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Los pañuelos son sagrados

El miércoles cuando estaba volviendo de la marcha me di cuenta de que nunca se me había ocurrido llevar el pañuelo blanco y pensé “¡guau! quizás esta es la única vez que voy a usar el pañuelo en toda mi vida”. Ese día de hecho lo había usado todo el tiempo: lo llevé atado al cuello a la Facultad a la mañana para la clase de dudas antes del parcial y hablé con los alumnos sobre por qué lo tenía puesto.

Antes de que la clase empezara (todos llegamos temprano) les dije que el pañuelo blanco no era por un resfrío ni porque me quedara bonito sino porque era un día importante: muchos íbamos a ir a la Plaza de Mayo a rechazar la decisión política de la Corte de habilitar que los perpetradores del terrorismo de Estado de la última dictadura (genocidas, para mí) salieran de la cárcel. Les recordé que cuando estudiamos un texto de Berger y Luckmann dos semanas antes sobre la construcción social de la realidad y hablamos de la legitimación, que es necesaria (dicen Berger y Luckmann) cuando las instituciones pasan de una generación a otra, habíamos trabajado sobre el ejemplo de las leyes de obediencia debida y punto final y los indultos: habíamos llegado juntos a la conclusión de que esos pactos, esas instituciones producto de relaciones sociales específicas, no se habían podido legitimar como para pasar a otra generación a la cual le resultaban intolerables. Por eso ese día era importante usar ese pañuelo y mostrar que para nosotros esos pactos de impunidad son intolerables.

Después me lo dejé puesto, incluso en mi casa. Fui a la casa de un amigo a llevarle un libro, también con el pañuelo y lo llevé puesto en el subte hasta Plaza de Mayo. En la marcha me encontré y abracé con gente de todas las etapas de mi vida, gente que no veía hacía muchísimo, todos con el pañuelo. En el momento en el que nos autorizaron a sacárnoslo del cuello y agitarlo, vi a todos muy conmovidos cantando “como a los nazis les va a pasar, a donde vayan los iremos a buscar”, una canción que en general se sigue cantando los 24 de marzo aunque muchos militares que cometieron crímenes de lesa humanidad estén presos y afortunadamente no haya que ir a buscarlos a ninguna parte más que a Ezeiza. Algunos filmaban para compartirlo o para que les quedara para la posteridad, otros lloraban, otros saltaban, otros se abrazaban, y muchos mirábamos los pañuelos que se agitaban en el aire con cierta fascinación.

Al final de la marcha, cuando estábamos desconcentrando, me encontré con un compañero de división de la secundaria a quien no veía hacía mucho tiempo. Me pidió un pañuelo y yo tenía muchos en la mochila así que le di uno y, como íbamos para la línea E los dos, aprovechamos para volver juntos y ponernos al día. Como él es antropólogo y yo el lunes había dado una clase sobre Las formas elementales de la vida religiosa y estaba medio manija le dije: ¿Viste que nunca usamos los pañuelos nosotros? Es re tabú, de hecho viste que no nos los podemos poner en la cabeza. Me dijo: Es cierto, no lo había pensado, no sé si es tabú la palabra igual. La Mula tenía razón: no era esa la palabra.

En la semana había hablado del tema con otra gente. Decíamos que nadie tiene pañuelos de tela en su casa, y le conté a un amigo que al principio de todo, cuando las Madres eran madres sin mayúscula y recién empezaban a manifestarse dando vueltas alrededor de la Pirámide de Mayo para así cumplir con el mandato policial de circular, los pañuelos eran pañales. Le conté que como antes se usaban pañales de tela, las Madres de Plaza de Mayo empezaron poniéndose los pañales de sus hijos (o cuadrados de tela que representaban a los pañales de sus hijos), quienes ya no usaban pañales, pero en ese símbolo estaba toda la fuerza de decir que para una madre un hijo siempre sigue siendo un poco un bebé, no porque se nieguen todas las demás etapas, no porque se lo infantilice, sino porque las personas, como podemos simbolizar y podemos recordar, somos todo en presente, pasado y futuro: todo lo que fuimos y todo lo creemos y deseamos que vamos a ser. Con mi amigo nos quedamos pensando que quizás el símbolo había ido cambiando de pañal a pañuelo porque los pañales son “feos”, tienen caca de bebé, y es difícil imaginarse a alguien con un pañal en la cabeza. Además, los pañales cambiaron, nadie usa pañales de tela, entonces ya para entender la idea “pañal de tela” hay que hacer un esfuerzo, no surge inmediatamente. Entonces fue cambiando de pañal a pañuelo, y de pañuelo al pañuelo de Las Madres.

Volví a mi casa muy cansada de la marcha. Me abrí una latita de cerveza y até mi pañuelo blanco a la lámpara del escritorio donde trabajo. Lo miré unos segundos: ese pañuelo que me había generado tanta emoción en el día y tantas preguntas durante la semana era (es) un pedazo de tafeta blanca de un paño grande que compré en Once el día anterior. Con mi mamá a la noche nos habíamos quedado cortando ese paño para tener pañuelos para todos los amigos. Pero durante el día ese pedazo de tafeta blanca había sido otra cosa.

¿Qué cosa? Volví a pensar en Las formas elementales de la vida religiosa. En ese libro tan lindo Durkheim dice que todo el conocimiento humano nació de las creencias religiosas, y esas creencias se estructuraron en función de dos categorías: lo sagrado y lo profano. Lo sagrado se distingue de lo profano sobre todo porque está protegido por prohibiciones que ante todo determinan quiénes pueden manipular objetos sagrados, ingresar a lugares sagrados, hacer movimientos sagrados, ingerir alimentos sagrados etc., y quiénes no. Y sobre esas normas se montan otras normas que tienen que ver con cómo se manipulan estos objetos, cómo se relacionan entre sí y con quienes los pueden manipular, y cómo se relacionan con los objetos profanos y con las personas que no están autorizadas a manipularlos.

En general, los que no somos madres de desaparecidos organizadas en alguna de las agrupaciones que aglutinan a madres de desaparecidos no podemos usar un pañuelo blanco en la cabeza y rara vez lo podemos manipular: está prohibido, es de ellas, ellas son las que están autorizadas. Esto no es así para otras organizaciones de familiares de desaparecidos: una remera de HIJOS, por ejemplo, la puede usar cualquier persona. ¿Está prohibido legalmente, está prohibido para todos? No, solo está prohibido para los que creemos que en la lucha de las Madres hay algo precioso, algo que queremos ensalzar y preservar de todo lo malo del mundo, de todo lo feo, de la muerte. Ayer todos pudimos llevar el pañuelo al cuello y agitarlo y gritar. Pero fue solo por un día. El comunicado de Madres Línea Fundadora lo aclaraba en negrita, decía *por esta vez* todos pueden llevar el pañuelo, pero no lo pueden usar en la cabeza sino atado al cuello y recién cuando demos la orden, todos lo van a levantar al mismo tiempo. Es decir, el pañuelo por ese día lo pudimos usar todos, pero siguiendo una serie de normas: no podíamos usarlo de cualquier manera, ciertamente no en la cabeza, y su uso quedaba restringido a esas 24 horas del 10 de mayo.

