –es decir aquellas empresas que logran ganancias extramillonarias- están fundamentalmente en manos de enormes conglomerados trasnacionales. Esencial es entonces no subestimar su capacidad de resistencia: cuentan a su favor no solo con los obvios instrumentos de las embajadas y los organismos internacionales, sino también, y como viene observándose, con los más sutiles y poderosos mecanismos de influencia que derivan de su disponibilidad de grandes cantidades de capital y de su capacidad de afectar el nivel de los precios de gamas completas de bienes fundamentales.

Avanzar sobre los más poderosos –y no sobre los “perejiles” de clase media alta, por ejemplo (y si alguien tiene dudas sobre esto, permítase sugerir la tragicomedia “Dick y Jane”)- puede parecer una quimera. Pero las buenas noticias de estos tiempos son contundentes: por un lado, una porción significativa de la población parece creer que se pueden lograr cambios relevantes en el modelo de organización social; por otro, va quedando claro que, más allá de las inevitables desprolijidades y de los muchos “infiltrados”, el movimiento kirchnerista/peronista cuenta con líderes que vienen demostrando que, aunados por una ideología orientadora, saben trabajar en equipo. En este equipo destaca, por supuesto, la presidenta Cristina quien, con su capacidad oratoria, puede dar forma adecuada al discurso, presentando sin vueltas a la sociedad esta potencial profundización del modelo.

En resumen, se propone aquí que un tercer mandato kirchnerista sea aquel que se anime a plantear, sin disimulos pero por supuesto con humildad, el objetivo de implementar aquí, en el lejano sur y como se ha logrado sólo en contadas naciones, esos modelos nórdicos-escandinavos-socialdemócratas que ya parecen gastados de tanto ser usados como ejemplos. Diez años después de su crisis casi terminal, la Argentina puede así seguir consolidándose como democracia innovadora, que finalmente logra mostrar avances concretos hacia una sociedad más justa.

Por último y frente al inevitable escepticismo, permítase postular que tampoco sería tan extraño que sea en la Argentina donde se avance en una dirección que puede resultar todavía irrealista para un país latinoamericano. Al fin y al cabo, de plantear sin medias tintas y avanzar en este camino, Cristina no estaría haciendo más que retomar lo mejor del modelo que, hace ya bastante más de medio siglo -y con gran visión y la fogosidad propia de la época- Eva Perón le planteó a la sociedad argentina a través de varios inolvidables discursos.

Posdata: es necesario también ir poniendo en agenda un peligro de mediano plazo que acechará a la economía argentina de continuar las altas tasas de crecimiento. Como muestran hoy Irlanda, Gran Bretaña o España, puede crecerse muchos años con responsabilidad fiscal y aún así quebrar la economía como consecuencia de una burbuja crediticia. El crédito todavía es poco relevante en la Argentina; sin embargo, está creciendo a tasas muy altas. Tomando ya las riendas en el asunto puede evitarse un problema mayor dentro de pocos años.

Idas y vueltas

En dos semanas, Diputados tratará el presupuesto, la ley que más le importa al Gobierno para su gestión. El Senado quedará muy apretado de tiempo para su aprobación. El conglomerado opositor tiene estrategias diferentes entre sus miembros. Idas y vueltas del socialismo.” (Encabezado de un artículo de Página 12, 4 de noviembre de 2010)

