¿El electorado porteño es bipolar?

Suele escucharse que el elector porteño es histérico, educado pero incomprensible, bipolar, informado pero inpredecible, y que contra esa pared chocan las aspiraciones de las fuerzas políticas que pretenden invocar su voluntad. Ante este cuadro, parece inevitable diagnosticar que electoralmente la Reina del Plata es bipolar…
Frente a este panorama, el periodista Eduardo Anguita se pregunta aquí: “¿Qué se hace cuando la prédica ideológica y el debate de propuestas no alcanzan para atraer votantes sin definición política o con una definición diferente a la del candidato?”, para enfocarse luego en cuál debe ser el discurso acertado, la comunicación adecuada en que debe basarse la campaña proselitista de una fuerza política para pedir el voto de la ciudadanía, y entonces postular que “la mitad de la comunicación es la convicción y la propuesta del candidato, la otra mitad es lo que tienen en la cabeza y sobre todo en el corazón aquellos a quienes van dirigidos los mensajes”. Para tener un panorama de esto último y a su vez profundizar el debate sobre las características del electorado de la Reina del Plata es que este humilde basurero emprende este pretencioso análisis que intenta bucear en el perfil ideológico porteño, y para eso nada mejor que remitirse a la realidad electoral, es decir a los números (ampliando los conceptos ya esbozados aquí).
Luego de los resultados del comicio del 10 de julio último, la gran mayoría de las conclusiones sacadas en caliente, o aun cuando la razón pudo templar el análisis, enfocaron los cañones en las veleidades del electorado porteño o en la influencia de los medios, y sólo algunos en la falla del discurso adoptado por las fuerzas derrotadas. Primó la remanida explicación de la “habitual inestabilidad ideológica” de los porteños a la hora de elegir a sus representantes y gobernantes. Estos argumentos, esgrimidos en sesudos análisis periodísticos o tirados desaprensivamente sobre la mesa de un café o en los pasillos de oficinas y fábricas, suelen citar pocas cifras y comparaciones –o ninguna- como fundamento de las conclusiones a las que se arriba. En cambio, este humilde servidor público intentará aquí parar la pelota, otear el campo de juego, leer el partido más tranquilamente y esbozar un análisis desprendido en lo posible de calores, subjetividades y posiciones partidarias, tratando de observar cuál ha sido el comportamiento electoral de la sociedad porteña a través de las casi tres décadas desde el regreso de la democracia. También plantearé el problema en sentido inverso al de muchos de aquellos análisis, partiendo de la base de cómo es el universo electoral de la ciudad, qué es lo que la ciudadanía piensa, independientemente de lo que los partidos ofrecen en un comicio en particular, para deducir a posteriori a quiénes se debe interpelar en cada elección y por qué, en lugar de dar vuelta el carro y colocar los caballos atrás y terminar culpando al pueblo porque no comprende el discurso.
Para empezar, se ha enfocado en los resultados comiciales agrupando las fuerzas partidarias de acuerdo a la ideología de cada una, salvo los partidos tradicionales y característicos de la Argentina (siempre que se presenten clara y exclusivamente con sus sellos tradicionales: UCR y PJ), como centro-izquierda o centro-derecha, y redondeando las cifras para facilitar las comparaciones. Por supuesto, el hecho de discriminar las fuerzas partidarias en cada elección en esos dos polos (prescindiendo de los sellos partidarios tradicionales de la Argentina) es un enfoque subjetivo. Pero, todo análisis lo es, salvo el realizado por un objeto, por ejemplo, una planta… Las excepciones a esta regla serán aclaradas en cada caso.
Como la intención es analizar las ideologías del electorado porteño, se ha optado por tomar lo que ese electorado expresa cuando elige diputados nacionales, donde el elector más se desprende de los liderazgos personales a nivel presidencial y más se acerca a la ideología y visión propias.
Clarificados de entrada los parámetros utilizados y dicho desde dónde se realiza el planteo, comencemos con el análisis del perfil ideológico de la Reina del Plata. Veamos entonces cuáles han sido los resultados de esas encuestas exactas, sin margen de error, no “de boca de urna” sino “de estómago de urna”, que son los resultados oficiales finales de cada elección del ciclo 1983/2011 (datos tomados de aquí):

