AMIA, hipótesis B (¿osada, políticamente incorrecta?): si Irán no fue el que produjo el atentado ¿en qué quedan las denuncias de Nisman?

Este interrogante, que a primera vista parecería descabellado, no lo sería si dejamos disipar la enorme nube de polvo mediático (de opositores u oficialistas), sincera u oportunista,  y repasamos todo lo que se dijo seriamente a través de los años, sobre el atentado terrorista más grave ocurrido en suelo argentino.

Para eso habría que tener un espíritu bastante desconfiado de los medios de difusión y una práctica simple en recorrer lo que ellos han publicado hace meses o años. De más está decir que eso es lo que trataremos de hacer aquí.

Y es por eso que decimos que el título no sólo no es descabellado sino que es verosímil y, me atrevería a decir, digno de un análisis más serio y reposado que el que campea en la mayoría de los medios en estos días, más interesados en el día a día –o mejor, en el hora a hora- que en profundizar las investigaciones.

Porque si los autores del atentado no fueron agentes de Irán sino de otro país o, incluso, ciudadanos argentinos, la acusación de Nisman (y de Canicoba Corral y de Galeano, en su momento) sería un bluff, una terrible fábula que habría mantenido a los familiares de las víctimas y a la sociedad en vilo durante 20 años con una acusación falsa, y, además, la reciente acusación del fiscal Nisman contra la presidenta, su canciller y demás acusados también se caería como un castillo de naipes… Porque no podría haber un pacto de impunidad para los ciudadanos iraníes si ellos son, en realidad,  inocentes de lo que se los acusa. Independientemente de lo que digan los servicios de inteligencia locales, norteamericanos o israelíes.

Pero, detengámonos aquí, porque ¿será tan así? Evidentemente, averiguarlo claramente excede nuestras capacidades . Sin embargo, hagamos el intento de analizar los hechos repasando juntos una parte de lo que se dijo en estos años sobre el tema (la parte menos conocida).

Para ello hemos recurrido a los datos que proporcionan algunos periodistas que investigaron el tema y a lo que revelaron los cables reproducidos en WikiLeaks (ya utilizados en una nota anterior).

Las fuentes de los párrafos que siguen se darán al final de la nota, y más de uno se sorprenderá al conocer una de ellas… pero eso lo dejamos para el final.

Pasemos, ahora sí, a reproducir fragmentos de esos trabajos:


Tócala de nuevo, Nisman. (*)

Nota en el diario Perfil.

La causa AMIA suma hoy (19/11/2006) 113.600 fojas. Son 568 expedientes de doscientas fojas cada uno, a los que deben sumarse 400 legajos de “Investigación”, 1.000 paquetes de siete a ocho legajos, cada uno con intervenciones telefónicas, y 1.500 carpetas con información de la SIDE.

En esas 113.600 fojas, 568 expedientes, 400 legajos, 1.000 paquetes y 1.500 carpetas no hay nada. Si nos dedicáramos a hacer un tótem judicial con esa cantidad absurda de papel, podríamos llenar varios cuartos en una casa. Varios cuartos llenos de nada.

En verdad, y para ser exactos, no se trata de Nada Absoluta: hay operaciones de los servicios e inteligencia, de la Policía, de gobiernos extranjeros, estupidez de jueces y fiscales, corrupción, gestos miserables y después nada. La misma nada presente en las ochocientas y una páginas del dictamen del fiscal Nisman, nada ratificada por el juez federal Canicoba Corral.

El fiscal Alberto Nisman tiene serios problemas de memoria; hace algunos días volvió a repetir lo mismo que el año pasado: anunció avances en la investigación presentando sólo información vieja. El año pasado lo hizo con el espectacular descubrimiento del conductor suicida Ibrahim Berro, quien luego se convirtió en radicheta. Este año repitió su modus operandi solicitando la captura de ocho iraníes por los que él mismo había pedido en 2003, y sin aportar un solo nuevo dato. El 21 de febrero de 2003 el fiscal detective Nisman solicitó junto al ahora ex fiscal José Barbaccia al destituido juez Juan José Galeano la captura de 22 iraníes basándose en información aportada a la causa por el espía Jaime Stiusso. Vale la pena recordar que Barbaccia renunció luego de haber sido apartado de la causa en la que se le reprochan, entre varias irregularidades, el haber practicado filmaciones ilegales en la fiscalía a su cargo, haber filtrado información a la prensa en su viaje a Alemania en diciembre de 2003, cuando recibió la declaración del Testigo “C”, Abolga-shem Mesbahi, disidente del régimen iraní, tergiversando el contenido de su declaración, y haber sido expulsado de la audiencia por el juez alemán, circunstancia que originó una cuestión diplomática que no registra antecedentes en las relaciones exteriores de nuestro país. Hoy Barbaccia apeló su procesamiento dictado por el juez Lijo por haberle ofrecido al mecánico Claudio Cotoras la suma de 100.000 dólares a cambio de imputar a Carlos Telleldín y a Juan José Ribelli en el atentado y por el delito de falso testimonio agravado, ya que afirmó, bajo juramento, desconocer el pago de 400.000 dólares efectuados a Carlos Telleldín.