 

En Las formas elementales de la vida religiosa, otra cosa que dice Durkheim es que el origen de la sacralidad de los objetos y, por ende, de las creencias, viene de que nuestras vidas tienen dos momentos o dos tiempos. Durkheim llega a esta conclusión a partir del estudio de las comunidades totémicas australianas. Esas comunidades se organizaban en clanes. Estos clanes tenían un momento en los que las distintas ramas estaban dispersas y se dedicaban a cazar, pescar y recolectar para vivir. Ese tiempo, en general el más prolongado, es un tiempo “mediocre” (esto lo dice Durkheim, no lo digo yo) y repetitivo donde la vida no tiene intensidad y por lo tanto, a veces, pareciera que tampoco tiene demasiado sentido.

La vida de los humanos adquiere sentido en otro momento, que es cuando el clan se junta. Cuando el clan se junta es una fiesta en la que casi todas las reglas se pueden romper porque están todos sometidos a una fuerza extraordinaria que los arrastra hacia el grupo con una intensidad casi imposible de resistir. Cada clan tiene un tótem que lo identifica y a la vez es una entidad superior (“un dios”) que los cuida. En ese momento, los individuos casi dejan de ser individuos y pasan a ser una manifestación física del clan: por eso se pintan la cara con los colores y las figuras de su tótem. Como esa fuerza es tan arrolladora y los estados por los que pasan los integrantes del clan son tan intensos, esos estados son atribuidos al tótem al que representan con una figura, en general hecha de piedra o madera. La fuerza viene del tótem, pero el tótem no puede existir por fuera de la comunidad: nace de quienes se reconocen como parte del mismo clan, y en ese reconocerse y sentirse parte aparece un poder que no es la suma de las individualidades, es otra cosa, es algo nuevo. Algo que los llena y le da sentido a sus vidas. Por eso el tótem es sagrado: es algo que hay que cuidar, proteger, separar de todo lo malo. El tótem ordena el mundo también: de la separación entre lo sagrado y lo profano nacen las categorías de tiempo y espacio. Las figuras que representan al tótem pueden ser cualquier cosa, dice Durkheim: una tortuga, una planta, un pajarito. Un pedazo de tela blanca.

Iguales


Carola
tiene 18 años. Fue a la movilización con las tías. “Vine porque la situación que estamos viviendo es horrible y porque soy mujer y creo que es esta es la gran oportunidad de salir a las calles a gritar y a luchar y a pelear por lo que está pasando. Nos están matando masivamente por la condición de ser mujeres. Esto me moviliza muchísimo y creo que debería ser algo natural para cualquier mujer salir a luchar en estas situaciones y que creamos que podemos cambiar”.

Marta tiene 65 años. Marchó con sus hijas. “Vine porque es necesario visibilizar no solamente los femicidios sino también todos los lugares de trabajo que no se abren para las mujeres, toda la plata que las mujeres no ganamos y que sí la ganan los varones. Todos los trabajos que nos dan son todos en sectores de la economía en los que se cobra menos. Salud, educación, esos son los lugares reservados para las mujeres. Yo soy maestra y quiero que las maestras ganemos lo mismo que se gana en cualquier trabajo. No quiero más chicas pobres, con mucha vocación docente pero pobres”.

Ana tiene 30 años y fue a la marcha con compañeras de su organización. “Vine para gritar por las que ya no pueden. Quiero que mi presencia pueda marcar el contrapunto a la indiferencia. Indiferencia ante la violencia contra las mujeres,  la desigualdad y los estereotipos, con la esperanza de que juntas seamos muchas y visibilicemos el problema. Quiero que les caiga la ficha a los machos cobardes, a los violentos, a las mujeres que aún no saben que la lucha es de todas, a los publicitarios que nos venden una y otra vez el mismo estereotipo que agota y reproduce violencia simbólica. Quiero que les caiga la ficha a los jueces y a los operadores del Estado”.

Victoria tiene 14 años y fue a la movilización con dos amigas y con el papá. Marchó desde el  Obelisco hasta la Plaza porque “es importantísimo apoyar a la lucha totalmente y salir a la calle y pelear y hacernos ver”.

Eugenia tiene de 32 años. Fue a la movilización con una compañera de su trabajo. “Vine porque me horroriza lo que está pasando. Hay de todo: hay violencia en otros ámbitos, hay inseguridad, pero esto es violencia de género y nos están matando”.

Ani es española pero vive en Argentina desde hace cinco años. Tiene 38. “Vine porque soy mujer o más bien porque soy un ser humano y creo que hay que salir a cuidar que las cosas que no funcionan no se repitan más. La violencia, las agresiones, y por supuesto las muertes. Quiero que no haga falta llegar a estos extremos para defendernos”.

Julia tiene 30 años y se movilizó con compañeras de su organización.  “Esto es un hecho político: es salir a la calle, en una marcha masiva o con la masividad que le permitió la lluvia, las mujeres como grupo “oprimido” [hace gesto de comillas mientras lo dice] diciendo acá estamos. Es una manera de intimar al otro a que al menos se pregunte qué es el patriarcado o qué es el machismo. No sé si va a llevar a una solución, no lo creo, pero es una buena manera de visibilizar el conflicto y organizarnos, entre las mujeres y con los compañeros. Porque si nos organizamos, el patriarcado llora. Eso ponélo”.

Controlar los cuerpos para construir un orden

“Nos están matando”, “Vivas nos queremos” y “Ni una menos” fueron las consignas que más trascendieron y circularon en los medios de comunicación y también en los perfiles de Facebook, Twitter e Instagram de las amigas, conocidas y compañeras. Es lógico que estas consignas fueran las que más circularan. Es lógico que fueran centrales porque cualquier desigualdad puede resultar intolerable, pero más intolerable resulta la desigualdad cuando dos varones de 23 años y 41 años violan a una jovencita de 16 y no conformes con ello deciden empalarla hasta que muere. Cualquier injusticia que no se resuelve puede conmover, pero más conmueve la injusticia de que sigan sus vidas con total normalidad quienes evaluaron que era lógico y deseable matar a una mujer y depositar su cuerpo en una caja de cartón a la vera de la ruta como la basura que uno deja en una cajita al lado del container para que los cartoneros y las compañeras cartoneras la encuentren fácil, para que no revuelvan de más, para que no se ensucien tanto las manos.

Resulta lógico que exista una respuesta política a la política terrorista de las violaciones, que se vale del uso y eventualmente la destrucción total de los cuerpos de las mujeres para reproducir un régimen patriarcal en el que los varones tienen una posición dominante en todo lo público: en las calles, en las palabras, en los Estados,  en las Iglesias, en los parlamentos, en los partidos, en la política alta, en el runrún de los pasillos por los que circulan los varones con sus trajes grises mientras las mujeres ponen el cuerpo en los barrios, en las facultades, en los merenderos. Ponen el cuerpo aunque ese cuerpo corre el riesgo de ser violado, desfigurado, golpeado, torturado y destruido. Resulta lógico que exista esta respuesta porque la violencia física y sexual es una de las bases más horrorosas del patriarcado. Es tan horrorosa que nadie piensa que es racional.