En el período de gobierno radical alfonsinista, la llamada “primavera democrática” post-dictadura, la preferencia popular se dividía de la siguiente manera:
Comicios del 20/08/83
UCR: 49% (su mayor porcentaje del ciclo)
PJ: 24%
C-IZQ: 13%
C-DER: 14% (su menor porcentaje del ciclo)

Comicios del 3/11/85
UCR: 43%
PJ: 25%
C-IZQ: 14%
C-DER: 18%

Comicios del 6/9/87
UCR: 39%
PJ: 24%
C-IZQ: 12%
C-DER: 25%

En la época menemista y tras el derrumbe del alfonsinismo, la preferencia popular se dividía de la siguiente manera:
Comicios del 14/05/89
UCR: 28%
PJ: 32%
C-IZQ: 10% (su menor porcentaje del ciclo)
C-DER: 30%

Comicios del 8/09/91
UCR: 40%
PJ: 29%
C-IZQ: 15%
C-DER: 15%

Comicios del 3/10/93
UCR: 30%
PJ: 36% (su mayor porcentaje del ciclo)
C-IZQ: 22%
C-DER: 16%
Se trata de la primera vez que el PJ gana en la esquiva (para el peronismo) Capital Federal, con el menemista Erman González a la cabeza de la lista de diputados, por lo que no es realmente un triunfo “peronista” sino de una variante neoliberal del PJ, más propia de la centro-derecha y teñida de bastante antiperonismo.

Comicios del 14/05/95
UCR: 20%
PJ: 23%
C-IZQ: 39%
C-DER: 19%
Momento de irrupción del FrePaSo a nivel nacional.

Dos años después comienzan a evidenciarse los resultados de la política neoliberal y corrupta del menemismo, y en plena época del ascenso de la Alianza UCR/FrePaSo, la preferencia popular se divide de la siguiente manera:
Comicios del 26/10/97
UCR: –
PJ: 18%
C-IZQ: 61% (su mayor porcentaje del ciclo)
C-DER: 21%

Con el triunfo de la Alianza y su perfil contrario (en principio) al modelo del gobierno menemista en las elecciones para Presidente, la preferencia popular se dividía de la siguiente manera:
Comicios del 24/10/99
UCR: –
PJ: 9% (su menor porcentaje del ciclo)
C-IZQ: 59%
C-DER: 31%

Comicios del 14/10/2001
UCR: 19%
PJ: –
C-IZQ: 45%
C-DER: 36%
Comicio realizado cuando el desprestigio de los políticos estaba en su apogeo, incluso antes del estallido económico. La Alianza, ya dividida por la renuncia del vicepresidente, figura aquí como UCR ya que no la caracterizamos como de centro izquierda sino típicamente radical, y alcanzó sólo el 20% aunque salió primera, seguida por el ARI (ideológicamente a años luz del actual) con un 12%, aunque el verdadero vencedor fue el voto bronca, ya que los votos en blanco más los anulados sumaron el 25% del padrón. Se ve aquí un adelanto del panorama actual, condensándose las voluntades del electorado muy mayoritariamente en torno de dos polos, uno conservador o de centro-derecha y otro “progresista” o de centro-izquierda.

En la primera elección posterior al derrumbe económico del 2001 y en plena crisis de confianza en los partidos políticos, los que a su vez estallaron en pequeños islotes que luego se reagruparon en alianzas, la preferencia popular se dividía de la siguiente manera:
Comicios del 27/04/03
UCR: 3%
PJ: –
C-IZQ: 49%
C-DER: 48%
Primer presentación de Macri como candidato a Jefe de Gobierno, logrando el 37% de los votos, y convirtiéndose en el referente de la centro-derecha porteña y con aspiraciones nacionales, clonando las características del victorioso menemismo de Erman González de 1993, incluso con un porcentaje similar.