Nisman pidió entonces –y Galeano concedió– la detención de Hadi Soleimanpour, ex embajador de Irán en Argentina entre los meses de junio de 1991 y agosto de 1994. Soleimanpour fue detenido en Durham, Reino Unido, pero según una nota, fechada el 12 de noviembre del mismo año, el secretario de Estado del Ministerio del Interior inglés decidió dejarlo en libertad por falta de pruebas, “no librar una orden para proceder contra Soleimanpour” y hacer cesar la orden de arresto preventivo pedida por Nisman sobre la base de que “el voluminoso material que conforma el pedido de extradición formulado por Argentina no cumple, prima facie, con los requisitos probatorios exigidos por el Reino Unido” (nota de fojas 916, con traducción a fs. 927/929 del “Incidente de extradición de Hadi Soleimanpour”). La fiebre de detención de Nisman aquel 2003 era imparable: el 16 de mayo, junto a Barbaccia y Eamon Mullen (el otro ex fiscal acusado de irregularidades en la causa), reiteró a Galeano el pedido de captura de los 22 anteriores y agregó otros seis iraníes. Galeano siguió firmando. Hasta que Interpol volvió hacia atrás con los pedidos insistiendo en la poca seriedad de la investigación y agregó un detalle conmovedor: uno de los buscados estaba muerto (lo que hubiera, de hecho, facilitado su captura).Cuando Galeano fue apartado de la causa por el Tribunal Oral, el nuevo juez, Canicoba Corral, insistió con los pedidos de captura de los iraníes: una asamblea de Interpol los rechazó por 91 votos contra 9 a favor.

Nunca, en ninguna de las cientos de miles de fojas, el detective Nisman nos anuncia pruebas nuevas que desincriminen a algunos de los 22, o de los 12, o de los 8, o que los incriminen aún más. Perdón: sí hubo un cambio; a fojas 479 Nisman dice que, en el papelón Soleimanpour, “un nuevo análisis de las pruebas obrantes en la causa nos lleva a concluir que no revisten entidad suficiente como para dictar una medida de coerción en su contra”. Es la versión larga para decir que metió la pata. Bien podría costarle un juicio político, pero parece que la Argentina da para todo.

Lo que no ha ido en descenso, sino más bien todo lo contrario, es la propensión del detective Nisman a la prosa judicial: hay que tener muchas ganas de escribir para tapar la Nada con ochocientas una páginas.

Lo curioso de la acusación fiscal es, además de su extensión, su diversidad: desde la página 42 hasta la 102 Nisman nos explica la historia del terrorismo en el mundo, citando bibliografía muy diversa. Sólo una cita suena un poco lamentable: la atribuida al libro Cien palabras para explicar el islam, de Soulemane Bachir Diagne, Barcelona. Le faltó incluir Mahoma explicado a los niños.
DICEN QUE DICEN

A fojas 258 de su dictamen Nisman transcribe el corazón de su investigación, su punta del ovillo: “La elección de este atentado –dice– se realizó en una reunión de seguridad máxima del Estado, bajo la presidencia de Rafsanshani el sábado 14 de agosto de 1993. En esa reunión estaban presentes los profesionales militares y miembros fijos de la alta seguridad” (traducción de la información aportada por los disidentes iraníes a fs. 65/70 del legajo 209).

La única prueba de esta reunión son dichos de oídas de terceros. No hay ningún testigo de haber visto u oído directamente algo, por ejemplo:

– A fojas 256 Abolhassan Bani Sadr, ex presidente del Sha, líder de la oposición y director de un diario opositor en el exilio, dice: “Si Irán está por detrás, la decisión la debió tomar el Consejo”.

– Alí Reza Ahmadi, ex integrante del Servicio Exterior del Sha, dice que “sabe que la decisión se tomó en esa reunión”. Nunca explica por qué ni quién le dijo.(fs 256).

– Meshabi “C”, disidente y desertor iraní: “La decisión se tomó en el ’93 y estuvo Rabbani” (fs. 256 y 259). “Conozco y obtuve toda la información del atentado a la AMIA de los responsables del servicio de inteligencia de Irán.”

Nisman, con estos testimonios, da por probada la reunión. Y Canicoba Corral los cree verosímiles.