Nadie piensa que hay una racionalidad social atrás de dos hombres que disponen del cuerpo de una jovencita como un bollo de carne que se puede manipular y en el que se pueden introducir los objetos que les parezcan más apropiados.  No parece racional. Y sin embargo, las compañeras de escuela de Lucía Pérez, y quizás las de la escuela más cercana, y quizás todas las jovencitas de Mar Del Plata, este año la van a tener más difícil para salir, salir de noche o de día, porque a Lucía la mataron al mediodía. Los papás, las abuelas, las amigas, sin darse cuenta de que al decirlo van a estar reproduciendo ellas mismos lo que Gabriel Farías y Juan Pablo Offidani le hicieron a Lucía. “Mejor quedate en casa. Mejor no salgas. Mejor no aceptes a gente que no conozcas en Facebook. Mejor si salís no tomes nada. Mejor no compres marihuana, no la aceptes, no la tengas. Mejor no te vayas de vacaciones. Mejor no vayas tan tarde a patín, a inglés, a la facultad. Mejor no.” La van a tener más difícil para ir a la escuela incluso. La van a tener muy difícil para salir con las amigas o con sus novios o con chicos que les gustan pero que, cuidado, a partir de ahora pueden ser sus asesinos. ¿Pero cuál es la probabilidad de que lo sean? ¿Cuál era la probabilidad de que el chico que le gustaba a Lucía, el chico que le dio un porro como los chicos les dan porro a las chicas como un regalo, como si fueran flores o chocolates, cuál era la probabilidad en la cabeza de Lucía de que ese chico que le gustaba la fuera a matar literalmente de dolor?

Algunas personas tratan de disociar las violaciones y las muertes violentas posteriores de los lugares relegados que el mundo guarda para las mujeres. “Es un violento, es un enfermo ¡es una bestia!” dicen del macho que viola y mata. Pero participan de los beneficios que este mundo garantizado por el que viola y mata tiene para darles. Participan de los beneficios de ser ellos los dueños de la parada.

Esto que suena tan exagerado en un territorio de paz, como es Argentina, es clarísimo en cualquier país que atraviesa un conflicto armado, ya sea interno o con otro país. En esos países los cuerpos de las mujeres son un campo de batalla. Soldados, guerrilleros, varones armados en general, conquistan las ciudades, las aldeas, con todo lo que tienen adentro y violan. Dejan su semilla y reproducen su dominio de generación en generación. Las mujeres violadas se vuelven parias. Nadie las puede ver. Nadie en su familia les quiere hablar. Nadie les da trabajo. Si quieren abortar, mueren o porque lo hacen clandestinamente o porque el Estado está quebrado y no puede garantizar ningún derecho, ni siquiera el derecho a la salud. Las mujeres que tuvieron suerte de no ser violadas son parias lo mismo porque no pueden salir ni a comprar pan, porque las pueden violar. Toda la organización de la comunidad afectada por la violencia sexual, cambia. Como los genocidios, las violaciones tienen una racionalidad. Reorganizan, organizan y ordenan. Perdón por la redundancia: construyen un orden. Ese orden puede tener distintos niveles de complejidad, pero es un orden que siempre incluye al patriarcado porque siempre está basado en el control sobre los cuerpos de las mujeres. ¿Por qué las mujeres no se arman y se defienden? Porque el patriarcado es un orden tan antiguo que precede a los Estados Nacionales, al capitalismo y al monoteísmo. El patriarcado es la base de todos los órdenes que conocemos y por eso es tan difícil de destruir.

Un sujeto político

Es tan difícil de destruir el patriarcado que todavía sigue en pie y sin embargo, como en tantos lugares del mundo y como en tantas épocas, todavía hay gente que piensa que se puede disolver para crear un orden más justo en el que las personas podamos ser más felices.  Ayer las mujeres, acompañadas por varones que se comprometieron y buscaron para ellos otro lugar que el lugar protagónico y dominante que el rol que el patriarcado les tiene preparado desde que son bebés, salieron a la calle, se tomaron el subte, el tren, el colectivo, y se encontraron.  Se juntaron en el Obelisco, tomaron la Diagonal Norte debajo de la lluvia y llegaron a la Plaza de Mayo saltando, cantando, haciendo el gritito de los indiecitos, abrazándose, sacándose fotos, cargando carteles. Se vistieron de negro por las que no están pero también se vistieron de negro por el orden injusto que de a poco están empezando a enterrar.

En Argentina, salir a la calle es lo que convierte a las personas sueltas en sujetos políticos. Los trabajadores, los familiares de desaparecidos, las patronales agrarias, los católicos, los estudiantes, los desocupados y hasta los fiscales y jueces, aún con todas las diferencias que puede haber entre ellos, aún cuando algunos tienen todo el poder consolidado y otros tienen poquísimo,  todos salieron a las calles para reconocerse, para encontrarse, para que los vean y para darse a ellos mismos una serie de objetivos y horizontes que los convierten en sujetos políticos. Ayer las mujeres hicieron eso.

Mucho más que sobrevivir

¿Cuál es el objetivo de este sujeto que es viejo y es nuevo a la vez? ¿Qué quieren las mujeres que fueron ayer a empaparse, a cagarse de frío y a matarse de risa? ¿Qué quieren Carola, Marta,  Ana, Victoria, Eugenia, Ani, Julia? No quieren solamente sobrevivir. No quieren solamente que no las maten o que no las violen o que no les peguen, aunque eso es imprescindible y más cuando dos días antes la Comisión de Justicia de la Cámara de diputados aprobó un dictamen basado en el proyecto del Ejecutivo que disuelve la unidad fiscal que investiga los delitos de violencia de género. Aún teniendo en cuenta el nulo nivel de empatía que parte de la clase política tiene con las mujeres que son víctimas de violencia, aún teniendo en cuenta el lugar relegadísimo que este problema tiene en la agenda de una parte de la dirigencia,  las mujeres que se movilizaron ayer quieren vivir la vida como la viven los varones.

Quieren ganar guita como los varones y dar órdenes como los varones y trabajar de lo que trabajan los varones. Y que eso esté bien visto como está bien visto en los varones. Quieren ser iguales a los varones. Igual de responsables e igual de irresponsables. Igual de aplicadas y de vagonetas. Igual de prolijas y de desprolijas. Igual de limpitas e igual de sucias. Quieren hacer un doctorado como lo hacen los varones y también quieren no estudiar y entrar a la Dálmine, o a Manliba, o a la línea 55 a manejar un colectivo, como lo hacen los varones. Quieren conducir camiones. Quieren ser sacerdotas, diáconas, quieren dar misa y confesar. Quieren dispensar el perdón de su dios tal como los varones lo dispensan. Quieren dirigir organizaciones sociales, como Milagro Sala, quien conduce la Tupac Amaru como el “Perro” Santillán conduce la Tupak  Katari. Y está presa hace nueve meses sin condena. Quieren dirigir orquestas y coros y películas. Quieren ser dirigentes sindicales y movilizar a los compañeros y hacer huelgas y negociar. Quieren comprar droga como los varones sin tenerle miedo al dealer. Quieren viajar a donde se les cante el culo. Quieren ponerse de novias, casarse y quieren tener sexo con todos los desconocidos que les gusten y que les digan que sí.  Quieren comer pizza, hamburguesa, helado, quieren tomar cerveza y tener una panza cervecera. Quieren gobernar el país, como Cristina Kirchner que gobernó el país y le decían que era un títere de su marido hasta que él murió. Quieren ser senadoras. Quieren interrumpir sus embarazos y ser las dueñas de sus cuerpos como los varones son dueños de los suyos y de los de ellas. Quien diga que las mujeres son las dueñas de sus cuerpos está mintiendo porque hasta el 2006 si una mujer se quería ligar las trompas antes de tener hijos tenía que pedirle a su médico un tratamiento ilegal. Quieren ser madres y cuidar a sus hijos pero no todo el tiempo. Quieren ser ingenieras químicas y tener el mismo acceso al mercado laboral que los ingenieros químicos. Quieren tener el mismo instinto maternal que los varones. Quieren vivir sin pareja como los varones que no tienen pareja y nadie siente pena por ellos. Quieren estar en desacuerdo con todos sin que nadie las llame locas, malas, jodidas, resentidas. Quieren ser igual de felices y de infelices. Quieren ser iguales.