Comicios del 23/10/05
UCR: 2%
PJ: –
C-IZQ: 35%
C-DER: 63% (su mayor porcentaje del ciclo)

Cuando finalizaba el gobierno de Kirchner y cuando ya era evidente la recuperación económica del país, la preferencia popular se dividía de la siguiente manera:
Comicios del 28/10/07
UCR: 6%
PJ: –
C-IZQ: 47%
C-DER: 47%
Macri logra la gobernación de la ciudad, y la centro-derecha llega finalmente al poder por sí sola, sin enmascararse en un partido tradicional.

Primera elección posterior al conflicto alrededor de la resolución 125 sobre las retenciones a las exportaciones de soja, maiz, etc. En el peor momento del gobierno de Cristina Fernández, la preferencia popular se polarizaba, como nunca, de la siguiente manera:
Comicios del 28/06/09
UCR: –
PJ: –
C-IZQ: 47%
C-DER: 53%

En la actualidad, en plena recuperación de la imagen de Cristina Fernández, con un crecimiento inédito de la economía nacional, con boom de consumo en todas las clases sociales y derrumbe de los candidatos presidenciales opositores al gobierno nacional, la preferencia popular se divide de la siguiente manera:
Comicios del 10/07/11
UCR: 2% (su menor porcentaje del ciclo)
PJ: –
C-IZQ: 45%
C-DER: 53%
(Como aún no se eligieron diputados nacionales, se toman los resultados de los legisladores de la ciudad. Aunque no es la misma categoría, los resultados sirven como referencia comparativa por la similitud de las cifras). Se aprecia aquí una recuperación destacada del kirchnerismo porteño desde el cuarto puesto de 2009 con aquel 12% detrás de Solanas y Carrió, aunque sólo si se lo considera junto a las dos listas que fueron aliadas al FPV, ya que su lista propia logró 14%, apenas un dos por ciento más que en 2009, lo que le marca un camino a seguir en el distrito (si comparamos las cifras de la votación para Legisladores de la Ciudad en 2009 y 2011 la diferencia es similar). En cuanto a la próxima segunda vuelta para Jefe de Gobierno, al FPV se le hará cuesta arriba lograr que el resultado no sea similar al de 2007, cuando fue derrotado 61%/39%; en caso de lograr reducir el margen de derrota en una cifra superior al 2% (porcentaje de incremento de sus votos a representantes entre 2009 y 2011) será un éxito en su interpelación al electorado de centro-izquierda porteño no propio en la segunda vuelta.

Estos crudos números esbozan el perfil ideológico del electorado porteño, independientemente de las figuras circunstanciales y las idas y venidas de los partidos en la “discola” (¿díscola?) Reina del Plata. De ellos se puede deducir la evidente y persistente preponderancia de la centro-derecha en el distrito en las últimas dos décadas, que va desde un mínimo de 14% de los votos en 1983 (con la sombra de la dictadura todavía presente en la mente de los porteños) hasta un máximo de 63% de los votantes en 2005. Los distintos porcentajes a través del tiempo (creciendo a medida que se desdibujan la UCR y el PJ tradicionales) muestran con claridad la ideología de base del electorado porteño, más evidente cuando se deshace la influencia en el distrito de los partidos tradicionales argentinos, los que enmascararon históricamente esta realidad por sus características movimientistas, las que pudieron agrupar al mismo tiempo parte de ambos polos ideológicos bajo su seno; fenómeno que desaparece en 2009, gracias a la mayor polarización del período analizado.
Repasando las cifras vemos que: la centro-derecha triunfó en la década menemista, ya sea sola o cuando se suman sus votos a los del PJ de entonces (indudablemente neoliberal y con un discurso de centro-derecha); triunfó en los años 1989; 1991; 1993; 1995; 2005; 2007; 2009 y 2011; siendo derrotada solamente en el período que va de 1983 a 1987; y en 1997 y 1999. En el 2003, los votos de centro-derecha y centro-izquierda se igualaron (quedando el radicalismo remanente con un ínfimo 3%). Ese fue el año de la reelección de Aníbal Ibarra (que resultó inmune al derrumbe de la Alianza y fue apoyado por el ascendente kirchnerismo) y de la aparición de la fuerza política del macrismo, el PRO: una acumulación de los remanentes de las antiguas fuerzas del espacio de centro-derecha y de desprendimientos del peronismo porteños. Se trata de una fuerza que se consolidará en los años siguientes y que, de la misma manera que el socialismo en Santa Fe, muestra que llegó para quedarse en el que será su bastión desde donde lanzarse al ámbito nacional en los próximos años.