Entonces, avanza otro paso: “Según la Secretaría de Inteligencia, Rabbani partió con destino a Irán el 18 de junio de 1993 y regresó el 29 de octubre de ese año (fs. 552). “No parece arriesgado –dice Nisman– concluir que fue a participar de esta reunión.”

Esa es toda la prueba que las ochocientas (y una) páginas de Nisman ratificadas por Canicoba tienen contra Irán. El resto –como gran parte de esto– son informaciones de inteligencia, informes entregados por SIDE, CIA y Mossad que no figuran como tales en el expediente sino como información propia de la supuesta investigación argentina.

Dice en la acusación otro arrepentido: “Más del ochenta por ciento de las operaciones terroristas que han tenido lugar en el mundo entero han sido realizadas directa o indirectamente por Irán”. Y el fiscal toma esas afirmaciones como prueba.

—Aplaudimos al sistema judicial de la Argentina –dijo la Casa Blanca al conocerse la decisión de Canicoba Corral.
UNA VIEJA HISTORIA

La historia de involucrar a Irán en el atentado contra la AMIA no es nueva: a fojas 7213 del Cuerpo 36 se informa que una de las agendas de Telleldín apareció recortada y que apareció también, en la casa del entonces sospechoso (ahora liberado por el Tribunal Oral), “un papel” que decía “Embajada Islámica de Irán”. Telleldín tuvo que escribir unas veinte veces aquello de “Embajada Islámica de Irán” y fue sometido a una pericia caligráfica (como si el hecho de portar esas palabras en un papel configurara un delito). A fojas 26.988 se observa que los peritos Picasso, Giménez, Noguera, Comba y Anzorena “no encontraron similitudes entre la letra del papel y la de Telleldín”.

El recorte llegó a la agenda de Telleldín “plantado” y quizá provenga del mismo jardín en el que se plantó el motor de la Trafic, como veremos más adelante. La insistencia de Estados Unidos e Israel en involucrar a Irán en el atentado no es ideológica sino estratégica: nadie en su sano juicio podría defender a Irán, con un presidente proclive a las declaraciones nazis y serias violaciones a los derechos humanos en el interior del país, pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, con perdón de la tautología.

Si, como todo indica, el atentado llegó de Siria, la estrategia de involucrar a Irán se vuelve mucho más clara:

Desde la Guerra del Golfo el régimen de Damasco es aliado de Estados Unidos contra Irak.

Siria e Israel disputan parte de los territorios ocupados (las Alturas del Golán), y culparlos de la AMIA agregaría otra piedra en un camino lleno de obstáculos para esa relación cada vez más tensa en la frontera norte de Israel.

La investigación de la AMIA está montada sobre pies de barro: uno de ellos, quizás el más significativo, es la supuesta existencia del coche bomba al que sólo una testigo vio. María Nicolasa Romero, enfermera de la Policía, declaró en la causa que esa mañana fue sorprendida por la explosión junto a su hijo y su hermana, mientras se dirigían a un jardín de infantes vecino. “Mientras caminaban por la vereda impar de Pasteur al 600 (N del A: la misma de la AMIA), el niño se soltó de su mano y comenzó a correr, por lo que ella y su hermana debieron apurar el paso hasta darle alcance en la esquina de Pasteur y Tucumán; que al descender de la calzada para iniciar el cruce los tres se vieron obligados a retomar la vereda para evitar ser atropellados por una camioneta color beige que lentamente circulaba por Tucumán y, para tomar Pasteur, giró hacia su derecha en forma cerrada”. En ese segundo, quizá segundo y medio, Nicolasa pudo proteger a su hijo, volver a subir el cordón, ver el rostro del conductor y advertir que poseía rasgos árabes. Si el cargo de director de la CIA estuviera vacante, Nicolasa debería ocuparlo. Su hermana, a fojas 165 del expediente, no vio el coche bomba.

Un equipo de investigación dirigido por el autor de estas líneas y formado por once personas investigó el atentado y descubrió por lo menos a diez testigos sobrevivientes que estaban mucho más cerca de la puerta de la AMIA que Nicolasa y nunca vieron a la famosa Trafic.

Como ya comentamos, el detective Nisman dio crédito a diversos informes de la SIDE, como los que en 2003 concluyeron que “quien condujo el coche bomba fue el miembro del Hezbollah libanés Ibrahim Berro”. La versión de Berro, en verdad, provenía del FBI y fue reprocesada por los espías locales. Nisman le exhibió las fotos de Berro a Nicolasa y no lo reconoció, aunque aclaró que “era un muchachote como éste, de esta contextura” y que “veía un parecido en el rostro”, pero aclaró “que no estaba totalmente segura”. Luego se supo, según la familia de Berro, residente en Estados Unidos, que Ibrahim murió en 1994 en Talousah bajo el ataque de un helicóptero israelí.