Crédito foto: ES fotografía.

Cuando la política nos hizo más iguales

Hace pocos días se publicó el Informe Regional sobre Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe “Progreso multidimensional: bienestar más allá del ingreso”. El informe está centrado en los cambios en la región para el período 2003-2014, aunque también cuenta con datos comparados para 1992-2003. Cualquier discusión sobre la última década en la región en general y en Argentina en particular, tiene que partir de tres datos: primero, los sectores populares se incorporaron a las clases medias dos y hasta tres veces más que en la década previa; segundo, aunque el “derrame” incidió parcialmente en ese resultado, las políticas tanto macroeconómicas de redistribución del ingreso como de incremento del gasto social implementadas por los países cumplieron un rol clave a la hora de sacar a las personas de la pobreza y la pobreza extrema; tercero, el incremento en los niveles de igualdad entre estratos sociales no se tradujo en mayor igualdad de género en la región; no obstante la educación superior en Argentina tiene un rol igualador entre mujeres y varones que no existe en ningún otro país de la región. A pesar de que en Argentina la brecha salarial medida en remuneración por hora es sensiblemente inferior a la de los demás países, las vacancias del Estado en términos de cuidado de los niños y adultos mayores inciden notablemente sobre una pobreza que avanza en este país y en Chile particularmente: la pobreza de tiempo.

La movilidad social ascendente, tanto de los sectores pobres hacia los sectores vulnerables como de los vulnerables hacia los medios, es un hecho en América Latina. Con la excepción de Guatemala, país en el que la clase media se redujo y creció “hacia arriba” (es decir, hubo ricos que bajaron al sector medio), la clase media creció en toda la región. En algunos países (Nicaragua, Honduras, El Salvador, República Dominicana y México) este crecimiento fue muy moderado. En Argentina, Chile, Uruguay, Costa Rica, Brasil, Perú, Panamá, Ecuador y Bolivia este crecimiento fue pronunciado y contribuyó a una configuración social más equilibrada. Argentina, en particular, pasó de una distribución social en 2003 de 35 por ciento de pobres, 30 por ciento de vulnerables y menos de un 30 por ciento de clase media a un cuadro de mayor equilibrio en 2014 con un 15 por ciento de pobres, un 35 por ciento de vulnerables y casi la mitad de la población en la clase media.

Si bien la información sobre crecimiento de la clase media en Argentina puede parecer poco creíble para muchas personas debido a la intervención del INDEC, de donde provienen los datos para el informe del PNUD, cabe destacar tres cuestiones que hacen que estos indicadores sean, al menos, fiables como aproximaciones a la hora de comparar: primero, la intervención del INDEC fue en 2007 y se profundizó en 2008, por lo que los indicadores hasta ese período son tan fiables como los demás indicadores producidos por esa institución desde el retorno de la democracia en adelante; segundo, los datos coinciden con los presentados en otros trabajos e informes de otros organismos, como el Banco Mundial; tercero, aún si todos estos estudios coincidieran por mera casualidad, pondrían “en riesgo” solo la parte de los indicadores que refiere a la salida de los sectores pobres hacia la zona de vulnerabilidad, dado que la línea de pobreza es el único indicador que está directamente relacionado al Índice de Precios al Consumidor. Los demás, si bien pueden estar ligeramente sesgados, no están atados de manera directa a la línea de pobreza y representan, por lo tanto, un indicador atendible para comparar.

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Este fenómeno es comprensible en el marco de incremento de los precios de los commodities pero también cuenta con un componente claro de intervención de los Estados tanto en las políticas económicas como en el incremento de los gastos sociales. A partir del 2004, la reducción de la pobreza fue la marca ineludible de la región: en 2004 casi siete millones de personas salieron de la pobreza; en 2005, 7,5 millones más, llegando a una reducción espectacular de casi 15 millones de personas en 2006, año de muchísimo crecimiento no sólo en Latinoamérica (donde el PBI creció casi seis puntos) sino también en África, donde todo el continente creció en casi siete puntos del PBI. Hasta aquí, la influencia del llamado “viento de cola” es un argumento sólido para explicar esta gran ola de movilidad social ascendente.

Pero a partir de la crisis financiera que estalló en 2008 y tiró para abajo los indicadores socioeconómicos del ciclo 2009-2011 en todo el mundo, solo las políticas macroeconómicas de redistribución, los intercambios regionales y el incremento del gasto social pueden aportar a explicar esta reducción. La población en situación de pobreza por ingresos se redujo en 2008, 2009 y 2010, año en que 9,3 millones de personas salieron de esa situación. Esta tendencia se mantuvo hasta 2013.

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Pero más allá de esta intuición de que no fue solo el incremento del PBI el que sacó a millones de personas por año de la pobreza, la evidencia del informe del PNUD confirma la hipótesis de que fueron en gran medida las políticas y no solo el aumento en las exportaciones de commodities las que sustentaron este masivo proceso de movilidad social. Si la salida de las personas de la pobreza en el ciclo 1992-2002 quedó explicado en 96 por ciento por el crecimiento y apenas un 4 por ciento por la redistribución del ingreso, esta relación se alteró dramáticamente en el ciclo 2002-2013, período en que la reducción de la pobreza se debió en un 62 por ciento al crecimiento y en un 38 por ciento a la redistribución. La copa de la riqueza derramó, pero también la agitaron bastante.

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La reducción en los niveles de desigualdad también parece confirmar esta hipótesis: países como Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador, que tuvieron políticas redistributivas importantes en distintas áreas sociales, fueron los que más redujeron año a año sus niveles de desigualdad. Si bien es cierto que algunos de estos países (en especial Bolivia y Venezuela) venían de niveles de desigualdad muy elevados en el período previo, también es cierto que el caso argentino escapa de esta elevada polarización del ingreso, dado que aún en 2003, período inmediatamente posterior a la crisis de 2001, la sociedad estaba a grandes rasgos distribuida en tercios de ingresos, a diferencia de estos países. En cualquier caso, más allá de las particularidades distributivas de cada país, otro dato que marca toda la última década es la reducción sostenida de la desigualdad.

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El incremento del gasto público registrado en esta última década apunta en la misma dirección que la evidencia respecto a la redistribución del ingreso, la reducción de la pobreza y de la desigualdad: la salida de la pobreza de millones de ciudadanos latinoamericanos está sustentada no solo el crecimiento y en una serie de políticas activas de cara a la redistribución del ingreso, sino también en un incremento muy importante en el gasto social de los Estados. De acuerdo al informe, el gasto público social total por habitante creció a una tasa media anual de ¡7,3 por ciento! La protección social fue el componente que más creció. En este mismo sentido un punto muy importante para explicar este incremento es que el gasto social no solamente aumentó en términos absolutos (dando un salto de 697 dólares en 2002 a 1057 dólares en 2013) sino también en términos relativos, pasando a ocupar de un 15,2 por ciento del PBI a un 18,4 por ciento. El gasto educativo, si bien es un componente históricamente importante en la composición del gasto social latinoamericano, también creció fuertemente a lo largo de este período, pasando de ocupar un 6,9 por ciento del PBI en 2002 a un 8,2 en 2013.