Ante este panorama, se podría señalar que muchas veces el análisis rápido de los resultados de una elección que realizamos está influenciado por el microclima del analista o del panelista de una mesa de café, desconociendo cómo es el universo ideológico analizado y la manera en que decide su voto. Para enriquecer esta perspectiva, se puede recurrir a un interesante y pertinente estudio de la UBA, realizado a boca de urna el 10 de julio último, sobre las características del voto porteño y lo que hay detrás del mismo (que puede leerse aquí). De allí se pueden extraer datos interesantes como los siguientes:
El 80% del electorado de la capital argumenta estar bastante o muy informado, pero el mismo ciudadano dice que no prestó mucha atención a los sondeos previos ni los utilizó para decidir su voto (solamente lo hizo un 19%). Sólo un 18,8% piensa que su voto no incidirá para cambiar su situación, y el 28% se interesa poco o nada en la política. Otra característica del “histérico” (¿histérico?) electorado porteño es que la gran mayoría ya tenía decidido su voto antes de que comiencen las campañas electorales (partidarios de Macri: 82%, de Filmus: 71%, de Estenssoro: 71%, de Solanas: 52%), lo que relativiza la efectividad de las mismas.

Finalmente, este humilde servidor público se atreve a postular, luego de este recorrido histórico por el perfil ideológico porteño que, en efecto, es verdad que la Reina del Plata es bipolar, pero no porque tenga un comportamiento electroral cíclico, errático, sino porque su electorado se debate elección tras elección entre dos polos ideológicos, lo que se puede ejemplificar más claramente con los resultados de 2009: 53% es de centro-derecha y 47% es de centro-izquierda (cifras no exactas ni sagradas, sólo estimativas, pero que constituyen una referencia ineludible para comprender el comportamiento electoral porteño). Por supuesto, debemos hacer la salvedad de que esto no se refleja siempre en las elecciones de Jefe de Gobierno o de representantes, ya que dependiendo del trabajo, las obras y las figuras de las fuerzas políticas de cada momento, un pequeño porcentaje del electorado es el que termina definiendo la suerte de cada elección al volcarse a una u otra fuerza política dependiendo de cuánto refleja ella su ideología personal o sus mandatos, y que quizás poco tengan que ver las breves campañas proselitistas, y mucho lo que sucede entre elección y elección, la situación económica general del país, las características del momento político y las figuras que lo encarnan. La clave estaría fundamentalmente en la manera en que cada fuerza política interpela a esa esquiva y pequeña porción del electorado cuyo voto no está consolidado, que es maleable (porción invisible, no identificada ni con miembros fijos, pero que define elecciones) sin desatender a la porción de la ciudadanía afín a su propuesta. Quien mejor corteje a la Reina del Plata, interpelando eficazmente el polo mayoritario de centro-derecha de su desequilibrada bipolaridad, o el de centro-izquierda más esa porción de voto de centro-derecha “maleable” (que atrajo Ibarra en 2000 y 2003), pero no antes de cada comicio sino día a día, se llevará el premio de regir sus destinos o incrementar su bancada legislativa. Y, además, teniendo que revalidar sus títulos cada dos años. Una tarea compleja pero no imposible ¿no?