En su acusación, el detective Nisman vuelve a transitar un mito demasiado viejo: que el explosivo llegó desde el exterior, en este caso “en 1990 desde Brasil, porque los iraníes habían encontrado posibilidades de almacenar este tipo de materiales”. Según las pericias, la AMIA fue volada con amonal, un explosivo compuesto por nitrato de amonio (un fertilizante) y polvo de aluminio (sirve, por ejemplo, para teñir pinturas de color plateado). En ocasión de nuestra investigación, envié a un cadete –ex profeso sin documentos– a comprar nitrato y polvo en un comercio a cinco cuadras del Obelisco. Lo único que le pidieron fue el número de CUIT. Después mostré por televisión lo complicado de conseguir un explosivo en Argentina.
LA PISTA SIRIA

Con respecto a las motivaciones políticas del atentado, Nisman (¿o deberíamos decir la línea Galeano-Nisman-Canicoba?) habla de una cuenta, de dos cuentas, de una cuenta de Irán, de una cuenta numerada en un banco que nunca se encontró, de un depósito, de dos depósitos, de diez millones, de doscientos millones, del atentado contra la AMIA, del atentado contra la Embajada de Israel, de distintos enviados, de distintos contactos, de mensajes de Menem, de mensajes a Menem, etc., etc., etc.

La llamada “pista siria” se dejó de lado en la “investigación” de Galeano:

En 1988 Menem visitó el país de sus antepasados y buscó allí ayuda financiera para su campaña. Los sirios le aportaron, según diversas fuentes, unos cuarenta millones de dólares. Este dato fue confirmado a los periodistas Norberto Bermúdez y Carlos Torrengo por el dominicano Nemen Nader en Madrid.

Menem prometió entonces a los sirios y los libios la entrega del misil Cóndor y protocolos de transferencia de tecnología nuclear. Los planos del Cóndor terminaron en el Pentágono, el acuerdo nunca se produjo y la plata nunca volvió a su origen.

Las figuras de Ibrahim al Ibrahim a cargo de la Aduana en los primeros años de Carlos Saúl y la cotidiana presencia de Monzer Al Kassar, ciudadano sirio con nacionalidad argentina, el Yomagate y las inversiones de Abdala Rashid al Aalí en Santiago del Estero completan la cantidad de sirios por metro cuadrado necesaria como para empezar a preguntarse sobre el punto.

– “Esta bomba me la pusieron a mí”, fue lo primero que dijo Carlos Menem al enterarse del atentado en la calle Pasteur.

Después, preguntó por Zulemita. Su hija no vivía ni estudiaba en el Once. Al año siguiente su hijo moriría en un confuso accidente en San Nicolás.

Según el entonces ministro de Economía, Domingo Cavallo, Menem estaba convencido del origen sirio del atentado. Cuando poco antes de salir del gobierno recibió en la Casa Rosada al Premio Nobel de la Paz Eli Weissel, Menem le dijo que conocía el origen y los autores del atentado contra la Embajada de Israel, pero que no podía hacerlo público. Weissel le relató esta extraña conversación al entonces procurador general de la Nación, Angel Agüero Iturbe.

En noviembre de 1994, algunos meses después del atentado, Menem volvió a pisar Damasco, después de cinco años de intentarlo. Recién entonces recompuso las relaciones con el país de sus padres.

 


Horacio Lutzky: “El último 18 de julio se produjo un despojo televisado”.(**)

Fueron pocas las voces que se alzaron para denunciar la trama de encubrimiento enhebrada por el gobierno y la Justicia menemista, junto a la dirigencia comunitaria, luego del atentado a la Amia. Una de ellas, fue la del abogado Horacio Lutzky, quien desde el periódico Nueva Sión comenzó a revelar las complicidades y ocultamientos que se sucedieron durante todo el proceso judicial, y que saldrían a la luz pública luego de que en septiembre de 2004 el Tribunal

Oral Federal Número 3 a cargo de la causa la definiera como la “construcción de una hipótesis incriminatoria que pretendió atender las demandas de la sociedad y satisfacer los oscuros intereses de gobernantes inescrupulosos”.
A pocas semanas del lanzamiento de su libro, “Brindando sobre los escombros” (Ed. Sudamericana), en el cual recopila sus más de quince años de investigaciones sobre el tema, Lutzky recibió a Plural JAI, donde comenzó haciendo referencia a las razones por las que durante el menemismo se desestimaron las pistas que conducían a Siria y se intentó focalizar toda la atención sobre Irán.
Implicar a Siria no significa exculpar a Irán, desde muchos ámbitos hubo quienes intentaron hacer creer esto y se trató de una opción tramposa. De hecho, no solo se ocultó la pista siria sino también todo lo relacionado a la conexión local con Irán, ya que esta hubiera puesto de relieve el contrabando de armas a Croacia y Bosnia, en la que tenían intereses el gobierno norteamericano y participaron funcionarios del gobierno menemista, en vinculación con agentes iraníes. El papel norteamericano en este tema se puede observar en una investigación del Congreso de Estados Unidos, mientras que lo referido a la vinculación argentina, surge de la reconstrucción de elementos en gran medida ligados a la conexión local, que llevan a Irán como uno de los mandantes del atentado”.