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Esta reducción en las desigualdades sociales entre pobres y ricos no necesariamente se tradujo en una reducción de las desigualdades en mujeres y varones. La brecha salarial persiste en América Latina llegando a un 25 por ciento en Perú y Guatemala. A pesar de que la proporción de mujeres en edad productiva con nivel educativo terciario es más elevada que la de varones en la misma situación, las mujeres tienen un salario promedio equivalente al 83,4 del de los varones, es decir, cobran un 16,4 por ciento menos. Esta generalización es cierta para casi todos los países salvo Argentina y Honduras, donde la brecha salarial es negativa, es decir, las mujeres perciben un salario comparativamente mayor al de los varones. Seguramente haya varios factores que expliquen esto, tales como los derechos laborales asociados a la maternidad. Pero probablemente parte de la explicación de este fenómeno tenga que ver con que Argentina es el país con mayor proporción de mujeres con estudios superiores: más del 30 por ciento de las mujeres argentinas atravesaron y aprobaron más de 13 años de educación formal. La creación de universidades nacionales “por todos lados”, “como hongos”, en conjunto con una larga tradición de acceso de a la universidad pública en Argentina, puede contribuir parcialmente a explicar esta situación. La creación de nuevas universidades nacionales, en especial en distritos populosos que no contaba con universidades cerca pudo haber contribuido a incrementar la tendencia de las mujeres a finalizar su educación superior dado que las mujeres, quienes dedican más tiempo al cuidado de otras personas, tienen menos posibilidades de viajar largas distancias o radicarse lejos de su hogar para estudiar.

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Sin embargo, la posición relativamente favorable de las mujeres argentinas respecto de la brecha salarial regional se ve contrapesada por un importante nivel de pobreza de tiempo en este país que presenta, junto con Chile, un elevado nivel de pobreza de tiempo. Este tipo de pobreza recae sobre todo sobre las mujeres, que son quienes dedican una mayor proporción de su tiempo diario al cuidado de los demás, sobre todo niños y adultos mayores. En otras palabras, una primera mirada sobre este hecho parecería indicar que el Estado está presente en la vida de las mujeres a la hora de proveerlas del servicio educativo en todos los niveles, pero cuando estas llegan a la edad adulta y gran parte de ellas cría a sus hijos y cuida a sus padres, quedan más libradas a su propia suerte.

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El fin de la dictadura kirchnerista y el parto de la república

En octubre del 2012, en una nota llamada “Cristina en el espejo de Chávez”, el sociólogo Marcos Novaro resaltó que el gobierno de Cristina Fernández avanzaba hacia la concreción de “un híbrido”: el “totalitarismo de baja intensidad”. A principios de este año en la nota “La Presidenta manipula, oculta, y confunde” el mismo autor marcó que el kirchnerismo buscaba las ventajas del autoritarismo y el fanatismo sin sus inconvenientes, fogoneado por un “poder omnímodo” alimentado por el peronismo. En julio de este año, Novaro sostuvo que el kirchnerismo estaba “en campaña para destruir al poder judicial”. En el 2013, la ensayista Beatriz Sarlo aseguró en una conferencia que los mecanismos de aplicación de la ley de medios estaban configurados de modo tal de crear una mayoría automática del Ejecutivo coartando la libertad de prensa en la Argentina y acercándose, como consecuencia, al autoritarismo. “Conculcan derechos, cercenan libertades” decía Ricardo Alfonsín, a los gritos, en su spot del 2011 cuando se postuló para ser presidente. “La Cámpora tiene las armas del RENAR”, “la Tupac tiene armas”, susurraba Elisa Carrió en todos los programas de televisión a los que la invitaban. Giñaba un ojito, sonreía, y se refería a las manifestaciones opositoras como un parto de la república.

“¿Por qué 24 horas antes de irse alteran la paz democrática en una transición que debería ser normal?” se preguntaba el radical Mario Negri para referirse al hecho de que el oficialismo buscara el quórum para votar un paquete de leyes, muchas de ellas con un fuerte carácter obrerista y reivindicativo de peleas que duraron mucho tiempo. “No vamos a participar de la sesión, que terminen ellos solos esta cosa que es un abuso de poder y una falta de respeto”, aseguraba el diputado del PRO Federico Pinedo. Los dos se referían al hecho de buscar el quórum. Adjudicaban a esta conducta un carácter poco democrático. De acuerdo a este razonamiento reunir al bloque, sumar apoyos extrapartidarios (esta vez de distintos diputados de izquierda) y votar un conjunto de leyes presentadas por legisladores (no por iniciativa del Ejecutivo) consiste en un avance autoritario, una alteración de “la paz democrática”.

Estos argumentos continúan con una línea que se viene gestando hace ya algunos años, que plantea que el congreso es “una escribanía” donde los diputados sólo aprueban propuestas oficialistas, la mayoría de ellas provenientes del Ejecutivo. Detrás de estas afirmaciones hay un supuesto de que el kirchnerismo constituye un autoritarismo sin golpes de Estado y con instancias de ratificación electoral, en muchos casos mayoritaria. Es decir, un supuesto de “hibridación”.

El híbrido

En el 2010, dos autores estadounidenses publicaron un libro sobre lo que denominaron los “regímenes híbridos” que surgieron luego de la guerra fría. Mientras algunos autores designaban estos fenómenos “híbridos” a partir del grado de avance del proceso de democratización, estos dos autores (Levitsky y Way) remarcaron el carácter estable de muchos de estos regímenes, alertando sobre un punto ciego de los que explicaban estos fenómenos a partir de procesos de democratización incompletos: estos regímenes no “avanzaban” hacia una supuesta democracia plena, sino que se trataba de regímenes de otro tipo, que no necesariamente iban a cambiar en un sentido de mayor democratización, sino que podían desarrollarse de otra manera. Para designar a estos regímenes, los autores crearon una categoría que podría considerarse como un tipo intermedio entre democracia y autoritarismo total: el autoritarismo competitivo.

En los regímenes autoritarios competitivos, siguiendo la definición de Levitsky y Way, las instituciones democráticas formales son vistas como medios principales para obtener y ejercer la autoridad política pero los funcionarios violan estas reglas con mucha frecuencia haciendo que la competencia política sea marcadamente desigual entre el oficialismo y la oposición.

Los indicadores

Para que esta categoría pueda “ponerse a trabajar” los autores definieron una serie de indicadores que permiten detectar cuándo un gobierno es un autoritarismo competitivo. Estos indicadores están distribuidos a lo largo de tres dimensiones: elecciones, violaciones a las libertades civiles, y “cancha inclinada”. Con que se cumpla al menos con una condición de las que se listan en cada categoría es suficiente como para hablar de la presencia de un autoritarismo competitivo. Dado el carácter novedoso de esta propuesta y teniendo en cuenta lo productivo de estos indicadores para analizar la realidad actual, me interesa observar la gestión de Macri en el gobierno de la ciudad a la luz de estos indicadores.

a. Elecciones Injustas:

Al menos uno de los candidatos más importantes está “prohibido” por razones políticas
Abuso electoral reconocido por fuentes independientes
Impedimentos formales o informales importantes para “frenar” una campaña de la oposición, tales como la violencia ejercida contra los opositores o el uso de leyes que regulan las movilizaciones o actos públicos.
Cancha inclinada: las autoridades electorales están sistemáticamente sesgadas a favor del partido de gobierno; acceso desigual a los medios de comunicación; acceso desigual a recursos.

