Circo sin pan y tiros por la culata

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El relato del Presidente, aquel que disfraza a las medidas del Gobierno como inevitables debido al calamitoso estado de las cuentas públicas, es difícil de creer por la simple percepción de la realidad. Es así que resultó imperioso montar una tremenda campaña de persecución política, mediática y judicial hacia la máxima referente del Gobierno anterior, para que sustente el relato de “la pesada herencia”.

Lo paradójico es que el Presidente, sus funcionarios y los grupos concentrados a los que representan, mientras se encontraban enfocados en una inquisición informativa que como mínimo destroce la legitimación de CFK y como máximo la meta presa, se toparon con sus propios delitos.

Vemos que existe una correlativa dependencia entre el relato del “sinceramiento de la economía por la herencia recibida” y el relato mediático judicial de “La ruta del dinero K”. Donde este último logra penetrarse como causa de la situación actual, algo no percibido de otra manera, y al mismo tiempo legitima y habilita al actual Gobierno a continuar con sus transformaciones conservadoras y liberales. La cuestión es que en su raid vengativo, movilizado por un enceguecedor odio clasista, se topan una y otra vez con su propia mugre. Así es esta historia.

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La evasión es un problema estructural y global, donde mucho es legal ya que mediante artilugios legales se “elude” (¡no evade eh!) impuestos de una manera muy ingeniosa. Las leyes financieras tienen un diseño tan pobre que permiten al que tenga muchos abogados evitar las responsabilidades que cumple el ciudadano común. Hay escapes a los que solo los ricos y grandes empresas acceden con cuentas offshore y trampean el sistema. Este mecanismo hace que ganen más dinero y por lo tanto cuenten con más recursos para obtener aún más. Ese ingreso no tributado significa menos inversión en escuelas, hospitales, universidades, trabajo o producción industrial.

Las guaridas fiscales actualmente vehiculizan una masiva desviación de recursos globales, para evitar el pago de impuestos a los estados soberanos. Como caso paradigmático se encuentra el HSBC, segundo banco más grande del mundo con 54 millones de clientes, que tiene una cantidad enorme de causas judiciales y una condena firme por haber ayudado a lavar la suma de 200 mil millones de dólares de carteles de droga y grupos terroristas entre otros, teniendo que pagar al fisco norteamericano una multa de solo 1900 millones.

Masivamente se pretende vender a la corrupción como cosa del estado cuando el 64,3% de los flujos globales de dinero ilícito corresponde a transacciones comerciales, el 30,6% a actividades delictivas y solo el 5,1% a corrupción gubernamental. Más allá del financiamiento de la política o el crecimiento personal, la corrupción es inherente al capitalismo de forma estructural ya que no hay procesos de concentración de riqueza que no estén vinculados estrechamente con procesos políticos determinados.

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La alta interacción entre las grandes empresas y el estado se traduce en contratos de defensa, bancos, casinos, obras de infraestructura, puertos, aeropuertos, construcción inmobiliaria, negocios inmobiliarios, commodities, etc. En términos argentinos hablamos tanto de Lázaro Báez y Cristóbal López como de Nicolás Caputo, Paolo Rocca (Techint), Eduardo Eurnekian, Bulgheroni (Bridas) y por supuesto el clan Macrì (Socma, Iecsa, etc). En los tres últimos escándalos globales de crímenes económicos aparecen los dueños de las grandes empresas argentinas.

¿Entonces la operación mediática sin precedentes que le hicieron a Lázaro Báez no se la podrían haber hecho a cualquiera de los grandes empresarios y políticos del país?

Y no se trata solo de los delitos económicos de estos sectores sino de su legitimada e injusta concentración de la riqueza. Hablamos de las mil familias dueñas del 50% de la tierra donde se producen todos los alimentos, de las grandes cerealeras transnacionales que exportan sus matarías primas, del puñado de empresas que controlan el 80% de la producción y distribución de alimentos, de las tres cadenas de supermercados que controlan el 70% de la comercialización de los productos,  de Techint, Aluar y Dow que tienen el monopolio de la chapa, el aluminio y el polietileno respectivamente.

El quid de la cuestión está en la puja por el estado que es la única herramienta posible para que estos sectores reduzcan su exorbitante margen de ganancia o lo aumenten aún más. Ahora el estado son ellos. ¿O acaso el Ministro de Energía no tiene acciones en Shell y aumenta la nafta un 31%?

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Es en este contexto que resulta fundamental el grado de efectividad que adquiera el relato donde los delincuentes acusan a los demás de sus propios delitos para darle alguna justificación a la recesión económica a la que nos han sumergido.