¿Por qué no se uso la misma estrategia en el caso de Siria, es decir encubrir la conexión local e inculparlo solo en el plano internacional?
Hubo muchas razones que obligaron a que la pista siria sea ocultada en su totalidad. El gobierno de George Bush padre había realizado una alianza estratégica con Siria, y de hecho este país había integrado el bloque junto a Estados Unidos y Argentina durante la Guerra del Golfo. Por su parte, Israel también necesitaba que continúen avanzando las negociaciones de paz con Siria en las que se iba a efectuar la devolución de alturas del Golán. Todos estos acercamientos no se iban a frustrar por un expediente perdido en un país de Sudamérica, de manera que se hizo real politik pura. Se sabe que horas después de que se produce el atentado, el enviado de Israel Dov Schmorak viene a consensuar con el gobierno la versión que se ofrecería, y se evidencia que se iba a proteger a Menem, pese a que estaba la idea de que gente de su entorno tuvo que ver con el atentado. En definitiva, a nivel geopolítico, Siria era indispensable para Estados Unidos e Israel, Irán, en cambio, no lo era en absoluto.

¿Qué razones llevaron a que se oculte la pista local que conducía a Siria?
El gobierno de Carlos Menem cumplió hasta comienzos de los noventa con todos los compromisos tomados con Siria, como darle el control de la aduana a Ibrahim al Ibrahim, otorgarle la nacionalidad a Al Kassar y ubicarlo como mandatario para la venta de armas, darle a Yabrán el manejo de las comunicaciones, nombrar a Karim Yoma en asuntos especiales, y continuar el desarrollo del Misil Cóndor supervisado por Gaith Faraon, Yabrán y Al Kassar. Es decir, aspectos muy sensibles de la soberanía nacional se entregaron a un poder paralelo sirio, claramente en cumplimiento de las promesas previas a las elecciones del 89, que incluían una transferencia de tecnología nuclear. Pero en el año 1991, debido a advertencias e intimaciones de Estados Unidos con el gobernó israelí detrás, Menem pega un giró de 180 grados y traiciona todas esas promesas, lo que provoca que la familia gobernante siria de los Assad lo repudie y le prohíba su ingreso al país. De todas formas, habían quedado muchos sirios en lugares claves de la seguridad nacional, con una facilidad absoluta para propiciar que se haga el atentado. Por eso, investigar la conexión local siria hubiese llevado a revelar ese presente, así como los acuerdos previos y las traiciones.

¿La línea sirio-argentina deja de responder a Menem o a Siria?
Cuando es procesada Amira Yoma, Menem está desesperado por desvincularse de toda esa red de narcoterrorismo, pero su ex esposa Zulema Yoma muestra un video en el que el hermano de Menem, Munir, que por entonces era embajador en Siria, aparece bailando con Al Kassar en Damasco. Lo que se empieza a ver, entonces, es lo que Jacobo Timerman describió con mucha perspicacia como una “tenebrosa pelea mafiosa”. Al Kassar, que es una figura central en esta división, luego de irse del gobierno junto a Amira Yoma hace referencia elípticamente a la traición de Menem, al decir que él no había cambiado de creencias ni de religión como otros.

¿Como incide en la causa el trabajo de Nilda Garré y de Cristina Kirchner durante el gobierno de Fernando De la Rua?
Hubo un intento de esclarecer la causa por parte de ambas. Nilda Garré, como secretaria especial en el Ejecutivo encargada del seguimiento al atentado, presentó un informe en el que señalaba lo que hoy es objeto de procesamiento, y que en parte apuntaba a Siria y al encubrimiento menemista mencionando a Alberto Kanoore Edul. Pero De la Rua se encontraba ya cercano a su escape del gobierno, muy debilitado y negociando de forma desesperada el apoyo del menemismo, justamente con Menem preso por contrabando de armas. La denuncia de Garré era muy inoportuna para De la Rua y cuando toma estado público en los medios, el presidente de la Daia José Hercman, quien estaba vinculado a Beraja, se encarga del “trabajo sucio” de pedir la cabeza de Garré, bajo una falsa imputación, que termina con la solicitud de renuncia por parte del entonces ministro de Justicia Jorge de La Rúa. Por su parte, Cristina Kirchner integró la Comisión Bicameral que se encargaba del seguimiento desde el Congreso, y fue quien se opuso al encubrimiento que se realizó desde esta comisión, por lo que también fue ninguneada por De la Rúa.