Considerando estos indicadores, se observaron muchas acciones tendientes a hacer poco competitivas las elecciones en la ciudad de Buenos Aires. Sin ir más lejos, en el 2012, unos de los responsables de la campaña del PRO, Jaime Durán Barba, fue procesado por violar el artículo 140 del Código Electoral, que identifica como un delito al acto por medio del cual una persona con engaños, indujere a otra a sufragar en determinada forma o a abstenerse de hacerlo. Durante la campaña del 2011 para la jefatura de Gobierno que disputaron Macri y Filmus, los porteños recibieron llamados telefónicos en los que se le preguntaba si sabían que Salomón Filmus, padre del senador, era un arquitecto que trabajaba para Schoklender en la construcción de viviendas (lo cual era información falsa). Este modo particular de hacer campaña constituye un “abuso electoral” que, en la medida en la que reviste como denuncia legitimada por el Poder Judicial, está reconocido por fuentes independientes.

Además, la legislación vigente a partir del 2008 mediante la cual las organizaciones deben pedir permiso al gobierno de la Ciudad para poder realizar manifestaciones y actos callejeros implicó un sesgo claro a favor del partido de gobierno, dado que los opositores deben pedir al gobierno permiso para realizar sus encuentros. A partir de esta legislación, además, numerosos dirigentes opositores sociales, sindicales y políticos sufrieron procesamientos por parte de la Justicia porteña. Además, en eventos como el desalojo del “Barrio Papa Francisco” y la represión de trabajadores y opositores en el hospital Borda, muchos dirigentes (legisladores porteños y hasta diputados nacionales) fueron reprimidos con balas de goma por la policía metropolitana.

Estas medidas represivas constituyen impedimentos formales e informales importantes para “frenar” la campaña de la oposición y contienen, además, actos de violencia ejercida contra los opositores y uso de leyes que regulan las movilizaciones en un sentido a favor del partido de gobierno y en contra de la oposición.

b. Violación de libertades civiles

a. Censura o acoso de los medios independientes:

Censura o restricciones de transmisión
Acoso legal por parte del gobierno
Uso discrecional de licencias, concesiones o subsidios para premiar o castigar a los medios privados.
Amenazas y ataques físicos a personas y/o propiedades
Presión para echar periodistas o cerrar programas
Restricción o confiscación de materiales.

b. Ataque político a los medios:

Clausura o suspensión
Encarcelamiento, asesinato o exilio de periodistas
Acciones legales contra periodistas

c. El gobierno está implicado en acciones que restringen la libertad de asociación o palabra. Los incidentes pueden incluir:

Raids policiales a la oposición y otras organizaciones
Cumplir leyes represivas que limitan la libertad de asociación
Detenciones o arrestos
Ataques físicos a los críticos del gobierno y protestas políticas(a través de organizaciones estatales o no estatales).

d. Ataques a la oposición u otros críticos con el objetivo de atemorizar, incluyendo la represión de protestas.

Lo mismo que se observó en la primer dimensión puede decirse en relación a los indicadores de violación de libertades civiles: en cuanto a la subdimensión que mide el vínculo con los medios independientes, vale recordar que la clausura de C5N, si bien fue explicada como una clausura administrativa implicó, de hecho, cercenar las posibilidades de dicho canal de funcionar como lo hacía de manera cotidiana. A la luz de esto vale la pena recordar que además, en el 2010, el gobierno de la Ciudad le retiró a la revista deportiva Un Caño la pauta que recibían luego de que uno de los periodistas, Gustavo Veiga, escribiera sobre los vínculos entre Macri, el espía Ciro James y el ex jefe de la Policía Metropolitana, el “Fino” Palacios, en el club de fútbol Boca Juniors. En el mismo sentido, la contratación directa por parte del Gobierno de la Ciudad de la empresa La Usina por 20 millones de pesos, perteneciente a un candidato de ese partido. Aún si se tratara de un caso regular y no de administración fraudulenta (tal es la carátula de la causa que lo investiga), resulta arbitrario que la empresa de un candidato de ese partido sea contratada para distribuir pautas del gobierno entre distintos medios de comunicación.

La subdimensión que mide las restricciones a la libertad de asociación o palabra también marca violaciones severas a la libertad: la clausura de una veintena de centros culturales hace unos pocos meses, que fue la última después de unas 5 oleadas anuales de clausuras, los ataques físicos de la Policía Metropolitana a dirigentes políticos opositores (como el legislador Pablo Ferreyra y el diputado nacional Horacio Pietragalla en el desalojo del barrio Papa Francisco y los legisladores, como Fabio Basteiro que fueron reprimidos en el Borda), y las restricciones a la movilización en el espacio público configuran un mismo cuadro que evidencia que las condiciones que definen al autoritarismo competitivo están presentes en la ciudad.

c. Cancha Inclinada

Las instituciones del Estado están politizadas impidiéndole a la oposición competir razonablemente
Acceso desigual a los medios de comunicación (ya sea a los estatales o a través del “empaquetamiento” de medios privados.
Acceso desigual a recursos, lo que incluye uso generalizado de recursos públicos tanto económicos como humanos y de infraestructura a favor del incumbent; uso discrecional de los instrumentos de política pública para financiar al partido de gobierno.

En cuanto a los indicadores de “cancha inclinada” se puede ver que el crecimiento sostenido del gasto en publicidad y la proporción de este gasto sobre el presupuesto constituye un uso discrecional de los recursos que inclina la cancha siempre a favor del partido de gobierno. De acuerdo a la página chequeado.com:

“el gasto en publicidad de la Ciudad creció todos los años desde 2007, con la excepción de 2012, y aumentó su participación en el total del presupuesto. Esta proporción incluso supera la parte del presupuesto que se destina al área en otros distritos, como la Provincia de Buenos Aires o la Nación.
En 2007 Buenos Aires destinó $53 millones al área de publicidad y propaganda, que representaron un 0,55% del total. A fines de ese año asumió como Jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri, y el gasto en publicidad aumentó todos los años a excepción de 2012: en 2008 se destinaron $83 millones (0,66% del total); $120 millones en 2009 (0,78%); $155 millones en 2010 (0,80%); $280 millones en 2011 (1,08%); y $260 millones en 2012 (0,78%).Para 2013 hubo un nuevo incremento, esta vez del 111%, y se alcanzó el valor más alto de la serie: 1,13% de la ejecución total del presupuesto”.
Si a este componente se le suma el uso de recursos del Ejecutivo, los 106 vetos de Macri lo ubican como el principal vetador en la historia de la jurisdicción, en lo que constituye un 7 por ciento de vetos sobre el total de leyes votadas. Entre esos vetos se encuentran, además, una multiplicidad de leyes que buscaban promover las garantías individuales tales como el Comité contra la tortura, la oficina contra la trata de personas, el protocolo para casos de aborto no punible, y los FOSEP o foros de seguridad pública los cuales, impulsados por el legislador macrista Cristian Ritondo, pretendían dotar de mayor transparencia y proximidad a la policía de la ciudad. Los vetos son un recurso del Ejecutivo, pero cuando estos ascienden a niveles por encima de los “normales”, muchos especialistas alertan sobre la posibilidad de que su uso constituya un avance sobre los demás poderes.
La dictadura que se va y la república naciente

Durante todos estos años nos acostumbramos a escuchar que el gobierno de Kirchner y luego los dos gobiernos de Cristina Fernández construyeron regímenes autoritarios: escuchamos que pisaron la división de poderes, desoyeron los mandatos de las mayorías y cercenaron las libertades de las minorías, manipularon y ejercieron la violencia contra los medios de comunicación, e inclinaron la cancha a favor del oficialismo. Sin embargo, al aplicar los indicadores que según Levitsky y Way identifican a este tipo de regímenes híbridos, se observa que, a diferencia del kirchnerismo, el macrismo en su ámbito de gobierno tuvo muchas medidas en un sentido de ensuciar elecciones, violar libertades civiles e inclinar la cancha a favor del PRO.