Desde la radicalización de la puja política que siguió a la Resolución 125, el accionar del más que centenario Partido Socialista se ha caracterizado por zigzagueantes movimientos que han por momentos desconcertado a propios y extraños. Aún cuando una minoría de sus parlamentarios, dirigentes y militantes ha consistentemente apoyado las políticas del oficialismo, la gran mayoría del PS ha optado por mantenerse como uno de los pilares de la oposición. El socialismo, más que ninguna otra fuerza, le ha permitido al Grupo A mostrarse como una alianza heterogénea que logra dar cabida a la centroizquierda. De hecho, la relevancia del PS en el conglomerado opositor es tal que es altamente probable que, así como vienen las cosas, la principal formula opositora de 2011 incluya al gobernador Hermes Binner, su máximo referente nacional.
Sin embargo, es dable imaginar que no será ni tan fácil ni tan lineal el camino a seguir en los próximos meses para el partido de Palacios, Justo, Moreau, Estévez Boero y Bravo. Ya antes del voto no positivo, el kirchnerismo podía hacer gala de su política de derechos humanos, de la expansión inédita de la inversión social, de la duplicación de la cobertura previsional y de una política exterior autónoma y sudamericanista. Pero a partir de entonces y, más aun, desde de la derrota en las elecciones parlamentarias de junio de 2009, el gobierno de CFK ha profundizado decisivamente su carácter progresista. La prueba incontrastable es que el PS ha apoyado alguna de las leyes más importantes del gobierno de Cristina, como la estatización de las AFJP o la Ley de Medios.
El fallecimiento de Néstor Kirchner conmovió de varias maneras el escenario político argentino. Una de las novedades más relevantes es quizás que ha quedado finalmente evidenciado el masivo sostén popular al gobierno – un apoyo que durante tanto tiempo, y a veces tan efectivamente, fue sistemáticamente ocultado por la cadena privada de medios. Pero ¿quién puede ahora hacerse el distraído y negar que este es un gobierno que, con sus más y sus menos, privilegia los intereses del pueblo? Lxs lectores sabrán disculpar si uno peca entonces de ingenuidad al preguntarse que más necesita la dirigencia del Partido Socialista para decidirse a apoyar de una vez al gobierno de Cristina.
Permítaseme imaginar dos respuestas posibles a la cándida pregunta, de manera de presentar a su vez los contraargumentos. Primera respuesta posible: “el kirchnerismo es corrupto”. Contraargumento (en forma de preguntas): a) ¿es la corrupción un problema de este gobierno, o es un mal de época que llevará largo tiempo erradicar?; y b) ¿alguien realmente se siente en este aspecto tan libre de pecados como para arrojar la primera piedra?
Segunda respuesta posible: “este gobierno sólo enfrenta a algunas corporaciones, pero deja a tantas otras enriquecerse impúdicamente”. He aquí un buen argumento. Todo indica que, efectivamente, el gobierno no ha sido parejo en la política de apropiación pública de las ganancias extraordinarias. Pero entonces, cabe preguntarse (y esto también se aplica al punto anterior): ¿no es acaso desde adentro, conformando una coalición, que el socialismo podría ser más efectivo para cambiar el rumbo de gobierno ahí donde sea necesario?
Seguramente algún lector/a de raigambre peronista sonría frente a este discurrir de ideas, en su certeza de que el socialismo argentino contiene un irredimible gen gorila que no podrá jamás ser extraído. Puede ser, pero ojalá tal lector/a se equivoque. Muchas democracias han ya mostrado que los gobiernos de coalición pueden ser efectivos sin por eso dejar de lado su diversidad. Pluralidad que, por otra parte, no hace más que reflejar la rica heterogeneidad de las sociedades que gobiernan.
Un PS críticamente aliado al gobierno de Cristina podría enriquecer poderosamente el diálogo político argentino, a la vez que permitiría que se avance en el Parlamento con más y mejor fuerza en la agenda de reformas. El PS se distinguió nítidamente de otras fuerzas opositoras al no venderse al monopolio mediático. Eso le ganó un valioso capital intangible, que puede y debe saber usar.
No es que sorprenda que la dirigencia socialista parezca decidida a sellar una alianza con ese pequeño sector de izquierda que tiene el radicalismo. Una formula Alfonsín – Binner (o viceversa) enriquecería a la democracia y dará lugar a un rico debate electoral con la fórmula oficialista. Pero quizás es momento de ir por más, de ir por el camino que vienen proponiendo Jorge Rivas, Ariel Basteiro, Oscar González y tantos otros. Sin embargo, permítaseme concluir con la intuición de que, si tal cambio de rumbo se da, no será liderado por quienes hoy conducen al PS, sino por las juventudes militantes que sienten y piensan que otra Argentina está naciendo.

Ceder es fortalecerse

La pronta reacción del Jefe de Gobierno de la Ciudad, que calificó de fascista al gobierno, y los comentarios de los formadores de opinión de los dos principales medios gráficos de Buenos Aires, que ya desenfrenadamente intentan deslegitimar el sustento democrático de la administración CFK, son claros signos de que con la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual se afectarán intereses concretos y relevantes de la derecha argentina.

De cumplirse con la transferencia de propiedad de cientos de medios en el próximo año, será difícil que la agenda pública vuelva a ser tan evidentemente encauzada por las visiones y los intereses de los grupos de poder conservadores. Esto es una verdadera mala noticia para quienes están acostumbrados a que millones de argentinos rápidamente adopten como propias las campañas en defensa de sus intereses. Por lo tanto, subestimar su inevitable contraataque sería un grave error, que puede llevar al fracaso de la implementación de la nueva ley. Es necesario leer atentamente la experiencia de Honduras, que muestra que los límites se van corriendo en los intentos por frenar los avances progresistas de la región.

Entre varias novedades relevantes, la aprobación en Diputados de la Ley de SCA deja una gran noticia o, más bien, deja plantada la semilla de una gran noticia. El kirchnerismo parece finalmente haber tomado nota que saber ceder es hacerse más fuerte, logrando así el apoyo masivo del centroizquierda, incluyendo al Partido Socialista y a varios radicales. Lo más relevante, sin embargo, es que el sostenimiento y profundización de esta coalición, que ya tiene antecedentes en la estatización de las AFJP y de Aerolíneas, es quizás el único camino viable para evitar el triunfo del cobismo o del peronismo de derecha en 2011.

Pero es evidente que se está aun muy lejos de concretar tal alianza. Para lograrlo, Cristina y Néstor Kirchner deben decidirse a conducir sin tapujos la consolidación de un proyecto de centroizquierda. Esa es la principal herramienta disponible para hacer más nítidas las divisiones internas del peronismo, del radicalismo, del socialismo y de la propia izquierda, y así avanzar en el reordenamiento post-crisis del sistema de partidos. Pero para lograr tal impulso deberán propulsar reformas realmente transformadoras, como lo es la Ley de SCA, que demuestren una sincera capacidad de autocrítica y de superación. También deberán abrirse a aceptar los caminos propuestos por los nuevos aliados, lo que debe complementarse con una generosa apertura de espacios de poder. Sin autocrítica, creatividad y generosidad, el kirchnerismo no logrará sobrevivir.

Pero si, en cambio, se profundiza el proceso inclusivo, ejemplificado tan claramente en la incorporación de dos millones de nuevos jubilados; se avanza en la distribución del ingreso, aumentando por ejemplo la apropiación estatal de la renta de las industrias extractivas; y se logran mejoras reales en la transparencia en el manejo del Estado, puede lograrse que, junto con los nuevos aliados, millones de argentinos que votaron por la oposición el 28 de junio consideren en 2011 apostar a la continuidad del proceso iniciado en 2003.

De concretarse el escenario planteado, la feroz reacción conservadora del último año y medio habrá dado a luz, a su pesar y quizás inesperadamente, a la tan postergada convergencia entre el ideario peronista y el progresista. La oportunidad no parece esta vez tan lejana.