¿Qué puede decir sobre los gobiernos kirchneristas?
En relación a la trama del encubrimiento, existió un giro de 180 grados. Cuando todos los gestores de la historia oficial estaban a favor de mantener los secretos de la Side, Néstor Kirchner levantó la prohibición que existía sobre la declaración de sus agentes, posibilitando que se presenten en el juicio oral y que se conozcan muchas de las irregularidades de la causa. Ante la Organización de Estados Americanos (OEA) reconoce por primera vez que el Estado argentino violó sus obligaciones tanto para prevenir como para investigar el ataque, y que también lo encubrió. Y a nivel internacional, tanto Néstor como Cristina Kirchner denunciaron muy claramente a Irán en los foros internacionales. Por lo tanto, el balance es positivo, ya que creo que por primera vez se tomó la causa Amia como una cuestión de Estado.

¿Por qué su denuncia no llegó a Siria?
Creo que nadie apuntó a allí, ni Estados Unidos, ni Israel, ni la misma Amia. Pero recién durante este gobierno se efectivizaron sin que les tiemble el pulso resoluciones judiciales en donde se incluyó la pista Siria, tal como se puede observar en el fallo del juez Lijo. Antes, quienes planteábamos esto éramos delirantes.

¿Considera que lo actuado por el fiscal Alberto Nisman va en la dirección correcta?
Observo muchas cosas positivas, otras no tanto. Él firmó junto a los otros fiscales la denuncia de violación de secreto que permitió la destitución de Nilda Garré, aunque después se disculpó, y el tramo referido a la acusación a Irán lo veo endeble. La misma está guiada por informes de inteligencia de difícil comprobación, y se sustenta en la historia del supuesto conductor de la Trafic, Berro, que no es nada clara. Pero por otro lado, se supo que Nisman resistió presiones por parte de la embajada de Estados Unidos y de la querella oficial de la Daia para no investigar el encubrimiento. Pese a ellas, cumplió con sus funciones al presentar un dictamen valioso. También tuvo una actitud importante en las reuniones de Interpol, donde hubo un fuerte enfrentamientos con funcionarios iraníes que están despreciando los requerimientos de la Justicia argentina.

¿Usted avala la teoría alternativa del volquete y las bolsas con explosivos?
Existió una gran cantidad de testigos que presenciaron y escucharon más de una explosión, y siendo que está comprobado que se ocultó la pista siria, mercería profundizarse el papel que pudo haber ocupado el volquete, en una detonación menor controlada, y la pila de bolsas con material desconocido que se dejo en el hall de la Amia minutos antes del atentado, todos elementos que remiten a la pista sirio-iraní y al contrabando de armas durante el menemismo.


 

De fiscal títere de los servicios de inteligencia y “la embajada” a mártir antikirchnerista de los medios.(***)

La embajada norteamericana en Buenos Aires presionó para que el fiscal Alberto Nisman no investigara a Menem, Galeano, Anzorreguy y otros amigos por desviar la causa AMIA. Las fuentes dentro de la DAIA, la obsesión por culpar a Irán.

Los cables emitidos por la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires y filtrados por Wikileaks a Página/12 revelan que Washington presionó a lo largo de varios años para que no se siguiera adelante con la investigación contra Carlos Menem, el ex juez Juan José Galeano, el comisario Jorge “Fino” Palacios y otros funcionarios por haber frenado y desviado la investigación del atentado a la AMIA. “Los oficiales (norteamericanos) de nuestra Oficina Legal le han recomendado al fiscal Alberto Nisman que se concentre en los que perpetraron el atentado y no en quienes desviaron la investigación”, se sostiene en un cable del 22 de marzo de 2008
La Oficina Legal era, en realidad, un eufemismo, ya que se trataba de la cobertura usada por los hombres del FBI, que eran quienes verdaderamente presionaban para proteger a los que encabezaron la investigación inicial –Menem, Galeano, Palacios–, tradicionalmente afines a las posturas de Estados Unidos. “Esto podría ser usado por Irán para cuestionar la credibilidad e imparcialidad de la investigación”, señala en el cable el por entonces embajador de Estados Unidos Earl Anthony Wayne, a quien no parecía preocuparle que la pesquisa por el desvío de la investigación del atentado había sido ordenada por el propio Tribunal Oral que juzgó el caso AMIA.
El 22 de mayo de 2008, el fiscal pidió la detención del ex presidente Menem, de su hermano Munir, del ex juez Galeano, del titular de la SIDE Hugo Anzorreguy, de su segundo Juan Carlos Anchézar, y del jefe de la Unidad Antiterrorista de la Policía Federal, Palacios. Todo se centraba en una investigación iniciada diez días después del atentado sobre Alberto Jacinto Kanoore Edul, un ciudadano de origen sirio, cuyo padre fue amigo de Carlos y Munir Menem.
Con esas evidencias en la mano, Galeano ordenó el allanamiento de las propiedades, así como la intervención de todos los teléfonos de Kanoore. Sin embargo, como determinó Nisman y luego confirmó el juez Lijo, toda la investigación se frenó no bien Alberto Kanoore Edul padre fue a la Casa Rosada y habló allí con Munir Menem, entonces asistente del Presidente