Curiosa dictadura esta que se va en una transición limpia, reformando la Corte Suprema en contra la mayoría automática, ampliando el selectorado, fortaleciendo los partidos políticos, limitando los monopolios mediáticos y ampliando la libertad de prensa, y ampliando como nunca las libertades íntimas e individuales. Curiosa la república que nace vetando leyes, reprimiendo opositores, cercenando la libertad de prensa, limitando las libertades individuales e inclinando la cancha a favor del oficialismo.
Siempre me pregunté por qué el kirchnerismo (que a diferencia de otros regímenes latinoamericanos no reformó la constitución ni alteró la división de poderes) nunca se reivindicó a sí mismo como la fuerza profundamente republicana y democratizadora que fue. Ahora lo entiendo: es la carta que queda por jugar en los interesantes cuatro años que están por venir.

Todos pretorianos

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Los sindicatos opositores están realizando hoy un “paro nacional” al que adhieron los sindicatos del transporte, camioneros, petroleros, trabajadores del dragado y balizamiento, municipales de la Ciudad de Buenos Aires, trabajadores rurales, canillitas, panaderos, pilotos, capitanes y oficiales navales, señaleros, ceramistas, y trabajadores del peaje. ¿Por qué paran los que paran? De acuerdo a los testimonios y las intervenciones de los sindicalistas en la prensa, el paro apunta a subir el mínimo no imponible. Pero como el sindicalismo argentino es tan caro a los pliegos políticos, Moyano agregó el miércoles que el paro es también por “los demás reclamos como el aumento a los jubilados, la seguridad, y la inflación”.

Dos puntos a tener en cuenta sobre la dinámica de la convocatoria: primero, este paro ya fue postergado una vez. El tres de diciembre pasado, mientras el dirigente de Dragado y Valizamiento Juan Schmid anunciaba que entre el 9 y el 12 de diciembre se llevaría adelante un paro sin movilización pidiendo la eliminación del impuesto a las ganancias, la Presidenta anunciaba que aquellas personas con salarios inferiores a los 35 mil pesos no pagarían ganancias sobre el medio aguinaldo de diciembre. Segundo, este paro empezó siendo un paro de los trabajadores de transporte, al que se plegó luego camioneros, y luego estos 11 gremios.

Tres puntos a tener en cuenta sobre las características de la convocatoria y la población a la que representa. Primer punto: todos los gremios que participan del paro representan a trabajadores que en un 100 por ciento de los casos pagan ganancias. Entonces, aunque se haya convertido a lo largo del mes en un “paro de la CGT”, para definirlo adecuadamente habría que caracterizarlo como “un par de los 13 sindicatos de la Argentina cuyos trabajadores pagan ganancias. Segundo punto: los trabajadores que pagan ganancias en Argentina son alrededor de 1,2 millones sobre un total de 13,1 millones de trabajadores de los cuales están registrados 8,5 millones. Por lo tanto estamos hablando del 9 por ciento de los trabajadores. Tercer punto: de acuerdo a un estudio recientemente publicado por el Washington Post, Argentina es el país con el mayor salario “gastable”, es decir, descontando los impuestos, de toda Latinoamérica.

En resumen, estamos hablando del 9 por ciento de la masa de trabajadores mejor paga de toda la región y el 14 por ciento de la masa de trabajadores formales mejor paga de toda la región. Teniendo en cuenta que el reclamo afecta directamente a un sector pequeño de la población, es entendible que Moyano lo convierta en un mes en un paro de la CGT primero y en un paro por “el aumento a los jubilados, la seguridad, y la inflación” después. Pero el afán de querer representar las demandas de todos siendo una partecita trae aparejados algunos problemas.

Sindicatos pretorianos en una sociedad democratizada

A pesar de tomar una medida de fuerza en defensa de los jubilados, los ciudadanos y los consumidores, Moyano no se presentó a candidato por ninguna lista en las últimas elecciones y los dirigentes cercanos a él –Julio Piumato, por ejemplo—que sí se presentaron no pudieron pasar el umbral de las PASO a diferencia de otras alternativas más combativas y democráticas en la pelea distributiva, tales como el Partido Obrero y el Partido de los Trabajadores Socialistas. Por lo tanto, cabe preguntarse bajo qué mecanismo el dirigente se autoadjudica la representación de los jubilados, los ciudadanos y los consumidores. Mi hipótesis es que el mecanismo por el cual eldirigente considera que puede representar a toda la sociedad sin someterse a su escrutinio ni evaluación siendo una representación parcial –camioneros– dentro de una representación sectorial –la clase obrera—tiene que ver con la lenta incorporación a la democracia argentina de los actores previos a la democracia, formados en un sistema político al que Huntington (año) denominó “pretorianismo de masas”.

Los sistemas políticos pretorianos son, para resumirlo en pocas palabras, sistemas con bajos niveles de institucionalización y organización y altos niveles de participación y movilización. Como la estabilidad política depende de la relación entre instituciones y participación, cuando las organizaciones no resultan aptas para canalizar la movilización activa de la población, el sistema se desestabiliza, y a la vez que resulta imposible la creencia de todos los actores, tanto sociales como político-partidarios, de que existe una noción de “bien común”. En la medida en la que las instituciones no funcionan para canalizar demandas y devolverlas en forma de política pública y los intereses fragmentados quedan enfrentados “cuerpo a cuerpo” y a cielo abierto en sus disputas, las fuerzas movilizadas utilizan métodos propios y actúan directamente en la arena política, sin objetivos comunes, mediaciones orgánicas ni acuerdos formales sobre los métodos que se vana usar para dirimir los conflictos.

La descripción sirve para ilustrar casi toda la historia Argentina durante el siglo 20, especialmente la segunda mitad. El sistema pretoriano explica el derrocamiento de todos los gobiernos militares y civiles, electos tanto en esquemas democráticos como restrictivos. Este patrón se modificó desde la recuperación democrática, se verbalizó en consignas políticas basadas en la distinción entre democracia y corporaciones que primero levantó Alfonsín y luego el kirchnerismo recuperó en términos no sólo discursivos sino también llevando adelante muchas de esas disputas y ganándolas.

Este desfasaje entre el comportamiento pretoriano del moyanismo y la democratización de la arena política y la sociedad se hace visible en cada conflicto entre el gobierno y los sindicatos a lo largo de los últimos dos años, lo cual tiene su lógica: ¿por qué un actor, sea el que sea, va a prepararse e invertir tiempo y recursos humanos y materiales en representar el interés común, si lo que vio a lo largo de toda la historia es que puede conseguir lo mismo o más en mucho menos tiempo simplemente golpeando?

Nacidos para golpear

La pregunta acerca de por qué representar cuando se puede golpear viene de la mano de otra pregunta que es ¿por qué siempre golpean los mismos? La política da respuestas personalistas a esta pregunta: cristaliza a los actores más allá de las condiciones y elabora respuestas según las cuales, por ejemplo, algunos “se plantan” y otros “venden a los compañeros”; algunos negocian a la alza y otros a la baja porque son así o porque tienen –o no tienen—acuerdos con la patronal; algunos son combativos, otros son burócratas y otros empresarios. El propio Moyano busca permanente abonar a estas explicaciones en las cuales él “se la banca”, cuando dice cosas como “yo era mal camionero porque no sabía dar marcha atrás”.