La “no intervención en la Justicia” que pregonan desde el Gobierno significa dar vía libre al puñado de jueces federales coaptados por el poder económico, que tienen una elevada sed de venganza contra CFK por haber intentado meterse con sus privilegios aristocráticos y antidemocráticos, cuestionando su pretendido lugar de neutralidad apolítica y desideologizada.

El modus operandi es siempre el mismo. Primero se presentan denuncias de fraudes contra la administración pública que en su mayoría están basadas en notas de los medios que después de haber ayudado a construirlas, las amplifican convirtiéndolas en hechos políticos. Luego los testigos recorren los medios masivos diciendo lo que ellos quieren escuchar y cuando son citados a declaran en sede judicial niegan todo. ¿La sociedad estará más atenta a lo que muestra la televisión o a lo que sucede en un juzgado federal? ¿Tendrá más acceso a los titulares explosivos de TN o al expediente de la causa?

Lázaro Báez está siendo investigado judicialmente por el blanqueo de 208 millones de pesos, pero ya fue condenado por un show mediático donde los sets de televisión funcionan como fiscalías. Donde el acusado es culpable hasta que se demuestre lo contrario. Donde decir Báez es lo mismo que decir CFK. Donde una bodega de vinos pasa a ser una bóveda. Donde un mitómano profesional desesperado es creíble solo cuando dice lo que ellos quieren escuchar. Donde excavadoras hacen pozos en la tierra sin encontrar nada. Donde el hecho de contar dinero en una financiera es prueba de un delito por sí solo. Donde que el acusado ejerza su legítima defensa significa que no se arrepintió todavía. Donde el arresto extorsivo del hijo del denunciado para forzarlo a hablar es una posibilidad viable. Donde se exige la detención de la ex Presidenta cuando hasta ahora no se le ha probado ningún acto ilegal.

Si bien hubo hechos de corrupción en el anterior Gobierno ello no cambia las medidas que tomó o el modelo que llevó adelante. De hecho el nuevo Gobierno junto a los sectores que representa exprimen cada supuesto de corrupción que roce al kirchnerismo para tapar sus propios actos corruptos. Existe una severa desproporción entre las acusaciones que no son probadas y los hechos que son posibles.

¿Será que debemos elegir entre el famoso “roban pero hacen” de gobiernos populares y gobiernos que legislan en contra de las mayorías tomando medidas que son corruptas en sí mismas?

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Justo cuando el sofocamiento mediático daba por descontado que el empresario “hiper K” se iba a arrepentir en su próxima declaración, no solo que pidió su sobreseimiento sino que declaró que su principal socio fue Ángelo Calcaterra, primo del Presidente. Y de repente Báez dejó de ser noticia.

Siempre se lo catalogó al empresario patagónico como testaferro de Néstor Kirchner y a la vez el principal contratista del estado. Pero concretamente el Grupo Austral (empresa de Báez) ejecutó solo el 0,3% del total de la inversión pública del Gobierno anterior. El mayor beneficiado por la obra pública fue el Grupo Techint, seguido por Electroingeniería y por Iecsa, la constructora de la familia Macri asociada a Lázaro Báez en varias licitaciones.

Cuando Macri quiso postularse como Jefe de Gobierno le “vendió” Iecsa a su primo quien trabajó como empleado de Mauricio en todas sus empresas y quien es insolvente para comprar semejante empresa. Es así como el primo Ángelo pasó a ser testaferro de Mauricio que aunque disimule a través de velos societarios, comprándose y vendiéndose empresas así mismo, cambiándoles los nombres, sigue controlando la constructora socia del hipermegacorrupto Báez. Curiosamente cuando se destapó dicha relación Calcaterra salió rápidamente a “vender” Iecsa como si eso cambiara el pasado de alguna manera.

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Cada vez que abren una y otra vez investigaciones sobre el Gobierno saliente, una y otra vez se destapa algo del Gobierno actual. Nos enteramos de su mugre a través de las fisuras de su propio relato cuyo objetivo es diametralmente opuesto ya que lo que intenta es adjudicarle esa misma mugre al adversario político. Sin sus mentiras no sabríamos de sus delitos. Esa es la paradoja.

Las cartas están echadas. En el mundo el 8% de la población tiene el 85% de la riqueza y el 92% solo el 15%. Aquí Macri es el 8% en el estado dando su propia batalla cultural para quebrar al pueblo, para que nuevamente descrea de la clase dirigente y de lo público, y que se resigne a que estos porcentajes no pueden ser cambiados. Mientras el 8% continúa consolidando su riqueza Macri le da al pueblo, no pan y circo, sino más bien circo sin pan. Solo migajas.