El cable del 22 de mayo fue emitido casi a las 23 del día en que Nisman pidió las capturas y está firmado por el propio embajador Wayne. Revela que los oficiales del FBI le venían insistiendo a Nisman que dejara la causa del encubrimiento.

“ Había otra cuestión que también molestaba al embajador: que los medios consideraban a Kanoore Edul como la punta de la llamada pista siria.
La preocupación fundamental de la embajada, reflejada todo a lo largo del cable, era que no se abriera la más mínima posibilidad de duda sobre las acusaciones contra Irán planteadas desde el inicio mismo de la investigación.

Washington ha usado la causa AMIA como una punta de lanza contra el régimen de Teherán, pese a que éste nunca fue acusado con anterioridad de atentados masivos contra civiles fuera del Medio Oriente.

Distintos funcionarios estadounidenses mantuvieron numerosos contactos con el fiscal encargado de llevar adelante la investigación, Alberto Nisman. En esos contactos los estadounidenses dejaron en claro que no dudaban de la culpabilidad de los sospechosos iraníes acusados por la fiscalía e insistieron en que Nisman deje de lado la llamada “pista siria” y la llamada “conexión local”, porque seguir esas pistas podría debilitar el “caso internacional” en contra de los acusados iraníes.

– Notablemente, mientras ya se conocen, hasta con día y hora, buena parte de los actos que borraron las pruebas que apuntaban a la posible intervención de agentes de ascendencia siria en las tareas de preparación de los atentados y en la trama de contrabando de armas del menemismo, sólo sigue siendo políticamente correcto acusar a uno de los socios, la República Islámica de Irán.

– Si bien Irán e Israel son hoy enemigos supremos, desde los años ’70 y hasta el atentado a la mutual judeo-argentina existió una red de tráfico de explosivos y armas israelíes, norteamericanas y argentinas hacia Irán o hacia intereses iraníes, que tuvo a Buenos Aires como una de sus bases principales. Al punto de que sobran indicios que señalan a esa misma red como fuente de la carga explosiva que demolió la AMIA.
– A lo largo de los años ’80 y principios de los ’90, Israel organizó diversos circuitos para las ventas clandestinas de armas a Irán, con la Argentina como uno de los vértices del tráfico, que incluyeron el pago de sobornos y comisiones a políticos, parlamentarios y contribuciones especiales para algunas organizaciones judías que operaban como lobby. Cita las confesiones del ex agente de inteligencia israelí Ari Ben Menasche.
– Agentes iraníes como John Pashai hicieron sigilosas compras de armas y explosivos a Fabricaciones Militares, mientras Irán presionaba al gobierno argentino para que cumpliera con la entrega de material y tecnología para el desarrollo nuclear,compromiso obligado por un millonario contrato. La pulseada fue perdida por Irán, que en diciembre de 1991 vio cómo el embarque de material nuclear que le estaba destinado, ya cargado en el puerto de Campana, fue abruptamente suspendido. Funcionarios argentinos, para apaciguar la indignación iraní, se comprometieron a suministrar armas y explosivos para los combatientes islámicos en Bosnia.
Siria se estaba quedando sin la posibilidad de contar con la tecnología nuclear prometida y cobrada por adelantado por Menem en forma de aportes para su campaña. Irán sufrió la súbita cancelación de un contrato de provisión nuclear. Todo sucedió en el marco de un alineamiento argentino con Occidente, acorde con las presiones norteamericanas e israelíes.
Al Kassar, en compañía de Yabrán, visitó las instalaciones de Falda del Carmen donde se construía el misil Cóndor. Está probado que Irak participó del nacimiento y desarrollo del Cóndor y partes incompletas llegaron a Irak antes de su paralización.