Otros tipos de explicación funcionan como híbridos entre el discurso político y un tipo específico de discurso académico y tienden a trazar linajes que empiezan en antagonismos como los duros y los blandos, o en el vandorismo versus la CGT de los Argentinos y los sindicatos clasistas del Cordobazo y se prolongan hasta hoy, en una falsa historización que en realidad lo que hace es congelar las identidades aún más.

Si descartamos este tipo de explicaciones, la respuesta a la pregunta sobre por qué Moyano siempre es opositor es: porque puede. ¿Esto tiene algo que ver con Moyano?

No. Sólo tiene que ver con las condiciones de su sector en el momento en el que asumió la conducción, el modo en el que este sector estuvo inmerso en la economía argentina durante el período de liberalización y con cómo está inmerso en la actualidad, y con las características de camioneros y su inserción dentro de la CGT.

Michael J. Hiscox, de la universidad de Harvard, explicó en su trabajo Class versus Industry Cleavages que en los países con alta movilidad de factores –o sea donde los bienes que se producen en su mayoría son abundantes y no específicos–, se forman coaliciones de clase. Para simplificar, a más movilidad de factores, más clivajes obreros versus patrones. Mientras que en los países con baja movilidad –o sea que dependen más de recursos naturales– se forman coaliciones industriales o de grupo. En otra palabras, campo contra industria.

Dado que esta explicación es válida también para explicar el funcionamiento de los clivajes también dentro de los países, es fácil notar que como el transporte de cosas a través de camiones es un servicio que no necesariamente sufre una caída de actividad en los momentos de crisis, depende menos de si el estado es proteccionista o no. Poreso es un sector casi, casi nacido para golpear. Sin embargo, alguien nos podría decir–con razón– “bueno, pero esa explicación es determinista desde lo sectorial y lo económico, y no tiene en cuenta las características organizacionales ni políticas del sindicato y del sistema político en general–.

Por suerte alguien ya predijo este problema y pensó una respuesta. Se trata de Victoria Murillo, de la Universidad de Columbia. En su trabajo Del populismo al neoliberalismo Murillo se pregunta de qué depende el modo en el cual se posicionó el sindicalismo latinoamericano durante las reformas liberalizadoras sobre todo durante la década del 80. De acuerdo a un estudio empírico sobre distintos países creó un esquema detipología causal de cuatro categorías según el cual detectó que los posicionamientos co-variaron de la siguiente manera:

1) En los casos en los que existió monopolio sindical –esto es, bajísimo riesgo de los dirigentes del sindicato de perder ante una oposición interna– y competencia electoral –esto es, riesgo real del partido gobernante de perder el gobierno–, la posición que tomaron los sindicatos fue la oposición al gobierno.

2) En los casos en los que existió monopolio sindical y “monopolio” electoral — esto es, sin que existiera un riesgo real del partido gobernante de perder el gobierno–, la posición que tomaron los sindicatos fue la cooperación con el gobierno.

3) En los casos en los que existió competencia sindical y monopolio electoral, la posición asumida por los sindicatos fue la subordinación.

4) En los casos en los que existió competencia en ambos ámbitos, la posición asumida por los sindicatos fue la resistencia.

Si asumiéramos como supuesto que los posicionamientos ante las reformas liberalizadoras pueden reinterpretarse en clave de su relación con todas las políticas de un gobierno en un momento determinado, el caso de Camioneros se ubicaría dentro del primer cuadrante: esto es, monopolio sindical con competencia electoral. En una Argentina en la que la arena electoral se democratizó pero los sindicatos no, Camioneros se encuentra en las mejores condiciones para ser opositor siempre que lo considere más rendidor en términos económicos y políticos.

Pero ¡alto! Entre el 2003 y el 2011 Camioneros fue la principal base sindical del kirchnerismo, ¿cómo se explica esto? Justamente en la capacidad de esta facción del sindicalismo de ser un actor opositor, lo cual no necesariamente implica que esa capacidad se active siempre. El kirchnerismo durante ocho años gobernó considerando que su propia gobernabilidad se construía, en parte, a partir de los sindicatos liderados por Moyano. Pero estos sindicatos no representaron la base social del kirchnerismo solo en tanto actores con mucha capacidad de movilización. Más bien fueron la nueva ley de contrato de trabajo y la forma de reactivación económica las que reforzaron el modelo sindical con más trabajadores, más trabajadores en blanco, mejores salarios, más beneficios sociales, más regulación en el empleo, todas medidas que dotaron de mayor poder a todos los sindicatos, y más a los que, aún estando en coaliciones opositoras a la liberalización, nunca se debilitaron demasiado, como Camioneros.

A cambio, Camioneros respondió con movilización. El combate casi cuerpo a cuerpo con los piquetes agrarios en el 2008 no fue más que la prolongación –en el campo oficialista—de la lógica del pretorianismo.

Sin embargo, el decreto firmado por la Presidenta en el 2011 a través del cual reglamentaba la modificación de la Ley de prepagas votada en mayo por el Congreso dio de baja esta lógica de colaboración: aumentó la capacidad de regulación del gobierno sobre las obras sociales atacando a uno de los pilares del poder sindical de este sector del sindicalismo. A partir de entonces, ser oficialista dejó de ser una opción con buenretorno y la capacidad opositora se activó.

Conservar y patalear

Desde el acto en Huracán en el 2012 en el que Moyano se alejó del gobierno, la forma de esta facción del sindicalismo de actuar colectivamente viró –aunque este viraje no fuera de 180 grados—de la fórmula a la que las ciencias sociales en Argentina “golpear y negociar” hacia otra fórmula que se puede resumir en “conservar y patalear”.

En otro trabajo de Murillo, más reciente, la autora explica que el hecho de que en una democracia afianzada los votos tengan más peso que las corporaciones impactó sobre el poder de daño de medidas como las huelgas generales. En un contexto así, los sindicatos corporativos se encuentran con que el desafío principal es conservar: conservar un modelo sindical levantado sobre dos pilares que son el monopolio legal de la representación y los recursos económicos de las obras sociales (Torre, 2013).

Al mismo tiempo, cuando la base social que les permite sostener este esquema de privilegios corresponde al sector más alto de la pirámide salarial, conservar implica tener consignas de máxima que, por sus propias características objetivas, no pueden representar más que a un sector pequeño de la población asalariada. Entonces los reclamos consisten en pataleos con un rumbo opuesto al de la distribución del ingreso, tales como el reclamo por la anulación del impuesto a las ganancias que es uno de los pocos impuestos progresivos en la Argentina actual.

El problema de esta dinámica es que anula por completo cualquier capacidad de los sindicatos de pensar el futuro y los lleva a ser reactivos hasta el fin de los tiempos o, lo que es aún peor, a alternativas electorales y electoralistas que los van a usar como apoyo para seguir privándolos de las discusiones que incorporen a los trabajadores como actores capaces de proyectar políticas públicas y modelos de país. Es decir, como sujetos. Los acuerdos parciales con políticos como Sergio Massa, Francisco De Narváez, y Mauricio Macri, quienes incluyen en sus plataformas actuales medidas de shock como respuesta a la inflación y de represión como respuesta a la conflictividad, hablan de una opción clara de esta facción del sindicalismo por el pasado. Cualquiera de estas alternativas de gobierno anularía el margen de acción de los trabajadores, aún para conservar y patalear.

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