– En realidad, nadie en su sano juicio acusa a la dirigencia judía por el atentado, sino por aceptar el desvío de las investigaciones, orquestado para dejar fuera de la pesquisa a sospechosos del entorno sirio de Menem, así como la connivencia previa con la red iraní de tráfico de armas y explosivos. No son responsables del atentado. Sí son cómplices de la impunidad subsiguiente.
– Supongamos, hagamos de cuenta, que la consigna de la investigación hubiera sido a nivel local no salpicar a la Policía Federal, a la SIDE ni a miembros de la mafia menemista y –menos aún– a los gestores del tráfico de armas a los Balcanes. Y que a nivel internacional se hubiera sugerido evitar tocar cualquier pista que implicara jerarcas sirios, inconveniente no sólo por los vínculos con la familia presidencial, sino también por la coyuntura de Medio Oriente.
“La penetración siria en el Estado argentino (a través de Menem) facilitó la perpetración de los atentados de 1992 (embajada de Israel) y 1994 (AMIA)_ por cuyo encargo y orquestación  se encuentran acusados altos funcionarios del gobierno de Irán_ y posibilitó el inmediato encubrimiento. Así ya era reconocido en análisis de inteligencia oficiales de los EEUU, confeccionados días después del atentado a la AMIA, documentación que intereses locales y la geopolítica internacional de aquel momento coincidieron en tapar”. (…) la “historia oficial” que se gestó tras el atentado a la AMIA contó con el interesado consentimiento de directivos de la DAIA, el brazo político de la comunidad judía, así como de abogados designados por la DAIA y la AMIA.” (…) “Por decisión tripartita argentina, israelí y norteamericana, estaría vedado mencionar la pista siria en

Brindando sobre los escombros. Horacio Lutzky los atentados en Buenos Aires”.
Dice el propio Santiago O’Donell sobre la dependencia de Nisman de los servicios de inteligencia locales:
Poco tiempo después Nisman me citó en su despacho a través de su publicista para hablar del libro, invitación que acepté de buena gana como suelo hacer cuando alguien sobre quien escribí quiere comentar lo que dije. En esa reunión Nisman me dijo que si bien puede ser cierto que la embajada le decía esto y aquello, él no siempre le hacía caso y que continuaba investigando pistas alternativas mal que le pesara a la embajada y que la prueba está en el expediente y en que la acusación contra los encubridores de la “conexión local” fue elevado a juicio. (…) Nisman también me contó que prácticamente toda su información provenía del agente de la Secretaría de Inteligencia Jamie Stiusso, ya que Stiusso tenía la confianza de los servicios secretos estadounidenses e israelíes.






Para la confección de esta nota se usaron las siguientes fuentes:
(*)  Tócala de nuevo, Nisman

Por Jorge Lanata (sí, Jorge Lanata).

(**) Horacio Lutzky: “El último 18 de julio se produjo un despojo televisado”.

(***) De fiscal títere de los servicios de inteligencia y “la embajada” a mártir antikirchnerista de los medios.


Para completar este repaso de las otras versiones sobre el tema, y los autores del encubrimiento, veamos unos videos esclarecedores que ayudan a cuestionar no sólo la extensa “investigación” del fiscal Nisman sobre la autoría del atentado, sino de su ya evidentemente endeble acusación a la presidenta y el canciller de tratar de librar de culpa a los supuestos agentes iraníes. Estos videos brindan la palabra a dos periodistas que investigaron el caso, Horacio Verbitsky y Jorge Lanata (sí, Jorge Lanata, aunque en dos programas de investigación suyos previos a su polémico “pase” al Grupo Clarín), de un  político y abogado, J.G.Labaké, que actuó en la causa original sobre el atentado y del ex fiscal del caso AMIA, Claudio Lifschitz, gracias a cuya denuncia se desbarató el encubrimiento de los actores del atentado mediante la falsa “pista local”.

 

Veamos los videos referidos (cliquear en los enlaces):

1) Informe sobre el atentado a la Embajada y la AMIA, por Jorge Lanata (2004)

2) La opinión de Jorge Lanata (hace unos años) sobre el fiscal Nisman y sus investigaciones.

3) J.G.Labaké: “La muerte de Nisman tiene el sello de la CIA” en “Minuto 1″ por C5N”

4) Entrevista al presidente del CELS, Horacio Verbitsky sobre el caso del fiscal Nisman.

5) Claudio Lifschitz, ex fiscal de la causa AMIA 20/01/15

 



Como hemos visto, la hipótesis B no es descabellada sino que está respaldada por varias investigaciones independientes y documentos y pruebas que figuran en el expediente pero que han sido ocultados o ignorados por políticos, fiscales y jueces cómplices, y por periodistas y medios de difusión que prefieren manejarse con la coyuntura y no profundizar en el debate, quizás porque sus intereses están más cerca de quienes atentaron contra la AMIA o de quienes encubrieron y aún encubren a los responsables del mismo.

En medio de esta tragedia que ya lleva 20 penosos años, el fiscal Nisman lanzó su nueva endeble, descabellada y muy oportuna acusación y, al parecer, pasó a ser otra víctima (¿partícipe necesario?) de esta cadena de operaciones de servicios de inteligencia locales e internacionales, aprovechada por el establishment afectado por las medidas gubernamentales de estos años.


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